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Los niños que oyen varias veces el mismo cuento aprenden más rápido

Emol. 21/02/2011

Al parecer, en cada repetición los niños van adquiriendo nueva información.

EFE

LONDRES.- Repetir una y otra vez el mismo cuento es bueno para el aprendizaje de los niños, según un estudio de la Universidad británica de Sussex, cuyos autores consideran que es esta repetición lo que acelera la adquisición del vocabulario.

El estudio fue dirigido por la psicóloga Jessica Horst y sus resultados son consecuencia de un experimento en el que se expuso a dos grupos de niños de tres años al aprendizaje de dos palabras nuevas.

Cada una de ellas era una palabra inventada para designar un objeto desconocido, como por ejemplo “sprock” para referirse a un artículo manual empleado para mezclar comida.

Durante el plazo de una semana, uno de los grupos escuchó tres historias diferentes con estas palabras, mientras que el otro grupo escuchó una única historia con las mismas palabras nuevas.

Pasado ese periodo, se constató que los niños a los se había contado sólo un cuento recordaban mejor las nuevas palabras que los niños a los que se había contado tres historias diferentes.

“Sabemos que cuanto mayor es el número de libros que se tienen en casa, mejores son los resultados académicos de los niños, pero lo que no hemos comprendido es cómo ocurre es aprendizaje”, dijo Horst.

“Lo que esta investigación sugiere -explicó la psicóloga- es que lo importante no es el número de libros, sino la repetición de cada uno de ellos, porque es lo que propicia un mayor aprendizaje”.

Horst indicó que ya era conocido que los niños que ven el mismo programa de televisión o la misma película una y otra vez, “ofrecen mejores resultados en los posteriores exámenes de comprensión”.

“Lo que creemos que está ocurriendo con la lectura es que cada vez que un niño escucha el cuento está adquiriendo nueva información. La primera vez puede ser sólo la comprensión de la historia, la segunda la percepción de los detalles y la descripción, y así progresivamente”, dijo la profesora del centro británico.

“Y si la nueva palabra se introduce en una variedad de contextos, como ocurrió con aquellos a los que se les leyeron tres cuentos diferentes, lo más probable es que los niños no logren concentrarse tanto en la palabra nueva”, añadió la investigadora.

En conclusión, indicó Horst,

“el mensaje podría ser que los niños no precisan necesariamente de una gran cantidad de libros, sino que se benefician de una exposición repetida a los que tengan”.

La investigación completa se publicará este mes en la revista “Frontiers in Psychology”.

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Un libro por un televisor

La Tercera. 16/02/2011

Los libros nos entregan conocimiento para ver el mundo con más amplitud y nitidez, y son harto más baratos que cualquier plasma.

Patricia Andrighetti

C.S. Lewis, el célebre escritor inglés, decía: “Leemos para saber que no estamos solos”. Al parecer, hoy en día esa frase ya no hace tanto sentido. Para la mayoría de los jóvenes, el hábito de la lectura ha sido reemplazado por diferentes actividades, como internet, las redes sociales y la televisión. Son tantas las posibilidades que prácticamente no queda ningún minuto en el día en que leer un buen libro sea algo atractivo.

Por lo mismo, ya no es una sorpresa encontrarse con estudios como el de “Hábitos y Comprensión de Lectura”, a cargo de la bibliotecóloga Claudia Gilardoni, presentado en La Tercera hace unos días. En éste se afirma que un 10% de los escolares no alcanza a leer un libro al mes, y un tercio lee entre uno o tres libros al año, lo que nos muestra un panorama bastante gris.

En Chile existe una conciencia general sobre la importancia de una buena educación, pero pocos saben que la lectura es una gran herramienta para alcanzar esa meta. Aprender a leer bien desde el inicio es clave para construir un conocimiento sólido. La correcta comprensión, el vocabulario y la ortografía son herramientas valiosísimas que ayudan al estudiante en todas sus materias. Esta es la principal razón por la cual, el 40% de los niños que llegan a cuarto básico tiene tan malos resultados en el Simce: porque simplemente no entienden lo que leen. Y esto no se aplica sólo a Lenguaje, también a Biología, Historia o Matemáticas.

Entonces, ¿qué hacer para que los jóvenes tengan mayor interés por la lectura? Lo esencial es incentivarla desde los inicios. Mientras más pequeño sea el niño, más fácil le resultará leer si es estimulado adecuadamente. Y esa es tarea tanto del colegio como de los padres. Para esto se requieren profesores que sean grandes lectores y transmitan su interés con pasión, y necesitamos papás que les lean a sus hijos de manera atractiva, ojalá todos los días.

Es cierto que, como cualquier buen hábito, es más difícil aprenderlo a medida que se es más viejo. Al principio, cuesta y hay que obligarse a leer, aunque no parezca atractivo, pero luego el hábito se adquiere y uno parece necesitarlo, al igual que comer o dormir. Sólo basta que el joven o el adulto se lo proponga, que haga una buena lista de clásicos y comience a leer casi como tarea, verá que al tercer libro le tomará el gusto y ya no podrá parar. Así lo contaban lectores obsesivos y notables, como Vargas Llosa, García Márquez, Neruda, Borges y tantos otros, para quienes los libros se convirtieron en grandes amigos y en un camino de realización personal.

La cantidad de conocimiento que nos puede entregar un buen libro es impagable. Muchas veces alegamos que en Chile los libros son muy caros y que por eso cuesta tener una buena biblioteca en la casa, lo cual es verdad. Pero por otro lado, estamos dispuestos a gastar mucho dinero en comprar un televisor último modelo, para poder ver mejor las imágenes. Pues bien, los libros justamente hacen eso, nos entregan conocimiento para ver el mundo de los más variados colores, con mayor nitidez y de una manera más completa. Y son bastante más baratos que cualquier plasma.

Lecturas sobre la lectura

El Mercurio. Santiago, Chile. 13/02/2011

Patricio Tapia

Logros tan dispares como mejorar la ortografía, alcanzar el éxito económico o acceder a la sabiduría se cuentan entre los argumentos de los propugnadores de la lectura, aunque rara vez los aplican a ellos mismos. Leer, como ahorrar energía, es una actividad recomendable para los otros. Tres publicaciones recientes, sin embargo, se ocupan, desde perspectivas diversas, de las posibilidades de la lectura.

El arte de la lectura en tiempos de crisis (Océano), de la antropóloga francesa Michèle Petit, demuestra, mediante el estudio de casos, los poderes reparadores y de reconstrucción del leer en circunstancias de crisis o pérdida, ya sea personales (desamores, enfermedades, traslados o duelos) o colectivas (guerras, atentados, secuestros).

El acto mismo de la lectura es abordado en Saber leer (Aguilar), de Giovanni Parodi, Marianne Peronard y Romualdo Ibáñez, que se presenta como una obra orientada a un público amplio, con una perspectiva “psicosociolingüística” -aviso puede disminuir la amplitud del público- para ayudar a divulgar “lo que significa leer con pericia como lo hace un lector experto” y a aclarar “algunos núcleos conceptuales fundamentales”. Va desde las concepciones de leer, los conceptos de texto y de género hasta el aprendizaje y los textos digitales. Aunque provista de gráficos y ejemplos, suele documentar lo obvio. ¿Qué clase de lector no se percataría que expresiones como “en otras palabras” o “es decir” puestas entre una palabra técnica o nueva y una descripción, implican una suerte de definición?

Por último, en Cómo aprendemos a leer (Ediciones B), Maryanne Wolf plantea cómo la lectura, una invención cultural más bien reciente en términos evolutivos, ocupa estructuras cerebrales antiguas, de manera que, para leer, un cerebro tiene que hacer algunas adecuaciones. Algunos cerebros nunca lo logran o lo hacen imperfectamente: es el caso de los disléxicos, que le interesa particularmente a la autora. En el libro se sostiene que las zonas del cerebro y los circuitos neuronales varían según el sistema de lectura, alfabético (como el nuestro) o no (como el chino). La neurociencia, mediante la tecnología de la neuroimagen, puede demostrar, que se utilizan distintas partes del cerebro en uno y otro caso. Wolf se muestra desconfiada frente al “universo Google”, aunque no aporta ninguna evidencia de que leer en un libro o en una pantalla active el cerebro de forma distinta.

Uno de cada cinco adolescentes nunca visita la biblioteca de su colegio

La Tercera. 8/02/2011

Investigación del Consejo Nacional de la Cultura, en jóvenes de cuarto medio de la Región Metropolitana, da cuenta del desinterés por los libros en este grupo etario.

El estudio revela que el 10% de los escolares no lee y que un tercio lee entre uno y tres libros al año. Cerca del 40% leyó su último texto hace tres meses.

Un tercio de los jóvenes baja los libros de Internet y el 40% usa la web, no siempre disponible en las escuelas, como su principal herramienta de estudio.

Uno de cada cinco estudiantes de cuarto medio no visita la biblioteca de su escuela. La cifra es uno de los principales resultados del estudio “Hábitos y Comprensión de Lectura”, en el que participaron 207 alumnos de la Región Metropolitana, a cargo de la bibliotecóloga Claudia Gilardoni. No sólo eso: el 60% que la usa, lo hace con poca frecuencia. Sólo el 5% asiste tres veces a la semana.

Con estas cifras, no es de extrañar que el 10% de los escolares no alcance a leer un libro al mes y un tercio de ellos lea entre uno y tres libros al año, según datos del mismo estudio.

La investigación -realizada para el Consejo Nacional de la Cultura- pone de manifiesto el desinterés de los adolescentes por un lugar que se suponía debía atraerlos hacia la lectura y, por lo tanto, su poco contacto con los libros, ya que tampoco los encuentran en sus casas. Probablemente, este sea el comienzo de las cifras que luego exhiben los adultos: el 45% no lee un solo libro al año, según datos de Fundación La Fuente.

En la investigación dirigida por Gilardoni, los adolescentes aseguran que valoran la lectura como algo importante. Pero un tercio dice que no se concentra al leer y el 22%, que se aburre.

El análisis que hace la investigadora para explicar esta realidad incluye dos factores: las bibliotecas no tienen libros entretenidos o actuales, además de contar con pocas revistas y diarios (sólo el 2% dice que encuentra lectura interesante en estos lugares y la mayoría prefiere comprar en ferias o en la calle, si es que hay un título que llame su atención).

El segundo factor es la poca preparación de los encargados de estos recintos, que no cuentan con técnicas para motivar a los adolescentes. “Hay colegios donde la secretaria atiende la biblioteca o personas a las que ni siquiera les gusta leer, entonces, difícilmente alguien se va a motivar. Incluso, está el prejuicio de que se pueden robar los libros, por lo que no se los prestan a los alumnos”, señala Gilardoni.

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Cómo mejorar las pruebas de lectura

El Mercurio. Santiago, Chile. 17/01/2011

Un libro ayuda a evaluar la comprensión de textos

Las docentes Alejandra Medina y Ana María Gajardo presentaron el libro “Pruebas de comprensión lectora y producción de textos (CL-PT)”, que ayuda a medir a los estudiantes de 5º a 8º básico.

El libro es fruto del trabajo conjunto de la Fundación Educacional Arauco y Ediciones UC, y ofrece una guía concreta a los docentes sobre los aprendizajes indispensables que se requieren. A través de esta herramienta se evalúa la comprensión lectora a partir de variables como la comprensión crítica y la reorganización de la información; mientras que en producción de textos, la evaluación se realiza sobre la base de rasgos como adaptación a la situación comunicativa, la elección de palabras y la fluidez.

El libro viene con un CD y un programa que permite realizar un detallado perfil de cada niño, de su curso, colegio y hasta del total de escuelas de la comuna.

Chatear y mandar correos electrónicos ayuda a mejorar la habilidad lectora

El Mercurio. Santiago, Chile. 4/01/2011

Informe sobre la prueba PISA, que mide el desempeño estudiantil, reveló que quienes pasan más tiempo frente al computador también son los que obtienen mejor puntaje en el test de la OCDE.

Amalia Torres

Pasar todo el día pegado al computador puede no ser una mala opción si quiere mejorar la lectura.

Según el último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE, sobre la prueba PISA -que analizó a los alumnos de 15 años de los 65 países donde se aplica este test-, “los estudiantes familiarizados con actividades como leer correo electrónico, chat, lectura de noticias online , diccionarios o enciclopedias en internet, participar en discusiones de grupo en línea o buscar información en la red tienen, en general, mayor habilidad lectora”.

Así lo dio a conocer el diario “El País” a través de un artículo que también destaca que las familias de estratos más acomodados y con mayor educación son las que pueden ofrecer con mayor facilidad estas tecnologías.

Según Carlos Araos, docente universitario chileno y doctor en comunicaciones, a muchos adultos les llama la atención que pasar tiempo en internet pueda ayudar a mejorar la lectura, porque “ellos sólo aprecian el libro escrito”. “El joven actual está permanentemente leyendo. Me atrevería a decir que lee más que los de antes. Lo que pasa es que su tipo de lectura es distinta: ellos leen para saber cómo instalar un software, por ejemplo, o para comunicarse con sus amigos”, dice Araos.

Su forma de enfrentarse a la lectura, agrega, también ha cambiado: “Cuando leen, buscan información en la misma web sobre los datos que no manejan o que le interesan, así se acostumbran a profundizar más en la lectura. Por ejemplo, si leen a Tolkien y les gusta, es probable que busquen en internet más información sobre él. Además, este pensamiento hipertextual los lleva a desarrollar una capacidad analítica”.

Los datos de la última prueba Pisa en Chile comprueban esta teoría: los estudiantes más familiarizados con la tecnología logran mejores resultados.

Por ejemplo, quienes cuentan con conexión a internet obtuvieron 474 puntos en la Pisa de Lenguaje. Los que no contaban con este servicio en su hogar tuvieron un promedio de 422.

También se vio que quienes revisaban su email con mayor frecuencia obtenían mejores resultados (462 puntos en Pisa Lenguaje), en comparación con los que lo hacían “nunca o casi nunca” (428 puntos).

La diferencia en la prueba de matemáticas también fue importante: quienes nunca o casi nunca usaban la enciclopedia online tuvieron, en promedio, 386 puntos. Los que realizan esta actividad varias veces al día, en cambio, obtuvieron 52 puntos más.

Escolares de colegios particulares muestran poco interés por leer

El Mercurio. Santiago, Chile. 31/12/2010

Estudio de la Universidad de Los Andes.

Se califican como malos lectores, y los docentes no se responsabilizan de ello.

Manuel Fernández Bolvarán

Si bien tener padres lectores ayuda a que los niños se interesen por los libros, el rol de sus profesores es igual de fundamental. Precisamente para saber si los docentes están motivando a sus alumnos a leer, la investigadora de la U. de los Andes Pelusa Orellana hizo un estudio en colegios particulares subvencionados y privados de Santiago.

Al analizar las prácticas de 48 profesores, concluye que estos no asumen como una de sus tareas el desarrollo del interés lector de sus alumnos. De hecho, parecieran no tener las herramientas para hacerlo: “Un 20% de profesores no sabe qué es la lectura recreativa, uno de los tipos de lectura que debieran desarrollar en las aulas para favorecer el placer lector”, dice Orellana, quien dirige la carrera de Pedagogía de la U. de los Andes.

Los docentes sostienen que si los alumnos no se motivan por leer no es su culpa, sino de los padres, que no aportan buenos modelos, o porque los niños carecen de las habilidades. Por eso, no es raro que, al consultar a 2.321 escolares de 2° a 6° básico, el estudio encontrara que se perciben como malos lectores. En una escala de 1 a 4, los alumnos se ponen nota 2. En cuanto a motivación por leer, la nota es 1,9.

“Si bien los resultados de las niñas suelen ser superiores a los de los niños en lenguaje, no se aprecian diferencias importantes entre ellos ni en cuanto a su autoconcepto como lectores ni a la valoración que le dan al tema”, enfatiza la académica.

La desmotivación también es transversal a todos los cursos. El único factor que parece influir en el nivel de interés de los alumnos es si el colegio es bilingüe o no. “Los niños bilingües se consideran mejores lectores y se muestran más interesados por leer”, resume.

Según Orellana, esto puede deberse a factores como el concepto de lectura que manejan los docentes de este tipo de establecimientos o al hecho de que los textos de inglés ofrecen lecturas más misceláneas que los de lenguaje y comunicación.

DESINTERÉS

Sólo 36% de los profesores lleva a sus alumnos cada semana a la biblioteca.