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Opinión: “Recoletras: Por qué no es una amenaza para el ecosistema del libro”

El libro está marcado por una discriminación de clase basada en lo económico: ese es el daño verdadero al ecosistema del libro. Además, ni las librerías Qué Leo y Ulises ni las cadenas Antártica y Feria Chilena del Libro verán mermadas sus ganancias, pues su negocio no está en Recoleta ni en La Pintana, ni en los otros territorios nombrados, se encuentra en las comunas donde el negocio funciona bajo este neoliberalismo desigual.

Sábado 16 de febrero de 2019, Eduardo Farías, El Desconcierto.

Recoletras sigue siendo objeto de debate y lo último que se ha escrito en contra del proyecto ha sido una columna de opinión de Andrés Fernández en El Mostrador. Lo menciono, pues este ingeniero industrial en su argumentación oculta u olvida mencionar mucha información importante para su caracterización del ecosistema del libro; así, mediante el uso de la desinformación, se alinea con la tesis de un sector del gremio librero: Recoletras atenta contra el desarrollo normal y sano del ecosistema del libro. Según este autor la librería popular de Recoleta lo daña, ya que las librerías independientes no tendrían cómo replicar la manera en que se organiza económicamente Recoletras. Lapidariamente Andrés dictamina que esta librería depreda las librerías independientes.

Cabe señalar que es muy temprano para afirmar si Recoletras depreda o no las librerías independientes, por lo que la acusación de Andrés Fernández es exageradamente falsa e ideológicamente tendenciosa, o, quizás, los cierres de Galería Plop!, Prosa y Política, y Librería Subsuelo sí se debieron a la idea embrionaria de Recoletras. Es interesante que este ingeniero industrial en su columna olvida repasar algunos cierres de librerías; los cuales no se debieron a la presencia de una librería popular, lo que justamente no apoya su tesis. Pero como no soy él, veamos en detalle qué factores jugaron en contra de estas librerías y propiciaron los cierres.

El cierre de Galería Plop! y de otras librerías no se debe a Recoletras, como quisiera Fernández, sino a las características inherentes del negocio librero en este contexto neoliberal, más las realidades del mercado interno chileno. Gabriel Zaid en Los demasiados libros desmenuza muy bien el negocio de la librería y expone las complejidades intrínsecas de toda librería en el contexto neoliberal, las que explica de la siguiente manera: primero, las librerías no pueden albergarlo todo, por tanto, siempre les faltará algún título que pida algún comprador ocasional; segundo, los libros que tienen en exhibición pueden venderse en días, ojalá, en 5 años, o tal vez nunca. De hecho, como Zaid piensa, en la librería, como espacio no solo de consumo sino también de cofradía, el librero debiese ser un adivino del futuro, así sabría en qué momento exacto pedir un título para ese lector casero o qué título será un best seller. Pero no lo son. Por tanto, la librería se debate inevitablemente entre la lenta venta de libros y los mensuales gastos fijos de operación que se deben cubrir para seguir en el juego.

A lo anterior, añadamos que el contexto chileno está marcado, primero, por una poco numerosa población (comparado con México, Brasil, Buenos Aires), más un desierto de lectores, lo que da un bajo porcentaje de consumidores posibles y configura un mercado en extremo pequeño. De los pocos chilenos, más pocos leen: con esas condiciones, qué librería sobrevive en territorios de no lectores. Además, la población con su desierto de lectores está caracterizada por una precarización socioeconómica y cultural; así el libro, que es visto como bien “secundario”, no es costeable en muchas economías familiares chilenas; por tanto, la ubicación de la librería se vuelve un factor fundamental, lo que justamente olvida mencionar también Andrés Fernández, ya que no se refiere a la discriminación estructural del ecosistema del libro, que es de clase, de género y territorial, y por espacio solo hablaré de la primera.

El estudio de Editores de Chile sobre la situación de librerías y bibliotecas demostró que la distribución de las librerías en Santiago se encuentra determinada por el nivel adquisitivo del territorio, ya que la mayoría de ellas está desde Santiago Centro y Providencia hacia el oriente. Por tanto, el libro se comercia solo en los territorios que alberga a la población que tiene el poder adquisitivo. Así, comunas como Renca o Quilicura no tienen librerías y no las tendrán mientras no sean espacios rentables de consumo. Aunque no lo quiera Andrés, el libro está marcado por una discriminación de clase basada en lo económico: ese es el daño verdadero al ecosistema del libro. Además, ni las librerías Qué Leo y Ulises ni las cadenas Antártica y Feria Chilena del Libro verán mermadas sus ganancias, pues su negocio no está en Recoleta ni en La Pintana, ni en los otros territorios nombrados, se encuentra en las comunas donde el negocio funciona bajo este neoliberalismo desigual.

De hecho, México tiene la misma discriminación de clase en el acceso al libro. En una noticia aparecida en El País el 2016 se indicaba que cerca del 95% de municipios mexicanos no tenía librería, solo las grandes ciudades corrían una suerte distinta. Lo mismo ha publicado El Economista el 8 de enero de 2018: México necesita librerías. Si se quiere visualizar la distribución desigual de librerías en México, es posible ingresar en el website del Observatorio de la Lectura de México y ver su atlas de lectura en la que se muestra la ubicación y la cantidad de librerías en territorio mexicano.

Entonces, no es Recoletras lo que daña el ecosistema del libro como quiere hacernos creer falazmente Andrés Fernández, aquel está dañado desde antes por discriminaciones estructurales en el acceso al libro. Que Recoletras abra las posibilidades de gestión de librerías territoriales, no afectará el trabajo de aquellas librerías independientes que entienden que su existencia depende del compromiso y de cómo son capaces de crear diferencia, diversidad. No imagino Santiago sin Librería Proyección, sin ese refugio para al anarquismo, el feminismo, el antiespecismo y para mucha más teoría crítica. Tampoco pienso Santiago sin Librería Pedaleo y la mirada de librero y de escritor de Carlos Cardani, quien ha construido un espacio para la edición independiente chilena y latinoamericana, todo un guardia raso de joyitas difíciles de encontrar como 11, de Carlos Soto Román, o Extremo explicit, del uruguayo Riccardo Boglione. Menos aún anhelo que el acceso al libro solo esté determinado por el neoliberalismo y las discriminaciones estructurales que ya conocemos.

Eduardo Farías es Editor de Gramaje Ediciones. Magister en edición.

 

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Green Libros: la iniciativa para donar y comprar textos escolares usados

El mecanismo consiste en la habilitación de puntos de recepción de libros y tótems habilitados en los diferentes centros comerciales Espacio Urbano para adquirir los textos vía online con despacho a domicilio.

Viernes 15 de febrero de 2019, El Dínamo.

De cara a la llegada de marzo, donde junto a la compra de los uniformes y útiles, los padres deben adquirir los textos escolares, los cuales muchas veces tienen un elevado costo.

Para combatir esta situación y de paso ayudar al medio ambiente está Green Libros, el emprendimiento social que lleva 10 años recolectando y recuperando libros de uso pedagógico, el cual habilitó puntos en los centros comerciales Espacio Urbano ubicados en Santiago, Los Andes, Melipilla y Viña del Mar, en donde ya se pueden realizar sus donaciones.

“La invitación es a donar los libros que tengan en su casa, y que se acerquen entre el 16 de febrero y el 10 de marzo a los centros comerciales Espacio Urbano, para cerrar el círculo de la donación y reutilización. Los libros recolectados servirán para implementar bibliotecas en sectores vulnerables a través de las fundaciones con las que colaboramos y de esta manera democratizar el acceso a la lectura”, señaló Juan Cristóbal Prieto, fundador de Green Libros.

El mecanismo ocupado por este emprendimiento social consiste en la habilitación de puntos de recepción de libros y tótems habilitados en los diferentes centros comerciales Espacio Urbano para adquirir los textos vía online en https://www.greenlibros.com, con despacho a domicilio.

Revisa aquí las direcciones en donde se pueden donar textos, de lunes a domingo, desde las 10.00 hasta las 20.00 horas:

Santiago
– Espacio Urbano La Dehesa. Dirección: Av. El Rodeo 12.850, Lo Barnechea.
– Espacio Urbano Las Rejas. Dirección: Av. Libertador Bernardo O’Higgins N° 5.091, Estación Central.
– Espacio Urbano Gran Avenida. Dirección: José Miguel Carrera N° 6.150, San Miguel. Gran Avenida
– Espacio Urbano Puente Alto. Dirección: Av. Concha y Toro 1149, Puente Alto
– Espacio Urbano Plaza Maipú. Dirección: Av. Ramón Freire (Ex Av. Pajaritos) 1.790, Maipú

Regiones
– Espacio Urbano La Laguna. Dirección: Av. Colina Sur 14.600, Colina.
– Espacio Urbano 15 Norte. Dirección: Av. Benidorm N°805 y N°961, Viña del Mar
– Espacio Urbano Los Andes. Dirección: Av. Santa Teresa 683, Los Andes
– Espacio Urbano Melipilla. Dirección: Serrano 396, Melipilla.

Opinión: “Librería Popular”

Carta publicada en el diario La Tercera el miércoles 13 de febrero de 2019

SEÑOR DIRECTOR

Causa extrañeza la carta publicada con fecha 9 de febrero, escrita por Felipe Bravo Alliende, que compara erradamente el proyecto de librería popular de Recolta con el sistema de redes y bibliotecas de dos comunas de la zona oriente de Santiago, diciendo que en Recoleta se privilegiaría la venta de libros por sobre el acceso gratuito, o por sobre el fomento a las bibliotecas públicas.

Es importante saber que durante los últimos cinco años se han aumentado los puntos de lectura y sistema de bibliotecas en la comuna de Recoleta: se creó el punto de lectura Eduardo Galeano, que funciona en la municipalidad y que tiene sistema de préstamos de libros sin costo, al igual que los puntos de lectura en los cuatro Centros de Salud Familiar, en el Parque de la Infancia, en el Mercado Tirso de Molina, y el proyecto emblemático de la Biblioteca Pedro Lemebel, que abrió sus puertas en noviembre de 2017, y que cuenta con un alto estándar en infraestructura y en catálogo de préstamos gratuitos.

La librería popular es un proyecto que busca satisfacer otra necesidad, que está resuelta en comunas de la zona oriente, y que es tener librerías a la mano; en este caso, a un bajo costo. ¡Doble pega hecha para Recoleta!

Natalia Cuevas Guerrero
Concejala de Recoleta

Contrapunto abre outlet en Santiago

Descuentos de hasta 70%:

Contrapunto abre outlet en Santiago

Miércoles 13 de febrero de 2019, Cultura El Mercurio

Ayer se inauguró el outlet de la cadena Contrapunto, referente en libros de arte y fotografía, en el subsuelo de la tienda de Huérfanos 665. En el lugar, se pueden encontrar textos similares a los de los demás locales, con descuentos de 30%, 50% y 70%, según si los libros presentan fallas, como tapas rayadas o puntas dobladas. Este nuevo espacio abre de lunes a viernes, entre 10:00 y 20:00 horas, y sábados hasta las 14:00 horas.

Opinión: “Librería”

Carta publicada en el diario La Segunda el día martes 12 de febrero de 2019

Señor Director:

En la edición de ayer fue publicada una entrevista a Joan Usano, dueño de la librería Takk. En ella el entrevistado menciona que la dueña anterior es una mujer chileno-italiana que le traspasó la librería por un supuesto retorno a Italia. Esta información es incorrecta: la dueña original -mi madre, quien fundara y creara el concepto Takk- es Isabel Carrasco, chilena y habitante de Santiago.

Fueron motivos económicos los que la hicieron desprenderse, con dolor, de ese bello proyecto que reúne tanto en su nombre (Takk significa “gracias” en noruego) como en su logo, estética y contenido, profundas raíces biográficas de mi familia.

Junto con corregir este error con asumo involuntario, y agradecer a Joan por una gestión que ha mantenido el proyecto a flote, quisiera aprovechar de rendir un pequeño homenaje a Isabel, quien, desde sus sencillos orígenes en el campo chileno, fue capaz de cristalizar sus profundas inquietudes en lo que hoy es un hito de Providencia

Felipe Larenas Carrasco

Cómo es por dentro la librería flotante más grande del mundo

Martes 12 de febrero de 2019, Gonzalo Cepeda Vergara Desde Valparaíso, Cultura El Mercurio

Atracado en Valparaíso, el “Logos Hope” recibió unas 4.500 personas diarias para visitar su espacio de libros. Ahora llega al puerto de Lirquén y terminará su estadía en Punta Arenas.

Una larga fila de personas esperaba el sábado pasado ingresar al “Logos Hope”, un crucero cuyo objetivo no es el viaje de descanso por el Caribe, sino llevar cultura a través del mundo. La embarcación cumple su primer mes en Chile y en su último sábado en el molo de abrigo del puerto de Valparaíso -estuvo primero en Antofagasta- unas seis mil personas lo visitaron, siendo el promedio entre 4.500 y 5.000 al día. Ayer zarpó hacia el puerto de Lirquén, donde estará hasta el 28 de febrero, para terminar su estadía en Punta Arenas, entre el 6 y el 15 de marzo. Luego seguirá su travesía hacia Argentina.

GBA Ships es la organización, sin fines de lucro, con base en Alemania, que comanda esta máquina marina, cuyo objetivo es “compartir conocimiento, ayuda y esperanza”, como señala Jemima Bessa, quien lleva un año y cinco meses en el barco y fue coordinadora en la visita a Valparaíso. Ella es una de los 400 tripulantes, personas voluntarias de diferentes partes del mundo que pagan por trabajar en el “Logos Hope”.

El corazón de este proyecto es la librería, que ofrece más de cinco mil títulos en 610 m {+2} , de los cuales un 70% es en español y un 30% en inglés. En el enorme espacio dentro del buque hay para todos los gustos: novelas, biografías, diccionarios, también textos de liderazgo, economía, música, cocina, religión e historia. Existe una sección especial para niños, con novelas clásicas infantiles como “Peter Pan” e historias de Disney, y ofertas de 2×1 de libros. La bolsa “Logos Hope” cuesta $3.000 y en ella se pueden llevar cuatro artículos diferentes. Porque esta librería también tiene lápices, libretas, artículos para colorear libros, botellas para agua y otros adminículos. La bodega del barco guarda 800 mil libros.

Los precios son muy convenientes. Como explica Jemima Bessa: “Cuando llegamos a Chile, nosotros pagamos los impuestos a los libros que se encuentran en nuestra librería. Entonces, para la gente que acude a comprar no hay impuesto”.

Como el “Logos Hope” pasa gran parte del año en viaje por el mundo, no es viable modificar en la tapa de los libros el valor de estos. Es por esto que poseen un sistema único de precios, les llaman unidades. Así, 100 unidades equivalen a dos dólares, lo que en Chile es $1.600. Los precios van desde las 50 unidades ($800) hasta las 1.500 ($24.000). Por ejemplo, a $3.200 se encuentran “Romeo y Julieta”, de Shakespeare; “Los viajes de Gulliver”, de Jonathan Swift; “Leyendas de la Alhambra”, de Washington Irving; “Los tres mosqueteros”, de Alejandro Dumas, y el volumen uno de “Las novelas ejemplares”, de Miguel de Cervantes. “Nelson Mandela”, de Beatrice Gormley, cuesta $4.800, y las memorias de la ex secretaria de estado estadounidense Condoleezza Rice, $6.400.

“Es genial que este barco llegue con todos estos libros a disposición. Me llevo como 15 productos, entre libros y otros artículos, y pagué $10 mil”, cuenta uno de los visitantes, un caballero mayor que se iba feliz.

Ingresar al “Logos Hope” cuesta $1.000, y una visita guiada, $2.000. En esta nave también hay otras actividades, como obras de teatro en su sala para 400 personas y una exposición, que también cobran entrada, cada una por separado.

El barco también realiza actividades en tierra, en la comunidad en donde estén atracados. “Hacemos acciones caritativas para fundaciones, comunidades y escuelas, según sus necesidades”, explica Jemima Bessa, sobre otras de la funciones de este gran barco librería.

“He llorado muchas veces aquí con historias de la gente”

Joan Usano, dueño de Takk:

“He llorado muchas veces aquí con historias de la gente”

El catalán explica las claves de su oficio, dice que su librería es como una sitcom y asegura que le importan un carajo las metas a largo plazo.

Lunes 11 de febrero de 2019, Por Daniel Rozas, Conversación La Segunda

Joan Usano (49, Olot, Cataluña) es un personaje ineludible del paisaje urbano del Drugstore.

Catalán irónico, malo para sobar lomos ajenos, pero sentimental y bromista en el trato personal, su presencia hierática disuade a los brutos sin paciencia que intentan profanar la paz civilizada de su librería.

El ritmo impasible del dueño de la Takk ha hecho que el público sea selecto y refinado; siendo imposible ver personas entrando a su local hablando por celular o de plata ni muchos menos sorbeteando un helado.

Hijo de trabajadores semianalfabetos, cuenta que sus padres le enseñaron la importancia del rigor profesional.

Refugio para solitarios y enclave social para escritores como Germán Marín, Diego Maquieira, Gonzalo Contreras o Rafael Gumucio, la Takk, más que una librería, es un lugar de encuentro que siempre está abierto y que goza de una clientela fiel: parroquianos que van 3 o 4 veces a la semana y que muchas veces solo quieren conversar con el dueño.

Su éxito, dice Joan, ha sido seguir siendo fiel a sus gustos, rechazando la oferta de las librerías de retail.

—¿En qué se diferencia un librero, como oficio, a un vendedor de libros?
—Es lo mismo. Lo que pasa es que los seres humanos siempre inventan categorías. Pero supongo que tu pregunta es tramposa y presupone que el librero es más romántico que el vendedor de libros. No sé. Al fin y al cabo es un negocio: no puedes vender por debajo de un costo, pero tampoco puedes renunciar a tener un fondo permanente de libros clásicos. Tiempo atrás me decían que la Takk era una librería boutique y yo me ofendía.

—¿Qué entiendes por fondo?
—Que la librería tenga una base de libros clásicos de la literatura universal: long sellers . Libros que siempre se venden.

—¿Cuántos ejemplares tienes en tu librería?
—Cerca de 22 mil títulos. Nunca lo he calculado, pero al ojo vendría a ser eso. Yo tengo mucho libro único, es decir, cuento con un solo ejemplar.

—¿Por qué?
—Porque son libros que se van a mover una vez al año. No puedes tener más porque te sobrestockeas y no hay espacio para guardar.

—¿Por qué tienes clientes fieles, que entran a la librería para conversar?
—Aquí se habla de cualquier cosa. Se cambia el mundo, se critica, se analiza; es muy divertido. La gente me dice que la librería es como una sitcom . Pasan cosas raras.

“Cuando viene un extraño saltan las alarmas”

Joan Usano conoce a todos los personajes del barrio después de casi 20 años trabajando en el sector. “Son inofensivos. Pero cuando viene un extraño, saltan todas las alarmas”, afirma, luego de que un personaje rarísimo, cargando un cuchillo, entre al segundo piso preguntando por un libro sobre plantas. Operado de los nervios, Joan lo escolta hacia la salida y le pide que se retire porque está cerrando.

—¿Cómo surgió tu interés por la lectura?
—Yo soy de familia obrera. En la casa de mis padres no había libros. En España, en los 70, había muchos vendedores de enciclopedias y los papás de las clases trabajadoras las compraban para que los hijos hicieran bien las tareas. Y yo, como soy curioso, me fui nutriendo y empecé a leer a partir de ahí.

—Tus padres no leían. ¿Crees que eso te otorgó cierta libertad lectora?
—Nunca fui guiado por nadie. Yo me he hecho a mí mismo con mis gustos. La curiosidad me ha llevado de un lado a otro. Cada lectura te lleva a otra y al final ya sabes qué es bueno y qué es malo. La biblioteca de Olot, en Cataluña, era un lugar introspectivo, donde paseaba, leía el diario y los libros; era un lugar para estar. Siempre pensé que me gustaría trabajar en una biblioteca o en una librería.

—¿Y cómo pasaste a ser dueño de la Takk?
—La persona que era la dueña de la Takk antes que yo, una chilena-italiana, me hizo el traspaso en 2006 porque ella se devolvía a Italia. Me dijo que quería contar con alguien que le permitiera recuperar la inversión y que le garantizara que la librería no iba a desaparecer. Y ella creía que la única persona capaz era yo.

Joan dice que, por aquel entonces, no tenía dinero, había renunciado, terminó la relación con su polola —la que lo trajo a Chile en 1999— y que la opción del negocio de la Takk surgió como “una conjunción de las estrellas. Fue como, oye huevón, tienes que meterte ahí, aunque no tengas respaldo. Y todo funcionó bien. La gente me conocía desde la Altamira, así que tenía un prestigio. Aunque como no tenía dinero, me daba susto porque tenía muchas obligaciones”.

—¿Y cuál fue la solución?
—Trabajar 4 meses seguidos sin ningún día festivo, doce horas diarias.

—¿Hay gente que aún paga los libros con tres cheques?
—Yo a la gente que conozco le doy facilidades. Pero algún día ese público desaparecerá. De hecho, ya se están muriendo clientes. Es una pena. Viene un recambio porque la juventud tiene otra parada ante el comercio.

—¿En qué sentido?
—Los jóvenes no están preparados para la serendipia; encontrarse con algo que nunca habían pensando que existía. La gente de mi edad es de ir a un lugar aunque no tengan idea de lo que se quieran llevar. Ahora no. La gente joven viene directo a buscar algo. Cada vez hay menos curiosidad. La juventud explora por internet.

—Ahora se encuentra todo en la red.
—Hoy la información la buscas sentado en tu escritorio. Antes tenías que mover el culo. Eso ha desaparecido. Y es normal, pero tiene algo malo. La curiosidad te hace percibir el saber de forma distinta. Afortunadamente para mi negocio, el libro electrónico no ha funcionado porque le falta corporeidad. En cambio el libro tiene esta facultad mágica de lo corpóreo. Lo terminaste, lo dejaste ahí, y de vez en cuando el mismo libro te recuerda que lo leíste.

—Después de 20 años ya eres parte del inventario del Drugstore.
—El Sebastián (la heladería), que es mi vecino, puede funcionar sin mí, pero estoy seguro que prefieren que yo esté porque la Takk le da algo distinto a su café. De hecho, no es casualidad que donde hay más escritores es ahí. Yo los conozco a todos. La librería es un referente para ellos. Acá viene mucha gente del rubro de la cultura. Entran famosos cada dos por tres.

“Chile es un país de poetas”

—¿Cuál es el perfil del público de la Takk?
—No me preocupa. Trato a todo el mundo por igual. Pero viene mucho profesional. Abogados, médicos, gente de la universidad.

—¿Qué busca el hombre y qué busca la mujer en tu librería?
—El hombre compra ensayo y la mujer ficción. La mujer es más de novela. Y la novela ha bajado; yo lo atribuyo a Netflix. La novela ha sido sustituida por las series de televisión. Como las maratones son largas y leer es una actividad que requiere tiempo; las series le sacaron horas a la lectura.

—¿Quiénes compran poesía?
—Más hombres que mujeres. Y sobre todo jóvenes. Yo tengo una sección muy grande, no sé si es la más completa de Chile, pero todo el mundo me dice que es la mejor. A mí una de las cosas que me parece notable de Chile es que todo el mundo conoce a los poetas vivos chilenos. Y yo tengo la sensación que todo el mundo sabe quién es Raúl Zurita y que incluso el lustrabotas sabe quién es Nicanor Parra. En cambio, tú vas a España y le preguntas a la gente que te diga quiénes son los poetas vivos y no saben. Todo chileno medianamente culto te sabe decir dos o tres poetas vivos. Y de la segunda mitad del siglo XX te pueden nombrar a Teillier, Lihn, De Rokha, Neruda, Mistral, Huidobro.

—¿A qué atribuyes este fenómeno?
—Que es un país de poetas. Pero yo no soy lector de poesía. La poesía es lo más difícil del mundo pero cuando te encuentras con un gran poeta como Kavafis a él si lo leo. Cualquier lector puede entenderlo porque es profundo y siempre hay un poema que te toca.

—¿Tienes una buena calidad de vida?
—Disfruto de mi rutina. Y este lugar es muy plácido y puedes encontrar gente interesante para conversar. Me confiesan cosas; he llorado muchas veces aquí con historias de la gente o de uno mismo. Cuando se murió mi padre (se le quiebra la voz)… sabes, es catártico. La gente olvida que siempre puede haber un desconocido que te puede ayudar en tu vida con una palabra cuando menos te lo esperas. Este negocio nunca lo he planificado porque me importan un carajo los objetivos.

—Con la irrupción de librerías por internet, ¿crees que vas a seguir con el negocio mucho tiempo?
—Yo sé que va a seguir un año más. Después, no tengo idea. Al principio, cuando me empezó a ir bien, había gente que se me aproximaba para hacer negocios, para abrir otras sucursales y yo les dije que ni cagando. Yo quiero disfrutar de la vida. Trabajo muchas horas, pero soy mi propio jefe.

—¿Te agotas?
—Cansa porque estás envuelto en una rutina. Pero la única meta es que este negocio sobreviva y que siga adelante. Hacerme rico no me interesa. Yo estoy acá 60 horas a la semana. No vivo para trabajar pero soy trabajólico.

—Te educaron así.
—Me inculcaron el rigor. Para mí es un insulto que me pongan un premio por hacer bien las cosas. Y creo que en Chile se pasa a llevar a la gente. La insultan cotidianamente poniéndoles bonos. Lo encuentro patético.