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Negocio redondo: la piratería del libro en Chile

Este año se han incautado casi 8 mil copias ilegales, cantidad similar a la decomisada por la PDI en 2018. Los libros de Jorge Baradit lideran las obras más falsificadas. El gremio editor no cuenta con un plan conjunto para enfrentar el problema.

Javier García, Temas de hoy La Tercera | El libro pirata, Miércoles 22 de mayo de 2019

El escritor Jorge Baradit (49) camina por el Paseo Ahumada. A unas cuadras, en el suelo, vendedores ambulantes ofrecen libros piratas. En su mayoría, son los títulos más vendidos del momento. Entre esos volúmenes está Historia secreta de Chile. La trilogía aparecida en 2015 se ha transformado en un fenómeno editorial con más de 300 mil ejemplares facturados ($ 3 mil millones). En un momento, tres vendedores informales reconocen a Baradit. Uno dice: “Cacha, cacha, es el Baradit”. El segundo comenta: “¿Qué tanto viene a sapear ese loco?”. Y el tercero enfrenta al autor y le grita: “¡Tu libro ya ni se vende, anda a escribir otro que necesito cambiar la tele!”.

La situación que vivió el narrador chileno, que él mismo cuenta y cuyas obras son las más falsificadas en los últimos tres años, según cifras de incautación de la PDI, no es inusual. Es más, grafica el problema.

Un lugar que se reitera como punto de venta de libros falsificados, además del Paseo Ahumada en Santiago, es el sector de locales en la vereda de calle San Diego, casi al llegar a la Alameda. En aquellas cuadras el propio Baradit es uno de los más requeridos.

¿A qué obedece este fenómeno? ¿Son caros los libros en Chile? ¿Es el 19% del IVA al libro una barrera para adquirir literatura legalmente? ¿Cuáles son los autores más pirateados del mercado?

Según la última Encuesta de Comportamiento Lector (2014), el 63% de la población prefiere, en su tiempo libre, ver televisión, luego un 46% opta por escuchar radio o música. Recién en el séptimo lugar, los chilenos dijeron que eligen “leer libros” en su tiempo libre, con un 16%.

El precio promedio de una copia pirata es de $ 4 mil. Los títulos de Historia secreta de Chile, editado por Sudamericana, del grupo Penguin Random House, cuestan $ 10 mil cada uno. Hoy los ejemplares falsos de Baradit se ofrecen a $ 3 mil cada uno; dos por $ 5 mil y los cuatro, o sea, la trilogía más La dictadura (2018) a $ 10 mil. El pack significa que, por el precio de un libro legal, se puede llevar 4 libros falsificados.

“Es un error considerar a la piratería como una forma de justicia social”, comenta Baradit. “La verdad es que el empresario pirata es un explotador que no le paga a nadie por su trabajo, ni al escritor, editor, corrector, ilustrador, diseñador… Además, mantiene a un vendedor precarizado en la calle expuesto a la detención por delito”, agrega.

Una investigación internacional de 600 páginas, que hace un mes llegó a librerías y aún está en los rankings de las obras más vendidas, es Sodoma (Roca), de Frederic Martel. Su precio de venta es de $ 16 mil. La copia ilegal está en el mercado a $ 5 mil.

Un longseller que no puede faltar en la mercadería de un vendedor de libros ilegales es la saga de novelas fantásticas de Harry Potter, de J. K. Rowling. Cada volumen pirata cuesta $ 4 mil. En librerías, los ejemplares editados por el sello Salamandra valen $ 12 mil.

En lo que va de este año, la Bridepi (Brigada Investigadora de Delitos de Propiedad Intelectual), de la PDI, ha incautado en el país más de 7.600 libros piratas. La cantidad es similar a la decomisada durante todo el 2018, que ascendió a 8.338 títulos.

“En lo que va del año, llevamos unas 5 o 6 querellas, mientras que también hemos presentado otras 5 o 6 denuncias escritas directamente en la Bridepi (PDI) o en el Ministerio Público, con el fin de dar inicio a la investigación”, señala Hernán Torres, abogado y jefe de asuntos legales de la editorial Penguin Random House.

Un 40% del total de libros pirateados corresponde a títulos de este grupo editorial, el con mayor presencia en el mercado local. Le sigue con un 30% el grupo Planeta, que mantiene en su catálogo las obras de autores nacionales como Francisco Ortega, José Maza y Pilar Sordo, así como la colección de cómic Gravity Falls. Todos han pasado por la imprenta pirata.

“Yo no firmo libros piratas, los tiro para un lado y explico que eso es un robo y que no voy a autentificar un robo”, dice el astrónomo José Maza, quien ha vendido 70 mil copias con sus libros Somos polvo de estrellas (2017), Marte (2018) y Eclipses (2019). “Los castigos para la piratería son ridículos. Si la policía quisiera podría llegar a las imprentas. Yo tengo dos versiones piratas de mi libro”, agrega el Premio Nacional de Ciencias 1999.

¿A cuánto asciende la pérdida económica anual por concepto de piratería? En países vecinos como Perú, la industria ilegal mueve al año unos 150 millones de soles ($ 30 mil millones), según la Cámara Peruana del Libro. En Argentina, las pérdidas anuales fluctúan entre los US$ 150 y 200 millones, según la Cámara Argentina del Libro. En nuestro país “lamentablemente hoy no disponemos de cifras actualizadas que responsablemente pudiéramos entregar”, señala Eduardo Castillo, presidente de la Cámara Chilena del Libro.

Lo que sabemos es que en relación a un libro original de un precio promedio de $ 12.000, al falsificador le cuesta $ 600 la producción (papel, tinta, impresión). Ya con el libro pirata en mano, lo vende a $ 1.500. Luego, la venta a público quedará en $ 4.000.

Bestsellers a la calle

La lista de los autores chilenos más pirateados, en el período 2017 y 2019, la integran Jorge Baradit, Isabel Allende, José Maza, Hernán Rivera Letelier, Francisco Ortega y Pablo Simonetti (ver infografía).

pirateria

“La piratería es nefasta. Quienes participan de ella se enriquecen a partir de la inspiración, el esfuerzo, la dedicación y el rigor de otros. De toda la cadena de elaboración de un libro, el eslabón más vulnerable es el escritor”, comenta Pablo Simonetti, cuya novela Madre que estás en los cielos (2004) es un hit de la cuneta. “En Chile jamás ha existido una política pública que permita enfrentar este problema y no entiendo muy bien qué intereses podría tener el poder político como para proteger a una banda de ladrones”, añade.

El ranking internacional de libros piratas lo lidera Edith Eger con su testimonio La bailarina de Auschwitz. En ventas legales ha facturado 20 mil copias (equivalente a $ 298 millones).

En la lista pirata continúa el escritor Paulo Coelho con El alquimista (1988) y Hippie (2018). Después sigue Los amantes de Praga, de Alyson Richman; Origen, de Dan Brown; Bajo la luna de Hawái, de Barbara Wood y Harry Potter, de JK Rowling.

En calle San Diego, incluso afuera de las oficinas de editorial Océano, que ha distribuido durante años los libros de la saga del joven mago, se venden los Harry Potter falsificados.

“Creemos que el daño ocasionado al rubro editorial es irremediable en el corto plazo, sin una política efectiva de control y fiscalización es imposible erradicarla”, dice Daniel Rodríguez, gerente comercial de editorial Océano. “Si bien participamos como socios de la Cámara Chilena del Libro, hoy no existe un plan en conjunto con acciones legales para combatir la piratería”, agrega.

El subprefecto Marco León, jefe de la Brigada de Delitos de Propiedad Intelectual (Bridepi), de la PDI, conoce el negocio de la piratería. De entrada dice que “la condena es muy baja y en su mayoría son pagos de multa, y el valor de la multa va en directa relación con lo incautado. Por lo general las mismas personas que cometen los delitos son reincidentes, ya que este es un negocio muy lucrativo”.

Las multas deberían fluctuar, dependiendo del monto del perjuicio, entre 5 UTM ($ 241.500) y 1.000 UTM (más de $ 48 millones), hasta penas de cárcel. Pero “cuando se produce la incautación, generalmente, no es todo el material. Es como los supermercados, que consideran esta merma mensual de pérdida, lo mismo los piratas”, agrega el detective, quien está al tanto que esta semana llega a librerías la última novela de Isabel Allende, Largo pétalo de mar (Plaza & Janés). También sabe que muy pronto la copia falsa del libro se ofrecerá en la calle.

“Hay muchas imprentas clandestinas que se dedican a la producción de bestsellers como los libros de Isabel Allende. Hoy están en boga los libros del señor Baradit. Lo que pasa que no están detectados todos los puntos porque las imprentas rápidamente distribuyen. Cada dos meses estamos en algún punto estratégico que nos va a significar unos 5 mil libros incautados”, señala Marco León y comenta que la PDI trabaja con las editoriales “que son las directas afectadas”.

Otros sectores de venta ilegal, en Santiago, son los alrededores de la Estación Central y las calles aledañas al Paseo Ahumada. “Actualmente hay una sofisticación en la elaboración. Hace 10 años el libro era de mala confección, se salían las hojas, o de la página 86 se saltaba a la 90, o las letras comenzaban a desaparecer porque se les acababa la tinta. Hoy los tipos han superado esa barrera. Incluso las portadas las hacen con un sistema offset de buena calidad”, señala, y como una mala broma cuenta que “hay personas que han ido a reclamar por un libro falso al Sernac”. A pesar de los avances, igualmente, los libros piratas son de mala calidad.

Para el jefe de la Bridepi, una de las soluciones al delito está en penas más severas. “El Congreso tendría que promulgar una condena más fuerte, este problema no solo afecta a la industria nacional, sino al Estado de Chile que deja de percibir impuestos. Mejorar la legislación sería una buena solución y realizar campañas”.

Marcelo Díaz, diputado PS, miembro de la comisión de Cultura del Congreso dice: “Yo no soy partidario de la piratería, pero creo que hay incentivos para que se pirateen los libros. Primero, el precio prohibitivo que los libros tienen en Chile, que tenemos el IVA más alto de América Latina. Y las multas no parecen ser un disuasivo… Quizá lo que falta es mayor fiscalización y bajar el impuesto del IVA del libro”.

El IVA en otros países: de Japón al Reino Unido

En 1976 se instauró el IVA al libro en Chile, el más alto de Hispanoamérica. Según una encuesta de la Asociación Internacional de Editores y la Federación Europea de Editores de 2015, en países de América Latina como Argentina, Bolivia, Perú, Brasil, Colombia, Uruguay, Ecuador y México, estos mantienen un 0% de IVA al libro. El Reino Unido elaboró la política de acuerdo del precio fijo al libro hace más de un siglo (representa el 15,7%). En otros países el impuesto al libro es mucho más bajo que en Chile. Por ejemplo, EEUU 7%, Francia 5.5%, Japón 5%, España 4%, Italia 4% y Suiza 2%. El más alto es Dinamarca que aplica un IVA de un 25%. El promedio de IVA a los libros en el mundo es de un 5,75%.

“Los castigos son ridículos. Si la policía quisiera podría llegar a las imprentas”

JOSE MARÍA MAZA, Autor de Marte y Eclipses

19%

es el valor del IVA al libro en Chile, el más alto de Hispanoamérica.

40%

es el porcentaje del total de libros pirateados que corresponden a obras de Penguin Random House.

Masiva incautación de libros “pirata” pone en el debate a este lucrativo negocio

Rodrigo Solís, Diario el Día, 6 de octubre de 2016.

Se trató de 524 libros pirata, con un costo total entre 6 y 7 millones de pesos. Según escritores y autores de libros, si el costo de los originales fuera menor, al igual que la aplicación de impuestos, este negocio ilícito se vería seriamente mermado

Una de las incautaciones de libros “pirata” más grandes del año en la región fue dada a conocer la mañana de este jueves en los cuarteles de la policía civil, lo que pone nuevamente en el tapete este tipo comercio y el porqué sigue proliferando, más allá de las críticas de editoriales, editorialistas y escritores.

En ese contexto, Cristian Alarcón, jefe de la Brigada de Delitos Económicos de la PDI de La Serena, aseguró que fueron encontrados 524 libros pirata, que estaban siendo vendidos en tres librerías establecidas de la ciudad de Coquimbo. “Logramos detener a cuatro personas, de las cuales tres fueron puestas a disposición de los Tribunales y la restantes fueron dejadas en libertad. Su costo es de cerca de 6 a 7 millones de pesos”.

El año pasado, la policía civil también incautó cerca de 600 libros en circunstancias similares.

“La PDI llegó a desbaratar esta venta por antecedentes que ya teníamos previamente y por el contacto con editoriales. Estas librerías ofrecían material original pero también pirateado, lo que por supuesto llama la atención”, agregó Alarcón.

Respecto a la procedencia de los libros, aún es materia de investigación, pero es la Fiscalía de Coquimbo de la que debe emanar la orden formal, para lograr establecer el origen de estos libros.

Una merma con matices

Personalidades del mundo de la literatura e importantes profesionales que han concretado sus sueños literarios se plantean contrarios al negocio de la piratería, aunque sin obviar sus causas.

Sin embargo, advierten que hay que tener en cuenta el contexto en que el libro se desenvuelve en un país como el nuestro. Luis Aguilera, actual candidato a concejal (PC) y presidente regional de la Sociedad de Escritores de Chile (Sech) se enfrentó a esta realidad, que sin lugar a dudas produce mermas en quienes dedican su tiempo y esfuerzo en esta profesión.

“Me parece irresponsable e impresentable que en locales establecidos se dediquen a la venta de libros que no son originales, pero no es raro que eso ocurra. Es evidente que como escritores nos veamos perjudicados, porque escribir un buen libro son al menos cuatro o cinco años al menos de creación e investigación. Con la piratería, evidentemente estamos vulnerando el derecho de autor”, comentó.
Evidentemente, el afán comercial es el que mueve los hilos de quienes se dedican a este negocio. Y es lucrativo. En ese contexto, Aguilera subraya que las librerías quedan desprotegidas y se ven débiles ante este enemigo. “Eso si, me parece que los autores grandes no sienten tanto los perjuicios. Sí los pequeños”, comentó.

A su juicio, el hecho de que la gente prefiera los libros que no son originales hacen crecer el interés, sobre todo cuando hay textos que usualmente son de consumo masivo, al igual que los best seller o los de uso escolar y universitario. “Por esto, me parece que el impuesto actual al libro hay que revisarlo. Debería existir de una vez por todas una regulación, porque fiscalizaciones, como la que realiza la PDI, se hacen continuamente”, destaca.

A juicio de Aguilera, le parece un contrasentido que los libros sean tan caros en la actualidad, algo que desde su perspectiva no ocurría antes del 11 de septiembre de 1973. “Por esto, si hay falta de acceso de cultura para todos, debemos ofrecer nuevas alternativas. De lo contrario, nace la piratería. Cabe recordar que incluso, en el sistema educativo, antes a los niños y adolescentes el Estado les proporcionaba sus textos”, recordó.

En definitiva, Aguilera está conciente de que Chile “goza de buena salud en materia literaria, tenemos excelentes poetas y escritores, pero creo que los gobiernos, independiente de que yo apoyo a la Nueva Mayoría, y hablo desde la dictadura en adelante, no han incentivado la cultura en general. Hay poco espacio para los escritores”.

Cuando la piratería es un arma de doble filo

Laura Landaeta, autora de libros como Don Francisco “Biografia no autorizada de un gigante” y de Cecilia Bolocco “Reina de Corazones”, reconoció que estas investigaciones, de alto impacto por el carácter mediático de los involucrados, en un principio tuvieron ventas pirata en Argentina, Colombia, al igual que en México. “La verdad es que me dio mucha risa, porque aparecieron como piratas antes que el libro llegara a esos paises. Pero me parece que cada caso es particular”, aseguró esta destacada periodista a El Día.

“En un país como Perú, donde se acaba de aprobar que el impuesto al libro se elimine, o en Argentina donde la literatura nacional no paga impuestos, no es comprensible que la gente compre pirata, por ahorrarse dos pesos. Creo que en Chile, donde el IVA es tan alto (19%) puedo llegar a entender la existencia de la piratería, sobre todo en el tipo de literatura que hago yo. Yo, como periodista, porque no soy escritora, estoy de acuerdo que en la medida que no existan políticas públicas que avalen la baja del IVA en la literatura, prefiero que la gente lea, por sobre todas las cosas, para que se informe, se eduque y se entretenga, para que sea más culta y tenga más mundo, y si tiene que hacerlo de forma pirata por la patética imposición del impuesto al libro y de la cultura, no me molesta”.

A juicio de Laura Landaeta, los países de América Latina van en otra dirección, y en Chile parece que se sigue pensando de otra forma. “Es muy cómodo para la élite tener un pueblo que no piense, que no se eduque y que no tenga opinión. Creo que la solución no está en tratar de combatir la piratería, sino en tener políticas públicas que no avalen un IVA, lo que me parece una degenación”.

Inquietud pero no hay preocupación

En las librerías regionales ven a la piratería como un punto negro en cuanto a valorizar el trabajo de las editoriales y de los autores propiamente tal. De hecho, en la librería Jerplaz, ubicada en Matta casi esquina Cordovez, señalan que la piratería siempre es una merma para ellos. Sin embargo, afirmaron que ellos velan por la venta de material de primera calidad y enviado directamente desde los sellos editoriales y sin intermediarios, respetando los precios de los libros que se venden en Santiago. Sin embargo, hay diferencias importantes respecto a la piratería en cuanto a precios. Por ejemplo, un libro de Pilar Sordo, en el mercado informal puede llegar a 7 mil pesos, y en una tienda establecida puede bordear los $12 mil.

Rafael González, de Aura Libros, ubicados en pleno centro de la ciudad, en avenida Balmaceda, asegura que el pirateo “ha hecho mermar las ventas en la línea escolar. Creo que el trabajo de la policía, en ciertos lugares, ha sido positivo, y ha logrado mantener a raya el tema. Poder detectar un libro pirata, con respecto a uno original, es bastante fácil. Sólo basta con acercarse a una libería establecida y comparar”, sostuvo.

González, con una amplia experiencia en materia de libros, que a su juicio son su vida, ha descubierto que incluso la tecnología para efectuar el pirateo se ha ido perfeccionando. “Las carátulas son muy buenas, pero es en las hojas donde se capta. Por esto los sellos se han preocupado de hacer tapas con sobrerelieve, con mucho color, con fotografías brillantes, lo que encarece mucho a un pirata”.

Por su parte, Aura Libros sólo trabaja directamente con los sellos, no con distribuidores o terceros, a sabiendas del alto costo que tienen los libros en la actualidad. Frente a esta problemática, González subraya que “el público a diario se molesta por el valor que alcanzan, sobre todo en cuanto a los libros complementarios escolares. Por esto es que muchas veces recurren a alternativas que no son válidas, al arriesgarse al comprar un libro pirata. Muchas veces les faltan páginas o la carátula no corresponde a lo que se está vendiendo”.

En cuanto a cifras, si bien reconoce que hay una merma gracias a este negocio ilícito, año a año la venta la demanda por publicaciones llega a incrementarse de un 10% a 15%.

Recomendaciones

Hay detalles muy importantes para identificar si un libro es pirata u original. La calidad de la impresión y la encuadernación es clave. “De hecho en la mayoría de los originales la encuadernación debe venir cocida. La caja de lectura además debe venir pareja. Lo cierto es que las tapas e impresiones resultan ser incluso muy tóxicas en los no originales”.

Estos libros se pondrán a disposición de la fiscalía y lo más probable es que sean finalmente incinerados.

En definitiva, la Policía de Investigaciones, en el marco de su campaña “Compra original, compra seguro”, entrega recomendaciones importantes en detalles claves, como la portada del libro, tipo de papel, tamaño, diseño de texto en cada página, impresión, ecuadernación, numeración de páginas, entre otros aspectos.

Además, se insta a las personas a comprar en sitios establecidos, no hacerlo en la calle, exigir boletas de servicios y ventas, además de revisar las terminaciones del producto que se ha adquirido.

Los desafíos que plantean los ebooks a las bibliotecas

La Tercera. 26/03/2011

Mientras los libros digitales comienzan a reemplazar a los estantes y la industria editorial levanta la voz para restringir el acceso a su información, surge la interrogante sobre cómo sobrevivirán las bibliotecas en el mundo digital.

Christopher Holloway

Cristián (23) entra a la biblioteca de su universidad, llega ágilmente a la sección de literatura del siglo de oro español, toma un libro de Calderón y comienza, emocionado, su lectura. Sólo que todo esto lo realizó desde su casa, y al leer no está pasando las hojas entre sus dedos si no que con un botón en su lector digital Sony eReader.

Así funciona el sistema de préstamo de libros digitales que cada vez se está haciendo más popular en el mundo, algo que las bibliotecas no podían ignorar y que ya están integrando de diversas formas. Por ejemplo, a fines del 2009, la biblioteca de la Academia Cushing, en Massachusetts, anunció el reemplazo de su colección, de casi 20.000 libros impresos, por libros digitales. Esto, además, incluye rediseñar completamente el espacio de la biblioteca, disponiendo de computadores, espacios para laptops y un par de cientos de ebooks para facilitar a sus usuarios.

¿Cómo funciona un libro digital en este sistema? Si ya descargué la información, ¿Puedo tenerla para siempre? ¿Cómo se prestan? Esas son algunas de las principales dudas que se levantan al hablar de libros digitales, y es un debate que seguirá abierto mientras se duplican sus ventas y comienzan a multiplicarse las bibliotecas que los prestan y los sitios donde pueden intercambiarse gratis.

Hay varias formas básicas de distribución y préstamo posible, según explica Sandra Rivera en su texto Lectores de libros electrónicos: la remediación de la lectura estas serían: suscripción, acceso perpetuo y uso único. “El modelo de suscripción permite a las bibliotecas comprar acceso a un título por un período de tiempo determinado, por lo general un año. El modelo perpetuo da acceso permanente a los recursos. El uso único significa el uso de un título para sólo una persona a la vez”.

Pero las editoriales no concuerdan sobre qué sistema usar, por lo que la discusión sobre derechos y deberes de editoriales, bibliotecas y lectores aún no se zanja y genera cada vez más roces. Una de las formas de distribución más usadas, y que está presente en Chile actualmente, le da al usuario siete días para finalizar la lectura del texto, contando desde el momento en que lo descargó a su eReader o computador, además de la opción de imprimir hasta 10% del libro si así lo requiere.

Una vez finalizado el plazo del préstamo, el libro se elimina automáticamente del dispositivo, pudiendo recién en ese moment ser cedido una vez más, a otro usuario. Cabe hacer notar que varios dispositivos tiene este mismo sistema para usuarios comunes y corrientes, que pueden prestar sus libros a amigos y familiares por un periodo determinado.

Guerra contra las bibliotecas

Pero el cambio a los formatos digitales nunca es tan simple como parece. Los intereses económicos, los derechos de autor, y el derecho a la información son conceptos que se entrecruzan en este campo de batalla y que han agitado el ambiente en los últimos meses.

A fines de 2010, la editorial Faber & Faber declaró la guerra contra las bibliotecas, alegando que no tenían ningún tipo de restricciones para el préstamo de libros digitales, y que incluso se apoyaban en mensajes como “ebooks gratis, donde quiera que esté, en el momento que lo desee”. “Bajo este modelo, ¿quién volvería a comprar un libro electrónico?”, declaraba Stephen Page, CEO de la compañía, recomendando, además, que se instalaran restricciones geográficas al préstamo.

Un par de semanas después, la casa editorial HarperCollins daba otro golpe, anunciando la inauguración de un modelo en que los libros podrían ser prestados un máximo de 26 veces antes de eliminarse y tener que ser comprados de nuevo por la biblioteca. Supuestamente, esa era la cantidad de veces que un libro físico podía prestarse antes de que el uso lo hiciera ilegible. “Creemos que este cambio equilibra el valor que las bibliotecas obtienen de nuestros títulos con la necesidad de proteger a nuestros autores y asegurar una presencia en bibliotecas públicas”, decía el comunicado de la editorial.

Según Mariela Ferrada, académica de la Escuela de Bibliotecología de la Universidad Tecnológica Metropolitana, esto sucede porque hoy los editores deben conocer y manejar de manera adecuada los hábitos de conducta de los consumidores digitales, “evitando de manera inteligente que no se reproduzca en este nuevo formato de presentación el “pirateo”, tan difundido en áreas como la música y los videojuegos.”

¿Cuál es el papel de las bibliotecas en o este escenario? “Tradicionalmente, estas han sido las intermediarias entre el mercado del libro, las editoriales y el usuario final o los lectores, representando sus intereses y siendo los custodios de su derecho a leer”, indica la académica Mariela Ferrada. Por este motivo, se encuentran al centro de la guerra que han declarado las editoriales.

Algunas bibliotecas públicas, en Inglaterra, reaccionaron alarmadas frente a las nuevas restricciones que los editores están diseñando. “La idea de 26 préstamos no tiene ningún sentido para mí”, dice a la BBC el bibliotecario Phil Bradley, vicepresidente del Chartered Institute of Library and Information Professionals. “Cualquier bibliotecario puede decirte que un libro con cubierta de papel puede ser prestado unas 40 veces, y uno de tapa dura mucho más”, sentencia.

En Chile, la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) y la de Universodad de Chile, entre otras, ya tienen un sistema de préstamo de ebooks en algunas de facultades, pudiendo descargarse tanto a computadores como a los eReaders más populares. El servicio ha tenido un éxito alto, pero aún se utilizan más los computadores que los lectores digitales.

Según Alejandro Oyarce, bibliotecólogo y coordinador del Departamento de la Información y Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, el préstamo de libros digitales ha tenido un éxito rotundo en el año que lleva implantado. Actualmente, los estudiantes tienen acceso a unos 1.000 libros, concentrándose en la bibliografía básica (textos que sirven a lo largo de todo el año) y en libros de reserva, que suele tener precios demasiados elevados como para comprarlos de forma imprevista. “Al principio iban a la biblioteca, sacaban los libros de papel y una vez que se agotaban descargaban la copia digital”, cuenta Oyarce, quien agrega que “ahora pasa exactamente lo contrario, van a la biblioteca digital primero y cuando se terminan esas descargas van al papel”.

Consultado sobre las restricciones que algunas editoriales plantean en Europa, Alejandro Oyarce indica lo complejo que es aunar todos los criterios en torno al préstamo de libros digitales y añade que afortunadamente (y al negociar directamente con las editoriales) hasta ahora no han tenido inconvenientes: “Tenemos un tiempo indeterminado para hacer el préstamo de los libros. Sin embargo, McGraw-Hill ya nos indicó que las licencias sobre los libros ahora se daría sólo por un año, luego de lo cual habría que renovarlas”.

Pero las bibliotecas y la compra directa no son el único medio para obtener estos libros. Hoy proliferan en la red los sitios de préstamo de libros digitales, replicando una costumbre milenaria con el beneficio de que ahora no hay que preocuparse de que el libro no sea devuelto.

En este tipo de sitios, tales como www.booklending.com y www.lendle.me, los usuarios se reúnen buscando algún libro específico y pueden también intercambiarlo por los que ellos ya poseen, siendo una plataforma especialmente útil si se desea conocer un título en profundidad antes de comprarlo. En el último año, el crecimiento de estos sitios ha crecido considerablemente: Booklending.com ha llegado a 16.000 usuarios registrados y más de 20.000 libros prestados.

Sin embargo este método dista de ser perfecto. El catálogo de libros es limitado, ya que la mayoría de los libros comprados sólo pueden prestarse una vez, y sólo por un período de 14 días, lo que ocasiona que cada vez que un libro se presta, la colección que el sitio presenta disminuye. O sea, un libro prestado sólo estará disponible de nuevo si un nuevo usuario vuelve a prestarlo.

Aún así, conseguir libros gratis no es un sueño distante, ya que las leyes internacionales de derechos de autor especifican que una obra pasa al dominio público (por lo que su uso es libre) después de una cierta cantidad de años luego de producirse la muerte del autor (en Europa, por ejemplo, 70 años y en Estados Unidos, 56). El sitio de Google Books (books.google.com) recopila la mayoría de los libros que pueden obtenerse gratuitamente por este método.

Detienen a hermanas porteñas por venta de libros falsificados avaluados en $5 millones

Radio Bio Bio 4/03/2011

La Brigada de Delitos Portuarios de la Policía de Investigaciones de Valparaíso logró la detención de dos hermanas, de 36 y 40 años, por infringir la ley de propiedad intelectual en la ciudad puerto.

Viviana Toro

Gracias a un operativo realizado en calle Uruguay, se pudo detectar que dos mujeres, identificadas como Claudia y Rosa Picardo Villegas, comercializaban libros falsificados de reconocidas editoriales y escritores como Isabel Allende, Paulo Coelho, Federico García Lorca y Miguel de Cervantes, entre otros textos de lectura complementaria escolar, incautándose 500 ejemplares avaluados en más de 5 millones de pesos.

Así lo comentó el Comisario Osvaldo Salinas, jefe de la Briderpo.

Además, la PDI hizo un llamado a la comunidad a comprar los textos sólo en comercio establecido, y a tener ojo con las características que pueden delatar a un libro falsificado

(Escuchar Podcasts en web original)

Ambas detenidas pasarán a control de detención en el Juzgado de Garantía de Valparaíso por el delito flagrante de infracción a la ley de propiedad intelectual.