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Este sí que es maletín literario

Los incentivos de editoriales para colocar sus textos escolares

Este sí que es maletín literario

Colecciones de libros, enciclopedias, material didáctico, viajes, computadores, celulares y televisores de plasma. Así de amplia es la gama de regalos y ofertas de los
vendedores del mundo editorial para que directivos y profesores de colegios privados prefieran sus libros de estudio. Sepa los motivos ocultos de algunos
establecimientos para escoger los libros que educan a sus hijos.

Semana del 2 al 8 de marzo de 2008, Daniela Ruiz y Miguel Paz, Tema del Domingo, La Nación Domingo.

Para pesar de muchos bolsillos chilenos, no siempre el precio es sinónimo de calidad, sino que muchas veces representa las silenciosas negociaciones que se dan tras
las aulas entre editoriales y establecimientos educacionales. Es un secreto a voces que las editoriales utilizan diversas estrategias para lograr que los colegios
incluyan textos de sus catálogos dentro de sus planes de estudio. Las prácticas van desde la venta directa de libros en los propios establecimientos e importantes
descuentos para funcionarios y apoderados, hasta regalos de diversa índole para “entusiasmar” a los directivos docentes.

Aunque no se trata de una práctica generalizada, Luis Hernández, profesor y dirigente del Colegio de Profesores, reconoce que “se hace fundamentalmente en el sector
particular pagado y particular subvencionado, pero no en los colegios municipales”.

El poco interés de los grupos editoriales por los establecimientos fiscales radica en que la mayoría de ellos sólo utiliza los textos otorgados gratuitamente por el
Ministerio de Educación. Este año, más de 7,8 millones de libros serán repartidos por la entidad desde Arica a Punta Arenas, beneficiando a más de tres millones de
estudiantes que reciben educación subvencionada en nuestro país. La inversión total en textos de estudio alcanza los 9.200 millones de pesos y se tramita mediante
licitaciones con las editoriales más importantes en el mercado, como Santillana, SM, Norma, Mare Nostrum y Zig-Zag, entre otras. Los libros tienen una duración de dos
años y luego deben ser devueltos al Mineduc, que organiza un concurso para premiar a los colegios que logren el mayor índice de devolución.

Los colegios privados, por razones obvias, no pueden optar a este beneficio, teniendo que construir una lista de textos escolares para incluir en sus planes educativos
y, por supuesto, en su lista de útiles. A su vez, colegios particulares subvencionados exigen libros complementarios a los del ministerio, aduciendo en muchos casos
“la mala calidad” de estos.

UN LIBRO POR UN PLASMA

Entre los “incentivos” para elegir una editorial por sobre otra, Hernández menciona incluso televisores de última generación, aunque afirma que estas estrategias
afectan directamente la educación de los niños: “La práctica de entregar regalos e incentivos a los colegios para que opten por textos escolares de una editorial es
algo usual y conocido por nosotros y que el Colegio de Profesores no comparte en absoluto. Que me hagan un regalo como una pantalla de plasma para que yo escoja un
texto en detrimento de otro es una práctica que afecta el modelo educativo y la planificación del profesor para educar bien a sus alumnos”.

El profesor también relata que en colegios particulares subvencionados, muchas veces las editoriales ofrecen un “premio” al colegio que escoge sus libros para enseñar.
“Ahora, es muy común que los premios queden en manos de los sostenedores y se desconoce qué tipo de premio es. Este tema es uno más en la nebulosa de los problemas en la educación”.

Ismael Bermúdez, de la Editorial Mare Nostrum, es enfático en señalar que su editorial no ofrece incentivos de ningún tipo. Por lo mismo, se siente libre de hablar
sobre la materia: “Los regalitos son una práctica muy extendida. Obsequios relacionados por el rubro educativo por agradecimiento: material didáctico, mapas,
diccionarios, enciclopedias. Hasta cierto punto puede ser lógico, porque son recursos educativos. Pero no queda ahí. Puede haber viajes para profesores, computadores.
Y hay otras editoriales que sobrepasan esos límites y ofrecen cosas que al colegio le puedan ir bien. Los colegios están acostumbrados a pedir, porque ya es común”.

LOS VISITADORES MÉDICOS DE LA EDUCACIÓN

Si hubiese que hacer un símil, éste sería el de los visitadores médicos que entregan muestras y variados premios a los doctores, a cambio de que receten medicamentos
de laboratorios privados en lugar de los del recetario magistral. Según Hernández, “en el caso de las editoriales transnacionales, si hacen incentivos, obviamente
privilegian los textos más caros para ofrecerlos en colegios privados”.

Es común que los establecimientos acuerden con una librería o distribuidor privilegiar la compra de textos a cambio de descuentos y facilidades de pago para los
apoderados.

“A veces también sucede que librerías que están de muchos años con un colegio obtienen su lista y consiguen mejores precios con los proveedores. Incluso editoriales
van allí con sus libros y van comprando con precio de descuento”, explica Bermúdez.

Aunque la Fiscalía Nacional Económica reconoce que los establecimientos tienen libertad para pedir un texto de determinada editorial, no pueden obligar a los padres a
adquirirlos en un lugar específico: “Si un colegio dijera: usted tiene que comprar los libros en una librería y no en otra, eso es ilegal y los apoderados pueden
presentar la denuncia ante nuestra entidad”, señalan. Algo que no sucede en el colegio Compañía de María de Providencia, explica un apoderado. El centro de padres de
ese establecimiento llegó a un convenio con una librería para que los textos salieran “más baratos”, pero en el colegio indicaron que “hay que comprarlos
obligatoriamente en el colegio la primera semana de marzo”, agrega.

Algo así también sucede en el Mayflower School de Las Condes. El colegio indica en la lista de textos escolares de uno de sus cursos, que los libros deben ser
adquiridos en la librería de textos en inglés Books and Bits, la cual también atendió a los apoderados en el colegio la semana pasada. Ésta es una práctica recurrente,
aunque tiene matices.

Hay colegios que optan por un determinado texto escolar difícil de conseguir y que en muchos casos sólo es vendido por una librería. Es el caso del Andre English
School de La Reina, por ejemplo. Entre los textos requeridos para un curso de educación media existe uno que es importado por una sola librería, lo que no obsta que
“si tú quieres buscar alternativas para comprarlo lo puedes hacer”, dicen en la fiscalía, añadiendo que los apoderados no deben sentirse forzados a someterse a la
supuesta obligatoriedad planteada por el colegio: “Siempre está la alternativa de comprarlos por fuera si se quiere”.

Un profesor de lenguaje de un colegio particular subvencionado de Santiago Centro, que pasó por los colegios Britannia de Manuel Hidalgo (famoso por embolsarse la
plata de las subvenciones escolares), afirma que en más de una ocasión agentes de ventas de editoriales le ofrecieron regalos. Específicamente recuerda el caso de un
funcionario de la Ediciones SM que ofreció colecciones de libros para los profesores y directivos a cambio de que el establecimiento adoptase su línea de textos
escolares. “Sucede mucho con las editoriales grandes, pero si Lom, por ejemplo, te regalara una colección de libros de bolsillo para el colegio, seguro los darías a
leer”, reconoce.

¿TEXTOS DESECHABLES?

Los directivos acostumbran negociar con las editoriales para obtener la mayor cantidad de beneficios posibles por la incorporación de un texto dentro de la malla de
estudios. La idea es que ambas partes ganen con el acuerdo, donde, por supuesto, el único perjudicado es el bolsillo de los padres, quienes tampoco tienen la opción de
reciclar los textos de sus hijos.

Es el caso de un sufrido padre de escolares que están en cursos seguidos, quien cuenta que muy rara vez ha logrado que los textos de Andrés le sirvan a Marcelo, porque
de un año para otro los libros cambian. Además, denuncia que muchos de estos textos “están impresos en un papel que, si lo rayas, no se puede borrar. O sea, toda la
estrategia es que cada texto sea usado por un niño y sólo un niño en el curso de un año lectivo”. Esto porque los textos tienen un ciclo de duración de dos a tres
años, por la dinámica de renovación de productos, contenidos y variaciones curriculares. En el caso del papel, muchas veces en los libros de ejercicio se ocupan hojas
de mala calidad para evitar la fotocopia o la piratería.

Las estrategias de las editoriales para aumentar las ventas de sus libros a través de las instituciones de educación no se reducen sólo a los colegios, sino también a
instituciones de educación superior. En un conocido instituto profesional, que también posee una universidad, cuentan que es común que representantes de las
editoriales visiten sus aulas para regalar libros a sus profesores y ofrecerles suculentos descuentos si eligen algún libro de su catálogo para incluir dentro del plan
de estudios del ramo.

Así las cosas, los mercaderes de la educación no paran. ¿Y qué más se entrega? “Agendas palm, un blackberry, cafeteras, etc.”. Pero no es patrimonio de Chile. “Hay
países como España y otros europeos en que los agentes llegan con catálogos con los regalos”, agrega Ismael Bermúdez. LND

LAS COMISIONES PERUANAS

Los incentivos de las editoriales para fomentar la inclusión de sus textos en las mallas escolares son una práctica instalada en muchos países. Es el caso de Perú,
donde estas ofertas han llegado a niveles escandalosos. Tal como en Chile, las negociaciones se establecen de manera directa entre los colegios y las editoriales, pero
en el vecino país las estrategias incluyen sumas de dinero que van aumentando cada año, debido a la proliferación de nuevas editoriales. Es así como profesores y
directivos de establecimientos particulares y estatales peruanos recomiendan los libros de una editorial por sobre otra, motivados por el cobro de generosas comisiones, regalías y obsequios. La situación la reveló la semana pasada el diario “El Comercio”, donde el profesor Enrique Matto Mutante, dueño de la Editorial Escuela Activa, admitió: “El año pasado me vi obligado a pagar más de 1,7 millones de soles en comisiones, suma que fue creciendo desde 2000, cuando un grupo de nuevas editoriales ingresó al mercado y decidió pagar a cada profesor ocho soles por libro vendido. Luego fueron 12 soles, después 15, 18, 20 y 25. Este año la cifra supera los 30 soles”, dijo. La situación ha llegado a tanto en los colegios peruanos, que los docentes no eligen los textos por la calidad del contenido, sino por la editorial que ofrezca más a cambio de colocarlos en los planes de estudio. La situación ha sido denunciada tanto por apoderados como por los medios de comunicación, quienes han visto como la calidad de la educación de sus hijos se transa en un valor de mercado.

“Los regalitos son una práctica muy extendida: material didáctico, mapas,
diccionarios, enciclopedias. Hasta cierto punto puede ser lógico, porque son recursos educativos. Pero no queda ahí. Puede haber viajes para profesores, computadores.
Y hay otras editoriales que sobrepasan esos límites”, señala Ismael Bermúdez, de Editorial Mare Nostrum.

“Si un colegio dijera: usted tiene que comprar los libros en una librería y no en otra, eso es ilegal y los apoderados pueden presentar la denuncia ante nuestra entidad”, señalan en la Fiscalía Nacional Económica.

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