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Maletín literario: Biblioteca en casa

Foro Ciudadano. 4/09/2008

La lectura es fundamental para el desarrollo y aprendizaje de niños y niñas, más aún si se realiza en familia. Con el fin de fomentar estos hábitos, durante 2008 y 2009, 400.000 hogares de escasos recursos recibirán gratuitamente el Maletín Literario: nueve libros, entre los que se incluyen un diccionario enciclopédico, literatura infantil, literatura universal, literatura chilena, cuentos y poesía. El primer paso para la biblioteca familiar y la puerta de entrada al maravilloso mundo de los libros. En este programa te contamos qué es, quiénes son los beneficiarios y cómo se distribuye por Chile.

Opinan: Nivia Palma, Directora de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam); Paulina Vidal, Coordinadora Regional Metropolitana de Bibliotecas Publicas, y Lavinia Reyes, jefa de Bibliotecas de la comuna de Pudahuel.

Escucha el programa

Política Nacional del Libro y la Lectura: Chile, país de lectores

www.forociudadano.cl, Chile. 30/07/2007.

Actualmente hay 13 países en América Latina que están en distintas fases de diseño e implementación de Planes Nacionales de Lectura.

Esta larga y angosta faja de tierra no es una nación lectora, pero se pretende que así sea. Al igual que otros países latinoamericanos, existen bajos índices de lectura y de comprensión lectora, una insuficiente oferta editorial, un escaso consumo de libros por habitante y cierta cantidad de bibliotecas públicas en situación precaria.

Considerando que la lectura es una herramienta fundamental para mejorar la calidad de vida, desarrollar competencias y alcanzar pensamiento crítico, en un esfuerzo quijotesco nuestro país intenta hacerle frente ¿Cómo? Diseñando una Política Nacional del Libro y la Lectura que implemente medidas para fomentar el interés lector, la riqueza del lenguaje, y potenciar la creación y la producción editorial en Chile.

Esta propuesta que emana del Consejo Nacional del Libro y la Lectura y que es perfeccionada por el Directorio Nacional del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, es el resultado de un largo proceso en el que han participado distintos sectores para elevar los hábitos lectores, superar el analfabetismo funcional y mejorar el desarrollo de la industria editorial chilena.

Se busca que este trabajo facilite el acceso a la lectura, estimule la creación literaria, preserve el patrimonio bibliográfico, perfeccione la institucionalidad del libro y fomente la edición, producción y comercialización del mismo. No obstante, para que estas líneas sean efectivas, todos los actores del ámbito público, privado y de la sociedad civil deben actuar coordinadamente para lograr resultados efectivos en el tiempo.

Participación
Enrique Ramos, profesional del Consejo del Libro y Coordinador del Plan Nacional de Fomento a la Lectura, cuenta que ésta fue la primera medida de la política en cuestión cuando comenzó a redactarse en 2006. “En esa tarea nos hemos embarcado y es súper importante dejar claro que la construcción y levantamiento de este plan ha sido una tarea participativa”, explica.

Es en esta colaboración, en donde juegan un papel primordial quienes se vinculan con el libro, puesto que deben consensuar la ejecución de estas medidas a partir de este año.

Se trata de bibliotecarios, escritores, editores, personas ligadas a la sociología y la educación, animadores y promotores de la lectura, que están haciéndose cargo de combatir el desinterés lector en la población nacional.

Una labor necesaria para que la política sea efectiva. Con eso está de acuerdo Berta Concha, editora, directora de Liberalia Ediciones y de la Librería Prosa y Política, quien asegura que “cualquier plan de fomento a la lectura y cualquier política del libro tiene que pasar por convocar a los diferentes protagonistas de cada uno de los sectores involucrados en esto”.

Constanza Mekis, Coordinadora Nacional de Bibliotecas Escolares, es más precisa y la coordinación en conjunto la atribuye a la necesidad de hacer sustentable la transmisión de conocimientos mediante estas estrategias de fomento lector. “En un proceso cultural, todos deben estar incluidos porque los lectores no se construyen al vapor, sino con políticas constantes que respondan a diagnósticos, evaluaciones, estrategias consensuadas y con recursos financieros y organizacionales permanentes. Hay amplia disposición de articularse apropiadamente, pero sobre creatividad de quienes conocen la temática, falta creatividad económica para hacer giros más significativas en políticas públicas”, dice.

¿Están los recursos?
Precisamente la implementación de esta Política Nacional del Libro y la Lectura con la creación de una red eficaz, no podrá canalizarse si no existen instrumentos financieros para ello.

Constanza Mekis lo acusa y está convencida que “los economistas chilenos tienen que aportar al desarrollo de la lectura y para eso hay que entregar fondos, incentivos. Eso nos falta, creo que estamos todavía tímidamente en este campo en que se necesitan muchos esfuerzos que son personas, pero hay fondos y ¿quién los da, quién incentiva, quién genera libertad de impuesto a los libros, al acceso, a la cultura? Son los economistas los que ven las arcas fiscales, los que tienen que darnos acceso real a la cultura. Eso es una lucha”, señala.

Una propuesta difícil, sobre todo tomando en cuenta que Chile no tiene una herramienta estatal como la brasileña que establece que, a cambio de la eliminación del Impuesto al Valor Agregado (IVA) al libro, los editores ponen el 1% de las ventas brutas anuales a disposición del Gobierno, únicamente para implementar un Plan Nacional de Lectura.

Sin embargo, Enrique Ramos afirma que están contempladas acciones para imitar el modelo de Brasil. “Dentro de la Política Nacional del Libro y la Lectura, hay una medida que tiene que ver con cómo poder invertir el IVA que se obtiene a través de los libros en fomento a la lectura, pero ese es un trabajo legislativo”.

Pero además hay otra iniciativa de apoyo financiero: multiplicar el presupuesto para el Plan Nacional de Fomento a la Lectura en a lo menos tres veces, según comenta su coordinador. “Con eso podemos partir con una cifra importante, con proyectos significativos. Nosotros ya tenemos una estimación de los proyectos de inversión del Plan de aquí al 2012 y eso tendría que multiplicarse para el próximo año tres veces y para los años subsiguientes, cuatro, cinco, seis, siete y ocho veces, de modo que podamos hacer un plan sustentable en el tiempo”, agrega.

Poder y querer leer
La editora y también comprometida exportadora de libros chilenos a España, México y Colombia, Berta Concha, observa que otra de las fortalezas de la implementación de la Política Nacional del Libro y la Lectura, es ocuparse del poder leer y también del querer leer.

“Sólo centrándonos en el libro, hay dos datos básicos: poder leer y querer leer. En el poder leer incluyo la alfabetización, ejercitar la lectura y comprender lo que se lee; la accesibilidad del libro en la sociedad, que estén en bibliotecas y librerías; y regular el precio del libro, que sean razonables. En cuanto al querer leer, implica a los sectores de menos recursos y también a quienes tienen resuelto el tema económico, porque esa gente tampoco quiere leer. Creo que esta política intenta posicionar estas dos líneas”, expresa.

Y aunque en el querer leer el panorama es algo más complejo, los intentos por mejorar esta situación y hacer de Chile un país de lectoras y lectores se están haciendo.

Bibliotecarios y su rol en la lectura: relaciones digitales

www.forociudadano.cl, Chile. 11/06/2007.

Más que una mera estantería de libros, las bibliotecas se han transformado y las nuevas tecnologías tienen mucho que ver en ello.

Una de las principales excusas para no leer es que los libros son caros. Frente a este panorama, el préstamo de ediciones literarias a través de bibliotecas públicas, municipales, escolares o universitarias, es vital.

Sin embargo, facilitar el acceso gratuito de ediciones literarias a quienes no pueden o no quieren comprarlos en librerías, no es más que una de sus funciones. La biblioteca debe ser un espacio entretenido, luminoso y acogedor, donde usuarias y usuarios puedan desarrollar el gusto por la lectura.

Eso es lo que está ocurriendo en nuestro país. Más que una mera estantería de libros, las bibliotecas se han convertido en centros interactivos, con gran cantidad de recursos sonoros y audiovisuales que ayudan a forjar el conocimiento.

Más que nunca, la biblioteca es un organismo vivo, se ha transformado y las nuevas tecnologías tienen mucho que ver en ello. Hoy, el trabajo de la bibliotecología no se concibe sin esta herramienta y, cada vez más, está proporcionando servicios y fuentes de documentación digitales que mejoran la gestión tanto interna como externa.

Así, aparece un nuevo concepto: la automatización. Se trata de un ordenamiento del material administrativo que antes estaba en el papel, el cual ha disminuido el tiempo que otrora invirtieran los bibliotecarios en sus jornadas, permitiéndoles animar la lectura y guiarla en lectores con poco o nada de hábitos.

Sistemas automatizados
En su momento, la biblioteca se pensaba sólo como un depósito de material impreso. Por ello y desde la década de los noventa con el apogeo de internet, se comenzaron a implementar softwares que mecanizaran procesos rutinarios de alta precisión y que establecieran una relación más digital con los usuarios.

En los últimos 15 años, las bibliotecas chilenas están bastante tecnologizadas y si de automatización se trata, el país está muy bien posicionado con respecto a otros países de Sudamérica como Argentina, Uruguay y Perú.

Soledad González, bibliotecóloga y Gerente de la empresa Sistemas Lógicos Chile, asegura que estos servicios favorecen el funcionamiento de la biblioteca tanto dentro de casa, como fuera de ella. “Cuando me refiero a ordenar hacia adentro, principalmente me refiero a automatizar todo lo que son los procesos al interior de la biblioteca, es decir, la parte administrativa. Y en eso obviamente están involucrados los profesionales de las distintas áreas”, precisa.

Y así como la automatización ha permitido mantener registros exactos al interior de las bibliotecas, para los usuarios también ha sido de gran utilidad. “Los sistemas automatizados generalmente están orientados hacia el usuario para entregar servicios virtuales y están orientados a que el usuario no deje de usar la biblioteca, sino que se acerque con mayor facilidad (…) Con eso abro una puerta de la biblioteca hacia el usuario, es decir, puedo recorrer las estanterías en forma virtual”, explica González.

No obstante, las estadísticas que entregan los sistemas automatizados no permiten una sistematización cualitativa de la información: la categorizan en base a datos numéricos, pero no revelan qué temas son los que lee la gente y cuáles no.

Lectura por internet: ¿Oportunidad o amenaza?
Aún no está claro si los medios digitales están alejando a los jóvenes de la lectura o los están acercando. La crítica apunta hacia la distracción y, por lo general, se piensa que el uso de internet relega al libro y a la lectura al fondo del escritorio.

El punto es que conectado a internet, se lee. Un ejemplo de ello es la llamada “generación de la red”, jóvenes entre 12 a 24 años que nacieron con internet y que leen de manera atípica y no lineal. Guillermo Toro, bibliotecólogo y docente de la carrera de Bibliotecología de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), desde su experiencia afirma que “con el uso de internet estás todo el día leyendo en la pantalla y no se cree que es así porque tenemos una idea de la lectura tradicional con el formato impreso”.

¿Una oportunidad? Algunos creen que jamás la segunda, porque además de favorecer la lectura de múltiples contenidos a la vez, la información se orienta hacia la entrega de datos, mientras que la lectura de e-books (libros en formato electrónico) es muy poco utilizada y no supone la desaparición de las páginas de un libro.

“A nivel de productos, gana lejos el mercado electrónico relacionado con el dato factual, la hora de referencia, el dato corto, el que te ayuda a hacer la bibliografía, el que te ayuda a buscar. Hay muchos productos que compiten en el mercado de la industria de la información y aquí el mercado de los e-books es muy reducido”, comenta la Gerente de Sistemas Lógicos Chile.

Bibliotecarios en el fomento lector
El uso de los computadores en las bibliotecas, es una de las actividades más frecuentes entre sus usuarios. La mayoría de las veces, quienes asisten a las bibliotecas para acceder a conexión electrónica lo hacen con propósitos definidos como buscar un dato específico o realizar trámites online. Esa es la oportunidad que tienen los bibliotecarios para promocionar la lectura y facilitar su acceso.

Paulina Olivos es bibliotecóloga de la Biblioteca de Santiago y asegura que como profesionales es un deber necesario aproximarse a sus usuarios. “El primer paso de acercamiento es establecer una conversación más informal, preguntarle si desea algo más además de estar viendo su correo electrónico y si quiere conocer una colección vinculada con su trabajo, por ejemplo, una manera de vincularlos con la actividad que están realizando y acercarlos de alguna manera. Es un encuentro más informal, pero a la vez muy personal”, agrega.

Una táctica que si es realizada por todos los profesionales vinculados con el trabajo en bibliotecas daría óptimos resultados en el desarrollo de conductas lectoras en la población. La biblioteca pública, como institución abierta, es uno de los pilares de su fomento y en eso están trabajando, realizando una ardua labor para que la cultura de lectura no sea sólo una quimera.

Escritores y el fomento lector: “Más libros, más libres”

www.forociudadano.cl, Chile. 22/05/2007 .

Los escritores creen que faltan estrategias estatales concretas, sobre todo las relacionadas con la venta de libros.

En Chile, los esfuerzos por promocionar la lectura en el territorio nacional se están ejecutando. Programas para reposicionar el libro en las nuevas generaciones se están llevando a cabo en las escuelas y en las casas. En el último discurso del 21 de mayo, Michelle Bachelet anunció la entrega de 400 bibliotecas familiares en varios hogares del país, mientras las públicas están actualizando sus colecciones, se trasladan y el préstamo de libros es una realidad en localidades que, años atrás, no tenían forma de acercarse a la literatura. Ferias del libro, talleres y coloquios están masificándose y todos los actores vinculados con las letras están trabajando en conjunto para construir un plan nacional de lectura que haga de Chile una nación de lectoras y lectores.

Intentos los hay, pero algunos los acusan de insuficientes, argumentando que los recientes resultados de la última aplicación del Sistema de Medición de la Calidad de la Educación (SIMCE) son el indicador más inmediato de qué algo no está funcionando.

¿A qué se debe? Desde el ámbito de los creadores de producciones literarias hay una sola respuesta: faltan estrategias estatales concretas, sobre todo las relacionadas con la venta de libros.

Francisco Véjar, poeta emergente y académico, cree que las iniciativas de fomento lector que existen son una pequeña labor que está desarrollando el Consejo Nacional del Libro y la Lectura. “Es una labor encomiable, pero no suficiente porque necesitamos que toda la gente tenga acceso al libro. Se ha masificado el préstamo de libros, pero sigue siendo un objeto de elite porque es muy caro y hace que un grupo muy reducido de personas compre literatura”, agrega.

Los escritores creen que sin libros al servicio de la ciudadanía, es imposible que el fomento lector se intensifique y demandan mayor protección en la creación, producción y comercialización de sus obras.

Diego Muñoz, escritor y presidente de la Corporación Letras de Chile, asegura que los creadores “somos víctimas en un país donde se lee poco, los libros son caros, tenemos poco peso y eso se nota”, mientras que Edmundo Herrera, también escritor y director de la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), propone “más libros, más libres”, invitando a una revolución para revertir este escenario.

Libros menos caros
La principal demanda del sector es el amparo a la industria nacional del libro a favor de la promoción de la lectura en el país. Se sienten víctimas, aseguran que el 10% que les corresponde por venta de libro es escaso y añoran contar con una editorial estatal, como fuera Quimantú en tiempos de la Unidad Popular donde los libros se vendían en los kioscos a menor precio que una cajetilla de cigarrillos.

“La industria editorial chilena está pasando por un problema complejo porque no puede competir con las transnacionales. Los escritores hemos hecho que esto sobreviva, estamos en un estado de rebeldía al insistir”, precisa Véjar.

Según los datos arrojados por la encuesta de Fundación La Fuente sobre Hábitos de Lectura y Compra de Libros -realizada en 1014 personas de las 16 ciudades principales del país entre mayo y junio de 2006-, en el 72% de los hogares chilenos no se compran libros. Se observa que en la industria existe un claro deterioro. No obstante, sólo el 38% de las y los encuestados afirmó que leería más si se eliminara el Impuesto al Valor Agregado (IVA), lo cual confirma que las razones principales para no leer no son de tipo económico.

Con ello está de acuerdo Diego Muñoz, cuando señala que “el problema de Chile es la baja circulación y la baja venta de libros. La gente lee muy poco porque consume muy pocos libros. Hay un problema con el precio que no sólo se explica con el IVA, sino también con los márgenes. Uno dice que el precio aleja a la gente, yo no estoy tan seguro que sea así”.

Los escritores solicitan una reestructuración más profunda, pero ¿de qué se trata? Más allá de la protección a la industria, los creadores esperan vivir de la escritura. Hoy, trabajan por el fomento lector desde la voluntad asistiendo a colegios, universidades, poblaciones y a cuanta actividad sean invitados con el fin de captar lectores y acercarlos a la literatura. Sin embargo, esperan que esta labor deje de ser gratuita.

“Se nos debiera dar trabajo. Nosotros lo hacemos con mucho éxito en la medida de nuestras fuerzas y nuestras posibilidades, pero lo lógico sería que a los escritores se les pagara por un horario, modesto que fuera, por ir a las escuelas, entusiasmar a los niños a leer y normalmente vamos gratis. Cuando uno va, eso tiene grandes efecto”, aclara el presidente de Letras de Chile.

¿Qué sugieren?
Pero si bien el problema del acceso a la literatura tiene que ver con el elevado valor de las producciones, otro, es el de hacer viable el préstamo de libros.

La biblioteca pública de la comuna de Puente Alto, es una de las pocas que abre sus puertas cuando sus lectores salen del trabajo y ha sido una estrategia que da resultado.

“Es cierto que se puede acceder a literatura en las bibliotecas, pero la gente no lee porque se cierran muy temprano y los trabajadores no tienen oportunidad de ir y pedir una obra”, aclara Edmundo Herrera.

Esa es una de las tácticas que se proponen, sobre todo en los extremos australes y nortinos donde casi no existen librerías.

No es la única sugerencia porque entre los escritores resuenan varias: redescubrir la literatura subterránea de autores chilenos e hispanoamericanos silenciados como Salvador Reyes, Alberto Rojas Jiménez, Romeo Murga, entre otros, e instalar lectura obligatoria de textos en los programas educaciones básicos y secundarios.

Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor: “Leo, leo… ¿qué lees?”

www.forociudadano.cl, Chile. 20/04/2007 .

Medio millar de actividades se celebrarán durante el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor el 23 de abril.

Abril, libros mil. Aunque la frase originalmente se refiere a las lluvias otoñales, desde que la UNESCO declaró -en 1995- la celebración del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor cada 23 de abril, la lectura se roba el protagonismo.

Desde ese momento –y a propósito del fallecimiento de Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Gracilaso un 23 de abril de 1616-, todo el globo dedica un día a festejar el libro, difundiendo su importancia y, a la vez, promoviendo la lectura y la defensa del derecho de autor.

Sin embargo y más allá de la efeméride, es evidente que el fomento de la lectura es un tema de interés mundial y no existe calendario para quienes se han propuesto trabajar en esta tarea. La preocupación por forjar naciones lectoras está instalada, varios países de América Latina ya construyeron e implementaron sus Planes Nacionales de Lectura y otros, como el nuestro, están en eso.

Considerando la situación chilena, ciertas cartas ya se pusieron sobre la mesa y pese a que el comercio pirata es la principal desgracia que enluta al sector, los números demuestran que la claridad está ad portas.

Es cierto, hay un déficit de librerías y en muchas regiones del país prácticamente no existen, pero la producción editorial no es ilusión y las obras nacionales se están vendiendo. Si quedan dudas, los siguientes antecedentes: en 1992 se publicaban 1055 títulos, mientras que el año pasado se registraron 3500 publicaciones. Así lo confirma Nivia Palma, Directora de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (DIBAM): “en Chile estamos leyendo más y es bueno recordarlo. Todos los indicadores de exportación lo indican”.

Por otra parte, según datos arrojados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en una década, los hábitos lectores están cambiando positivamente. Así, en 1993 sólo un 25% de las chilenas y chilenos declararon leer. Seis años más tarde la cifra ascendió a un 33% y en 2005, la mitad de los encuestados confesó que dedicaba algún momento a la lectura.

Y por último, las iniciativas de préstamo de libros se han multiplicado. Ya no sólo es posible recurrir a lectura gratuita en las instalaciones de la biblioteca pública, porque esta rompe con las barreras geográficas mediante la implementación de nuevas tecnologías y trasladando libros en buses hacia diferentes localidades, a las ferias libres y a las estaciones de Metro, en el caso de la Región Metropolitana.

Un panorama alentador que hace suponer que en Chile, no se necesita un día para instalar el deseo lector en esta larga y angosta faja de tierra.

Día Mundial del Libro 2007

El Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor se ha celebrado hace once años en nuestro país, pero en esta oportunidad tiene un matiz distinto. Bajo el lema “Leo, leo… ¿qué lees?”, esta vez existe unidad entre todos los actores que participan del fomento lector y eso se refleja en la organización conjunta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes; el Consejo Nacional del Libro y la Lectura; la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos; el Ministerio de Educación; el Consejo de Rectores Universidades Chilenas; el Colegio de Profesores; el Colegio de Bibliotecarios de Chile; la Cámara Chilena del Libro; la Sociedad de Escritores de Chile y la Asociación de Editores Independientes.

¿Actividades para el 23 de abril? Varias, tanto en la capital como en regiones. La Ministra de Cultura, Paulina Urrutia, declaró que se esperan más de 500 actividades a lo largo del país que incluyen lecturas masivas, coloquios, talleres literarios, jornadas de cuentacuentos, teatro y otras en bibliotecas, centros culturales, escuelas, hospitales, cárceles, jardines infantiles, ferias, puestos fronterizos y plazas públicas de todo Chile, iniciativas que demuestran el esfuerzo de instituciones públicas con la industria del libro y con la comunidad.

En tanto, Viviana García, Consejera del Colegio de Bibliotecarios y del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, asegura que una de las principales será la instalación de la Feria del Libro en la Plaza de Armas de Santiago, pero también las escuelas y las bibliotecas públicas están realizando encuentros con escritores de sus respectivas zonas y están organizando iniciativas culturales relacionadas con el libro.

García precisa que “la oportunidad que otorga la fecha, hace posible que la gente lea y que estas ganas de leer se hagan visibles. Pero como la celebración no es sólo un homenaje al libro, sino que es también una defensa al derecho de autor, aprovechamos de negarnos públicamente a la copia indiscriminada y a la piratería. Con la celebración de este día se pretende, como objetivo principal, posicionar la lectura en el inconsciente colectivo”.

Para ello, la imaginación está autorizada y cada quien puede festejar a su antojo llevando un libro bajo el brazo, prestar o regalar una edición, leer en familia o escribir algún párrafo y compartirlo.

Amparo a la propiedad intelectual
Con lo anterior, no existen excusas para no leer. Menos, para confundirse con el festejo y comprar un libro pirata. Más allá de homenajear al libro como un medio de expresión y comunicación esencial, no hay que olvidar los 200 millones de dólares que, anualmente, mueve el comercio ilegal en Chile.

Eduardo Castillo, Presidente de la Cámara Chilena del Libro, puntualiza que en nuestro país “desgraciadamente no se están respetando los derechos de autor, el mercado es altamente competitivo, hostil y no se hace nada institucionalmente ni en forma sistemática”.

Retrasos de los que también da crédito Nivia Palma, quien cree que “en la medida que uno no respeta la propiedad intelectual, lo que está haciendo es hipotecar, en el futuro, el desarrollo creativo y la gestión cultural. En esta materia estamos con problemas porque tenemos una legislación insuficiente”.

Y mientras el sistema legislativo actual cambia a favor de esta defensa, es preciso considerar la relevancia de la lectura como forjadora de conocimiento y productora de desarrollo social no sólo un día, sino que todos.

Bibliotecas públicas en red: información al alcance de todos

www.forociudadano.cl, Santiago, Chile. 02/04/2007.

La entrega equitativa de la información en el territorio nacional es una preocupación constante de la DIBAM y una de las motivaciones que impulsó la creación del programa Biblioredes.

La arremetida de las nuevas tecnologías ha cambiado la manera de leer el mundo. El libro ha sido, es y será un objeto preciado donde la lectura encuentra su mayor aliado, pero no es el único.

El formato papel no es historia, tampoco ha dado un paso atrás y menos pretende ser reemplazado, pero hoy la lectura se ha digitalizado con un objetivo claro: concretar el acceso a la información para traspasar las barreras geográficas, económicas y sociales que impedían democratizar esta práctica.

En este escenario la biblioteca pública se adjudica el rol protagónico y da un paso más allá de su compromiso principal. Ya no se trata tan sólo de una institución confiable y abierta a ciudadanas y ciudadanos en busca de conocimiento a través de la lectura gratuita de variados ejemplares, sino que se expande rompiendo con la temida brecha digital y poniendo a disposición su material a toda la población nacional.

¿Cómo lo hace? Apropiándose de las bondades de Internet. El carácter social que asume este instrumento en la entrega equitativa de información está presente en las 378 bibliotecas públicas del país mediante el programa Biblioredes, creado en 2002 por la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de Chile (DIBAM).

Enzo Abbagliati, Coordinador Nacional de Biblioredes, está convencido que Internet es una gran biblioteca pública y, en función de ello, trabaja para saldar la desigualdad tecnológica estimulando a la comunidad para que acceda a la información a través de la red, a publicar sus contenidos locales y promoviendo el intercambio entre comunidades chilenas y del globo.

Equidad digital
Estamos hablando de una nueva manera de entender la biblioteca pública, pues tiene que ver con su papel de inclusión social en la sociedad de la información. Así lo precisa José Antonio Merlo, profesor de Biblioteconomía de la Universidad de Salamanca en España, quien cree que “la biblioteca pública es fiel a los cambios sociales porque es un reflejo de ello. No deja de ser lo que era antes, pero se adapta a la nueva era tecnológica. Estamos en una sociedad que se basa en el uso de la tecnología y la biblioteca pública está sabiendo adaptarse a estas nuevas maneras de comunicarnos y acceder a la información”.

Su opinión encuentra un adepto en Enzo Abbagliati, quien afirma que cada vez más “la comunidad se apropia de las tecnologías para generar asociatividad, la trasladan desde el mundo físico al mundo virtual a través de la biblioteca pública, interactuando con agrupaciones que están geográficamente aisladas”.

Su reflexión es vital porque el principal interés de Biblioredes es que nadie se quede sin la oportunidad de acceder a la información, de poseer conocimiento digital y sin la posibilidad de comunicar sus intereses y preocupaciones en el espacio virtual.

La discriminación tecnológica en el territorio nacional es una preocupación constante de la DIBAM y una de las motivaciones que impulsó la creación del programa Biblioredes.

El Coordinador Nacional de Biblioredes asegura que en la primera fase del proyecto, se realizó una primera evaluación que identificó que “la brecha digital en Chile está alojada en la población de menores recursos, pero además de esa población estaba alojada en la dueña de casa”.

Para Biblioredes eso significó un desafío que debía ser superado a través de la capacitación. En la actualidad, los índices han cambiado y hasta el año 2006, han capacitado a 224.884 personas, donde el 30% de la misma han sido dueñas de casa de escasos recursos.

Tal ha sido el impacto que por estos días la DIBAM, a través de Biblioredes, está adscribiendo un convenio con el Servicio Nacional de la Mujer (SERNAM) para mejorar las condiciones de empleabilidad y las capacidades laborales de las jefas de hogar y de núcleo, proyecto que tiene contemplado trabajar con 15 mil mujeres de todo Chile en los próximos años.

Servicio de apoyo
Hay que entender que Biblioredes no pretende liquidar el espacio físico de las bibliotecas públicas, sino que digitalizar sus servicios para posicionarla en tiempos donde los códigos son otros.

Así lo aclara la Coordinadora Ejecutiva del Proyecto de Automatización de Bibliotecas Públicas, Florencia García, quien señala que “Biblioredes es una oferta de un servicio nuevo en las bibliotecas en relación a los servicios tradicionales que son el préstamo y la devolución de libros, ejemplares y colecciones de la misma biblioteca que la acerca a un concepto más híbrido. Con la automatización permitimos que los servicios de la biblioteca estén en red, básicamente para mejorarlos”.

Por tanto, además de terminar con la brecha tecnológica colaborando con el acceso masivo a la información, con capacitación y otorgando posibilidades de expresión en Internet, Biblioredes es un servicio más rápido que permite normalizar los actuales procedimientos manuales que se practican en las bibliotecas públicas.

“El Proyecto de Automatización de Bibliotecas Públicas permite ordenar sus colecciones bibliográficas, porque actualmente se hacen con ficheros, tanto para el registro de usuarios como para el de libros. Lo que nosotros esperamos al 2009, es habilitar un sistema para que estos servicios se hagan a través de un programa computacional llamado Aleph”, explica García.

Todo con un claro propósito: hacer más expedita la información a la población. Siendo así las cosas, la brecha digital parece ser prueba superada al corto plazo. No obstante, sólo falta recibir de la mejor manera este desafío y entender que la lectura digitalizada, es lectura al fin y al cabo.

Experiencias en fomento lector: libros en préstamo

www.forociudadano.cl, Santiago, Chile. 05/03/2007.

El escaso presupuesto financiero para adquirir un libro, suele ser la excusa más usada para explicar la falta de hábito lector. Sin embargo, cuando se quiere, se puede. Ninguna justificación es suficientemente válida, puesto que en Chile se han instalado diversas iniciativas de préstamos de libros para fomentar la lectura.

Colecciones clásicas y actualizadas están al alcance y, en casi todas las regiones del país, es posible acceder a ellas gratuitamente. Están en las bibliotecas públicas, en las escuelas, en puntos de préstamo fijos, en las ferias y también en buses o lanchas que transportan libros a lugares apartados.

Preocupada por los índices relacionados con los hábitos de lectura en la población nacional, la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos lleva años implementando experiencias que facilitan el acceso a literatura y a ediciones de diferentes temáticas. Dentro de éstas, las más exitosas son tres: el proyecto Bibliometro instalado en 10 estaciones de Metro de Santiago; el Casero del Libro, un puesto en la feria libre de cada comuna; y el Dibamóvil, un bus convertido en biblioteca para repartir libros en apartados lugares del país.

Los contenidos que se ofertan gratuitamente a la comunidad abarcan diferentes géneros literarios y también informaciones de carácter técnico y especializado. La idea de los servicios es fortalecer la lectura amistosa, pero también se han convertido en un aliado de los bolsillos familiares porque cuentan con textos contemplados en los planes educacionales.

Y aunque el objetivo de las experiencias de prestación de libros es promover el hábito lector, acercar la literatura y no subsidiar los planes gubernamentales o las bibliotecas escolares, son un aporte a la economía doméstica en cuanto solucionan problemas en la compra de libros.

Aún quedan barreras que estos programas deben sortear –como el ítem vinculado a la devolución de las obras- los préstamos de libros van en aumento y, anualmente, la pérdida de las ediciones no supera el 5%.

Un libro en el vagón
Los viajes pueden ser más placenteros en compañía de un buen libro. Seguros de esa afirmación, la DIBAM en conjunto con Metro de Santiago idearon en 1995 el programa Bibliometro, un servicio básico con funciones concretas: prestación de libros en diez estaciones de Metro y en el Bibliotren ubicado en la Biblioteca Nacional, a los cuales se le suma un servicio de internet gratuito suministrado por Biblioredes para desarrollar actividades laborales, académicas o recreativas.

Bilbiometro ya es parte del paisaje urbano. Así lo asegura Paulo Morales, coordinador del programa, quien cuenta que “ha colaborado a fomentar hábitos de lectura y ha llevado el libro a personas que tienen la lectura incorporada como un hábito permanente”.

A la fecha, más de 90 mil personas han disfrutado de sus beneficios y existen más de 30 mil socios activos que pueden solicitar libros en las estaciones Plaza de Armas, Baquedano, San Pablo, Cal y Canto, Ciudad del Niño, Los Héroes, El Golf, Bellavista de la Florida, Puente Alto y Tobalaba.

Para inscribirse como usuaria o usuario, sólo basta con presentar determinados documentos y cancelar un monto establecido según la condición del interesado. Una vez suscrito, se tiene el derecho de llevar hasta tres libros en préstamo por 14 días seguidos, renovables por igual periodo, los cuales pueden devolverse en cualquier módulo de Bibliometro o en los buzones disponibles en los mismos módulos.

¿Cómo ser socio?
La inscripción es gratuita para los menores de 18 años y mayores de 60, sólo tienen que presentar una identificación, además un documento que acredite domicilio a nombre del interesado. En el caso de los menores de edad el documento debe estar a nombre de algunos de los padres. Los estudiantes mayores de 18 años, deben cancelar además una cuota anual de $1.000. En tanto, la persona mayor de 18 años que no esté estudiando, deberá pagar una cuota de incorporación de $3.000. Más información en http://www.bibliometro.cl/

Cada vez son más las personas que se adhieren a esta iniciativa, por lo que Morales cuenta que “los desafíos a futuro tienen que ver con la cobertura a medida que el Metro se siga extendiendo. También queremos seguir innovando en las colecciones, nuestra idea es seguir siendo sensibles en lo que la gente demanda, seguir respondiendo a las necesidades de entretención e nformación”.

¡Llévelos gratis casera!
Valiéndose de lo cotidiano, otra práctica de impulso lector de la DIBAM es el programa Casero del Libro, puestos de locatarios que prestan obras en las ferias libres de cada comuna, coordinados y atendidos por personal de la Biblioteca Municipal del sector que corresponda.
El Casero del Libro se inició como un proyecto el año 2001 y hoy existe en 17 comunas a lo largo del país, entre las cuales figuran Arica, Calama, Copiapó, Ovalle, Doñihue (VI región), Yerbas Buenas (VII), Coelemu (VIII), Freire y Nueva Imperial (IX), Valdivia y Puerto Montt (X), Coyhaique (XI), Punta Arenas (XII), Lo Prado, Conchalí y La Florida (RM).

Las ediciones están dispuestas en canastos para realizar préstamos, mediante la biblioteca pública, a las vecinas y a los vecinos por una semana.

Los libros solicitados mediante el Casero del Libro, se pueden devolver en el mismo puesto instalado en la feria o en la biblioteca pública de la comuna que corresponda.

María Eugenia Ramírez es Casera del Libro de la comuna de La Florida en la Región Metropolitana y se siente una inquilina más dentro de la feria: “si bien hay gente que vende verduras, papas, abarrotes, nosotros tenemos libros. O sea, dentro de la canasta familiar que la gente va a comprar a la feria, está la entrega de un libro que no se vende”.

Por su parte, Flor Toledo, otrora coordinadora del programa, cuenta que “la experiencia ha sido súper positiva, sobre todo entre las mujeres de 20 a 60 años que suelen ser el público frecuente de la feria, pero también entre los hombres que llegan solicitando principalmente colecciones de albañilería”.

“Este servicio ha ayudado al fomento de la lectura y también ha dado a conocer la labor de las bibliotecas, así sirve tanto a la gente de la biblioteca como a la comunidad”, agrega.

Sobre ruedas
Si la montaña no viene a Mahoma, entonces Mahoma va a la montaña. En localidades donde el acceso a libros en préstamo se dificulta por ciertas características geográficas, entonces la literatura golpea la puerta de la casa.

Desde 1999, el Dibamóvil se encarga de esta tarea. Tal como su nombre lo dice, los dibamóviles son bibliotecas rodantes. Actualmente existen tres y recorren comunas rurales y urbanas de la IV, VII, y de la la Región Metropolitana, donde la gente sube al bus, recorre las estanterías abiertas disponibles al público y elige sus libros.

En 2006, se prestaron más de 30 mil ediciones a casi 10 mil socios, quienes disfrutaron además de actividades culturales locales.

Las personas que desean ser socios de esta entretenida biblioteca, sólo deben acercarse y presentar un comprobante de domicilio. A cambio, recibirán un carné de socio del Dibamóvil y podrán llevarse prestados los libros que deseen.

Jimmy Coll Castro es chofer de estas bibliotecas móviles y señala que “la experiencia ha resultado súper bien porque tenemos hartos socios, también muchos préstamos. Los lugares donde vamos son muy apartados y la gente se entusiasma cuando ve un móvil pintado, lleno de libros y con una colección actualizada. Además, tratamos de entregar tecnología con computadores y así, la gente no hace reclamos, sólo disfruta”.