• Ingresa tu e-mail aquí

    Únete a 84 seguidores más

  • Recomendados

    Infoconexión
  • blog DIBAM
  • Libérate lee
  • Dónde estudiar bibliotecología
  • panoramas gratis
  • El 5º poder
  • Chile y los libros 2010
  • Twitter

  • Secciones

Sin acompañamiento ni monitoreo, de poco sirve entregar muchos libros a los colegios

Las Bibliotecas CRA dieron acceso a más textos, pero no muestran haber fomentado más lectores:

Sin acompañamiento ni monitoreo, de poco sirve entregar muchos libros a los colegios

Sin un plan que contemple capacitar monitores, motivar a las familiar y volver la lectura un pilar de cada escuela, se hace difícil adquirir el hábito. Cuatro programas que trabajan con éxito en esta cruzada entregan su visión.

M. Cordano, Educación El Mercurio, Lunes 18 de Noviembre de 2019.

Las Bibliotecas CRA (Centro de Recursos para el Aprendizaje) comenzaron a funcionar en 1993 bajo la idea de fomentar la lectura en los colegios que reciben subvención del Estado. El énfasis estuvo puesto en la construcción de espacios creativos y en la posibilidad de acceder a una gama más amplia de libros.

A pesar de estas buenas intenciones, un reciente informe de la Dirección de Presupuestos (Dipres) evaluó la iniciativa con mal desempeño: cuestionó la falta de información y seguimiento de sus efectos. Según el informe, a pesar de que al año 2018 se habían entregado más de 10 millones de libros, el promedio anual de préstamos por niño sería menor a dos.

“Lo que ha hecho el CRA es importante en términos de alcance, dando acceso a buenos libros a muchas personas que antes no lo tenían”, comenta Magdalena Palma, directora ejecutiva de Fundación Había una Vez. “Lo que quizás ha faltado es avanzar hacia una segunda prioridad, que tiene que ver con poder capacitar muy bien a los mediadores de la lectura. Y es que no basta solo con entregar libros”.

Así como esta fundación, que se dedica a implementar y actualizar bibliotecas, además de formar y certificar mediadores, en Chile otras organizaciones trabajan bajo la misión de acercar a los más chicos a la lectura, creando el hábito a través de asociarlo con un momento de goce.

Para ello, se centran en encantar desde la primera infancia, arrastrando, de paso, a los adultos alrededor de los niños con los que trabajan.

“Prácticas familiares como la lectura de cuentos de padres e hijos y las conversaciones y juegos relacionados con estas lecturas son un predictor potente del aprendizaje formal del dominio lector”, indica Macarena Escudero a nombre del equipo de Fundación Alma, donde ejerce como directora educacional.

La iniciativa se basa en talleres para familias de estudiantes de prebásica. Las invita, dentro del mismo colegio al que asiste el niño, a dedicar 40 minutos de una mañana para conversar sobre un texto (que prestan) y cómo sacarle provecho al leerlo con el niño. Se dan ideas de reflexión o de juegos con los que cada libro se puede asociar.

Más que esfuerzo aislado

“La mejora de los aprendizajes de comprensión lectora no puede basarse solo en la entrega de materiales, aunque estos sean de excelente calidad, como los CRA. Hoy está clara la necesidad de articular su entrega con modelos de desarrollo profesional, para directivos y docentes, que permitan apoyar y acompañar a las comunidades educativas y que aseguren la valoración y la percepción de mejora”, agrega Paula Cruzat, fundadora y presidenta del directorio de la Fundación Crecer con Todos, que cuenta con el programa Primero LEE.

La iniciativa facilita el trabajo docente entregando, entre otras cosas, planificaciones de clases enfocadas en la comprensión lectora y en la comunicación oral, además de una biblioteca de aula que se articula con las clases diarias. Todo este acompañamiento dura cerca de tres años.

“En principio, muchos trabajamos directamente con los equipos de biblioteca, pero nos dimos cuenta de que no alcanza. Los programas deben estar también orientados a los equipos directivos, para que entiendan su importancia (ver recuadro) y lo pongan en sus programas de mejora. Si no hay una declaración de parte del establecimiento, la lectura termina siendo un esfuerzo aislado de una sola persona, que probablemente no sea capaz de empujar este carro tan grande”, plantea Palma.

Así también lo entiende la Fundación Educacional Oportunidad, que cuenta con el programa Un Buen Comienzo, enfocado en el desarrollo profesional docente de quienes trabajan en educación inicial.

La propuesta desarrolla redes entre quienes trabajan en establecimientos públicos, invitándolos a retroalimentar experiencias y enseñándoles a mejorar el uso de tiempo en el aula y la calidad de las interacciones. De esta forma, ayudando a minimizar el tiempo de transición entre actividades o potenciando buenas prácticas de alfabetización, han logrado aumentar el tiempo dedicado al desarrollo de actividades cognitivas y de lenguaje.

“La lectura en voz alta es muy importante en la sala. Expone a los niños a vocabulario más sofisticado que el lenguaje oral común. Al mismo tiempo, hay que trabajar la comprensión oral, que es la base de la futura comprensión de lectura, un desafío muy importante. La forma en que promovemos la comprensión oral es el trabajo explícito de cómo entender un texto: hacer predicciones, resumir, descubrir ideas claves y establecer conexiones”, indica Andrea Rolla, directora de Educación Inicial de la fundación.

Leer ordena el propio mundo

¿Por qué es importante que los niños adquieran la costumbre de leer? Más allá del hecho de que el estudio, a nivel general, está mediado por textos, la investigación muestra que la lectura ayuda a manejar pensamientos abstractos y permite hacer mejores inferencias.

“La lectura, más aún en tiempos como los que vivimos en este momento, aporta distintas miradas. Hay autores que dicen que leer permite ordenar el propio mundo, darle un relato a la propia historia”, indica Magdalena Palma, de Fundación Había una Vez. “Los libros, además, permiten acceder de manera autónoma al conocimiento”, agrega.

Paula Cruzat, de la Fundación Crecer con Todos, recuerda que a través de textos se pueden tocar temáticas nuevas o algunas que a veces resultan difíciles de abordar. En la página web de su programa Primero Lee (www.primerolee.cl) es posible acceder, por ejemplo, a cuentos infantiles orientados a la equidad de género y a migración e interculturalidad.

Los buenos resultados de Un Buen Comienzo, hicieron que la experiencia fuese compartida en el más reciente encuentro de ProLEER, evento que se realiza en la Universidad de Harvard. ProLEER es una red internacional de investigadores enfocados en mejorar políticas educativas alrededor del mundo.

Plan pro lectura incluye libros digitales y 270 bibliotecas

Jueves 15 de Noviembre de 2018, HoyxHoy.

Mineduc lanzó programa para que niños de 1° básico lean mejor. Profesores deberán ir a clases para saber incentivar esta práctica.

Según cifras del Ministerio de Educación (Mineduc), se calcula que unos 158 mil niños en Chile pasan a segundo básico sin lograr los niveles adecuados de lectura. Para erradicar ese problema, la cartera anunció ayer un plan que pretende que nunca más un alumno termine primero básico sin leer bien.

El programa consiste en seis ejes de acción basados en entregar más herramientas de lectura a los menores, intervenir en casos de bajo resultado, y capacitar a la comunidad escolar para que sepan como incentivar el leer en los niños.

En detalle, se contempla disponer 4.000 títulos en una nueva biblioteca digital destinada para alumnos, padres, apoderados y docentes de colegios públicos y particulares subvencionados. También se puso como meta que todos estos establecimientos del país tengan una biblioteca física al 2021, para lo que aún faltan crear 270, de las cuáles 90 se implementarán en marzo. Además, se entregarán kits con textos para todos los primeros básicos.

Asimismo, se prevé un apoyo pedagógico para aprender a leer en las escuelas de bajo rendimiento en esta materia; capacitación semi-presencial a profesores para que sepan incentivar la práctica en sus alumnos; y facilitar a los directores un fondo especial para implementar estrategias de desarrollo lector.

“Le estamos poniendo patines a todos los niños de primero básico para que aprendan a leer de manera adecuada”, afirmó la ministra del ramo, Marcela Cubillos.

Opinión: “Rescatemos la experiencia mágica de la lectura”

Columna de María Isabel Díaz Pérez, Subsecretaria de Educación Parvularia, publicada en el diario Publimetro el Lunes 7 de noviembre de 2016.

Cuando las estrategias se enmarcan bajo la premisa artificial de que mientras más temprano aprenden a leer los niños, mejor serán sus resultados de aprendizaje, se van generando consecuencias negativas en la práctica pedagógica.

Las potencialidades que presentan niños y niñas, la velocidad de los aprendizajes y sus crecientes intereses de descubrimiento y exploración son ciertamente sorprendentes, pero en ningún caso justifican la exigencia de la lectura y escritura como metas obligatorias en la primera infancia.

No se trata de desconocer las habilidades de niños y niñas, ni menos impedir que accedan a los desafíos que involucra el lenguaje escrito. Eso no está en discusión. El asunto va más allá: se trata de insistir en que las finalidades educativas que tiene este primer nivel educativo son significativamente más amplias y profundas que lograr que los niños demuestren dominios tempranos de lectura.

La Subsecretaría de Educación Parvularia, en el camino de validación de los sentidos que tiene la educación en la primera infancia y de la hoja de ruta que se ha propuesto, está diseñando un conjunto de lineamientos curriculares para la formación integral de los párvulos.

Este trabajo se hace a partir de los hallazgos de las neurociencias y de los avances de la pedagogía, dentro de los cuales se consideran orientaciones específicas para el desarrollo de experiencias de iniciación a la lectura y escritura con modelos lúdicos, que le otorgan significado a este proceso de aprendizaje.

La literatura especializada ha evidenciado que la incorporación de diversas estrategias lúdicas de alfabetización en la primera infancia, donde se conjugan modelos sintéticos y analíticos, favorece en los niños el interés por la lectura y el descubrimiento autónomo de los mecanismos para leer. Son estrategias que se caracterizan por utilizar recursos de indagación donde no hay presiones, esfuerzos adicionales y tareas obligatorias para la casa.

El propósito central es que los niños y niñas disfruten de los cuentos, descubran sus contenidos y experimenten la riqueza que tienen para su desarrollo integral.

Por el contrario, cuando las estrategias se enmarcan bajo la premisa artificial de que mientras más temprano aprenden a leer los niños, mejor serán sus resultados de aprendizaje, se van generando consecuencias negativas en la práctica pedagógica que se expresan en metodologías pasivas donde se intenciona la memorización y el uso recargado de cuadernos, textos y fichas.

Preocupa el marcado protagonismo que tienen las habilidades de lectura en las actividades diarias del kínder y su promoción como factor de éxito para mejores resultados educativos en los siguientes niveles y paradójicamente su carácter obligatorio cuando los lineamientos en el campo mundial están lejos de esa tendencia.

La educación parvularia requiere tratamientos diferenciados en el diseño y operacionalización de su política. Nuestro desafío es renovar, actualizar, adaptar metodologías, normativas y reglamentos, en torno a las nuevas demandas y al posicionamiento que está adquiriendo este nivel.

Opinión: “¿Cuánto más podemos leer?”

El Plan Nacional de la Lectura se ha propuesto objetivos ambiciosos en el aumento de las cifras de los lectores chilenos. Son metas difíciles de alcanzar, pero hoy más que nunca las consideramos posibles.

Ernesto Ottone, Ministro de Cultura, Opinión & Posteos, Revista Qué Pasa, 6 de mayo de 2016.

Qué bien habla de la sociedad chilena que las disputas en torno al libro sigan ocupando titulares. Es sorprendente que una niña de 17 años haya movilizado a miles de personas a través de redes sociales para pedir la rebaja del IVA al libro. ¿Quién dijo que a nuestros jóvenes chilenos no les gusta leer? No sólo les gusta sino que les preocupa cómo poder acceder a la lectura, que es justamente lo que nos interesa fomentar a todos.

Se ha cumplido un año desde que la Presidenta de la República dio el vamos a la nueva Política Nacional de la Lectura y el Libro 2015-2020. Un marco institucional que contiene orientaciones que han guiado y guiarán nuestro camino hacia este objetivo. Esto significa un esfuerzo transversal único en la historia de las políticas culturales de Chile que resulta de un proceso participativo, en el cual más de 700 actores del ecosistema de la lectura y el libro dieron a conocer los principales temas de su quehacer y definieron los objetivos para el desarrollo del sector.

Entre los participantes de las mesas de trabajo que funcionaron entre agosto y octubre del 2014 en Santiago y regiones se cuentan autores, editores, representantes de la Cámara Chilena del Libro, de los Editores Independientes de Chile, de la Cooperativa Editores de la Furia; representantes de la Asociación Gremial de Industriales Gráficos, Asimpres; libreros, SECh, Letras de Chile, entre otros organismos e instituciones públicas y privadas que hoy hacen de la Política de la Lectura y el Libro una herramienta de trabajo concreta para los próximos cinco años.

En ese sentido, me gustaría destacar lo que ha sido el primer aterrizaje y concreción de la política y continuidad del Plan Nacional de Fomento de la Lectura Lee Chile Lee. Me refiero al Plan Nacional de la Lectura. Un instrumento que se ha propuesto números ambiciosos, entre los que se cuenta aumentar en un 10% la población que declara leer libros en formato impreso, por motivos de estudio o trabajo, o por entretención u ocio; y aumentar del 26% al 28% la población que declara leer libros en formato digital.

Estas cifras, proyectadas en base a los resultados obtenidos en los dos estudios de comportamiento lector realizados por el Consejo del Libro en 2011 y 2014, respectivamente, son difíciles de alcanzar, pero hoy más que nunca las consideramos posibles. Esto gracias a que las acciones diseñadas para lograrlas han sido creadas tomando en cuenta los saberes y acuerdos de estos actores en cada una de las regiones del país.

Es así que otro de los objetivos principales del Plan Nacional de la Lectura ha sido impulsar la creación de planes regionales de lectura, considerando cada contexto para generar un real impacto en las distintas realidades del país. Esta es una medida inédita, pero ineludible en vista a la evidencia de que frente a un problema tan estructural como la falta de lectores, las medidas centralizadas (territorial e institucionalmente) están destinadas al fracaso.

Las once instituciones públicas que forman parte del plan se encuentran llevando a cabo 40 programas de fomento lector a lo largo de Chile, tan diversos como el impulsado por Mineduc de bibliotecas de aula en las salas de clases de prekínder a segundo básico, una biblioteca pública digital con 12 mil títulos disponibles desarrollada por la Dibam, el programa de visitas de escritores a escuelas públicas del Consejo de la Cultura o la inclusión de libros en el Programa de Apoyo al Recién Nacido de Chile Crece Contigo.

Esta labor conjunta nos permite instalar un horizonte común. Un horizonte que incluye a la sociedad civil y el Estado bajo un solo gran compromiso: hacer de Chile un país de lectores y lectoras durante todo el ciclo de la vida, desde la más primera infancia hasta la adultez.

El plan para que 6 de cada 10 chilenos sean lectores el 2020

Doce instituciones se pusieron de acuerdo para fomentar la lectura entre los chilenos, para lo que crearon un plan para este año y una política de largo plazo, que aún es algo vaga. Para ayudar en la tarea, presentamos también nuestras propias lecciones sobre el fomento lector.

Antonia Laborde, El Definido, 28 de abril de 2015.

Que leer un libro impreso sea un derecho del ciudadano chileno. Esa es la cruzada que pretende encauzar la nueva Política Nacional de Lectura y el Libro (PNLL) entre el 2015 y el 2020. Porque no nos sirven nuevas bibliotecas si no hay nuevos lectores, el plan pretende fomentar el crecimiento de ambos con 90 medidas, las cuales están divididas en cinco ejes: lectura, creación, patrimonio bibliográfico, industria e internacionalización y marco jurídico institucional.

Según la Encuesta de Comportamiento Lector 2014, el 51% de los chilenos declara leer al menos un libro al año, cifra que esta política pretende aumentar en 10 puntos porcentuales para el 2020. La tarea no es fácil, considerando que a medida que pasan los años, las cifras de lectura decaen al igual que las de asistencia a las bibliotecas públicas. Y es que si bien en el ámbito escolar el tema ha avanzado bastante y ayuda a subir el promedio, con datos como que entre 2009 y 2013 el índice de libros por estudiante aumentó de 1,6 a 3,8 en educación básica y de 3,8 a 4,8 en educación media, lo que se acerca al estándar internacional que considera seis libros por alumno, el promedio se cae cuando revisamos las cifras de lectura por placer.

Quienes más leen por motivos de estudio van de los 9 a 13 años (93,8%), luego de 14 a 18 (77,3%) y seguidos por los que tienen desde 19 a 25 años (60,9%). Sin embargo, estas estadísticas disminuyen drásticamente cuando la población declara leer por motivos de entretención u ocio, situación en que los márgenes etarios van de 9 a 13 años (40,5%), 14 a 18 (49,3%) y 19 a 25 (55,3%). Ahora, la cifra de lectura por este motivo es más estable para la población que comprende los tramos de edad de 26 a 40 años (54,9%), 41 a 55 (48,8) y 56 a 65 años (48,7%).

No deja de ser relevante el factor socioeconómico y cultural, que se grafica en que la población del segmento E, que declaró haber leído al menos un libro al año, alcanzó sólo el 29,8% frente al 70,3% del ABC1.

El plan a corto plazo

Para el primer año de vida de la nueva política, las medidas del Plan Nacional de la Lectura están claras. Con una inversión de $16 mil millones para el 2015, el doble de lo que costó el programa del polémico “Maletín Literario” el (2008-2010), el ministerio de Educación, el de Desarrollo Social, la Secretaría General de la Presidencia, la Dibam, la Junji, la Fundación Integra y la Junaeb, trabajarán en conjunto por hacer que más chilenos tengan acceso a los libros y los lean.

http://www.plandelectura.cl/noticias-destacadas/ministra-barattini-presenta-politica-del-libro-y-su-eje-principal-el-plan-nacional-de-la-lectura

Entre las principales medidas que se tomarán este año figuran:

-Habilitar las nuevas bibliotecas públicas en Arica y Punta Arenas donde no hay. Alrededor de 300 mil personas podrán acceder a libros.

-Fortalecimiento de los Espacios de Mediación Lectora (lugares físicos donde se lee y hay un responsable, el mediador) a través de los siguientes componentes: entrega de bibliografía, capacitaciones y redes, seguimiento y evaluación.

-Se entregarán las bibliotecas de aula (espacio aparte de la sala de clases donde se lee) para 1° y 2° básico al 30 % de las escuelas públicas del país (2.040 aulas en 645 establecimientos) y se repondrán bibliotecas al 100 % de los cursos de kínder (3.050 aulas en 2.271 establecimientos).

-Entrega de libros y guías sobre el fomento lector en jardines y salas cunas.

-Ampliación en un 10% de la Biblioteca Nacional Digital (hoy con más de 170.000 títulos)

-Durante los periodos de vacaciones se habilitarán espacios de lectura en 280 escuelas públicas abiertas, además de ofrecer actividades para fomentar hábitos de estudio y vida sana.

-Se suman dos libros a los 23 elementos que entrega el Gobierno como ajuar para los recién nacidos: “Cuidados Básicos y Estimulación: Mi Primer Libro” (libro de juguete con colores, texturas y sonidos) y Te cuento mi cuento (que cuenta con 100 cuentos nacionales e ilustraciones).

-Se implementarán en 16 recintos penitenciarios bibliotecas con colecciones pertinentes y préstamo automatizado, capacitando al personal a cargo y desarrollando actividades de fomento lector y escritor.

-Elaboración y distribución de 500.000 cuadernillos de lectura y recomendaciones para la familia.

-Implementación de un programa para apoyar a los docentes en metodologías de enseñanza de la lectura y escritura en 36 establecimientos municipales.

-Aquí se Lee: programa permanente que propone varias etapas para el 2015: 1) creación de una base de datos y agentes y promotores de la lectura en el país, 2) actualización de catastro de iniciativas de fomento lector públicas y privadas; 3) catastro y registro de espacios convencionales y no convencionales de lectura. Todo lo anterior tiene por finalidad generar desde 2016 la visibilización de la lectura por medio de mapas (para ser entregados en lugares públicos) y señaléticas que permitan diseñar y difundir una “Ruta de la lectura” regional y nacional.

Lo que viene después

Con los objetivos y medidas que vendrán a largo plazo, hasta 2020, llegaron las críticas al plan nacional. No solo porque no se considera en ninguna parte la reducción del impuesto al libro, un anhelo de larga data de algunos promotores de la lectura; sino por la falta de claridad en las acciones de largo plazo que se tomarán para llevar a cabo los objetivos del proyecto en cuanto a la Lectura, Creación, Patrimonio bibliográfico, Industria e internacionalización y Marco jurídico e institucional.

El plan, que fue construido en base a consultas ciudadanas, agentes del mundo público y privado de la cadena del libro, escritores, integrantes del Parlamento del Libro y la Palabra, representantes de pueblos originarios y liderado por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), es ambicioso en sus objetivos y vago en sus medidas, especialmente en cuanto a metodologías, plazos y datos cuantificables para cada una.

Por ejemplo, para el objetivo de “Fortalecer las bibliotecas y espacios de lectura como el instrumento por excelencia de la democratización en el acceso al libro”, una de las medidas es “Fortalecer la articulación entre bibliotecas públicas y establecimientos educativos (jardines infantiles, escuelas y liceos)” o “Potenciar la creación de bibliotecas, con énfasis en primera infancia, en espacios no convencionales como hospitales, consultorios, postas rurales”, pero no se señala cuál es el camino para lograrlo.

Lo mismo con el objetivo de “Incentivar el emprendimiento de editoriales, librerías y profesionales del libro, para fomentar la sustentabilidad de la creación, producción y circulación del libro nacional”, donde algunas medidas son “Ampliar las líneas de fomento a la producción del libro y las literaturas indígenas, tanto de la memoria como de la creación literaria actual”, “Fomentar el perfeccionamiento de los profesionales relacionados con la cadena de la lectura y el libro, que permita asumir la formación y especialización de editores, ilustradores, libreros, agentes y otros profesionales del libro” o ” Impulsar la creación de instrumentos de fomento productivo para el surgimiento de librerías y editoriales regionales, con énfasis en las universidades”.

Además de eso, se le critica que sean 12 instituciones las que estén a cargo de implementar la nueva política, porque la responsabilidad de llevarla a cabo puede diluirse entre unas y otras.

Puedes leer el plan completo aquí.

Creando lectores: la recta final de una nueva política del libro y la lectura

Diversas iniciativas invitan a aumentar la alfabetización en Chile. En enero, la Presidenta dará a conocer la nueva política en el área.

Javier García, La Tercera, 2 de Noviembre de 2014.

Rafaela era el nombre de la burra. Con un saco en su lomo con más de 40 libros recorría el sector La Peña, al interior de la V Región. Se le conocía también como “Biblioburra” y su nobleza consistía en acompañar a un grupo de mujeres que recorrían varios kilómetros para entregar cultura a los vecinos.

La proeza de Rafaela se repitió por varios años a fines de la década del 90. Y como ésta han existido varias iniciativas como la “Bibliolancha” o “Los Quijotes de la lectura”, cuyo fin es fomentar la lectura y su comprensión. Entregar un libro con historias, ideas, imágenes para aprender, entretener y dialogar.

“Estamos trabajando de manera participativa en la elaboración de una política que se haga cargo de las múltiples dimensiones del fomento del libro y la lectura hoy en Chile”, dijo la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, el pasado 23 de octubre en la inauguración de la Feria del Libro de Santiago. Y agregó que en la Ley de Presupuesto 2015 se propone un aumento a los recursos del libro y la lectura de $ 5.400 millones.

Así es como la Nueva Política del Libro será un documento definitivo a fines de este año elaborado por el Consejo de la Cultura y las Artes. Luego llegará a las manos de la Presidenta, quien hará en la primera quincena de enero de 2015, el anuncio oficial sobre la nueva política que espera aumentar los indices de alfabetización. El énfasis: crear futuros lectores estimulándolos desde la primera infancia.

“Es fundamental para la formación de un lector que esté vinculado, ojalá desde el embarazo, con los libros, acá el papel del entorno familiar es clave”, dice Claudio Aravena, gerente de Desarrollo de la Fundación La Fuente.

Según el último estudio de Comportamiento Lector (2011), del Centro de Microdatos de la U. de Chile, el 84% de los chilenos “no demuestra una comprensión adecuada de textos largos y complejos”.

“Un lector que se inicia desde la primera infancia será un individuo que comenzará a aprender y a desarrollar sus habilidades de manera natural. Está comprobado mundialmente que estos lectores son personas con mejor educación”, señala Giovanna Morales, de la editorial Amanuta, que edita libros infantiles.

¿Cómo fomentar la lectura? Un ejemplo: en 2007 se echó a andar el programa Maletín literario. Serían 400 mil familias las beneficiadas, “en situación de vulnerabilidad socioeconómica”, a quienes les llegaría una caja con un máximo de nueve libros. Se citaron a un grupo de escritores para hacer la selección de títulos. Se invertirían $ 11 mil millones en su implementación hasta el 2010, pero el terremoto de febrero de ese año destinó parte del dinero al plan de reconstrucción.

“Fue un total fracaso. Una política de buenas intenciones. Los libros que seleccionamos no fueron los que se incluyeron en el maletín”, dice el escritor Rafael Gumucio, parte de ese jurado.

Del proyecto implementado por la Dibam surgieron las más variadas especulaciones. Se dijo que los libros terminarían vendiéndose en la feria, como también que muchas cajas quedaron en bodegas, en todo Chile, sin entregar.

Hoy el panorama es otro. En agosto pasado se convocó a más de 500 personas en todas las regiones para participar en diferentes mesas para crear propuestas para la Nueva Política del Libro. Esta actualizará la anterior (2005-2010) y además reemplazará el programa Lee Chile Lee, creado en el gobierno de Sebastián Piñera.

“La nueva política del libro ha sido una prioridad del Consejo de la Cultura de este año”, comenta Regina Rodríguez, secretaria ejecutiva del Consejo del Libro.

Escritores, editores, académicos, especialistas en temas de fomento lector. Instituciones como Un Techo para Chile propusieron acciones concretas en siete mesas (Fomento de la Lectura, Educación y Lectura, Creación, Industria e Internacionalización, Patrimonio, Marco Jurídico e institucional y Edición Electrónica). Estas propuestas serán acotadas por el directorio del Consejo de la Cultura para que a fines de noviembre lleguen a la Presidenta. La idea es que la nueva política se ejecute junto a la Reforma Educacional.

“Es necesario, porque hasta el momento sólo se entiende la educación como sinónimo de instrucción”, comenta Rafael Gumucio.

“Para mejorar la calidad de la educación hay que mejorar la comprensión lectora; es una condición necesaria”, dice Paulo Slachevsky, director de editorial Lom, quien intervino en la mesa de Industria e Internacionalización.

¿Cómo crear a nuevos lectores? “Lo importante es preparar a bibliotecarios y profesores. Estimular a los estudiantes para que se apoderen de la palabra, que armen sus propios textos, entrar por otros caminos a la lectura”, cree la bibliotecaria Lynn Shirey, encargada del área de literatura Hispanoamericana de la biblioteca de la U. de Harvard, EE.UU., que esta semana habló de su experiencia en la Feria del Libro de Stgo.

Un programa que empezó a realizarse este año, en Suecia, se llama Lectura para la Vida. Este se basa en tres ejes: sacar los libros de los lugares obvios, por ejemplo, entregar copias en canchas de fútbol; incentivar el e-book en bibliotecas, y capacitar a profesores. Su costo: $ 29 mil millones.

Entre las propuestas para la nueva política del libro destacan: la creación de bibliotecas comunales y barriales y una editorial del Estado. Sobre lo primero, Claudio Aravena dice: “Una buena red de bibliotecas serían centros de educación informal, o sea, tener libros al alcance de las personas, a cuadras de su casa”. Giovanna Morales, de Amanuta, desconfía de un nuevo sello estatal: “No es sinónimo de mejoras. Mientras exista un IVA par los libros, se seguirá considerando el libro como un ‘producto’ de venta”.

Otro de los puntos planteados es la importancia de que los libros hechos en Chile circulen en el extranjero. A su vez esto permitirá que los autores nacionales tengan mayor difusión internacional. “Yo veo que en América Latina no hay una buena política de distribución. A pesar de que hay muchos jóvenes a cargo, por ejemplo, de editoriales independientes que trabajan libros de calidad y que merecen ser difundidos”, cree Lynn Shirey.

Se reedita la historia del libro en Chile

El Mercurio. Santiago, Chile. 28/11/2010

La primera edición se publicó hace casi dos décadas, pero este año, la editorial Lom puso a disposición del público una nueva versión actualizada, corregida, aumentada e ilustrada de “Historia del libro en Chile. Desde la Colonia hasta el Bicentenario”, escrito por Bernardo Subercaseaux, académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile y autor de una docena de libros relacionados con el ámbito de la cultura chilena e hispanoamericana. El texto se centra en aspectos como la actividad editorial en el país, la valoración social del libro, sus transformaciones en la cultura y la formación de una sociedad lectora a lo largo de los distintos períodos de la historia de Chile.

Según explica Subercaseaux en el libro, el objeto de este estudio no se relaciona sólo “al proceso mecánico de impresión y la historia de los productos impresos, sino también a los paradigmas intelectuales y socioculturales que han permeado al libro, y las características que ha tenido en el pasado la actividad editorial en todo su ciclo”, desde la producción hasta la lectura. Esta nueva edición integra nuevas fuentes y nuevos autores, como Roger Chartier, el reconocido historiador francés especializado en la historia del libro en Occidente.

El capítulo dedicado al Bicentenario considera procesos como la massmediatización de la cultura y analiza el escenario sociocultural de la última década, incluyendo temas como la “Pottermanía” -el fanatismo en Chile por la saga del mago-, el proyecto del Maletín Literario y el e-book o libro digital.

Noticias relacionadas:

Bernardo Subercaseaux cuestiona la valorización del libro en Chile (30/07/2010)

Subercaseaux:“Las tecnologías han incidido en un lector de textos más que de libros” (junio 2010)