• Ingresa tu e-mail aquí

    Únete a 84 seguidores más

  • Recomendados

    Infoconexión
  • blog DIBAM
  • Libérate lee
  • Dónde estudiar bibliotecología
  • panoramas gratis
  • El 5º poder
  • Chile y los libros 2010
  • Twitter

  • Secciones

Maletín literario: Biblioteca en casa

Foro Ciudadano. 4/09/2008

La lectura es fundamental para el desarrollo y aprendizaje de niños y niñas, más aún si se realiza en familia. Con el fin de fomentar estos hábitos, durante 2008 y 2009, 400.000 hogares de escasos recursos recibirán gratuitamente el Maletín Literario: nueve libros, entre los que se incluyen un diccionario enciclopédico, literatura infantil, literatura universal, literatura chilena, cuentos y poesía. El primer paso para la biblioteca familiar y la puerta de entrada al maravilloso mundo de los libros. En este programa te contamos qué es, quiénes son los beneficiarios y cómo se distribuye por Chile.

Opinan: Nivia Palma, Directora de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam); Paulina Vidal, Coordinadora Regional Metropolitana de Bibliotecas Publicas, y Lavinia Reyes, jefa de Bibliotecas de la comuna de Pudahuel.

Escucha el programa

Política Nacional del Libro y la Lectura: Chile, país de lectores

www.forociudadano.cl, Chile. 30/07/2007.

Actualmente hay 13 países en América Latina que están en distintas fases de diseño e implementación de Planes Nacionales de Lectura.

Esta larga y angosta faja de tierra no es una nación lectora, pero se pretende que así sea. Al igual que otros países latinoamericanos, existen bajos índices de lectura y de comprensión lectora, una insuficiente oferta editorial, un escaso consumo de libros por habitante y cierta cantidad de bibliotecas públicas en situación precaria.

Considerando que la lectura es una herramienta fundamental para mejorar la calidad de vida, desarrollar competencias y alcanzar pensamiento crítico, en un esfuerzo quijotesco nuestro país intenta hacerle frente ¿Cómo? Diseñando una Política Nacional del Libro y la Lectura que implemente medidas para fomentar el interés lector, la riqueza del lenguaje, y potenciar la creación y la producción editorial en Chile.

Esta propuesta que emana del Consejo Nacional del Libro y la Lectura y que es perfeccionada por el Directorio Nacional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, es el resultado de un largo proceso en el que han participado distintos sectores para elevar los hábitos lectores, superar el analfabetismo funcional y mejorar el desarrollo de la industria editorial chilena.

Se busca que este trabajo facilite el acceso a la lectura, estimule la creación literaria, preserve el patrimonio bibliográfico, perfeccione la institucionalidad del libro y fomente la edición, producción y comercialización del mismo. No obstante, para que estas líneas sean efectivas, todos los actores del ámbito público, privado y de la sociedad civil deben actuar coordinadamente para lograr resultados efectivos en el tiempo.

Participación
Enrique Ramos, profesional del Consejo del Libro y Coordinador del Plan Nacional de Fomento a la Lectura, cuenta que ésta fue la primera medida de la política en cuestión cuando comenzó a redactarse en 2006. “En esa tarea nos hemos embarcado y es súper importante dejar claro que la construcción y levantamiento de este plan ha sido una tarea participativa”, explica.

Es en esta colaboración, en donde juegan un papel primordial quienes se vinculan con el libro, puesto que deben consensuar la ejecución de estas medidas a partir de este año.

Se trata de bibliotecarios, escritores, editores, personas ligadas a la sociología y la educación, animadores y promotores de la lectura, que están haciéndose cargo de combatir el desinterés lector en la población nacional.

Una labor necesaria para que la política sea efectiva. Con eso está de acuerdo Berta Concha, editora, directora de Liberalia Ediciones y de la Librería Prosa y Política, quien asegura que “cualquier plan de fomento a la lectura y cualquier política del libro tiene que pasar por convocar a los diferentes protagonistas de cada uno de los sectores involucrados en esto”.

Constanza Mekis, Coordinadora Nacional de Bibliotecas Escolares, es más precisa y la coordinación en conjunto la atribuye a la necesidad de hacer sustentable la transmisión de conocimientos mediante estas estrategias de fomento lector. “En un proceso cultural, todos deben estar incluidos porque los lectores no se construyen al vapor, sino con políticas constantes que respondan a diagnósticos, evaluaciones, estrategias consensuadas y con recursos financieros y organizacionales permanentes. Hay amplia disposición de articularse apropiadamente, pero sobre creatividad de quienes conocen la temática, falta creatividad económica para hacer giros más significativas en políticas públicas”, dice.

¿Están los recursos?
Precisamente la implementación de esta Política Nacional del Libro y la Lectura con la creación de una red eficaz, no podrá canalizarse si no existen instrumentos financieros para ello.

Constanza Mekis lo acusa y está convencida que “los economistas chilenos tienen que aportar al desarrollo de la lectura y para eso hay que entregar fondos, incentivos. Eso nos falta, creo que estamos todavía tímidamente en este campo en que se necesitan muchos esfuerzos que son personas, pero hay fondos y ¿quién los da, quién incentiva, quién genera libertad de impuesto a los libros, al acceso, a la cultura? Son los economistas los que ven las arcas fiscales, los que tienen que darnos acceso real a la cultura. Eso es una lucha”, señala.

Una propuesta difícil, sobre todo tomando en cuenta que Chile no tiene una herramienta estatal como la brasileña que establece que, a cambio de la eliminación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) al libro, los editores ponen el 1% de las ventas brutas anuales a disposición del Gobierno, únicamente para implementar un Plan Nacional de Lectura.

Sin embargo, Enrique Ramos afirma que están contempladas acciones para imitar el modelo de Brasil. “Dentro de la Política Nacional del Libro y la Lectura, hay una medida que tiene que ver con cómo poder invertir el IVA que se obtiene a través de los libros en fomento a la lectura, pero ese es un trabajo legislativo”.

Pero además hay otra iniciativa de apoyo financiero: multiplicar el presupuesto para el Plan Nacional de Fomento a la Lectura en a lo menos tres veces, según comenta su coordinador. “Con eso podemos partir con una cifra importante, con proyectos significativos. Nosotros ya tenemos una estimación de los proyectos de inversión del Plan de aquí al 2012 y eso tendría que multiplicarse para el próximo año tres veces y para los años subsiguientes, cuatro, cinco, seis, siete y ocho veces, de modo que podamos hacer un plan sustentable en el tiempo”, agrega.

Poder y querer leer
La editora y también comprometida exportadora de libros chilenos a España, México y Colombia, Berta Concha, observa que otra de las fortalezas de la implementación de la Política Nacional del Libro y la Lectura, es ocuparse del poder leer y también del querer leer.

“Sólo centrándonos en el libro, hay dos datos básicos: poder leer y querer leer. En el poder leer incluyo la alfabetización, ejercitar la lectura y comprender lo que se lee; la accesibilidad del libro en la sociedad, que estén en bibliotecas y librerías; y regular el precio del libro, que sean razonables. En cuanto al querer leer, implica a los sectores de menos recursos y también a quienes tienen resuelto el tema económico, porque esa gente tampoco quiere leer. Creo que esta política intenta posicionar estas dos líneas”, expresa.

Y aunque en el querer leer el panorama es algo más complejo, los intentos por mejorar esta situación y hacer de Chile un país de lectoras y lectores se están haciendo.

Bibliotecarios y su rol en la lectura: relaciones digitales

www.forociudadano.cl, Chile. 11/06/2007.

Más que una mera estantería de libros, las bibliotecas se han transformado y las nuevas tecnologías tienen mucho que ver en ello.

Una de las principales excusas para no leer es que los libros son caros. Frente a este panorama, el préstamo de ediciones literarias a través de bibliotecas públicas, municipales, escolares o universitarias, es vital.

Sin embargo, facilitar el acceso gratuito de ediciones literarias a quienes no pueden o no quieren comprarlos en librerías, no es más que una de sus funciones. La biblioteca debe ser un espacio entretenido, luminoso y acogedor, donde usuarias y usuarios puedan desarrollar el gusto por la lectura.

Eso es lo que está ocurriendo en nuestro país. Más que una mera estantería de libros, las bibliotecas se han convertido en centros interactivos, con gran cantidad de recursos sonoros y audiovisuales que ayudan a forjar el conocimiento.

Más que nunca, la biblioteca es un organismo vivo, se ha transformado y las nuevas tecnologías tienen mucho que ver en ello. Hoy, el trabajo de la bibliotecología no se concibe sin esta herramienta y, cada vez más, está proporcionando servicios y fuentes de documentación digitales que mejoran la gestión tanto interna como externa.

Así, aparece un nuevo concepto: la automatización. Se trata de un ordenamiento del material administrativo que antes estaba en el papel, el cual ha disminuido el tiempo que otrora invirtieran los bibliotecarios en sus jornadas, permitiéndoles animar la lectura y guiarla en lectores con poco o nada de hábitos.

Sistemas automatizados
En su momento, la biblioteca se pensaba sólo como un depósito de material impreso. Por ello y desde la década de los noventa con el apogeo de internet, se comenzaron a implementar softwares que mecanizaran procesos rutinarios de alta precisión y que establecieran una relación más digital con los usuarios.

En los últimos 15 años, las bibliotecas chilenas están bastante tecnologizadas y si de automatización se trata, el país está muy bien posicionado con respecto a otros países de Sudamérica como Argentina, Uruguay y Perú.

Soledad González, bibliotecóloga y Gerente de la empresa Sistemas Lógicos Chile, asegura que estos servicios favorecen el funcionamiento de la biblioteca tanto dentro de casa, como fuera de ella. “Cuando me refiero a ordenar hacia adentro, principalmente me refiero a automatizar todo lo que son los procesos al interior de la biblioteca, es decir, la parte administrativa. Y en eso obviamente están involucrados los profesionales de las distintas áreas”, precisa.

Y así como la automatización ha permitido mantener registros exactos al interior de las bibliotecas, para los usuarios también ha sido de gran utilidad. “Los sistemas automatizados generalmente están orientados hacia el usuario para entregar servicios virtuales y están orientados a que el usuario no deje de usar la biblioteca, sino que se acerque con mayor facilidad (…) Con eso abro una puerta de la biblioteca hacia el usuario, es decir, puedo recorrer las estanterías en forma virtual”, explica González.

No obstante, las estadísticas que entregan los sistemas automatizados no permiten una sistematización cualitativa de la información: la categorizan en base a datos numéricos, pero no revelan qué temas son los que lee la gente y cuáles no.

Lectura por internet: ¿Oportunidad o amenaza?
Aún no está claro si los medios digitales están alejando a los jóvenes de la lectura o los están acercando. La crítica apunta hacia la distracción y, por lo general, se piensa que el uso de internet relega al libro y a la lectura al fondo del escritorio.

El punto es que conectado a internet, se lee. Un ejemplo de ello es la llamada “generación de la red”, jóvenes entre 12 a 24 años que nacieron con internet y que leen de manera atípica y no lineal. Guillermo Toro, bibliotecólogo y docente de la carrera de Bibliotecología de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), desde su experiencia afirma que “con el uso de internet estás todo el día leyendo en la pantalla y no se cree que es así porque tenemos una idea de la lectura tradicional con el formato impreso”.

¿Una oportunidad? Algunos creen que jamás la segunda, porque además de favorecer la lectura de múltiples contenidos a la vez, la información se orienta hacia la entrega de datos, mientras que la lectura de e-books (libros en formato electrónico) es muy poco utilizada y no supone la desaparición de las páginas de un libro.

“A nivel de productos, gana lejos el mercado electrónico relacionado con el dato factual, la hora de referencia, el dato corto, el que te ayuda a hacer la bibliografía, el que te ayuda a buscar. Hay muchos productos que compiten en el mercado de la industria de la información y aquí el mercado de los e-books es muy reducido”, comenta la Gerente de Sistemas Lógicos Chile.

Bibliotecarios en el fomento lector
El uso de los computadores en las bibliotecas, es una de las actividades más frecuentes entre sus usuarios. La mayoría de las veces, quienes asisten a las bibliotecas para acceder a conexión electrónica lo hacen con propósitos definidos como buscar un dato específico o realizar trámites online. Esa es la oportunidad que tienen los bibliotecarios para promocionar la lectura y facilitar su acceso.

Paulina Olivos es bibliotecóloga de la Biblioteca de Santiago y asegura que como profesionales es un deber necesario aproximarse a sus usuarios. “El primer paso de acercamiento es establecer una conversación más informal, preguntarle si desea algo más además de estar viendo su correo electrónico y si quiere conocer una colección vinculada con su trabajo, por ejemplo, una manera de vincularlos con la actividad que están realizando y acercarlos de alguna manera. Es un encuentro más informal, pero a la vez muy personal”, agrega.

Una táctica que si es realizada por todos los profesionales vinculados con el trabajo en bibliotecas daría óptimos resultados en el desarrollo de conductas lectoras en la población. La biblioteca pública, como institución abierta, es uno de los pilares de su fomento y en eso están trabajando, realizando una ardua labor para que la cultura de lectura no sea sólo una quimera.

Escritores y el fomento lector: “Más libros, más libres”

www.forociudadano.cl, Chile. 22/05/2007 .

Los escritores creen que faltan estrategias estatales concretas, sobre todo las relacionadas con la venta de libros.

En Chile, los esfuerzos por promocionar la lectura en el territorio nacional se están ejecutando. Programas para reposicionar el libro en las nuevas generaciones se están llevando a cabo en las escuelas y en las casas. En el último discurso del 21 de mayo, Michelle Bachelet anunció la entrega de 400 bibliotecas familiares en varios hogares del país, mientras las públicas están actualizando sus colecciones, se trasladan y el préstamo de libros es una realidad en localidades que, años atrás, no tenían forma de acercarse a la literatura. Ferias del libro, talleres y coloquios están masificándose y todos los actores vinculados con las letras están trabajando en conjunto para construir un plan nacional de lectura que haga de Chile una nación de lectoras y lectores.

Intentos los hay, pero algunos los acusan de insuficientes, argumentando que los recientes resultados de la última aplicación del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE) son el indicador más inmediato de qué algo no está funcionando.

¿A qué se debe? Desde el ámbito de los creadores de producciones literarias hay una sola respuesta: faltan estrategias estatales concretas, sobre todo las relacionadas con la venta de libros.

Francisco Véjar, poeta emergente y académico, cree que las iniciativas de fomento lector que existen son una pequeña labor que está desarrollando el Consejo Nacional del Libro y la Lectura. “Es una labor encomiable, pero no suficiente porque necesitamos que toda la gente tenga acceso al libro. Se ha masificado el préstamo de libros, pero sigue siendo un objeto de elite porque es muy caro y hace que un grupo muy reducido de personas compre literatura”, agrega.

Los escritores creen que sin libros al servicio de la ciudadanía, es imposible que el fomento lector se intensifique y demandan mayor protección en la creación, producción y comercialización de sus obras.

Diego Muñoz, escritor y presidente de la Corporación Letras de Chile, asegura que los creadores “somos víctimas en un país donde se lee poco, los libros son caros, tenemos poco peso y eso se nota”, mientras que Edmundo Herrera, también escritor y director de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), propone “más libros, más libres”, invitando a una revolución para revertir este escenario.

Libros menos caros
La principal demanda del sector es el amparo a la industria nacional del libro a favor de la promoción de la lectura en el país. Se sienten víctimas, aseguran que el 10% que les corresponde por venta de libro es escaso y añoran contar con una editorial estatal, como fuera Quimantú en tiempos de la Unidad Popular donde los libros se vendían en los kioscos a menor precio que una cajetilla de cigarrillos.

“La industria editorial chilena está pasando por un problema complejo porque no puede competir con las transnacionales. Los escritores hemos hecho que esto sobreviva, estamos en un estado de rebeldía al insistir”, precisa Véjar.

Según los datos arrojados por la encuesta de Fundación La Fuente sobre Hábitos de Lectura y Compra de Libros -realizada en 1014 personas de las 16 ciudades principales del país entre mayo y junio de 2006-, en el 72% de los hogares chilenos no se compran libros. Se observa que en la industria existe un claro deterioro. No obstante, sólo el 38% de las y los encuestados afirmó que leería más si se eliminara el Impuesto al Valor Agregado (IVA), lo cual confirma que las razones principales para no leer no son de tipo económico.

Con ello está de acuerdo Diego Muñoz, cuando señala que “el problema de Chile es la baja circulación y la baja venta de libros. La gente lee muy poco porque consume muy pocos libros. Hay un problema con el precio que no sólo se explica con el IVA, sino también con los márgenes. Uno dice que el precio aleja a la gente, yo no estoy tan seguro que sea así”.

Los escritores solicitan una reestructuración más profunda, pero ¿de qué se trata? Más allá de la protección a la industria, los creadores esperan vivir de la escritura. Hoy, trabajan por el fomento lector desde la voluntad asistiendo a colegios, universidades, poblaciones y a cuanta actividad sean invitados con el fin de captar lectores y acercarlos a la literatura. Sin embargo, esperan que esta labor deje de ser gratuita.

“Se nos debiera dar trabajo. Nosotros lo hacemos con mucho éxito en la medida de nuestras fuerzas y nuestras posibilidades, pero lo lógico sería que a los escritores se les pagara por un horario, modesto que fuera, por ir a las escuelas, entusiasmar a los niños a leer y normalmente vamos gratis. Cuando uno va, eso tiene grandes efecto”, aclara el presidente de Letras de Chile.

¿Qué sugieren?
Pero si bien el problema del acceso a la literatura tiene que ver con el elevado valor de las producciones, otro, es el de hacer viable el préstamo de libros.

La biblioteca pública de la comuna de Puente Alto, es una de las pocas que abre sus puertas cuando sus lectores salen del trabajo y ha sido una estrategia que da resultado.

“Es cierto que se puede acceder a literatura en las bibliotecas, pero la gente no lee porque se cierran muy temprano y los trabajadores no tienen oportunidad de ir y pedir una obra”, aclara Edmundo Herrera.

Esa es una de las tácticas que se proponen, sobre todo en los extremos australes y nortinos donde casi no existen librerías.

No es la única sugerencia porque entre los escritores resuenan varias: redescubrir la literatura subterránea de autores chilenos e hispanoamericanos silenciados como Salvador Reyes, Alberto Rojas Jiménez, Romeo Murga, entre otros, e instalar lectura obligatoria de textos en los programas educaciones básicos y secundarios.