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Los desafíos que plantean los ebooks a las bibliotecas

La Tercera. 26/03/2011

Mientras los libros digitales comienzan a reemplazar a los estantes y la industria editorial levanta la voz para restringir el acceso a su información, surge la interrogante sobre cómo sobrevivirán las bibliotecas en el mundo digital.

Christopher Holloway

Cristián (23) entra a la biblioteca de su universidad, llega ágilmente a la sección de literatura del siglo de oro español, toma un libro de Calderón y comienza, emocionado, su lectura. Sólo que todo esto lo realizó desde su casa, y al leer no está pasando las hojas entre sus dedos si no que con un botón en su lector digital Sony eReader.

Así funciona el sistema de préstamo de libros digitales que cada vez se está haciendo más popular en el mundo, algo que las bibliotecas no podían ignorar y que ya están integrando de diversas formas. Por ejemplo, a fines del 2009, la biblioteca de la Academia Cushing, en Massachusetts, anunció el reemplazo de su colección, de casi 20.000 libros impresos, por libros digitales. Esto, además, incluye rediseñar completamente el espacio de la biblioteca, disponiendo de computadores, espacios para laptops y un par de cientos de ebooks para facilitar a sus usuarios.

¿Cómo funciona un libro digital en este sistema? Si ya descargué la información, ¿Puedo tenerla para siempre? ¿Cómo se prestan? Esas son algunas de las principales dudas que se levantan al hablar de libros digitales, y es un debate que seguirá abierto mientras se duplican sus ventas y comienzan a multiplicarse las bibliotecas que los prestan y los sitios donde pueden intercambiarse gratis.

Hay varias formas básicas de distribución y préstamo posible, según explica Sandra Rivera en su texto Lectores de libros electrónicos: la remediación de la lectura estas serían: suscripción, acceso perpetuo y uso único. “El modelo de suscripción permite a las bibliotecas comprar acceso a un título por un período de tiempo determinado, por lo general un año. El modelo perpetuo da acceso permanente a los recursos. El uso único significa el uso de un título para sólo una persona a la vez”.

Pero las editoriales no concuerdan sobre qué sistema usar, por lo que la discusión sobre derechos y deberes de editoriales, bibliotecas y lectores aún no se zanja y genera cada vez más roces. Una de las formas de distribución más usadas, y que está presente en Chile actualmente, le da al usuario siete días para finalizar la lectura del texto, contando desde el momento en que lo descargó a su eReader o computador, además de la opción de imprimir hasta 10% del libro si así lo requiere.

Una vez finalizado el plazo del préstamo, el libro se elimina automáticamente del dispositivo, pudiendo recién en ese moment ser cedido una vez más, a otro usuario. Cabe hacer notar que varios dispositivos tiene este mismo sistema para usuarios comunes y corrientes, que pueden prestar sus libros a amigos y familiares por un periodo determinado.

Guerra contra las bibliotecas

Pero el cambio a los formatos digitales nunca es tan simple como parece. Los intereses económicos, los derechos de autor, y el derecho a la información son conceptos que se entrecruzan en este campo de batalla y que han agitado el ambiente en los últimos meses.

A fines de 2010, la editorial Faber & Faber declaró la guerra contra las bibliotecas, alegando que no tenían ningún tipo de restricciones para el préstamo de libros digitales, y que incluso se apoyaban en mensajes como “ebooks gratis, donde quiera que esté, en el momento que lo desee”. “Bajo este modelo, ¿quién volvería a comprar un libro electrónico?”, declaraba Stephen Page, CEO de la compañía, recomendando, además, que se instalaran restricciones geográficas al préstamo.

Un par de semanas después, la casa editorial HarperCollins daba otro golpe, anunciando la inauguración de un modelo en que los libros podrían ser prestados un máximo de 26 veces antes de eliminarse y tener que ser comprados de nuevo por la biblioteca. Supuestamente, esa era la cantidad de veces que un libro físico podía prestarse antes de que el uso lo hiciera ilegible. “Creemos que este cambio equilibra el valor que las bibliotecas obtienen de nuestros títulos con la necesidad de proteger a nuestros autores y asegurar una presencia en bibliotecas públicas”, decía el comunicado de la editorial.

Según Mariela Ferrada, académica de la Escuela de Bibliotecología de la Universidad Tecnológica Metropolitana, esto sucede porque hoy los editores deben conocer y manejar de manera adecuada los hábitos de conducta de los consumidores digitales, “evitando de manera inteligente que no se reproduzca en este nuevo formato de presentación el “pirateo”, tan difundido en áreas como la música y los videojuegos.”

¿Cuál es el papel de las bibliotecas en o este escenario? “Tradicionalmente, estas han sido las intermediarias entre el mercado del libro, las editoriales y el usuario final o los lectores, representando sus intereses y siendo los custodios de su derecho a leer”, indica la académica Mariela Ferrada. Por este motivo, se encuentran al centro de la guerra que han declarado las editoriales.

Algunas bibliotecas públicas, en Inglaterra, reaccionaron alarmadas frente a las nuevas restricciones que los editores están diseñando. “La idea de 26 préstamos no tiene ningún sentido para mí”, dice a la BBC el bibliotecario Phil Bradley, vicepresidente del Chartered Institute of Library and Information Professionals. “Cualquier bibliotecario puede decirte que un libro con cubierta de papel puede ser prestado unas 40 veces, y uno de tapa dura mucho más”, sentencia.

En Chile, la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) y la de Universodad de Chile, entre otras, ya tienen un sistema de préstamo de ebooks en algunas de facultades, pudiendo descargarse tanto a computadores como a los eReaders más populares. El servicio ha tenido un éxito alto, pero aún se utilizan más los computadores que los lectores digitales.

Según Alejandro Oyarce, bibliotecólogo y coordinador del Departamento de la Información y Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, el préstamo de libros digitales ha tenido un éxito rotundo en el año que lleva implantado. Actualmente, los estudiantes tienen acceso a unos 1.000 libros, concentrándose en la bibliografía básica (textos que sirven a lo largo de todo el año) y en libros de reserva, que suele tener precios demasiados elevados como para comprarlos de forma imprevista. “Al principio iban a la biblioteca, sacaban los libros de papel y una vez que se agotaban descargaban la copia digital”, cuenta Oyarce, quien agrega que “ahora pasa exactamente lo contrario, van a la biblioteca digital primero y cuando se terminan esas descargas van al papel”.

Consultado sobre las restricciones que algunas editoriales plantean en Europa, Alejandro Oyarce indica lo complejo que es aunar todos los criterios en torno al préstamo de libros digitales y añade que afortunadamente (y al negociar directamente con las editoriales) hasta ahora no han tenido inconvenientes: “Tenemos un tiempo indeterminado para hacer el préstamo de los libros. Sin embargo, McGraw-Hill ya nos indicó que las licencias sobre los libros ahora se daría sólo por un año, luego de lo cual habría que renovarlas”.

Pero las bibliotecas y la compra directa no son el único medio para obtener estos libros. Hoy proliferan en la red los sitios de préstamo de libros digitales, replicando una costumbre milenaria con el beneficio de que ahora no hay que preocuparse de que el libro no sea devuelto.

En este tipo de sitios, tales como www.booklending.com y www.lendle.me, los usuarios se reúnen buscando algún libro específico y pueden también intercambiarlo por los que ellos ya poseen, siendo una plataforma especialmente útil si se desea conocer un título en profundidad antes de comprarlo. En el último año, el crecimiento de estos sitios ha crecido considerablemente: Booklending.com ha llegado a 16.000 usuarios registrados y más de 20.000 libros prestados.

Sin embargo este método dista de ser perfecto. El catálogo de libros es limitado, ya que la mayoría de los libros comprados sólo pueden prestarse una vez, y sólo por un período de 14 días, lo que ocasiona que cada vez que un libro se presta, la colección que el sitio presenta disminuye. O sea, un libro prestado sólo estará disponible de nuevo si un nuevo usuario vuelve a prestarlo.

Aún así, conseguir libros gratis no es un sueño distante, ya que las leyes internacionales de derechos de autor especifican que una obra pasa al dominio público (por lo que su uso es libre) después de una cierta cantidad de años luego de producirse la muerte del autor (en Europa, por ejemplo, 70 años y en Estados Unidos, 56). El sitio de Google Books (books.google.com) recopila la mayoría de los libros que pueden obtenerse gratuitamente por este método.

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Comprensión de lectura

El Mercurio. Santiago, Chile. 24/03/2011

Se ha discutido bastante sobre la carencia de comprensión lectora promedio de nuestro país, algo evidente para quienes trabajamos en la educación universitaria, pues la mayoría de los alumnos que recibimos vienen sin hábitos de lectura y con muy poco interés por entablar una amistosa relación con los libros. Por ejemplo, concentrarse en un volumen de poco más de 100 páginas se les hace cuesta arriba y reclaman por la “excesiva” extensión de la obra.

Frente a este panorama un poco deprimente, surge la pregunta: ¿qué ocurrió para que en Chile y en otros lugares se dejara de leer? Hay varias respuestas. Una de ellas es que nuestra época, de una invasión visual y sonora casi sin límites, apenas impulsa el tiempo, el espacio y el silencio para sentarse en un sillón con un libro en las manos y concentrarse un par de horas en este ejercicio intelectual, mirado por muchos con desdén o sospecha. A tal punto esto es cierto, que, incluso, un buen lector debe dar explicaciones por dedicar parte de su día a esta actividad “improductiva”.

Sin embargo, me sumo a las voces que aprecian sinceramente la lectura, reconocen su necesidad y conservan el gusto por ella, pues las páginas leídas no son una negación de la vida, sino un puente para que nuestro paso por la existencia sea auténticamente más humano.

El éxito en las ventas de “e-books” aumentaría la brecha de la alfabetización

La Segunda. 18/03/2011

Expertos alertan sobre la posibilidad de que las comunidades con bajos recursos no puedan acceder a la tecnología necesaria para leer los últimos títulos.

TOKIO- El vertiginoso ascenso de los libros electrónicos podría conducir a una “brecha lectora”, en la que aquellos que no pueden permitirse la nueva tecnología se quedarían atrás, en un momento en el que las habilidades lectoras y redactoras en Estados Unidos caen cada vez más.

En riesgo se encuentran sobre todo las comunidades afroamericanas, donde muchos estudiantes se están quedando detrás de sus compañeros en términos de alfabetización, afirmó la galardonada escritora Marita Golden, a pesar del ascenso de notorios escritores afroamericanos, como el ganador del Premio Nobel Toni Morrison.

“Mi mayor preocupación es que tecnología continúe ensanchando la brecha. No se trata sólo de la división digital, sino también de una división en la lectura si leer se convierte en una actividad dependiente de la tecnología”, afirmó Golden.

“Si leer se vuelve dependiente de una tecnología que debe ser comprada, creo que veremos cómo la brecha de la alfabetización persiste e incluso se ensancha”, agregó.

Años de discusión sobre el futuro de los libros en medio de arrolladores cambios tecnológicos, y el deseo de asegurar que los escritores negros estuvieran incluidos en este debate empujaron a Golden a recopilar su reciente libro “The Word”, en el que escritores afroamericanos hablan sobre cómo leer transformó sus vidas para mejor.

Edward P. Jones, ganador de un Premio Pulitzer por su novela “The Known World”, afirmó que cree que “leer y escribir son los cimientos para convertirse en mejor persona y tener una vida mejor”.

Otros relataron cómo leer sobre las vidas de gente como ellos les ayudó a validar sus experiencias y les dio confianza.

En ese sentido, la tecnología, como en los libros electrónicos, puede ser tanto una bendición como una maldición en términos de alfabetización, afirmó Golden, ya que algunos lectores que se sentirían intimidados por el número de páginas de un libro tradicional devoran ansiosamente un libro electrónico.

Además, como la comunidad afroamericana de Estados Unidos adquiere más teléfonos móviles y blackberry que la blanca existe un gran potencial…”Pero el problema es que puede bajarse tanto libros como juegos, y no sabemos qué es lo que la gente va a descargar”, añadió.

A pesar de mantener una pugna con la idea de las nuevas tecnologías, Golden afirmó que la necesidad de centrarse en los fundamentos básicos permanece más importante que nunca.

“Por un lado, tienes todos estos grandes escritores -estamos asistiendo a un florecimiento, una explosión de escritores afroamericanos en los últimos 20-30 años – junto a un aumento de la tasa de abandono escolar entre los estudiantes negros, y una sensación de que cada vez más escolares negros se están quedando atrás”, comentó.

“Creo que para aquellos de nosotros apasionados por la lectura y la escritura, ante el persistente problema de los cambios tecnológicos y sus molestias, tenemos que abogar por la importancia básica de la lectura y la escritura, ya estés leyendo en un Kindle o donde sea”, agregó.

Uno de cada cinco adolescentes nunca visita la biblioteca de su colegio

La Tercera. 8/02/2011

Investigación del Consejo Nacional de la Cultura, en jóvenes de cuarto medio de la Región Metropolitana, da cuenta del desinterés por los libros en este grupo etario.

El estudio revela que el 10% de los escolares no lee y que un tercio lee entre uno y tres libros al año. Cerca del 40% leyó su último texto hace tres meses.

Un tercio de los jóvenes baja los libros de Internet y el 40% usa la web, no siempre disponible en las escuelas, como su principal herramienta de estudio.

Uno de cada cinco estudiantes de cuarto medio no visita la biblioteca de su escuela. La cifra es uno de los principales resultados del estudio “Hábitos y Comprensión de Lectura”, en el que participaron 207 alumnos de la Región Metropolitana, a cargo de la bibliotecóloga Claudia Gilardoni. No sólo eso: el 60% que la usa, lo hace con poca frecuencia. Sólo el 5% asiste tres veces a la semana.

Con estas cifras, no es de extrañar que el 10% de los escolares no alcance a leer un libro al mes y un tercio de ellos lea entre uno y tres libros al año, según datos del mismo estudio.

La investigación -realizada para el Consejo Nacional de la Cultura- pone de manifiesto el desinterés de los adolescentes por un lugar que se suponía debía atraerlos hacia la lectura y, por lo tanto, su poco contacto con los libros, ya que tampoco los encuentran en sus casas. Probablemente, este sea el comienzo de las cifras que luego exhiben los adultos: el 45% no lee un solo libro al año, según datos de Fundación La Fuente.

En la investigación dirigida por Gilardoni, los adolescentes aseguran que valoran la lectura como algo importante. Pero un tercio dice que no se concentra al leer y el 22%, que se aburre.

El análisis que hace la investigadora para explicar esta realidad incluye dos factores: las bibliotecas no tienen libros entretenidos o actuales, además de contar con pocas revistas y diarios (sólo el 2% dice que encuentra lectura interesante en estos lugares y la mayoría prefiere comprar en ferias o en la calle, si es que hay un título que llame su atención).

El segundo factor es la poca preparación de los encargados de estos recintos, que no cuentan con técnicas para motivar a los adolescentes. “Hay colegios donde la secretaria atiende la biblioteca o personas a las que ni siquiera les gusta leer, entonces, difícilmente alguien se va a motivar. Incluso, está el prejuicio de que se pueden robar los libros, por lo que no se los prestan a los alumnos”, señala Gilardoni.

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Sin leer, sin saber, sin vivir

El Mercurio. Santiago, Chile. 07/02/2011

Día a Día. Editorial

Se ha discutido bastante sobre la incomprensión lectora promedio de nuestro país, algo evidente para quienes trabajamos en la educación universitaria, pues la mayoría de los alumnos que recibimos vienen sin hábitos de lectura y con muy poco interés por entablar una amistosa relación con los libros. Por ejemplo, forzarlos a concentrase en un volumen de poco más de 100 páginas se les hace cuesta arriba y reclaman por la “excesiva” extensión de la obra.

¿Qué ocurrió para que en Chile y en otros lugares se dejara de leer? Hay varias respuestas. Una de ellas es que nuestra época, de una invasión visual y sonora casi sin límites, apenas impulsa el tiempo, el espacio y el silencio para sentarse en un sillón con un libro en las manos y concentrarse un par de horas en este ejercicio intelectual, mirado por muchos con desdén o sospecha. A tal punto es esto cierto, que, incluso, un buen lector debe dar explicaciones por dedicar parte de su día a esta actividad “improductiva”.

Sin embargo, me sumo a las voces que aprecian sinceramente la lectura, reconocen su necesidad y conservan el gusto por ella, pues las páginas leídas, sea para aprender, disfrutar, comprender, no son una negación de la vida, sino un puente para que nuestro paso por la existencia sea auténticamente humano.

¿Cómo leeremos en el futuro? pantallas y libros en el mismo mundo

El Mercurio. Santiago, Chile. 30/01/2011

Entrevista a Roger Chartier:
Hoy día ya no se habla con tanta facilidad de la desaparición del libro, pues se ve que no hay equivalencia entre un texto sobre la pantalla y un texto en la forma de libro impreso. El destacado historiador francés arroja algunas luces sobre las nuevas y antiguas formas de leer.

Gustavo Santiago, La Nación de Buenos Aires

Cuando se trata de analizar el pasado, el presente o el futuro del libro, resulta imprescindible detenerse en el pensamiento de Roger Chartier (Lyon, 1945). De sus numerosos trabajos sobre las prácticas de escritura y de lectura en Occidente pueden citarse el ya clásico “El mundo como representación” (Gedisa, 1992) y otros más recientes, como “Escuchar a los muertos con los ojos” (Katz, 2008). El historiador francés conversó sobre algunos de los temas que lo apasionan: los libros y las disputas con la cultura digital.

-En su lección inaugural en el Collège de France, titulada “Escuchar a los muertos con los ojos”, usted formula una pregunta elemental, básica, que me gustaría retomar aquí. La pregunta es qué es un libro.
“Hay varias definiciones, como aquellas surgidas de las metáforas empleadas en el Siglo de Oro o de las distinciones conceptuales del siglo XVIII, que sostienen que el libro tiene cuerpo y alma. O que el libro, como decía Kant, es, por una parte, un opus mechanicum, un objeto material producido por una técnica, que como objeto pertenece a quien lo compra; y, por otra, un discurso, una obra dirigida a un público que, en ese sentido, pertenece a quien lo compuso.”

-¿Qué sucede con el sentido de la obra? ¿Es patrimonio del autor o del lector?
“Es complejo. Porque lo que lee el lector es un libro, pero los autores no escriben libros. Escriben obras, discursos que otros -editores, impresores, tipógrafos- transforman en libros. Esa transformación da una forma al texto que algunas veces desborda o incluso contradice las intenciones del autor. Y de lo que se apropia el lector es del texto en su forma material. Pero, por otro lado, la construcción del sentido que realiza el lector no remite sólo a sus expectativas o categorías, sino también a la experiencia de lectura que cada forma particular del texto produce. Hay tres elementos: los procedimientos de composición, las apropiaciones (tanto en una misma sociedad como a lo largo del tiempo) y la forma material de los objetos escritos e impresos.”

-En varias ocasiones se ha referido usted a un proceso de “desmaterialización de la obra”, que se acentúa desde hace varios siglos. ¿Cuáles serían las causas y los alcances de esta desmaterialización?
“Hay muchas razones que han borrado el efecto de la materialidad de la obra. En primer lugar, la definición de la propiedad literaria impulsada en el siglo XVIII, que establece que el autor es propietario de un texto, independientemente de sus formas materiales sucesivas o contemporáneas. El copyright protege la obra en su esencia inmaterial, en su dimensión de producción estética o intelectual. Y a partir de ese momento el derecho en sí mismo opera la desmaterialización de la obra. Es muy interesante el momento en que surgen las disputas por el copyright . Allí vemos el problema de defender la propiedad literaria de un autor sobre su obra en un momento en que el sueño de la Ilustración indicaba la posibilidad para todos de apropiarse de las ideas que se consideraban útiles para el progreso de la humanidad. Hay autores como Condorcet, en Francia, que rechazaban radicalmente toda idea de propiedad literaria, porque consideraban que nadie podía apropiarse de las ideas fundamentales para el proceso de la Ilustración.”

-¿Cuáles serían las otras razones de la desmaterialización de la obra?
“Una está vinculada con la recepción. En este sentido, es el lector mismo quien desmaterializa la obra leyéndola. Inconscientemente, crea una relación en la cual el texto pierde toda forma de especificidad particular. Es el discurso del otro con el cual el lector dialoga, en el cual penetra, o es el discurso el que penetra en él.”

El cuerpo y el alma de un libro

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Las ambiciones de Wikipedia tras 10 años en línea

Emol.com 13/01/2011

En esta década, la enciclopedia gratuita y sin fines de lucro cambió profundamente la forma en que la gente accede a la información y se convirtió en la referencia por defecto para una búsqueda rápida de datos en línea.

AFP

NUEVA YORK- Diez años después de su estreno como una enciclopedia en línea alimentada por los propios usuarios, Wikipedia ahora quiere usar su enorme popularidad e imagen para difundir el conocimiento en todo el mundo.

En esta década, la enciclopedia gratuita y sin fines de lucro cambió profundamente la forma en que la gente accede a la información y se convirtió en la referencia por defecto para una búsqueda rápida de datos en línea.

Tras un intento fallido de lanzar una enciclopedia en línea convencional, llamada Newpedia, Jimmy Wales fundó Wikipedia el 15 de enero de 2001 con muy pocas expectativas.

“Wikipedia resultó ser más exitoso de lo que cualquiera hubiera imaginado, ni siquiera aspirado. Tomó vida propia y se convirtió en esto tan enormemente popular”, dijo la directora ejecutiva de Wikipedia Sue Gardner.

Actualmente, Wikipedia está disponible en más de 250 idiomas, tiene 26 millones de entradas, es leído por cientos de millones de personas en todo el mundo y editado por millones de “wikipedistas”.

Y ahora que se ha consolidado en los países ricos, Wikipedia puso la mira en los países desarrollados, a medida que el acceso a internet y la alfabetización mejoran gradualmente.

“Nuestro objetivo es llegar a gente de todo el mundo con Wikipedia y hacer posible su acceso a la enciclopedia”, dijo Gardner en una entrevista.

“Sabemos que la gente se está conectando masivamente, en particular a través de teléfonos celulares. Por eso, tenemos una nueva iniciativa estratégica que consiste en dirigir nuestras energías hacia los países en desarrollo, de manera que, cuando la gente comience a conectarse, Wikipedia ya esté allí”, explicó.

Wikipedia está listo para abrir en India la que será su primera oficina fuera de Estados Unidos. El objetivo es aumentar la recordación de la enciclopedia en esta economía creciente, donde hay una cada vez más numerosa clase media ávida de información.

También está expandiendo y mejorando su sitio en chino, incluso a pesar de que Pekín sigue restringiendo el acceso a la página.

“Cuando hablo con wikipedistas chinos tengo la impresión de que lo que quieren hacer es construir una buena enciclopedia en chino, así cuando llegue el día en que China pueda acceder sin restricciones a internet, el sitio los esté esperando, y ya sea bueno y de agradable lectura”, dijo Gardner.

La comunidad del “núcleo de editores de Wikipedia”, es decir todos quienes hacen al menos cinco ediciones al mes, incluye a casi 100.000 voluntarios en todos el mundo, algunos de ellos anónimos.

Sus motivaciones son muy diferentes.

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