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Amazon amenaza a las librerías

El gigante del retail puede sacar aún más ventaja en la venta de libros.

S.R., Cultura El Mercurio, Viernes 20 de marzo de 2020.

Mientras las librerías han tenido que cerrar por la pandemia, muchos temen que Amazon saque aún más ventaja en la venta de libros online. Aunque estos no son mercadería de primera necesidad -algunos objetarán esta premisa-, lo cierto es que a medida que los potenciales lectores quieran más lectura, la oportunidad estará en la web y no en las tiendas clausuradas.

En España la queja es en grande contra Amazon, a la que consideran un competidor desleal. “Esta crisis parece diseñada por Jeff Bezos y por las grandes plataformas y contra el pequeño comercio”, decía a El Mundo el representante del Gremio de Libreros español, Enrique Pons. Este sector en España ha estimado, en un informe publicado esta semana, que la paralización de la actividad podría suponer la reducción en un tercio de su facturacón, cerca de 1.000 millones de euros.

Los dueños de pequeñas librerías también apuntan a la falta de preocupación del gigante del retail por sus repartidores. En una nota publicada en El País, una librera decía que no solo cerraban físicamente su tienda, sino también la web, porque no querían exponer a quienes llevan los libros y exigían el cierre completo de toda venta por internet.

Una nota en The New York Times también hace hincapié en cómo el sector de pequeñas librerías teme la competencia de Amazon, al punto de llegar a quebrar si se ven obligados a cerrar sus tiendas por cuarentena. Y más aún, si el lector se acostumbra a comprar con un clic.

Edificios históricos convertidos en librerías: Destino literario

Los libros son los nuevos habitantes de estos históricos edificios, levantados originalmente como iglesia, banco y residencia familiar. Construcciones que, tras años cerradas o abandonadas, encontraron en la reconversión la oportunidad de ser restauradas y empezar una nueva vida como peculiares librerías.

Beatriz Montero Ward, Revista Vivienda y Decoración de El Mercurio, Sábado 14 de marzo de 2020.

Vanguardia rural

Entre las viejas paredes de tierra de una casa de campo abandonada en Xiadi, un pueblo en la provincia china de Fujian, se encuentra una de las librerías más espectaculares del mundo, no solo por la armonía arquitectónica entre lo antiguo y lo moderno, sino que también por el paisaje en el que está inserta, en medio de plantaciones de arroz. Se trata de la Xiadi Paddy Field Bookstore, cuyo proyecto estuvo en manos de la oficina china TAO. Gran parte de la nueva construcción se esconde dentro de los restos de una antigua casa y por tanto, desde afuera, parece que allí no hubiera pasado nada, demostrando enorme respeto por la cultura local y el entorno natural. “Los vestigios sirven como un contenedor que envuelve la nueva estructura de concreto y acero”, dice la memoria del estudio de arquitectura. En el interior, un par de muros de hormigón conforman la base mientras que una losa voladiza se extiende por todo el espacio, conectando las viejas paredes de tierra apisonada. En el centro, una columna de acero soporta la cubierta con forma de paraguas, cuya posición y geometría alude a la tipología del techo original.

Templo de libros

En la ciudad holandesa de Masstricht, una iglesia gótica construida en 1294 y consagrada a la orden de los Dominicos, se transformó, se la mano del estudio de arquitectura Merkx y Girod, en una impresionante librería. Fue después de años de estar un tanto abandonada y de servir a variados usos, entre ellos como depósito de bicicletas, que se decidió adaptar el espacio, de colosales dimensiones, columnas de mármol y una serie de pinturas murales históricas en sus techos de bóvedas nervadas, para albergar la sede de la tienda de libros Selexyz Dominicanen. El proyecto, respetuoso de la esencia del edificio, planteó tocar al mínimo la estructura original y generar mayor espacio a través de una pasarela monumental de acero negro, de varias alturas, ubicada en el lado derecho del templo. De este modo, el ala izquierda conserva la altura completa, mientras que en la otra, según se vaya ascendiendo y desplazándose en paralelo a los estantes, se experimenta cercanía con los elementos arquitectónicos de época. Los grandes ventanales de ojiva favorecen la luminosidad interior, creando un ambiente casi místico, y su cafetería con un gran mesón en forma de cruz, ubicada en la planta baja, ofrece el ambiente perfecto para hojear y dar un primer vistazo a las compras.

Tesoro de letras

Es la librería más grande de California, Estados Unidos, dedicada a discos, textos nuevos y usados, pero también la más única. Ubicada en el gran atrio de un edificio que en otra época fue un banco, en el centro de la ciudad de Los Ángeles (453 South Spring Street), The Last Bookstore ofrece una experiencia singular: túneles de libros, habitaciones laterales ocultas con más de cien mil textos viejos a la venta, volúmenes colgando o suspendidos en vuelo como si estuvieran explotando desde una estantería. Muchos de los elementos arquitectónicos originales de la construcción que estuvo abandonada por largo tiempo se conservaron, entre ellos las columnas de mármol, el alto cielo y las pesadas cajas de fondo en las que hoy en vez de fajos de billetes se atesoran libros. El proyecto lo realizó el arquitecto Rob Mothershed.

De Premio Nobel

Un edificio de estilo neoclásico diseñado en 1909 por Thomas Hooper para el Royal Bank de Canadá, en la ciudad canadiense de Victoria, Columbia Británica, alberga hoy a Munro’s Books, una librería fundada a comienzos de la década de 1960 por Jim Munro y su esposa, Alice Munro, escritora y Premio Nobel 2013. A la espectacular herencia dejada por la construcción, su grandiosa especialidad y sus buenas proporciones y terminaciones, los propietarios se encargaron de imprimirle un sello particular a través de una serie de tapices -Las cuatro estaciones- realizados especialmente para el lugar por la artista textil Carole Sabiston.
El imponente atrio central contiene los estantes repletos de libros ordenados por temas. Las cajas y mesones de atención, cuyo diseño alude a aquellos de los antiguos bancos, acompañan y complementan el mobiliario en el que la madera es la gran protagonista.

Señales de esperanza para el difícil momento de las librerías

No ha sido un buen año para el libro y el estallido de las protestas sociales empeoró la situación. Editores y libreros buscan ahora generar condiciones para mejorar las ventas.

Pedro Pablo Guerrero, Cultura El Mercurio, Lunes 18 de Noviembre de 2019.

La librería Qué Leo Forestal, ubicada en la calle Merced al llegar a la Plaza Italia, hizo noticia hace una semana por un intento de saqueo. Les robaron dinero y ropa que había en el interior, pero no alcanzaron a llevarse computadores ni libros, porque lo impidieron vecinos y los propios manifestantes. De todas maneras, debieron gastar $400.000 en arreglar la reja y tendrían que desembolsar la misma suma para reemplazar el letrero que todavía luce destrozado.

Si antes del 18 de octubre abrían entre las 10:00 y las 21:00 horas, desde el inicio de las marchas están cerrando por lo general a las 16:00 horas. “Las ventas han disminuido en un 90%”, estima Mario Cerda, librero al frente de esta empresa familiar inaugurada hace cinco años. “Pero la baja venía de antes, desde diciembre. Este año no hubo fechas buenas”, asegura.

Lo mismo señala Eduardo Castillo, presidente de la Cámara Chilena del Libro. “Las librerías se han visto afectadas entre un 30% y un 50%, incluso más, porque hay algunas ubicadas en el foco de los desórdenes. Ha sido un tiempo complejo, con un fuerte impacto donde ya teníamos un año complejo, de ventas muy estancadas”.

Otras librerías del barrio acusan el mismo golpe. Ulises, de calle Lastarria, calcula una caída del 80%, mientras que Viviana Muñoz, de la Librería del GAM, resume la situación en estos términos: “En casi un mes hemos vendido lo que se vende en un día normal”.

En el sector del Drugstore de Providencia, las cifras son algo más alentadoras. Nueva Altamira y Quimera han reducido sus ventas en torno al 50%, aunque desde hace unos días están volviendo a cerrar más tarde gracias a la normalización del transporte. Lo mismo sucede con los locales de Antártica, que están atendiendo hasta las 19:00 horas. Esta cadena de librerías estima sus bajas durante octubre en un 25%, y en 15% durante lo que va de noviembre, siendo el local más perjudicado el del Costanera Center, que estuvo cerrado 16 días.

Lecturas educativas

Desde las grandes editoriales reconocen que se han visto afectadas las operaciones de despacho de novedades y reposiciones, pero no ven una fuerte disminución en la demanda. “Pensamos que el impacto sobre el consumo de libros no ha sido muy significativo. Efectivamente el público está buscando también en la lectura la respuesta de muchas preguntas o necesidades actuales”, dice Eduardo Sanz, director comercial de Editorial Planeta Chile.

“Estamos esperanzados de que irá mejor”, expresa Sebastián Rodríguez-Peña, director general de Penguin Random House. “Haremos ofertas para reactivar el mercado editorial y contribuir al despegue de las librerías de aquí a fin de año. Tenemos un catálogo editorial de primer nivel, con contenidos de interés para todos los públicos, entre ellos libros que ayudan a comprender lo que ocurre en el país”.

Sanz dice que en Planeta tienen propuestas promocionales para trasladar a sus clientes, pero “la estrategia de las librerías cambia mucho según el interlocutor”. Mario Garrido, de Qué Leo Forestal, apuesta por conseguir mayores descuentos de los sellos, pero también por comprometer a los autores para que vuelvan a realizar lanzamientos y firmas de libros en su local. Elena Bahrs, de Ulises, confía en la colaboración del comercio y los vecinos a través de la alianza cultural Barrio Arte: “Tenemos que ayudarnos entre todos y sacar las cosas a la calle si es necesario”. Editoriales medianas como Tajamar empezaron, incluso antes de las protestas sociales, a rebajar títulos de su catálogo; en librería Catalonia, por ejemplo, se pueden encontrar obras de Rubem Fonseca y Kavafis por menos de $10.000.

Las próximas semanas son cruciales por la cercanía de la Navidad, la mejor fecha del año para el sector. Desde la Cámara del Libro, Eduardo Castillo anuncia también iniciativas gremiales para enfrentar la crisis. “Ya le representamos al Consejo del Libro nuestro interés de que se estudie crear fondos especiales para ayudar a sostener las librerías, especialmente las más pequeñas. También estamos viendo el tema con BancoEstado y peleamos a través de la Cámara Nacional de Comercio para generar mejores condiciones dentro del paquete de ayudas a pymes que el Gobierno ha anunciado. Hay que ser lo más creativos posible, de manera colaborativa, generando instancias comerciales no solo para nuestros socios, sino para todo el sector: las empresas que participan en las ferias, las pymes y todos los emprendimientos de la cadena del libro”, dice Castillo.

La ruta de las nuevas libreras

Un lugar donde convergen libros con el diseño textil y la gastronomía, o donde la ilustración y el terror se toman las estanterías, son las personales apuestas de Ximena Muñoz, Paulina Coronado, Paz Rebolledo y Dayanna Sobrevía. Cuatro mujeres que, al frente de Kalimera, TXT, Gatopez y Miskatonic, buscan ofrecer algo más que solo libros.

Por Claudia Guzmán V., Revista Ya El Mercurio, Martes 30 de Julio de 2019.

Hasta hace un año, a esta casona de techos altos y patio interior, en la calle Girardi al llegar a Santa Isabel, llegaban las novias a probarse sus vestidos. Ximena Muñoz, diseñadora de vestuario, tenía ahí, en medio de atelieres de pintores y artistas varios, su taller. Pero, entre las horas de costura, empezó a sentir que quería algo más.

—Me iba bien, pero siempre quise impulsar algo más grande. No quería estar cosiendo toda la vida. Porque me encanta el diseño de vestuario, pero no me gusta la moda —explica Ximena, quien hace dos meses inauguró en el lugar Kalimera, librería que abre la galería de locales comerciales que ahora ocupa los espacios que antes se destinaban a la creación.

Ximena cuenta que se echaron abajo unos muros, se unieron espacios y así ella pudo combinar la venta de artículos diseñados por ella —bolsos, estuches y cosmetiqueros— con el que era el proyecto de vida que, con su pareja, tenía para el futuro: abrir una librería.

—En nuestros viajes siempre era una parada obligada visitar librerías: Buenos Aires, Barcelona, uno siempre conoce espacios, librerías de barrios que te dan lo que no se encuentra en las librerías de cadena que hay acá. Y siempre hay cosas que son complementarias; souvenirs, café, puedes sentarte a conversar. Uno aprende mucho. Y ese era el sueño que teníamos —cuenta.

Dice que al sueño le pusieron nombre hace tres años, en Grecia. En la Isla San Torino conocieron la Librería Atlantis Books, con su construcción blanca en desniveles, la historia del lugar inscrita en cada pared y balcones que dan al mar.

—Lo único que aprendimos de griego fue a decir “buenos días”: “kalimera”. Así que por eso bautizamos esta librería así —dice riendo esta flamante librera a la que basta mirar para imaginar el catálogo del lugar.

Ximena, mujer de ojos grandes y expresivos, es amante de la poesía. Viste de cuero negro y tiene la mitad de su melena rapada. Le gusta la música, de preferencia el punk.

—Mi idea es que Kalimera tenga mucha música y mucha poesía, me la voy a jugar por eso. Pero yo sé que tengo que tener los libros que se venden. Tengo que tener los libros que la gente me pide, porque no saco nada con que entre una señora preguntando por el último de Isabel Allende y que le diga que “no lo tengo”. No vuelve más. Yo necesito mantenerme a flote. Pero la gente puede ver que no solo tengo a Isabel Allende en el mesón: está la poesía, los libros de música, las editoriales independientes, los autores que están recién saliendo. Los pongo en el mismo lugar —dice y muestra una biografía de Pogo, vocalista de la banda local Los Peores de Chile, y una antología de cuentos de terror clásicos protagonizadas por gatos, del sello Santiago Ander.

Ximena es parte de un grupo de mujeres menores de 40 años que en el último tiempo decidieron cambiar sus vidas para sacar adelante, cada una, un proyecto de librería muy personal. Lo que ella, Paulina Coronado, Paz Rebolledo y Dayanna Sobrevía comparten es el amor por el libro como objeto. Ninguna de ellas creció queriendo ser escritora. Ni estudió una carrera afín. Solo fueron lectoras que no encontraron en el mercado un espacio que satisficiera lo que ellas esperaban de una librería. Todas ansiaban que en sus lugares de compra y venta de libros hubiera algo más.

DE OUTLET A EMPRESA FAMILIAR

En el nacimiento de la calle Huérfanos están algunas de las librerías más tradicionales de la capital. En la década del 2000 apareció ahí con fuerza la cadena TXT, una liquidadora de saldos editoriales y discográficos que llegó a tener seis locales diseminados por el centro de la ciudad. Desde 2012, Paulina Coronado, ingeniera industrial, administraba uno de ellos. Había llegado hasta ese puesto porque antes había trabqjado en la imprenta Salesianos.

—En el 2014, y luego de intentarlo durante harto tiempo, quedé embarazada —cuenta—. Entonces surgió la primera inquietud de querer tener algo propio. Y justo los dueños de la cadena me ofrecieron comprar el local de Alameda, que era el que tenía incorporada una cafetería. Y eso era lo que me imaginaba yo cuando pensaba en tener mi propia librería, algo como más romántico, como de Buenos Aires. No tenía las lucas, pero ellos me ofrecieron un modelo de negocio que evaluamos, que fue grande de abordar. Al año siguiente me ofrecen hacer lo mismo con el local de Huérfanos, que era más grande, con dos pisos. Ya daba para poner mesas, y ofrecer un menú. La verdad que ahora, mirando atrás, es una decisión muy apresurada, pero también uno entiende que si no tomas la decisión tú, la toma otra persona. Y, bueno, después ellos cerraron las otras TXT y quedaron estas nada más.

En su decisión, Paulina involucró a toda la familia.

—No fue solo mía con mi marido. Yo hablé con mi mamá, que trabajó durante muchos años en otra cosa, y se vino conmigo. Mi papá había sido independiente y tenía un servicio técnico electrónico toda la vida, pero siempre le gustó la cocina, así que también se vino. Cada uno dejó sus pegas. Mi hermana, que es traductora, también está acá.

Sentada en el segundo piso del local de Huérfanos junto a su madre, Cecilia, Paulina cuenta cómo, cuando recorren el amplio catálogo de TXT, van recordando a la abuela que les enseñó el amor por los libros.

—Ella era fanática de las Selecciones del Reader’s Digest. Leía todo lo que llegaba a sus manos. Sherlock Holmes, Isabel Allende. Lo que fuera. Por eso a mí me hace sentido que esta librería sea diversa, pero potenciando la líneas de catálogo de las editoriales, ya no saldos. Y sí, mi objetivo es mantener esa promoción histórica el 3 por $9.990 —describe Paulina, quien reconoce que poco a poco ha ido desarrollando su propio gusto literario. Hoy está obsesionada con el francés Édouard Levé (“Autorretrato”) y descubriendo a la chilena Eleonora Aldea, con su propuesta de voz narrativa y gráfica a través del lettering.

En esta etapa de TXT, los jueves son días de actividades. Hay charlas de cine y literatura, clubes de lecturas sobre autores malditos y también música en vivo. Los sábados la librería abre para acoger al público infantil, y ahí es la hija de Paulina, Violeta, de 5 años, la que toma protagonismo.

—Yo siempre quise que mi librería fuera un lugar donde pasaran cosas —define Paulina—. Uno tiende a pensar erróneamente que tener un negocio propio implica tener más tiempo, y es absolutamente todo lo contrario. Es solo que puedes gestionar mejor los tiem-pos, haciendo algo que te gusta.

NICHOS PARA TODO PÚBLICO

Gatopez y Miskatonic, los proyectos de Paz Rebolledo y Dayanna Sobrevía, tienen un par de cosas en común. Ambos locales están ubicados apenas a una cuadra de distancia en Avenida Italia, Providencia. Y sus dueñas tuvieron una experiencia laboral común: trabajaron en la galería de arte Plop!, en el barrio Lastarria, que cerró sus puertas en marzo tras no poder sustentar su operación fisica (se mantiene vía web).

Paz, diseñadora gráfica de profesión, fue de las primeras empleadas de la galería que se propuso dar cabida preferente al mundo del cómic y la ilustración. Cuando Paz quiso emprender su negocio propio, lo hizo junto a su expareja y optó por una mezcla de ilustración y literatura fantástica. La mixtura duró lo mismo que la relación. Al final, solo quedó la ilustración.

—Había muy poquitos libros de ese tipo cuando partimos, y era más hacia lo infantil. Ahora recién en los últimos años se está ilustrando para adultos. Yo tengo libros de ilustración para todo público. Lo único que filtro, en el caso de los niños, son aquellos que tienen un idioma más complejo o imágenes muy fuertes, pero ya la industria ha ido creciendo y cada dos meses acá en Chile ya sale un libro ilustrado —cuenta Paz.

—Aprender el negocio no es fácil, es prueba y error —añade Paz, repitiendo la experiencia que todas han tenido en común—. Empiezas a conocer a los proveedores y a ver cómo se paga, porque a cada uno se le paga distinto. Es un enredo, porque a veces hay que esperar embarques. Se pagan algunos al contado, otros son en consignación, otros se paga un porcentaje de ganancia. Depende de cada editorial. Uno tiene que ir viendo caso a caso. Y ellos te investigan entera, investigan tu liquidez, vienen a verte para ver dónde pones sus libros.

A su librería, con un ventanal que da a la calle —y que ella ocupa como vitrina para exhibir tanto títulos infantiles y adultos como para público general; versiones ilustradas de filmes como “E.T” y “Volver al futuro” —, suele entrar un público mayoritariamente infantil. Eso, pese a que Paz se ha esforzado por decorar el lugar con letreros que insisten en mensajes como “para adultos” o “apto para todo edad”.

—Hay días que me da rabia que piensen que solo somos librería infantil, hay días en los que ya no. Hay días en los que me estreso más. Al final, he ido aprendiendo a soltar. Por ejemplo, después de años, ahora tengo una asistente que viene los días domingo. Eso ha sido todo un logro —dice sonriendo.

Con la independencia ganada, Paz espera poder desarrollar más proyectos para Gatopez:

—Me gustaría, para este fin de año, poder hacer una agenda con el logo del Gatopez, que es reconocido. O hacer unos planners. Entonces tener una ayudante me puede dar tiempo para ir a la imprenta. Aprender a delegar es importante —admite la diseñadora, que sentada en un rincón de su pequeña y acogedora librería administra las ventas, caja y empaque de su local.

Paz sueña más aún:

—No es que quiera tener una cadena de librerías, pero quizás sí ampliarme, tener un espacio más grande donde pueda hacer talleres, porque acá —dice mirando el espacio de no más de 12 metros cuadrados— o damos todos vueltas para un lado, o damos todos vueltas para el otro.

Tener la libertad de soñar sin límites y sin miedos es lo que ha conquistado Dayanna Sobrevía gracias a su librería Miskatonic, quien se especializó en el género fantástico y el terror. Diseñadora Industrial de la Universidad del Biobío, de Concepción, llegó a Santiago y comenzó a trabajar como administradora de un showroom de muebles. Entró en contacto con el mundo de la ilustración y llegó a trabajar a galería Plop!

—Para ser sincera, llegó un momento en que me di cuenta de que las cosas no iban bien en mi trabajo, de que necesitaba independizarme. Conversé con mi pareja y vimos que lo que a mí me gustaba del diseño industrial, que era la sustentabilidad, acá, en Santiago, no lo iba poder lograr. Me había ido a la parte de mobiliario y
a las ventas, y nunca me sentí vendedora. Entonces, me quedaba el amor por los libros. Algo que compartíamos, además. En Concepción nosotros habíamos querido abrir una comiquería. Y entonces pensamos hacer algo así.

Dayanna cuenta que, como en un cuento de giros inesperados y vertiginosos, todo se empezó a precipitar. Renunció a su trabajo a mediados de diciembre de 2016, consiguieron un local, constituyeron sociedad y a mediados de enero de 2017 ya estaban listos para inaugurar. El nombre elegido selecciona el público espontáneamente: Miskatonic, universidad ficticia creada en los relatos de HP Lovecraft (“Los mitos de Cthulhu”), que en su biblioteca alberga libros prodigiosos. En el caso de esta librería se trata de publicaciones relacionadas con la literatura fantástica, misterio y terror. Sin distinción de edad.

—Tener una librería de nicho es un riesgo, pero es importante abrirse a que sea un público súper transversal. Nosotros cuando nos cambiamos a este local, el tercero que tenemos, que es más grande, pudimos abrir un sector para niños. Tenemos público de niños pegados con el terror de 9 o 10 años, y tenemos clientes de 70 u 80 años que leen ciencia ficción —cuenta Dayanna, quien se aficionó al género leyendo mitología cuando era escolar—. Este es un género bien despreciado, porque no hay premio para esta literatura y tiene como mala fama. Pero a través del terror, del misterio más bien, igual se enseñan cosas. Por ejemplo, tenemos un libro de las redes sociales, de cómo tener cuidado con qué se comenta en las redes sociales, de autocuidado, pero con trasfondo de que puede pasar esto, de que puede ser real o no es real. Misterio, al final.

Aprender a lidiar con esa incertidumbre ha sido un aprendizaje de vida para Dayanna. De 35 años, la joven empresaria cuenta que hace dos meses fue mamá de Gael. Sus horas ahora están más concentradas en él que en la librería, que ha tenido que delegar y visita por turnos con su esposo. Por eso cuando piensa sobre el futuro de Miskatonic, responde sin ansiedad que este próximo diciembre cumplirían tres años de operación.

—Cuando llegué a Santiago, yo empecé a sufrir crisis de pánico. Así que comencé a cuestionarme mucho si lo que hacía me satisfacía. Entonces, cada año, lo hago justo por esta fecha. Y este proyecto me permite hacerlo. Eso es algo muy bueno. Que tengo esa libertad.

“Aprender el negocio no es fácil, es prueba y error. Empiezas a conocer a los proveedores y a ver cómo se paga, porque a cada uno se le paga distinto. Es un enredo”.