• Ingresa tu e-mail aquí

    Únete a otros 84 seguidores

  • Recomendados

    Infoconexión
  • blog DIBAM
  • Libérate lee
  • Dónde estudiar bibliotecología
  • panoramas gratis
  • El 5º poder
  • Chile y los libros 2010
  • Twitter

  • Secciones

  • Anuncios

Opinión: “Librerías populares”

“Librerías populares”

Carta publicada en Las Últimas Noticias el Miércoles 6 de febrero de 2019.

La venta de libros en librerías populares a menor precio debido a que no tienen fines de lucro causa grave daño a las pequeñas. Creo que se debe considerar un importante hecho: las obras están gravadas por el 19% del IVA en su venta al público, sin perjuicio de que el autor ya canceló a la imprenta también un 19% por igual concepto, impuesto a bienes o servicios y a su vez nuevamente al entregarlo al librero para su venta. O sea un 57 % sobre el mismo objeto, con lo que lo encarece, valor que finalmente costea el lector. Una solución sería eliminar dicho gravamen.

Luis Villagra Reveco

Anuncios

Editorial de La Segunda: “Cómo promover la lectura”

“Cómo promover la lectura”

Miércoles 6 de febrero de 2019, Editorial de La Segunda

“Tenga éxito o no, la propuesta de Recoleta no puede ser sino un complemento al fortalecimiento de las bibliotecas públicas”.

La apertura por parte de la Municipalidad de Recoleta de una librería que vende textos hasta 70% más baratos abrió una discusión que podría ayudar a arrojar luces sobre el fomento de la lectura en el país. Esto es —al margen del debate acerca de la subsidiariedad, la actividad económica del Estado o la estructura de costos de la industria editorial—, si para alcanzar dicho propósito es más adecuado priorizar la rebaja en el precio de los libros o la instalación y fortalecimiento de las bibliotecas públicas.

Quienes defienden proyecto de Recoleta han expresado que ambos caminos pueden ser compatibles y que la librería da cuenta de la falta de interés del mercado por instalarse en la comuna. Se señala que de las 184 librerías de la capital (según un trabajo de Editores de Chile) la mayoría se concentra en las comunas de altos ingresos, como Santiago, Providencia, Ñuñoa, La Reina, Las Condes y Vitacura.

Con todo, lo más discutible de la iniciativa parece ser la dificultad de evaluar su impacto en el largo plazo. Otras experiencias que participaban del mismo principio, la formación de capital cultural a partir de la tenencia de libros de forma permanente en el hogar, como la del «Maletín Literario» (un set de 10 libros distribuido a las familias más vulnerables del país por la antigua Dibam, hoy Servicio Nacional del Patrimonio Cultural), carecieron de un seguimiento para medir su eficacia. La evidencia internacional, indican algunos especialistas, reconoce cierta correlación entre tener libros en la casa y un alto rendimiento académico, pero no sobre los hábitos de lectoría.

Ante esto, cualquier incentivo a la lectura no puede dejar de lado la priorización permanente de las bibliotecas públicas que, progresivamente, han ido mejorando sus estadísticas en los últimos años. La actual red de establecimientos públicos, que hoy integran 434 bibliotecas, ha aumentado sistemáticamente los préstamos, pasando de un millón en 2010 a más de dos millones en 2017. Ello iguala a países como Colombia que, con 1.444 bibliotecas (y 49 millones de habitantes), posee uno de los mejores sistemas de la región. También es deseable que la próxima discusión de la «Política Nacional de la Lectura y el Libro» del Ministerio de las Culturas, actualmente vigente hasta 2020, pueda hacerse cargo de los cambios que la librería en Recoleta plantea en la industria, en especial el rol que jugarán los municipios y que hasta ahora sólo se circunscribía a la entrega de patentes a librerías y ferias del libro.

Tenga éxito o no, la propuesta de Recoleta y las librerías populares no puede ser más que un complemento a una política consistente de fortalecimiento de las bibliotecas púbicas, sean estatales, municipales o privadas de acceso público. Más allá de la polémica, y en un país con pocos lectores y un mercado endeble, la preocupación genuina debe ser la promoción de la lectura.

Opinión: “Libros, lucro y piscolas”

“Libros, lucro y piscolas”

Miércoles 6 de febrero de 2019, Fernando Claro V., Opinión La Segunda

“La polémica de la «librería popular» es análoga a las viejas añoranzas del Chile pasado, con la CTC e Iansa en manos del Estado”.

La polémica del verano llegó con los libros, y trae dos novedades. La primera, urgente: por fin se habló de libros y lectura en vez de lucro y copago. La segunda, interesante: primera vez que gente del ambiente cultural está del lado de «los malos». Los libreros fueron acusados de lucradores —duró poco la fiesta sin el diablo— y se defendieron.

Sobre los «libros caros», ya se ha dicho bastante: el problema en Chile no son los libros, sino que los lectores. «Kafka, Carrère o Capote valen en cualquier librería $8.000; o sea, dos combos de McDonalds», dijo la librera Macarena Fernández. Qué decir sobre el precio y cantidad de conciertos, como señaló Gonzalo Oyarzún; el desorbitado aumento en idas al cine; y el gasto semanal en cervezas y piscolas. ¿En Chile no se compran libros porque valen en promedio 11 mil pesos? Si hubiera ganas de leer, simplemente se leería más —lo que además bajaría los costos, por cuestiones de tiraje—.

La polémica de la «librería popular» —una librería estatal-municipal que vende libros a precios subsidiados— es análoga a las viejas añoranzas del Chile pasado, con la CTC e Iansa en manos del Estado. Son imágenes cargadas de nostalgia, pero que evocan un pasado desgraciadamente ineficiente y monopólico, en el que primaba evitar conflictos y ganar votos. Por eso había grandes sueldos, pero malas líneas de teléfonos. Y por eso plantas azucareras a orillas del lago Llanquihue, confundiendo remolacha con salmones (la idea era estar al medio de un campo, no de agua). En esas empresas se evita el choque, como si la vida no estuviese hecha de choques, y ningún sujeto paga los errores. Sólo los chilenos, día a día, con nuestros impuestos. Esta es la regla en las empresas estatales, y cuando no, es la excepción. Y como las políticas públicas se hacen en base a reglas y no excepciones —cuestión que muchos no quieren entender— estas empresas son una mala idea.

A eso se suma otro problema, y peor, que aparece con los «precios subsidiados». Como bien dijeron los libreros, si al lado les ponen una «librería popular», en pocos días, morirán. Y lo que es peor, si alguno estaba pensando «instalar una librería en Copiapó, mejor no lo ha[ce] porque el alcalde puede poner una librería popular al frente y [lo] saca del mercado», como dijo Pablo Dittborn. Listo, se liquidó el mercado. En el largo plazo no habrá librerías y quedará sólo la municipal, obviamente dirigida por el alcalde. Me imagino las glamorosas ediciones del Manifiesto Comunista o los discursos de Chávez en Recoletras, miles de ejemplares de «La revolución silenciosa» en Las Condes, o una esotérica reedición de «Todo… está en ti», de Gerardo Rocha, en Maipú.

Dittborn sentenció: «El alcalde Jadue dice que agrandó el sistema de librerías del país, pero en realidad lo frustró». Linda idea la de condenar a los lucradores, como siempre.

Editorial de El Mercurio: “Precio del libro en Chile”

Precio del libro en Chile

Editorial de El Mercurio publicado el Martes 5 de Febrero de 2019.

Asumir los costos de librería con fondos municipales implica una eventual competencia desleal.

La inauguración de una librería “popular” en la comuna de Recoleta, subvencionada por el municipio que lidera el alcalde Daniel Jadue, ha provocado justificadas aprensiones en el mundo del mercado del libro nacional. Se trata este de un mercado pequeño pero altamente competitivo, pues a los locales físicos de venta minorista se han sumado en los últimos años los portales de internet, que trabajan con un modelo de costos que les permite hacer importantes descuentos, no muy diferentes, de hecho, de los ofrecidos por la nueva librería de Recoleta. Esto, con la salvedad importante de que esos menores costos, en el caso de las ofertas en línea, son asumidos por sus propietarios.

El precio del libro en Chile está formado básicamente por cuatro factores: derechos de autor, impresión, distribución y venta, que en términos porcentuales se distribuyen, respectivamente, en 10, 30, 20 y 40 por ciento. Son guarismos que pueden variar en cada caso particular, pero ellos indican una tendencia que se ha mantenido desde hace varias décadas. En esta distribución no está contemplado el IVA, por lo que ese factor se suma al precio al final de la cadena.

Distinta es la realidad del precio del libro importado, cuyo valor sube sensiblemente por los costos de transporte e internación. Hay áreas como el mundo de la narrativa que requieren estar siempre al día en sus ofertas, o el grupo de los textos técnicos que se ven inevitablemente afectados por esta situación, más aún si las partidas de ejemplares no suelen ser masivas. Ello, aunque hace años este producto también vive una intensa competencia de las librerías online de libros físicos y de ebooks.

Puede afirmarse que hay en este sector una saludable libertad de precios que permite al consumidor elegir entre distintas alternativas, donde son decisivas las numerosas ferias organizadas por los gremios, que cubren prácticamente todo el año mediante distintas iniciativas y que actúan como un complemento eficiente para el equilibrio de precios. Todo, dentro de la realidad estrecha que impone un mercado pequeño como el chileno, imposible de comparar con las situaciones de países como Argentina, México o España, centros neurálgicos de la vida editorial del mundo iberoamericano.

Este diagnóstico fue el que mantuvo la política del libro del último gobierno de Bachelet, que en vez de proponer la eliminación del IVA, que nunca estuvo en su programa, promovió de manera intensa, y con buenos resultados, la internacionalización de las editoriales chilenas a través de una activa participación en ferias internacionales, buscando así masividad y nuevos mercados.

Todo ello escapa de los criterios que busca imponer el alcalde de Recoleta, quien al eliminar el margen de ganancia del librero y asumiendo los costos de la librería con fondos municipales, da una señal que podría calificarse como de competencia desleal y antimercado, dañando de paso la imagen del librero, pues este no margina un 40 por ciento, sino una fracción menor, después de asumir los costos de gestión de su local.

Opinión: “Recoletras”

Martes 5 de febrero de 2019, Correo La Segunda

“Recoletras”

Señor Director:

Con el anuncio de apertura de “Recoletras”, varias críticas surgieron desde la opinión pública, y en particular de libreros y editores que cuestionaron la iniciativa del alcalde Jadue. Cabe decir que todas ellas con razón.

La librería popular de Recoleta viene a transgredir toda una historia jurisprudencial en Chile en que se ratifica la preferencia que hace el constituyente por los particulares sobre los órganos del Estado, incluidas las municipalidades, para el desarrollo de actividades económicas (preferencia que encuentra resguardo en mecanismos jurídicos como el “amparo económico”).

Por ello es que debe mirarse con escepticismo el cada vez más creciente intervencionismo estatal fundado en la idea de una “función social”, toda vez que aquél puede llegar incluso a significar una violación a derechos fundamentales.

Felipe Castro Azócar.

Opinión: “Librería popular”

“Librería popular”

Carta publicada en el diario La Tercera el Lunes 4 de febrero de 2019

SEÑOR DIRECTOR

La iniciativa de la comuna de Recoleta, de abrir una librería popular con libros que tienen un alto porcentaje de descuento, nos invita a reflexionar sobre cómo influye el valor del libro en los índices de lectura.

El acceso al libro se ha ido masificando, tanto con los e-book, cuyo valor es menor al libro de papel, como con iniciativas como la Biblioteca Pública Digital, plataforma que ha permitido a miles de personas acceder a préstamos gratuitos.

Todos estos proyectos han abierto la puerta a miles de lectores. Es por eso que la librería de Recoleta no solo nos parece una excelente noticia, sino también un modelo a replicar por otras comunas. Sin embargo, el camino hacia la generación de lectores sigue teniendo grandes desafíos.

El establecimiento de políticas que consideran a la escritura como parte indisoluble de la lectura, permiten trabajar desde un nuevo lugar, en el que el lector no es solo un receptor pasivo, sino también un creador.

Durante los 18 años del concurso de cuentos breves “Santiago en 100 palabras”, hemos podido comprobar cómo desde la escritura es posible generar nuevos lectores, estableciendo un vínculo desde la experiencia con ésta, y entendiendo a las personas como sujetos activos en la generación de cultura.

Carmen García Palma
Directora Fundación Plagio

Opinión: “Si no puedes contra ellos, úneteles”

“Si no puedes contra ellos, úneteles”

Lunes 4 de febrero de 2019, J.J. Cruz, Segunda mirada, La Segunda.

La apertura de «Recoletras» ha abierto una serie de interesantes debates: acerca del precio de los libros en Chile, de la estructura de costos de la industria, y de si es mejor bajar los precios al público o fomentar las bibliotecas públicas e incentivar desde niños el gusto por la lectura.

Hay algo, eso sí, que claramente no está en discusión: la imbatibilidad de ley de la oferta y la demanda. Una crónica publicada el domingo en Artes y Letras señala que el jueves, en la entrada de la librería popular de Recoleta, había una docena de personas haciendo fila para entrar (algo poco usual para un negocio de este tipo), pero que, adentro del local, libros casi no quedaban: en los dos primeros días después de la apertura, los compradores habían aprovechado los precios populares para llevárselos casi todos. La estrategia del alcalde Jadue puede resultar exitosa, pero no da cuenta tanto de un éxito del socialismo sino, más bien, de lo inútil que es luchar contra las fuerzas del mercado.