Fomento a la lectura

Editorial El Mercurio, Santiago, Chile. 19/02/2017

Es posible que hoy se lea bastante, porque las tecnologías contemporáneas -correos electrónicos, chat, páginas de internet, redes sociales- no solo usan imágenes, sino también textos. Además de esas tecnologías, en todos los ámbitos de la vida cotidiana el profesional y ciudadano se topa con textos que entender, aplicar y responder. Las habilidades para escribir y leer tienen, entonces, una dimensión práctica indudable. Con todo, el fomento de la lectura debe partir del reconocimiento del papel inconmensurable e insustituible que esta cumple en lograr el igual acceso a los saberes y bienes culturales que forman parte del legado civilizatorio. Si solo una élite puede entender y apreciar esos bienes, toda otra igualdad es ilusoria. La posibilidad de extender los horizontes más allá de la situación social a la cual se pertenece, es decir, adquirir universalidad, pasa por ponerse en contacto con la diversidad y riqueza de valores de la humanidad que hasta hoy se encuentran contenidos en libros, cualquiera sea el formato -digital o impreso- en que ellos se presenten. Fomentar la lectura consiste, pues, en fomentar la lectura de libros.

Los gobiernos democráticos vienen elaborando planes de fomento a la lectura bien intencionados, pero que no abordan lo medular: la relación que la escuela establece entre el alumno y la lectura de libros.

El aprendizaje temprano de las habilidades lectoras y la creación de hábitos de lectura resultan claves. Y es unánime entre quienes han pensado en este asunto la triste conclusión de que la manera en que los colegios introducen a los niños en el universo de los libros es contraproducente. La pedagogía y los objetivos y mecanismos educacionales vigentes parecen, sin quererlo, operar en contra del objetivo buscado. Es indispensable revisar radicalmente este tema con la vista puesta en la necesidad de recuperar, sobre todo, el placer de leer; la gradualidad medida por los intereses y preocupaciones del futuro lector (es él y no un programa centralizado quien debe definir el itinerario de lecturas), y un enfoque que conecte la lectura con la vida. La lectura de libros no es una actividad desvitalizante, que aparta de la realidad, sino que está abierta hacia ella, ofrece caminos de comprensión del otro y de sí mismo, acerca a enigmas que a todos interrogan urgentemente y que otras disciplinas no abordan.

El fomento a la lectura no se enfrenta al problema del acceso al libro porque nunca como hoy en la historia ese acceso ha sido más libre, masivo y barato. En cambio, pasa por crear hábitos de lectura en una sociedad que ha dejado de ser lectora. Ese es el problema, porque es difícil crear esos hábitos de lectura placentera si en la familia y entre los amigos no hay modelos concretos y entusiastas de lectores, mientras que el nivel de lectoría entre los docentes es escaso. El giro empieza por ellos, por convertirse en alegres promotores de los libros, capaces incluso de involucrar al hogar en esta cruzada.

Tendencia: La mayor red cultural de Chile

[Artículo como parte de “las grandes visitas, controversias e hitos en el recuento cultural de 2016” publicado en el suplemento Artes y Letras del diario El Mercurio del domingo 11 de diciembre de 2016. Seleccionamos un extracto de este artículo, referido a las bibliotecas].

Gestión cultural: un año de controversias, multitudes y progreso digital

El Centro Cerrillos todavía tiene enfrentados a críticos y especialistas. Mientras, el Centro Cultural La Moneda ha tenido más de 1 millón 200 mil vistas, gracias a sus exposiciones sobre Egipto y China, y las bibliotecas públicas se consolidan como el gran sistema cultural de Chile, especialmente con el explosivo crecimiento de su servicio digital. Todavía se espera el Ministerio de las Culturas y la seguridad en museos y otros recintos sigue al debe.

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Tendencia: La mayor red cultural de Chile

2 En Chile, hay más bibliotecas públicas que sucursales de BancoEstado. Con esa broma, pero en serio, Gonzalo Oyarzún, subdirector del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de la Dibam, grafica una evidencia: que son “la red cultural más grande de Chile”. Se trata de un universo que recibe al año cerca de 15 millones de personas, realiza unos 2 millones de préstamos y que incluye a servicios como las Bibliotecas Regionales, BiblioRedes, Bibliometro (cumplió 20 años), Bibliomóviles y la Biblioteca Pública Digital. Esta última marcó en 2016 un hito: desde enero a noviembre registra 75 mil usuarios (tenían 9 mil a principios de año), 88 mil préstamos de libros, y su colección cuenta con 12 mil títulos y 22 mil ejemplares. “Hoy es la tercera en préstamo de libros”, dice Oyarzún, “llega a todo el territorio e incluso a chilenos en el extranjero”; una labor que fue reconocida con un premio a la innovación Avonni. También destaca la inauguración y reinauguración de nueve bibliotecas y espacios bibliotecarios, por ejemplo, en Río Claro, Coquimbo, Mulchén y Maule. También 18 nuevas bibliotecas en centros penitenciarios, que se suman a las 15 abiertas el año pasado y que para 2018 abarcará el 100% de los recintos. Otro hito es que, después de 20 años, hace un mes, la Bibliolancha de Quemchi, en Chiloé, cuenta con su propia embarcación; un logro que coincide con el reconocimiento a Teolinda Higueras -el motor de ese proyecto- como una de las 100 mujeres líderes de la revista Sábado.

Bibliotecaria de Quemchi, una de las 100 Mujeres Líderes 2016

teolinda

El Mercurio, Domingo 27 de noviembre de 2016.

Teolinda Higueras, bibliotecaria de Quemchi que hace más de 20 años lleva libros y material didáctico a las comunas más alejadas de Chiloé en su “bibliolancha”.

Problemas con acceso a fuente

La Bibliotecaria al Día está con serios problemas para acceder a El Mercurio, la fuente más utilizada para informarles. Esperemos que se solucione pronto.