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Los detalles que extrañaríamos si los libros desaparecieran

El Mer urio. Santiago, Chile. 26/03/2011

Imaginémonos que los lectores digitales se masifican, y que el libro en papel entra en desuso hasta convertirse en objeto de culto o coleccionismo. ¿Qué pequeños hábitos desaparecerían junto con él?

Constanza Rojas V.

Curiosear qué está leyendo tu vecino en el metro. ¿Quién no ha estirado el cuello para mirar la portada del libro del que está sentado al lado en el metro o la micro? ¿Quién no ha tratado, luego, de adivinar el perfil del pasajero, probablemente haciendo uso de los prejuicios en su máximo potencial?

Los marcadores de libros. Los hacen los niños en los colegios, pueden ser postales de ciudades o incluso objetos para coleccionistas. Pero, sean como sean, a ninguno de estos los volveríamos a ver si no tienen hojas de papel que separar.

Hacer caricaturas animadas en las esquinas de las páginas. Un clásico de la infancia. Había que copiar la secuencia de imágenes con pequeñas variaciones para conseguir el efecto de movimiento y, entonces, se lograba una auténtica animación hecha en casa. Los niños del futuro no tendrían libros para hacer las suyas.

El olor a libro. La antiguedad de un libro no sólo puede medirse por la fecha de impresión: su mejor cédula de identidad es el olor. Los nuevos tienen aroma a papel y pegamento; los viejos, a una mezcla de polvo y ácaros que saca estornudos en los alérgicos. Tan importante es este elemento, que ya se ha inventado el “olor a libro” envasado para e-books . ¿Cambiará también con el paso de los años?

Las notas en los márgenes. Tomar un libro y encontrar anotaciones manuscritas en los bordes de las páginas significa que alguien ya pasó por él, leyó lo mismo que uno y quizá experimentó algo parecido. Si las notas son propias, sirven como testimonio del ‘yo’ de tiempos anteriores.

Juntarse con la excusa de un libro. Prestar un libro y, en los mejores casos, devolverlo, son buenas excusas para verse las caras, tomarse un café y comentar lo leído.

Las firmas de los escritores. En las ferias de libros pueden formarse largas filas de lectores, con ejemplar en mano, que pacientemente esperan una dedicatoria de su autor. Y ese libro firmado luego tiene un valor insustituible. ¿Qué firmarían los autores del futuro?

Para los románticos: secar flores entre sus páginas. Esa flor que un amor adolescente nos regaló a la salida del colegio probablemente terminó entre las páginas de un libro, como un precario método de conservación. El resultado es algo así como unos pétalos verdosos, unas páginas manchadas y un libro arrugado. Ah, y probablemente, el nombre de quien la regaló en el olvido.

Seguir los consejos de los libreros. Preguntarle a un librero qué nos recomienda o qué opina de tal y cual ejemplar es un pequeño placer insustituible vía web. Hay una gran diferencia entre que te aconseje un ser humano a ver publicidad de un libro a través del computador.

Heredar libros de generación en generación. Los ejemplares que llegan a nuestras manos desde los padres o abuelos pueden ser verdaderas joyas. O, al menos, fidedignos testimonios de qué se leía en el pasado. Tanto mejor si están fechados y con el nombre de su dueño. Estas pequeñas bibliotecas familiares podrían mantenerse, pero las nuevas generaciones no tendrían legados que dejar a sus descendientes.

Comprensión de lectura

El Mercurio. Santiago, Chile. 24/03/2011

Se ha discutido bastante sobre la carencia de comprensión lectora promedio de nuestro país, algo evidente para quienes trabajamos en la educación universitaria, pues la mayoría de los alumnos que recibimos vienen sin hábitos de lectura y con muy poco interés por entablar una amistosa relación con los libros. Por ejemplo, concentrarse en un volumen de poco más de 100 páginas se les hace cuesta arriba y reclaman por la “excesiva” extensión de la obra.

Frente a este panorama un poco deprimente, surge la pregunta: ¿qué ocurrió para que en Chile y en otros lugares se dejara de leer? Hay varias respuestas. Una de ellas es que nuestra época, de una invasión visual y sonora casi sin límites, apenas impulsa el tiempo, el espacio y el silencio para sentarse en un sillón con un libro en las manos y concentrarse un par de horas en este ejercicio intelectual, mirado por muchos con desdén o sospecha. A tal punto esto es cierto, que, incluso, un buen lector debe dar explicaciones por dedicar parte de su día a esta actividad “improductiva”.

Sin embargo, me sumo a las voces que aprecian sinceramente la lectura, reconocen su necesidad y conservan el gusto por ella, pues las páginas leídas no son una negación de la vida, sino un puente para que nuestro paso por la existencia sea auténticamente más humano.

Escolares del Biobío mejoran su lenguaje leyendo diariamente y comentando noticias

El Mercurio. Santiago, Chile. 21/03/2011

Todos los días analizan el acontecer nacional, aprenden nuevas palabras y leen en silencio. Así han subido sus puntajes en el Simce y creado buenos hábitos.

Fabián Álvarez

Con la ayuda de un texto, proyectado a través de data show en el pizarrón, Carlos Cabezas le da la noticia fresca a sus compañeros: “La prueba de ADN estableció que Patricio Flores no era hijo de Don Francisco”, expone, y luego entrega más detalles y pregunta al resto de los alumnos sobre el tema para cerciorarse de que todos comprendieron.

En diez minutos este estudiante de 5° Básico del colegio Abel Inostroza Gutiérrez, de Monte Águila (Región del Biobío), cumplió con una de las actividades diarias que forman parte de “Exploradores del lenguaje”, el programa que le permitió al establecimiento formar parte de la “Red de Escuelas Líderes en educación de calidad contra la pobreza”, un programa que lideran la Fundación Chile, Fundación Minera Escondida y “El Mercurio”.

“Ya no nos sorprende que los niños lleguen a clases y hayan escuchado en la mañana las noticias que acá comentamos”, dice Laura Meza, profesora de Lenguaje.

Pero no sólo esta costumbre está instalada entre los alumnos. Todas las mañanas, al inicio de clases e independiente del ramo, dedican diez minutos a una “lectura silenciosa”.

El colegio les entrega a los apoderados una lista con obras recomendadas que durante el año los niños leen a su ritmo. Cabeza gacha, sacan sus libros y se dedican a la tarea. Algunos avanzan una página, mientras que otros andan más rápido. Eso no importa, pero sí controlar que la actividad se cumpla.

“Si el niño no trae su libro se le comunica al apoderado. Pocos son los que no cumplen, porque el hábito ya está creado”, comenta Ana María Inostroza, la directora.

Esto les ha permitido estar 30 puntos por sobre el promedio nacional en el Simce para su nivel.

Escribir mejor

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Construirán Torre de Babel con 30 mil libros

El Mercurio. Santiago, Chile. 20/03/2011

En Buenos Aires. Durante abril, la artista plástica Marta Minujín expondrá una instalación de siete pisos.

Macarena Maldonado A.

Una torre de 25 metros de altura construida con 30 mil libros provenientes de 80 países se instalará en Buenos Aires el 7 de mayo. La Torre de Babel de Libros, creada por la artista plástica Marta Minujín, tendrá siete pisos, será de metal y estará forrada con una malla metálica en donde se anexarán las copias.

Veintitrés años tuvo que esperar Minujín para concretar su proyecto. En 1988 pensó en la idea, “pero no había logrado conseguir el financiamiento. Ahora se dio la coyuntura y al gobierno le interesó”, cuenta la artista. Su obra fue acogida por el Ministerio de Cultura como parte de las iniciativas de Buenos Aires para celebrar su distinción como Capital Mundial del Libro 2011, otorgada por la Unesco.

Así, hasta el 28 de mayo los visitantes podrán subir a esta peculiar torre, en la Plaza San Martín. La estructura helicoidal está inspirada en la bíblica Torre de Babel, y en esta ocasión será símbolo de la unificación de las razas en torno al libro. “Siempre me interesó el mito de la Torre de Babel, que contaba que la gente aspiraba a llegar al cielo. Todos hablaban el mismo idioma, pero a medida que iban subiendo se iban mezclando unos con otros, perdiendo su identidad y no se entendieron más. Ahora es volver el mito al revés, tratar de que todos se entiendan, aunque sea un imposible”, explica Minujín, desde su taller en Buenos Aires.

Embajadas de todo el mundo están donando libros en sus idiomas originales, incluyendo clásicos, diccionarios, best sellers , libros de arte, geografía e historia. En estos momentos, el proyecto continúa en su primera etapa: la recolección de volúmenes, en la que los mismos vecinos de Buenos Aires pueden participar haciendo sus aportes en distintas bibliotecas de la ciudad, hasta el 30 de marzo. Luego, los ejemplares se van a embolsar para construir la estructura a partir del 15 de abril, durante tres semanas. Cuando la instalación sea desmontada, pequeños grupos de residentes oriundos de los diferentes países convocados, ingresarán a la torre y tomarán diez ejemplares redactados en sus lenguas. Los demás conformarán la primera biblioteca multilingüe de la ciudad, que tendrá su sede en la Biblioteca Gálvez.

El otro Partenón
En 1983, Minujín creó un proyecto similar . Entre la Avenida 9 de Julio y Santa Fe levantó una réplica del Partenón de Atenas, que recubrió con unos 30 mil libros prohibidos durante la dictadura militar. La estructura metálica, de 12 metros de alto, 17 de ancho y 35 de largo, se convirtió en un monumento a la recuperación de la democracia.