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30 años de democratización: hitos y caminos en la cultura y el arte

El ciclo político y social que termina es una oportunidad para elegir hechos, fenómenos y procesos que dibujaron las distintas áreas del sector: música, artes visuales, cine, narrativa, teatro, industria editorial, gestión, humanidades, museos, políticas culturales y patrimonio. Opinan once especialistas, sin pretensiones de exhaustividad, sino de antología, de selección, de ensayo.

Artes y Letras El Mercurio. Domingo 6 de Diciembre de 2020.

El 12 de marzo de 1990, en el Estadio Nacional, el presidente Patricio Aylwin terminó así el discurso con el que asumía su gobierno y daba inicio a la transición a la democracia: “La tarea es hermosa: construir entre todos la Patria que queremos, libre, justa y buena para todos los chilenos”, prometió. “De nosotros depende, compatriotas”. Han pasado treinta años: desde la creación de los fondos concursables y del Consejo del Libro y la Lectura a comienzos de los noventa, hasta la instauración del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio en 2018, si lo ponemos en términos institucionales, los caminos son más grandes y diversos: la Nueva Narrativa, el fenómeno Bolaño y la consolidación de autores como Alejandro Zambra y Nona Fernández; Alfredo Jaar, el más internacional de nuestros artistas visuales, Premio Nacional de 2013; el alto nivel alcanzado por los cuerpos estables de dos instituciones tradicionales, el CEAC de la Universidad de Chile y el Teatro Municipal de Santiago; la aparición de espacios como el Centro Cultural La Moneda, GAM, Parque Cultural de Valparaíso, Museo de la Memoria, Teatro Biobío, Balmaceda Arte Joven, Matucana 100, Teatro del Lago, a veces en desmedro de los museos nacionales; la explosión de la edición independiente; los premios internacionales a autores como Jorge Edwards, Gonzalo Rojas, Nicanor Parra y Raúl Zurita; Valparaíso Patrimonio de la Humanidad; las todavía pocas pero valiosas mujeres que ganaron premios nacionales, las películas de Sebastián Lelio, el retorno de Raúl Ruiz y el éxito del cine chileno en festivales y hasta en el Oscar, pero no tanto en taquilla; el teatro callejero, en la senda del Gran Circo Teatro, hasta la consolidación de Santiago a Mil.

Son ejemplos al azar de algo mucho más grande y siempre en obra: ese conjunto distintivo de una sociedad o grupo social en el plano espiritual, material, intelectual y emocional que es la cultura, según la define Unesco. Esa tarea hermosa.

Música

Juan Antonio Muñoz: La Música antigua y orquestas juveniles

La creación y el estreno de “Chile”. En 1994, la clarinetista Valene Georges tuvo la idea de componer una obra de cinco movimientos para, a través de ellos, retratar la diversidad geográfica y mental del país. Ella convocó a los compositores Gustavo Becerra y Fernando García, quienes escogieron el mundo de La Araucanía y el desierto, respectivamente, y en conjunto decidieron que Miguel Letelier se hiciera cargo de la Antártica; Santiago Vera, de Isla de Pascua, y Andrés Maupoint, de Santiago. El estreno se produjo en 1998 gracias a Emilio Donatucci, entonces director de Programación de la Orquesta Sinfónica, y Robert Henderson, director y compositor estadounidense, quien estuvo al frente de la OS. “Chile” es una obra magnífica e inusual, e interpretarla fue una odisea en la que convergieron el conjunto sinfónico y los solistas integrantes del Ensemble Bartók: el violinista Héctor Viveros plasmó la soledad antártica; el cello de Eduardo Salgado refirió los ecos mapuches de Nueva Imperial; la voz de Carmen Luisa Letelier evocó Rapa Nui; Valene Georges recordó el silencio del desierto, y Karina Glasinovic retrató la vitalidad y la tensión de la capital. ¿Cuándo volveremos a escucharla?

Cristina Gallardo-Domâs en Nueva York. La apertura de la temporada 2006-2007 del Metropolitan Opera House de Nueva York fue con “Madama Butterfly” (Puccini), cuyo rol titular fue interpretado por la soprano chilena Cristina Gallardo-Domâs, quien ganó el premio Laurence Olivier, en el Reino Unido, por su actuación en ese mismo personaje en Londres. Nunca antes una artista latinoamericana había recibido esa distinción. En Nueva York, la dirección musical fue de James Levine, y la dirección escénica, del cineasta Anthony Minghella, quien declaró que la artista “es la mejor actriz con que he trabajado”: un gran elogio de parte de quien había tenido bajo su conducción a estrellas como Gwyneth Paltrow, Juliette Binoche, Cate Blanchett y Nicole Kidman. No solo esa memorable actuación de Cristina, sino toda su extraordinaria carrera, es un hito de la historia lírica nacional.

El fenómeno de la Música Antigua. En 1994 se recordaron 40 años de interpretación profesional de Música Antigua en Chile con el III encuentro de la especialidad, organizado por el Instituto de Música de la Universidad Católica. En el mundo se vivía entonces un fenómeno respecto a tal repertorio y Chile no estaba al margen: era evidente el aumento de público en los conciertos, crecía exponencialmente el número de presentaciones y se comenzaba a desarrollar un espíritu crítico. Además, existían, al menos, veinte grupos dedicados. Entre ellos, conjuntos como Syntagma Musicum, Estudio MusicAntigua UC, Ludus Vocalis, Taller de Música Antigua UCV, Ars Antiqua, Vetera et Nova, Ex Tempore, Voce Arcana, In Taberna, Cantoría de San Francisco, In Camera, Renacimiento (Temuco) y Calenda Maia. Esa vitalidad se mantiene, aunque algunos grupos se extinguieron. Las posibilidades de presentaciones también han disminuido, en especial tras la desaparición de importantes ciclos de música de cámara.

La gira a Europa y África de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil. Fue un verdadero milagro que, en julio de 2019, poco antes de que todo cambiara en Chile y en el resto del mundo, se pudiera realizar este anhelado viaje, un estímulo para los niños y jóvenes de la Fundación Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles (FOJI). Bajo la dirección de Maximiano Valdés y junto a Alejandra Kantor, directora de la Fundación, el conjunto se presentó con gran éxito en Rabat, Casablanca, El Escorial, Alicante, Kassel y Berlín. El éxito dio cuenta de un trabajo serio y sistemático, realizado desde hace años, y que implica no solo un crecimiento musical y artístico asombroso, sino también la promoción cultural y social de quienes integran la orquesta.

Juan Antonio Muñoz, editor y crítico de música en El Mercurio.

Cine

Christian Ramírez: Los duros 90 y la internacionalización

Febrero de 1992. La frontera gana el Oso de Plata en el Festival de Berlín. Para una cinematografía históricamente aislada e insular como la nuestra, el segundo lugar obtenido por la película de Ricardo Larraín no solo fue el premio más importante obtenido por el cine chileno a esa fecha, sino que además representaba una posibilidad de recuperar la continuidad artística del medio en paralelo con la vuelta a la democracia. La promesa, eso sí, tardaría más de una década en concretarse: los años 90 demostrarían ser durísimos para nuestros cineastas, y finalmente serían los integrantes de “Generación Novísima”, los llamados a cumplirla.

2002. Raúl Ruiz vuelve a filmar en Chile. Aunque había regresado y rodado esporádicamente en el país a principios de la década anterior, fue a principios de los 2000 que Ruiz emprendió su primer gran proyecto chileno desde los días de “Palomita Blanca”, en 1973. El Consejo de la Cultura —que financiaba la iniciativa— esperaba una película tradicional; pero, fiel a su carácter, Ruiz le entregó de vuelta “Cofralandes”, un conjunto de cuatro ensayos que agarró por sorpresa a las autoridades de entonces, y que sin embargo hoy se revelan tanto en clave de exploración antropológica como de emocionante viaje sentimental a través de una tierra añorada y por fin recuperada.

Marzo de 2006. Inauguración de la Cineteca Nacional de Chile. Quienes solemos visitar con frecuencia la sala de la Cineteca, en el Centro Cultural Palacio La Moneda, hoy tendemos a dar por sentada la existencia de una institución dedicada a conservar nuestro patrimonio audiovisual; pero hubo un tiempo en que nada de eso existía: antes de su creación, cada cineasta, cada productor y exhibidor de filmes nacionales cargaba con el peso de preservar por su cuenta las copias de sus películas y los materiales asociados a estas. Para todos los efectos, el cine chileno era un conjunto de islotes desagregados y amenazados de extinción; en estos catorce años, la Cineteca se ha encargado de hacer sentido del conjunto y proyectar su legado para las próximas generaciones. Extraordinaria labor.

Enero y febrero de 2013. “NO” es nominada al Oscar. “Gloria” gana en Berlín. Ocurrió en un lapso de no más de quince días: “NO”, de Pablo Larraín, es anunciada como candidata al Oscar a Mejor Película en Idioma Extranjero, y en el Festival de Berlín, Paulina García obtiene el Oso de Plata a Mejor Actriz por su actuación en “Gloria”, de Sebastián Lelio. En los años siguientes, nos acostumbramos a la presencia de nuestras películas en los festivales más destacados, a la internacionalización de las carreras de Larraín, Lelio y varios otros realizadores e incluso normalizamos la obtención de dos premios Oscar, nada menos; pero si hay que buscar un punto de inflexión, un momento donde la balanza se inclinó en nuestro favor, fue éste. Quién sabe cuándo vendrá el próximo.

Christian Ramírez, periodista y crítico de cine de Artes y Letras.

Humanidades

Iván Jaksic: Anclarnos en una tradición y hacerla nuestra

Lo acelerado del cambio actual no se refleja necesariamente en ciertas áreas del saber, como las humanidades, que tienen una base tan firme en los procesos de larga duración. Con todo, los cambios de los últimos treinta años no dejan de ser significativos. En Historia, por ejemplo, hemos visto una mayor sensibilidad hacia lo particular, lo privado, lo diverso. También hemos recuperado ciertos campos, como la historia política, que antes tendía a ser demasiado institucionalista. Hoy nos importan más lo actores políticos, y con esto no quiero decir los profesionales de la política, sino que una gama amplísima de agrupaciones, asociaciones y experiencias humanas. También, un énfasis en cómo dialoga lo individual con lo colectivo. El campo histórico ha derivado en una multiplicidad de temáticas, lo que es muy bueno, pero también hemos visto una tendencia hacia una conformidad con los requisitos de las universidades, las revistas indexadas y los fondos de investigación.

También en Filosofía hemos visto un proceso parecido de profesionalización, aunque ella nos demuestra algunas de sus ventajas: hay mayor diálogo con una diversidad de escuelas y eso se refleja en la formación de una nueva generación de filósofos. Sin embargo, seguimos al debe con nuestra propia tradición filosófica. En los últimos años hemos visto una mayor preocupación al respecto. A mediados del siglo XX, Luis Oyarzún era una rareza en nuestro ámbito al escribir sobre el pensamiento filosófico de José Victorino Lastarria. Hoy vemos una mayor atención al pensamiento del mismo Oyarzún, como también de Jorge Millas, Humberto Giannini, Juan Rivano y algunos más. Ojalá sea una tendencia.

En general, creo que lo más importante que ha ocurrido en las últimas tres décadas es que la filosofía salió del ámbito puramente universitario para instalarse en varios centros de investigación. Esto necesariamente conlleva un diálogo con otros profesionales, sobre todo de las ciencias sociales, y además una preocupación por los problemas del país.

Cuando hablamos de humanidades, obviamente hablamos de filosofía e historia, pero también debemos pensar en esfuerzos totalmente independientes de cualquier institución, o disciplina académica, que sin embargo nos conectan con una tradición humanística. Allí, el retorno a las fuentes, desde Platón a Adam Smith, que están en diferentes lenguas, es fundamental. La traducción es más que el traslado de una lengua a otra, es un estudio crítico y significa recuperar, con una sensibilidad actual, lo que es central a la vida humana. Pienso en lo que se ha hecho en los últimos treinta años con los textos de Aristóteles, de Virgilio y de Tucídides. Significa anclarnos en una tradición y hacerla nuestra. También el pensar en el papel de las humanidades en la era digital, como lo han hecho Adriana Valdés y otros. Se habla mucho de las humanidades en crisis, pero tenemos suficientes ejemplos de su presencia e influencia, hoy que la población tiene mayor sensibilidad ante las habilidades “blandas” y la necesidad de comunicarlas a través de la educación. Creo que los medios también han cooperado. Ha sido una buena treintena. Ojalá se consoliden las tendencias, pero que mantengamos una apertura hacia las nuevas.

Se habla de las humanidades en crisis, pero tenemos ejemplos de su presencia e influencia, hoy que la población tiene mayor sensibilidad ante las habilidades “blandas” y la necesidad de comunicarlas a través de la educación”.

Iván Jaksic, historiador y premio nacional de Historia 2020.

Patrimonio cultural

Emilio de la Cerda: En tránsito desde el siglo XX al XXI

En el campo del patrimonio cultural, los últimos 30 años constituyen un tiempo de transición entre las doctrinas e instituciones del siglo XX y los nuevos desafíos del presente.

Se trata de un período en que la visión experta se ve enriquecida y desafiada por la diversidad de nuevas aproximaciones, que ven en la salvaguardia del patrimonio una forma de reivindicar manifestaciones y estructuras de valor que la sociedad estima necesario defender por el papel que juegan en la vida colectiva.

Esta transición se ha visto acompañada en Chile por avances de gran impacto público. Destacables son las iniciativas lideradas por la ex-Dibam y el Consejo de Monumentos, tales como el Día del Patrimonio Cultural, los reconocimientos de la Unesco a sitios y cultores locales, el sistema de bibliotecas públicas; la recuperación de bienes patrimoniales, como el Palacio Pereira; la instalación de museos regionales y especializados, la plataforma Memoria Chilena, entre otros.

Sin embargo, junto a estos logros ha quedado en evidencia que el modelo institucional, legal y epistemológico del patrimonio en Chile, heredado en gran medida de la primera mitad del siglo XX, ha cumplido un ciclo y requiere urgente actualización.

La creación del Consejo de la Cultura y las Artes (2003) generó avances, ya que en su gestión se establece el primer fondo concursable para recuperar patrimonio, se implementa la convención de patrimonio inmaterial de Unesco y se incorpora la mirada de los pueblos originarios.

Con todo, la poca articulación entre este organismo y la Dibam, ambas del Ministerio de Educación, redundó en un desequilibrio en la asignación presupuestaria, presencia territorial y prioridades políticas, con la consiguiente postergación en el desarrollo de instituciones patrimoniales fundamentales para el país, tales como los museos nacionales, el Consejo de Monumentos, entre otras.

La implementación del Ministerio de las Culturas (2018) constituye el principal punto de inflexión del período, al reunir en una misma institución a la Dibam, CNCA y CMN. Este proceso tiene el desafío de equilibrar la relevancia que le otorga el Estado a las distintas manifestaciones culturales, paliando la deuda que existe con el patrimonio cultural.

Para ese fin, quedan tareas pendientes de gran relevancia, siendo prioritaria la actualización de la Ley de Monumentos Nacionales. Lograr una nueva Ley de Patrimonio Cultural, que otorgue un marco normativo integral y contemporáneo, es un paso urgente para consolidar la evolución de las últimas décadas en materia de protección y salvaguardia del patrimonio cultural en Chile.

Emilio de la Cerda, subsecretario del Patrimonio Cultural, Ministerio de las Culturas.

Políticas culturales

Nivia Palma: Del Fondart al Ministerio

El Ministerio de las Culturas es un paso gigantesco para crear una institucionalidad que aborde íntegramente los diversos ámbitos de la vida cultural”.

A fines de la dictadura, el presupuesto público para cultura era de 78 millones de pesos y la institucionalidad cultural estaba limitada a un departamento de extensión cultural en el Mineduc y al oscuro accionar de una comisión de censura que funcionaba en esa misma secretaría de Estado. Hoy tenemos una institucionalidad del más alto rango en el Estado, con un Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y un presupuesto anual de alrededor de 200 mil millones de pesos.

En el contexto de la transición democrática en Chile, se instaló una política cultural que tenía un objetivo y misión central: colaborar activamente en la generación de condiciones para la reconstrucción de una cultura libertaria, de respeto a la expresión y creación, de valoración y reconocimiento a la pluralidad y diversidad cultural. Y esa política cultural definió como instrumentos privilegiados para su desarrollo los fondos concursables.

El Fondart, creado el año 1992, es resultado del compromiso de los(as) creadores y cultores con la lucha democrática de nuestro país en el contexto de la dictadura militar, como, también, de la experiencia de censura y diversas formas de restricción a la libertad de expresión que se dio en ese período de nuestra historia. Es un instrumento de una política pública que respeta la libertad de creación y no censura, consagra la evaluación de pares y compromete el financiamiento público para el quehacer artístico y cultural. Luego surgen leyes sectoriales como la ley 19.227 de Fomento del Libro y la Lectura, ley 19.981 de Fomento al Cine y el Audiovisual, ley 19.928 de Fomento a la Música Chilena y recientemente la ley 21.175 de Artes Escénicas; todas ellas replicando la experiencia del Fondart y como parte de la misma política pública.

La División de Cultura del Mineduc y luego el CNCA impulsan procesos de debate y definición de políticas públicas culturales en diversos ámbitos y se contribuye en la creación de infraestructura cultural en todo el país; sin embargo, lo que prima en la distribución de los recursos públicos es la lógica de los fondos concursables que, si bien son un aporte a la actividad de creadores y organizaciones culturales, tienen graves efectos para el desarrollo cultural sostenible de nuestro país. En efecto, la anualidad de los aportes hace imposible proyectar en el tiempo el trabajo de las y los artistas, compañías y agrupaciones culturales; asimismo, esta política presenta graves falencias para promover la valoración ciudadana de la cultura y, por cierto, contribuir al acceso equitativo de las personas a las diversas manifestaciones artísticas y culturales.

La creación del Ministerio de las Culturas (Ley 21.045), iniciativa de la Presidenta Michelle Bachelet, es un paso gigantesco para crear una institucionalidad cultural en nuestro país que, con un conjunto de políticas públicas y no solo de fondos concursables, aborde íntegramente los diversos ámbitos de la vida cultural de las personas y del conjunto de la sociedad chilena, estimulando y viabilizando un desarrollo cultural sostenible en nuestro país.

Nivia Palma, exdirectora de la Dibam y exministra de Bienes Nacionales.

Teatro

Agustín Letelier: Una evolución que no termina

Al recuperar la democracia, pasos importantes para retomar la creación libre en teatro fueron, entre otros: la creación del Concurso Nacional de Dramaturgia, el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, la conversión de la Estación Mapocho en espacio cultural y la inauguración de Balmaceda Arte Joven.

Las productoras Romero y Campbell instalaron en la aún no ocupada Estación Mapocho, un ciclo de teatro para mantener alguna actividad en el largo tiempo sin funciones que se iniciaba a fines de diciembre y se extendía hasta mediados de marzo. Así nació lo que es hoy Santiago a Mil.

En las primeras Muestras Nacionales de Dramaturgia surgió en forma arrolladora, hacia la mitad de los años 90, Benjamín Galemiri. “El Coordinador” aparece como la obra más destacada de esa época. Grandes directores, como Alejandro Goic, Adel Hakim, Luis Ureta y Raúl Ruiz, se encargaron de llevar a escena sus obras. Adel Hakim organizó un ciclo Galemiri en París.

Otra dramaturga de admirable creatividad es Manuela Infante. En “Narciso” mostró esa molestia de los jóvenes que se ha hecho más concreta hoy. En “Cristo” sorprendió con sus juegos espaciales y en “Xuárez” llegó a uno de los hitos del teatro chileno actual.

La sorpresa que causó la magnitud del actual movimiento social indica lo poco y mal que vemos la realidad. Egon Wolff había mostrado en “La Balsa de la Medusa” que los ricos no habían entendido nada; Juan Radrigán en “El Memorial del Bufón” nos había advertido: “Negros nubarrones anuncian iracunda tormenta. Cuidado, el río se desbordará”. El año 2014, en una actuación que se aplaudía de pie al final de cada función, Roberto Farías dijo con fuerza en “Acceso” que la rabia de su personaje surgía por la falta de acceso a la educación, y Emilia Noguera en “Proyecto de Vida” mostró que las familias se están construyendo precisamente sin proyecto de vida, solo quieren tener cosas. El teatro había anunciado claramente los problemas de hoy.

Obra sorprendente como puesta en escena fue “Delirio a dúo”, en la que el director Ignacio García y el escenógrafo Eduardo Jiménez lograron lo que quería Ionesco, y aún para él mismo parecía imposible: que todo el escenario, con el público adentro, reaccionara físicamente, girando, rompiéndose sus paredes y abriéndose el piso ante la violencia del diálogo de sus personajes.

El teatro, como todas las artes, debe buscar constantemente nuevas formas de expresión. En este tiempo en que la pandemia ha obligado a cerrar las salas y todo ha tenido que hacerse “online”, han surgido requerimientos técnicos que alteran la estructura de las obras y su relación con el público; es un cambio en el que estamos recién en los primeros pasos.

Agustín Letelier, crítico de teatro.

Narrativa

Pedro Gandolfo: Un espacio fragmentado, muy precario

Comparativamente con otras narrativas americanas, (a la chilena) todavía le queda mucho por explorar en arrojo, fantasía y radicalidad”.

No tengo un relato claro acerca de la narrativa chilena de los últimos 30 años. La conozco parcialmente, he leído las construcciones que los propios narradores hacen de su oficio y los intentos que efectúan para ordenar el panorama y ubicarse cada cual, a su modo, dentro del él. ¿Es una especulación interesante? No creo que demasiado. En los últimos dos años he concentrado mis lecturas de literatura chilena en autores y obras de la primera mitad del siglo XX y recién ahora creo comenzar a entender ese período. Los últimos 30 años me parecen demasiado próximos para intentar valoraciones definitivas y trazar tendencias con pretensión de validez. El campo literario, como es costumbre, se encuentra velado en lo inmediato por un ambiente en que predominan desplazamientos, tácticas y posicionamientos un tanto absurdos si todo se observa en la perspectiva de los pocos hechos que constan con certeza. ¿Cuáles?

De un lado, la pérdida dramática de la importancia de la narrativa y los narradores en las audiencias chilenas, que va de la mano de la grave crisis de los índices de lectoría. La “novela” para la inmensa mayoría de los chilenos es una serie televisiva que se transmite diariamente por capítulos. La función social de un guionista y productor de telenovelas es hoy, en verdad, mucho más poderosa que la de un narrador. De otro lado, las audiencias prefieren otros substratos y formas de narrar historias y la llegada de la internet, de las redes sociales y las nuevas tecnologías de comunicación ha trastornado los componentes esenciales sobre los que se despliega una narración, de modo que lo que yo observo es un espacio fragmentado, muy precario, un conjunto de voces que trata de aferrarse a algún madero en medio de un naufragio tempestuoso.

El pacto que existió entre la novela tradicional y las clases medias burguesas se pulverizó hace rato y nuestra narrativa parece estar atravesando por una fase particularmente agónica, lo cual no deja de ser interesante, porque en esa instancia se mide la capacidad de los autores de sobrevivir a partir de sus propias convicciones, imaginación y riesgo.

La narrativa chilena ha ido ganando, a partir de fines de los 90, progresivamente mayor libertad —puede aventurarse que existe allí un esperanzador punto de inflexión—, pero comparativamente con otras narrativas americanas, todavía le queda mucho por explorar en arrojo, fantasía y radicalidad. Son escasas las figuras que sobresalen todavía de una narrativa que tiende a recaer en un realismo costumbrista gris, sin humor y con una prosa poco seductora.

Pedro Gandolfo, escritor y crítico de Revista de Libros, Artes y Letras.

Gestión cultural

Arturo Navarro: La aparición de un engranaje esencial

El debut de la gestión cultural en Chile fue auspicioso. Era 1990 y el mundo de la cultura, orgulloso de su participación en la victoria del NO, el 5 de octubre de 1988, sentía que, por vez primera en la historia, un gobierno se ocuparía de crear una institucionalidad para el sector.

La administración del Presidente Aylwin tardó poco en iniciar cuatro líneas de trabajo —ya discutidas y anheladas en el mundo cultural— para poner en marcha a la cultura en democracia: fondos concursables para proyectos artísticos (1990); una ley de estímulos tributarios (1990); la creación del Centro Cultural Estación Mapocho (1991), y una ley de fomento del libro y la lectura (1993).

Para todas ellas, faltaba un engranaje esencial: el gestor cultural. Un profesional que debería constituir un consejo variopinto que asignara los recursos de fomento lector surgidos de la captura de la recaudación del IVA al libro; elaborar proyectos artísticos para acceder a un Fondart, asignado por pares de los beneficiados; traducir en beneficios económicos las iniciativas que financiarían empresas interesadas en apoyar a la cultura y reducir impuestos, y autosustentar un centro cultural al que el Estado solo financió su remodelación.

Del autofinanciamiento de este centro se inspiró la Comisión de Infraestructura Cultural (2000), cuyos gestores recorrieron el país descubriendo los proyectos de nuevos espacios artísticos que acariciaba cada ciudad, más de los esperados, menos elaborados que lo deseable. De la ley del libro se descolgaron iniciativas de fomento lector: ferias, reediciones, cursos… Desde Fondart, con recursos crecientes cada año, se financiaron obras de arte diversas y hasta polémicas. De la Ley Valdés se descolgaban festivales y exposiciones antes inexistentes.

Mientras tanto, la sociedad civil acogía a estos gestores que en pocos años formaron una asociación gremial (2001), varios postítulos (1995) y un magíster y llegaron a ocupar varios asientos en el Directorio Nacional del flamante CNCA, que a través de sucesivas comisiones y encuentros nacidos y animados por ellos, contribuyeron a crear (2003, hoy parte del Ministerio de las Culturas).

Hasta que llegó la crisis. Un estallido social que trajo consigo la destrucción y el impedimento de funcionar a florecientes espacios culturales y una pandemia que obligó a interrumpir —amenazando con cerrar definitivamente— salas, librerías, centros culturales, museos…

Es el fin de la gestión cultural como se concibió en los noventa. Pero es también el inicio de una nueva etapa, tan virtual como presencial, más estatal que privada y que apunta, con inusitado rigor, a un aspecto que es precisamente el corazón de la gestión cultural: aminorar la incertidumbre.

Arturo Navarro, director del Centro Cultural Estación Mapocho.

Artes visuales

Milan Ivelic: Ciudad, memoria y producción digital

“El apagón”, como se ha denominado el período de la dictadura militar en relación con la cultura, podría entenderse como la obscuridad absoluta durante esa etapa, lo que no es efectivo. Por cierto, la censura impuesta debilitó la libre expresión de las ideas; no obstante, hubo discursos culturales de resistencia que las mantuvieron encendidas y se expresaron, eso sí, en ámbitos más reducidos para eludir al censor.

¿Qué ha ocurrido desde la recuperación de la democracia?

Por cierto que se reactivó la cultura en todas sus dimensiones valóricas. Pero lo que no se ha logrado hasta ahora es que la sociedad se movilice y participe de esta recuperación. Aún no podemos hablar de una democracia cultural.

¿Cuánto estará influyendo esta situación en el comportamiento colectivo? A mi juicio, se ha limitado a deseos y anhelos en los que predominan los intereses económicos. Pareciera que la economía es el valor absoluto y no un medio para el crecimiento humano. La avidez por el dinero apaga cualquiera otra aspiración.

En los últimos 30 años, las artes visuales no han quedado al margen ni han permanecido neutrales frente a este contexto. Cito una frase de Camus: “Crear es hoy crear peligrosamente”, frente a una sociedad que busca obras que no la provoquen ni perturben, sino que se cuadren con las preferencias del mercado y las orientaciones institucionalizadas del gusto.

Sin embargo, un importante número de artistas ha rehuido la convención y el lugar común, explorando vías de acercamiento con el aquí y el ahora gracias a rigurosas investigaciones sobre la ciudad, sus innumerables íconos y las segregaciones urbanas. Otra vía es el seguimiento de la rutina diaria enmarcada en los ritos de la vida en el trabajo, el estudio, la salud o la pobreza. Una tercera se orienta en la reactivación de la memoria, que tiene como referente los sucesos acaecidos durante el gobierno militar, con el fin de evitar la amnesia acerca del pasado reciente. Una cuarta vía está relacionada con la ampliación de los límites de las artes visuales, explorando nuevos procesos y medios de reproducción digital de las imágenes, que es transversal a todas ellas.

Milan Ivelic, exdirector del Museo Nacional de Bellas Artes y coautor de “Chile, arte actual”.

Museos y espacios de exhibición

Beatriz Bustos: Un círculo virtuoso entre lo público y lo privado

En estos 30 años, se han consolidado los espacios de exposición que permiten acceso a la cultura y a la participación de la ciudadanía. Se gestionan como instituciones privadas (corporaciones y fundaciones), sin fines de lucro, con una potente función pública y social, y con un sistema mixto de financiamiento: contribuciones del Estado, autogestión y aportes de privados. Es el modelo del GAM, del Museo Violeta Parra y del Centro Cultural La Moneda (CCLM), entre otros. Estas instituciones tienen directorios con representantes de la sociedad civil y del Ministerio de las Culturas, lo que garantiza una sana administración y también autonomía en programación y línea editorial. Se ha logrado algo esencial: la profesionalización de sus trabajadores; se han elevado los estándares y se ha mejorado la gestión, más dinámica y eficiente. Entonces, somos completamente capaces de tener muestras a nivel internacional y de generar propuestas propias a ese nivel.

Este modelo de trabajo ha sido clave para lograr mayor acceso a la cultura de públicos masivos y una participación creciente y diversa en la cultura. Desde que abrió, en 2006, el CCLM ha recibido a 21 millones de personas, una cifra absolutamente inédita en Chile en cuanto al público de espacios culturales.

Hablamos de instituciones creadas por el Estado, con vocación pública para el desarrollo y ejecución de política cultural, y que cumplen también un rol relevante en la educación, como complemento y espacio de apertura, en la generación de diálogos y en la integración social. Son organizaciones que demuestran que se puede lograr un círculo virtuoso en la participación de lo privado, lo estatal, lo público y la ciudadanía. No son, además, solo espacios o lugares, sino instituciones como las Orquestas Juveniles (FOJI) o Artesanías de Chile, que valorizan el trabajo interregional e intercultural, algo esencial para dinamizar y valorar la cultura en Chile.

Tener diversos espacios de calidad para la cultura, valorados por la ciudadanía, es algo vital para esta sociedad, que ahora entra en un proceso constituyente en el cual es crucial el diálogo, la valorización de los diferentes actores sociales, el reconocimiento de la interculturalidad que nos conforma y la necesidad de una amplia participación ciudadana.

Uno de los temas que deberán debatirse en la Convención Constituyente es el modo de garantizar los derechos culturales, individuales y colectivos, para seguir avanzando en la construcción de una sociedad que considere un ser humano integral, materias en las cuales estos espacios culturales hemos venido avanzando durante estos años con profesionalismo, transparencia y calidad, en gran parte gracias a este modelo.

Beatriz Bustos, directora del Centro Cultural La Moneda.

Industria editorial

Pablo Dittborn: Nuevas voces y editoriales

Posiblemente, todavía haya un déficit de librerías, pero esa cobertura está siendo resuelta por el e-commerce”.

En estos últimos treinta años de actividad editorial en Chile, a mi juicio, ha habido importantes y significativos avances para la industria y para la cadena del libro.

Desde la creación, vale decir, desde los autores nacionales, debo destacar una gran incorporación de voces nuevas a la narrativa chilena de forma sostenida y con una mejor recepción por parte de las editoriales y del público lector. Siento que se ha profesionalizado la relación autor-editor en estos últimos años para beneficio de ambos sectores.

En el ámbito de la edición, la incorporación de nuevas editoriales, pequeñas y medianas, ha permitido el acceso a una enorme cantidad de obras que en años anteriores demoraban mucho en llegar a las librerías y a los lectores. Las opciones de publicación hoy son mucho mayores.

A inicios de los años 2010 se fueron incorporando al catálogo de las principales editoriales los libros en soporte digital con un impacto muy menor en todo el mundo de habla hispana. Han debido pasar muchos años para que esta nueva forma de leer se haya hecho masiva, fundamentalmente por la poca diferencia entre el precio del soporte papel y el digital inicialmente, lo que ha sido corregido. Hoy debemos considerar también la alternativa de los audiolibros, que han tenido un crecimiento muy rápido y que facilitará mucho el acceso a la “lectura”.

Luego de una suerte de crisis en el sector de las librerías, a finales de los años 90, que significó la desaparición de una cantidad importante de locales de venta, como lo fueron las librerías José Miguel Carrera, Andrés Bello y la casi totalidad de las librerías Universitaria, las tres grandes cadenas (Antártica, Feria Chilena del Libro y Qué Leo) junto con una de tamaño mediano (Contrapunto) han incrementado sustancialmente sus puntos de venta, cubriendo de buena manera las ausencias de las anteriores. Posiblemente, todavía haya un déficit de librerías en algunas zonas del país, pero esa cobertura hoy está siendo resuelta en buena medida por el sistema de e-commerce. Aquí vale la pena destacar, dada la actual situación, el trabajo de la empresa Buscalibre y la readecuación de muchas librerías pequeñas, no ligadas a cadenas, para otorgar también esta opción de compra de libros.

La industria gráfica también ha visto crecer su participación en el mercado de las impresiones de libros de interés general, puesto que son muchos más los autores nacionales que han visto incrementarse enormemente la variedad y la tirada de sus títulos. Normalmente, se decía que la gran mayoría de los libros leídos en Chile provenían del exterior, por diferentes razones.

Finalmente, creo que el mayor mérito en estos cambios positivos lo tienen los autores, tanto nacionales como extranjeros, por haber expandido enormemente la base de lectores no habituales con obras que han sabido fascinar a una cantidad espectacular de público nuevo. Solo a modo de ejemplo, quiero citar a J. K. Rowling y a Jorge Baradit, a quienes tanto impresores, como editores, libreros y lectores les deben agradecer mucho.

Pablo Dittborn trabajó en Quimantú, ha ocupado cargos directivos en el mundo editorial.

Acercarse a la distancia: diciembre de ferias del libro

Desde Santiago Tres virtuales y una presencial

Acercarse a la distancia: diciembre de ferias del libro

Este martes comienza la Filsa; el siguiente, la Primavera del Libro y la Feria del Libro de Ñuñoa, y el jueves 17, la Furia del Libro. Habrá nuevos títulos, conversaciones con autores como Isabel Allende, Alejandro Zambra y Elena Poniatowska, y sobre el proceso constitucional. Aunque aún en pantalla, el público podrá ver estas actividades en lugares como el GAM y el Parque de las Esculturas, porque la idea es empezar a salir de Zoom.

Juan Rodríguez M., Revista de Libros, Artes y Letras de El Mercurio, Domingo 29 de noviembre de 2020.

El fin de año, cuando se instala la inclemencia solar en Santiago, se ha convertido en un tiempo marcado en el calendario de los lectores. Se suceden las ferias de libros, en la Estación Mapocho, en el GAM, en el Parque Bustamante, en la Plaza Ñuñoa. La pandemia, que golpeó la industria del libro con el cierre de librerías, imprentas y bodegas, amenazaba con frenar esa temporada. No hay tal. El mundo del libro, forzado por las circunstancias, porque hay que sobrevivir, ha sabido ponerse al día con la digitalización, con la venta en línea, y retoma el ciclo ferial.

Hace cuarenta años, un 20 de noviembre de 1980, en el Parque Forestal, se hizo la primera versión de lo que hoy conocemos como Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa). Así lo recordó el jueves Eduardo Castillo, presidente de la Cámara Chilena del Libro, en la videoconferencia de prensa que dio para anunciar que la 39ª Filsa será la primera versión que se haga de manera virtual: “Cuarenta años después estamos en un mundo digital”, dijo, “todos estamos aprendiendo”. La historia reciente de la Filsa no ha sido tranquila, luego del quiebre en 2018 con las editoriales transnacionales Penguin Random House y Planeta, reunidas, con otros sellos chilenos, como Catalonia y Ediciones UC, en la Corporación del Libro y la Lectura, que desde ese año organizan un evento paralelo, el Festival de Autores. La Filsa virtual comienza este martes 1 de diciembre y se extenderá hasta el domingo 6. Organizada por la Cámara, con patrocinio de la Municipalidad de Santiago y el Ministerio de las Culturas, se podrá acceder a ella a través del sitio http://www.filsavirtual.cl, que funcionará las 24 horas, durante los seis días del evento para que los lectores hagan sus compras. Serán más de 80 expositores, entre editoriales, librerías y distribuidoras.

En el mismo sitio web se ingresará al programa cultural que, entre otras actividades, incluye conversaciones con autores como la española Irene Vallejo, la mexicana Elena Poniatowska y el chileno Alejandro Zambra; homenajes a Mario Benedetti y Luis Sepúlveda, y también a la Sociedad de Escritores de Chile, por sus 90 años; habrá actividades para niños en colaboración con la Biblioteca de Santiago, la Municipalidad de Cerro Navia e Ibby Chile; diálogos entre escritores chilenos, peruanos y paraguayos y una sala de cine virtual abierta durante toda la feria. El domingo habrá una conversación sobre Constitución y cultura.

Camino al andar

Ya hicieron en estos meses de pandemia un “BookDay”, luego una Lluvia del Libro y capacitaciones en herramientas digitales con 500 participantes, todo en línea. Los Editores de Chile han recorrido ese camino para llegar a la 9ª Primavera del Libro, desde el martes 8 al domingo 13 de diciembre, organizada en conjunto con la Municipalidad de Providencia y la Fundación Cultural de Providencia, y con financiamiento del Fondo del Libro. “Estamos con muchas expectativas, sabemos que igual hay una nostalgia por el tema de que sea presencial, pero creemos que con el camino que ya hemos recorrido de manera virtual nos va a ir bien. Hemos aprendido”, dice Francisca Jiménez, presidenta de Editores de Chile.

Quienes quieran estar en la Primavera lo podrán hacer en el canal de YouTube de Editores de Chile y la página http://www.primaveradellibro.cl. Participarán 74 editoriales, que esta vez se agruparon para realizar 30 actividades conjuntas bajo el lema “El libro piensa Chile”, con temas como ciudadanía, pueblos originarios, diversidad e inclusión, medioambiente y cambio climático, y feminismo.

Durante todos los días de la feria se realizarán actividades desde lugares significativos de Providencia: una lectura dramatizada de Gabriela Mistral, con Francisca Imboden, en el Centro Montecarmelo; canto lírico en el Palacio Falabella, con Carla Vilches; danza con Josefina Greene, en el Parque de las Esculturas; un round de ilustradores, en el Teatro Oriente, en el que participará Sol Díaz, entre otros; “Cuentos de Primavera con Kamishibai y otras” en el Palacio Schacht, a cargo de Paulina Jara, y música desde el Café Literario Santa Isabel, con Javier Barría.

La única presencial

En paralelo a la Primavera del Libro, en la parte norte de la Plaza Ñuñoa, entre el 8 y el 14 de diciembre se realizará la 22ª Feria del Libro de Ñuñoa, “la primera feria en modo presencial en tiempos de pandemia”, dicen desde la Corporación Cultural de Ñuñoa, que organiza la actividad. Será una feria higiénica: habrá 47 locales, menos que en versiones anteriores, para garantizar la distancia física; el ingreso de los visitantes será limitado, de manera de no sobrepasar una cantidad de personas en el lugar; se controlará la temperatura, es obligatorio usar mascarilla, habrá “islas sanitarias” con alcohol gel, y los puestos estarán separados con planchas plásticas y también tendrán dispensadores de alcohol gel “para que los visitantes puedan usarlo antes de tener contacto con los libros”.

En el lugar habrá pantallas para que los lectores puedan ser parte del programa cultural, al que también se podrá acceder de manera virtual a través de las redes sociales de la Corporación Cultural de Ñuñoa y de su sitio web (www.ccn.cl). Habrá música, actividades para niños y talleres en línea. Entre las actividades destacan una conversación de Isabel Allende y la periodista María Teresa Cárdenas (subeditora de Artes y Letras de “El Mercurio”), sobre el libro más reciente de la escritora chilena: “Mujeres del alma mía”. También participarán en la feria el poeta Elicura Chihuailaf, premio nacional de Literatura 2020, el escritor Patricio Jara y el realizador e historietista Pedro Peirano.

Cicletada del libro

Un enjambre de ciclistas, cargando palabras e imágenes, podría recorrer Santiago a partir del jueves 17 de diciembre. Ese día comienza la 14ª Furia del Libro. Organizada por la Cooperativa de Editores de la Furia, con financiamiento del Fondo del Libro, se extiende hasta el domingo 20 y también será virtual. Participarán 131 editoriales de Santiago, regiones y extranjeras. “Vamos a trabajar con un enjambre de ciclistas, ellos van a estar haciendo retiros diarios en todas las oficinas de las editoriales. Entonces los libros van a estar llegando el mismo fin de semana a la gente, para darle una sensación de feria; viene la pascua y hay que hacerlo rápido, y que así el lector no tenga que esperar una semana su libro”, explica Simón Ergas, director de la Furia del Libro.

En http://www.lafuriadellibro.com se podrá acceder al catálogo de las editoriales y a las actividades organizadas para este año (también a través de redes sociales). Habrá conversatorios, entrevistas, lanzamientos, todo en línea. El programa cultural está enfocado en el proceso constituyente, con conversaciones entre especialistas y escritores. Algunas actividades, sin público, se realizarán en vivo desde la salas del GAM, “porque si no vamos a estar en Zoom el resto de la vida”, dice Ergas. Destacan “La constante represión”, en la que participarán la fiscal Ximena Chong, la socióloga Lucía Dammert y la abogada Catalina Fernández, conversación moderada por la escritora Nona Fernández; y “Descentralización”, con el diputado Gabriel Boric; el director del Centro de Estudios Regionales de la U. Austral, Egon Montecinos, y el sociólogo Andrés Kogan, y como moderador el poeta y antropólogo Yanko González. Para el cierre se hará “Constituyentes Furiosos”, una lectura abierta de propuestas constitucionales.

Un mundo nuevo

Que los libros han acompañado durante la pandemia, además de una frase hecha, es una realidad. En mayo la Biblioteca Pública Digital duplicó sus préstamos respecto del mismo mes de 2019. “Un buen libro, una buena historia, siempre es algo positivo, sobre todo cuando estuvimos encerrados y no podíamos salir ni a la esquina”, dice Francisca Jiménez. “Para grandes, chicos, incluso para gente que estaba en espacios reducidos y necesitaba abstraerse, un buen libro te hace viajar de alguna manera a través de la imaginación”.

“Es algo que hemos tenido muy botado como pasatiempo, al menos en mi experiencia cercana”, cree Simón Ergas. “Siento que con la pandemia, con el encierro, el libro también se volvió un atractivo, resucitó como un atractivo de tiempo libre”. Eduardo Castillo piensa que el desafío para la industria del libro es saber adaptarse, porque los lectores están: “El libro salió valorado como bien cultural”, dice. “Hay problemas, por ejemplo que la mayor parte de las comunas en Chile no tienen librerías, cuando hoy se editan más libros que nunca”, agrega. “Pero la tecnología nos abre una ventana muy grande”.

“Muchos estamos en modo supervivencia, de alguna manera”, dice Jiménez sobre los problemas que ha traído el covid-19 para el libro. “El fin de año, la Navidad que se nos viene y otras variables han hecho que se reactive algo. Pero han sido meses muy duros”, afirma. “Que el libro no haya sido declarado bien de primera necesidad fue un tema que nos afectó, no solo porque no podíamos vender, sino que también porque no pudimos acceder a las bodegas donde estaban nuestros libros, no podíamos movernos. Eso fue muy duro en los meses peak de la pandemia. Hoy lo vemos con un poquito de entusiasmo, con un poquito de esperanza, pienso que vamos a estar un poco mejor preparados para enfrentar un posible escenario negativo el próximo año; sin embargo, claramente necesitamos, de parte del Gobierno, que haya más apoyo”.

La pandemia obligó al sector del libro a ponerse al día con la digitalización; no solo en abrir sus catálogos al libro digital, sino a iniciarse en el comercio electrónico y en mejorar el uso de redes sociales. “El lector ha cambiado mucho”, dice Ergas. “Y nosotros hemos tenido que cambiar mucho para eso, hacernos cargo del cliente directo, comprar sobrecitos bonitos, establecer un sistema de delivery que funcione, que sea rápido y que tenga seguimiento. Es algo que les pasó a muchas editoriales, que antes no tenían contacto directo con los lectores más que en las ferias. Y eso está permaneciendo, a pesar de que la vida está volviéndose a abrir de a poco”.

Si algún día volvemos a alguna normalidad, los editores creen que ya no habrá vuelta atrás con la digitalización. Convivirán librerías y venta en línea, actividades virtuales y en vivo. Los lectores de siempre, los que pueden ir presencialmente a una feria o un lanzamiento, con nuevos lectores, en lugares más lejanos, en Chile y fuera de Chile. Es momento de “reevaluar muchas cosas”, dice Castillo. “Si bien fue muy dura la pandemia, también fue una oportunidad para muchos de nosotros”, agrega Jiménez. “Estamos enfrentando casi un nuevo mundo”, concluye Ergas.

Ferias

Filsa
1 al 6 de diciembre
www.filsavirtual.cl

Primavera del Libro
8 al 13 de diciembre
www.primaveradellibro.cl y canal de YouTube Editores de Chile

Feria del Libro de Ñuñoa
8 al 14 de diciembre
Plaza Ñuñoa y www.ccn.cl

Furia del Libro
17 al 20 de diciembre
www.lafuriadellibro.com

Los libros digitales matarán a las librerías

ESPECIAL 70 AÑOS LT: VERDADES QUE YA NO SON

Pablo Marín, Sábado 21 de Noviembre de 2020, Culto LT.

Lector electrónico vs. libro impreso: ambos gozan actualmente de buena salud.

Hacia fines de la primera década del siglo, la aparición de Kindle y otros lectores electrónicos llevaron a entusiastas digitales a decretar la pronta obsolescencia del libro impreso y el consecuente declive del circuito libresco. Hoy, incluso con pandemia, no se ve que eso esté ocurriendo.

Robert Darnton: “Ya no se escucha gente anunciando la muerte del libro impreso”

Hasta los siglos II y III de nuestra era, observa el paleógrafo Guglielmo Cavallo, “leer un libro significaba normalmente leer un rollo”. Para entonces, ya circulaba gracias a los romanos el códice (codex), ese artefacto con páginas escritas por ambos lados que se cosían o pegaban por uno y se giraban por el otro, y que además podía tomarse con sólo una mano. Sin embargo, lo que se designaba como “libro” era un rollo constituido por papiros pegados unos a continuación de otros hasta sumar una veintena.

Considerados con la ventaja tramposa de la retrospectiva, estos libros de papiro asoman hoy poco prácticos y nada cómodos: se debían tomar con ambas manos, recogiendo por arriba y desplegando por abajo, y lo no normal es que armar una obra demandara varios rollos. Por estas y otras razones, como la difusión del cristianismo, el códice impuso sus términos. Tanto así, que nadie lo llama códice ni le da otro nombre que no sea “libro”. Que eso siga pasando a dos milenios de su invención, parece dar la razón a Umberto Eco cuando afirmaba que el libro, en su versión codex, “es como la cuchara, el martillo, la rueda y las tijeras: una que vez que se inventó, no se puede mejorar”.

De estas cosas, entre tantas otras, sabe Robert Darnton (Nueva York, 1939). Figura saliente de la historia cultural francesa, así como de la historia del libro y la lectura, el exdirector de las bibliotecas de Harvard (2007-16) tiene claro que se ha llamado “libro” a soportes muy distintos (de las tablillas mesopotámicas a los e-books), pero entiende que en el cotidiano usamos esa palabra para hablar de las hojas de papel unidas en el lomo, y no de otras tecnologías de lectura. Y porque entiende esto, entiende que cuando se ha hablado del “fin del libro” se habla de ese objeto antiguo y duro de matar, así como el circuito generado en torno suyo y que por lo pronto incluye librerías y bibliotecas, libreros y bibliotecarios.

Porque a este artefacto lo vienen “matando” hace rato: Marshall McLuhan dijo que los libros bajo el brazo serían reemplazados por cintas de video, en tanto que seminarios y conferencias sobre la “muerte del libro” comenzaron hace décadas, siendo el propio Darnton invitado a varios de ellos. Pero hoy le cuenta a La Tercera, vía Zoom desde la casa en la costa de Massachusetts donde ha pasado la pandemia, que desde harto antes del covid-19 no sabe de esas conferencias:

“Ya no se escucha gente anunciando la muerte del libro. No he visto eso por largo rato”, afirma el académico de Harvard y profesor emérito de Princeton. “¿Por qué? Porque hemos vivido con la revolución digital y está claro que los libros electrónicos, aunque aumentaron en número, ahora se han estabilizado. Probablemente usted lea en un Kindle, pero también lee libros impresos en papel”.

Ocurre, prosigue el autor de Censores trabajando, que “vivimos en un entorno diferente en el que tenemos tipos de comunicación muy diferentes, más que antes, y el libro clásico, el libro normal y corriente que se lee pasando las páginas y que ha existido desde el primer siglo de nuestra era, ha funcionado muy bien. Todavía está sano, todavía se está leyendo y se está publicando: los editores no se están arruinando, está sobreviviendo bien”.

Eso sí, sobrevive en interacción, compañía o competencia con muchos otros tipos de comunicación. Es un entorno más diferenciado, más complejo, dice Darnton, pero no uno que haya dejado obsoleto al libro impreso. No por nada,. “es uno de los inventos más grandes de todos los tiempos”. Por eso, cuando le recuerdan lo de las profecías acerca de su fin, muestra convicción: “Creo que hoy podemos decir, ‘No, el libro no murió’”.

En estos tiempos excepcionales, también para la lectura, ¿se ve tentado a hacer comparaciones con otros períodos u otras pandemias?

Una comparación es difícil. No sabemos cómo se está dando la lectura en estos días, así que podría hacer algunas suposiciones, pero no puedo probarlas. Mi intuición me dice que ahora hay más lectura que nunca. Las personas a menudo están aisladas y se están retirando de alguna manera a un mundo de lectura que habían descuidado. En algunos aspectos, pienso que la pandemia es un estímulo para la lectura, para diferentes tipos de lectura.

¿Y cómo ve los ámbitos asociados?

Por el contacto con los editores, sé que las editoriales siguen produciendo libros y que el negocio va bien. Ahora, es cierto que las bibliotecas en general están cerradas, que a veces puedes sacar libros de las bibliotecas si no entras. Las bibliotecas están haciendo un gran esfuerzo para dar a los lectores acceso a sus libros, aunque no pueda haber cientos de lectores en sus grandes salones. Y están las librerías, que no pueden tener gente entrando, que están semicerradas o restringidas. Hay grandes problemas, pero yo diría que, en general, la lectura se ha vuelto más intensa y, en cierto modo, más aislada. Hay grupos de lectura por todas partes. Yo pertenezco a uno, y tenemos reuniones virtuales.

Usted ha observado un “panorama de la información” en el cual nos las vemos todo el tiempo con bits de información de todo tipo. ¿Qué pierden ahí el libro y la lectura?

El tipo de cultura del libro de principios del siglo XX ha desaparecido, sin mencionar los del siglo XIX y antes. Hoy no sólo tenemos la radio y la televisión, sino todos estos medios sociales, y el resultado, creo, ha sido la fragmentación de los libros, así como de la información en general: ha sido cortada en pedacitos y consumida de una forma nueva.

Ahora bien, hemos tenido tipos particulares de información fragmentada durante siglos, pero la fragmentación actual es inquietante. Tengo un amigo que enseña literatura en la U. de Virginia. Me dijo que ya no puede dar la lectura de novelas de Henry James como tarea a sus alumnos, porque son demasiado largas: los libros son largos, las oraciones son largas, la capacidad de concentración de los estudiantes es escasa. El tipo de literatura que floreció en el siglo XIX y principios del XX ya no puede llamar la atención de los jóvenes. Eso me preocupa mucho.

Reorientaciones lectoras

El autor de Las razones del libro se hace el deber de insistir: que el libro siga en pie no significa que no haya males ni peligros. Hay muchos, piensa, y al principio de la lista hay una lectura que ocurre en lo que llama “silos”, tal como las estructuras para almacenar granos. “Si se está dentro de un silo, se está cerrado a otros tipos de información, y nos encontramos con que la población de EEUU está cada vez más encerrada en silos separados, y la información del exterior no puede llegar a estas personas”, plantea Darnton. Menos amenazante considera fenómenos como el del e-book.

Según datos de Good e-readers para agosto, las ventas de libros electrónicos crecieron este año por sobre el 50% en la literatura infantil y juvenil, mientras los libros de bolsillo subieron muy poco y los “tapa dura” incluso bajaron un 0,8%. ¿Será sólo la pandemia?

Desconozco la explicación, pero intuyo que, ahora que la mayor parte de la educación es en línea y la mayoría de los estudiantes se queda en casa, los padres deben mantenerlos ocupados, y una forma de hacerlo es regalarles un Kindle con libros adaptados para niños. En general, lo que uno ve son adaptaciones a las circunstancias, y nada podría ser más espectacular que el actual cambio de circunstancias para la mayoría de la gente. Uno pensaría que la producción de libros y los patrones de lectura se adaptarán a eso.

El sitio Todos Tus Libros empezó a vender el material de pequeños libreros, que así compiten con gigantes como Amazon. ¿Cómo ve este escenario?

No es algo que haya estudiado, pero me parece que hay demanda y, por supuesto, grandes empresas como Amazon intentan monopolizarla, aunque hay formas de sortear eso. La publicación de libros electrónicos a pequeña escala puede ser una manera de eludir la presencia monopólica de Amazon y que se desarrollen otras formas, como la autoedición: tengo muchos amigos que no publican libros comercialmente, sino que los ponen en línea.

¿Qué tan relevantes pueden ser hoy las bibliotecas?

No he estado en muchas bibliotecas chilenas (aun si he estado en algunas), por lo que debería hablar de EEUU. La biblioteca pública ha evolucionado acá de una manera muy interesante. Son centros neurálgicos: cada localidad, cada barrio tiene una biblioteca. En los sectores pobres de de Nueva York los estudiantes van allá tras salir de la escuela (prepandemia, por supuesto) y reciben ayuda con sus tareas. Los bibliotecarios son maestros, pero son más que maestros. Si usted es un inmigrante y necesita licencia de conducir, no va a la policía: va a su biblioteca. Si es una persona pobre que busca trabajo, ya no va a encontrar anuncios en el diario, así que va a la biblioteca de su vecindario. La biblioteca es uno de los pilares de la vida comunitaria.

La Feria del Libro de Santiago regresa en formato digital

A dos años de su última edición, la muestra de la Cámara Chilena del Libro se realizará entre el 1 y el 6 de diciembre en la plataforma filsavirtual.cl

Andrés Gómez, 11 de Noviembre de 2020, Culto La Tercera.

Regresa después de dos años. Suspendida en 2019 por los acontecimientos derivados del estallido social, la Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa) vuelve en modalidad online. Del 1 al 6 de diciembre se realizará Filsa Virtual 2020, encuentro que reunirá digitalmente a libreros, editores y distribuidores asociados a la Cámara Chilena del Libro.

Según informó el organismo gremial, la edición 39 de la feria se realizará a través de la plataforma filsavirtual.cl. De este modo los visitantes tendrán acceso a una amplia y diversa oferta de los expositores y, según los organizadores, podrán comprar de forma simple y segura desde cualquier punto del país.

Creada en 1980 para promover el libro y la lectura, la última edición de Filsa se desarrolló en octubre de 2018 en la Estación Mapocho. Ahora se traslada por primera vez al universo digital. La misma modalidad online adoptó este año el Festival de Autores de Santiago (FAS), de la Corporación del Libro y la Lectura.

Junto con el catálogo de libros, Filsa Virtual dispondrá también de un programa de actividades para niños, jóvenes y adultos, desde presentaciones de títulos, charlas y conversaciones a recitales de música y poesía.

En medio de crisis que afecta al sector: Familia Aldea reordena la Feria Chilena del Libro y la divide en tres

Por Luis Mendoza, Road Show, La Segunda, Martes 10 de Noviembre de 2020.

Una serie de cambios está adoptando las cadenas de librerías en Chile luego de que el estallido social y la pandemia obligaran al sector a cerrar sus cortinas por meses y a asumir fuertes pérdidas. La primera en tomar medidas fue Librerías Antártica, que refinanció pasivos y despidió a 49 de sus 320 colaboradores, según narró a La Segunda en agosto su dueño, Carlos Aguirre.

Ahora es el turno de la Feria Chilena del Libro, controlada por los hermanos Juan y Alberto Aldea Pérez y, Juan Aldea Vallejos, su fundador.

A fines del mes pasado, los tres socios decidieron reorganizar la compañía fundada en 1952 y dividirla en tres, de manera de afrontar a través de distintas sociedades los negocios en los que se desenvuelven.

Así surgió Feria Chilena del Libro Ltda., que será la continuadora legal del actual negocio de venta presencial de libros. Además, nació Feria Chilena del Libro Online Ltda, e Inmobiliaria Feria Center Ltda., según publicaron ayer en el Diario Oficial.

Según su página web, la compañía hoy controla 12 tiendas en todo Chile y además posee un centro de distribución en el barrio Enea en Pudahuel.

Al cierre de esta edición no fue posible contactar a Juan Aldea, socio y gerente de la compañía. Sin embargo, según la publicación legal, de las tres nuevas sociedades, la de mayor importancia será Inmobiliaria Feria Center, que tendrá como propósito la compra, arriendo y administración de bienes raíces, participación en sociedades y la actividad de construcción.

En tanto, Feria Chilena del Libro Online se dedicará al comercio electrónico y la participación como agente de empresas dedicadas al comercio virtual.