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Lanzan la Semana del Delincuente

The Clinic. 23/06/2009

Para promover el debate sobre el derecho de autor en Chile, la ONG Derechos Digitales lanzó la campaña viral No soy un delincuente y proclama el siguiente manifiesto:

“El proyecto de ley de propiedad intelectual que el gobierno ha enviado al Congreso es el primer intento serio de insertar excepciones y limitaciones a un régimen de propiedad intelectual anticuado y absurdo en favor de todos nosotros, la sociedad civil. Es la primera vez desde 1970 en que una modificación a la ley no está pensando en solo aumentar las penas, en acrecentar los plazos de protección o en inventar nuevos tipos de derechos que benefician a unos pocos: está dirigida a poner término a un desequilibrio inaceptable a favor de los autores y las empresas y en contra de todos nosotros para la sociedad del siglo XXI.

Llama la atención, entonces, la reacción alarmada de artistas bajo el alero de su sociedad de gestión colectiva de derechos. Dicen que la nueva ley pretende ignorar a los artistas. Dicen que la nueva ley pretende atacar a las sociedades de gestión. Dicen que la nueva ley pretende legalizar la fotocopia. En una sociedad libre podemos aceptar desacuerdos y distintos puntos de vista. Pero no podemos someternos a intentos de desinformar a la ciudadanía.

Este es un pequeño esfuerzo para dejar las cosas en claro. Con la ley lo que se persigue es aumentar las penas para los delitos contra la propiedad intelectual, fijar reglas claras de responsabilidad para los prestadores de servicios de Internet, y autorizar ciertos usos de las obras a favor de las bibliotecas, los archivos y el público.

Para nosotros es relevante:
1.- Ampliar esas autorizaciones.
2.- Fortalecer el dominio público.
3.- Fijar reglas que no hagan peligrar nuestros derechos fundamentales como usuarios y personas.
En algo estamos de acuerdo:
También queremos un trato justo. Pero no únicamente para algunos, sino que un trato digno y justo PARA TODOS”.

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Edición: “La Concertación no ha revertido el apagón cultural de la dictadura”

The Clinic.23/05/2009

Inspirado su nombre en un famoso ensayo de Virginia Woolf, la editorial independiente Cuarto Propio cumple hoy 25 años. Fundada por la economista Marisol Vera con el fin de canalizar la resistencia intelectual que estaban haciendo un grupo de mujeres ante la dictadura, la editorial publicó en sus inicios a autores hoy consagrados como Diamela Eltit, Carla Cordua, Pedro Lemebel y Claudio Bertoni. Vera cuenta aquí anécdotas de la editorial que se mantuvo durante años vendiendo la taquillera agenda Click, habla sobre el IVA al libro y el maletín literario y defiende a las escritoras nacionales: “Las mujeres escriben desde lugares que indagan en espacios menos tradicionales”.

Catalina May

Es el inicio de los años 80 y en Santiago la economista Marisol Vera cita a una reunión especial a un grupo de mujeres con quienes se reúne normalmente para reflexionar sobre lo que está pasando en Chile. Tales encuentros se generan en torno a las acciones del Colectivo Acciones de Arte (C.A.D.A.) o a los talleres que mujeres como Diamela Eltit hacen con pobladoras. En esta reunión especial, Vera les plantea que los contenidos de estos encuentros son demasiado importantes para que queden sólo ahí. Atentas la escuchan, entre otras, las artistas Lotty Rosenfeld y Roser Bru, la escultora Francisca Cerda y la poeta Carmen Berenguer. Vera insiste en que le parece muy importante el ambiente de efervescencia creativa y reflexiva que las rodea. Habla del panorama editorial chileno, recuerda a la desaparecida Editorial Quimantú y critica la pasividad y el miedo a la censura en que se encuentran las editoriales que aún existen, como Zig-Zag, Universitaria y Andrés Bello, que editan sólo libros que no causan conflictos con la dictadura, libros ajenos a todo cuestionamiento. Y entonces, anuncia: “Voy a poner una editorial para dar un espacio, una salida a todo lo que se está creando. Se va a llamar Cuarto Propio”.

Ella misma se sorprende. Parecía estar inspirada ese día. Es que ni siquiera había pensado en el nombre, que viene del célebre libro donde la escritora inglesa Virginia Woolf plantea cómo la mujer ha debido durante la historia abrirse un espacio propio desde donde participar e influir en la vida social, política y cultural. De hecho, el logo de la editorial, hasta hoy, es nada menos que la cara de la novelista inglesa.

NACE UNA EDITORIAL
Hoy, cuando se cumplen 25 años de Cuarto Propio, Marisol Vera recuerda cuando tenía 13 años y por primera vez leyó a Virginia Woolf. “Me marcó profundamente su discurso. Yo desde chica era rebelde frente al esquema en que los hombres tienen permisos y licencias que las mujeres no. Fue como una revelación. Efectivamente, una mujer, para poder crear a la par de un hombre, tiene que tener un ‘cuarto propio’ y algo que la sustente. Y esa lectura de mi adolescencia calzó perfectamente bien con el momento en que surgió la editorial: era un cuarto propio dentro de la dictadura”.

La idea de la editorial era dar especial cabida a libros de autores y temáticas emergentes, y los temas que en ese momento más apasionaban a Marisol Vera eran los relacionados con el rol de las mujeres en la sociedad. La realidad política del país, con hombres cesantes y perseguidos, había obligado a las mujeres a asumir un rol socialmente más activo, defendiendo a sus hijos y esposos, manteniendo sus hogares y haciendo ollas comunes. “Eso fue un campo fértil para el trabajo que se nutrió de este momento histórico de represión y agote de los discursos tradicionales. Y surgió el tema de género como algo muy revolucionario y subversivo de los órdenes establecidos”, explica Vera. Una de las primeras acciones importantes que realizaron en este sentido fue el Congreso de Literatura Femenina, en 1984, que reunió a gente de Latinoamérica y España a pensar estos temas. De ahí surgió “Escribir en los bordes”, libro que Cuarto Propio editó en 1987.

Crear y mantener una editorial independiente en esos años de dictadura era un objetivo especialmente complicado. Diamela Eltit, que publicó algunos de sus primeros libros en Cuarto Propio, no vacila a la hora de celebrar el tesón y la perseverancia de Vera: “Cuarto Propio ha sido una editorial muy bien pensada por Marisol, muy consistente. En los años difíciles y en la transición tuvo una colección que fue muy importante y lo seguirá siendo. Yo he sido testigo de cómo Marisol ha sostenido esa editorial con muchas dificultades algunas veces y no tengo más que celebrar que esté cumpliendo 25 años”.

Un par de años antes del nacimiento “oficial” de Cuarto Propio, Vera, que ya estaba ayudando a un amigo con el manejo de una imprenta, se alió con el sociólogo y fundador del C.A.D.A. Fernando Balcells, que tenía una empresa gráfica que vendía servicios de fotocomposición para publicidad. Las dos empresas sumadas eran una pantalla perfecta para editar libros y, a la vez, el sustento necesario para un negocio que encontraba su principal dificultad tanto en la negativa de los libreros para aceptar los primeros libros que editaron, como “Sobre árboles y madres”, de Patricio Marchant o “La esquina es mi corazón”, del entonces desconocido escritor Pedro Lemebel, como en la distancia que la dictadura había creado entre los chilenos y los libros. “Las librerías estaban muy tomadas por la lógica del best seller, costaba mucho ingresar textos más reflexivos y que la gente los viera. La quema de libros, más la destrucción del mundo editorial, más la desaparición de las librerías, tuvo como resultado que la gente recurriera a los circuitos informales y se hizo cada vez mas elitista el acceso a libros”, recuerda Vera.

TRANSICIÓN DEPRIMENTE
El año 1989, Vera le dio el palo al gato con un negocio que le permitió mantener la editorial durante los siguientes 15 años: las famosas agendas Click. Con ayuda de artistas como Bruna Truffa, Sebastián Leighton y Rodrigo Cabezas, desarrolló la primera agenda pop y temática que existió en nuestro país. Cada año se vendían más de cien mil ejemplares, lo que generaba los ingresos necesarios para editar libros que no eran un gran negocio, entre ellos los de Nelly Richards, la novela “Por la patria”, de Diamela Eltit y “Ni yo”, de Claudio Bertoni, libro este último que vino a romper para muchos el prejuicio de que Cuarto Propio se trataba de una editorial puramente feminista, pues una editorial feminista 100% seguramente no publicaría a Bertoni. Y Bertoni no olvida eso: “La Marisol me publicó cuando yo no existía, no tenía nada que venderle y eso siempre se lo voy a agradecer”.

Hoy, dice Vera, “como negocio la editorial sigue tratando de afirmarse”. Se ríe sola y agrega: “Lo de la agenda Click nos dejó claro que la única manera de tener una apuesta editorial independiente, con libertad para tratar distintos temas y que siguiera la línea que nos habíamos trazado, era generar un foco de financiamiento paralelo”.

Ese año de 1989, cuando ya se preparaba el regreso a la democracia, Marisol Vera esperaba grandes cosas para Cuarto Propio y para el mundo de la cultura en general: “Me hice un montón de expectativas y después me deprimí profundamente. Una cosa que creí que de todas maneras iba a volver a mirarse críticamente con la vuelta de la democracia era el rol del Estado en la cultura, pero básicamente todo se le entregó al mercado”.

¿Por qué el Estado debe tener ese rol?
-Para poder llegar a un diálogo más fluido con el mercado, se necesita una política cultural que permita formar audiencias. La gente en Chile perdió contacto con los libros.

El famoso apagón cultural de la dictadura.
-Claro, y la Concertación nunca entendió que había que, con fuerza, tomar una línea política clara para revertir ese proceso. Hasta hoy, con todo lo que se ha aumentado el gasto en cultura, sigue habiendo una falta enorme de una política sistémica que tome en cuenta toda la cadena del libro, desde el creador hasta el lector.

¿La llegada de las editoriales transnacionales también responde a las leyes del mercado?
-Eso es un problema en la medida en que no haya políticas públicas que protejan la bibliodiversidad. En el mundo conviven, con dificultad, pero han aprendido a hacerlo, las editoriales que se preocupan de géneros minoritarios y autores nuevos, que no son de consumo masivo, pero son indispensables para mantener la diversidad cultural, con las transnacionales, que se ocupan de lo que tiene una mayor rentabilidad, que es la producción masiva. Pero en Chile no hay política públicas.

¿Qué medidas deberían tomarse en este sentido?
-Como editores nacionales hemos insistido en que la producción nacional tiene que contar con alguna protección, tal como contaron los españoles en algún momento para poder desarrollar su industria.

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