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Lo Barnechea suma biblioteca inclusiva a Centro Lector

barnechea

Para mayor integración:

Lo Barnechea suma biblioteca inclusiva a Centro Lector

El Mercurio, Domingo 12 de noviembre de 2017.

Naipes con braille, computadores que se pueden operar sin usar las manos, mesas para personas en silla de ruedas y ajedrez para quienes tengan problemas de visión son algunas de las novedades que tiene la nueva biblioteca inclusiva que se inauguró ayer en el Centro Lector de la comuna de Lo Barnechea.

Esos nuevos artículos y equipamientos permitirán recibir de la mejor manera a personas en situación de discapacidad. De esta forma, se cumplirá con el objetivo de integrarlas, sin separarlas del resto de los usuarios.

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Guaguatecas abren espacio para estimular y acercar a la lectura a niños de 0 a 5 años

Salas se multiplican en bibliotecas de Santiago y regiones:

Guaguatecas abren espacio para estimular y acercar a la lectura a niños de 0 a 5 años

Educación El Mercurio, Lunes 17 de julio de 2017.

Paula Leighton N.

Libros, instrumentos musicales y cuentacuentos son parte de los atractivos de estos lugares dedicados al fomento lector desde la primera infancia.

“Esta es la historia de un conejo de orejas largas, que iba por el bosque buscando fruta y cantando…”, narra la cuentacuentos rodeada de niños que se acercan a tomar un conejo de peluche, la escuchan desde la falda de su mamá o gatean sobre el suelo acolchado de la guaguateca ubicada en el Centro Lector de la Municipalidad de Lo Barnechea.

Virginia Briano tiene en brazos a su hijo José Pedro, de 6 meses. A su lado están Octavia de 2 y Jaime de 5 escuchando atentamente un cuento. “Aguacero es una lluvia fuerte”, le susurra a su hijo mayor cuando la cuentacuentos menciona la palabra.

Escenas como esta se repiten en bibliotecas de todo el país que en los últimos años han ido incorporando espacios de fomento de la lectura y estimulación temprana dedicados a niños de 0 a 4 o 5 años y sus cuidadores.

Libros con figuras grandes y coloridas o con páginas desplegables, otros de plástico que se pueden morder o de tela con texturas y sonidos, instrumentos musicales, juguetes para encajar y apilar, estanterías abiertas, muebles con bordes redondeados y suelos acolchados son la tónica de las guaguatecas.

Estas funcionan en forma permanente en centros lectores y bibliotecas públicas de las comunas de Santiago, Vitacura y Puente Alto, en la Región Metropolitana, y en Osorno y Coyhaique. También algunos días del mes en las Biblioteca Viva que la Fundación La Fuente tiene en Antofagasta, Concepción, Los Ángeles, Talcahuano y cinco sectores de Santiago.

“El fomento lector en la primera infancia tiene que ver con leer el mundo sensorial de las guaguas, exponerlas a colores, figuras, sonidos, texturas, la voz de la mamá”, explica Pilar Correa, directora del Área Educacional de la Corporación Municipal de Lo Barnechea.

Mackarena López, subdirectora de Biblioteca Viva Egaña, cuya guaguateca funciona todos los sábados a las 12, agrega que “a muchos niños los traen porque no van al jardín infantil, así que esta es una oportunidad para estimularlos fuera del hogar, que compartan con otros niños y tengan nuevas experiencias”.

“La ciudad tiene pocos lugares amigables para la primera infancia, por eso las familias valoran estos espacios acogedores e inclusivos, donde los niños pueden convivir y compartir con otros niños y los adultos hacerlo con otros en situación de crianza”, resume Marcela Valdés, directora de la Biblioteca de Santiago y quien acuñó el nombre “guaguateca”, adaptando así al uso nacional el de “bebeteca”, que se usa en otros países.

La Biblioteca de Santiago fue la primera en abrir una guaguateca, hace 12 años. “Hoy la Dibam está considerando estos espacios para los más pequeños en todas las bibliotecas regionales que se construirán y, en ese sentido, al ser cabecera nacional somos una suerte de laboratorio para su implementación”, indica Valdés.

Tanto esta como las demás guaguatecas han preparado actividades especiales para estas vacaciones de invierno, como cuentacuentos y obras de teatro para los más chicos.

Las buenas cifras de las bibliotecas públicas en Chile

bibliotecas-pub

Cultura El Mercurio, Domingo 16 de julio de 2017.

Todos sus servicios son gratuitos:

Las buenas cifras de las bibliotecas públicas en Chile

Romina de la Sotta Donoso

Gonzalo Oyarzún , la máxima autoridad del ámbito en el país, comenta el explosivo aumento de usuarios digitales y el perfeccionamiento del proceso de compra de libros. También revela nuevos planes con Gendarmería.

El gran salto se dio el año pasado. La Biblioteca Pública Digital (BPD) pasó de 13.300 préstamos anuales a 113.575. Explosivo aumento que se explica principalmente por dos factores, según Gonzalo Oyarzún, encargado del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas y subdirector de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam).

“El año pasado implementamos una aplicación que facilitó el acceso; me permite pedir el libro en la computadora, leerlo en mi tablet y retomarlo en la misma página en mi teléfono mientras me traslado. Lo otro fue la enorme llegada de libros digitales en español”, aclara. “Las estadísticas muestran que ya superamos los 70 mil préstamos entre enero y junio. Este crecimiento es consistente y parece no tener marcha atrás; la BPD es la tercera biblioteca pública que más presta en Chile. Además, el número de reservas es altísimo, en el primer semestre hubo 31.693”.

-¿Cómo se comporta la lectoría en la Biblioteca Pública Digital?

“Es muy parecida a la de las bibliotecas públicas. Tenemos una alta concentración de préstamos en un grupo de 10 a 20 títulos, pero eso equivale a menos del 10% del total, y el libro más leído está cerca del 0,4% de los préstamos”.

-¿Han disminuido los lectores en bibliotecas por la BPD?

“No. Las dos bibliotecas que más libros prestan son la Biblioteca de Santiago y Bibliometro. Además, en los últimos años el préstamo de libros ha aumentado sistemáticamente en las bibliotecas públicas. En 2010 eran poco más de un millón 100 mil, y el año pasado fueron casi 2 millones”.

Proceso de compra

El sistema que dirige Oyarzún es responsable, entre otras cosas, de la adquisición de libros para las más de 450 bibliotecas públicas que hay desde Visviri a Puerto Williams.

En 2013 hubo polémica porque se compró, entre otros, dos biografías de Camiroaga y superventas de Pilar Sordo, Isabel Allende, Hernán Rivera Letelier y Pablo Simonetti. Fueron elegidos por 250 bibliotecarios.

“Los libros que generaron la polémica y que fueron los más pedidos, eran dos sobre 12 mil. Fueron 350 ejemplares sobre 45 mil. Me parece muy bien que haya gente que esté muy atenta a cómo estamos comprando, pero en la última década nos hemos dedicado a profundizar el proceso democrático y participativo de adquisición de libros. Siempre se dice que vamos a regionalizar o a dar libertad, pero después hay nerviosismo cuando todos quieren leer el libro de Baradit o ‘Relatos de una mujer borracha’. Asumamos las consecuencias de la libertad”.

-¿Se perfeccionó el sistema?

“Hemos entregado sobre el 50% de la selección de los libros a las regiones, donde se generan modelos participativos. Y entre el 20% y el 30% son seleccionados por los bibliotecarios de todo el país en la Feria del Libro. Hemos trabajado tres años para perfeccionar este proceso, que ahora también cuenta con un comité de recomendaciones, integrado por periodistas, académicos, bibliotecarios y gente de regiones”.

Tras una primera lista de 700 títulos, el comité discute y elabora una lista corta de 200, que distribuyen en el país. “Más del 90% de las comunas de Chile no cuenta con una librería donde hojear un volumen, así que esta lista es una buena guía antes de que los bibliotecarios vengan a la Feria del Libro”.

-¿Cómo responde a las críticas de que en las bibliotecas haya libros de cocina o de autoayuda?

“Tenemos una mentalidad súper conservadora, de que las bibliotecas solo son para prestar libros. Pero hoy día no tiene ningún sentido una biblioteca pública como conservadora de una cultura y un patrimonio al cual solo algunos pueden acceder. Lo principal en una biblioteca no son sus libros ni la infraestructura, sino la comunidad a la que sirve, y trabajamos pensando en el habitante real del territorio”.

Así, por ejemplo, BiblioRedes capacita cada año a más de 50 mil personas en ámbitos como la programación: “Más del 65% de las capacitaciones de las distintas agendas digitales se hacen a través de este programa”.

Otro proyecto estrella lo tienen con Gendarmería. Están instalando laboratorios y bibliotecas en todos los recintos penitenciarios con más de 50 internos. El 37,6% de los internos del país ya tiene acceso al servicio y han pedido 16 mil libros. “También hay actividades de fomento lector, con los gendarmes y las familias, y se capacitan en alfabetización digital. Todo esto genera un ambiente propicio para la reinserción laboral, social y familiar. Y se puede ir más allá; en Francia, por ejemplo, se aprobó una ley de que por cada libro leído tú tienes un día menos de reclusión. Y han detectado que del grupo que participa en ese programa solo un 10% reincide, frente al 60% del resto. Claramente, ahí hay una oportunidad”, cierra Oyarzún.

Fomento a la lectura

Editorial El Mercurio, Santiago, Chile. 19/02/2017

Es posible que hoy se lea bastante, porque las tecnologías contemporáneas -correos electrónicos, chat, páginas de internet, redes sociales- no solo usan imágenes, sino también textos. Además de esas tecnologías, en todos los ámbitos de la vida cotidiana el profesional y ciudadano se topa con textos que entender, aplicar y responder. Las habilidades para escribir y leer tienen, entonces, una dimensión práctica indudable. Con todo, el fomento de la lectura debe partir del reconocimiento del papel inconmensurable e insustituible que esta cumple en lograr el igual acceso a los saberes y bienes culturales que forman parte del legado civilizatorio. Si solo una élite puede entender y apreciar esos bienes, toda otra igualdad es ilusoria. La posibilidad de extender los horizontes más allá de la situación social a la cual se pertenece, es decir, adquirir universalidad, pasa por ponerse en contacto con la diversidad y riqueza de valores de la humanidad que hasta hoy se encuentran contenidos en libros, cualquiera sea el formato -digital o impreso- en que ellos se presenten. Fomentar la lectura consiste, pues, en fomentar la lectura de libros.

Los gobiernos democráticos vienen elaborando planes de fomento a la lectura bien intencionados, pero que no abordan lo medular: la relación que la escuela establece entre el alumno y la lectura de libros.

El aprendizaje temprano de las habilidades lectoras y la creación de hábitos de lectura resultan claves. Y es unánime entre quienes han pensado en este asunto la triste conclusión de que la manera en que los colegios introducen a los niños en el universo de los libros es contraproducente. La pedagogía y los objetivos y mecanismos educacionales vigentes parecen, sin quererlo, operar en contra del objetivo buscado. Es indispensable revisar radicalmente este tema con la vista puesta en la necesidad de recuperar, sobre todo, el placer de leer; la gradualidad medida por los intereses y preocupaciones del futuro lector (es él y no un programa centralizado quien debe definir el itinerario de lecturas), y un enfoque que conecte la lectura con la vida. La lectura de libros no es una actividad desvitalizante, que aparta de la realidad, sino que está abierta hacia ella, ofrece caminos de comprensión del otro y de sí mismo, acerca a enigmas que a todos interrogan urgentemente y que otras disciplinas no abordan.

El fomento a la lectura no se enfrenta al problema del acceso al libro porque nunca como hoy en la historia ese acceso ha sido más libre, masivo y barato. En cambio, pasa por crear hábitos de lectura en una sociedad que ha dejado de ser lectora. Ese es el problema, porque es difícil crear esos hábitos de lectura placentera si en la familia y entre los amigos no hay modelos concretos y entusiastas de lectores, mientras que el nivel de lectoría entre los docentes es escaso. El giro empieza por ellos, por convertirse en alegres promotores de los libros, capaces incluso de involucrar al hogar en esta cruzada.

Tendencia: La mayor red cultural de Chile

[Artículo como parte de “las grandes visitas, controversias e hitos en el recuento cultural de 2016” publicado en el suplemento Artes y Letras del diario El Mercurio del domingo 11 de diciembre de 2016. Seleccionamos un extracto de este artículo, referido a las bibliotecas].

Gestión cultural: un año de controversias, multitudes y progreso digital

El Centro Cerrillos todavía tiene enfrentados a críticos y especialistas. Mientras, el Centro Cultural La Moneda ha tenido más de 1 millón 200 mil vistas, gracias a sus exposiciones sobre Egipto y China, y las bibliotecas públicas se consolidan como el gran sistema cultural de Chile, especialmente con el explosivo crecimiento de su servicio digital. Todavía se espera el Ministerio de las Culturas y la seguridad en museos y otros recintos sigue al debe.

(…)

Tendencia: La mayor red cultural de Chile

2 En Chile, hay más bibliotecas públicas que sucursales de BancoEstado. Con esa broma, pero en serio, Gonzalo Oyarzún, subdirector del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de la Dibam, grafica una evidencia: que son “la red cultural más grande de Chile”. Se trata de un universo que recibe al año cerca de 15 millones de personas, realiza unos 2 millones de préstamos y que incluye a servicios como las Bibliotecas Regionales, BiblioRedes, Bibliometro (cumplió 20 años), Bibliomóviles y la Biblioteca Pública Digital. Esta última marcó en 2016 un hito: desde enero a noviembre registra 75 mil usuarios (tenían 9 mil a principios de año), 88 mil préstamos de libros, y su colección cuenta con 12 mil títulos y 22 mil ejemplares. “Hoy es la tercera en préstamo de libros”, dice Oyarzún, “llega a todo el territorio e incluso a chilenos en el extranjero”; una labor que fue reconocida con un premio a la innovación Avonni. También destaca la inauguración y reinauguración de nueve bibliotecas y espacios bibliotecarios, por ejemplo, en Río Claro, Coquimbo, Mulchén y Maule. También 18 nuevas bibliotecas en centros penitenciarios, que se suman a las 15 abiertas el año pasado y que para 2018 abarcará el 100% de los recintos. Otro hito es que, después de 20 años, hace un mes, la Bibliolancha de Quemchi, en Chiloé, cuenta con su propia embarcación; un logro que coincide con el reconocimiento a Teolinda Higueras -el motor de ese proyecto- como una de las 100 mujeres líderes de la revista Sábado.

Bibliotecaria de Quemchi, una de las 100 Mujeres Líderes 2016

teolinda

El Mercurio, Domingo 27 de noviembre de 2016.

Teolinda Higueras, bibliotecaria de Quemchi que hace más de 20 años lleva libros y material didáctico a las comunas más alejadas de Chiloé en su “bibliolancha”.

Biblioteca Nacional del futuro: proyectan nuevo espacio en el subsuelo

futuro

Biblioteca Nacional del futuro: proyectan nuevo espacio en subsuelo.

El Mercurio de Santiago, Domingo 9 de agosto de 2015.

Una plaza pública con una anhelada conexión con el Metro, salas de lectura, talleres, oficinas y cuatro niveles de depósitos contemplan los resultados del Plan Maestro. En septiembre se inician las primeras excavaciones arqueológicas bajo el jardín de calle Mac Iver.

IÑIGO DÍAZ Cincuenta años tardó en levantarse el monumental edificio proyectado por el arquitecto Gustavo García Postigo, de quien se ha dicho era cercano al francés Emilio Jecquier, autor del Museo de Bellas Artes y la Estación Mapocho. La Biblioteca Nacional ha sido considerada el primer edificio moderno del país, construido en toda una manzana y completamente en hormigón armado. Lo paradojal, según refieren los expertos, es que nunca llegó a terminarse.

“Es un proyecto trunco. Se trataba de un edificio interconectado espacialmente en una manzana que no se completó”, dice el arquitecto Fernando Pérez. Su equipo del Observatorio de Ciudades de la U. Católica ha encabezado el análisis arquitectónico para el Plan Maestro de la Biblioteca Nacional, que proyectará sus próximos 200 años de vida.

“Originalmente el pabellón de la biblioteca daba a la Alameda, el del Museo Histórico hacia Miraflores y el del Archivo Nacional hacia Mac Iver, donde hoy está el jardín, mientras que hacia Moneda se había proyectado un paraninfo, un salón de actos o auditorio. Todo eso fue modificándose con el tiempo”, agrega Pérez.

El equipo que elabora el Plan Maestro se constituyó en 2012, incluyendo a personeros de la biblioteca. Durante tres años ha observado el pasado y el presente de la institución, con miras a diagnosticar sus necesidades de espacio y de relación con los ciudadanos.

“Este es un edificio patrimonial y memorial, fundado con el concepto positivista de que el acceso al conocimiento hace a los pueblos libres. Pero también tiene una función de plaza pública que debemos revitalizar”, dice su directora, Ana Tironi. “El mal crónico de todos los archivos y bibliotecas es la falta de espacio. Es nuestra mayor necesidad: estamos realmente saturados y tenemos que crecer”, agrega. La pregunta es ¿hacia dónde?

El lado digital

El Plan Maestro determinó que ese crecimiento deberá ser hacia el subsuelo, a través de una ampliación semejante a la que se realizó en el Museo de Arte Precolombino con su gran sala Chile antes de Chile. Salvo que aquí se proyectarán cinco niveles.

“Cualquier construcción que se haga será bajo el jardín del ala poniente. Esas áreas verdes no se van a tocar, sino mejorar. Y la idea es que esté conectada con la estación Santa Lucía del Metro, de una manera similar a lo que ocurre en París con la estación que permite un acceso al museo de Louvre”, anticipa Fernando Pérez.

“Esa construcción contemporánea tendrá luz natural a través de tragaluces y albergará entonces las dependencias de la Biblioteca Nacional Digital y Memoria Chilena, que representan nuestro enfoque de futuro. Se contempla un nivel de plaza pública, con accesos, salas de lectura, oficinas y espacios para talleres, además de otros cuatro niveles de depósitos. Es un proyecto enorme”, apunta Tironi.

En efecto, se estiman más de 7.000 m {+2} y costos que superan los $18.000 millones. El proyecto considera un estudio arqueológico, a cargo de Claudia Prado, del Consejo de Monumentos Nacionales, y otro histórico, con Alfredo Palacios, que se enfocará en la antigua existencia del Convento de las Claras, demolido para la construcción del edificio (ver recuadro).

En septiembre se inician las primeras prospecciones en busca de restos de valor arqueológico, que, según dice Tironi, serán considerados patrimonialmente e incorporados a la nueva construcción. El segundo semestre de 2016 se llamará a un concurso arquitectónico internacional, y en 2017 se desarrollará su diseño (que costará $935 millones). En el mejor de los casos, con los recursos estatales comprometidos, las obras se iniciarían en 2018.

Actualmente la Biblioteca Nacional cuenta con diversos depósitos externos para sus copias “dos” -o de respaldo de libros-, y además mantiene unidades de almacenamiento de contenidos digitales con unos 200 discos duros de alta intensidad, equivalentes a 350 TB. “Cada día crecen más las consultas digitales respecto de las directas”, dice Tironi. “El brazo digital de la biblioteca es importantísimo, es el acorazado del siglo. La nueva construcción será parte de este enfoque”, concluye Pérez.

Los 300 años del convento

Perdieron su documentación durante las emboscadas indígenas en el sur de Chile, apenas llegadas desde España en 1571. Unas quince monjas de la Orden de las Clarisas -devotas de Santa Clara- habían arribado a Osorno. Pero ante el clima bélico se desplazaron a Santiago en 1603, donde fueron socorridas.

“Las autoridades les entregaron tierras a los pies del cerro Santa Lucía para la construcción de su convento. Se dedicaban a la contemplación, tenían indígenas a su servicio y fabricaban cerámicas muy famosas porque emitían fragancias”, dice el doctor en historia Alfredo Palacios, quien estudia el convento que por 300 años ocupó la superficie donde hoy está la Biblioteca Nacional.

Se llamaban Clarisas, pero pronto fueron reconocidas como Las Claras. “Los terremotos de 1647 y 1730 derrumbaron el convento, que luego volvió a construirse hasta que en 1913 se inicia la edificación de la biblioteca. Entonces emigraron al sector de Recoleta y hoy están vigentes, aunque con muy pocas religiosas, en Puente Alto”, dice Palacios.