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Polémica desata idea de abrir oferta de Biblioteca Pública Digital

La asociación de Editores de Chile rechazó la propuesta de reformar la adquisición de títulos por parte de la biblioteca en línea, mientras que el Servicio del Patrimonio evalúa la idea: habría más títulos disponibles, pero el Estado pagaría solo por los requeridos por los lectores.

Roberto Careaga C., Cultura El Mercurio, Martes 24 de marzo de 2020.

En la última semana, y en medio de la cuarentena a la que nos está obligando la pandemia del coronavirus, sucedió que en Chile la gente empezó a leer más. O eso parece, si tomamos en cuenta que la Biblioteca Pública Digital (BPD) triplicó sus préstamos diarios, subiendo de su promedio de mil libros hasta a veces más de 3 mil. El sitio entrega préstamos gratuitos por 15 días de un catálogo de más 16 mil libros, lo que es bastante, pero podría ser muchísimo más. Según cálculos del editor Pablo Dittborn, podrían estar disponibles unos 60 mil títulos, y así lo expuso en una carta que se publicó en “El Mercurio” este domingo, en la que propuso una idea atrevida: que desde ahora, todas las editoriales chilenas pusieran su catálogo completo en la biblioteca y que esta les pagara a los editores por los libros que efectivamente solicitaran los usuarios. Es un cambio de modelo enorme, pues hasta ahora la BPD les compra a los sellos cada título antes de ponerlo en línea. Por supuesto, la idea generó controversia.

Desde el domingo, en el mundo editorial empezó un debate en torno a la idea de Dittborn, exdirector de Random House Mondadori y viejo conocido en el gremio. Ayer, la agrupación Editores de Chile, que reúne a sellos locales, emitió un declaración lamentando la idea. “Ilustra cómo propuestas de este tipo ignoran la premisa fundamental que constituya una biblioteca, la cual es ofrecer la mayor diversidad posible de la oferta cultural a los lectores, mostrando la variada producción nacional en primera instancia e internacional por añadidura. Esto equivale a proponer que el Estado se transforme en un ‘cliente’ más, renunciando a su rol de promotor de la diversidad cultural, ignorando la labor de investigación y selección que realizan bibliotecarios, libreros, profesores, entre otros, y entregarla, como fuera, a criterios de mercado”, sostienen los editores.

Concretamente, la propuesta de Dittborn supondría que la BPD actuaría como una especie de arriendo de e-books, siendo la intermediaria entre las editoriales y los lectores. El que pagaría, por cierto, es el Estado y, se advierte, sería posible que los títulos más demandados fueran los de autores más conocidos y superventas contingentes, dejando en un segundo plano textos nuevos y menos conocidos. De hecho, el mismo Dittborn sostiene en su carta que la biblioteca compra títulos que “jamás son o han sido solicitados por nadie”, pero la realidad es que casi el 99% de los libros disponibles en la web sí han sido prestados.

MÁS LIBROS DISPONIBLES

Uno de los problemas es que actualmente para acceder a los títulos más solicitados hay una larga espera, porque las copias disponibles que compra la biblioteca son limitadas. Con este nuevo modelo, eso cambiaría. “Lo que tiene hacer la BPD es ponerse al servicio del lector y con esta idea podría haber acceso ilimitado a los préstamos de los títulos que la gente quiere leer y, dado que se trata de un servicio gratuito, no sería necesario recurrir a la piratería, por ejemplo”, dice Arturo Infante, director de Catalonia, que está abierto a explorar la idea y, cita como ejemplo lo que ya sucede en las librerías: todos los libros que tienen están en consignación y pagan por ellos a las editoriales solo cuando se vende un ejemplar.

Más allá de las resistencias, en el Servicio del Patrimonio, del cual depende la BPD, la idea ya ha sido considerada. Según dice el director del servicio, Carlos Maillet, se trata de un proyecto técnicamente factible. “Nosotros, felices de contar con ese modelo, ya que tendríamos la disponibilidad de todo el catálogo nacional en BPD. Ya lo hemos conversado con editoriales y esperamos que pronto podamos retomar el diálogo para avanzar en ese camino”, dice Maillet. “Ese modelo de adquisición de libros se podría considerar inicialmente por la coyuntura para darle celeridad. Pero también podríamos observar su comportamiento para determinar si es un modelo adecuado. De esta forma no habría un límite al momento de que los usuarios y usuarias quisieran acceder a la literatura desde BPD”, añade.

Dada la alta demanda de los últimos días, el Servicio del Patrimonio hizo una compra especial de nuevos 1.800 títulos para la BPD, y seguirán las adquisiciones: “Ahora se está trabajando en una licitación para una compra de 1.300 títulos, donde el 80% estará compuesta por industria nacional. Esperamos que esté lista dentro de un mes y medio”, cuenta Maillet, quizás adelantándose a una preocupación central de Editores de Chile ante la situación de crisis económica que ha impuesto la pandemia: “Nos vemos en la necesidad de crear un diálogo indispensable para paliar la situación de extrema dificultad que está enfrentando el sector de la cultura en general y específicamente el ecosistema del libro”, sostienen los editores.

Editoriales frenan actividades y se disparan las ventas de libros en línea

En casa todos leen. O eso parece: el sitio BuscaLibre elevó esta semana sus ventas de libros en un 25%, mientras las librerías hoy cerradas buscan nuevas estrategias para llegar a los lectores. Paralelamente, las editoriales evalúan aplazar publicaciones.

Roberto Careaga C., Cultura El Mercurio, Sábado 21 de Marzo de 2020.

El jueves pasado iban a coincidir en Santiago el argentino Martín Caparrós y el chileno Alejandro Zambra, que vive en México. Ambos traerían sus nuevas novelas bajo el brazo: Caparrós, residente en España, venía en un plan de promoción del libro “Sinfín” y había llegado hasta Buenos Aires cuando el coronavirus lo obligó a regresar a su casa. Ni se asomó por Santiago. Y tampoco Zambra, que tenía planificado lanzar en la Universidad Diego Portales el libro “Poeta chileno”: decidió quedarse en el D.F. ante la expansión de la pandemia. Sus casos eran riesgosos porque implicaban viajes internacionales, pero es la tónica del mundo literario: todo lanzamiento se suspende. Incluso se evalúa aplazar la publicación de algunos libros. Y a la vez, se inician los ajustes en las librerías en una ciudad al borde de la cuarentena.

Como casi todas las librerías, el miércoles las tiendas de Qué Leo cerraron sus puertas indefinidamente, pero con un plan: a través de WhatsApp se podrán comprar libros a domicilio que repartirán los mismos libreros. En la web de la tienda están los números para contactarse.

Comprar con despacho a casa está operando en todos los rubros y en el libro ha tenido buenos resultados: en la última semana, el sitio BuscaLibre tuvo una explosión de ventas: “Aumentó un 25% en los libros con envío en 24 horas. En algunas comunas de Santiago se entregan el mismo día si lo compras antes de las 12 horas, y en 24 a 48 horas en el resto de Chile”, dice el CEO de la empresa, Boris Kraizel.

Leer en casa

“El mercado está parado”, dice de todas maneras Arturo Infante, director de Editorial Catalonia, que ha estado en el mercado del libro hace más de 30 años. En su opinión, no están las condiciones para lanzar nuevos libros y, de hecho, aplazaron la salida de dos títulos de no ficción en torno a la discusión constitucional. Pero otros no puede detenerlos porque son esperados: en los próximos días publicarán “Historia secreta mapuche 2”, la segunda parte del libro de Pedro Cayuqueo. Infante explica que junto con la edición en papel estará disponible como libro electrónico, tal como la mayoría de su catálogo: desde la web de Catalonia hay link para comprar e-book del sello en tiendas como Amazon o GooglePlay.

En el caso del grupo Planeta, detuvieron todas las actividades que incluían público y, precisa su jefa de comunicaciones, Karen Monsalve, “efectivamente, dada la contingencia, estamos evaluando bajar el número de publicaciones hasta que esté todo más estable”. El otro grande del mercado, el grupo Penguin Random House Mondadori, también está monitoreando día a día la situación: “Hemos cancelado todas las presentaciones públicas y hemos aplazado los programas de novedades hasta que la situación mejore. Nuestra prioridad es cuidar a nuestros autores y nuestros colaboradores”, asegura el director general, Sebastián Rodríguez Peña.

Editoriales como Hueders o Ediciones UDP no tienen planeado modificar su calendario de publicaciones. Y avanzan en otras ideas: UDP ha estado posteando en sus redes sociales fragmentos de sus últimos libros, y Hueders mantiene su venta de libros a domicilio, a través de su sitio web. En el caso de Fondo de Cultura Económica, luego de cerrar su librería en el Paseo Bulnes establecieron un sistema de compra online , con despacho a domicilio gratuito. Las grandes cadenas de libros, como Antártica y Feria Chilena del Libro continúan con sus envíos.

El libro electrónico ha tenido un despertar gratuito. Ayer, la Biblioteca Pública Digital -a la que cualquiera puede suscribirse y bajar títulos al computador o celular- informó que sus préstamos se han triplicado en la última semana. A la vez, algunas editoriales empezaron a liberar parte de su catálogo. Desde el martes, Anagrama dispuso la descarga gratuita de algunos de sus títulos, entre los que se incluyen libros de Alejandro Zambra y Mariana Enríquez. Planeta puso en marcha la campaña #KeepReadingEnCasa, a través de la que se pueden bajar gratuitamente libros como “La sombra del viento”, de Carlos Ruiz Zafón, y “El código Da Vinci”, de Dan Brown. Otros sellos españoles, como Acantilado, Blackie Books y Errata Naturae, también tienen títulos para descargar libremente en sus sitios web.

El sitio BuscaLibre aumentó sus ventas esta semana y hay descuentos en los precios de hasta un 65%. Los libros pueden llegar a domicilio en un día.

Por WhatsApp se pueden pedir libros a la casa en las librerías Qué Leo.

Señales de esperanza para el difícil momento de las librerías

No ha sido un buen año para el libro y el estallido de las protestas sociales empeoró la situación. Editores y libreros buscan ahora generar condiciones para mejorar las ventas.

Pedro Pablo Guerrero, Cultura El Mercurio, Lunes 18 de Noviembre de 2019.

La librería Qué Leo Forestal, ubicada en la calle Merced al llegar a la Plaza Italia, hizo noticia hace una semana por un intento de saqueo. Les robaron dinero y ropa que había en el interior, pero no alcanzaron a llevarse computadores ni libros, porque lo impidieron vecinos y los propios manifestantes. De todas maneras, debieron gastar $400.000 en arreglar la reja y tendrían que desembolsar la misma suma para reemplazar el letrero que todavía luce destrozado.

Si antes del 18 de octubre abrían entre las 10:00 y las 21:00 horas, desde el inicio de las marchas están cerrando por lo general a las 16:00 horas. “Las ventas han disminuido en un 90%”, estima Mario Cerda, librero al frente de esta empresa familiar inaugurada hace cinco años. “Pero la baja venía de antes, desde diciembre. Este año no hubo fechas buenas”, asegura.

Lo mismo señala Eduardo Castillo, presidente de la Cámara Chilena del Libro. “Las librerías se han visto afectadas entre un 30% y un 50%, incluso más, porque hay algunas ubicadas en el foco de los desórdenes. Ha sido un tiempo complejo, con un fuerte impacto donde ya teníamos un año complejo, de ventas muy estancadas”.

Otras librerías del barrio acusan el mismo golpe. Ulises, de calle Lastarria, calcula una caída del 80%, mientras que Viviana Muñoz, de la Librería del GAM, resume la situación en estos términos: “En casi un mes hemos vendido lo que se vende en un día normal”.

En el sector del Drugstore de Providencia, las cifras son algo más alentadoras. Nueva Altamira y Quimera han reducido sus ventas en torno al 50%, aunque desde hace unos días están volviendo a cerrar más tarde gracias a la normalización del transporte. Lo mismo sucede con los locales de Antártica, que están atendiendo hasta las 19:00 horas. Esta cadena de librerías estima sus bajas durante octubre en un 25%, y en 15% durante lo que va de noviembre, siendo el local más perjudicado el del Costanera Center, que estuvo cerrado 16 días.

Lecturas educativas

Desde las grandes editoriales reconocen que se han visto afectadas las operaciones de despacho de novedades y reposiciones, pero no ven una fuerte disminución en la demanda. “Pensamos que el impacto sobre el consumo de libros no ha sido muy significativo. Efectivamente el público está buscando también en la lectura la respuesta de muchas preguntas o necesidades actuales”, dice Eduardo Sanz, director comercial de Editorial Planeta Chile.

“Estamos esperanzados de que irá mejor”, expresa Sebastián Rodríguez-Peña, director general de Penguin Random House. “Haremos ofertas para reactivar el mercado editorial y contribuir al despegue de las librerías de aquí a fin de año. Tenemos un catálogo editorial de primer nivel, con contenidos de interés para todos los públicos, entre ellos libros que ayudan a comprender lo que ocurre en el país”.

Sanz dice que en Planeta tienen propuestas promocionales para trasladar a sus clientes, pero “la estrategia de las librerías cambia mucho según el interlocutor”. Mario Garrido, de Qué Leo Forestal, apuesta por conseguir mayores descuentos de los sellos, pero también por comprometer a los autores para que vuelvan a realizar lanzamientos y firmas de libros en su local. Elena Bahrs, de Ulises, confía en la colaboración del comercio y los vecinos a través de la alianza cultural Barrio Arte: “Tenemos que ayudarnos entre todos y sacar las cosas a la calle si es necesario”. Editoriales medianas como Tajamar empezaron, incluso antes de las protestas sociales, a rebajar títulos de su catálogo; en librería Catalonia, por ejemplo, se pueden encontrar obras de Rubem Fonseca y Kavafis por menos de $10.000.

Las próximas semanas son cruciales por la cercanía de la Navidad, la mejor fecha del año para el sector. Desde la Cámara del Libro, Eduardo Castillo anuncia también iniciativas gremiales para enfrentar la crisis. “Ya le representamos al Consejo del Libro nuestro interés de que se estudie crear fondos especiales para ayudar a sostener las librerías, especialmente las más pequeñas. También estamos viendo el tema con BancoEstado y peleamos a través de la Cámara Nacional de Comercio para generar mejores condiciones dentro del paquete de ayudas a pymes que el Gobierno ha anunciado. Hay que ser lo más creativos posible, de manera colaborativa, generando instancias comerciales no solo para nuestros socios, sino para todo el sector: las empresas que participan en las ferias, las pymes y todos los emprendimientos de la cadena del libro”, dice Castillo.

Los editores se reúnen para definir el futuro de la Feria del Libro de Santiago

En 2018 el mundo editorial local vivió su mayor división, que se tradujo en eventos paralelos. Las organizaciones del sector conversan la idea de crear una fundación, trasladar la feria al primer semestre, que sea más corta y gratuita.

Javier García, Culto La Tercera, 23 de Marzo de 2019.

El sábado 27 de octubre de 2018 fue el primer fin de semana de la Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa) en la Estación Mapocho. Ese día el escritor Francisco Ortega (Logia) le respondía en su cuenta de Twitter a un lector. “No, este año estaré en #FAS2018. La Filsa se dividió en Filsa y FAS, para las editoriales más grandes. FAS es gratis y en el GAM”.

Organizada hace más de 30 años por la Cámara Chilena del Libro, la Filsa 2018 fue un encuentro opaco y con escasa presencia de público durante sus 18 días. Esto debido a que no contó, como era habitual, con toda la organización del mundo editorial, con la excepción de los socios de la Cámara y la Cooperativa de la Furia (sellos independientes).

El conflicto estalló en agosto pasado cuando las otras dos asociaciones, la Corporación del Libro y la Lectura y Editores de Chile (60 socios) declinaron asistir a la Filsa criticando, principalmente, su falta de modernización.

Así fue como la Corporación del Libro, que representa a cerca del 70% de la producción editorial del país, liderada por Grupo Planeta y Penguin Random House, además de 14 socios, decidieron crear el Festival de Autores Santiago (FAS), en el GAM, en los mismos fines de semana que transcurrió Filsa.

“No estaré en FILSA, voy al FAS en el GAM”, pasaba el dato en Twitter el escritor Jorge Baradit (Historia secreta de Chile), quien ya en agosto había dicho: “La Filsa ha venido en decadencia los últimos cinco años”.

El conflicto provocó que por primera vez la Cámara Chilena optara por liberar la entrada durante dos días ante las críticas por su cobro (entre $ 2 mil y $ 3 mil). A pesar de ello no se entregaron cifras de asistencia al cierre. El país invitado de honor fue Perú. Para este año aún no hay noticias de qué país será. Además, en las fechas en que se suele realizar el encuentro – entre el 26 de octubre y el 11 de noviembre aproximadamente-, la Estación Mapocho ya tiene arrendatario: del 1 al 3 de noviembre será sede del festival de cómic Superfest Chile.

Para definir la versión 2019 de la Filsa, Eduardo Castillo, presidente de la Cámara, convocó a una reunión a comienzos de marzo. Asistieron Paula Gaete, presidenta de Cooperativa de la Furia; Sebastián Rodríguez-Peña, presidente de la Corporación del Libro y Javier Sepúlveda, de Editores de Chile.

A pesar de aportar con $ 81 millones en la última edición, los representantes del Ministerio de las Culturas no fueron considerados: “Como ministerio no hemos sido convocados a las reuniones. No obstante, nos alegra que se estén propiciando estos espacios de diálogo, algo que como ministerio hemos buscado impulsar”, afirma Paula Larraín, secretaria ejecutiva del Consejo del Libro.

Las agrupaciones que sí participaron hicieron una propuesta, y el próximo jueves tendrán respuesta de la Cámara. Una idea que es transversal consiste en crear una fundación que organice Filsa.

Propositiva y diversa

“Todos los actores de la industria pensamos en una gran Feria del Libro de Chile en el primer semestre, para ser parte del circuito de ferias sudamericanas y sin fines de lucro”, comenta Javier Sepúlveda, de Editores de Chile. “Se debe crear una fundación con personalidad jurídica, donde existan representantes de todas las agrupaciones; la feria debe ser de entrada liberada y no debe durar más de 10 días”, agrega Sepúlveda e invita a una nueva actividad: La Lluvia del Libro, entre el 31 de mayo al 2 de junio en el GAM. Ella se suma a la Primavera del Libro, que organizan hace siete años en Providencia.

Hoy las cuatro organizaciones tienen su propio encuentro. La Cámara organiza Filsa, la Cooperativa creó hace 12 años la Furia del Libro, que se realiza en diciembre en el GAM , y a fines de septiembre, en el mismo lugar, la Corporación del Libro efectuará la segunda versión del FAS.

“La participación de nuestros asociados en Filsa no depende del FAS. El FAS es el festival de la Corporación, que ahora es nuestra prioridad”, dice Sebastián Rodríguez-Peña, quien recién asumió como presidente de la Corporación. “Necesitamos una feria moderna, propositiva en cuanto a temas y nuevos autores, que sea reflejo de la diversidad creativa que existe en el país”, agrega el también gerente general de Penguin Random House.

Desde la Cámara, Eduardo Castillo solo se remitió a decir que “nuestra responsabilidad es seguir avanzando en las conversaciones que tenemos y que creo son positivas”.

Paula Gaete, de la Cooperativa de la Furia, dice que aún no deciden si estarán en la feria este año. “Nuestra participación en Filsa depende de las condiciones de la feria misma”, comenta aludiendo también al valor de los stand que fluctúan entre $ 3 millones y $ 15 millones. Gaete recuerda que la edición pasada de la Furia del Libro acogió por primera vez los Diálogos Latinoamericanos, encuentro organizado en colaboración con el ministerio, que anteriormente se desarrollaba en la Filsa.

Crisis en Venezuela: el derrumbe de la industria del libro

En medio de la hiperinflación, las editoriales han dejado de imprimir. De los grandes grupos editores solo queda Planeta, luego de que Random House y Océano abandonaran el país en 2014. El año pasado cerraron cerca de 80 librerías, y la mayoría de sus autores ha emigrado, como Rodrigo Blanco, Gisela Kozak y Alberto Barrera.

Javier García, Culto La Tercera, 2 de Marzo de 2019.

“He aprendido mucho en las colas. Me parece que los expendios de comida son lugares de alto riesgo”, apuntó el 2 de diciembre de 2017 la escritora venezolana Ana Teresa Torres (73) en Diario en ruinas. “En el automercado que frecuento cuando llegan productos regulados aparece personal de seguridad, por ahora sin armas”, observa Torres, quien aún vive en Caracas y ha hecho de su narrativa una crónica de la vida cotidiana. Muchos de sus pares han salido del país debido a la crisis política y social que vive Venezuela.

“Es un peso muy grande ver desmantelado el país, tantas personas en situaciones inhumanas, tantos amigos lejos. Lo más duro para mí ha sido la fractura de la familia”, dice Torres desde Caracas a Culto.

Como muchos de sus coterráneos, la narradora publica sus libros por la editorial uruguaya Alfa, con sede en Venezuela, que lleva más de 60 años en el mercado latinoamericano, pero que desde el año pasado publica solo en edición digital.

Este es uno de los síntomas de la depresión que atraviesa el mundo del libro en ese país, principalmente debido a la hiperinflación de su economía. Hay datos concretos: de los grandes grupos editoriales solo opera editorial Planeta; Random House y Océano dejaron el país en 2014. Otro signo de la crisis fue la suspensión hace dos años de la entrega del tradicional Premio de Novela Rómulo Gallegos.

“Los costos de producción han llevado a los editores a suspender las publicaciones o a reducirlas, y son pocos los lectores con la capacidad de comprar libros por lo elevado de los precios”, cuenta Torres, y cree como autora que es “casi imposible que un texto escrito en estos años no refleje directa o indirectamente lo que ocurre en Venezuela”.

No solo se han cerrado imprentas en el país, sino también librerías y sitios asociados al gobierno, como el del Centro Nacional del Libro, que entrega cifras sobre los títulos publicados anualmente (ISBN). Hoy ya no funciona. Según cálculos de la Cámara Venezolana del Libro (Cavelibro), la producción y venta ha caído entre el 80 y 90% desde 2015. El precio de los libros locales se disparó de 2.000 a más de 10.000 bolívares (el sueldo mínimo es de 4.500). Y durante 2018 se registró el cierre de 80 librerías en todo el país.

La situación repercute también en el sistema educativo: “Los colegios se están viendo afectados por la falta de material para poder dar clases”, dijo en noviembre Ricardo Acevedo, tesorero de Cavelibro. Según él, hoy venden el 10% de los textos escolares que facturaban en 2008.

Además, gran parte de los profesionales del sector, como editores, ilustradores y diseñadores han emigrado a otros países como Colombia, Argentina y Chile.

“Se ha destruido toda la cadena editorial, los libros extranjeros han dejado de llegar porque resultan inaccesibles; la comida y medicina son prioridad”, cuenta Patricio Fernández, fundador de The Clinic, quien visitó Caracas hace unas semanas.

“La dimensión de la crisis venezolana es muy grande. Es inevitable que afecte el sector”, cuenta Gabriela Ávila, gerenta de administración de Planeta Venezuela. “Han cerrado muchos puntos de venta de las principales cadenas de librerías, así como han cerrado algunas librerías independientes”, agrega. Las librerías que subsisten venden textos de segunda mano, artículos de escritorio y juguetes.

“Planeta ha resistido con mucha creatividad y esfuerzo, pero no podemos hablar de ‘normalidad’ en una dinámica comercial marcada por los controles, la terrible situación económica que supone la hiperinflación”, añade Ávila.

El editor y diseñador gráfico Juan Mercerón (35) salió de Caracas rumbo a Chile en 2017. “Sin duda que la crisis ha afectado de manera profunda a la industria editorial en Venezuela, hasta el punto de casi hacerla desaparecer. Un libro ahora en mi país es un producto más que de lujo, es casi imposible de pagar para una gran mayoría”, cuenta Mercerón, quien en 2013 fundó la editorial Libros del Fuego.

“Las editoriales estatales como Biblioteca Ayacucho y Monteávila, otrora referencias en la región, ahora son un instrumento más del régimen, es decir, están prácticamente anuladas”, dice.

Libros del Fuego sigue funcionando en Venezuela, Colombia y Chile, y su catálogo cuenta con obras de Juan Villoro, Andrés Neuman y Alberto Salcedo Ramos. Ahora acaba de publicar la novela La trayectoria de los aviones en el aire, de la chilena Constanza Ternicier (1985).

Memoria y cultura

La crisis venezolana se ha convertido en un tema insoslayable para sus autores.

La polarización política con la presencia aún de Hugo Chávez en el poder, recorre Patria o muerte (2016, Tusquets Editores), de Alberto Barrera Tyszka (58), que obtuvo el Premio Tusquets de Novela en 2015. El año pasado, Barrera publicó Mujeres que matan (2018, Random House) . Esta fue presentada como “una distopía caribeña”, y es el retrato de la precariedad en la que hoy vive la sociedad venezolana, entre la pobreza y la militarización.

“Situé la novela en Venezuela sin decir que es Venezuela. Está la presencia del Alto Mando, con eso quiero decir que el poder está en manos de los militares, en alianza con Nicolás Maduro”, dice Barrera, quien vive en México.

A México se trasladó también en 2017 la narradora Gisela Kozak (56). “Después de 25 años como profesora universitaria, con el más alto escalafón, la paga no da para alimentar a una persona”, afirma. “Perdí el público de mis libros en Venezuela, dejé atrás a una madre muy mayor, a sobrinos y grandes amigos, mi casa y mi biblioteca”, dice la autora de En rojo (2011), y quien colabora para medios como Letras Libres y The New York Times.

Gisela Kozak considera que “es una tragedia mayor para la memoria, cultura y letras venezolanas que sus pensadores y escritores se hayan quedado sin editores profesionales y que el fondo editorial manejado por el Estado no cumpla con la importante función de educar”. Para aproximarse a la vida actual en su país, recomienda una antología que ella misma compiló: Siete sellos: crónicas de la Venezuela Revolucionaria (2017).

Hace cuatro años, Rodrigo Blanco Calderón (38) también abandonó su país. Vivió en Francia y hoy reside en Málaga, España. Su primera novela, The Night (2016, Alfaguara), que narra crímenes ocurridos mientras el gobierno decreta cortes eléctricos debido a la crisis, recibió elogios de la crítica y fue traducida al inglés y francés.

“La industria editorial se ha visto severamente golpeada, al igual que cualquier otro rubro productivo, sin excepción. La producción de libros oscila entre el desabastecimiento de materias primas, principalmente papel, hasta la imposibilidad de que una editorial cubra costos de impresión por los precios exorbitantes que impone una economía hiperinflacionaria”, afirma Blanco desde España.

Según el novelista, “la debacle del país” está presente en todos lo géneros de la literatura venezolana actual, desde la poesía hasta el teatro y el ensayo. “Como denuncia, como crítica o como inevitable registro de una transformación absoluta: el país en que nacimos, ese país que evolucionó y se transformó en el siglo XX, ya no existe”, afirma.

En su caso, la crisis lo empujó a renunciar a su mundo personal: “Dejar a mi familia, perder a mis perros y el contacto directo con mis amigos. Me ha llevado a construir una morada junto con mi esposa, una morada profundamente solitaria, apenas paleada por las redes sociales y las conversaciones de WhatsApp”.

El autor de The Night trabaja ya en una nueva novela, sin perder de vista Venezuela: “Supongo que será mi libro sobre el país en el que nací y su apocalipsis”.

“Planeta ha resistido con mucha creatividad y esfuerzo, pero no podemos hablar de ‘normalidad’ en una dinámica comercial marcada por los controles”.

Gabriela Ávila, Gerenta Editorial Planeta Venezuela.

“Se ha destruido toda la cadena editorial, los libros extranjeros han dejado de llegar porque resultan inaccesible; la comida y medicina son prioridad”.

Patricio Fernández, fundador The Clinic.

ANA TERESA TORRES

Nació en 1945 en Caracas, donde vive actualmente. Es autora de novelas y cuentos, entre los que destaca el libro Diario en ruinas (2018).

DIARIO EN RUINAS, ANA TERESA TORRES. Editorial Alfa, 384 págs. ebook casadellibro.com a 8.99 euros.

CONSECUENCIAS

“Es un peso muy grande ver desmantelado el país, tantas personas en situaciones inhumanas, tantos amigos lejos”.

JUAN MERCERÓN

Diseñador gráfico, nació en Caracas en 1984. Fundó en 2013 editorial Libros del Fuego que opera en Venezuela, Colombia y Chile, desde el 2017.

LIBROS DEL FUEGO, Desde 2013 editan a autores como Alberto Salcedo Ramos, Andrés Neuman, Juan Villoro y ahora también a la chilena Constanza Ternicier.

ADQUIRIR LIBROS

“Un libro ahora en mi país es un producto más que de lujo, es casi imposible de pagar para una gran mayoría”.

RODRIGO BLANCO CALDERÓN

Nació en Caracas en 1981. Vivió en Francia entre 2015 y 2018, y ahora en España. Es autor de cuentos y de la novela The Night (2018).

THE NIGHT, RODRIGO BLANCO CALDERÓN, Alfaguara, 360 págs, $12.000

EDITORIAL

“La producción de libros oscila entre la escasez de papel hasta la imposibilidad de que una editorial cubra costos de impresión”.

GISELA KOSAK

Nació en Caracas en 1963, y desde 2017 reside en Ciudad de México. Académica y escritora, entre sus obras destacan los relatos En rojo (2011).

EN ROJO, GISELA KOZAK, Editorial Alfa, 174 págs., amazon.com a US$14.39

LEER EN DIGITAL

“La ruina ha llegado a todos los eslabones públicos y privado de la cadena de valor del libro, y ahora los lectores del país dependen de la lectura digital”.

 

Autores y editoriales latinoamericanos se toman la Furia del Libro

El jueves abre en el GAM:

Autores y editoriales latinoamericanos se toman la Furia del Libro

Doce escritores extranjeros estarán en el encuentro editorial independiente. Entre ellos, Patricio Pron, Selva Almada y Horacio Castellanos Moya.

Roberto Careaga C., Cultura El Mercurio, sábado 8 de diciembre de 2018.

Después de 30 años en París, un escritor vuelve a Buenos Aires a reencontrarse con su pasado. No es el que esperaba: el nombre de un viejo amigo, convertido en misterioso millonario, lo transporta a la época en que estuvo en el servicio militar. El mismo escritor va más atrás: decide buscar las huellas de su padre muerto, un inmigrante judío de fines del siglo XIX. El primer retorno está en la novela “Maniobras nocturnas” y el segundo, en el documental “Carta a un padre”, ambos del argentino Edgardo Cozarinsky, quien presentará las dos obras en la XII Furia del Libro.

Abierta entre el jueves 13 y el domingo 16 de diciembre en el Centro Gabriela Mistral (GAM), la Furia del Libro ya se ha convertido en el principal encuentro de las editoriales independientes chilenas y esta vez tendrá un acento latinoamericano: tras siete años realizándose en la Feria Internacional del Libro de Santiago, el ciclo Diálogos Latinoamericanos ahora se llevará a cabo en la Furia y participarán 12 escritores del continente que están escribiendo algunos de los libros más elogiados actualmente. Además de Cozarinsky -que acaba de ganar el premio de cuento Gabriel García Márquez- estarán autores como el salvadoreño Horacio Castellanos Moya, ganador del Premio Manuel Rojas, el argentino Patricio Pron y la mexicana Fernanda Melchor, entre otros.

“Si bien la Furia del Libro es una feria, también es un festival de literatura donde el programa cultural es fundamental”, sostiene el editor Galo Ghigliotto, uno de los organizadores del encuentro. “Nos hemos concentrado en la producción de literatura con un enfoque muy latinoamericano; entonces tener la presencia de autores de diferentes puntos de Latinoamérica viene a consolidar la idea de la Furia como la capital de la edición independiente del continente”, añade.

Desde Argentina viene el mayor contingente de autores, varios con nuevos libros en Chile: Selva Almada acaba de lanzar con Montacerdos “Chicas muertas”; J.P. Zooey, que publicará con La Pollera la novela “Manija”, y María Sonia Cristoff estará con la edición local “Mal de época”, que publica Libros del Laurel. Además, vendrán los ensayistas trasandinos Daniel Link y Damian Tabarovsky.

También estarán en las actividades de la Furia, los uruguayos Horacio Cavallo e Inés Bortagaray, que publica con Laurel el libro “Prontos, listos, ya”, y el ecuatoriano Esteban Mayorga, que lanza en Chile la novela “Vita frunis” con Cuneta. Cozarinsky, en tanto, publica “Maniobras nocturnas” con Ediciones Lecturas y presentará su documental “Carta a un padre” en la única actividad que no será en el GAM: el miércoles 12 en la Sala K (Condell 1307), a las 20:45 horas. Hay 15 cupos gratuitos para la función y la inscripción es en actividades@lafuriadellibro.com.

Realizada por primera vez en 2009 y con la participación de 18 editoriales, la Furia del Libro hoy es una embarcación bastante más grande: este año participarán 164 sellos, de los cuales 40 son extranjeros: de Perú, Colombia, México, Argentina, Brasil y Paraguay. La programación completa está en lafuriadellibro.com. La entrada es gratuita.

En octubre tres festivales literarios salen al paso de la Feria de Santiago

El 4 de octubre parte la Primavera del Libro, luego el Filba en la UDP, y a fin de mes rivalizarán la feria en la Estación Mapocho y una nueva en la UC y el GAM. La mayoría de los encuentros serán gratuitos, excepto la Filsa, organizado por la Cámara del Libro y que cobrará entre $ 700 y $ 3.000 de entrada.

Javier García, Culto La Tercera, Sábado 15 de septiembre de 2018.

Ocurrirá en octubre en Latinoamérica y contará con invitados de distintos ámbitos. El festival Filba traerá a Santiago a la escritora argentina María Moreno, a la cantautora mexicana Julieta Venegas y a Anne Carson. Esta última reconocida poeta canadiense dará una conferencia el 16 de octubre, en la UDP, a las 11.30 h.

Octubre será un mes de lanzamiento de nuevas obras, lecturas, firmas y circulación de escritores por una serie de encuentros asociados a la literatura. A pesar que algunos eventos surgieron producto de conflictos.

El inicio lo dará la Primavera del Libro el 4 de octubre en el anfiteatro del Parque Bustamante, en Providencia. En su séptima versión la Primavera contará con 92 locales y 122 editores, y se extenderá hasta el domingo 7. Organizada por Editores de Chile y de carácter gratuito, el año pasado convocó a 25 mil personas.

“Esta feria tiene como objeto potenciar y desarrollar la industria nacional del libro, dar visibilidad al trabajo de editoriales independientes chilenas”, dice Evelyn Matthei, alcaldesa de Providencia, quien aseguró el año pasado que potenciaría encuentros como la Primavera del Libro, luego de rechazar el financiamiento de la tradicional Feria del Libro Infantil y Juvenil en la comuna, realizada desde 1987.

Entonces la alcaldesa explicó: “Le ofrecimos el espacio gratis (Parque Bustamante) y toda nuestra colaboración, pero nos pedían $ 120 millones adicionales”, dijo en referencia a sus organizadores, la Cámara Chilena del Libro. Finalmente el encuentro no se realizó y la Cámara sumó otros problemas.

El último sucedió a inicios de agosto, cuando más de 80 editoriales que conforman la Corporación del Libro y la Lectura y Editores de Chile, declinaron participar de la 38° Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa), que se hará entre el 25 de octubre y el 11 de noviembre en la Estación Mapocho, y que tiene a Perú de país invitado.

La Corporación del Libro reúne a los grupos con mayor presencia editorial en Hispanoamérica, como Penguin Random House, Planeta y Santillana. Además la integran Zig-Zag, Urano, Catalonia, entre otras. En total representan alrededor del 70% de la producción editorial que circula en Chile y entre sus autores locales están los bestsellers Isabel Allende, Jorge Baradit, Pablo Simonetti, Hernán Rivera Letelier, Carla Guelfenbein, Francisco Ortega, José María Maza y Guillermo Parvex.

No irán a la Filsa pero tendrán su propia oferta. “La idea no es competir con Filsa, sino dar un espacio con otra propuesta. Acá todo será gratuito”, comenta Arturo Infante, presidente de la Corporación del Libro y quien trabaja en la comisión organizadora del primer Festival de Autores. Así se llamará el encuentro que ofrecerá una serie de actividades en la Casa Central de la U. Católica y el Centro Gabriela Mistral, GAM, en las mismas fechas que Filsa.

El programa del Festival de Autores incluirá presentaciones, firmas con “las grandes apuestas del año de cada editorial”, dice Infante, además de mesas de conversación, por ejemplo, sobre diversidad sexual e historia.

En la Estación Mapocho

“El público no entiende esta discusión, entonces la lealtad de los autores es con la gente. Hemos convocado a los escritores de manera individual, incluso algunos de las grandes editoriales”, dice Viviana Azócar, gerente general de la Cámara Chilena del Libro, y agrega que para la Estación Mapocho están confirmados Francisco Ortega, Rivera Letelier, Gabriel Salazar, Oscar Hahn y los ilustradores Alberto Montt y Francisco Javier Olea. Además de los autores que conforman las 33 editoriales que integran la Cooperativa Editores de la Furia.

A diferencia de las otras ferias y festivales, la Filsa no será gratuita: cobrará entre $ 700 y $ 3.000. Eso aun cuando recibieron $ 81 millones del Ministerio de las Culturas, dinero entregado a pesar de no cumplir con el requisito inicial, que implicaba la participación de todos los organismos del libro. “Esta entrega tiene que ver por la trayectoria de la feria”, dice Viviana Azócar, y sobre los otros eventos comenta: “Me parece fantástico este abanico de posibilidades, es un panorama primaveral”.

Filsa dará a conocer su programación el 4 de octubre en la Biblioteca Nacional. “Tenemos 470 actividades culturales confirmadas y a 36 autores de Perú invitados”, dice la gerente de la Cámara del Libro.

Entre el 9 y 11 de noviembre, Valparaíso ofrecerá otro festival: Puerto de Ideas, que incluirá conferencias, diálogos y conciertos, con valores desde los $ 2 mil. Entre los autores invitados estarán el cronista venezolano Alberto Barrera Tyszka, el neurocientífico argentino Mariano Sigman y el sociólogo francés Gilles Lipovetsky.

PANORAMA LITERARIO

PRIMAVERA DEL LIBRO
Organizado por Editores de Chile y la Fundación Cultural de Providencia, el encuentro gratuito contará con 92 stands de editores independientes, en el Parque Bustamante, entre el 4 y el 7 de octubre, desde las 11.00 a las 22.00 horas.

FILBA
Realizado desde hace seis años en Buenos Aires, Montevideo y ahora en Santiago, el festival gratuito reunirá a Anne Carson, María Moreno, Mariano Blatt y Julieta Venegas, en la U. Diego Portales, el 16 y 17 de octubre.

FESTIVAL DE AUTORES
La Corporación del Libro y la Lectura junto a Editores de Chile realizarán por primera vez estas actividades gratuitas, que convocarán a autores chilenos, en la Casa central de la UC y el GAM, entre el 25 de octubre y el 11 de noviembre.

FERIA DEL LIBRO SANTIAGO
Será la 38 versión del evento organizado por la Cámara Chilena del Libro y se realizará en la Estación Mapocho junto a Editores de la Furia, entre el 25 de octubre y el 11 de noviembre. De $700 a $3.000.