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Seis consejos para fomentar la lectura en los más pequeños

Un estudio reveló que apenas cinco de cada deiz padres dedica apenas un día a la semana para leer con sus hijos, tiempo considerado insuficiente por especialistas.

El Nortero, 10 de mayo de 2017.

Sólo 5 de cada 10 padres dedica una vez a la semana tiempo para leer con sus hijos de acuerdo al estudio “Lectura en la niñez: Puerta a la imaginación, la Creatividad y los Vínculos”, tiempo insuficiente si se considera que la niñez es la etapa en la que los más pequeños comienzan a desarrollar sus primeros hábitos.

Entre los resultados también destaca que el 99% de los padres declara la importancia que tiene la lectura desde la niñez, ya que no solo mejora su educación, sino que también contribuye a estimular el vínculo familiar. En este contexto, y con el objetivo de convertir esta actividad en una buena práctica, a contar de hoy la Cajita Feliz de McDonald’s invita y entrega al posibilidad de elegir entre un juguete o un libro interactivo de la colección Gaturro.

“Esta campaña forma parte de nuestro ADN, en el que buscamos aportar instancias para que las familias se reúnan, disfruten y compartan cada día más”, destacó Lorena Talma, gerente de Comunicaciones de McDonald’s, a lo que agregó que, “para nosotros es fundamental promover hábitos que potencien el desarrollo cognitivo, y por eso, invitamos a los padres a que incentiven a sus hijos con esta entretenida colección, a despertar desde pequeños el interés por la lectura”.

A continuación, McDonald’s comparte algunos tips para comenzar a leer en familia y crear el hábito de la lectura en los más pequeños:

1. Ejemplo. Los pequeños repiten las acciones de los padres. Si usted lee, lo más probable es que ellos también lo hagan.

2. Libertad. Permita que su hijo elija el libro que desea leer y pregúntele por qué lo eligió.

3. Entretención. Utilice títeres, muñecos, máscaras, sombreros o lo que tenga a mano para enriquecer los momentos de lectura y divertirse juntos.

4. Proponer y no imponer. Genere instancias entretenidas en la que los niños quieran acercarse a la lectura de forma natural y no lo sientan como una obligación.

5. Tecnología. Si los intentos por fomentar la lectura con libros tradicionales no funcionan, atráigalos a través de las aplicaciones de libros gratuitos en los Smartphones o tablets.

6. Pasatiempo. Convierta el tiempo de lectura en un panorama para sus hijos, creando un ambiente especial antes de comenzar a leer.

Tome nota: 5 tips que fomentan hábito de leer en familia

Alex Savoy, El Tipógrafo, 1 de mayo de 2017.

El uso de la tecnología a través de libros gratuitos en los smartphones o tablets es una buena medida.

De acuerdo al estudio “Lectura en la niñez: Puerta a la Imaginación, la Creatividad y los Vínculos” elaborado por TNS, en Chile solo cinco de cada diez padres dedica una vez a la semana para leer con sus hijos, tiempo insuficiente si se considera que la niñez es la etapa en la que los más pequeños comienzan a desarrollar sus primeros hábitos.

La investigación desarrollada a solicitud de McDonald’s también concluyó que factores como la falta de tiempo, mirar la televisión o jugar con aparatos electrónicos impactan directamente en esta cifra.

En este contexto, la compañía realizó el lanzamiento de “Book or Toy”, iniciativa que tiene como propósito fomentar el hábito de la lectura desde temprana edad.

Lorena Talma, gerente de Comunicaciones de McDonald’s, señaló que «para nosotros es fundamental promover hábitos que potencien el desarrollo cognitivo, y por eso, invitamos a los padres a que incentiven a sus hijos con esta entretenida colección, a despertar desde pequeños el interés por la lectura”.

Para fomentar la lectura en los más pequeños hay tips claves para comenzar a leer en familia.

1. Ejemplo. Los pequeños repiten las acciones de los padres. Si usted lee, lo más probable es que ellos también lo hagan.

2. Libertad. Permita que su hijo elija el libro que desea leer y pregúntele por qué lo eligió.

3. Entretención. Utilice títeres, muñecos, máscaras, sombreros o lo que tenga a mano para enriquecer los momentos de lectura y divertirse juntos.

4. Proponer y no imponer. Genere instancias entretenidas en la que los niños quieran acercarse a la lectura de forma natural y no lo sientan como una obligación.

5. Tecnología. Si los intentos por fomentar la lectura con libros tradicionales no funcionan, atráigalos a través de las aplicaciones de libros gratuitos en los smartphones o tablets.

6. Pasatiempo. Convierta el tiempo de lectura en un panorama para sus hijos, creando un ambiente especial antes de comenzar a leer.

Creando lectores: la recta final de una nueva política del libro y la lectura

Diversas iniciativas invitan a aumentar la alfabetización en Chile. En enero, la Presidenta dará a conocer la nueva política en el área.

Javier García, La Tercera, 2 de Noviembre de 2014.

Rafaela era el nombre de la burra. Con un saco en su lomo con más de 40 libros recorría el sector La Peña, al interior de la V Región. Se le conocía también como “Biblioburra” y su nobleza consistía en acompañar a un grupo de mujeres que recorrían varios kilómetros para entregar cultura a los vecinos.

La proeza de Rafaela se repitió por varios años a fines de la década del 90. Y como ésta han existido varias iniciativas como la “Bibliolancha” o “Los Quijotes de la lectura”, cuyo fin es fomentar la lectura y su comprensión. Entregar un libro con historias, ideas, imágenes para aprender, entretener y dialogar.

“Estamos trabajando de manera participativa en la elaboración de una política que se haga cargo de las múltiples dimensiones del fomento del libro y la lectura hoy en Chile”, dijo la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, el pasado 23 de octubre en la inauguración de la Feria del Libro de Santiago. Y agregó que en la Ley de Presupuesto 2015 se propone un aumento a los recursos del libro y la lectura de $ 5.400 millones.

Así es como la Nueva Política del Libro será un documento definitivo a fines de este año elaborado por el Consejo de la Cultura y las Artes. Luego llegará a las manos de la Presidenta, quien hará en la primera quincena de enero de 2015, el anuncio oficial sobre la nueva política que espera aumentar los indices de alfabetización. El énfasis: crear futuros lectores estimulándolos desde la primera infancia.

“Es fundamental para la formación de un lector que esté vinculado, ojalá desde el embarazo, con los libros, acá el papel del entorno familiar es clave”, dice Claudio Aravena, gerente de Desarrollo de la Fundación La Fuente.

Según el último estudio de Comportamiento Lector (2011), del Centro de Microdatos de la U. de Chile, el 84% de los chilenos “no demuestra una comprensión adecuada de textos largos y complejos”.

“Un lector que se inicia desde la primera infancia será un individuo que comenzará a aprender y a desarrollar sus habilidades de manera natural. Está comprobado mundialmente que estos lectores son personas con mejor educación”, señala Giovanna Morales, de la editorial Amanuta, que edita libros infantiles.

¿Cómo fomentar la lectura? Un ejemplo: en 2007 se echó a andar el programa Maletín literario. Serían 400 mil familias las beneficiadas, “en situación de vulnerabilidad socioeconómica”, a quienes les llegaría una caja con un máximo de nueve libros. Se citaron a un grupo de escritores para hacer la selección de títulos. Se invertirían $ 11 mil millones en su implementación hasta el 2010, pero el terremoto de febrero de ese año destinó parte del dinero al plan de reconstrucción.

“Fue un total fracaso. Una política de buenas intenciones. Los libros que seleccionamos no fueron los que se incluyeron en el maletín”, dice el escritor Rafael Gumucio, parte de ese jurado.

Del proyecto implementado por la Dibam surgieron las más variadas especulaciones. Se dijo que los libros terminarían vendiéndose en la feria, como también que muchas cajas quedaron en bodegas, en todo Chile, sin entregar.

Hoy el panorama es otro. En agosto pasado se convocó a más de 500 personas en todas las regiones para participar en diferentes mesas para crear propuestas para la Nueva Política del Libro. Esta actualizará la anterior (2005-2010) y además reemplazará el programa Lee Chile Lee, creado en el gobierno de Sebastián Piñera.

“La nueva política del libro ha sido una prioridad del Consejo de la Cultura de este año”, comenta Regina Rodríguez, secretaria ejecutiva del Consejo del Libro.

Escritores, editores, académicos, especialistas en temas de fomento lector. Instituciones como Un Techo para Chile propusieron acciones concretas en siete mesas (Fomento de la Lectura, Educación y Lectura, Creación, Industria e Internacionalización, Patrimonio, Marco Jurídico e institucional y Edición Electrónica). Estas propuestas serán acotadas por el directorio del Consejo de la Cultura para que a fines de noviembre lleguen a la Presidenta. La idea es que la nueva política se ejecute junto a la Reforma Educacional.

“Es necesario, porque hasta el momento sólo se entiende la educación como sinónimo de instrucción”, comenta Rafael Gumucio.

“Para mejorar la calidad de la educación hay que mejorar la comprensión lectora; es una condición necesaria”, dice Paulo Slachevsky, director de editorial Lom, quien intervino en la mesa de Industria e Internacionalización.

¿Cómo crear a nuevos lectores? “Lo importante es preparar a bibliotecarios y profesores. Estimular a los estudiantes para que se apoderen de la palabra, que armen sus propios textos, entrar por otros caminos a la lectura”, cree la bibliotecaria Lynn Shirey, encargada del área de literatura Hispanoamericana de la biblioteca de la U. de Harvard, EE.UU., que esta semana habló de su experiencia en la Feria del Libro de Stgo.

Un programa que empezó a realizarse este año, en Suecia, se llama Lectura para la Vida. Este se basa en tres ejes: sacar los libros de los lugares obvios, por ejemplo, entregar copias en canchas de fútbol; incentivar el e-book en bibliotecas, y capacitar a profesores. Su costo: $ 29 mil millones.

Entre las propuestas para la nueva política del libro destacan: la creación de bibliotecas comunales y barriales y una editorial del Estado. Sobre lo primero, Claudio Aravena dice: “Una buena red de bibliotecas serían centros de educación informal, o sea, tener libros al alcance de las personas, a cuadras de su casa”. Giovanna Morales, de Amanuta, desconfía de un nuevo sello estatal: “No es sinónimo de mejoras. Mientras exista un IVA par los libros, se seguirá considerando el libro como un ‘producto’ de venta”.

Otro de los puntos planteados es la importancia de que los libros hechos en Chile circulen en el extranjero. A su vez esto permitirá que los autores nacionales tengan mayor difusión internacional. “Yo veo que en América Latina no hay una buena política de distribución. A pesar de que hay muchos jóvenes a cargo, por ejemplo, de editoriales independientes que trabajan libros de calidad y que merecen ser difundidos”, cree Lynn Shirey.

Editorial de El Mercurio: “Encuesta sobre consumo cultural”

El Mercurio, Martes 3 de diciembre de 2013.

La sociedad chilena está proveyendo un “servicio cultural” cada vez más apreciado y extendido.

El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes ha realizado por tercera vez la Encuesta Nacional de Participación y Consumo Nacional, año 2012, con un universo de 8.200 personas encuestadas en todo el país. Las anteriores son de 2005 y 2009, lo que brinda una buena base de comparación de las tendencias de los últimos años en esta materia. Este sondeo mide -como la mayoría de los similares en el mundo- prácticas culturales (lectura, asistencia a conciertos, teatro, museos y similares), la tenencia de objetos culturales (pintura, discos, libros, otros) y las inclinaciones de la población por ciertos géneros musicales o literarios.

Según lo ha expresado el Consejo, una de las preocupaciones que últimamente han cobrado cuerpo respecto del consumo cultural es aquella que lo asocia a la desigualdad en distintos ámbitos. De allí que este informe destaque una de las tesis predominantes en los países desarrollados desde los años 90, pero que puede tener una proyección parcial hacia nuestra realidad: se impone la tendencia a un consumidor cultural “omnívoro”, en cuya práctica no se distingue entre producto de alta cultura o de cultura popular, superándose así los planteamientos que veían en dicho consumo una simple homología entre este y el nivel socioeconómico. Ese mismo “omnivorismo” estaría haciendo desaparecer el vínculo entre prestigio y consumo cultural, especialmente en las generaciones más jóvenes, pues “no hay necesidad de esnobismo”, debido a que han surgido entre ellas nuevas formas de socialización que han desplazado la antigua identificación entre consumo de alta cultura y mayor estatus social.

Las cifras que arroja esta muestra podrían interpretarse, en general, como un avance positivo en este sentido, con cruces relevantes entre consumidores con mayor o menor poder adquisitivo y las preferencias de consumo cultural que respectivamente manifiestan. Con todo, sin perjuicio de esta tendencia cualitativa -que sugiere que estaríamos en presencia de una mayor integración social para acceder a los productos culturales-, las cifras son muy alentadores en el aumento cuantitativo de consumo.

Así, las relativas a compras y lectura de libros presentan un mejoramiento notorio respecto de las encuestas anteriores, con un aumento significativo del número de libros leídos anualmente por cada habitante. En materia de asistencia a espectáculos culturales, si bien se mantienen cifras estables para el teatro y los museos, aumentan importantemente la danza y el cine, creciendo este último en mayor proporción que el resto. Lo mismo ocurre en materia de tenencia de objetos culturales en el hogar, que arroja indicadores positivos para todos los estratos sociales.

Todo esto indicaría que, en un área sensible de la calidad de vida de las personas, la sociedad chilena está proveyendo un “servicio cultural” cada vez más apreciado y extendido, marcando una tendencia que está en sintonía con otros indicadores sociales que miden desigualdad y que también han mostrado una evolución positiva en los últimos años.

Los niños que oyen varias veces el mismo cuento aprenden más rápido

Emol. 21/02/2011

Al parecer, en cada repetición los niños van adquiriendo nueva información.

EFE

LONDRES.- Repetir una y otra vez el mismo cuento es bueno para el aprendizaje de los niños, según un estudio de la Universidad británica de Sussex, cuyos autores consideran que es esta repetición lo que acelera la adquisición del vocabulario.

El estudio fue dirigido por la psicóloga Jessica Horst y sus resultados son consecuencia de un experimento en el que se expuso a dos grupos de niños de tres años al aprendizaje de dos palabras nuevas.

Cada una de ellas era una palabra inventada para designar un objeto desconocido, como por ejemplo “sprock” para referirse a un artículo manual empleado para mezclar comida.

Durante el plazo de una semana, uno de los grupos escuchó tres historias diferentes con estas palabras, mientras que el otro grupo escuchó una única historia con las mismas palabras nuevas.

Pasado ese periodo, se constató que los niños a los se había contado sólo un cuento recordaban mejor las nuevas palabras que los niños a los que se había contado tres historias diferentes.

“Sabemos que cuanto mayor es el número de libros que se tienen en casa, mejores son los resultados académicos de los niños, pero lo que no hemos comprendido es cómo ocurre es aprendizaje”, dijo Horst.

“Lo que esta investigación sugiere -explicó la psicóloga- es que lo importante no es el número de libros, sino la repetición de cada uno de ellos, porque es lo que propicia un mayor aprendizaje”.

Horst indicó que ya era conocido que los niños que ven el mismo programa de televisión o la misma película una y otra vez, “ofrecen mejores resultados en los posteriores exámenes de comprensión”.

“Lo que creemos que está ocurriendo con la lectura es que cada vez que un niño escucha el cuento está adquiriendo nueva información. La primera vez puede ser sólo la comprensión de la historia, la segunda la percepción de los detalles y la descripción, y así progresivamente”, dijo la profesora del centro británico.

“Y si la nueva palabra se introduce en una variedad de contextos, como ocurrió con aquellos a los que se les leyeron tres cuentos diferentes, lo más probable es que los niños no logren concentrarse tanto en la palabra nueva”, añadió la investigadora.

En conclusión, indicó Horst,

“el mensaje podría ser que los niños no precisan necesariamente de una gran cantidad de libros, sino que se benefician de una exposición repetida a los que tengan”.

La investigación completa se publicará este mes en la revista “Frontiers in Psychology”.

Un libro por un televisor

La Tercera. 16/02/2011

Los libros nos entregan conocimiento para ver el mundo con más amplitud y nitidez, y son harto más baratos que cualquier plasma.

Patricia Andrighetti

C.S. Lewis, el célebre escritor inglés, decía: “Leemos para saber que no estamos solos”. Al parecer, hoy en día esa frase ya no hace tanto sentido. Para la mayoría de los jóvenes, el hábito de la lectura ha sido reemplazado por diferentes actividades, como internet, las redes sociales y la televisión. Son tantas las posibilidades que prácticamente no queda ningún minuto en el día en que leer un buen libro sea algo atractivo.

Por lo mismo, ya no es una sorpresa encontrarse con estudios como el de “Hábitos y Comprensión de Lectura”, a cargo de la bibliotecóloga Claudia Gilardoni, presentado en La Tercera hace unos días. En éste se afirma que un 10% de los escolares no alcanza a leer un libro al mes, y un tercio lee entre uno o tres libros al año, lo que nos muestra un panorama bastante gris.

En Chile existe una conciencia general sobre la importancia de una buena educación, pero pocos saben que la lectura es una gran herramienta para alcanzar esa meta. Aprender a leer bien desde el inicio es clave para construir un conocimiento sólido. La correcta comprensión, el vocabulario y la ortografía son herramientas valiosísimas que ayudan al estudiante en todas sus materias. Esta es la principal razón por la cual, el 40% de los niños que llegan a cuarto básico tiene tan malos resultados en el Simce: porque simplemente no entienden lo que leen. Y esto no se aplica sólo a Lenguaje, también a Biología, Historia o Matemáticas.

Entonces, ¿qué hacer para que los jóvenes tengan mayor interés por la lectura? Lo esencial es incentivarla desde los inicios. Mientras más pequeño sea el niño, más fácil le resultará leer si es estimulado adecuadamente. Y esa es tarea tanto del colegio como de los padres. Para esto se requieren profesores que sean grandes lectores y transmitan su interés con pasión, y necesitamos papás que les lean a sus hijos de manera atractiva, ojalá todos los días.

Es cierto que, como cualquier buen hábito, es más difícil aprenderlo a medida que se es más viejo. Al principio, cuesta y hay que obligarse a leer, aunque no parezca atractivo, pero luego el hábito se adquiere y uno parece necesitarlo, al igual que comer o dormir. Sólo basta que el joven o el adulto se lo proponga, que haga una buena lista de clásicos y comience a leer casi como tarea, verá que al tercer libro le tomará el gusto y ya no podrá parar. Así lo contaban lectores obsesivos y notables, como Vargas Llosa, García Márquez, Neruda, Borges y tantos otros, para quienes los libros se convirtieron en grandes amigos y en un camino de realización personal.

La cantidad de conocimiento que nos puede entregar un buen libro es impagable. Muchas veces alegamos que en Chile los libros son muy caros y que por eso cuesta tener una buena biblioteca en la casa, lo cual es verdad. Pero por otro lado, estamos dispuestos a gastar mucho dinero en comprar un televisor último modelo, para poder ver mejor las imágenes. Pues bien, los libros justamente hacen eso, nos entregan conocimiento para ver el mundo de los más variados colores, con mayor nitidez y de una manera más completa. Y son bastante más baratos que cualquier plasma.

Lecturas sobre la lectura

El Mercurio. Santiago, Chile. 13/02/2011

Patricio Tapia

Logros tan dispares como mejorar la ortografía, alcanzar el éxito económico o acceder a la sabiduría se cuentan entre los argumentos de los propugnadores de la lectura, aunque rara vez los aplican a ellos mismos. Leer, como ahorrar energía, es una actividad recomendable para los otros. Tres publicaciones recientes, sin embargo, se ocupan, desde perspectivas diversas, de las posibilidades de la lectura.

El arte de la lectura en tiempos de crisis (Océano), de la antropóloga francesa Michèle Petit, demuestra, mediante el estudio de casos, los poderes reparadores y de reconstrucción del leer en circunstancias de crisis o pérdida, ya sea personales (desamores, enfermedades, traslados o duelos) o colectivas (guerras, atentados, secuestros).

El acto mismo de la lectura es abordado en Saber leer (Aguilar), de Giovanni Parodi, Marianne Peronard y Romualdo Ibáñez, que se presenta como una obra orientada a un público amplio, con una perspectiva “psicosociolingüística” -aviso puede disminuir la amplitud del público- para ayudar a divulgar “lo que significa leer con pericia como lo hace un lector experto” y a aclarar “algunos núcleos conceptuales fundamentales”. Va desde las concepciones de leer, los conceptos de texto y de género hasta el aprendizaje y los textos digitales. Aunque provista de gráficos y ejemplos, suele documentar lo obvio. ¿Qué clase de lector no se percataría que expresiones como “en otras palabras” o “es decir” puestas entre una palabra técnica o nueva y una descripción, implican una suerte de definición?

Por último, en Cómo aprendemos a leer (Ediciones B), Maryanne Wolf plantea cómo la lectura, una invención cultural más bien reciente en términos evolutivos, ocupa estructuras cerebrales antiguas, de manera que, para leer, un cerebro tiene que hacer algunas adecuaciones. Algunos cerebros nunca lo logran o lo hacen imperfectamente: es el caso de los disléxicos, que le interesa particularmente a la autora. En el libro se sostiene que las zonas del cerebro y los circuitos neuronales varían según el sistema de lectura, alfabético (como el nuestro) o no (como el chino). La neurociencia, mediante la tecnología de la neuroimagen, puede demostrar, que se utilizan distintas partes del cerebro en uno y otro caso. Wolf se muestra desconfiada frente al “universo Google”, aunque no aporta ninguna evidencia de que leer en un libro o en una pantalla active el cerebro de forma distinta.