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Conozca dónde comprar más baratos los textos escolares

Cada libro nuevo sobrepasa los 30 mil pesos en el mercado. Algunas alternativas son los libros reciclados o comprarlos a través de internet, donde se pueden encontrar descuentos que permitan aliviar la billetera.

Jueves 14 de febrero de 2019, Marcela Guajardo Pérez, La Estrella de Valparaíso

Imagínese tener tres hijos y que el colegio donde están le pida cinco libros por cada uno. Y no pueden ser usados, porque vienen con stickers y actividades donde se deben cortar algunas hojas.

Es la situación de Eugenio Villarroel. Este padre porteño debe desembolsar cada año más de 500 mil pesos para los textos escolares de sus hijos, aparte de los 10 libros complementarios que pide el colegio.

“Lo más complejo es que están pidiendo libros con un código. Entonces tengo que ir a buscar ese código específico; por ejemplo, me están pidiendo ahora un libro de Matemáticas, pero es del 2018”, comenta.

Un problema que es común para muchos padres que tienen a sus hijos en colegios particulares donde no reciben los libros del ministerio de Educación.

El alto valor de los textos escolares incluso es parte de una investigación de la Fiscalía Nacional Económica, ya que las editoriales SM y Santillana concentran el 80% de la participación en la última licitación de los libros escolares, un mercado de 20 millones de textos con un valor de U$161 millones anuales.

Así, un libro para enseñanza básica puede costar 33 mil pesos, mientras que el ministerio de Educación paga un precio unitario de 1.500 pesos por el mismo texto.

Ahorro

Juan Benavente lleva cinco décadas vendiendo libros en Valparaíso, en su pequeño local al frente de la Intendencia.

La librería “Ateneo” es el lugar donde muchos padres acuden para comprar los textos escolares, ya que pueden encontrar precios más convenientes. “Acá yo vendo los libros lo más barato que pueda, pero creo que en general, los textos escolares son muy caros por los impuestos”, dice el comerciante.

Ya en enero la librería comenzó a recibir a clientes con sus lista de libros complementarios y textos escolares.

Karen y su hija Amalka son clientes frecuentes del local. “Vengo todos los años y cuando no están los libros, me los encargan y llegan muy rápido. Afortunadamente en el colegio de ella la dejan volver a usar los libros, así que solo venimos por los complementarios”, afirma.

A Tamara le ha tocado comprar todos los años los libros para su hijo Tomás. “En el colegio me dicen que los contenidos cambian todos los años, por eso no aceptan libros usados. No me queda otra que gastar los casi 200 mil pesos que salen”, asegura.

Internet

Otra opción de encontrar los textos más baratos es online. En Buscalibre.com se pueden encontrar libros desde prekinder hasta la enseñanza media. “La ventas de textos escolares y lectura complementaria aumentaron en un 50%. Antes la familia se dedicaba a buscar los libros. Ahora se encarga por internet, se accede también a mejores descuentos y se olvidan de lo que antes era un problema”, dice Boris Kraizel, CEO de Buscalibre.com.

El emprendimiento Green Libros (www.greenlibros.cl) opera hace 10 años reciclando libros y vendiéndolos por internet. “La verdad es que los contenidos son los mismos, no hay mucha diferencia entre un año y otro”, dice Daniela Puig, encargada de Control y Calidad.

Green Libros recibe textos donados, los cuales son clasificados y reciclados.

En la web se pueden encontrar libros como el Lenguaje 5 de Santillana o el Matemáticas 2 de SM que nuevos cuestan sobre 30 mil pesos, pero reciclados tiene un precio de 18 mil. La sala de ventas está en Santiago, pero hacen envíos a regiones.

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Opinión: “Librería popular”

“Librería popular”

Carta publicada en el diario La Tercera el Domingo 10 de febrero de 2019

Señor director:

El alcalde de Recoleta ha inaugurado una librería popular para los habitantes de su comuna. Independiente de las objeciones sobre el fomento a la lectura que significa una rebaja en su precio -dado que, como algunos estudios han mostrado, el precio tiene una incidencia marginal en el aumento de los lectores-, sorprende que una medida como la anunciada se presente como una iniciativa que busca combatir el libre mercado.

Lo anterior, porque rebajar los libros con cargo a fondos municipales es una medida marcadamente individualista y que debilita instituciones comunitarias, como el uso de las bibliotecas públicas.

Causa extrañeza que, mientras Providencia y Las Condes cuentan con bibliotecas municipales de excelencia a pasos del Metro, que reciben gratuitamente a vecinos, incluso de todo Santiago, Recoleta proponga vender libros y renunciar a crear espacios de lectura sociales para sus vecinos, y quizás también para sus comunas aledañas.

Si se trata de proveer bienes públicos gratuitos y de calidad para los lectores, pareciera que los municipios de Providencia y Las Condes llevan la delantera.

Felipe Bravo Alliende

Opinión: “Recoletras”

Jueves 7 de febrero de 2019, Correo La Segunda

“Recoletras”

Señor Director:

La columna de Fernando Claro V. a propósito de “Recoletras”, publicada ayer, es una caricaturización tosca, orientada a despotricar contra el tan temido y trillado fantasma del “monopolio estatal”. La tesis del autor pretende asentar la idea de que la instancia del alcalde Jadue será el apocalipsis de las librerías privadas. Me gustaría preguntarle al señor Claro V. si sabe cuál es el grado de competencia editorial, considerando que el consorcio Penguin Random House es un verdadero coloso mundial, dueño de los sellos Aguilar, Alfaguara, De Bolsillo, Lumen, Sudamericana, Vergara, y otras. Si dicho consorcio se restó de “Recoletras” aduciendo la falta de competencia o la lamentable posición de los libreros, ¿qué tanto les preocupa? En segundo término, en las así llamadas “comunas periféricas” prácticamente no existen librerías, salvo las ubicadas en los malls, donde los libros se venden a precio de oro. Aun asumiendo que una rebaja en el precio de los libros no generará, per se, un aumento en cantidad de ventas, ¿acaso no es positivo que el chileno promedio pueda acceder a un libro a un precio razonable? ¿No es una externalidad deseable?

El tono lastimero de la columna omite flagrantemente que las actuales fallas de mercado de Chile no han sido provocadas por el Estado, sino que más bien por su ausencia regulatoria o empresarial. El punto relevante del asunto no radica en mirar con “nostalgia” al pasado estatista; se debe aceptar, de una buena vez, que no existe competencia real en casi ningún mercado de nuestro país y que urge efectuar correcciones en aras del bienestar de la población y de disminuir un coste de vida elevadísimo y ridículo.

Nicolás Medina Cabrera.

Opinión: “IVA en los libros”

Carta publicada el Miércoles 6 de Febrero de 2019 en el diario El Mercurio

“IVA en los libros”

Señor Director:

En el debate sobre las librerías populares se han dado a conocer los costos de los libros y quién los asume, apareciendo recientemente en ese medio el IVA.

En esta materia, cualquier iniciativa para eliminar ese impuesto significará que el fisco tendrá que devolver al vendedor el valor del crédito fiscal que le generan los pagos de las importaciones o insumos de su edición en Chile. De no ocurrir así, el vendedor o librero asumirá ese costo traspasándolo irremediablemente al precio.

Franco Brzovic González
Abogado

Opinión: “Librerías populares”

“Librerías populares”

Carta publicada en Las Últimas Noticias el Miércoles 6 de febrero de 2019.

La venta de libros en librerías populares a menor precio debido a que no tienen fines de lucro causa grave daño a las pequeñas. Creo que se debe considerar un importante hecho: las obras están gravadas por el 19% del IVA en su venta al público, sin perjuicio de que el autor ya canceló a la imprenta también un 19% por igual concepto, impuesto a bienes o servicios y a su vez nuevamente al entregarlo al librero para su venta. O sea un 57 % sobre el mismo objeto, con lo que lo encarece, valor que finalmente costea el lector. Una solución sería eliminar dicho gravamen.

Luis Villagra Reveco

Opinión: “Libros, lucro y piscolas”

“Libros, lucro y piscolas”

Miércoles 6 de febrero de 2019, Fernando Claro V., Opinión La Segunda

“La polémica de la «librería popular» es análoga a las viejas añoranzas del Chile pasado, con la CTC e Iansa en manos del Estado”.

La polémica del verano llegó con los libros, y trae dos novedades. La primera, urgente: por fin se habló de libros y lectura en vez de lucro y copago. La segunda, interesante: primera vez que gente del ambiente cultural está del lado de «los malos». Los libreros fueron acusados de lucradores —duró poco la fiesta sin el diablo— y se defendieron.

Sobre los «libros caros», ya se ha dicho bastante: el problema en Chile no son los libros, sino que los lectores. «Kafka, Carrère o Capote valen en cualquier librería $8.000; o sea, dos combos de McDonalds», dijo la librera Macarena Fernández. Qué decir sobre el precio y cantidad de conciertos, como señaló Gonzalo Oyarzún; el desorbitado aumento en idas al cine; y el gasto semanal en cervezas y piscolas. ¿En Chile no se compran libros porque valen en promedio 11 mil pesos? Si hubiera ganas de leer, simplemente se leería más —lo que además bajaría los costos, por cuestiones de tiraje—.

La polémica de la «librería popular» —una librería estatal-municipal que vende libros a precios subsidiados— es análoga a las viejas añoranzas del Chile pasado, con la CTC e Iansa en manos del Estado. Son imágenes cargadas de nostalgia, pero que evocan un pasado desgraciadamente ineficiente y monopólico, en el que primaba evitar conflictos y ganar votos. Por eso había grandes sueldos, pero malas líneas de teléfonos. Y por eso plantas azucareras a orillas del lago Llanquihue, confundiendo remolacha con salmones (la idea era estar al medio de un campo, no de agua). En esas empresas se evita el choque, como si la vida no estuviese hecha de choques, y ningún sujeto paga los errores. Sólo los chilenos, día a día, con nuestros impuestos. Esta es la regla en las empresas estatales, y cuando no, es la excepción. Y como las políticas públicas se hacen en base a reglas y no excepciones —cuestión que muchos no quieren entender— estas empresas son una mala idea.

A eso se suma otro problema, y peor, que aparece con los «precios subsidiados». Como bien dijeron los libreros, si al lado les ponen una «librería popular», en pocos días, morirán. Y lo que es peor, si alguno estaba pensando «instalar una librería en Copiapó, mejor no lo ha[ce] porque el alcalde puede poner una librería popular al frente y [lo] saca del mercado», como dijo Pablo Dittborn. Listo, se liquidó el mercado. En el largo plazo no habrá librerías y quedará sólo la municipal, obviamente dirigida por el alcalde. Me imagino las glamorosas ediciones del Manifiesto Comunista o los discursos de Chávez en Recoletras, miles de ejemplares de «La revolución silenciosa» en Las Condes, o una esotérica reedición de «Todo… está en ti», de Gerardo Rocha, en Maipú.

Dittborn sentenció: «El alcalde Jadue dice que agrandó el sistema de librerías del país, pero en realidad lo frustró». Linda idea la de condenar a los lucradores, como siempre.

Editorial de El Mercurio: “Precio del libro en Chile”

Precio del libro en Chile

Editorial de El Mercurio publicado el Martes 5 de Febrero de 2019.

Asumir los costos de librería con fondos municipales implica una eventual competencia desleal.

La inauguración de una librería “popular” en la comuna de Recoleta, subvencionada por el municipio que lidera el alcalde Daniel Jadue, ha provocado justificadas aprensiones en el mundo del mercado del libro nacional. Se trata este de un mercado pequeño pero altamente competitivo, pues a los locales físicos de venta minorista se han sumado en los últimos años los portales de internet, que trabajan con un modelo de costos que les permite hacer importantes descuentos, no muy diferentes, de hecho, de los ofrecidos por la nueva librería de Recoleta. Esto, con la salvedad importante de que esos menores costos, en el caso de las ofertas en línea, son asumidos por sus propietarios.

El precio del libro en Chile está formado básicamente por cuatro factores: derechos de autor, impresión, distribución y venta, que en términos porcentuales se distribuyen, respectivamente, en 10, 30, 20 y 40 por ciento. Son guarismos que pueden variar en cada caso particular, pero ellos indican una tendencia que se ha mantenido desde hace varias décadas. En esta distribución no está contemplado el IVA, por lo que ese factor se suma al precio al final de la cadena.

Distinta es la realidad del precio del libro importado, cuyo valor sube sensiblemente por los costos de transporte e internación. Hay áreas como el mundo de la narrativa que requieren estar siempre al día en sus ofertas, o el grupo de los textos técnicos que se ven inevitablemente afectados por esta situación, más aún si las partidas de ejemplares no suelen ser masivas. Ello, aunque hace años este producto también vive una intensa competencia de las librerías online de libros físicos y de ebooks.

Puede afirmarse que hay en este sector una saludable libertad de precios que permite al consumidor elegir entre distintas alternativas, donde son decisivas las numerosas ferias organizadas por los gremios, que cubren prácticamente todo el año mediante distintas iniciativas y que actúan como un complemento eficiente para el equilibrio de precios. Todo, dentro de la realidad estrecha que impone un mercado pequeño como el chileno, imposible de comparar con las situaciones de países como Argentina, México o España, centros neurálgicos de la vida editorial del mundo iberoamericano.

Este diagnóstico fue el que mantuvo la política del libro del último gobierno de Bachelet, que en vez de proponer la eliminación del IVA, que nunca estuvo en su programa, promovió de manera intensa, y con buenos resultados, la internacionalización de las editoriales chilenas a través de una activa participación en ferias internacionales, buscando así masividad y nuevos mercados.

Todo ello escapa de los criterios que busca imponer el alcalde de Recoleta, quien al eliminar el margen de ganancia del librero y asumiendo los costos de la librería con fondos municipales, da una señal que podría calificarse como de competencia desleal y antimercado, dañando de paso la imagen del librero, pues este no margina un 40 por ciento, sino una fracción menor, después de asumir los costos de gestión de su local.