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En la Casa Gonzalo Rojas funcionará la primera Biblioteca de la Poesía en Chile

Diario La Discusión, 13 de marzo de 2020.

“En un país donde prácticamente no existen bibliotecas de poesía, va a venir muy bien esta gran idea que esperamos se transforme en la primera de Chillán y el país”. Con estas palabras el historiador y director de la revista “Quinchamalí”, Alejandro Witker, hizo entrega oficial de los primeros volúmenes de poesía que fueron donados a la Corporación Cultural Casa de Gonzalo Rojas para dar inicio a la Biblioteca de la Poesía.

Witker recordó que la revista recibe constantemente libros de variados autores de distintos puntos del territorio nacional. “De estos envíos hemos agrupado 141 títulos de libros, de poemas o sobre la poesía, y unas cuantas ediciones populares que siempre corren el riesgo de perderse en el camino”, comentó el director.

Por esta razón, el historiador chillanejo hizo entrega de estos libros a la administradora del Centro Cultural Casa Gonzalo Rojas, Cecilia Grüebler, donde funcionará la librería El Relámpago, palabra capital en el universo poético del académico, escritor y Premio Nacional de Literatura.

El presidente del Grupo Literario de Ñuble, Mario Flores, señaló que el propósito era crear bajo el alero de la Casa de Gonzalo la primera Biblioteca de la Poesía en Chile, que reuniera todas las obras poéticas de los famosos y de los desconocidos, de nacionales y extranjeros.

“Esta biblioteca podrá llegar a ser en el futuro un verdadero centro de interés para los estudiantes de literatura, los medios informativos y otros actores culturales”, dijo.

Por su parte, la administradora del centro agradeció esta importante donación que complementa las múltiples actividades, talleres y agrupaciones que reúne la casa del poeta Gonzalo Rojas en Chillán. “Con esta biblioteca de la poseía seguimos cumpliendo el deseo del poeta de acercar la cultura a la comunidad”, afirmó Cecilia Grüebler.

Abren la primera biblioteca vegana en Chile (y Latinoamérica)

El Mostrador, 29 de febrero de 2020.

La comunidad vegana tendrá a su disposición más de 100 libros físicos para consultar y tener además libre acceso digital para subir material académico y ayudar al desarrollo futuro de contenido científico.

El pasado jueves 27 de febrero fundación Vegetarianos Hoy lanzó la primera biblioteca vegana de Latinoamérica que cuenta con 115 libros físicos, una plataforma web para buscar los títulos orientados a la alimentación basada en vegetales y material digital de libre acceso.

“Este proyecto significa crear un espacio único de colaboración donde podemos acercar el veganismo y sus distintas áreas a la gente. Por esta misma razón, nos preocupamos de traer libros que no necesariamente llegan a Chile para mantenernos a la vanguardia”, explicó Javiera Mayorga, directora de Proyectos de fundación Vegetarianos Hoy.

La iniciativa surgió el año 2017 con la ayuda de “A Seed of Change” y busca facilitar material de lectura para la comunidad vegana, ayudando así a la gente en su transición al veganismo y acabar con los mitos alrededor de este estilo de vida.

Además, la plataforma reunirá distintas tesis y material bibliográfico para que los mismos usuarios puedan desarrollar a futuro mayor contenido científico, sin mencionar que también podrán publicar material en distintos formatos académicos.

Para acceder a la biblioteca física ubicada en el centro de Santiago y que cuenta con títulos en español e inglés, basta con ser socio de fundación Vegetarianos Hoy o donar dos o más libros. En caso de ser estudiante, no es necesario cumplir con ningún requisito, solo se debe agendar previamente una visita escribiendo a bibliotecav@vegetarianoshoy.org

De esta forma, la fundación asegura la continuidad de los títulos extranjeros y más escasos, entre los que se encuentran ejemplares de recetas hasta nutrición, derechos animales y medioambiente.

La ruta de las nuevas libreras

Un lugar donde convergen libros con el diseño textil y la gastronomía, o donde la ilustración y el terror se toman las estanterías, son las personales apuestas de Ximena Muñoz, Paulina Coronado, Paz Rebolledo y Dayanna Sobrevía. Cuatro mujeres que, al frente de Kalimera, TXT, Gatopez y Miskatonic, buscan ofrecer algo más que solo libros.

Por Claudia Guzmán V., Revista Ya El Mercurio, Martes 30 de Julio de 2019.

Hasta hace un año, a esta casona de techos altos y patio interior, en la calle Girardi al llegar a Santa Isabel, llegaban las novias a probarse sus vestidos. Ximena Muñoz, diseñadora de vestuario, tenía ahí, en medio de atelieres de pintores y artistas varios, su taller. Pero, entre las horas de costura, empezó a sentir que quería algo más.

—Me iba bien, pero siempre quise impulsar algo más grande. No quería estar cosiendo toda la vida. Porque me encanta el diseño de vestuario, pero no me gusta la moda —explica Ximena, quien hace dos meses inauguró en el lugar Kalimera, librería que abre la galería de locales comerciales que ahora ocupa los espacios que antes se destinaban a la creación.

Ximena cuenta que se echaron abajo unos muros, se unieron espacios y así ella pudo combinar la venta de artículos diseñados por ella —bolsos, estuches y cosmetiqueros— con el que era el proyecto de vida que, con su pareja, tenía para el futuro: abrir una librería.

—En nuestros viajes siempre era una parada obligada visitar librerías: Buenos Aires, Barcelona, uno siempre conoce espacios, librerías de barrios que te dan lo que no se encuentra en las librerías de cadena que hay acá. Y siempre hay cosas que son complementarias; souvenirs, café, puedes sentarte a conversar. Uno aprende mucho. Y ese era el sueño que teníamos —cuenta.

Dice que al sueño le pusieron nombre hace tres años, en Grecia. En la Isla San Torino conocieron la Librería Atlantis Books, con su construcción blanca en desniveles, la historia del lugar inscrita en cada pared y balcones que dan al mar.

—Lo único que aprendimos de griego fue a decir “buenos días”: “kalimera”. Así que por eso bautizamos esta librería así —dice riendo esta flamante librera a la que basta mirar para imaginar el catálogo del lugar.

Ximena, mujer de ojos grandes y expresivos, es amante de la poesía. Viste de cuero negro y tiene la mitad de su melena rapada. Le gusta la música, de preferencia el punk.

—Mi idea es que Kalimera tenga mucha música y mucha poesía, me la voy a jugar por eso. Pero yo sé que tengo que tener los libros que se venden. Tengo que tener los libros que la gente me pide, porque no saco nada con que entre una señora preguntando por el último de Isabel Allende y que le diga que “no lo tengo”. No vuelve más. Yo necesito mantenerme a flote. Pero la gente puede ver que no solo tengo a Isabel Allende en el mesón: está la poesía, los libros de música, las editoriales independientes, los autores que están recién saliendo. Los pongo en el mismo lugar —dice y muestra una biografía de Pogo, vocalista de la banda local Los Peores de Chile, y una antología de cuentos de terror clásicos protagonizadas por gatos, del sello Santiago Ander.

Ximena es parte de un grupo de mujeres menores de 40 años que en el último tiempo decidieron cambiar sus vidas para sacar adelante, cada una, un proyecto de librería muy personal. Lo que ella, Paulina Coronado, Paz Rebolledo y Dayanna Sobrevía comparten es el amor por el libro como objeto. Ninguna de ellas creció queriendo ser escritora. Ni estudió una carrera afín. Solo fueron lectoras que no encontraron en el mercado un espacio que satisficiera lo que ellas esperaban de una librería. Todas ansiaban que en sus lugares de compra y venta de libros hubiera algo más.

DE OUTLET A EMPRESA FAMILIAR

En el nacimiento de la calle Huérfanos están algunas de las librerías más tradicionales de la capital. En la década del 2000 apareció ahí con fuerza la cadena TXT, una liquidadora de saldos editoriales y discográficos que llegó a tener seis locales diseminados por el centro de la ciudad. Desde 2012, Paulina Coronado, ingeniera industrial, administraba uno de ellos. Había llegado hasta ese puesto porque antes había trabqjado en la imprenta Salesianos.

—En el 2014, y luego de intentarlo durante harto tiempo, quedé embarazada —cuenta—. Entonces surgió la primera inquietud de querer tener algo propio. Y justo los dueños de la cadena me ofrecieron comprar el local de Alameda, que era el que tenía incorporada una cafetería. Y eso era lo que me imaginaba yo cuando pensaba en tener mi propia librería, algo como más romántico, como de Buenos Aires. No tenía las lucas, pero ellos me ofrecieron un modelo de negocio que evaluamos, que fue grande de abordar. Al año siguiente me ofrecen hacer lo mismo con el local de Huérfanos, que era más grande, con dos pisos. Ya daba para poner mesas, y ofrecer un menú. La verdad que ahora, mirando atrás, es una decisión muy apresurada, pero también uno entiende que si no tomas la decisión tú, la toma otra persona. Y, bueno, después ellos cerraron las otras TXT y quedaron estas nada más.

En su decisión, Paulina involucró a toda la familia.

—No fue solo mía con mi marido. Yo hablé con mi mamá, que trabajó durante muchos años en otra cosa, y se vino conmigo. Mi papá había sido independiente y tenía un servicio técnico electrónico toda la vida, pero siempre le gustó la cocina, así que también se vino. Cada uno dejó sus pegas. Mi hermana, que es traductora, también está acá.

Sentada en el segundo piso del local de Huérfanos junto a su madre, Cecilia, Paulina cuenta cómo, cuando recorren el amplio catálogo de TXT, van recordando a la abuela que les enseñó el amor por los libros.

—Ella era fanática de las Selecciones del Reader’s Digest. Leía todo lo que llegaba a sus manos. Sherlock Holmes, Isabel Allende. Lo que fuera. Por eso a mí me hace sentido que esta librería sea diversa, pero potenciando la líneas de catálogo de las editoriales, ya no saldos. Y sí, mi objetivo es mantener esa promoción histórica el 3 por $9.990 —describe Paulina, quien reconoce que poco a poco ha ido desarrollando su propio gusto literario. Hoy está obsesionada con el francés Édouard Levé (“Autorretrato”) y descubriendo a la chilena Eleonora Aldea, con su propuesta de voz narrativa y gráfica a través del lettering.

En esta etapa de TXT, los jueves son días de actividades. Hay charlas de cine y literatura, clubes de lecturas sobre autores malditos y también música en vivo. Los sábados la librería abre para acoger al público infantil, y ahí es la hija de Paulina, Violeta, de 5 años, la que toma protagonismo.

—Yo siempre quise que mi librería fuera un lugar donde pasaran cosas —define Paulina—. Uno tiende a pensar erróneamente que tener un negocio propio implica tener más tiempo, y es absolutamente todo lo contrario. Es solo que puedes gestionar mejor los tiem-pos, haciendo algo que te gusta.

NICHOS PARA TODO PÚBLICO

Gatopez y Miskatonic, los proyectos de Paz Rebolledo y Dayanna Sobrevía, tienen un par de cosas en común. Ambos locales están ubicados apenas a una cuadra de distancia en Avenida Italia, Providencia. Y sus dueñas tuvieron una experiencia laboral común: trabajaron en la galería de arte Plop!, en el barrio Lastarria, que cerró sus puertas en marzo tras no poder sustentar su operación fisica (se mantiene vía web).

Paz, diseñadora gráfica de profesión, fue de las primeras empleadas de la galería que se propuso dar cabida preferente al mundo del cómic y la ilustración. Cuando Paz quiso emprender su negocio propio, lo hizo junto a su expareja y optó por una mezcla de ilustración y literatura fantástica. La mixtura duró lo mismo que la relación. Al final, solo quedó la ilustración.

—Había muy poquitos libros de ese tipo cuando partimos, y era más hacia lo infantil. Ahora recién en los últimos años se está ilustrando para adultos. Yo tengo libros de ilustración para todo público. Lo único que filtro, en el caso de los niños, son aquellos que tienen un idioma más complejo o imágenes muy fuertes, pero ya la industria ha ido creciendo y cada dos meses acá en Chile ya sale un libro ilustrado —cuenta Paz.

—Aprender el negocio no es fácil, es prueba y error —añade Paz, repitiendo la experiencia que todas han tenido en común—. Empiezas a conocer a los proveedores y a ver cómo se paga, porque a cada uno se le paga distinto. Es un enredo, porque a veces hay que esperar embarques. Se pagan algunos al contado, otros son en consignación, otros se paga un porcentaje de ganancia. Depende de cada editorial. Uno tiene que ir viendo caso a caso. Y ellos te investigan entera, investigan tu liquidez, vienen a verte para ver dónde pones sus libros.

A su librería, con un ventanal que da a la calle —y que ella ocupa como vitrina para exhibir tanto títulos infantiles y adultos como para público general; versiones ilustradas de filmes como “E.T” y “Volver al futuro” —, suele entrar un público mayoritariamente infantil. Eso, pese a que Paz se ha esforzado por decorar el lugar con letreros que insisten en mensajes como “para adultos” o “apto para todo edad”.

—Hay días que me da rabia que piensen que solo somos librería infantil, hay días en los que ya no. Hay días en los que me estreso más. Al final, he ido aprendiendo a soltar. Por ejemplo, después de años, ahora tengo una asistente que viene los días domingo. Eso ha sido todo un logro —dice sonriendo.

Con la independencia ganada, Paz espera poder desarrollar más proyectos para Gatopez:

—Me gustaría, para este fin de año, poder hacer una agenda con el logo del Gatopez, que es reconocido. O hacer unos planners. Entonces tener una ayudante me puede dar tiempo para ir a la imprenta. Aprender a delegar es importante —admite la diseñadora, que sentada en un rincón de su pequeña y acogedora librería administra las ventas, caja y empaque de su local.

Paz sueña más aún:

—No es que quiera tener una cadena de librerías, pero quizás sí ampliarme, tener un espacio más grande donde pueda hacer talleres, porque acá —dice mirando el espacio de no más de 12 metros cuadrados— o damos todos vueltas para un lado, o damos todos vueltas para el otro.

Tener la libertad de soñar sin límites y sin miedos es lo que ha conquistado Dayanna Sobrevía gracias a su librería Miskatonic, quien se especializó en el género fantástico y el terror. Diseñadora Industrial de la Universidad del Biobío, de Concepción, llegó a Santiago y comenzó a trabajar como administradora de un showroom de muebles. Entró en contacto con el mundo de la ilustración y llegó a trabajar a galería Plop!

—Para ser sincera, llegó un momento en que me di cuenta de que las cosas no iban bien en mi trabajo, de que necesitaba independizarme. Conversé con mi pareja y vimos que lo que a mí me gustaba del diseño industrial, que era la sustentabilidad, acá, en Santiago, no lo iba poder lograr. Me había ido a la parte de mobiliario y
a las ventas, y nunca me sentí vendedora. Entonces, me quedaba el amor por los libros. Algo que compartíamos, además. En Concepción nosotros habíamos querido abrir una comiquería. Y entonces pensamos hacer algo así.

Dayanna cuenta que, como en un cuento de giros inesperados y vertiginosos, todo se empezó a precipitar. Renunció a su trabajo a mediados de diciembre de 2016, consiguieron un local, constituyeron sociedad y a mediados de enero de 2017 ya estaban listos para inaugurar. El nombre elegido selecciona el público espontáneamente: Miskatonic, universidad ficticia creada en los relatos de HP Lovecraft (“Los mitos de Cthulhu”), que en su biblioteca alberga libros prodigiosos. En el caso de esta librería se trata de publicaciones relacionadas con la literatura fantástica, misterio y terror. Sin distinción de edad.

—Tener una librería de nicho es un riesgo, pero es importante abrirse a que sea un público súper transversal. Nosotros cuando nos cambiamos a este local, el tercero que tenemos, que es más grande, pudimos abrir un sector para niños. Tenemos público de niños pegados con el terror de 9 o 10 años, y tenemos clientes de 70 u 80 años que leen ciencia ficción —cuenta Dayanna, quien se aficionó al género leyendo mitología cuando era escolar—. Este es un género bien despreciado, porque no hay premio para esta literatura y tiene como mala fama. Pero a través del terror, del misterio más bien, igual se enseñan cosas. Por ejemplo, tenemos un libro de las redes sociales, de cómo tener cuidado con qué se comenta en las redes sociales, de autocuidado, pero con trasfondo de que puede pasar esto, de que puede ser real o no es real. Misterio, al final.

Aprender a lidiar con esa incertidumbre ha sido un aprendizaje de vida para Dayanna. De 35 años, la joven empresaria cuenta que hace dos meses fue mamá de Gael. Sus horas ahora están más concentradas en él que en la librería, que ha tenido que delegar y visita por turnos con su esposo. Por eso cuando piensa sobre el futuro de Miskatonic, responde sin ansiedad que este próximo diciembre cumplirían tres años de operación.

—Cuando llegué a Santiago, yo empecé a sufrir crisis de pánico. Así que comencé a cuestionarme mucho si lo que hacía me satisfacía. Entonces, cada año, lo hago justo por esta fecha. Y este proyecto me permite hacerlo. Eso es algo muy bueno. Que tengo esa libertad.

“Aprender el negocio no es fácil, es prueba y error. Empiezas a conocer a los proveedores y a ver cómo se paga, porque a cada uno se le paga distinto. Es un enredo”.

El acto poético de vender libros en medio del desierto

Por Yasna Mussa desde San Pedro de Atacama / 27 de julio de 2019, elDesconcierto.cl

Diego Álamos es el dueño y fundador de la única editorial y librería de San Pedro de Atacama. Un refugio cultural que acerca la lectura hasta el rincón más seco del mundo con historias inspiradas en la cultura local.

A unos 5 kilómetros del centro de San Pedro de Atacama, en el Ayllu de Solor, un letrero metálico gastado por el tiempo y la fuerte radiación norteña indica con una flecha la dirección que lleva hasta la Librería del Desierto. En el camino de tierra y polvo el paisaje se va mezclando con una vegetación que parece un milagro en un desierto famoso por ser el más seco del mundo.

Es la mañana de un domingo de otoño y en este oasis atacameño el sol brilla con fuerza y la temperatura llega a los 23 grados centígrados. En el frontis de una casa, se instala un quiosco de madera revestido en barro, un par de mesas, unas sillas repartidas y una tetera humea junto a tres tazas. Diego Álamos, dueño, escritor y editor, sirve el té mientras comenta que este espacio de 8 por 2 metros cuadrados fue pensando para mantener una estética coherente con el lugar que lo acoge.

“Antes, San Pedro de Atacama estaba muy aislado, por lo que la gente se guardaba todo, incluso los barriles de metal viejos. Nuestra estética se inspira en eso: hemos recuperado cerca de aquí y reciclamos objetos que ya no se utilizan. Definen la identidad de este espacio”, explica Diego Álamos, el librero. “Necesitamos mostrar, a través del paisaje, la historia de estos lugares”, añade antes de servir el té. Por eso, además de los libros, visitar la Librería del Desierto puede incluir un recorrido guiado para conocer la agricultura y costumbres de la región.

Álamos, de sonrisa tímida y hablar pausado, estudió Filosofía y luego se especializó en edición.  Por motivos familiares, hace 7 años llegó a San Pedro de Atacama desde Santiago, donde tenía la editorial Chancacazo, se había auto publicado y era el vicepresidente de los editores de Chile.

Dejó esa vida literaria para comenzar desde cero con Ediciones del Desierto, en un rincón del país donde no existía ninguna librería, pero que al mismo tiempo tiene una historia cargada de iniciativas culturales que lo convierten en un lugar tan aislado como peculiar: antes que un centro de salud o el correo postal, la primera institución de San Pedro de Atacama fue el museo Gustavo Le Paige.

Álamos cuenta que había visitado la zona en dos ocasiones, en viajes de juventud con mochila al hombro, pero no sintió mayor atracción por el lugar. “San Pedro tiene distintas lecturas”, dice. Y fue en esa última lectura donde pensó que instalar una librería, además de una editorial, sería también un acto poético.

En un país en que la mitad de las librerías están en la capital, acercar la oferta literaria a los lectores de regiones es toda una proeza, pues además del IVA que encarece su costo, los libreros no tienen acceso a la distribución gratuita de la que gozan sus pares en Santiago, sino que deben pagar por el envío, lo que encarece el precio final, transformándolo incluso en un producto prohibitivo.

Diego Álamos cree que el poco acceso a la lectura pasa por un tema de percepción. “Creo que más que atacar el IVA, porque es muy difícil, habría que atacar la percepción, porque está esta barrera de compra. Hay cosas que son súper caras pero la percepción no las cataloga como caras, como los celulares, por ejemplo, que son carísimos y la gente está dispuesta a pagar igual”, dice seguro.

Y en esa búsqueda por cambiar la percepción, el espacio que alberga un catálogo propio y de otras editoriales apunta a la identidad local, lejos de los best sellers, pues Álamos ha observado en su clientela un interés genuino por los mitos, leyendas, historia y cultura local que inunda al gran desierto y sus paisajes lunares. “Aquí la gente no anda buscando el último libro de Isabel Allende, sino que busca conectarse con el territorio. Al parecer, la gente aquí entra como en un campo magnético que se cierra y trata de descubrir este territorio”, asegura el editor.

Quizá por lo mismo, la historia de la Librería del Desierto se ha ido construyendo mirando hacia dentro, al entorno, a lo propio. Aunque su fundador admite que partieron un poco erráticos, en estos 5 años de existencia el proyecto ha apuntado a autores locales. La novela Las lunas de Atacama, de Andrea Amosson, ha sido un éxito y se llevó el International Latino Book Awards en Estados Unidos, un reconocimiento que han recibido autores como Isabel Allende o Mario Vargas Llosa. Pero más allá del premio, Las lunas de Atacama confirmó que la apuesta por autores e historias locales vale la pena. “Como la gente está de viaje también quiere llevarse un pedazo de San Pedro, genera mucho interés por el Valle de la Luna y el Desierto de Atacama, entonces se hace una mezcla, pues la gente queda conmocionada e interesada”, dice Álamos, con orgullo.

En ese camino identitario, esta temporada la librería estrena el libro infantil La llamita y el niño, de Colomba Elton; y Julián Colamar Recuerda. Un testimonio atacameño, de Pablo Miranda Bown. Un espacio que más allá del cliché se ha convertido en un oasis debido a la deuda que tienen las políticas de fomento a la lectura y que hasta antes de que Diego Álamos decidiera dar vida a su editorial, confirmaban el abandono de los lectores y escritores que habitan entre el suelo árido y las estrellas de Atacama.

Cómo es por dentro la librería flotante más grande del mundo

Martes 12 de febrero de 2019, Gonzalo Cepeda Vergara Desde Valparaíso, Cultura El Mercurio

Atracado en Valparaíso, el “Logos Hope” recibió unas 4.500 personas diarias para visitar su espacio de libros. Ahora llega al puerto de Lirquén y terminará su estadía en Punta Arenas.

Una larga fila de personas esperaba el sábado pasado ingresar al “Logos Hope”, un crucero cuyo objetivo no es el viaje de descanso por el Caribe, sino llevar cultura a través del mundo. La embarcación cumple su primer mes en Chile y en su último sábado en el molo de abrigo del puerto de Valparaíso -estuvo primero en Antofagasta- unas seis mil personas lo visitaron, siendo el promedio entre 4.500 y 5.000 al día. Ayer zarpó hacia el puerto de Lirquén, donde estará hasta el 28 de febrero, para terminar su estadía en Punta Arenas, entre el 6 y el 15 de marzo. Luego seguirá su travesía hacia Argentina.

GBA Ships es la organización, sin fines de lucro, con base en Alemania, que comanda esta máquina marina, cuyo objetivo es “compartir conocimiento, ayuda y esperanza”, como señala Jemima Bessa, quien lleva un año y cinco meses en el barco y fue coordinadora en la visita a Valparaíso. Ella es una de los 400 tripulantes, personas voluntarias de diferentes partes del mundo que pagan por trabajar en el “Logos Hope”.

El corazón de este proyecto es la librería, que ofrece más de cinco mil títulos en 610 m {+2} , de los cuales un 70% es en español y un 30% en inglés. En el enorme espacio dentro del buque hay para todos los gustos: novelas, biografías, diccionarios, también textos de liderazgo, economía, música, cocina, religión e historia. Existe una sección especial para niños, con novelas clásicas infantiles como “Peter Pan” e historias de Disney, y ofertas de 2×1 de libros. La bolsa “Logos Hope” cuesta $3.000 y en ella se pueden llevar cuatro artículos diferentes. Porque esta librería también tiene lápices, libretas, artículos para colorear libros, botellas para agua y otros adminículos. La bodega del barco guarda 800 mil libros.

Los precios son muy convenientes. Como explica Jemima Bessa: “Cuando llegamos a Chile, nosotros pagamos los impuestos a los libros que se encuentran en nuestra librería. Entonces, para la gente que acude a comprar no hay impuesto”.

Como el “Logos Hope” pasa gran parte del año en viaje por el mundo, no es viable modificar en la tapa de los libros el valor de estos. Es por esto que poseen un sistema único de precios, les llaman unidades. Así, 100 unidades equivalen a dos dólares, lo que en Chile es $1.600. Los precios van desde las 50 unidades ($800) hasta las 1.500 ($24.000). Por ejemplo, a $3.200 se encuentran “Romeo y Julieta”, de Shakespeare; “Los viajes de Gulliver”, de Jonathan Swift; “Leyendas de la Alhambra”, de Washington Irving; “Los tres mosqueteros”, de Alejandro Dumas, y el volumen uno de “Las novelas ejemplares”, de Miguel de Cervantes. “Nelson Mandela”, de Beatrice Gormley, cuesta $4.800, y las memorias de la ex secretaria de estado estadounidense Condoleezza Rice, $6.400.

“Es genial que este barco llegue con todos estos libros a disposición. Me llevo como 15 productos, entre libros y otros artículos, y pagué $10 mil”, cuenta uno de los visitantes, un caballero mayor que se iba feliz.

Ingresar al “Logos Hope” cuesta $1.000, y una visita guiada, $2.000. En esta nave también hay otras actividades, como obras de teatro en su sala para 400 personas y una exposición, que también cobran entrada, cada una por separado.

El barco también realiza actividades en tierra, en la comunidad en donde estén atracados. “Hacemos acciones caritativas para fundaciones, comunidades y escuelas, según sus necesidades”, explica Jemima Bessa, sobre otras de la funciones de este gran barco librería.

Las distintas iniciativas de las librerías para crear una comunidad lectora

No todo es venta:

Las distintas iniciativas de las librerías para crear una comunidad lectora

Lunes 11 de febrero de 2019, Cristofer Díaz Ríos, Cultura El Mercurio

Newsletter, clubes de lectura, presentaciones de escritores y lanzamientos de títulos son algunas de las actividades que se ofrecen junto a los libros.

Dar espacio para discutir sobre un libro con reconocidos autores o para talleres sobre cómo leer distintos géneros son algunas de las actividades que están realizando librerías de la capital, no solo para incentivar la lectura, sino también para crear comunidad y acercarse al público de una forma diferente.

En el corazón de Providencia, en el Drugstore, se concentra un número importante de librerías. Una de ellas es Nueva Altamira, de larga data en esa ubicación. Desde su segundo piso, por una escalera rodeada de libros, baja Gaspar García, librero allí desde hace 10 años. “Somos varías las librerías acá, pero lo bueno es que cada una tiene un sello. El nuestro tiene que ver con clubes de lectura, que van con la línea editorial que tenemos”, explica.

Desde hace tres años realizan presentaciones de libros, charlas y conversaciones. “Han venido escritores de afuera, como hace un par de meses, cuando presentamos ‘Antología del culo’, del argentino Adrián Melo”, señala García. Además, hace un tiempo iniciaron dos clubes de lecturas: “Amado diario”, con María José Navia -autora de la novela “Kintsugi”-, donde el eje de la conversación son los diarios de vida; y un club de literatura japonesa, a cargo de Mónica Drouilly, autora del libro “Retrovisor”.

Similar es lo que hace Catalonia. Ubicada en la misma galería, con sus iniciativas ha logrado generar una comunidad de lectores. En estas vacaciones han tenido variadas presentaciones, aunque la actividad es menos intensa que en el resto del año, donde hay talleres de lectura, charlas con diferentes actores del mundo editorial y tres clubes de lectura (de poesía, de novela contemporánea y de ensayo feminista), liderados por autoras como María José Cumplido y María José Navia.

“En 2018 hicimos hartas charlas inductivas, por ejemplo, cómo aprender a leer novela gráfica y poesía, y charlas sobre libros de no ficción”, menciona Gerardo Jara, librero en Catalonia. Para marzo ya está programado el taller de escritura policial de Paula y Fernando Ilabaca.

Conciertos y talleres

Al cruzar la calle, en Providencia 2035, está Post, una tienda de literatura, cine y música que recientemente comenzó con presentaciones, buscando potenciarse como un espacio cultural. “En diciembre lanzamos el libro ‘Manual para caballeros’ (Editorial Montaña Negra), con su autor, Rodrigo Ulloa. Tuvo harto éxito. Además, los sábados hemos hecho eventos musicales, con bandas de rock”, señala Rodrigo Astaburuaga, uno de los socios de la librería. Y en asociación con su vecina Pizzería Olimpia, quieren potenciar ambos espacios como una nueva estación del circuito musical y literario de la comuna.

Lolita (República de Cuba 1724), la librería del periodista y cronista Francisco Mouat, en el ondero barrio de Pocuro, apunta a la novedad con su newsletter , boletín por correo electrónico escrito por los mismos libreros, con recomendaciones y reseñas para los lectores. Se publica quincenalmente, es gratuito y hay que inscribirse en info@librerialolita.com. El próximo viernes saldrá el segundo número.

Junto con esto, en Lolita se realizan talleres (de literatura, pero también de grabado, acuarela y guitarra), presentaciones de libros y conciertos de música, como uno de piano de la polaca Ewa Jasinska. Sobre los próximos eventos, el librero Gonzalo Galleguillos cuenta que “en marzo vuelven a comenzar las actividades con talleres infantiles fines de semana por medio, y, como infidencia, puedo contar que estamos preparando un podcast para el segundo semestre”.

Así se lee en América Latina

Por Felipe Herrera Aguirre, Publimetro, viernes 8 de septiembre de 2017.

Las herramientas tecnológicas son una oportunidad para masificar y profundizar la lectura en los jóvenes. Ya hay desarrolladores que, teniendo esto en cuenta, pretenden fomentar el hábito y mejorar la comprensión. La premisa: el libro no se pierde, se transforma.

No es que ahora lean más, es que ahora leen distinto. Los jóvenes de hoy, que usan spartphones y tablets que les permiten estar siempre conectados, han cambiado no solo sus hábitos de lectura, sino que también las formas en que lo hacen. Y mientras algunos culpan a estas herramientas de la baja comprensión de lectura en jóvenes en América Latina, otros prefieren explotar su potencial.

Los resultados de las últimas ediciones de la prueba Pisa en comprensión de lectura en ocho países de Latinoamérica (Chile, Argentina, Perú, Uruguay, Brasil, Colombia, República Dominicana, Costa Rica y México), si bien han mejorado en general, siguen por debajo del promedio Ocde.

Lo multimedial es clave en su comprensión. Además, los jó están realmente preocupados por lo que les interesa. Sus intereses son la fuente motivadora más imporante, y han sido identificados y explotados por desarrolladores en Latinoamérica.

En lo personal, creo que los jóvenes leen más, pero de una forma diferente. Debido a las tecnologías, leen de manera fragmentada y con un sentido de instantaneidad que las generaciones pasadas no teníamos.
Lorena Leiva, directora del equipo lector de Ranopla

Es por esto que han aparecido una serie de herramientas web par el fomento a la lectura de los jóvenes. La intención de sus desarrolladores es aprovechar el potencial de la tecnología, incorporarlo al aprendizaje y que sea un canal efectivo para la lectura.

La inclusión de la tecnología

La idea es que los dispositivos tecnológicos no sean un factor de discordia en la sala de clases. “Los smartphones y los tablets son todavía vistos como distractores a un método de enseñanza que no se ha renovado en décadas”, explica a Metro Rubén Arias Acuña, director ejecutivo de Ludibuk, una herramienta online de lectura desarrollada en Chile y que actualmente busca recaudar fondos para expandirse a otros países de la región.

Esto, según explica Arias, tiene mucho que ver no solo con las rigideces del sistema educativo tradicional, sino que con la negación de los profesores. “Hay tres tipos de profesores. Los que están a punto de jubilarse, que no están interesados. Los de mediana edad, a quienes tienes que seducirlos más. Y los más jóvenes, que son los más entusiastas con estas ideas”, dice.

Los smartphones y los tablets son todavía vistos como distractores a un método de enseñanza que no se ha renovado en décadas, Rubén Arias Acuña, director ejecutivo de Ludibuk

En Chile, Ludibuk cuenta con un fondo de lecturas complementarias que cumple con el programa del Ministerio de Educación. Además, cuentan con otros títulos agregados. Así, con una suscripción mensual de aproximadamente 3 dólares, los estudiantes tienen a disposición todo el material que necesitan. Ingresando a su suscripción, pueden ir registrando sus lecturas, viendo sus avances y compartiendo contenido.

El rol de los adultos, fundamental

Aunque existan nuevas herramientas para el fomento a la lectura de los jóvenes, el papel de los padres sigue siendo fundamental. Según explica Lorena Leiva, directora del equipo lector de Ranopla, página web que ayuda a los niños a buscar libros infantiles, “esto funciona sobre la base de que hay un adulto que supervisa y da seguimiento”.

“En lo personal, creo que los jóvenes leen más, pero de una forma diferente”, asegura Leiva. “Debido a las tecnologías, leen de manera fragmentada y con un sentido de instantaneidad, que las generaciones pasadas no teníamos”.

Es por la cantidad de información a la que están expuestos los jóvenes hoy, que la supervisión de un adulto se hace fundamental. “Hay que generar el hábito de que la lectura, independiente del formato, necesita un tiempo, una secuencia, cierta espera… y en eso, la tecnología puede ayudar si se enfatiza que la misma también es un lenguaje secuenciado. Y eso con Ranopla queda claro, en la práctica”.

Pero el papel de los padres no es solo el de supervisar, sino que también el de racionalizar. “La mayoría de los jóvenes de hoy ven el mundo a través de una pantalla y eso no es necesariamente malo. Es responsabilidad de los padres tutores racionalizar el uso y que los dispositivos electrónicos sean un complemento a la realidad, no un sustituto”, dice Jordi Saldaña, project manager de YoLeo.Club, un desarrollo español también arraigado en Latinoamércia.

El libro no se pierde, se transforma

Al igual que los medios de comunicación, que cada vez transitan más rápido hacia las publicaciones multimediales, el futuro de la lectura va hacia el mismo lugar. “Está claro que los ebook o las tabletas no serán el futuro. La tendencia es que los smartphones se conviertan en el soporte ideal para la lectrua, ya que posibilitan tener en un solo disposivito todo lo necesario para estar conectados con el mundo”, dice Jordi Saldaña.

Pero Saldaña asegura que el libro no desaparecerá, sino que convivirá con lo digital. “Cuando aparecieron los soportes digitales como los ebook, todo el mundo hablaba del fin de papel pero no ha sido así. Los jóvenes de hoy, que son nuestro futuro, siguen leyendo en papel y les gusta el hecho de tener un libro entre manos y la sensación que produce”, dice.

“En lo personal, creo que ambos formatos, papel y digital, convivirán por mucho tiempo”, dice Lorena Leiva. “Pero lo harán de una forma diferente”, agrega. “Debemos hacernos cargo de que es el concepto de lectura el que ha cambiado y por tanto, hay diferentes formas de leer”.

3 herramientas para fomentar la lectura

Ludibuk

Es un emprendimiento chileno que consiste en una plataforma digital para computadores, teléfonos celulares o tablets con un catálogo de las lecturas recomendadas por el Ministerio de Eduación de Chile. Cuenta con cerca de 15.000 usuarios activos y está en proceso de iniciar operaciones en varios países de América Latina, como México, Colombia y Perú.

Ranopla

Es una aplicación online nacida en España y migrada a Chile hace un año. Mediante el ingreso de un usuario, se pueden registrar las lecturas de los niños voluntarias u obligatorias, apoyando al desarrollo y a la evaluación de la lectura. En España opera hace 10 años.

YoLeo.Club

Es un proyecto que funciona a nivel latinoamericano, nacido de los diagnósticos de las pruebas Pisa de la Ocde. Integrando papel con aplicaciones online, es una herramienta web diseñada para registrar, en base a incentivos y metas, la lectura en los niños.

Entrevista

Bonaventura Paliceo Consultor del programa Pisa de la Ocde

Según el informe “Pisa 2015: Resultados Clave”, cerca del 20 por ciento de los estudiantes de los países Ocde no obtiene, de media, las competencias lectoras básicas, lo que se ha mantenido desde 2009. ¿A qué se debe esto?

– No existe un factor único que explique este fenómeno. El promedio de la OCDE incluye 35 países en 4 continentes distintos y desde el 2009 el rendimiento se ha incrementado en unos países y ha disminuido (o no ha cambiado) en otros. Mirando más a fondo, los factores que afectan a los distintos rendimientos de cada país están ligados conjuntamente a políticas públicas en educación, así como a cambios demográficos y socio-económicos. Todos estos cambios tienen un efecto que se observa principalmente en el medio y largo plazo

Considerando la irrupción de la tecnología y su impacto en las formas de leer de los jóvenes, ¿cómo crees que estos resultados están relacionados al acceso que tienen los estudiantes a la tecnología?

– La tecnología puede tener un efecto positivo o negativo (o ningún efecto) en la comprensión lectora de los estudiantes. En los países en los que la prueba PISA se realizó con el ordenador (“computer-based assessment”) los estudiantes utilizaron sus competencias en lectura online para solucionar los problemas. Estas competencias están ligadas, por ejemplo, con la capacidad de buscar información en un texto y se desarrollan con la lectura a través de las tecnologías de información y comunicación, como el ordenador, el móvil u otros dispositivos digitales (periódicos, libros, textos en redes sociales, etc). Sin embargo, en las pruebas en papel este efecto de las TIC se reduce o desaparece.

¿Crees que la tecnología es una herramienta importante para conseguir una mejora en la comprensión de lectura de los estudiantes?

– La utilización de tecnología en la escuela (y fuera de la escuela para estudiar) puede tener una incidencia positiva y directa sobre la comprensión lectora de los estudiantes en pruebas realizadas con el ordenador.

Al mismo tiempo, la tecnología es una herramienta que también puede afectar negativamente al rendimiento de los estudiantes si es utilizada de forma excesiva en su tiempo libre para fines no educativos, como pueden ser los videojuegos o las redes sociales. En este caso se habla de “crowding out”; es decir, dedicar un tiempo excesivo a actividades de ocio dejando poco tiempo para actividades educativas, como la lectura, el estudio o los deberes.