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Libros e inteligencia emocional

Los libros pueden ser grandes aliados a la hora de fomentar el desarrollo de la inteligencia emocional en los niños. Pero ojo: los expertos no recomiendan volúmenes que les dicen qué hacer o explicitan mensajes valóricos demasiado definidos. Lo ideal, coinciden, son las buenas historias, donde se presentan situaciones con las que ellos pueden identificarse. También los textos que incluyen actividades que los invitan a reflexionar, crear y expresarse.

Sofía Beuchat, Revista Ya de El Mercurio, Martes 6 de agosto de 2019.

El concepto de inteligencia emocional en los niños, no difiere demasiado del sentido que esta expresión tiene en los adultos. Finalmente, se trata de entender nuestros sentimientos y saber modular las intensas emociones vinculadas, por ejemplo, con la rabia o la pena. Pero, en los más pequeños, este es un aprendizaje que se puede reforzar mucho con ayuda de libros. En especial cuando se trata de historias que tocan temas en los que ellos pueden reconocerse: la llegada de un hermano, la muerte de una mascota, la separación de los padres.

-Un libro es siempre un maravilloso regalo. La literatura, en general, es por excelencia un lugar propicio para aprender sobre inteligencia emocional. Cuando leemos historias con situaciones, personajes y conflictos, tendemos a vivenciar eso mismo. Uno se va imaginando ahí, piensa en cómo uno reaccionaría. En ese sentido, las buenas historias te permiten ponerte en el lugar de otros, desarrollar empatía, entender lo que se siente y aprender a reaccionar, a contenerte -dice Pelusa Orellana, PhD en Educación por la Universidad de North Carolina at Ghapel Hill y vicedecana de Investigación en la Universidad de los Andes.

Pero la elección adecuada de los libros es fundamental para potenciar este aprendizaje en los niños. La idea es estimular en ellos el placer de la lectura, y no pretender que lean con el objetivo de aprender o informarse, como tanto hacen los adultos. En ellos, los volúmenes demasiado didácticos, demasiado explícitos en su enseñanza, pueden generar rechazo. En especial de tercero básico hacia arriba, edad en la que Pelusa Orellana recomienda que empiecen a elegir sus propias lecturas.

– Soy una enemiga del tono manual, del hay que hacer tal cosa en tal situación -precisa.

Una opinión similar tiene Claudio Aravena, educador y gerente de Desarrollo de Fundación La Fuente, quien lleva más de 15 años trabajando en el fomento de bibliotecas para escolares:

– Las buenas historias hablan por sí solas y ayudan mucho más que esos textos que tienen un membrete valórico demasiado evidente -dice.

A su juicio, los libros muy dirigidos, conducidos, coartan la posibilidad de que los niños puedan desarrollar sus propios valores. En cambio, esto se potencia con la buena literatura y también con los volúmenes que les permiten expresarse, dibujar, anotar cosas, crear y reflexionar. Conocerse más, en definitiva.

Los especialistas coinciden en que la lectura es un espacio fecundo para conversar con los niños sobre las emociones, ayudarlos a procesar lo que sienten e incluso abordar asuntos morales y éticos. Cuando son muy chicos, este diálogo es clave para algo tan fundamental como el desarrollo del lenguaje, y las ilustraciones son de gran ayuda para ello. Pero, recalcan, no puede desarrollarse en un clima “de tarea”: debe ser lo más espontáneo posible. La sobreintervención, recalca Pelusa Orellana, puede ser contraproducente.

– A todo libro se le puede buscar un contenido relacionado con la inteligencia emocional si se trabaja sin sermonear -acota.

Escogidos

“Es tu turno, Adrián”, de Helena Öberg, con ilustraciones de Kristin Lidström (Ekaré, 2017)

Según Claudio Aravena, de Fundación La Fuente, las editoriales nórdicas destacan por su buen trabajo en literatura infantil, y este libro es un buen ejemplo. Aborda temas universales -la amistad, la vulnerabilidad y la diversidad- a través de la historia de un niño que todos los días va al colegio con un nudo en el estómago. Es tímido, suele ser blanco de burlas y tiene pavor a leer en voz alta o hablar en público. En 2015, esta novela gráfica fue nominada al August Prize, premio literario sueco que la Sweedish Publisher’s Association entrega desde 1989.

“Con todo mi yo”, de Carolina Bunge y Laura Hurtado (Laurel Editores, 2018)

Carolina Bunge es psicóloga con magíster en Psicología Infanto-Juvenil; Laura Hurtado es ilustradora. Juntas crearon este libro que ha sido definido como “un diario de autoconocimiento infantil”, porque permite a los niños llevar un registro de su mundo interno, de manera libre y creativa, en compañía de acuarelas que hablan del valor de lo imperfecto, del trazo no tan definido, de la mancha. Carolina explica que el libro les ayuda a conocerse mejor, a fortalecer su autoestima e identificar las cualidades que les permiten ser más resilientes. “Cada página es una invitación a la expresión emocional, a la fantasía y a la creatividad”, dice. El libro va haciendo preguntas, que los niños responden escribiendo o dibujando y que les permiten conectarse con su cuerpo, sus sensaciones, sus sentimientos. Por ejemplo: “El camaleón cambia de colores según la ocasión. ¿Tú cambiar tu forma de ser con distintas personas?” o “Escribe dentro de estas alas las cosas favoritas de tu vida, que de solo pensarlo te hacen volar”. El resultado es un registro precioso, ideal para guardar y revisitar años después. Según la psicóloga, es apropiado para niñas y niños de 6 a 12 años; entre los 4 y los 6 se puede trabajar con la guía de los padres u otros adultos.

“El árbol de los recuerdos”, de Britta Teckentrup (Hueders, 2015)

La ilustradora alemana Britta Teckentrup -formada en el Royal College of Arts y en Central Saint Martins, ambos en Londres- ha escrito más de 30 libros, los que han sido traducidos a más de 20 idiomas. Claudio Aravena, de Fundación La Fuente, recomienda este volumen en particular para ayudar a los más chicos a procesar el siempre complejo tema de la muerte de un ser querido. Aquí se aborda con ternura, sin negar el dolor, a través de la historia de un zorro que “decide ir a dormir para siempre” y el poder sanador de los recuerdos. El gremio de libreros de Madrid le entregó el premio al mejor álbum ilustrado. Desde los 6 años.

“Ni calladitas ni perfectas”, de Nerea de Ugarte (Penguin, 2019)

Creado por la impulsora del movimiento La Rebelión del Cuerpo y la fundación Niñas Valientes, este libro invita a niñas y adolescentes a rebelarse contra la presión social por cumplir con estereotipos, tanto físicos como de otro tipo. Si bien entrega información “dura” sobre el tema -algunas estadísticas sobre la falta de autoaceptación son impactantes-, su tono apunta a empatizar con las jóvenes lectoras, hablándoles en su idioma sobre lo que viven a diario: el miedo a defraudar, a parecer “tonta”; la inseguridad; las dudas sobre la propia capacidad de liderar. Incluye ejercicios y espacios para anotar las propias reflexiones. Recomendable para niñas de 6 a 14 años.

“Pueblo frente al mar” de Joanne Schwartz, ilustraciones de Sydney Smith (Ekaré, 2019)

Pelusa Orellana, de la Universidad de los Andes, destaca este libro por su belleza y también por su capacidad de evocar la empatía, esa capacidad de ponerse en el lugar del otro y que en general no fluye con facilidad en muchos niños. Es un cuento aparentemente simple, donde todo gira en torno a las reflexiones de un niño sobre el precario trabajo de su padre, en una mina bajo el mar. El libro ha ganado ya cuatro premios de literatura infantil en Canadá y Estados Unidos. Ideal para mayores de 6 años.

“Cerebros en construcción”, de Facundo Manes y María Roja (Planeta, 2019).

Al ver la tapa, puede pensar que este libro trae una serie de ejercicios y juegos de ingenio, pero no: su idea de “desarrollar el cerebro” es mucho más amplia: habla de emociones, enseña hábitos sanos -como la buena alimentación, la higiene del sueño, la regulación del tiempo de exposición a pantallas- y hasta analiza el valor de una buena vida social. Todo esto planteado como un juego y en tono de aventura, en un lenguaje cercano y atractivo para los niños, que incluye actividades y espacios para autorreflexión. Los autores -Facundo Manes, neurólogo y neurocientífico argentino; María Roja, psicóloga argentina- explican que el objetivo es ayudar a los niños a lograr lo que llaman “capital mental”: una reserva de bienestar que les ayudará a ir sorteando los desafíos que inevitablemente se presentarán. Llaman a hablar con adultos de confianza al sentirse rechazado, estresado o con problemas relacionados con la autoimagen. Recomendable para niños y niñas de 8 a 12 años.

“El árbol de la escuela”, de Antonio Sandoval (Kalamandraka, 2016)

El protagonista de este libro es un árbol que crece con el amor de los niños, clara metáfora del poder del afecto. Pelusa Orellana destaca, además, su capacidad de estimular en los niños la generosidad y transmitir el valor que tiene el cuidado del medio ambiente, asunto que por estos días tiene gran poder de convocatoria. Además, habla sobre trabajo colaborativo. Ideal para niños entre 6 y 8 años.

Leer cuentos impresos genera más interacción entre los padres y sus hijos

Comparación entre libros tradicionales y electrónicos:

Leer cuentos impresos genera más interacción entre los padres y sus hijos

Viernes 29 de marzo de 2019, C. González, Vida Ciencia Tecnología, El Mercurio

Un estudio sugiere que se logra una experiencia de mayor calidad, que favorece el desarrollo de ciertas habilidades infantiles.

Aunque pueden competir en colorido e imágenes, al momento de leer un cuento a los niños, los libros electrónicos quedan en desventaja frente a los textos impresos. Un estudio realizado por la U. de Michigan, en EE.UU., descubrió que cuando padres y niños leen libros tradicionales hablan más frecuentemente y la calidad de sus interacciones es mejor.

“La lectura compartida de libros y cuentos es una de las actividades de desarrollo más importantes que las familias pueden realizar, no solo al exponer a los niños a un mayor lenguaje y vocabulario, sino también al brindar oportunidades de acercamiento físico y crear momentos de mayor vínculo”, dice a “El Mercurio” la doctora Tiffany Munzer, pediatra especialista en comportamiento infantil y autora del estudio publicado en la revista Pediatrics.

Consciente de la rápida masificación de dispositivos como tabletas y libros electrónicos en los hogares, Munzer quiso averiguar cómo la tecnología podía incidir en esa experiencia familiar.

Con eso en mente, pidieron a 37 pares de padres y niños pequeños que leyeran tres tipos de libros: impresos, electrónicos básicos (solo texto) y en tabletas (con funciones interactivas y animaciones).

Las conclusiones fueron claras, dice la investigadora: los padres y sus hijos hablaron más entre ellos con los libros impresos que con los otros; además, el lenguaje que los padres utilizaron era más rico y abundante.

Además, con los libros electrónicos no solo las parejas interactúan menos, sino que los padres tienden a hablar menos sobre la historia y más sobre la tecnología del dispositivo en sí. A veces, esto incluía instrucciones sobre el dispositivo, como decirles a los niños que no presionen botones ni cambien el volumen.

Asociaciones positivas

La doctora Munzer precisa que muchas de las interacciones compartidas entre padres e hijos pequeños durante la lectura pueden parecer sutiles, pero en realidad contribuyen en gran medida a promover un desarrollo infantil saludable.

Por ejemplo, los padres pueden señalar una foto de un animal y preguntarle a su hijo “¿qué sonido hace un pato?”. O pueden relacionar parte de la historia con algo que el niño ha experimentado, con comentarios como “¿te acuerdas cuando fuimos a la playa?”.

El tiempo de lectura también se presta para preguntas abiertas, como consultar a los niños qué piensan del libro o los personajes.

Munzer dice que estas prácticas, que incluyen comentarios y preguntas que van más allá del contenido, se cree que promueven el lenguaje expresivo, el compromiso y la alfabetización infantil.

“La investigación nos dice que las conversaciones dirigidas por los padres son especialmente importantes para los niños pequeños, porque aprenden y retienen mejor la información de las interacciones en persona que de los medios digitales”.

Asimismo, Munzer agrega que las interacciones no verbales -como la calidez, la cercanía y el entusiasmo durante el tiempo de lectura- también crean asociaciones positivas con la lectura, que probablemente se quedarán con los niños a medida que crecen.

La investigadora agrega que su objetivo no es hacer las cosas más difíciles para los padres. “Hoy trabajan más duro que nunca y también están más presentes que nunca con sus hijos. Con esto queremos ayudar a las familias a reflexionar sobre las actividades que realizan en conjunto, para nutrir su conexión”.

Sin embargo, aclara Munzer, “si algunas familias sienten que la tableta o el libro electrónico brindan una oportunidad de interacción, también es válido”.

Motivar a los niños a leer puede comenzar con un cuento que los apasione

Keiko Kasza, autora de literatura infantil:

Motivar a los niños a leer puede comenzar con un cuento que los apasione

Sus libros, protagonizados por animales, son utilizados como herramientas educativas en Chile y diversos países.

Amalia Torres, Educación El Mercurio, Lunes 2 de Diciembre de 2013.

Érase una vez un chanchito que engañaba a un zorro, un perro que quería ser lobo y una diseñadora que pensaba que sus cuentos no eran lo suficientemente buenos como para dedicarse solo a escribir.

Pero un día, después de publicar siete libros, se dio cuenta de que a la gente sí le gustaban las historias de los chanchitos y los perros inconformes, y pensó que era tiempo de dedicarse a lo que más le gustaba: la literatura infantil.

Así Keiko Kasza, japonesa y residente en Estados Unidos, se convirtió en una famosa autora de títulos infantiles como “Mi día de suerte”, “No te rías, Pepe” y “Los secretos del abuelo Sapo”, varios ganadores de premios internacionales, como el California Young Reader’s Award o el premio francés Chronos de Litterature Pour la Jeunesse.

Sus cuentos han sido traducidos a nueve idiomas y en 2011 el Ministerio de Educación envió cerca de 98 mil libros de Kasza a escuelas municipales del país, como parte del Plan Nacional de Fomento Lector. La semana pasada Keiko Kasza estuvo en Chile invitada por la Fundación Educacional Oportunidad.

“No sabía que tenía tantos fans en Chile, ha sido emocionante”, explicó a “El Mercurio”, mientras varios asistentes a su charla en la Universidad Diego Portales esperaban para que les autografiara libros o trataban de salir en una foto junto a ella.

“Si a los niños les gusta leer cuando son chicos, de todas maneras serán mejores lectores cuando grandes. Además, leer o escuchar cuentos les ayuda a desarrollar la imaginación”, dice Kasza.

Para ella, el éxito de sus libros está en la entretención: “Quiero que los niños se diviertan leyendo mis libros, esa es mi meta principal. Y cuando se dan cuenta de que leer libros es divertido, creo que podemos hacer más, pero hay que partir por ahí”.

Por eso, siempre intenta que sus personajes logren transmitir sentimientos. “Si el personaje se siente triste, pongo mucho esfuerzo en que se vea triste, para que el niño pueda sentirlo. Si tiene momentos felices, quiero que el niño pueda sentirlos también. Creo que esa es la clave para conquistar a los niños: mostrar las emociones”.

Sus libros son utilizados como herramientas educativas, ya que con ellos los niños aprenden a desarrollar historias, a usar diversos ritmos para contarlas y además internalizan valores. “En Estados Unidos se usa mucho este tipo de literatura en las clases”.

Como un zoológico

Hipopótamos, elefantes, mapaches y patos. Cualquier animal puede ser protagonista de un cuento de Keiko Kasza: “Prefiero dibujar a los animales porque la verdad es que no dibujo muy bien a los humanos. Además, hay más libertad con ellos: así muestro al chancho, por ejemplo, que no tiene confianza en sí mismo, y les pide distintas cosas prestadas a los otros animales. Le pide la cola al zorro o las rayas a la cebra y cree que entonces se ve cool . Pero no puedo hacer esto si uso personajes humanos. Se vería grotesco pedirle los ojos a alguien, por ejemplo. Con los animales puedo hacerlo. Y en tercer lugar, son historias universales, no historias de un niño de un país, con problemas específicos. Todos pueden entenderlas”

“Hoy los niños tienen muchas más cosas con las que entretenerse que antes, y los libros son solo una más. Pero creo que la esencia de los niños de 3 a 5 años no ha cambiado”, dice la autora.

Un verano entre letras: hay libros para cada niño

Un verano entre letras: hay libros para cada niño

Expertos entregan claves para que los escolares no sientan que los textos solo están relacionados con la época de clases. Además, recomiendan títulos según los intereses de los lectores. Las vacaciones son el momento ideal para retomar esta actividad.

Josefina Marambio Márquez, Cultura El Mercurio, Lunes 11 de febrero de 2013.

Sentarse a leer un cómic o una revista bajo un árbol. Esta es una de las estrategias que los expertos recomiendan para que los niños dejen de ver la lectura como una obligación escolar y la integren como una actividad de vacaciones.

“El verano es un buen momento para inscribirlos en la biblioteca. El costo es muy bajo, tiene una gran variedad de libros y también es un paseo para los niños”, dice Claudio Aravena, gerente de proyectos sociales de Fundación La Fuente.

Rebeca Domínguez, directora de la fundación y revista sobre literatura infantil Había Una Vez (que se puede descargar gratis en www.habiaunavezlibros.cl), asegura que la presencia de los padres al momento de leer es fundamental: “Aunque los niños ya sepan leer, hay que seguir acompañándolos. Es enriquecedor y además se produce un buen diálogo, ya que muchas veces los textos nos acercan a temas difíciles de tratar, como el bullying o la sexualidad”. Domínguez explica que el diálogo posterior a la lectura tiene que ser sin presiones: “Las preguntas deben ser del estilo: ‘¿Qué te llamó la atención?’, ‘¿Cuál personaje te gustó más?’… Una conversación natural, como cuando ves una película y sales del cine. Nadie te va a preguntar de qué se trató, como si fuera una prueba de comprensión”, reafirma.

María José González, directora del Centro Lector Lo Barnechea, afirma que es importante que los niños no relacionen la lectura con una obligación, sino con una actividad recreativa. Para esto, aconseja que se acerquen a formatos diferentes de las novelas o ensayos que leen en el colegio. “Cómics, enciclopedias, revistas, libros ilustrados. Los padres deben comprender que estas lecturas son tan legítimas como una novela”, dice.

Aravena cree que el espacio donde se realiza la lectura también es importante porque “la idea es que sea mucho más relajada y que se disfrute el verano para salir a leer con los papás en el parque”.

Los tres expertos concuerdan en que es recomendable que los niños siempre tengan el modelo de los padres lectores. Pero sobre todo que, en general, estén expuestos a un entorno cultural. “Que aprovechen los festivales de teatro callejero o los conciertos que dan en las plazas. Así van teniendo un conocimiento que los ayuda a leer mejor y no se frustran al no entender un texto”, comenta Aravena.

PUBLICACIONES RECOMENDADAS SEGÚN PERFIL

PRELECTORES:
– “Duerme negrito”. Paloma Valdivia. Fondo de Cultura Económica.
– “Un libro”. Herbé Tuller. Kókinos.

NIÑOS SOÑADORES:
– “Tot”. Dominique Schwarzhaupt. Gata Gorda ediciones.
– “Rino y Pajarito”. Pablo Curti e Inés Picchetti. Hueders.

NIÑOS ESTUDIOSOS:
– “Introducción a la música de concierto: las aves”. Ana Gerhard y Cecilia Varela. Océano Travesía.
– “El sentido de la vida”. Oscar Brenifier y Jacques Després. Océano Travesía.

NIÑOS ROMÁNTICOS:
– “Olivia y las princesas”. Ian Falconer. Fondo de Cultura Económica.
– “El baile diminuto”. María José Ferrada y Soledad Poirot. Das Kapital.

NIÑOS AVENTUREROS:
– “El álbum de la flora imprudente”. Claudio Romo. LOM.
– “Lautaro: halcón veloz”. Nibaldo Mosciatti y Francisco Javier Olea. Amanuta.

NIÑOS VISUALES:
– “Flotante”. David Weisner. Océano Travesía.
– “El club de los juguetes perdidos”. Pedro Peirano. Random House Mondadori.

NIÑOS NO TAN BUENOS:
– “Los pequeños macabros”. Edward Gorey. Libros del Zorro Rojo.
– “Cuentos en verso para niños perversos. Roald Dahl. Alfaguara.

Recomendados por Fundación La Fuente.

La lectura al aire libre ayuda a que los niños no sientan que leer es una obligación.

El verano y las vacaciones, tiempo para divertirse leyendo

Cómo fomentar el interés por la lectura:

El verano y las vacaciones, tiempo para divertirse leyendo

La estrategia no es solo leer novelas o cuentos, ajustados a los intereses de cada uno, sino también aprovechar las revistas de cómics, guías turísticas y libros de árboles y animales.

Pamela Aravena Bolívar, Educación El Mercurio, Domingo 3 de febrero de 2013.

Leer, leer y leer. Una receta simple: para fomentar la lectura hay que leer en familia. Y esta época es una de las privilegiadas para generar la afición en niños y jóvenes.

“El verano y las vacaciones ofrecen la oportunidad de llevar a cabo la lectura en familia y entenderla como una actividad más vinculada al disfrute y al placer que al deber”, dice Mónica Bombal, coordinadora del Plan Nacional de Fomento de la Lectura.

Para atraer a los distintos miembros de la familia hacia los libros es preciso “realizar una selección que considere su edad, sus intereses y características particulares, y no solamente lo que a nosotros nos gustaría que leyeran. Incentive a los niños y jóvenes a elegir sus propias lecturas respetando sus gustos y preferencias”, asegura Josefa Ruiz-Tagle, periodista de comunicaciones del Plan de Fomento de la Lectura.

Por eso mismo, asegura que al realizar la selección, los padres deben recordar que mientras más variados sean los textos, más oportunidades tendrán de encontrar alguno que les resulte atractivo.

Bombal y Ruiz-Tagle agregan que la escritura está estrechamente relacionada con la lectura. Por eso es bueno invitar a los niños y niñas a confeccionar y mantener diarios de vida durante sus vacaciones, incentivándolos a escribir en ellos sus experiencias y acompañar estos escritos con dibujos.

El Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil (Cilij), de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, envía desde España sus recomendaciones: asegura que no solo los libros sirven para fomentar la lectura y que se pueden aprovechar las múltiples actividades que ofrece el verano para lograr que los hijos lean.

Algunos ejemplos son consultar los itinerarios en las guías de viajes, recorrer con el dedo y con la vista los múltiples caminos de un mapa de carreteras; informarse juntos sobre la ciudad, pueblo o el país que van a visitar, callejear con un plano; comentar los folletos turísticos.

“Si metemos en la mochila una guía de árboles o de animales, será más interesante nuestra estancia en el campo o el paseo por el bosque. También nos servirán para reconocer las variedades de plantas de los parques y jardines de nuestra ciudad”, aseguran.

Advierten que es un buen momento para leer revistas, compartir la lectura del diario y aprovechar para consultar la cartelera de cine. Incluso, aseguran que no hay que hacerle el quite a internet, pues la familia puede zambullirse en sus múltiples páginas para informarse de qué exposiciones hay y visitarlas con el catálogo en mano.

Todo sirve

Este punto es importante. Kepa Osoro, especialista español en animación a la lectura y comprensión lectora, también del Cilij, advierte que no sólo las novelas y cuentos son una puerta de entrada a la afición por la lectura: “También lo son los libros de conocimientos, de deportes, naturaleza, inventos, países y pueblos, así como las leyendas y fábulas, la poesía humorística, los versos folclóricos y la prensa”.

Por eso mismo, no hay que demonizar ni la televisión ni los videojuegos ni el computador ni a los amigos; por el contrario, hay que utilizarlos a favor de la lectura, agrega. “Por ejemplo, pueden usar la tele leyéndole a su hijo sobre los hechos, lugares o protagonistas de sus programas favoritos”, aconseja. Y para los más pequeños se pueden organizar sesiones de animación a la lectura, como cuentacuentos, títeres, concursos de cuentos o poemas, invitando a sus amigos.

El Servicio de Orientación a la Lectura de España ofrece excelentes consejos para todas las épocas y edades en su página web www.sol-e.com

LECTURAS DE 10 A 17 AÑOS
Si se trata de cuentos y novelas, Claudio Aravena, gerente de Proyectos Sociales de Fundación La Fuente, recomienda.
– Niños de entre 10 y 12 años: «El herbario de las hadas» (Sébastien Perez y Benjamin Lacombe), «Pipi Calzalargas» (Astrid Lindgren), «Bandada» (David Álvarez Hernández y María Julia Díaz Garrido).
– De 12 a 15 años: «Macanudo» (comics de Liniers) y «El árbol» (María Luisa Bombal y Alejandra Acosta).
– De 15 a 17 años: «Del Enebro» (Hermanos Grimm y Alejandra Acosta) y «La saga de los confines I, II y III» (Liliana Bodoc).
– Para adolescentes de 17 años: «Ella entró por la ventana del baño» (Sergio Gómez, Ricardo Molina y Pedro Lemebel) y «El perseguidor» (Julio Cortázar y José Muñoz).

Regalar libros

“Los textos informativos son tanto o más atractivos para algunos lectores que los literarios: biografías, libros de viajes, testimonios, de ciencia y tecnología. Para cada edad y tipo de lector habrá un libro apasionante”.
MÓNICA BOMBAL, Ministerio de Educación.

“No dejen la compra de libros para ocasiones esporádicas; así como a veces les compran un juguete, chucherías o los llevan al cine, regálenles libros”.
KEPA OSORIO, Centro Internacional del Libro Infantil y Juvenil, España.

Lanzan guía para ayudar a los niños a leer

La Tercera. 25/02/2011

Leerle cuentos continuamente, más juegos didácticos y menos televisión, son algunos de los consejos para invitar a los pequeños al mundo de la lectura.

La lectura es una buena forma para que los niños entrenen sus habilidades de aprendizaje, desarrollen la imaginación y adquieran mayor vocabulario. Es por esto, que el sitio Education.com (sic) lanzó una guía para que los padres ayuden a los más pequeños a interesarse por la lectura.

Dejar atrás la televisión y preferir la lectura entretenida. Leerles cuentos con ilustraciones llamativas y a la vez explicándoles los distintos objetos y palabras nuevas, son algunos de los consejos. Los padres pueden hacer este ejercicio mientras los niños duermen, coman o jueguen.

Otro de los consejos es crearles hábitos de lectura a los niños. Es necesario leerles todos los días desde que cumplan los seis meses de vida, explicó Education.com. Además, señalaron que entre más escuchan palabras más se familiarizan con éstas.

Lo ideal es que la lectura sea dinámica, que vaya acompañada de tonalidades, música, etc… Esto, hará que el niño se entusiasme y ponga mayor atención.

Otra de las formas de fomentar la lectura y escritura, es que los padres siempre salgan con un libro y cuaderno para niños. Así vayan en un auto o esperen la cita con un doctor podrán entretenerse educativamente, señaló el sitio.

Formando hábitos en vacaciones

El Mercurio, Calama. 22/02/2011

Nosotros siempre somos ejemplo en nuestros hijos. Es necesario tomar conciencia que ellos nos verán como un modelo a seguir tanto en aspectos positivos como negativos durante toda la vida, por este motivo siempre debemos estar atentos a realizar esta tarea de la mejor forma y ahora que aún les quedan vacaciones ayudarlos a lograr un acercamiento positivo a temas que aporten en su desarrollo tanto emocional como físico, inculcando desde pequeños conductas saludables como el deporte, el estudio y la lectura.

Cómo podemos pedir a nuestros hijos que sean buenos lectores si nosotros, no mostramos interés ni siquiera por el periódico del día domingo.

Es en los primeros años cuando aparece y se consolida el interés en el niño por leer, fomentar el hábito por la lectura en el núcleo familiar y alejarlos de los malos hábitos y conductas destructivas, como la televisión y los videojuegos que fomentan la vida sedentaria, la falta de creatividad e imaginación. Este es un tema importante a tomar en cuenta por los padres desde los primeros años, enseñarles a sus hijos que también se pueden divertir con otro tipo de actividades que contribuyan en su desarrollo, regalarles libros con el objetivo de que se sientan familiarizados con estos, incentivar a quererlos y a cuidarlos, a hojearlos y a leerlos en forma compartida o individual, leerles todas las noches una historia antes de dormir, mostrarles a los niños que los libros son divertidos y que no sólo hay que leerlos por la obligación de leer un determinado tema para la escuela sino que también se pueden leer para divertirse.

Ayudar a los niños a encontrarse con los libros, regalándoles libros o llevándolos a la biblioteca municipal es lograr que se produzca un encuentro mágico, y en este sentido, las ilustraciones favorecen el desarrollo de la capacidad estética e imaginativa ayudándolos a tener diferentes formas de mirar la realidad.

Es necesario que como padres tomemos más en serio nuestro papel de formadores y entreguemos a nuestros hijos experiencias enriquecedoras, visitar un museo, realizar algún deporte familiar, llevarlos al parque a realizar actividades al aire libre, incentivar los juegos de mesa familiares no sólo mejorarán la comunicación y la convivencia familiar sino que también ayudarán en la formación.

En estas vacaciones es fácil comprar un video juego o una película para que se diviertan el fin de semana pero tenemos que estar conscientes de qué es lo mejor para ellos.