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Opinión: “IVA en los libros”

Carta publicada el Miércoles 6 de Febrero de 2019 en el diario El Mercurio

“IVA en los libros”

Señor Director:

En el debate sobre las librerías populares se han dado a conocer los costos de los libros y quién los asume, apareciendo recientemente en ese medio el IVA.

En esta materia, cualquier iniciativa para eliminar ese impuesto significará que el fisco tendrá que devolver al vendedor el valor del crédito fiscal que le generan los pagos de las importaciones o insumos de su edición en Chile. De no ocurrir así, el vendedor o librero asumirá ese costo traspasándolo irremediablemente al precio.

Franco Brzovic González
Abogado

Opinión: “Librerías populares”

“Librerías populares”

Carta publicada en Las Últimas Noticias el Miércoles 6 de febrero de 2019.

La venta de libros en librerías populares a menor precio debido a que no tienen fines de lucro causa grave daño a las pequeñas. Creo que se debe considerar un importante hecho: las obras están gravadas por el 19% del IVA en su venta al público, sin perjuicio de que el autor ya canceló a la imprenta también un 19% por igual concepto, impuesto a bienes o servicios y a su vez nuevamente al entregarlo al librero para su venta. O sea un 57 % sobre el mismo objeto, con lo que lo encarece, valor que finalmente costea el lector. Una solución sería eliminar dicho gravamen.

Luis Villagra Reveco

Opinión: “Libros, lucro y piscolas”

“Libros, lucro y piscolas”

Miércoles 6 de febrero de 2019, Fernando Claro V., Opinión La Segunda

“La polémica de la «librería popular» es análoga a las viejas añoranzas del Chile pasado, con la CTC e Iansa en manos del Estado”.

La polémica del verano llegó con los libros, y trae dos novedades. La primera, urgente: por fin se habló de libros y lectura en vez de lucro y copago. La segunda, interesante: primera vez que gente del ambiente cultural está del lado de «los malos». Los libreros fueron acusados de lucradores —duró poco la fiesta sin el diablo— y se defendieron.

Sobre los «libros caros», ya se ha dicho bastante: el problema en Chile no son los libros, sino que los lectores. «Kafka, Carrère o Capote valen en cualquier librería $8.000; o sea, dos combos de McDonalds», dijo la librera Macarena Fernández. Qué decir sobre el precio y cantidad de conciertos, como señaló Gonzalo Oyarzún; el desorbitado aumento en idas al cine; y el gasto semanal en cervezas y piscolas. ¿En Chile no se compran libros porque valen en promedio 11 mil pesos? Si hubiera ganas de leer, simplemente se leería más —lo que además bajaría los costos, por cuestiones de tiraje—.

La polémica de la «librería popular» —una librería estatal-municipal que vende libros a precios subsidiados— es análoga a las viejas añoranzas del Chile pasado, con la CTC e Iansa en manos del Estado. Son imágenes cargadas de nostalgia, pero que evocan un pasado desgraciadamente ineficiente y monopólico, en el que primaba evitar conflictos y ganar votos. Por eso había grandes sueldos, pero malas líneas de teléfonos. Y por eso plantas azucareras a orillas del lago Llanquihue, confundiendo remolacha con salmones (la idea era estar al medio de un campo, no de agua). En esas empresas se evita el choque, como si la vida no estuviese hecha de choques, y ningún sujeto paga los errores. Sólo los chilenos, día a día, con nuestros impuestos. Esta es la regla en las empresas estatales, y cuando no, es la excepción. Y como las políticas públicas se hacen en base a reglas y no excepciones —cuestión que muchos no quieren entender— estas empresas son una mala idea.

A eso se suma otro problema, y peor, que aparece con los «precios subsidiados». Como bien dijeron los libreros, si al lado les ponen una «librería popular», en pocos días, morirán. Y lo que es peor, si alguno estaba pensando «instalar una librería en Copiapó, mejor no lo ha[ce] porque el alcalde puede poner una librería popular al frente y [lo] saca del mercado», como dijo Pablo Dittborn. Listo, se liquidó el mercado. En el largo plazo no habrá librerías y quedará sólo la municipal, obviamente dirigida por el alcalde. Me imagino las glamorosas ediciones del Manifiesto Comunista o los discursos de Chávez en Recoletras, miles de ejemplares de «La revolución silenciosa» en Las Condes, o una esotérica reedición de «Todo… está en ti», de Gerardo Rocha, en Maipú.

Dittborn sentenció: «El alcalde Jadue dice que agrandó el sistema de librerías del país, pero en realidad lo frustró». Linda idea la de condenar a los lucradores, como siempre.

Editorial de El Mercurio: “Precio del libro en Chile”

Precio del libro en Chile

Editorial de El Mercurio publicado el Martes 5 de Febrero de 2019.

Asumir los costos de librería con fondos municipales implica una eventual competencia desleal.

La inauguración de una librería “popular” en la comuna de Recoleta, subvencionada por el municipio que lidera el alcalde Daniel Jadue, ha provocado justificadas aprensiones en el mundo del mercado del libro nacional. Se trata este de un mercado pequeño pero altamente competitivo, pues a los locales físicos de venta minorista se han sumado en los últimos años los portales de internet, que trabajan con un modelo de costos que les permite hacer importantes descuentos, no muy diferentes, de hecho, de los ofrecidos por la nueva librería de Recoleta. Esto, con la salvedad importante de que esos menores costos, en el caso de las ofertas en línea, son asumidos por sus propietarios.

El precio del libro en Chile está formado básicamente por cuatro factores: derechos de autor, impresión, distribución y venta, que en términos porcentuales se distribuyen, respectivamente, en 10, 30, 20 y 40 por ciento. Son guarismos que pueden variar en cada caso particular, pero ellos indican una tendencia que se ha mantenido desde hace varias décadas. En esta distribución no está contemplado el IVA, por lo que ese factor se suma al precio al final de la cadena.

Distinta es la realidad del precio del libro importado, cuyo valor sube sensiblemente por los costos de transporte e internación. Hay áreas como el mundo de la narrativa que requieren estar siempre al día en sus ofertas, o el grupo de los textos técnicos que se ven inevitablemente afectados por esta situación, más aún si las partidas de ejemplares no suelen ser masivas. Ello, aunque hace años este producto también vive una intensa competencia de las librerías online de libros físicos y de ebooks.

Puede afirmarse que hay en este sector una saludable libertad de precios que permite al consumidor elegir entre distintas alternativas, donde son decisivas las numerosas ferias organizadas por los gremios, que cubren prácticamente todo el año mediante distintas iniciativas y que actúan como un complemento eficiente para el equilibrio de precios. Todo, dentro de la realidad estrecha que impone un mercado pequeño como el chileno, imposible de comparar con las situaciones de países como Argentina, México o España, centros neurálgicos de la vida editorial del mundo iberoamericano.

Este diagnóstico fue el que mantuvo la política del libro del último gobierno de Bachelet, que en vez de proponer la eliminación del IVA, que nunca estuvo en su programa, promovió de manera intensa, y con buenos resultados, la internacionalización de las editoriales chilenas a través de una activa participación en ferias internacionales, buscando así masividad y nuevos mercados.

Todo ello escapa de los criterios que busca imponer el alcalde de Recoleta, quien al eliminar el margen de ganancia del librero y asumiendo los costos de la librería con fondos municipales, da una señal que podría calificarse como de competencia desleal y antimercado, dañando de paso la imagen del librero, pues este no margina un 40 por ciento, sino una fracción menor, después de asumir los costos de gestión de su local.