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Ministerio de las Culturas proyecta nueva Política del Libro

En enero, el Consejo del Libro empezará a reunir a representantes del mundo del libro para elaborar una política para el período 2021-2026.

Roberto Careaga C., Cultura El Mercurio, Martes 5 de enero de 2021.

Llegaron casi 100 personas, todas ligadas al mundo del libro: editores, bibliotecarios, escritores y diversos especialistas en lectoría. Se reunieron en la Biblioteca de Santiago en agosto de 2014, e iniciaron un proceso de ocho meses para desarrollar la Política Nacional del Libro y la Lectura, que operó en el período 2015-2020. Así es que, oficialmente, la política terminó su vigencia la semana pasada. Pero el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio iniciará el proceso para elaborar una nueva política.

“Siguiendo el cronograma de trabajo aprobado por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura, en los próximos días iniciaremos el proceso de construcción de la Política Nacional del Libro y la Lectura 2021-2026, que durará hasta diciembre de este año”, dice Pedro Maino, secretario ejecutivo de dicho consejo, negando lo declarado hace unos días por el exdirector de la Subdirección de Bibliotecas Públicas Gonzalo Oyarzún. En una columna publicada en La Segunda, Oyarzún sostuvo que el 31 de diciembre (pasado) se produciría una “rara conjunción en contra del libro y la lectura en Chile”: acabado el período de la política, no había un proyecto de continuidad ni de renovación. Tampoco en lo referido al Plan Nacional de Lectura.

Elaborada como una guía de orientaciones estratégicas, la Política del Libro recién expirada reconocía “el acceso a la lectura y la participación en la cultura del libro como un derecho que debe ser garantizado y promovido para la formación de ciudadanos creativos, reflexivos y participativos”. El principal instrumento para llevar a cabo la política fue el Plan Nacional de Lectura que, junto a ministerios y reparticiones públicas, implementó 16 planes regionales de lectura a través de bibliotecas, colegios y organizaciones civiles. Muchos de esos planes, dice Maino, “seguirán vigentes y se extenderán hasta 2022. Es errado indicar que existirá un período sin política o sin fomento lector”.

Desde octubre pasado, el Centro de Sistemas Públicos de la U. de Chile lleva a cabo una evaluación sobre el impacto de la Política del Libro, en la que se ha entrevistado a las personas que trabajaron en su ejecución en los últimos cinco años. Según Maino, los resultados de esa evaluación serán entregados en marzo próximo y ese material será “un insumo para la construcción de la próxima política”. Antes de que llegue ese informe, comenzarán nuevas rondas de trabajo con los actores del mundo del libro.

Durante estas “se inicia el proceso de construcción de la próxima política, donde al igual que en la evaluación, una entidad externa al Consejo del Libro apoyará el proceso metodológico, de producción y sistematización del levantamiento de información”, cuenta Maino. “Esto será de acuerdo a etapas, que serán difundidas durante el primer y segundo semestre, entre todos los actores del ecosistema del libro: autores, editores, bibliotecarios, libreros, traductores, docentes, mediadores, lectores, instituciones, entre otros. Se dialogará entre entidades públicas y sociedad civil, como una tarea conjunta en la construcción de un documento que será la hoja de ruta para nuestro sector durante los próximos años”, afirma.

30 años de democratización: hitos y caminos en la cultura y el arte

El ciclo político y social que termina es una oportunidad para elegir hechos, fenómenos y procesos que dibujaron las distintas áreas del sector: música, artes visuales, cine, narrativa, teatro, industria editorial, gestión, humanidades, museos, políticas culturales y patrimonio. Opinan once especialistas, sin pretensiones de exhaustividad, sino de antología, de selección, de ensayo.

Artes y Letras El Mercurio. Domingo 6 de Diciembre de 2020.

El 12 de marzo de 1990, en el Estadio Nacional, el presidente Patricio Aylwin terminó así el discurso con el que asumía su gobierno y daba inicio a la transición a la democracia: “La tarea es hermosa: construir entre todos la Patria que queremos, libre, justa y buena para todos los chilenos”, prometió. “De nosotros depende, compatriotas”. Han pasado treinta años: desde la creación de los fondos concursables y del Consejo del Libro y la Lectura a comienzos de los noventa, hasta la instauración del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio en 2018, si lo ponemos en términos institucionales, los caminos son más grandes y diversos: la Nueva Narrativa, el fenómeno Bolaño y la consolidación de autores como Alejandro Zambra y Nona Fernández; Alfredo Jaar, el más internacional de nuestros artistas visuales, Premio Nacional de 2013; el alto nivel alcanzado por los cuerpos estables de dos instituciones tradicionales, el CEAC de la Universidad de Chile y el Teatro Municipal de Santiago; la aparición de espacios como el Centro Cultural La Moneda, GAM, Parque Cultural de Valparaíso, Museo de la Memoria, Teatro Biobío, Balmaceda Arte Joven, Matucana 100, Teatro del Lago, a veces en desmedro de los museos nacionales; la explosión de la edición independiente; los premios internacionales a autores como Jorge Edwards, Gonzalo Rojas, Nicanor Parra y Raúl Zurita; Valparaíso Patrimonio de la Humanidad; las todavía pocas pero valiosas mujeres que ganaron premios nacionales, las películas de Sebastián Lelio, el retorno de Raúl Ruiz y el éxito del cine chileno en festivales y hasta en el Oscar, pero no tanto en taquilla; el teatro callejero, en la senda del Gran Circo Teatro, hasta la consolidación de Santiago a Mil.

Son ejemplos al azar de algo mucho más grande y siempre en obra: ese conjunto distintivo de una sociedad o grupo social en el plano espiritual, material, intelectual y emocional que es la cultura, según la define Unesco. Esa tarea hermosa.

Música

Juan Antonio Muñoz: La Música antigua y orquestas juveniles

La creación y el estreno de “Chile”. En 1994, la clarinetista Valene Georges tuvo la idea de componer una obra de cinco movimientos para, a través de ellos, retratar la diversidad geográfica y mental del país. Ella convocó a los compositores Gustavo Becerra y Fernando García, quienes escogieron el mundo de La Araucanía y el desierto, respectivamente, y en conjunto decidieron que Miguel Letelier se hiciera cargo de la Antártica; Santiago Vera, de Isla de Pascua, y Andrés Maupoint, de Santiago. El estreno se produjo en 1998 gracias a Emilio Donatucci, entonces director de Programación de la Orquesta Sinfónica, y Robert Henderson, director y compositor estadounidense, quien estuvo al frente de la OS. “Chile” es una obra magnífica e inusual, e interpretarla fue una odisea en la que convergieron el conjunto sinfónico y los solistas integrantes del Ensemble Bartók: el violinista Héctor Viveros plasmó la soledad antártica; el cello de Eduardo Salgado refirió los ecos mapuches de Nueva Imperial; la voz de Carmen Luisa Letelier evocó Rapa Nui; Valene Georges recordó el silencio del desierto, y Karina Glasinovic retrató la vitalidad y la tensión de la capital. ¿Cuándo volveremos a escucharla?

Cristina Gallardo-Domâs en Nueva York. La apertura de la temporada 2006-2007 del Metropolitan Opera House de Nueva York fue con “Madama Butterfly” (Puccini), cuyo rol titular fue interpretado por la soprano chilena Cristina Gallardo-Domâs, quien ganó el premio Laurence Olivier, en el Reino Unido, por su actuación en ese mismo personaje en Londres. Nunca antes una artista latinoamericana había recibido esa distinción. En Nueva York, la dirección musical fue de James Levine, y la dirección escénica, del cineasta Anthony Minghella, quien declaró que la artista “es la mejor actriz con que he trabajado”: un gran elogio de parte de quien había tenido bajo su conducción a estrellas como Gwyneth Paltrow, Juliette Binoche, Cate Blanchett y Nicole Kidman. No solo esa memorable actuación de Cristina, sino toda su extraordinaria carrera, es un hito de la historia lírica nacional.

El fenómeno de la Música Antigua. En 1994 se recordaron 40 años de interpretación profesional de Música Antigua en Chile con el III encuentro de la especialidad, organizado por el Instituto de Música de la Universidad Católica. En el mundo se vivía entonces un fenómeno respecto a tal repertorio y Chile no estaba al margen: era evidente el aumento de público en los conciertos, crecía exponencialmente el número de presentaciones y se comenzaba a desarrollar un espíritu crítico. Además, existían, al menos, veinte grupos dedicados. Entre ellos, conjuntos como Syntagma Musicum, Estudio MusicAntigua UC, Ludus Vocalis, Taller de Música Antigua UCV, Ars Antiqua, Vetera et Nova, Ex Tempore, Voce Arcana, In Taberna, Cantoría de San Francisco, In Camera, Renacimiento (Temuco) y Calenda Maia. Esa vitalidad se mantiene, aunque algunos grupos se extinguieron. Las posibilidades de presentaciones también han disminuido, en especial tras la desaparición de importantes ciclos de música de cámara.

La gira a Europa y África de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil. Fue un verdadero milagro que, en julio de 2019, poco antes de que todo cambiara en Chile y en el resto del mundo, se pudiera realizar este anhelado viaje, un estímulo para los niños y jóvenes de la Fundación Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles (FOJI). Bajo la dirección de Maximiano Valdés y junto a Alejandra Kantor, directora de la Fundación, el conjunto se presentó con gran éxito en Rabat, Casablanca, El Escorial, Alicante, Kassel y Berlín. El éxito dio cuenta de un trabajo serio y sistemático, realizado desde hace años, y que implica no solo un crecimiento musical y artístico asombroso, sino también la promoción cultural y social de quienes integran la orquesta.

Juan Antonio Muñoz, editor y crítico de música en El Mercurio.

Cine

Christian Ramírez: Los duros 90 y la internacionalización

Febrero de 1992. La frontera gana el Oso de Plata en el Festival de Berlín. Para una cinematografía históricamente aislada e insular como la nuestra, el segundo lugar obtenido por la película de Ricardo Larraín no solo fue el premio más importante obtenido por el cine chileno a esa fecha, sino que además representaba una posibilidad de recuperar la continuidad artística del medio en paralelo con la vuelta a la democracia. La promesa, eso sí, tardaría más de una década en concretarse: los años 90 demostrarían ser durísimos para nuestros cineastas, y finalmente serían los integrantes de “Generación Novísima”, los llamados a cumplirla.

2002. Raúl Ruiz vuelve a filmar en Chile. Aunque había regresado y rodado esporádicamente en el país a principios de la década anterior, fue a principios de los 2000 que Ruiz emprendió su primer gran proyecto chileno desde los días de “Palomita Blanca”, en 1973. El Consejo de la Cultura —que financiaba la iniciativa— esperaba una película tradicional; pero, fiel a su carácter, Ruiz le entregó de vuelta “Cofralandes”, un conjunto de cuatro ensayos que agarró por sorpresa a las autoridades de entonces, y que sin embargo hoy se revelan tanto en clave de exploración antropológica como de emocionante viaje sentimental a través de una tierra añorada y por fin recuperada.

Marzo de 2006. Inauguración de la Cineteca Nacional de Chile. Quienes solemos visitar con frecuencia la sala de la Cineteca, en el Centro Cultural Palacio La Moneda, hoy tendemos a dar por sentada la existencia de una institución dedicada a conservar nuestro patrimonio audiovisual; pero hubo un tiempo en que nada de eso existía: antes de su creación, cada cineasta, cada productor y exhibidor de filmes nacionales cargaba con el peso de preservar por su cuenta las copias de sus películas y los materiales asociados a estas. Para todos los efectos, el cine chileno era un conjunto de islotes desagregados y amenazados de extinción; en estos catorce años, la Cineteca se ha encargado de hacer sentido del conjunto y proyectar su legado para las próximas generaciones. Extraordinaria labor.

Enero y febrero de 2013. “NO” es nominada al Oscar. “Gloria” gana en Berlín. Ocurrió en un lapso de no más de quince días: “NO”, de Pablo Larraín, es anunciada como candidata al Oscar a Mejor Película en Idioma Extranjero, y en el Festival de Berlín, Paulina García obtiene el Oso de Plata a Mejor Actriz por su actuación en “Gloria”, de Sebastián Lelio. En los años siguientes, nos acostumbramos a la presencia de nuestras películas en los festivales más destacados, a la internacionalización de las carreras de Larraín, Lelio y varios otros realizadores e incluso normalizamos la obtención de dos premios Oscar, nada menos; pero si hay que buscar un punto de inflexión, un momento donde la balanza se inclinó en nuestro favor, fue éste. Quién sabe cuándo vendrá el próximo.

Christian Ramírez, periodista y crítico de cine de Artes y Letras.

Humanidades

Iván Jaksic: Anclarnos en una tradición y hacerla nuestra

Lo acelerado del cambio actual no se refleja necesariamente en ciertas áreas del saber, como las humanidades, que tienen una base tan firme en los procesos de larga duración. Con todo, los cambios de los últimos treinta años no dejan de ser significativos. En Historia, por ejemplo, hemos visto una mayor sensibilidad hacia lo particular, lo privado, lo diverso. También hemos recuperado ciertos campos, como la historia política, que antes tendía a ser demasiado institucionalista. Hoy nos importan más lo actores políticos, y con esto no quiero decir los profesionales de la política, sino que una gama amplísima de agrupaciones, asociaciones y experiencias humanas. También, un énfasis en cómo dialoga lo individual con lo colectivo. El campo histórico ha derivado en una multiplicidad de temáticas, lo que es muy bueno, pero también hemos visto una tendencia hacia una conformidad con los requisitos de las universidades, las revistas indexadas y los fondos de investigación.

También en Filosofía hemos visto un proceso parecido de profesionalización, aunque ella nos demuestra algunas de sus ventajas: hay mayor diálogo con una diversidad de escuelas y eso se refleja en la formación de una nueva generación de filósofos. Sin embargo, seguimos al debe con nuestra propia tradición filosófica. En los últimos años hemos visto una mayor preocupación al respecto. A mediados del siglo XX, Luis Oyarzún era una rareza en nuestro ámbito al escribir sobre el pensamiento filosófico de José Victorino Lastarria. Hoy vemos una mayor atención al pensamiento del mismo Oyarzún, como también de Jorge Millas, Humberto Giannini, Juan Rivano y algunos más. Ojalá sea una tendencia.

En general, creo que lo más importante que ha ocurrido en las últimas tres décadas es que la filosofía salió del ámbito puramente universitario para instalarse en varios centros de investigación. Esto necesariamente conlleva un diálogo con otros profesionales, sobre todo de las ciencias sociales, y además una preocupación por los problemas del país.

Cuando hablamos de humanidades, obviamente hablamos de filosofía e historia, pero también debemos pensar en esfuerzos totalmente independientes de cualquier institución, o disciplina académica, que sin embargo nos conectan con una tradición humanística. Allí, el retorno a las fuentes, desde Platón a Adam Smith, que están en diferentes lenguas, es fundamental. La traducción es más que el traslado de una lengua a otra, es un estudio crítico y significa recuperar, con una sensibilidad actual, lo que es central a la vida humana. Pienso en lo que se ha hecho en los últimos treinta años con los textos de Aristóteles, de Virgilio y de Tucídides. Significa anclarnos en una tradición y hacerla nuestra. También el pensar en el papel de las humanidades en la era digital, como lo han hecho Adriana Valdés y otros. Se habla mucho de las humanidades en crisis, pero tenemos suficientes ejemplos de su presencia e influencia, hoy que la población tiene mayor sensibilidad ante las habilidades “blandas” y la necesidad de comunicarlas a través de la educación. Creo que los medios también han cooperado. Ha sido una buena treintena. Ojalá se consoliden las tendencias, pero que mantengamos una apertura hacia las nuevas.

Se habla de las humanidades en crisis, pero tenemos ejemplos de su presencia e influencia, hoy que la población tiene mayor sensibilidad ante las habilidades “blandas” y la necesidad de comunicarlas a través de la educación”.

Iván Jaksic, historiador y premio nacional de Historia 2020.

Patrimonio cultural

Emilio de la Cerda: En tránsito desde el siglo XX al XXI

En el campo del patrimonio cultural, los últimos 30 años constituyen un tiempo de transición entre las doctrinas e instituciones del siglo XX y los nuevos desafíos del presente.

Se trata de un período en que la visión experta se ve enriquecida y desafiada por la diversidad de nuevas aproximaciones, que ven en la salvaguardia del patrimonio una forma de reivindicar manifestaciones y estructuras de valor que la sociedad estima necesario defender por el papel que juegan en la vida colectiva.

Esta transición se ha visto acompañada en Chile por avances de gran impacto público. Destacables son las iniciativas lideradas por la ex-Dibam y el Consejo de Monumentos, tales como el Día del Patrimonio Cultural, los reconocimientos de la Unesco a sitios y cultores locales, el sistema de bibliotecas públicas; la recuperación de bienes patrimoniales, como el Palacio Pereira; la instalación de museos regionales y especializados, la plataforma Memoria Chilena, entre otros.

Sin embargo, junto a estos logros ha quedado en evidencia que el modelo institucional, legal y epistemológico del patrimonio en Chile, heredado en gran medida de la primera mitad del siglo XX, ha cumplido un ciclo y requiere urgente actualización.

La creación del Consejo de la Cultura y las Artes (2003) generó avances, ya que en su gestión se establece el primer fondo concursable para recuperar patrimonio, se implementa la convención de patrimonio inmaterial de Unesco y se incorpora la mirada de los pueblos originarios.

Con todo, la poca articulación entre este organismo y la Dibam, ambas del Ministerio de Educación, redundó en un desequilibrio en la asignación presupuestaria, presencia territorial y prioridades políticas, con la consiguiente postergación en el desarrollo de instituciones patrimoniales fundamentales para el país, tales como los museos nacionales, el Consejo de Monumentos, entre otras.

La implementación del Ministerio de las Culturas (2018) constituye el principal punto de inflexión del período, al reunir en una misma institución a la Dibam, CNCA y CMN. Este proceso tiene el desafío de equilibrar la relevancia que le otorga el Estado a las distintas manifestaciones culturales, paliando la deuda que existe con el patrimonio cultural.

Para ese fin, quedan tareas pendientes de gran relevancia, siendo prioritaria la actualización de la Ley de Monumentos Nacionales. Lograr una nueva Ley de Patrimonio Cultural, que otorgue un marco normativo integral y contemporáneo, es un paso urgente para consolidar la evolución de las últimas décadas en materia de protección y salvaguardia del patrimonio cultural en Chile.

Emilio de la Cerda, subsecretario del Patrimonio Cultural, Ministerio de las Culturas.

Políticas culturales

Nivia Palma: Del Fondart al Ministerio

El Ministerio de las Culturas es un paso gigantesco para crear una institucionalidad que aborde íntegramente los diversos ámbitos de la vida cultural”.

A fines de la dictadura, el presupuesto público para cultura era de 78 millones de pesos y la institucionalidad cultural estaba limitada a un departamento de extensión cultural en el Mineduc y al oscuro accionar de una comisión de censura que funcionaba en esa misma secretaría de Estado. Hoy tenemos una institucionalidad del más alto rango en el Estado, con un Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y un presupuesto anual de alrededor de 200 mil millones de pesos.

En el contexto de la transición democrática en Chile, se instaló una política cultural que tenía un objetivo y misión central: colaborar activamente en la generación de condiciones para la reconstrucción de una cultura libertaria, de respeto a la expresión y creación, de valoración y reconocimiento a la pluralidad y diversidad cultural. Y esa política cultural definió como instrumentos privilegiados para su desarrollo los fondos concursables.

El Fondart, creado el año 1992, es resultado del compromiso de los(as) creadores y cultores con la lucha democrática de nuestro país en el contexto de la dictadura militar, como, también, de la experiencia de censura y diversas formas de restricción a la libertad de expresión que se dio en ese período de nuestra historia. Es un instrumento de una política pública que respeta la libertad de creación y no censura, consagra la evaluación de pares y compromete el financiamiento público para el quehacer artístico y cultural. Luego surgen leyes sectoriales como la ley 19.227 de Fomento del Libro y la Lectura, ley 19.981 de Fomento al Cine y el Audiovisual, ley 19.928 de Fomento a la Música Chilena y recientemente la ley 21.175 de Artes Escénicas; todas ellas replicando la experiencia del Fondart y como parte de la misma política pública.

La División de Cultura del Mineduc y luego el CNCA impulsan procesos de debate y definición de políticas públicas culturales en diversos ámbitos y se contribuye en la creación de infraestructura cultural en todo el país; sin embargo, lo que prima en la distribución de los recursos públicos es la lógica de los fondos concursables que, si bien son un aporte a la actividad de creadores y organizaciones culturales, tienen graves efectos para el desarrollo cultural sostenible de nuestro país. En efecto, la anualidad de los aportes hace imposible proyectar en el tiempo el trabajo de las y los artistas, compañías y agrupaciones culturales; asimismo, esta política presenta graves falencias para promover la valoración ciudadana de la cultura y, por cierto, contribuir al acceso equitativo de las personas a las diversas manifestaciones artísticas y culturales.

La creación del Ministerio de las Culturas (Ley 21.045), iniciativa de la Presidenta Michelle Bachelet, es un paso gigantesco para crear una institucionalidad cultural en nuestro país que, con un conjunto de políticas públicas y no solo de fondos concursables, aborde íntegramente los diversos ámbitos de la vida cultural de las personas y del conjunto de la sociedad chilena, estimulando y viabilizando un desarrollo cultural sostenible en nuestro país.

Nivia Palma, exdirectora de la Dibam y exministra de Bienes Nacionales.

Teatro

Agustín Letelier: Una evolución que no termina

Al recuperar la democracia, pasos importantes para retomar la creación libre en teatro fueron, entre otros: la creación del Concurso Nacional de Dramaturgia, el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, la conversión de la Estación Mapocho en espacio cultural y la inauguración de Balmaceda Arte Joven.

Las productoras Romero y Campbell instalaron en la aún no ocupada Estación Mapocho, un ciclo de teatro para mantener alguna actividad en el largo tiempo sin funciones que se iniciaba a fines de diciembre y se extendía hasta mediados de marzo. Así nació lo que es hoy Santiago a Mil.

En las primeras Muestras Nacionales de Dramaturgia surgió en forma arrolladora, hacia la mitad de los años 90, Benjamín Galemiri. “El Coordinador” aparece como la obra más destacada de esa época. Grandes directores, como Alejandro Goic, Adel Hakim, Luis Ureta y Raúl Ruiz, se encargaron de llevar a escena sus obras. Adel Hakim organizó un ciclo Galemiri en París.

Otra dramaturga de admirable creatividad es Manuela Infante. En “Narciso” mostró esa molestia de los jóvenes que se ha hecho más concreta hoy. En “Cristo” sorprendió con sus juegos espaciales y en “Xuárez” llegó a uno de los hitos del teatro chileno actual.

La sorpresa que causó la magnitud del actual movimiento social indica lo poco y mal que vemos la realidad. Egon Wolff había mostrado en “La Balsa de la Medusa” que los ricos no habían entendido nada; Juan Radrigán en “El Memorial del Bufón” nos había advertido: “Negros nubarrones anuncian iracunda tormenta. Cuidado, el río se desbordará”. El año 2014, en una actuación que se aplaudía de pie al final de cada función, Roberto Farías dijo con fuerza en “Acceso” que la rabia de su personaje surgía por la falta de acceso a la educación, y Emilia Noguera en “Proyecto de Vida” mostró que las familias se están construyendo precisamente sin proyecto de vida, solo quieren tener cosas. El teatro había anunciado claramente los problemas de hoy.

Obra sorprendente como puesta en escena fue “Delirio a dúo”, en la que el director Ignacio García y el escenógrafo Eduardo Jiménez lograron lo que quería Ionesco, y aún para él mismo parecía imposible: que todo el escenario, con el público adentro, reaccionara físicamente, girando, rompiéndose sus paredes y abriéndose el piso ante la violencia del diálogo de sus personajes.

El teatro, como todas las artes, debe buscar constantemente nuevas formas de expresión. En este tiempo en que la pandemia ha obligado a cerrar las salas y todo ha tenido que hacerse “online”, han surgido requerimientos técnicos que alteran la estructura de las obras y su relación con el público; es un cambio en el que estamos recién en los primeros pasos.

Agustín Letelier, crítico de teatro.

Narrativa

Pedro Gandolfo: Un espacio fragmentado, muy precario

Comparativamente con otras narrativas americanas, (a la chilena) todavía le queda mucho por explorar en arrojo, fantasía y radicalidad”.

No tengo un relato claro acerca de la narrativa chilena de los últimos 30 años. La conozco parcialmente, he leído las construcciones que los propios narradores hacen de su oficio y los intentos que efectúan para ordenar el panorama y ubicarse cada cual, a su modo, dentro del él. ¿Es una especulación interesante? No creo que demasiado. En los últimos dos años he concentrado mis lecturas de literatura chilena en autores y obras de la primera mitad del siglo XX y recién ahora creo comenzar a entender ese período. Los últimos 30 años me parecen demasiado próximos para intentar valoraciones definitivas y trazar tendencias con pretensión de validez. El campo literario, como es costumbre, se encuentra velado en lo inmediato por un ambiente en que predominan desplazamientos, tácticas y posicionamientos un tanto absurdos si todo se observa en la perspectiva de los pocos hechos que constan con certeza. ¿Cuáles?

De un lado, la pérdida dramática de la importancia de la narrativa y los narradores en las audiencias chilenas, que va de la mano de la grave crisis de los índices de lectoría. La “novela” para la inmensa mayoría de los chilenos es una serie televisiva que se transmite diariamente por capítulos. La función social de un guionista y productor de telenovelas es hoy, en verdad, mucho más poderosa que la de un narrador. De otro lado, las audiencias prefieren otros substratos y formas de narrar historias y la llegada de la internet, de las redes sociales y las nuevas tecnologías de comunicación ha trastornado los componentes esenciales sobre los que se despliega una narración, de modo que lo que yo observo es un espacio fragmentado, muy precario, un conjunto de voces que trata de aferrarse a algún madero en medio de un naufragio tempestuoso.

El pacto que existió entre la novela tradicional y las clases medias burguesas se pulverizó hace rato y nuestra narrativa parece estar atravesando por una fase particularmente agónica, lo cual no deja de ser interesante, porque en esa instancia se mide la capacidad de los autores de sobrevivir a partir de sus propias convicciones, imaginación y riesgo.

La narrativa chilena ha ido ganando, a partir de fines de los 90, progresivamente mayor libertad —puede aventurarse que existe allí un esperanzador punto de inflexión—, pero comparativamente con otras narrativas americanas, todavía le queda mucho por explorar en arrojo, fantasía y radicalidad. Son escasas las figuras que sobresalen todavía de una narrativa que tiende a recaer en un realismo costumbrista gris, sin humor y con una prosa poco seductora.

Pedro Gandolfo, escritor y crítico de Revista de Libros, Artes y Letras.

Gestión cultural

Arturo Navarro: La aparición de un engranaje esencial

El debut de la gestión cultural en Chile fue auspicioso. Era 1990 y el mundo de la cultura, orgulloso de su participación en la victoria del NO, el 5 de octubre de 1988, sentía que, por vez primera en la historia, un gobierno se ocuparía de crear una institucionalidad para el sector.

La administración del Presidente Aylwin tardó poco en iniciar cuatro líneas de trabajo —ya discutidas y anheladas en el mundo cultural— para poner en marcha a la cultura en democracia: fondos concursables para proyectos artísticos (1990); una ley de estímulos tributarios (1990); la creación del Centro Cultural Estación Mapocho (1991), y una ley de fomento del libro y la lectura (1993).

Para todas ellas, faltaba un engranaje esencial: el gestor cultural. Un profesional que debería constituir un consejo variopinto que asignara los recursos de fomento lector surgidos de la captura de la recaudación del IVA al libro; elaborar proyectos artísticos para acceder a un Fondart, asignado por pares de los beneficiados; traducir en beneficios económicos las iniciativas que financiarían empresas interesadas en apoyar a la cultura y reducir impuestos, y autosustentar un centro cultural al que el Estado solo financió su remodelación.

Del autofinanciamiento de este centro se inspiró la Comisión de Infraestructura Cultural (2000), cuyos gestores recorrieron el país descubriendo los proyectos de nuevos espacios artísticos que acariciaba cada ciudad, más de los esperados, menos elaborados que lo deseable. De la ley del libro se descolgaron iniciativas de fomento lector: ferias, reediciones, cursos… Desde Fondart, con recursos crecientes cada año, se financiaron obras de arte diversas y hasta polémicas. De la Ley Valdés se descolgaban festivales y exposiciones antes inexistentes.

Mientras tanto, la sociedad civil acogía a estos gestores que en pocos años formaron una asociación gremial (2001), varios postítulos (1995) y un magíster y llegaron a ocupar varios asientos en el Directorio Nacional del flamante CNCA, que a través de sucesivas comisiones y encuentros nacidos y animados por ellos, contribuyeron a crear (2003, hoy parte del Ministerio de las Culturas).

Hasta que llegó la crisis. Un estallido social que trajo consigo la destrucción y el impedimento de funcionar a florecientes espacios culturales y una pandemia que obligó a interrumpir —amenazando con cerrar definitivamente— salas, librerías, centros culturales, museos…

Es el fin de la gestión cultural como se concibió en los noventa. Pero es también el inicio de una nueva etapa, tan virtual como presencial, más estatal que privada y que apunta, con inusitado rigor, a un aspecto que es precisamente el corazón de la gestión cultural: aminorar la incertidumbre.

Arturo Navarro, director del Centro Cultural Estación Mapocho.

Artes visuales

Milan Ivelic: Ciudad, memoria y producción digital

“El apagón”, como se ha denominado el período de la dictadura militar en relación con la cultura, podría entenderse como la obscuridad absoluta durante esa etapa, lo que no es efectivo. Por cierto, la censura impuesta debilitó la libre expresión de las ideas; no obstante, hubo discursos culturales de resistencia que las mantuvieron encendidas y se expresaron, eso sí, en ámbitos más reducidos para eludir al censor.

¿Qué ha ocurrido desde la recuperación de la democracia?

Por cierto que se reactivó la cultura en todas sus dimensiones valóricas. Pero lo que no se ha logrado hasta ahora es que la sociedad se movilice y participe de esta recuperación. Aún no podemos hablar de una democracia cultural.

¿Cuánto estará influyendo esta situación en el comportamiento colectivo? A mi juicio, se ha limitado a deseos y anhelos en los que predominan los intereses económicos. Pareciera que la economía es el valor absoluto y no un medio para el crecimiento humano. La avidez por el dinero apaga cualquiera otra aspiración.

En los últimos 30 años, las artes visuales no han quedado al margen ni han permanecido neutrales frente a este contexto. Cito una frase de Camus: “Crear es hoy crear peligrosamente”, frente a una sociedad que busca obras que no la provoquen ni perturben, sino que se cuadren con las preferencias del mercado y las orientaciones institucionalizadas del gusto.

Sin embargo, un importante número de artistas ha rehuido la convención y el lugar común, explorando vías de acercamiento con el aquí y el ahora gracias a rigurosas investigaciones sobre la ciudad, sus innumerables íconos y las segregaciones urbanas. Otra vía es el seguimiento de la rutina diaria enmarcada en los ritos de la vida en el trabajo, el estudio, la salud o la pobreza. Una tercera se orienta en la reactivación de la memoria, que tiene como referente los sucesos acaecidos durante el gobierno militar, con el fin de evitar la amnesia acerca del pasado reciente. Una cuarta vía está relacionada con la ampliación de los límites de las artes visuales, explorando nuevos procesos y medios de reproducción digital de las imágenes, que es transversal a todas ellas.

Milan Ivelic, exdirector del Museo Nacional de Bellas Artes y coautor de “Chile, arte actual”.

Museos y espacios de exhibición

Beatriz Bustos: Un círculo virtuoso entre lo público y lo privado

En estos 30 años, se han consolidado los espacios de exposición que permiten acceso a la cultura y a la participación de la ciudadanía. Se gestionan como instituciones privadas (corporaciones y fundaciones), sin fines de lucro, con una potente función pública y social, y con un sistema mixto de financiamiento: contribuciones del Estado, autogestión y aportes de privados. Es el modelo del GAM, del Museo Violeta Parra y del Centro Cultural La Moneda (CCLM), entre otros. Estas instituciones tienen directorios con representantes de la sociedad civil y del Ministerio de las Culturas, lo que garantiza una sana administración y también autonomía en programación y línea editorial. Se ha logrado algo esencial: la profesionalización de sus trabajadores; se han elevado los estándares y se ha mejorado la gestión, más dinámica y eficiente. Entonces, somos completamente capaces de tener muestras a nivel internacional y de generar propuestas propias a ese nivel.

Este modelo de trabajo ha sido clave para lograr mayor acceso a la cultura de públicos masivos y una participación creciente y diversa en la cultura. Desde que abrió, en 2006, el CCLM ha recibido a 21 millones de personas, una cifra absolutamente inédita en Chile en cuanto al público de espacios culturales.

Hablamos de instituciones creadas por el Estado, con vocación pública para el desarrollo y ejecución de política cultural, y que cumplen también un rol relevante en la educación, como complemento y espacio de apertura, en la generación de diálogos y en la integración social. Son organizaciones que demuestran que se puede lograr un círculo virtuoso en la participación de lo privado, lo estatal, lo público y la ciudadanía. No son, además, solo espacios o lugares, sino instituciones como las Orquestas Juveniles (FOJI) o Artesanías de Chile, que valorizan el trabajo interregional e intercultural, algo esencial para dinamizar y valorar la cultura en Chile.

Tener diversos espacios de calidad para la cultura, valorados por la ciudadanía, es algo vital para esta sociedad, que ahora entra en un proceso constituyente en el cual es crucial el diálogo, la valorización de los diferentes actores sociales, el reconocimiento de la interculturalidad que nos conforma y la necesidad de una amplia participación ciudadana.

Uno de los temas que deberán debatirse en la Convención Constituyente es el modo de garantizar los derechos culturales, individuales y colectivos, para seguir avanzando en la construcción de una sociedad que considere un ser humano integral, materias en las cuales estos espacios culturales hemos venido avanzando durante estos años con profesionalismo, transparencia y calidad, en gran parte gracias a este modelo.

Beatriz Bustos, directora del Centro Cultural La Moneda.

Industria editorial

Pablo Dittborn: Nuevas voces y editoriales

Posiblemente, todavía haya un déficit de librerías, pero esa cobertura está siendo resuelta por el e-commerce”.

En estos últimos treinta años de actividad editorial en Chile, a mi juicio, ha habido importantes y significativos avances para la industria y para la cadena del libro.

Desde la creación, vale decir, desde los autores nacionales, debo destacar una gran incorporación de voces nuevas a la narrativa chilena de forma sostenida y con una mejor recepción por parte de las editoriales y del público lector. Siento que se ha profesionalizado la relación autor-editor en estos últimos años para beneficio de ambos sectores.

En el ámbito de la edición, la incorporación de nuevas editoriales, pequeñas y medianas, ha permitido el acceso a una enorme cantidad de obras que en años anteriores demoraban mucho en llegar a las librerías y a los lectores. Las opciones de publicación hoy son mucho mayores.

A inicios de los años 2010 se fueron incorporando al catálogo de las principales editoriales los libros en soporte digital con un impacto muy menor en todo el mundo de habla hispana. Han debido pasar muchos años para que esta nueva forma de leer se haya hecho masiva, fundamentalmente por la poca diferencia entre el precio del soporte papel y el digital inicialmente, lo que ha sido corregido. Hoy debemos considerar también la alternativa de los audiolibros, que han tenido un crecimiento muy rápido y que facilitará mucho el acceso a la “lectura”.

Luego de una suerte de crisis en el sector de las librerías, a finales de los años 90, que significó la desaparición de una cantidad importante de locales de venta, como lo fueron las librerías José Miguel Carrera, Andrés Bello y la casi totalidad de las librerías Universitaria, las tres grandes cadenas (Antártica, Feria Chilena del Libro y Qué Leo) junto con una de tamaño mediano (Contrapunto) han incrementado sustancialmente sus puntos de venta, cubriendo de buena manera las ausencias de las anteriores. Posiblemente, todavía haya un déficit de librerías en algunas zonas del país, pero esa cobertura hoy está siendo resuelta en buena medida por el sistema de e-commerce. Aquí vale la pena destacar, dada la actual situación, el trabajo de la empresa Buscalibre y la readecuación de muchas librerías pequeñas, no ligadas a cadenas, para otorgar también esta opción de compra de libros.

La industria gráfica también ha visto crecer su participación en el mercado de las impresiones de libros de interés general, puesto que son muchos más los autores nacionales que han visto incrementarse enormemente la variedad y la tirada de sus títulos. Normalmente, se decía que la gran mayoría de los libros leídos en Chile provenían del exterior, por diferentes razones.

Finalmente, creo que el mayor mérito en estos cambios positivos lo tienen los autores, tanto nacionales como extranjeros, por haber expandido enormemente la base de lectores no habituales con obras que han sabido fascinar a una cantidad espectacular de público nuevo. Solo a modo de ejemplo, quiero citar a J. K. Rowling y a Jorge Baradit, a quienes tanto impresores, como editores, libreros y lectores les deben agradecer mucho.

Pablo Dittborn trabajó en Quimantú, ha ocupado cargos directivos en el mundo editorial.

Políticas culturales: ¿el talón de Aquiles de la derecha?

Recién hace dos meses, Sebastián Piñera creó una comisión dedicada al tema, mientras que el resto de sus grupos “Tantauco” partió en 2007. En el Congreso, la Alianza se ha hecho conocida por poner en agenda pocos temas de fondo y preocuparse más “por hacer monumentos”, “días de” y homenajes. Mientras tanto, sólo un think tank de oposición tiene a la cultura entre sus prioridades: Libertad y Desarrollo.

Andrea Sierra y Fernando Vial, Domingo 17 de Agosto de 2008, Reportajes El Mercurio.

A mediados de marzo de 2007, un ciudadano ruso se acercó a la oficina de la UDI en Providencia. Quería convencer al partido de que le facilitara parte de sus instalaciones de calle Suecia para montar una exposición de cuadros religiosos. “Esa fue la única vez que escuché hablar de cultura dentro de la UDI”, reconoce un militante de la tienda. Peor aún, la respuesta fue “no” y la muestra jamás se presentó.

En la actualidad, de las decenas de comisiones que existen al interior del partido que preside Juan Antonio Coloma, ni siquiera una se dedica a la cultura. Y en Renovación Nacional la situación es similar.

“Hago una autocrítica, en el sentido de que, en la mentalidad de la gente de derecha generar cultura no es lo que más preocupa. Aunque eso debiera cambiar”, dice su presidente, Carlos Larraín.

Pero hay más. Desde que asumió Paulina Urrutia como ministra de Cultura, nunca se ha reunido con los timoneles de los partidos de la Alianza. “Sólo hemos estado con sus bancadas para tramitar nuestros proyectos en el Congreso, y han jugado un rol más bien de apoyo”, comentan cercanos a la secretaria de Estado. “Nunca se ha visto una posición contundente de la Alianza en relación a cómo se otorgan los recursos del Fondart, por ejemplo, salvo cuando algún caso determinado se convierte en noticia por otras razones”, dice un experto en cultura.

Si bien el candidato presidencial Sebastián Piñera (RN) creó una comisión para analizar el tema y evaluar propuestas para un eventual gobierno, ésta recién fue inaugurada hace dos meses, mientras la gran mayoría de los equipos “Tantauco” se formaron a partir de septiembre de 2007.

En los centros de pensamiento de la derecha la situación es similar. En el Instituto Libertad recién hace unos días comenzó a rearticularse un grupo encargado de cultura. Mientras que Libertad y Desarrollo partió a mediados del año pasado con los llamados Talleres Culturales, a cargo de Vasco Moulian, y que hoy dirige Nicolás Bär. En el Centro de Estudios Públicos, en tanto, no existe un grupo específico de cultura, sino que está incluida dentro del área “educación”.

Todo lo anterior contrasta fuertemente con lo que sucede al interior de la coalición gobernante. Dos ejemplos: mañana José Miguel Insulza tendrá una cita con medios digitales y luego con representantes del mundo de la cultura, y el mismo día Ricardo Lagos efectuará, en el teatro Lastarria 90, un diálogo sobre los avances y desafíos para la cultura y las artes mirando al Bicentenario, con el candidato a alcalde por Santiago, Jaime Ravinet (DC).

Vacíos legislativos

En el Congreso tampoco hay iniciativas culturales de fondo que hayan nacido en el seno de la Alianza. “Sólo proyectos de ley para construir monumentos, celebrar días especiales o hacer homenajes”, comentan en el ministerio del ramo.

Ramón Farías (PPD), presidente de la comisión permanente de Cultura de la Cámara de Diputados, y Álvaro Escobar (independiente pro Concertación) confirman lo anterior, pero rescatan la cooperación de algunos, como los UDI Gonzalo Uriarte y Claudia Nogueira para la tramitación de proyectos de ley del Gobierno. Así ocurrió con la puesta en marcha de la ley de propiedad intelectual, cuando los votos de derecha estuvieron disponibles. Es más, parte de la autoría de ese texto provino del ex senador RN Miguel Otero.

Pero en el Parlamento no sólo la oposición ha dejado de lado las políticas culturales de fondo. De hecho, cerca del 70% de las mociones estudiadas por la comisión permanente de Cultura de la Cámara -desde que se creó en junio de este año- corresponde a conmemoraciones de días especiales, levantamiento de estatuas y memoriales. Están desde la celebración del “día de la manipuladora de alimentos” a la edificación del monumento al fallecido general director de Carabineros José Alejandro Bernales, o a las “víctimas del aborto”.

En el Senado, la situación no es distinta. Durante lo que va de 2008, la Comisión de Educación y Cultura estudió trece propuestas legislativas, de las cuales cinco tenían que ver con este tema, pero ninguna era de verdad una política cultural. Los temas analizados fueron: la construcción en Rancagua de un monumento en recuerdo del escritor Óscar Castro; uno para las víctimas de la matanza de Santa María de Iquique; otro en honor a Juan Pablo II; un cuarto para distinguir a Ernesto Ayala, y otro en memoria de las víctimas del Holocausto. En su mayoría fueron patrocinados por la Alianza.

Poca participación ¿histórica?

Para los expertos, la despreocupación de la Alianza en el tema cultural tiene razones de fondo.

Mientras en la izquierda prevalece la idea de que los procesos culturales deben ser dominados por una élite, en la derecha la perspectiva es exactamente la contraria: “que la cultura no se guíe por grandes pensadores, sino que surja espontáneamente de la sociedad”, afirma un intelectual de oposición.

Osvaldo Rivera Riffo, director del Instituto Cultural de Providencia, explica esa visión: “El Estado debe aparecer como un impulsor de la cultura y no como rector de la misma, condición esta última que lleva, necesariamente, como lo demuestra la historia, a conculcar la libertad de creación”.

“Efectivamente, somos escépticos de que la cultura sea un resorte estatal, que sea una cosa creable desde el poder. No nos gusta la cultura palaciega”, agrega Carlos Larraín.

Por eso, Rivera Riffo hace un llamado a la oposición: “Debería modificar su conducta y, de una íntima admiración por la cultura, sus integrantes -parlamentarios y dirigentes- deben evolucionar hacia una socialización del fenómeno cultural, bajo sus propios y universales principios y valores, de manera contraria a como lo hacen las fuerzas de izquierda, que lo utilizan expresamente en todo el mundo como un instrumento de penetración ideológica al servicio de situaciones contingentes”, afirma.

Y pide reorganizar el sistema cultural del país. “Si la Alianza llega al gobierno, por ejemplo, debería terminar con la dependencia que tiene la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos del Museo Nacional de Bellas Artes”.

“Hago una autocrítica, en el sentido de que, en la mentalidad de la gente de derecha, generar cultura no es lo que más preocupa. Aunque eso debiera cambiar”, dice el presidente de RN, Carlos Larraín.

“(La oposición) debería modificar su conducta y de una íntima admiración por la cultura deben evolucionar hacia una socialización del fenómeno cultural, bajo sus propios y universales principios, de manera contraria a como lo hacen las fuerzas de izquierda, que lo utilizan expresamente en todo el mundo como un instrumento de penetración ideológica al servicio de situaciones contingentes”, afirma Osvaldo Rivera Riffo.

En el Instituto Libertad recién hace unos días comenzó a rearticularse un grupo encargado de cultura. Mientras que Libertad y Desarrollo partió a mediados del año pasado con los llamados Talleres Culturales, a cargo de Vasco Moulian.

“Se reconocieron las intenciones de Piñera, pero hubo críticas a los programas de derecha. No digo que no haya habido cosas coherentes en torno a políticas culturales, pero, por lo menos yo, jamás las había visto”, dice el director Andrés Wood a propósito de una reunión de gente de la cultura con el abanderado de RN.

“Estamos diseñando alrededor de 300 medidas, en áreas como políticas patrimoniales, cambio cultural e institucionalidad”, dice Nicolás Bär, del grupo Tantauco.

Trabajo del equipo de cultura de los grupos “Tantauco”:

¿El Guggenheim de Piñera?

Un poco antes de que se creara el equipo de cultura, Sebastián Piñera quiso conocer la opinión de los expertos. Antonio Skármeta, Marco Antonio de la Parra, Hernán Rodríguez, Drina Rendic, Carlos Aldunate y Andrés Wood, entre otras 12 personas, fueron convidados a su casa. Las invitaciones corrieron por cuenta de Magdalena Piñera Morel, hija del abanderado y una de las encargadas de organizar a los grupos “Tantauco”.

El cineasta Andrés Wood recuerda la reunión. “Se reconocieron las intenciones de Piñera, pero hubo críticas a los programas de derecha. No digo que no haya habido cosas coherentes en torno a políticas culturales, pero destaqué que, por lo menos yo, jamás las había visto”, dice.

“Recuerdo que uno de los temas fue respecto de si era posible que hubiese una instancia cultural a modo de una gran fundación, no gubernamental, con una mayor presencia de los empresarios, al modo del Guggenheim”, señala Antonio Skármeta.

Nicolás Bär, miembro del grupo “Tantauco” para la cultura, asegura que se están “diseñando alrededor de 300 medidas, en áreas como políticas patrimoniales, cambio cultural e institucionalidad”, y no descarta que en el futuro se cree un ente similar al extranjero en Chile. Adicionalmente -cuenta otro miembro del círculo de Piñera-, se estudia “mejorar y fortalecer” el Fondart. Además, se ve con buenos ojos los resultados del programa de orquestas juveniles, iniciado por el director Fernando Rosas. Al interior del grupo se evalúa fomentarlo.

Aun así, algunos son escépticos. “No creo que la derecha se vaya a meter en temas de política cultural, sobre todo por falta de rating. No está en el orden de las prioridades, y prefieren hablar de economía, que rinde más páginas”, asegura un ex director de los Talleres Culturales de Libertad y Desarrollo.

Sin acompañamiento ni monitoreo, de poco sirve entregar muchos libros a los colegios

Las Bibliotecas CRA dieron acceso a más textos, pero no muestran haber fomentado más lectores:

Sin acompañamiento ni monitoreo, de poco sirve entregar muchos libros a los colegios

Sin un plan que contemple capacitar monitores, motivar a las familiar y volver la lectura un pilar de cada escuela, se hace difícil adquirir el hábito. Cuatro programas que trabajan con éxito en esta cruzada entregan su visión.

M. Cordano, Educación El Mercurio, Lunes 18 de Noviembre de 2019.

Las Bibliotecas CRA (Centro de Recursos para el Aprendizaje) comenzaron a funcionar en 1993 bajo la idea de fomentar la lectura en los colegios que reciben subvención del Estado. El énfasis estuvo puesto en la construcción de espacios creativos y en la posibilidad de acceder a una gama más amplia de libros.

A pesar de estas buenas intenciones, un reciente informe de la Dirección de Presupuestos (Dipres) evaluó la iniciativa con mal desempeño: cuestionó la falta de información y seguimiento de sus efectos. Según el informe, a pesar de que al año 2018 se habían entregado más de 10 millones de libros, el promedio anual de préstamos por niño sería menor a dos.

“Lo que ha hecho el CRA es importante en términos de alcance, dando acceso a buenos libros a muchas personas que antes no lo tenían”, comenta Magdalena Palma, directora ejecutiva de Fundación Había una Vez. “Lo que quizás ha faltado es avanzar hacia una segunda prioridad, que tiene que ver con poder capacitar muy bien a los mediadores de la lectura. Y es que no basta solo con entregar libros”.

Así como esta fundación, que se dedica a implementar y actualizar bibliotecas, además de formar y certificar mediadores, en Chile otras organizaciones trabajan bajo la misión de acercar a los más chicos a la lectura, creando el hábito a través de asociarlo con un momento de goce.

Para ello, se centran en encantar desde la primera infancia, arrastrando, de paso, a los adultos alrededor de los niños con los que trabajan.

“Prácticas familiares como la lectura de cuentos de padres e hijos y las conversaciones y juegos relacionados con estas lecturas son un predictor potente del aprendizaje formal del dominio lector”, indica Macarena Escudero a nombre del equipo de Fundación Alma, donde ejerce como directora educacional.

La iniciativa se basa en talleres para familias de estudiantes de prebásica. Las invita, dentro del mismo colegio al que asiste el niño, a dedicar 40 minutos de una mañana para conversar sobre un texto (que prestan) y cómo sacarle provecho al leerlo con el niño. Se dan ideas de reflexión o de juegos con los que cada libro se puede asociar.

Más que esfuerzo aislado

“La mejora de los aprendizajes de comprensión lectora no puede basarse solo en la entrega de materiales, aunque estos sean de excelente calidad, como los CRA. Hoy está clara la necesidad de articular su entrega con modelos de desarrollo profesional, para directivos y docentes, que permitan apoyar y acompañar a las comunidades educativas y que aseguren la valoración y la percepción de mejora”, agrega Paula Cruzat, fundadora y presidenta del directorio de la Fundación Crecer con Todos, que cuenta con el programa Primero LEE.

La iniciativa facilita el trabajo docente entregando, entre otras cosas, planificaciones de clases enfocadas en la comprensión lectora y en la comunicación oral, además de una biblioteca de aula que se articula con las clases diarias. Todo este acompañamiento dura cerca de tres años.

“En principio, muchos trabajamos directamente con los equipos de biblioteca, pero nos dimos cuenta de que no alcanza. Los programas deben estar también orientados a los equipos directivos, para que entiendan su importancia (ver recuadro) y lo pongan en sus programas de mejora. Si no hay una declaración de parte del establecimiento, la lectura termina siendo un esfuerzo aislado de una sola persona, que probablemente no sea capaz de empujar este carro tan grande”, plantea Palma.

Así también lo entiende la Fundación Educacional Oportunidad, que cuenta con el programa Un Buen Comienzo, enfocado en el desarrollo profesional docente de quienes trabajan en educación inicial.

La propuesta desarrolla redes entre quienes trabajan en establecimientos públicos, invitándolos a retroalimentar experiencias y enseñándoles a mejorar el uso de tiempo en el aula y la calidad de las interacciones. De esta forma, ayudando a minimizar el tiempo de transición entre actividades o potenciando buenas prácticas de alfabetización, han logrado aumentar el tiempo dedicado al desarrollo de actividades cognitivas y de lenguaje.

“La lectura en voz alta es muy importante en la sala. Expone a los niños a vocabulario más sofisticado que el lenguaje oral común. Al mismo tiempo, hay que trabajar la comprensión oral, que es la base de la futura comprensión de lectura, un desafío muy importante. La forma en que promovemos la comprensión oral es el trabajo explícito de cómo entender un texto: hacer predicciones, resumir, descubrir ideas claves y establecer conexiones”, indica Andrea Rolla, directora de Educación Inicial de la fundación.

Leer ordena el propio mundo

¿Por qué es importante que los niños adquieran la costumbre de leer? Más allá del hecho de que el estudio, a nivel general, está mediado por textos, la investigación muestra que la lectura ayuda a manejar pensamientos abstractos y permite hacer mejores inferencias.

“La lectura, más aún en tiempos como los que vivimos en este momento, aporta distintas miradas. Hay autores que dicen que leer permite ordenar el propio mundo, darle un relato a la propia historia”, indica Magdalena Palma, de Fundación Había una Vez. “Los libros, además, permiten acceder de manera autónoma al conocimiento”, agrega.

Paula Cruzat, de la Fundación Crecer con Todos, recuerda que a través de textos se pueden tocar temáticas nuevas o algunas que a veces resultan difíciles de abordar. En la página web de su programa Primero Lee (www.primerolee.cl) es posible acceder, por ejemplo, a cuentos infantiles orientados a la equidad de género y a migración e interculturalidad.

Los buenos resultados de Un Buen Comienzo, hicieron que la experiencia fuese compartida en el más reciente encuentro de ProLEER, evento que se realiza en la Universidad de Harvard. ProLEER es una red internacional de investigadores enfocados en mejorar políticas educativas alrededor del mundo.

Plan pro lectura incluye libros digitales y 270 bibliotecas

Jueves 15 de Noviembre de 2018, HoyxHoy.

Mineduc lanzó programa para que niños de 1° básico lean mejor. Profesores deberán ir a clases para saber incentivar esta práctica.

Según cifras del Ministerio de Educación (Mineduc), se calcula que unos 158 mil niños en Chile pasan a segundo básico sin lograr los niveles adecuados de lectura. Para erradicar ese problema, la cartera anunció ayer un plan que pretende que nunca más un alumno termine primero básico sin leer bien.

El programa consiste en seis ejes de acción basados en entregar más herramientas de lectura a los menores, intervenir en casos de bajo resultado, y capacitar a la comunidad escolar para que sepan como incentivar el leer en los niños.

En detalle, se contempla disponer 4.000 títulos en una nueva biblioteca digital destinada para alumnos, padres, apoderados y docentes de colegios públicos y particulares subvencionados. También se puso como meta que todos estos establecimientos del país tengan una biblioteca física al 2021, para lo que aún faltan crear 270, de las cuáles 90 se implementarán en marzo. Además, se entregarán kits con textos para todos los primeros básicos.

Asimismo, se prevé un apoyo pedagógico para aprender a leer en las escuelas de bajo rendimiento en esta materia; capacitación semi-presencial a profesores para que sepan incentivar la práctica en sus alumnos; y facilitar a los directores un fondo especial para implementar estrategias de desarrollo lector.

“Le estamos poniendo patines a todos los niños de primero básico para que aprendan a leer de manera adecuada”, afirmó la ministra del ramo, Marcela Cubillos.