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Opinión: “¿Cuánto más podemos leer?”

El Plan Nacional de la Lectura se ha propuesto objetivos ambiciosos en el aumento de las cifras de los lectores chilenos. Son metas difíciles de alcanzar, pero hoy más que nunca las consideramos posibles.

Ernesto Ottone, Ministro de Cultura, Opinión & Posteos, Revista Qué Pasa, 6 de mayo de 2016.

Qué bien habla de la sociedad chilena que las disputas en torno al libro sigan ocupando titulares. Es sorprendente que una niña de 17 años haya movilizado a miles de personas a través de redes sociales para pedir la rebaja del IVA al libro. ¿Quién dijo que a nuestros jóvenes chilenos no les gusta leer? No sólo les gusta sino que les preocupa cómo poder acceder a la lectura, que es justamente lo que nos interesa fomentar a todos.

Se ha cumplido un año desde que la Presidenta de la República dio el vamos a la nueva Política Nacional de la Lectura y el Libro 2015-2020. Un marco institucional que contiene orientaciones que han guiado y guiarán nuestro camino hacia este objetivo. Esto significa un esfuerzo transversal único en la historia de las políticas culturales de Chile que resulta de un proceso participativo, en el cual más de 700 actores del ecosistema de la lectura y el libro dieron a conocer los principales temas de su quehacer y definieron los objetivos para el desarrollo del sector.

Entre los participantes de las mesas de trabajo que funcionaron entre agosto y octubre del 2014 en Santiago y regiones se cuentan autores, editores, representantes de la Cámara Chilena del Libro, de los Editores Independientes de Chile, de la Cooperativa Editores de la Furia; representantes de la Asociación Gremial de Industriales Gráficos, Asimpres; libreros, SECh, Letras de Chile, entre otros organismos e instituciones públicas y privadas que hoy hacen de la Política de la Lectura y el Libro una herramienta de trabajo concreta para los próximos cinco años.

En ese sentido, me gustaría destacar lo que ha sido el primer aterrizaje y concreción de la política y continuidad del Plan Nacional de Fomento de la Lectura Lee Chile Lee. Me refiero al Plan Nacional de la Lectura. Un instrumento que se ha propuesto números ambiciosos, entre los que se cuenta aumentar en un 10% la población que declara leer libros en formato impreso, por motivos de estudio o trabajo, o por entretención u ocio; y aumentar del 26% al 28% la población que declara leer libros en formato digital.

Estas cifras, proyectadas en base a los resultados obtenidos en los dos estudios de comportamiento lector realizados por el Consejo del Libro en 2011 y 2014, respectivamente, son difíciles de alcanzar, pero hoy más que nunca las consideramos posibles. Esto gracias a que las acciones diseñadas para lograrlas han sido creadas tomando en cuenta los saberes y acuerdos de estos actores en cada una de las regiones del país.

Es así que otro de los objetivos principales del Plan Nacional de la Lectura ha sido impulsar la creación de planes regionales de lectura, considerando cada contexto para generar un real impacto en las distintas realidades del país. Esta es una medida inédita, pero ineludible en vista a la evidencia de que frente a un problema tan estructural como la falta de lectores, las medidas centralizadas (territorial e institucionalmente) están destinadas al fracaso.

Las once instituciones públicas que forman parte del plan se encuentran llevando a cabo 40 programas de fomento lector a lo largo de Chile, tan diversos como el impulsado por Mineduc de bibliotecas de aula en las salas de clases de prekínder a segundo básico, una biblioteca pública digital con 12 mil títulos disponibles desarrollada por la Dibam, el programa de visitas de escritores a escuelas públicas del Consejo de la Cultura o la inclusión de libros en el Programa de Apoyo al Recién Nacido de Chile Crece Contigo.

Esta labor conjunta nos permite instalar un horizonte común. Un horizonte que incluye a la sociedad civil y el Estado bajo un solo gran compromiso: hacer de Chile un país de lectores y lectoras durante todo el ciclo de la vida, desde la más primera infancia hasta la adultez.

Creando lectores: la recta final de una nueva política del libro y la lectura

Diversas iniciativas invitan a aumentar la alfabetización en Chile. En enero, la Presidenta dará a conocer la nueva política en el área.

Javier García, La Tercera, 2 de Noviembre de 2014.

Rafaela era el nombre de la burra. Con un saco en su lomo con más de 40 libros recorría el sector La Peña, al interior de la V Región. Se le conocía también como “Biblioburra” y su nobleza consistía en acompañar a un grupo de mujeres que recorrían varios kilómetros para entregar cultura a los vecinos.

La proeza de Rafaela se repitió por varios años a fines de la década del 90. Y como ésta han existido varias iniciativas como la “Bibliolancha” o “Los Quijotes de la lectura”, cuyo fin es fomentar la lectura y su comprensión. Entregar un libro con historias, ideas, imágenes para aprender, entretener y dialogar.

“Estamos trabajando de manera participativa en la elaboración de una política que se haga cargo de las múltiples dimensiones del fomento del libro y la lectura hoy en Chile”, dijo la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, el pasado 23 de octubre en la inauguración de la Feria del Libro de Santiago. Y agregó que en la Ley de Presupuesto 2015 se propone un aumento a los recursos del libro y la lectura de $ 5.400 millones.

Así es como la Nueva Política del Libro será un documento definitivo a fines de este año elaborado por el Consejo de la Cultura y las Artes. Luego llegará a las manos de la Presidenta, quien hará en la primera quincena de enero de 2015, el anuncio oficial sobre la nueva política que espera aumentar los indices de alfabetización. El énfasis: crear futuros lectores estimulándolos desde la primera infancia.

“Es fundamental para la formación de un lector que esté vinculado, ojalá desde el embarazo, con los libros, acá el papel del entorno familiar es clave”, dice Claudio Aravena, gerente de Desarrollo de la Fundación La Fuente.

Según el último estudio de Comportamiento Lector (2011), del Centro de Microdatos de la U. de Chile, el 84% de los chilenos “no demuestra una comprensión adecuada de textos largos y complejos”.

“Un lector que se inicia desde la primera infancia será un individuo que comenzará a aprender y a desarrollar sus habilidades de manera natural. Está comprobado mundialmente que estos lectores son personas con mejor educación”, señala Giovanna Morales, de la editorial Amanuta, que edita libros infantiles.

¿Cómo fomentar la lectura? Un ejemplo: en 2007 se echó a andar el programa Maletín literario. Serían 400 mil familias las beneficiadas, “en situación de vulnerabilidad socioeconómica”, a quienes les llegaría una caja con un máximo de nueve libros. Se citaron a un grupo de escritores para hacer la selección de títulos. Se invertirían $ 11 mil millones en su implementación hasta el 2010, pero el terremoto de febrero de ese año destinó parte del dinero al plan de reconstrucción.

“Fue un total fracaso. Una política de buenas intenciones. Los libros que seleccionamos no fueron los que se incluyeron en el maletín”, dice el escritor Rafael Gumucio, parte de ese jurado.

Del proyecto implementado por la Dibam surgieron las más variadas especulaciones. Se dijo que los libros terminarían vendiéndose en la feria, como también que muchas cajas quedaron en bodegas, en todo Chile, sin entregar.

Hoy el panorama es otro. En agosto pasado se convocó a más de 500 personas en todas las regiones para participar en diferentes mesas para crear propuestas para la Nueva Política del Libro. Esta actualizará la anterior (2005-2010) y además reemplazará el programa Lee Chile Lee, creado en el gobierno de Sebastián Piñera.

“La nueva política del libro ha sido una prioridad del Consejo de la Cultura de este año”, comenta Regina Rodríguez, secretaria ejecutiva del Consejo del Libro.

Escritores, editores, académicos, especialistas en temas de fomento lector. Instituciones como Un Techo para Chile propusieron acciones concretas en siete mesas (Fomento de la Lectura, Educación y Lectura, Creación, Industria e Internacionalización, Patrimonio, Marco Jurídico e institucional y Edición Electrónica). Estas propuestas serán acotadas por el directorio del Consejo de la Cultura para que a fines de noviembre lleguen a la Presidenta. La idea es que la nueva política se ejecute junto a la Reforma Educacional.

“Es necesario, porque hasta el momento sólo se entiende la educación como sinónimo de instrucción”, comenta Rafael Gumucio.

“Para mejorar la calidad de la educación hay que mejorar la comprensión lectora; es una condición necesaria”, dice Paulo Slachevsky, director de editorial Lom, quien intervino en la mesa de Industria e Internacionalización.

¿Cómo crear a nuevos lectores? “Lo importante es preparar a bibliotecarios y profesores. Estimular a los estudiantes para que se apoderen de la palabra, que armen sus propios textos, entrar por otros caminos a la lectura”, cree la bibliotecaria Lynn Shirey, encargada del área de literatura Hispanoamericana de la biblioteca de la U. de Harvard, EE.UU., que esta semana habló de su experiencia en la Feria del Libro de Stgo.

Un programa que empezó a realizarse este año, en Suecia, se llama Lectura para la Vida. Este se basa en tres ejes: sacar los libros de los lugares obvios, por ejemplo, entregar copias en canchas de fútbol; incentivar el e-book en bibliotecas, y capacitar a profesores. Su costo: $ 29 mil millones.

Entre las propuestas para la nueva política del libro destacan: la creación de bibliotecas comunales y barriales y una editorial del Estado. Sobre lo primero, Claudio Aravena dice: “Una buena red de bibliotecas serían centros de educación informal, o sea, tener libros al alcance de las personas, a cuadras de su casa”. Giovanna Morales, de Amanuta, desconfía de un nuevo sello estatal: “No es sinónimo de mejoras. Mientras exista un IVA par los libros, se seguirá considerando el libro como un ‘producto’ de venta”.

Otro de los puntos planteados es la importancia de que los libros hechos en Chile circulen en el extranjero. A su vez esto permitirá que los autores nacionales tengan mayor difusión internacional. “Yo veo que en América Latina no hay una buena política de distribución. A pesar de que hay muchos jóvenes a cargo, por ejemplo, de editoriales independientes que trabajan libros de calidad y que merecen ser difundidos”, cree Lynn Shirey.

Editorial de El Mercurio: “Encuesta sobre consumo cultural”

El Mercurio, Martes 3 de diciembre de 2013.

La sociedad chilena está proveyendo un “servicio cultural” cada vez más apreciado y extendido.

El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes ha realizado por tercera vez la Encuesta Nacional de Participación y Consumo Nacional, año 2012, con un universo de 8.200 personas encuestadas en todo el país. Las anteriores son de 2005 y 2009, lo que brinda una buena base de comparación de las tendencias de los últimos años en esta materia. Este sondeo mide -como la mayoría de los similares en el mundo- prácticas culturales (lectura, asistencia a conciertos, teatro, museos y similares), la tenencia de objetos culturales (pintura, discos, libros, otros) y las inclinaciones de la población por ciertos géneros musicales o literarios.

Según lo ha expresado el Consejo, una de las preocupaciones que últimamente han cobrado cuerpo respecto del consumo cultural es aquella que lo asocia a la desigualdad en distintos ámbitos. De allí que este informe destaque una de las tesis predominantes en los países desarrollados desde los años 90, pero que puede tener una proyección parcial hacia nuestra realidad: se impone la tendencia a un consumidor cultural “omnívoro”, en cuya práctica no se distingue entre producto de alta cultura o de cultura popular, superándose así los planteamientos que veían en dicho consumo una simple homología entre este y el nivel socioeconómico. Ese mismo “omnivorismo” estaría haciendo desaparecer el vínculo entre prestigio y consumo cultural, especialmente en las generaciones más jóvenes, pues “no hay necesidad de esnobismo”, debido a que han surgido entre ellas nuevas formas de socialización que han desplazado la antigua identificación entre consumo de alta cultura y mayor estatus social.

Las cifras que arroja esta muestra podrían interpretarse, en general, como un avance positivo en este sentido, con cruces relevantes entre consumidores con mayor o menor poder adquisitivo y las preferencias de consumo cultural que respectivamente manifiestan. Con todo, sin perjuicio de esta tendencia cualitativa -que sugiere que estaríamos en presencia de una mayor integración social para acceder a los productos culturales-, las cifras son muy alentadores en el aumento cuantitativo de consumo.

Así, las relativas a compras y lectura de libros presentan un mejoramiento notorio respecto de las encuestas anteriores, con un aumento significativo del número de libros leídos anualmente por cada habitante. En materia de asistencia a espectáculos culturales, si bien se mantienen cifras estables para el teatro y los museos, aumentan importantemente la danza y el cine, creciendo este último en mayor proporción que el resto. Lo mismo ocurre en materia de tenencia de objetos culturales en el hogar, que arroja indicadores positivos para todos los estratos sociales.

Todo esto indicaría que, en un área sensible de la calidad de vida de las personas, la sociedad chilena está proveyendo un “servicio cultural” cada vez más apreciado y extendido, marcando una tendencia que está en sintonía con otros indicadores sociales que miden desigualdad y que también han mostrado una evolución positiva en los últimos años.

Los desafíos que plantean los ebooks a las bibliotecas

La Tercera. 26/03/2011

Mientras los libros digitales comienzan a reemplazar a los estantes y la industria editorial levanta la voz para restringir el acceso a su información, surge la interrogante sobre cómo sobrevivirán las bibliotecas en el mundo digital.

Christopher Holloway

Cristián (23) entra a la biblioteca de su universidad, llega ágilmente a la sección de literatura del siglo de oro español, toma un libro de Calderón y comienza, emocionado, su lectura. Sólo que todo esto lo realizó desde su casa, y al leer no está pasando las hojas entre sus dedos si no que con un botón en su lector digital Sony eReader.

Así funciona el sistema de préstamo de libros digitales que cada vez se está haciendo más popular en el mundo, algo que las bibliotecas no podían ignorar y que ya están integrando de diversas formas. Por ejemplo, a fines del 2009, la biblioteca de la Academia Cushing, en Massachusetts, anunció el reemplazo de su colección, de casi 20.000 libros impresos, por libros digitales. Esto, además, incluye rediseñar completamente el espacio de la biblioteca, disponiendo de computadores, espacios para laptops y un par de cientos de ebooks para facilitar a sus usuarios.

¿Cómo funciona un libro digital en este sistema? Si ya descargué la información, ¿Puedo tenerla para siempre? ¿Cómo se prestan? Esas son algunas de las principales dudas que se levantan al hablar de libros digitales, y es un debate que seguirá abierto mientras se duplican sus ventas y comienzan a multiplicarse las bibliotecas que los prestan y los sitios donde pueden intercambiarse gratis.

Hay varias formas básicas de distribución y préstamo posible, según explica Sandra Rivera en su texto Lectores de libros electrónicos: la remediación de la lectura estas serían: suscripción, acceso perpetuo y uso único. “El modelo de suscripción permite a las bibliotecas comprar acceso a un título por un período de tiempo determinado, por lo general un año. El modelo perpetuo da acceso permanente a los recursos. El uso único significa el uso de un título para sólo una persona a la vez”.

Pero las editoriales no concuerdan sobre qué sistema usar, por lo que la discusión sobre derechos y deberes de editoriales, bibliotecas y lectores aún no se zanja y genera cada vez más roces. Una de las formas de distribución más usadas, y que está presente en Chile actualmente, le da al usuario siete días para finalizar la lectura del texto, contando desde el momento en que lo descargó a su eReader o computador, además de la opción de imprimir hasta 10% del libro si así lo requiere.

Una vez finalizado el plazo del préstamo, el libro se elimina automáticamente del dispositivo, pudiendo recién en ese moment ser cedido una vez más, a otro usuario. Cabe hacer notar que varios dispositivos tiene este mismo sistema para usuarios comunes y corrientes, que pueden prestar sus libros a amigos y familiares por un periodo determinado.

Guerra contra las bibliotecas

Pero el cambio a los formatos digitales nunca es tan simple como parece. Los intereses económicos, los derechos de autor, y el derecho a la información son conceptos que se entrecruzan en este campo de batalla y que han agitado el ambiente en los últimos meses.

A fines de 2010, la editorial Faber & Faber declaró la guerra contra las bibliotecas, alegando que no tenían ningún tipo de restricciones para el préstamo de libros digitales, y que incluso se apoyaban en mensajes como “ebooks gratis, donde quiera que esté, en el momento que lo desee”. “Bajo este modelo, ¿quién volvería a comprar un libro electrónico?”, declaraba Stephen Page, CEO de la compañía, recomendando, además, que se instalaran restricciones geográficas al préstamo.

Un par de semanas después, la casa editorial HarperCollins daba otro golpe, anunciando la inauguración de un modelo en que los libros podrían ser prestados un máximo de 26 veces antes de eliminarse y tener que ser comprados de nuevo por la biblioteca. Supuestamente, esa era la cantidad de veces que un libro físico podía prestarse antes de que el uso lo hiciera ilegible. “Creemos que este cambio equilibra el valor que las bibliotecas obtienen de nuestros títulos con la necesidad de proteger a nuestros autores y asegurar una presencia en bibliotecas públicas”, decía el comunicado de la editorial.

Según Mariela Ferrada, académica de la Escuela de Bibliotecología de la Universidad Tecnológica Metropolitana, esto sucede porque hoy los editores deben conocer y manejar de manera adecuada los hábitos de conducta de los consumidores digitales, “evitando de manera inteligente que no se reproduzca en este nuevo formato de presentación el “pirateo”, tan difundido en áreas como la música y los videojuegos.”

¿Cuál es el papel de las bibliotecas en o este escenario? “Tradicionalmente, estas han sido las intermediarias entre el mercado del libro, las editoriales y el usuario final o los lectores, representando sus intereses y siendo los custodios de su derecho a leer”, indica la académica Mariela Ferrada. Por este motivo, se encuentran al centro de la guerra que han declarado las editoriales.

Algunas bibliotecas públicas, en Inglaterra, reaccionaron alarmadas frente a las nuevas restricciones que los editores están diseñando. “La idea de 26 préstamos no tiene ningún sentido para mí”, dice a la BBC el bibliotecario Phil Bradley, vicepresidente del Chartered Institute of Library and Information Professionals. “Cualquier bibliotecario puede decirte que un libro con cubierta de papel puede ser prestado unas 40 veces, y uno de tapa dura mucho más”, sentencia.

En Chile, la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) y la de Universodad de Chile, entre otras, ya tienen un sistema de préstamo de ebooks en algunas de facultades, pudiendo descargarse tanto a computadores como a los eReaders más populares. El servicio ha tenido un éxito alto, pero aún se utilizan más los computadores que los lectores digitales.

Según Alejandro Oyarce, bibliotecólogo y coordinador del Departamento de la Información y Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez, el préstamo de libros digitales ha tenido un éxito rotundo en el año que lleva implantado. Actualmente, los estudiantes tienen acceso a unos 1.000 libros, concentrándose en la bibliografía básica (textos que sirven a lo largo de todo el año) y en libros de reserva, que suele tener precios demasiados elevados como para comprarlos de forma imprevista. “Al principio iban a la biblioteca, sacaban los libros de papel y una vez que se agotaban descargaban la copia digital”, cuenta Oyarce, quien agrega que “ahora pasa exactamente lo contrario, van a la biblioteca digital primero y cuando se terminan esas descargas van al papel”.

Consultado sobre las restricciones que algunas editoriales plantean en Europa, Alejandro Oyarce indica lo complejo que es aunar todos los criterios en torno al préstamo de libros digitales y añade que afortunadamente (y al negociar directamente con las editoriales) hasta ahora no han tenido inconvenientes: “Tenemos un tiempo indeterminado para hacer el préstamo de los libros. Sin embargo, McGraw-Hill ya nos indicó que las licencias sobre los libros ahora se daría sólo por un año, luego de lo cual habría que renovarlas”.

Pero las bibliotecas y la compra directa no son el único medio para obtener estos libros. Hoy proliferan en la red los sitios de préstamo de libros digitales, replicando una costumbre milenaria con el beneficio de que ahora no hay que preocuparse de que el libro no sea devuelto.

En este tipo de sitios, tales como www.booklending.com y www.lendle.me, los usuarios se reúnen buscando algún libro específico y pueden también intercambiarlo por los que ellos ya poseen, siendo una plataforma especialmente útil si se desea conocer un título en profundidad antes de comprarlo. En el último año, el crecimiento de estos sitios ha crecido considerablemente: Booklending.com ha llegado a 16.000 usuarios registrados y más de 20.000 libros prestados.

Sin embargo este método dista de ser perfecto. El catálogo de libros es limitado, ya que la mayoría de los libros comprados sólo pueden prestarse una vez, y sólo por un período de 14 días, lo que ocasiona que cada vez que un libro se presta, la colección que el sitio presenta disminuye. O sea, un libro prestado sólo estará disponible de nuevo si un nuevo usuario vuelve a prestarlo.

Aún así, conseguir libros gratis no es un sueño distante, ya que las leyes internacionales de derechos de autor especifican que una obra pasa al dominio público (por lo que su uso es libre) después de una cierta cantidad de años luego de producirse la muerte del autor (en Europa, por ejemplo, 70 años y en Estados Unidos, 56). El sitio de Google Books (books.google.com) recopila la mayoría de los libros que pueden obtenerse gratuitamente por este método.

Comprensión de lectura

El Mercurio. Santiago, Chile. 24/03/2011

Se ha discutido bastante sobre la carencia de comprensión lectora promedio de nuestro país, algo evidente para quienes trabajamos en la educación universitaria, pues la mayoría de los alumnos que recibimos vienen sin hábitos de lectura y con muy poco interés por entablar una amistosa relación con los libros. Por ejemplo, concentrarse en un volumen de poco más de 100 páginas se les hace cuesta arriba y reclaman por la “excesiva” extensión de la obra.

Frente a este panorama un poco deprimente, surge la pregunta: ¿qué ocurrió para que en Chile y en otros lugares se dejara de leer? Hay varias respuestas. Una de ellas es que nuestra época, de una invasión visual y sonora casi sin límites, apenas impulsa el tiempo, el espacio y el silencio para sentarse en un sillón con un libro en las manos y concentrarse un par de horas en este ejercicio intelectual, mirado por muchos con desdén o sospecha. A tal punto esto es cierto, que, incluso, un buen lector debe dar explicaciones por dedicar parte de su día a esta actividad “improductiva”.

Sin embargo, me sumo a las voces que aprecian sinceramente la lectura, reconocen su necesidad y conservan el gusto por ella, pues las páginas leídas no son una negación de la vida, sino un puente para que nuestro paso por la existencia sea auténticamente más humano.

El éxito en las ventas de “e-books” aumentaría la brecha de la alfabetización

La Segunda. 18/03/2011

Expertos alertan sobre la posibilidad de que las comunidades con bajos recursos no puedan acceder a la tecnología necesaria para leer los últimos títulos.

TOKIO- El vertiginoso ascenso de los libros electrónicos podría conducir a una “brecha lectora”, en la que aquellos que no pueden permitirse la nueva tecnología se quedarían atrás, en un momento en el que las habilidades lectoras y redactoras en Estados Unidos caen cada vez más.

En riesgo se encuentran sobre todo las comunidades afroamericanas, donde muchos estudiantes se están quedando detrás de sus compañeros en términos de alfabetización, afirmó la galardonada escritora Marita Golden, a pesar del ascenso de notorios escritores afroamericanos, como el ganador del Premio Nobel Toni Morrison.

“Mi mayor preocupación es que tecnología continúe ensanchando la brecha. No se trata sólo de la división digital, sino también de una división en la lectura si leer se convierte en una actividad dependiente de la tecnología”, afirmó Golden.

“Si leer se vuelve dependiente de una tecnología que debe ser comprada, creo que veremos cómo la brecha de la alfabetización persiste e incluso se ensancha”, agregó.

Años de discusión sobre el futuro de los libros en medio de arrolladores cambios tecnológicos, y el deseo de asegurar que los escritores negros estuvieran incluidos en este debate empujaron a Golden a recopilar su reciente libro “The Word”, en el que escritores afroamericanos hablan sobre cómo leer transformó sus vidas para mejor.

Edward P. Jones, ganador de un Premio Pulitzer por su novela “The Known World”, afirmó que cree que “leer y escribir son los cimientos para convertirse en mejor persona y tener una vida mejor”.

Otros relataron cómo leer sobre las vidas de gente como ellos les ayudó a validar sus experiencias y les dio confianza.

En ese sentido, la tecnología, como en los libros electrónicos, puede ser tanto una bendición como una maldición en términos de alfabetización, afirmó Golden, ya que algunos lectores que se sentirían intimidados por el número de páginas de un libro tradicional devoran ansiosamente un libro electrónico.

Además, como la comunidad afroamericana de Estados Unidos adquiere más teléfonos móviles y blackberry que la blanca existe un gran potencial…”Pero el problema es que puede bajarse tanto libros como juegos, y no sabemos qué es lo que la gente va a descargar”, añadió.

A pesar de mantener una pugna con la idea de las nuevas tecnologías, Golden afirmó que la necesidad de centrarse en los fundamentos básicos permanece más importante que nunca.

“Por un lado, tienes todos estos grandes escritores -estamos asistiendo a un florecimiento, una explosión de escritores afroamericanos en los últimos 20-30 años – junto a un aumento de la tasa de abandono escolar entre los estudiantes negros, y una sensación de que cada vez más escolares negros se están quedando atrás”, comentó.

“Creo que para aquellos de nosotros apasionados por la lectura y la escritura, ante el persistente problema de los cambios tecnológicos y sus molestias, tenemos que abogar por la importancia básica de la lectura y la escritura, ya estés leyendo en un Kindle o donde sea”, agregó.

Uno de cada cinco adolescentes nunca visita la biblioteca de su colegio

La Tercera. 8/02/2011

Investigación del Consejo Nacional de la Cultura, en jóvenes de cuarto medio de la Región Metropolitana, da cuenta del desinterés por los libros en este grupo etario.

El estudio revela que el 10% de los escolares no lee y que un tercio lee entre uno y tres libros al año. Cerca del 40% leyó su último texto hace tres meses.

Un tercio de los jóvenes baja los libros de Internet y el 40% usa la web, no siempre disponible en las escuelas, como su principal herramienta de estudio.

Uno de cada cinco estudiantes de cuarto medio no visita la biblioteca de su escuela. La cifra es uno de los principales resultados del estudio “Hábitos y Comprensión de Lectura”, en el que participaron 207 alumnos de la Región Metropolitana, a cargo de la bibliotecóloga Claudia Gilardoni. No sólo eso: el 60% que la usa, lo hace con poca frecuencia. Sólo el 5% asiste tres veces a la semana.

Con estas cifras, no es de extrañar que el 10% de los escolares no alcance a leer un libro al mes y un tercio de ellos lea entre uno y tres libros al año, según datos del mismo estudio.

La investigación -realizada para el Consejo Nacional de la Cultura- pone de manifiesto el desinterés de los adolescentes por un lugar que se suponía debía atraerlos hacia la lectura y, por lo tanto, su poco contacto con los libros, ya que tampoco los encuentran en sus casas. Probablemente, este sea el comienzo de las cifras que luego exhiben los adultos: el 45% no lee un solo libro al año, según datos de Fundación La Fuente.

En la investigación dirigida por Gilardoni, los adolescentes aseguran que valoran la lectura como algo importante. Pero un tercio dice que no se concentra al leer y el 22%, que se aburre.

El análisis que hace la investigadora para explicar esta realidad incluye dos factores: las bibliotecas no tienen libros entretenidos o actuales, además de contar con pocas revistas y diarios (sólo el 2% dice que encuentra lectura interesante en estos lugares y la mayoría prefiere comprar en ferias o en la calle, si es que hay un título que llame su atención).

El segundo factor es la poca preparación de los encargados de estos recintos, que no cuentan con técnicas para motivar a los adolescentes. “Hay colegios donde la secretaria atiende la biblioteca o personas a las que ni siquiera les gusta leer, entonces, difícilmente alguien se va a motivar. Incluso, está el prejuicio de que se pueden robar los libros, por lo que no se los prestan a los alumnos”, señala Gilardoni.

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