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Los desafíos de Constanza Mekis para fomentar la lectura en Latinoamérica y el Caribe

Recién electa presidenta para la región de IBBY, organismo internacional dedicado al fomento lector de jóvenes, detalla sus retos y cómo ve la situación nacional.

María Soledad Ramírez R., Cultura El Mercurio, Lunes 28 de Septiembre de 2020

Lo que caracteriza a Constanza Mekis es su sonrisa, siempre en su rostro. Detrás de sus maneras suaves y su atención a escuchar a quien le habla, esconde su capacidad de sacar adelante grandes proyectos. Su larga carrera —de más de 40 años— en tomo a los libros, al fomento lector, a las bibliotecas, da cuenta de su capacidad de liderazgo y su empuje. Así, fue una de las fundadoras del sistema de coordinación nacional de las Bibliotecas Públicas CRA (Centro de Recursos para el Aprendizaje) del Ministerio de Educación, donde trabajó 22 años; es presidenta de la Fundación Palabra, consultora internacional para países iberoamericanos en el fomento de la lectura en los jóvenes; profesora en la U. Alberto Hurtado, y autora de los libros “Formación del lector escolar” (2016) y “Bibliotecas escolares para el siglo XXI” (2019), en coautoría con Christian Anwandter.

Mekis también ostenta otro cargo que hoy la tiene en la cumbre. Como presidenta, desde 2015, de la Organización Internacional para el Libro Juvenil (IBBY en su sigla en inglés), sede Chile, acaba de ser elegida para dirigir las oficinas de IBBY para Latinoamérica y el Caribe, como parte de la mesa ejecutiva del organismo con sede en Suiza. Es la primera vez que el país tiene ese puesto.

Al teléfono, se la escucha feliz de enfrentar este nuevo desafío —”es una preciosa oportunidad para aportar, y un gran reto”, comenta— que la obligará a mirar a los 16 países de la región que tienen una oficina IBBY: toda América Latina, con la excepción de Paraguay, Nicaragua, Honduras y Panamá. También están México y Cuba, Haití y República Dominicana, en el Caribe.

—¿Qué significa para Chile estar en la mesa ejecutiva de IBBY?
“Bueno, es tremendamente importante, porque uno está ahí oyendo a los grandes. En este caso, el presidente es de China; está Rusia, que tiene un desarrollo en el campo de la promoción de la lectura muy impresionante, sobre todo en el último tiempo. Están Alemania, Gran Bretaña e Italia, que es un país que ha desarrollado la Feria de Bolonia y eso es señero para todo el campo. Es una gran oportunidad de oír a los grandes y también que sepan de Chile y de la región”.

—¿Cuáles serán sus desafíos?
“Lo primero es conocer las dimensiones y los trabajos de cada uno de los países integrantes de IBBY en Latinoamérica y el Caribe. Queremos impulsar una reunión continental de los mediadores, estamos ya trabajando con un proyecto para septiembre del 2021, que obviamente será virtual. También está muy presente cómo formar un equipo asesor de la región, que haya tenido experiencias anteriores, y hacer un trabajo mancomunado con Cerlalc (Centro Regional para el Fomento del Libro). Dentro de eso, creo que lo que sería extraordinario para la región es hacer un gran centro del libro, de la literatura latinoamericana, de la LIJ; un catálogo que sea atractivo, que esté actualizado, que tenga los contactos para las nuevas fuentes. Eso permitiría generar nuevas publicaciones con derecho de edición, generar envíos subvencionados, es decir, que exista la información, porque si hoy preguntas qué se publica en Latinoamérica, no se sabe”.

Al terminar esa larga lista de proyectos, ríe al darse cuenta de que es mucho trabajo y que solo tendrá dos años en el cargo para llevarlos a cabo. Ya tiene un análisis de cómo está la región en el tema del fomento lector.

“Es un continente enorme, muy vasto y, por otro lado, muy variado y disímil, muy diverso en sus contextos, tanto sociales como económicos y culturales. Hay países en donde se han desarrollado políticas públicas y emprendimientos editoriales independientes que generan un ecosistema bastante propicio para el desarrollo de la formación de lectores, pero otros están iniciando un camino y, por lo tanto, creo que desde estas instancias es muy bueno homogeneizar políticas que han dado buenos logros y que se pueden formalizar en otros países”, señala.

Específicamente sobre Chile, la presidenta de IBBY destaca el avance que ha tenido el país, pero sitúa nuestra debilidad en el valor social de la lectura: “Acá nos falta el mundo de las familias, mayor conciencia social del valor de la lectura. Eso es más que políticas públicas, son generaciones que han estado al margen de la lectura, que esta solo se ha entregado en los colegios. Pero eso es insuficiente, porque la cantidad de horas que tiene un niño en su hogar es mayor, es decir, esa familia, esos padres y abuelos que no han estado inmersos en el campo de la lectura no hacen el puente necesario. Entonces, ahí debemos ver cómo mejoramos ese listón en la sociedad civil”.

Y para ahondar en ese tema, comenta que está terminando de escribir un libro “sobre cómo cultivar la lectura en familia”.

Encerrada como todos en la pandemia, Constanza Mekis hace una defensa del libro y la lectura, como un ejercicio que da libertad. “Uno puede decir ‘estamos confinados’, pero confinados orgánicamente; intelectualmente, anímicamente, lo que da la lectura es inmensamente poderoso, sobre todo en estos tiempos en que creo se ha hecho muy patente que los espacios donde hay lectura son espacios con oxígeno”.

Libros e inteligencia emocional

Los libros pueden ser grandes aliados a la hora de fomentar el desarrollo de la inteligencia emocional en los niños. Pero ojo: los expertos no recomiendan volúmenes que les dicen qué hacer o explicitan mensajes valóricos demasiado definidos. Lo ideal, coinciden, son las buenas historias, donde se presentan situaciones con las que ellos pueden identificarse. También los textos que incluyen actividades que los invitan a reflexionar, crear y expresarse.

Sofía Beuchat, Revista Ya de El Mercurio, Martes 6 de agosto de 2019.

El concepto de inteligencia emocional en los niños, no difiere demasiado del sentido que esta expresión tiene en los adultos. Finalmente, se trata de entender nuestros sentimientos y saber modular las intensas emociones vinculadas, por ejemplo, con la rabia o la pena. Pero, en los más pequeños, este es un aprendizaje que se puede reforzar mucho con ayuda de libros. En especial cuando se trata de historias que tocan temas en los que ellos pueden reconocerse: la llegada de un hermano, la muerte de una mascota, la separación de los padres.

-Un libro es siempre un maravilloso regalo. La literatura, en general, es por excelencia un lugar propicio para aprender sobre inteligencia emocional. Cuando leemos historias con situaciones, personajes y conflictos, tendemos a vivenciar eso mismo. Uno se va imaginando ahí, piensa en cómo uno reaccionaría. En ese sentido, las buenas historias te permiten ponerte en el lugar de otros, desarrollar empatía, entender lo que se siente y aprender a reaccionar, a contenerte -dice Pelusa Orellana, PhD en Educación por la Universidad de North Carolina at Ghapel Hill y vicedecana de Investigación en la Universidad de los Andes.

Pero la elección adecuada de los libros es fundamental para potenciar este aprendizaje en los niños. La idea es estimular en ellos el placer de la lectura, y no pretender que lean con el objetivo de aprender o informarse, como tanto hacen los adultos. En ellos, los volúmenes demasiado didácticos, demasiado explícitos en su enseñanza, pueden generar rechazo. En especial de tercero básico hacia arriba, edad en la que Pelusa Orellana recomienda que empiecen a elegir sus propias lecturas.

– Soy una enemiga del tono manual, del hay que hacer tal cosa en tal situación -precisa.

Una opinión similar tiene Claudio Aravena, educador y gerente de Desarrollo de Fundación La Fuente, quien lleva más de 15 años trabajando en el fomento de bibliotecas para escolares:

– Las buenas historias hablan por sí solas y ayudan mucho más que esos textos que tienen un membrete valórico demasiado evidente -dice.

A su juicio, los libros muy dirigidos, conducidos, coartan la posibilidad de que los niños puedan desarrollar sus propios valores. En cambio, esto se potencia con la buena literatura y también con los volúmenes que les permiten expresarse, dibujar, anotar cosas, crear y reflexionar. Conocerse más, en definitiva.

Los especialistas coinciden en que la lectura es un espacio fecundo para conversar con los niños sobre las emociones, ayudarlos a procesar lo que sienten e incluso abordar asuntos morales y éticos. Cuando son muy chicos, este diálogo es clave para algo tan fundamental como el desarrollo del lenguaje, y las ilustraciones son de gran ayuda para ello. Pero, recalcan, no puede desarrollarse en un clima “de tarea”: debe ser lo más espontáneo posible. La sobreintervención, recalca Pelusa Orellana, puede ser contraproducente.

– A todo libro se le puede buscar un contenido relacionado con la inteligencia emocional si se trabaja sin sermonear -acota.

Escogidos

“Es tu turno, Adrián”, de Helena Öberg, con ilustraciones de Kristin Lidström (Ekaré, 2017)

Según Claudio Aravena, de Fundación La Fuente, las editoriales nórdicas destacan por su buen trabajo en literatura infantil, y este libro es un buen ejemplo. Aborda temas universales -la amistad, la vulnerabilidad y la diversidad- a través de la historia de un niño que todos los días va al colegio con un nudo en el estómago. Es tímido, suele ser blanco de burlas y tiene pavor a leer en voz alta o hablar en público. En 2015, esta novela gráfica fue nominada al August Prize, premio literario sueco que la Sweedish Publisher’s Association entrega desde 1989.

“Con todo mi yo”, de Carolina Bunge y Laura Hurtado (Laurel Editores, 2018)

Carolina Bunge es psicóloga con magíster en Psicología Infanto-Juvenil; Laura Hurtado es ilustradora. Juntas crearon este libro que ha sido definido como “un diario de autoconocimiento infantil”, porque permite a los niños llevar un registro de su mundo interno, de manera libre y creativa, en compañía de acuarelas que hablan del valor de lo imperfecto, del trazo no tan definido, de la mancha. Carolina explica que el libro les ayuda a conocerse mejor, a fortalecer su autoestima e identificar las cualidades que les permiten ser más resilientes. “Cada página es una invitación a la expresión emocional, a la fantasía y a la creatividad”, dice. El libro va haciendo preguntas, que los niños responden escribiendo o dibujando y que les permiten conectarse con su cuerpo, sus sensaciones, sus sentimientos. Por ejemplo: “El camaleón cambia de colores según la ocasión. ¿Tú cambiar tu forma de ser con distintas personas?” o “Escribe dentro de estas alas las cosas favoritas de tu vida, que de solo pensarlo te hacen volar”. El resultado es un registro precioso, ideal para guardar y revisitar años después. Según la psicóloga, es apropiado para niñas y niños de 6 a 12 años; entre los 4 y los 6 se puede trabajar con la guía de los padres u otros adultos.

“El árbol de los recuerdos”, de Britta Teckentrup (Hueders, 2015)

La ilustradora alemana Britta Teckentrup -formada en el Royal College of Arts y en Central Saint Martins, ambos en Londres- ha escrito más de 30 libros, los que han sido traducidos a más de 20 idiomas. Claudio Aravena, de Fundación La Fuente, recomienda este volumen en particular para ayudar a los más chicos a procesar el siempre complejo tema de la muerte de un ser querido. Aquí se aborda con ternura, sin negar el dolor, a través de la historia de un zorro que “decide ir a dormir para siempre” y el poder sanador de los recuerdos. El gremio de libreros de Madrid le entregó el premio al mejor álbum ilustrado. Desde los 6 años.

“Ni calladitas ni perfectas”, de Nerea de Ugarte (Penguin, 2019)

Creado por la impulsora del movimiento La Rebelión del Cuerpo y la fundación Niñas Valientes, este libro invita a niñas y adolescentes a rebelarse contra la presión social por cumplir con estereotipos, tanto físicos como de otro tipo. Si bien entrega información “dura” sobre el tema -algunas estadísticas sobre la falta de autoaceptación son impactantes-, su tono apunta a empatizar con las jóvenes lectoras, hablándoles en su idioma sobre lo que viven a diario: el miedo a defraudar, a parecer “tonta”; la inseguridad; las dudas sobre la propia capacidad de liderar. Incluye ejercicios y espacios para anotar las propias reflexiones. Recomendable para niñas de 6 a 14 años.

“Pueblo frente al mar” de Joanne Schwartz, ilustraciones de Sydney Smith (Ekaré, 2019)

Pelusa Orellana, de la Universidad de los Andes, destaca este libro por su belleza y también por su capacidad de evocar la empatía, esa capacidad de ponerse en el lugar del otro y que en general no fluye con facilidad en muchos niños. Es un cuento aparentemente simple, donde todo gira en torno a las reflexiones de un niño sobre el precario trabajo de su padre, en una mina bajo el mar. El libro ha ganado ya cuatro premios de literatura infantil en Canadá y Estados Unidos. Ideal para mayores de 6 años.

“Cerebros en construcción”, de Facundo Manes y María Roja (Planeta, 2019).

Al ver la tapa, puede pensar que este libro trae una serie de ejercicios y juegos de ingenio, pero no: su idea de “desarrollar el cerebro” es mucho más amplia: habla de emociones, enseña hábitos sanos -como la buena alimentación, la higiene del sueño, la regulación del tiempo de exposición a pantallas- y hasta analiza el valor de una buena vida social. Todo esto planteado como un juego y en tono de aventura, en un lenguaje cercano y atractivo para los niños, que incluye actividades y espacios para autorreflexión. Los autores -Facundo Manes, neurólogo y neurocientífico argentino; María Roja, psicóloga argentina- explican que el objetivo es ayudar a los niños a lograr lo que llaman “capital mental”: una reserva de bienestar que les ayudará a ir sorteando los desafíos que inevitablemente se presentarán. Llaman a hablar con adultos de confianza al sentirse rechazado, estresado o con problemas relacionados con la autoimagen. Recomendable para niños y niñas de 8 a 12 años.

“El árbol de la escuela”, de Antonio Sandoval (Kalamandraka, 2016)

El protagonista de este libro es un árbol que crece con el amor de los niños, clara metáfora del poder del afecto. Pelusa Orellana destaca, además, su capacidad de estimular en los niños la generosidad y transmitir el valor que tiene el cuidado del medio ambiente, asunto que por estos días tiene gran poder de convocatoria. Además, habla sobre trabajo colaborativo. Ideal para niños entre 6 y 8 años.

Leer cuentos impresos genera más interacción entre los padres y sus hijos

Comparación entre libros tradicionales y electrónicos:

Leer cuentos impresos genera más interacción entre los padres y sus hijos

Viernes 29 de marzo de 2019, C. González, Vida Ciencia Tecnología, El Mercurio

Un estudio sugiere que se logra una experiencia de mayor calidad, que favorece el desarrollo de ciertas habilidades infantiles.

Aunque pueden competir en colorido e imágenes, al momento de leer un cuento a los niños, los libros electrónicos quedan en desventaja frente a los textos impresos. Un estudio realizado por la U. de Michigan, en EE.UU., descubrió que cuando padres y niños leen libros tradicionales hablan más frecuentemente y la calidad de sus interacciones es mejor.

“La lectura compartida de libros y cuentos es una de las actividades de desarrollo más importantes que las familias pueden realizar, no solo al exponer a los niños a un mayor lenguaje y vocabulario, sino también al brindar oportunidades de acercamiento físico y crear momentos de mayor vínculo”, dice a “El Mercurio” la doctora Tiffany Munzer, pediatra especialista en comportamiento infantil y autora del estudio publicado en la revista Pediatrics.

Consciente de la rápida masificación de dispositivos como tabletas y libros electrónicos en los hogares, Munzer quiso averiguar cómo la tecnología podía incidir en esa experiencia familiar.

Con eso en mente, pidieron a 37 pares de padres y niños pequeños que leyeran tres tipos de libros: impresos, electrónicos básicos (solo texto) y en tabletas (con funciones interactivas y animaciones).

Las conclusiones fueron claras, dice la investigadora: los padres y sus hijos hablaron más entre ellos con los libros impresos que con los otros; además, el lenguaje que los padres utilizaron era más rico y abundante.

Además, con los libros electrónicos no solo las parejas interactúan menos, sino que los padres tienden a hablar menos sobre la historia y más sobre la tecnología del dispositivo en sí. A veces, esto incluía instrucciones sobre el dispositivo, como decirles a los niños que no presionen botones ni cambien el volumen.

Asociaciones positivas

La doctora Munzer precisa que muchas de las interacciones compartidas entre padres e hijos pequeños durante la lectura pueden parecer sutiles, pero en realidad contribuyen en gran medida a promover un desarrollo infantil saludable.

Por ejemplo, los padres pueden señalar una foto de un animal y preguntarle a su hijo “¿qué sonido hace un pato?”. O pueden relacionar parte de la historia con algo que el niño ha experimentado, con comentarios como “¿te acuerdas cuando fuimos a la playa?”.

El tiempo de lectura también se presta para preguntas abiertas, como consultar a los niños qué piensan del libro o los personajes.

Munzer dice que estas prácticas, que incluyen comentarios y preguntas que van más allá del contenido, se cree que promueven el lenguaje expresivo, el compromiso y la alfabetización infantil.

“La investigación nos dice que las conversaciones dirigidas por los padres son especialmente importantes para los niños pequeños, porque aprenden y retienen mejor la información de las interacciones en persona que de los medios digitales”.

Asimismo, Munzer agrega que las interacciones no verbales -como la calidez, la cercanía y el entusiasmo durante el tiempo de lectura- también crean asociaciones positivas con la lectura, que probablemente se quedarán con los niños a medida que crecen.

La investigadora agrega que su objetivo no es hacer las cosas más difíciles para los padres. “Hoy trabajan más duro que nunca y también están más presentes que nunca con sus hijos. Con esto queremos ayudar a las familias a reflexionar sobre las actividades que realizan en conjunto, para nutrir su conexión”.

Sin embargo, aclara Munzer, “si algunas familias sienten que la tableta o el libro electrónico brindan una oportunidad de interacción, también es válido”.

Motivar a los niños a leer puede comenzar con un cuento que los apasione

Keiko Kasza, autora de literatura infantil:

Motivar a los niños a leer puede comenzar con un cuento que los apasione

Sus libros, protagonizados por animales, son utilizados como herramientas educativas en Chile y diversos países.

Amalia Torres, Educación El Mercurio, Lunes 2 de Diciembre de 2013.

Érase una vez un chanchito que engañaba a un zorro, un perro que quería ser lobo y una diseñadora que pensaba que sus cuentos no eran lo suficientemente buenos como para dedicarse solo a escribir.

Pero un día, después de publicar siete libros, se dio cuenta de que a la gente sí le gustaban las historias de los chanchitos y los perros inconformes, y pensó que era tiempo de dedicarse a lo que más le gustaba: la literatura infantil.

Así Keiko Kasza, japonesa y residente en Estados Unidos, se convirtió en una famosa autora de títulos infantiles como “Mi día de suerte”, “No te rías, Pepe” y “Los secretos del abuelo Sapo”, varios ganadores de premios internacionales, como el California Young Reader’s Award o el premio francés Chronos de Litterature Pour la Jeunesse.

Sus cuentos han sido traducidos a nueve idiomas y en 2011 el Ministerio de Educación envió cerca de 98 mil libros de Kasza a escuelas municipales del país, como parte del Plan Nacional de Fomento Lector. La semana pasada Keiko Kasza estuvo en Chile invitada por la Fundación Educacional Oportunidad.

“No sabía que tenía tantos fans en Chile, ha sido emocionante”, explicó a “El Mercurio”, mientras varios asistentes a su charla en la Universidad Diego Portales esperaban para que les autografiara libros o trataban de salir en una foto junto a ella.

“Si a los niños les gusta leer cuando son chicos, de todas maneras serán mejores lectores cuando grandes. Además, leer o escuchar cuentos les ayuda a desarrollar la imaginación”, dice Kasza.

Para ella, el éxito de sus libros está en la entretención: “Quiero que los niños se diviertan leyendo mis libros, esa es mi meta principal. Y cuando se dan cuenta de que leer libros es divertido, creo que podemos hacer más, pero hay que partir por ahí”.

Por eso, siempre intenta que sus personajes logren transmitir sentimientos. “Si el personaje se siente triste, pongo mucho esfuerzo en que se vea triste, para que el niño pueda sentirlo. Si tiene momentos felices, quiero que el niño pueda sentirlos también. Creo que esa es la clave para conquistar a los niños: mostrar las emociones”.

Sus libros son utilizados como herramientas educativas, ya que con ellos los niños aprenden a desarrollar historias, a usar diversos ritmos para contarlas y además internalizan valores. “En Estados Unidos se usa mucho este tipo de literatura en las clases”.

Como un zoológico

Hipopótamos, elefantes, mapaches y patos. Cualquier animal puede ser protagonista de un cuento de Keiko Kasza: “Prefiero dibujar a los animales porque la verdad es que no dibujo muy bien a los humanos. Además, hay más libertad con ellos: así muestro al chancho, por ejemplo, que no tiene confianza en sí mismo, y les pide distintas cosas prestadas a los otros animales. Le pide la cola al zorro o las rayas a la cebra y cree que entonces se ve cool . Pero no puedo hacer esto si uso personajes humanos. Se vería grotesco pedirle los ojos a alguien, por ejemplo. Con los animales puedo hacerlo. Y en tercer lugar, son historias universales, no historias de un niño de un país, con problemas específicos. Todos pueden entenderlas”

“Hoy los niños tienen muchas más cosas con las que entretenerse que antes, y los libros son solo una más. Pero creo que la esencia de los niños de 3 a 5 años no ha cambiado”, dice la autora.

Un verano entre letras: hay libros para cada niño

Un verano entre letras: hay libros para cada niño

Expertos entregan claves para que los escolares no sientan que los textos solo están relacionados con la época de clases. Además, recomiendan títulos según los intereses de los lectores. Las vacaciones son el momento ideal para retomar esta actividad.

Josefina Marambio Márquez, Cultura El Mercurio, Lunes 11 de febrero de 2013.

Sentarse a leer un cómic o una revista bajo un árbol. Esta es una de las estrategias que los expertos recomiendan para que los niños dejen de ver la lectura como una obligación escolar y la integren como una actividad de vacaciones.

“El verano es un buen momento para inscribirlos en la biblioteca. El costo es muy bajo, tiene una gran variedad de libros y también es un paseo para los niños”, dice Claudio Aravena, gerente de proyectos sociales de Fundación La Fuente.

Rebeca Domínguez, directora de la fundación y revista sobre literatura infantil Había Una Vez (que se puede descargar gratis en www.habiaunavezlibros.cl), asegura que la presencia de los padres al momento de leer es fundamental: “Aunque los niños ya sepan leer, hay que seguir acompañándolos. Es enriquecedor y además se produce un buen diálogo, ya que muchas veces los textos nos acercan a temas difíciles de tratar, como el bullying o la sexualidad”. Domínguez explica que el diálogo posterior a la lectura tiene que ser sin presiones: “Las preguntas deben ser del estilo: ‘¿Qué te llamó la atención?’, ‘¿Cuál personaje te gustó más?’… Una conversación natural, como cuando ves una película y sales del cine. Nadie te va a preguntar de qué se trató, como si fuera una prueba de comprensión”, reafirma.

María José González, directora del Centro Lector Lo Barnechea, afirma que es importante que los niños no relacionen la lectura con una obligación, sino con una actividad recreativa. Para esto, aconseja que se acerquen a formatos diferentes de las novelas o ensayos que leen en el colegio. “Cómics, enciclopedias, revistas, libros ilustrados. Los padres deben comprender que estas lecturas son tan legítimas como una novela”, dice.

Aravena cree que el espacio donde se realiza la lectura también es importante porque “la idea es que sea mucho más relajada y que se disfrute el verano para salir a leer con los papás en el parque”.

Los tres expertos concuerdan en que es recomendable que los niños siempre tengan el modelo de los padres lectores. Pero sobre todo que, en general, estén expuestos a un entorno cultural. “Que aprovechen los festivales de teatro callejero o los conciertos que dan en las plazas. Así van teniendo un conocimiento que los ayuda a leer mejor y no se frustran al no entender un texto”, comenta Aravena.

PUBLICACIONES RECOMENDADAS SEGÚN PERFIL

PRELECTORES:
– “Duerme negrito”. Paloma Valdivia. Fondo de Cultura Económica.
– “Un libro”. Herbé Tuller. Kókinos.

NIÑOS SOÑADORES:
– “Tot”. Dominique Schwarzhaupt. Gata Gorda ediciones.
– “Rino y Pajarito”. Pablo Curti e Inés Picchetti. Hueders.

NIÑOS ESTUDIOSOS:
– “Introducción a la música de concierto: las aves”. Ana Gerhard y Cecilia Varela. Océano Travesía.
– “El sentido de la vida”. Oscar Brenifier y Jacques Després. Océano Travesía.

NIÑOS ROMÁNTICOS:
– “Olivia y las princesas”. Ian Falconer. Fondo de Cultura Económica.
– “El baile diminuto”. María José Ferrada y Soledad Poirot. Das Kapital.

NIÑOS AVENTUREROS:
– “El álbum de la flora imprudente”. Claudio Romo. LOM.
– “Lautaro: halcón veloz”. Nibaldo Mosciatti y Francisco Javier Olea. Amanuta.

NIÑOS VISUALES:
– “Flotante”. David Weisner. Océano Travesía.
– “El club de los juguetes perdidos”. Pedro Peirano. Random House Mondadori.

NIÑOS NO TAN BUENOS:
– “Los pequeños macabros”. Edward Gorey. Libros del Zorro Rojo.
– “Cuentos en verso para niños perversos. Roald Dahl. Alfaguara.

Recomendados por Fundación La Fuente.

La lectura al aire libre ayuda a que los niños no sientan que leer es una obligación.