• Ingresa tu e-mail aquí

    Únete a otros 83 seguidores

  • Recomendados

    Infoconexión
  • blog DIBAM
  • Libérate lee
  • Dónde estudiar bibliotecología
  • panoramas gratis
  • El 5º poder
  • Chile y los libros 2010
  • Twitter

  • Secciones

  • Anuncios

“He llorado muchas veces aquí con historias de la gente”

Joan Usano, dueño de Takk:

“He llorado muchas veces aquí con historias de la gente”

El catalán explica las claves de su oficio, dice que su librería es como una sitcom y asegura que le importan un carajo las metas a largo plazo.

Lunes 11 de febrero de 2019, Por Daniel Rozas, Conversación La Segunda

Joan Usano (49, Olot, Cataluña) es un personaje ineludible del paisaje urbano del Drugstore.

Catalán irónico, malo para sobar lomos ajenos, pero sentimental y bromista en el trato personal, su presencia hierática disuade a los brutos sin paciencia que intentan profanar la paz civilizada de su librería.

El ritmo impasible del dueño de la Takk ha hecho que el público sea selecto y refinado; siendo imposible ver personas entrando a su local hablando por celular o de plata ni muchos menos sorbeteando un helado.

Hijo de trabajadores semianalfabetos, cuenta que sus padres le enseñaron la importancia del rigor profesional.

Refugio para solitarios y enclave social para escritores como Germán Marín, Diego Maquieira, Gonzalo Contreras o Rafael Gumucio, la Takk, más que una librería, es un lugar de encuentro que siempre está abierto y que goza de una clientela fiel: parroquianos que van 3 o 4 veces a la semana y que muchas veces solo quieren conversar con el dueño.

Su éxito, dice Joan, ha sido seguir siendo fiel a sus gustos, rechazando la oferta de las librerías de retail.

—¿En qué se diferencia un librero, como oficio, a un vendedor de libros?
—Es lo mismo. Lo que pasa es que los seres humanos siempre inventan categorías. Pero supongo que tu pregunta es tramposa y presupone que el librero es más romántico que el vendedor de libros. No sé. Al fin y al cabo es un negocio: no puedes vender por debajo de un costo, pero tampoco puedes renunciar a tener un fondo permanente de libros clásicos. Tiempo atrás me decían que la Takk era una librería boutique y yo me ofendía.

—¿Qué entiendes por fondo?
—Que la librería tenga una base de libros clásicos de la literatura universal: long sellers . Libros que siempre se venden.

—¿Cuántos ejemplares tienes en tu librería?
—Cerca de 22 mil títulos. Nunca lo he calculado, pero al ojo vendría a ser eso. Yo tengo mucho libro único, es decir, cuento con un solo ejemplar.

—¿Por qué?
—Porque son libros que se van a mover una vez al año. No puedes tener más porque te sobrestockeas y no hay espacio para guardar.

—¿Por qué tienes clientes fieles, que entran a la librería para conversar?
—Aquí se habla de cualquier cosa. Se cambia el mundo, se critica, se analiza; es muy divertido. La gente me dice que la librería es como una sitcom . Pasan cosas raras.

“Cuando viene un extraño saltan las alarmas”

Joan Usano conoce a todos los personajes del barrio después de casi 20 años trabajando en el sector. “Son inofensivos. Pero cuando viene un extraño, saltan todas las alarmas”, afirma, luego de que un personaje rarísimo, cargando un cuchillo, entre al segundo piso preguntando por un libro sobre plantas. Operado de los nervios, Joan lo escolta hacia la salida y le pide que se retire porque está cerrando.

—¿Cómo surgió tu interés por la lectura?
—Yo soy de familia obrera. En la casa de mis padres no había libros. En España, en los 70, había muchos vendedores de enciclopedias y los papás de las clases trabajadoras las compraban para que los hijos hicieran bien las tareas. Y yo, como soy curioso, me fui nutriendo y empecé a leer a partir de ahí.

—Tus padres no leían. ¿Crees que eso te otorgó cierta libertad lectora?
—Nunca fui guiado por nadie. Yo me he hecho a mí mismo con mis gustos. La curiosidad me ha llevado de un lado a otro. Cada lectura te lleva a otra y al final ya sabes qué es bueno y qué es malo. La biblioteca de Olot, en Cataluña, era un lugar introspectivo, donde paseaba, leía el diario y los libros; era un lugar para estar. Siempre pensé que me gustaría trabajar en una biblioteca o en una librería.

—¿Y cómo pasaste a ser dueño de la Takk?
—La persona que era la dueña de la Takk antes que yo, una chilena-italiana, me hizo el traspaso en 2006 porque ella se devolvía a Italia. Me dijo que quería contar con alguien que le permitiera recuperar la inversión y que le garantizara que la librería no iba a desaparecer. Y ella creía que la única persona capaz era yo.

Joan dice que, por aquel entonces, no tenía dinero, había renunciado, terminó la relación con su polola —la que lo trajo a Chile en 1999— y que la opción del negocio de la Takk surgió como “una conjunción de las estrellas. Fue como, oye huevón, tienes que meterte ahí, aunque no tengas respaldo. Y todo funcionó bien. La gente me conocía desde la Altamira, así que tenía un prestigio. Aunque como no tenía dinero, me daba susto porque tenía muchas obligaciones”.

—¿Y cuál fue la solución?
—Trabajar 4 meses seguidos sin ningún día festivo, doce horas diarias.

—¿Hay gente que aún paga los libros con tres cheques?
—Yo a la gente que conozco le doy facilidades. Pero algún día ese público desaparecerá. De hecho, ya se están muriendo clientes. Es una pena. Viene un recambio porque la juventud tiene otra parada ante el comercio.

—¿En qué sentido?
—Los jóvenes no están preparados para la serendipia; encontrarse con algo que nunca habían pensando que existía. La gente de mi edad es de ir a un lugar aunque no tengan idea de lo que se quieran llevar. Ahora no. La gente joven viene directo a buscar algo. Cada vez hay menos curiosidad. La juventud explora por internet.

—Ahora se encuentra todo en la red.
—Hoy la información la buscas sentado en tu escritorio. Antes tenías que mover el culo. Eso ha desaparecido. Y es normal, pero tiene algo malo. La curiosidad te hace percibir el saber de forma distinta. Afortunadamente para mi negocio, el libro electrónico no ha funcionado porque le falta corporeidad. En cambio el libro tiene esta facultad mágica de lo corpóreo. Lo terminaste, lo dejaste ahí, y de vez en cuando el mismo libro te recuerda que lo leíste.

—Después de 20 años ya eres parte del inventario del Drugstore.
—El Sebastián (la heladería), que es mi vecino, puede funcionar sin mí, pero estoy seguro que prefieren que yo esté porque la Takk le da algo distinto a su café. De hecho, no es casualidad que donde hay más escritores es ahí. Yo los conozco a todos. La librería es un referente para ellos. Acá viene mucha gente del rubro de la cultura. Entran famosos cada dos por tres.

“Chile es un país de poetas”

—¿Cuál es el perfil del público de la Takk?
—No me preocupa. Trato a todo el mundo por igual. Pero viene mucho profesional. Abogados, médicos, gente de la universidad.

—¿Qué busca el hombre y qué busca la mujer en tu librería?
—El hombre compra ensayo y la mujer ficción. La mujer es más de novela. Y la novela ha bajado; yo lo atribuyo a Netflix. La novela ha sido sustituida por las series de televisión. Como las maratones son largas y leer es una actividad que requiere tiempo; las series le sacaron horas a la lectura.

—¿Quiénes compran poesía?
—Más hombres que mujeres. Y sobre todo jóvenes. Yo tengo una sección muy grande, no sé si es la más completa de Chile, pero todo el mundo me dice que es la mejor. A mí una de las cosas que me parece notable de Chile es que todo el mundo conoce a los poetas vivos chilenos. Y yo tengo la sensación que todo el mundo sabe quién es Raúl Zurita y que incluso el lustrabotas sabe quién es Nicanor Parra. En cambio, tú vas a España y le preguntas a la gente que te diga quiénes son los poetas vivos y no saben. Todo chileno medianamente culto te sabe decir dos o tres poetas vivos. Y de la segunda mitad del siglo XX te pueden nombrar a Teillier, Lihn, De Rokha, Neruda, Mistral, Huidobro.

—¿A qué atribuyes este fenómeno?
—Que es un país de poetas. Pero yo no soy lector de poesía. La poesía es lo más difícil del mundo pero cuando te encuentras con un gran poeta como Kavafis a él si lo leo. Cualquier lector puede entenderlo porque es profundo y siempre hay un poema que te toca.

—¿Tienes una buena calidad de vida?
—Disfruto de mi rutina. Y este lugar es muy plácido y puedes encontrar gente interesante para conversar. Me confiesan cosas; he llorado muchas veces aquí con historias de la gente o de uno mismo. Cuando se murió mi padre (se le quiebra la voz)… sabes, es catártico. La gente olvida que siempre puede haber un desconocido que te puede ayudar en tu vida con una palabra cuando menos te lo esperas. Este negocio nunca lo he planificado porque me importan un carajo los objetivos.

—Con la irrupción de librerías por internet, ¿crees que vas a seguir con el negocio mucho tiempo?
—Yo sé que va a seguir un año más. Después, no tengo idea. Al principio, cuando me empezó a ir bien, había gente que se me aproximaba para hacer negocios, para abrir otras sucursales y yo les dije que ni cagando. Yo quiero disfrutar de la vida. Trabajo muchas horas, pero soy mi propio jefe.

—¿Te agotas?
—Cansa porque estás envuelto en una rutina. Pero la única meta es que este negocio sobreviva y que siga adelante. Hacerme rico no me interesa. Yo estoy acá 60 horas a la semana. No vivo para trabajar pero soy trabajólico.

—Te educaron así.
—Me inculcaron el rigor. Para mí es un insulto que me pongan un premio por hacer bien las cosas. Y creo que en Chile se pasa a llevar a la gente. La insultan cotidianamente poniéndoles bonos. Lo encuentro patético.

Anuncios

“Las bibliotecas protegen nuestros recuerdos e historias”

Susan Orlean
Escritora norteamericana:

“Las bibliotecas protegen nuestros recuerdos e historias”

La autora de El ladrón de orquídeas habla de su libro La biblioteca en llamas. En él relata el incendio de la Biblioteca Pública de Los Ángeles en 1986 y rinde homenaje a la lectura.

Domingo 13 de enero de 2019, Antonio Díaz Oliva, Cultura & Espectáculos La Tercera

Harry Peak era uno de los tantos aspirantes a actores que circulaban por Los Ángeles. No había nacido muy lejos de ahí: su familia vivía a menos de dos horas de Hollywood. Pero luego de fracasar en castings, y de sobrevivir gracias a todo tipo de trabajos, Peak finalmente lo consiguió. La mañana del 29 de abril de 1986 apareció en la televisión. Aquel día fue entrevistado al encontrarse en la Biblioteca Pública de Los Ángeles durante el fuego que duró por más de siete horas. Sería el peor incendio en una biblioteca estadounidense. Uno que quemó 400.000 libros y dañó cientos de miles más.

Aunque claro: al parecer Harry Peak fue uno de esos testigos que vio todo demasiado cerca. Y que más tarde, cuando la policía lo visitó, no le quedó otra que cambiar su relato de lo sucedido. Lo que eventualmente lo convirtió en el principal sospechoso. Y en una figura pública.

El incendio de la Biblioteca Pública de Los Ángeles es el tema del nuevo libro de la periodista Susan Orlean: La biblioteca en llamas. Nacida en 1955, Orlean es autora de siete libros de no-ficción. Ahí está Saturday Night (sin traducción al español, 1990), donde presenta una historia oral de lo que distinta gente hace un sábado por la noche. O El ladrón de orquídeas (Anagrama, 2001), donde le sigue los pasos al horticultor John Laroche, obsesionado con la orquídea perfecta, una historia que Spike Jonze adaptó a la pantalla grande en 2002, con Nicolas Cage y la misma Meryl Streep actuando de Susan Orlean. A todo eso hay que sumarle su carrera como periodista para el New Yorker. Y si bien por mucho tiempo vivió en Manhattan, desde 2011 escribe desde la otra costa del país: Los Ángeles.

“No estaba buscando escribir otro libro. Pero entonces escuché la historia del incendio y comencé a pensar en las bibliotecas y qué tipo de lugares representan en nuestra sociedad; y bueno, cambié de planes”, cuenta la autora.

La biblioteca en llamas es un libro interesante no solo por el relato de cómo el sistema de bibliotecas públicas de Los Ángeles tuvo que reestructurarse. También porque se puede leer como un estudio de California y Los Ángeles, y de la relación entre el género femenino y bibliotecas. Y asimismo porque presenta una historia personal: la de Orlean, quien creció yendo a bibliotecas con su madre, se convirtió en escritora y por eso mismo, asegura, en un momento decide quemar un libro. “Para sentir lo mismo que Harry Peak”, asegura. Y acto seguido incendia las hojas de una novela perfecta para la ocasión: Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.

“Hay cierto placer en hacer algo realmente tabú. Bueno, tal vez no es placer la palabra. Digo, al hacerlo me sentí llena de adrenalina”, cuenta al teléfono mientras maneja por Laurel Canyon, a lo largo de una entrevista que incluirá variados bocinazos en medio de un taco (“lo siento, esto es vergonzosamente Los Ángeles”), así como el sonido de la policía y los bomberos de California, quienes este año han tenido más trabajo que nunca . “El fuego es una cualidad distintiva de esta ciudad. Pensamos en este como un elemento natural de acá. Imagínate que Los Ángeles tiene una temporada de incendios. Y si bien en el caso de la biblioteca obviamente el incendio no era natural, de una u otra forma también lo era. El fuego es muy propio de esta ciudad”.

–“Las bibliotecas públicas en los Estados Unidos superan en número a los McDonald’s”, escribe. El dato me sorprendió…

-Parte de ese fenómeno es que las bibliotecas son sutiles. Están en los barrios. No las ves. Y los McDonald’s son muy fáciles de ver. Hay muchas ciudades pequeñas que no tienen una librería, pero sí una biblioteca pública. En Los Ángeles, por ejemplo, hay 72 bibliotecas en la ciudad y no creo que existan 72 librerías independientes o grandes.

–En EEUU las bibliotecas también son un refugio para los vagabundos. ¿Desde cuándo ocurre esto?

-Creo que esa falta de vivienda explotó durante la era de Reagan, a partir de la mitad de los 80. Y lo digo sin ningún dato científico. Pero mi experiencia personal es que comenzó entonces. Había tan pocos lugares para que las personas sin hogar pasaran tiempo durante el día, que las bibliotecas se convirtieron en una buena opción. Piénsalo, en un centro comercial te van a echar. Además, las bibliotecas son abiertas y acogedoras, y unos de los pocos lugares donde no hay que gastar dinero. Eso las hace únicas en el panorama estadounidense.

–¿Siempre fue parte de su plan explorar la relación entre género y bibliotecas? Algunos de los mejores personajes de su libro son mujeres, como Mary Jones, la primera graduada de bibliotecología en la Biblioteca de Los Ángeles.

-No, la verdad es que no esperaba escribir mucho sobre género. Y fue realmente interesante que de repente esto se volviera un elemento indispensable de mi libro. No sabía nada de Mary Jones, tampoco que la mayoría de los bibliotecarios, hace 100 años, eran hombres. Durante mi infancia y adolescencia la mayoría de los bibliotecarios eran mujeres. Aunque ahora más y más hombres estudian bibliotecología.

–Harry Peak bien podría aparecer en una película de los Coen, ¿no le parece?

-Totalmente. Para mí era una especie de arquetipo de California, de Los Ángeles y de Hollywood. Es el tipo de soñador que quiere una vida de celebridad para sí mismo. Harry realmente era… no sé, encarnaba a la perfección cierto prototipo de esta ciudad.

–Usted escribe que las bibliotecas luchan contra el tiempo.

-Y lo hacen con éxito. Aunque son vulnerables. Una biblioteca puede quemarse y perderlo todo. Completamente todo. Pero hasta el momento las bibliotecas son la mejor forma de combatir el paso del tiempo. Protegen nuestros recuerdos, la memoria y las historias.

FICHA

LA BIBLIOTECA EN LLAMAS

SUSAN ORLEAN

ED. Temas de Hoy

352 pp.

Así se lee en América Latina

Por Felipe Herrera Aguirre, Publimetro, viernes 8 de septiembre de 2017.

Las herramientas tecnológicas son una oportunidad para masificar y profundizar la lectura en los jóvenes. Ya hay desarrolladores que, teniendo esto en cuenta, pretenden fomentar el hábito y mejorar la comprensión. La premisa: el libro no se pierde, se transforma.

No es que ahora lean más, es que ahora leen distinto. Los jóvenes de hoy, que usan spartphones y tablets que les permiten estar siempre conectados, han cambiado no solo sus hábitos de lectura, sino que también las formas en que lo hacen. Y mientras algunos culpan a estas herramientas de la baja comprensión de lectura en jóvenes en América Latina, otros prefieren explotar su potencial.

Los resultados de las últimas ediciones de la prueba Pisa en comprensión de lectura en ocho países de Latinoamérica (Chile, Argentina, Perú, Uruguay, Brasil, Colombia, República Dominicana, Costa Rica y México), si bien han mejorado en general, siguen por debajo del promedio Ocde.

Lo multimedial es clave en su comprensión. Además, los jó están realmente preocupados por lo que les interesa. Sus intereses son la fuente motivadora más imporante, y han sido identificados y explotados por desarrolladores en Latinoamérica.

En lo personal, creo que los jóvenes leen más, pero de una forma diferente. Debido a las tecnologías, leen de manera fragmentada y con un sentido de instantaneidad que las generaciones pasadas no teníamos.
Lorena Leiva, directora del equipo lector de Ranopla

Es por esto que han aparecido una serie de herramientas web par el fomento a la lectura de los jóvenes. La intención de sus desarrolladores es aprovechar el potencial de la tecnología, incorporarlo al aprendizaje y que sea un canal efectivo para la lectura.

La inclusión de la tecnología

La idea es que los dispositivos tecnológicos no sean un factor de discordia en la sala de clases. “Los smartphones y los tablets son todavía vistos como distractores a un método de enseñanza que no se ha renovado en décadas”, explica a Metro Rubén Arias Acuña, director ejecutivo de Ludibuk, una herramienta online de lectura desarrollada en Chile y que actualmente busca recaudar fondos para expandirse a otros países de la región.

Esto, según explica Arias, tiene mucho que ver no solo con las rigideces del sistema educativo tradicional, sino que con la negación de los profesores. “Hay tres tipos de profesores. Los que están a punto de jubilarse, que no están interesados. Los de mediana edad, a quienes tienes que seducirlos más. Y los más jóvenes, que son los más entusiastas con estas ideas”, dice.

Los smartphones y los tablets son todavía vistos como distractores a un método de enseñanza que no se ha renovado en décadas, Rubén Arias Acuña, director ejecutivo de Ludibuk

En Chile, Ludibuk cuenta con un fondo de lecturas complementarias que cumple con el programa del Ministerio de Educación. Además, cuentan con otros títulos agregados. Así, con una suscripción mensual de aproximadamente 3 dólares, los estudiantes tienen a disposición todo el material que necesitan. Ingresando a su suscripción, pueden ir registrando sus lecturas, viendo sus avances y compartiendo contenido.

El rol de los adultos, fundamental

Aunque existan nuevas herramientas para el fomento a la lectura de los jóvenes, el papel de los padres sigue siendo fundamental. Según explica Lorena Leiva, directora del equipo lector de Ranopla, página web que ayuda a los niños a buscar libros infantiles, “esto funciona sobre la base de que hay un adulto que supervisa y da seguimiento”.

“En lo personal, creo que los jóvenes leen más, pero de una forma diferente”, asegura Leiva. “Debido a las tecnologías, leen de manera fragmentada y con un sentido de instantaneidad, que las generaciones pasadas no teníamos”.

Es por la cantidad de información a la que están expuestos los jóvenes hoy, que la supervisión de un adulto se hace fundamental. “Hay que generar el hábito de que la lectura, independiente del formato, necesita un tiempo, una secuencia, cierta espera… y en eso, la tecnología puede ayudar si se enfatiza que la misma también es un lenguaje secuenciado. Y eso con Ranopla queda claro, en la práctica”.

Pero el papel de los padres no es solo el de supervisar, sino que también el de racionalizar. “La mayoría de los jóvenes de hoy ven el mundo a través de una pantalla y eso no es necesariamente malo. Es responsabilidad de los padres tutores racionalizar el uso y que los dispositivos electrónicos sean un complemento a la realidad, no un sustituto”, dice Jordi Saldaña, project manager de YoLeo.Club, un desarrollo español también arraigado en Latinoamércia.

El libro no se pierde, se transforma

Al igual que los medios de comunicación, que cada vez transitan más rápido hacia las publicaciones multimediales, el futuro de la lectura va hacia el mismo lugar. “Está claro que los ebook o las tabletas no serán el futuro. La tendencia es que los smartphones se conviertan en el soporte ideal para la lectrua, ya que posibilitan tener en un solo disposivito todo lo necesario para estar conectados con el mundo”, dice Jordi Saldaña.

Pero Saldaña asegura que el libro no desaparecerá, sino que convivirá con lo digital. “Cuando aparecieron los soportes digitales como los ebook, todo el mundo hablaba del fin de papel pero no ha sido así. Los jóvenes de hoy, que son nuestro futuro, siguen leyendo en papel y les gusta el hecho de tener un libro entre manos y la sensación que produce”, dice.

“En lo personal, creo que ambos formatos, papel y digital, convivirán por mucho tiempo”, dice Lorena Leiva. “Pero lo harán de una forma diferente”, agrega. “Debemos hacernos cargo de que es el concepto de lectura el que ha cambiado y por tanto, hay diferentes formas de leer”.

3 herramientas para fomentar la lectura

Ludibuk

Es un emprendimiento chileno que consiste en una plataforma digital para computadores, teléfonos celulares o tablets con un catálogo de las lecturas recomendadas por el Ministerio de Eduación de Chile. Cuenta con cerca de 15.000 usuarios activos y está en proceso de iniciar operaciones en varios países de América Latina, como México, Colombia y Perú.

Ranopla

Es una aplicación online nacida en España y migrada a Chile hace un año. Mediante el ingreso de un usuario, se pueden registrar las lecturas de los niños voluntarias u obligatorias, apoyando al desarrollo y a la evaluación de la lectura. En España opera hace 10 años.

YoLeo.Club

Es un proyecto que funciona a nivel latinoamericano, nacido de los diagnósticos de las pruebas Pisa de la Ocde. Integrando papel con aplicaciones online, es una herramienta web diseñada para registrar, en base a incentivos y metas, la lectura en los niños.

Entrevista

Bonaventura Paliceo Consultor del programa Pisa de la Ocde

Según el informe “Pisa 2015: Resultados Clave”, cerca del 20 por ciento de los estudiantes de los países Ocde no obtiene, de media, las competencias lectoras básicas, lo que se ha mantenido desde 2009. ¿A qué se debe esto?

– No existe un factor único que explique este fenómeno. El promedio de la OCDE incluye 35 países en 4 continentes distintos y desde el 2009 el rendimiento se ha incrementado en unos países y ha disminuido (o no ha cambiado) en otros. Mirando más a fondo, los factores que afectan a los distintos rendimientos de cada país están ligados conjuntamente a políticas públicas en educación, así como a cambios demográficos y socio-económicos. Todos estos cambios tienen un efecto que se observa principalmente en el medio y largo plazo

Considerando la irrupción de la tecnología y su impacto en las formas de leer de los jóvenes, ¿cómo crees que estos resultados están relacionados al acceso que tienen los estudiantes a la tecnología?

– La tecnología puede tener un efecto positivo o negativo (o ningún efecto) en la comprensión lectora de los estudiantes. En los países en los que la prueba PISA se realizó con el ordenador (“computer-based assessment”) los estudiantes utilizaron sus competencias en lectura online para solucionar los problemas. Estas competencias están ligadas, por ejemplo, con la capacidad de buscar información en un texto y se desarrollan con la lectura a través de las tecnologías de información y comunicación, como el ordenador, el móvil u otros dispositivos digitales (periódicos, libros, textos en redes sociales, etc). Sin embargo, en las pruebas en papel este efecto de las TIC se reduce o desaparece.

¿Crees que la tecnología es una herramienta importante para conseguir una mejora en la comprensión de lectura de los estudiantes?

– La utilización de tecnología en la escuela (y fuera de la escuela para estudiar) puede tener una incidencia positiva y directa sobre la comprensión lectora de los estudiantes en pruebas realizadas con el ordenador.

Al mismo tiempo, la tecnología es una herramienta que también puede afectar negativamente al rendimiento de los estudiantes si es utilizada de forma excesiva en su tiempo libre para fines no educativos, como pueden ser los videojuegos o las redes sociales. En este caso se habla de “crowding out”; es decir, dedicar un tiempo excesivo a actividades de ocio dejando poco tiempo para actividades educativas, como la lectura, el estudio o los deberes.

Las buenas cifras de las bibliotecas públicas en Chile

bibliotecas-pub

Cultura El Mercurio, Domingo 16 de julio de 2017.

Todos sus servicios son gratuitos:

Las buenas cifras de las bibliotecas públicas en Chile

Romina de la Sotta Donoso

Gonzalo Oyarzún , la máxima autoridad del ámbito en el país, comenta el explosivo aumento de usuarios digitales y el perfeccionamiento del proceso de compra de libros. También revela nuevos planes con Gendarmería.

El gran salto se dio el año pasado. La Biblioteca Pública Digital (BPD) pasó de 13.300 préstamos anuales a 113.575. Explosivo aumento que se explica principalmente por dos factores, según Gonzalo Oyarzún, encargado del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas y subdirector de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam).

“El año pasado implementamos una aplicación que facilitó el acceso; me permite pedir el libro en la computadora, leerlo en mi tablet y retomarlo en la misma página en mi teléfono mientras me traslado. Lo otro fue la enorme llegada de libros digitales en español”, aclara. “Las estadísticas muestran que ya superamos los 70 mil préstamos entre enero y junio. Este crecimiento es consistente y parece no tener marcha atrás; la BPD es la tercera biblioteca pública que más presta en Chile. Además, el número de reservas es altísimo, en el primer semestre hubo 31.693”.

-¿Cómo se comporta la lectoría en la Biblioteca Pública Digital?

“Es muy parecida a la de las bibliotecas públicas. Tenemos una alta concentración de préstamos en un grupo de 10 a 20 títulos, pero eso equivale a menos del 10% del total, y el libro más leído está cerca del 0,4% de los préstamos”.

-¿Han disminuido los lectores en bibliotecas por la BPD?

“No. Las dos bibliotecas que más libros prestan son la Biblioteca de Santiago y Bibliometro. Además, en los últimos años el préstamo de libros ha aumentado sistemáticamente en las bibliotecas públicas. En 2010 eran poco más de un millón 100 mil, y el año pasado fueron casi 2 millones”.

Proceso de compra

El sistema que dirige Oyarzún es responsable, entre otras cosas, de la adquisición de libros para las más de 450 bibliotecas públicas que hay desde Visviri a Puerto Williams.

En 2013 hubo polémica porque se compró, entre otros, dos biografías de Camiroaga y superventas de Pilar Sordo, Isabel Allende, Hernán Rivera Letelier y Pablo Simonetti. Fueron elegidos por 250 bibliotecarios.

“Los libros que generaron la polémica y que fueron los más pedidos, eran dos sobre 12 mil. Fueron 350 ejemplares sobre 45 mil. Me parece muy bien que haya gente que esté muy atenta a cómo estamos comprando, pero en la última década nos hemos dedicado a profundizar el proceso democrático y participativo de adquisición de libros. Siempre se dice que vamos a regionalizar o a dar libertad, pero después hay nerviosismo cuando todos quieren leer el libro de Baradit o ‘Relatos de una mujer borracha’. Asumamos las consecuencias de la libertad”.

-¿Se perfeccionó el sistema?

“Hemos entregado sobre el 50% de la selección de los libros a las regiones, donde se generan modelos participativos. Y entre el 20% y el 30% son seleccionados por los bibliotecarios de todo el país en la Feria del Libro. Hemos trabajado tres años para perfeccionar este proceso, que ahora también cuenta con un comité de recomendaciones, integrado por periodistas, académicos, bibliotecarios y gente de regiones”.

Tras una primera lista de 700 títulos, el comité discute y elabora una lista corta de 200, que distribuyen en el país. “Más del 90% de las comunas de Chile no cuenta con una librería donde hojear un volumen, así que esta lista es una buena guía antes de que los bibliotecarios vengan a la Feria del Libro”.

-¿Cómo responde a las críticas de que en las bibliotecas haya libros de cocina o de autoayuda?

“Tenemos una mentalidad súper conservadora, de que las bibliotecas solo son para prestar libros. Pero hoy día no tiene ningún sentido una biblioteca pública como conservadora de una cultura y un patrimonio al cual solo algunos pueden acceder. Lo principal en una biblioteca no son sus libros ni la infraestructura, sino la comunidad a la que sirve, y trabajamos pensando en el habitante real del territorio”.

Así, por ejemplo, BiblioRedes capacita cada año a más de 50 mil personas en ámbitos como la programación: “Más del 65% de las capacitaciones de las distintas agendas digitales se hacen a través de este programa”.

Otro proyecto estrella lo tienen con Gendarmería. Están instalando laboratorios y bibliotecas en todos los recintos penitenciarios con más de 50 internos. El 37,6% de los internos del país ya tiene acceso al servicio y han pedido 16 mil libros. “También hay actividades de fomento lector, con los gendarmes y las familias, y se capacitan en alfabetización digital. Todo esto genera un ambiente propicio para la reinserción laboral, social y familiar. Y se puede ir más allá; en Francia, por ejemplo, se aprobó una ley de que por cada libro leído tú tienes un día menos de reclusión. Y han detectado que del grupo que participa en ese programa solo un 10% reincide, frente al 60% del resto. Claramente, ahí hay una oportunidad”, cierra Oyarzún.

Siete años de Furia

Revista Viernes del diario La Segunda, Viernes 2 de diciembre de 2016.

Siete años de Furia

Galo Ghigliotto, poeta y editor de Cuneta, fue también uno de los fundadores en 2009 de la Furia del Libro, la feria de editoriales independientes más grande del país. A pesar de que este fin de semana se realizará en el GAM su décima versión -que contará con 150 expositores y en la que esperan recibir a 30 mil personas-, sus organizadores siguen furiosos: por el IVA, por la inercia política en cuanto a la lectura y porque las dificultades para ellos no se han borrado.

Por Cristóbal Bley

– ¿Cuánto ha cambiado el panorama, tanto de la Furia como de las editoriales independientes, en estos siete años?
– Ha cambiado mucho, tomando en cuenta que la primera vez que hicimos la Furia del Libro participaron 18 editoriales y asistieron 200 personas. Este año, habrán 150 editoriales, de las cuales 17 son foráneas, y esperamos que lleguen como mínimo unas treinta mil personas de público. Por supuesto, la industria de editoriales independientes también ha cambiado. La primera versión de la Furia tuvo 18 editoriales porque no había muchas más. Últimamente, en cambio, se han multiplicado los posgrados de Edición, y el interés también ha crecido. Hace siete o diez años, cuando participábamos de la Filsa, la gente no entendía la diferencia entre una editorial grande y una independiente, e incluso las confundían con tiendas de libros. Antiguamente, vale decir en los años noventa, o sea tampoco tan antiguamente, publicar un libro para un autor joven era prácticamente imposible. Tenía que estar en el taller de algún escritor reconocido que luego le abriera la puerta, si no, no había manera. Ahora, por ejemplo, en Cuneta, que es la editorial en la que trabajo, publicamos el libro de Pablo Sheng, un autor de 21 años, algo que hace dos décadas era impensable. También se ha multiplicado el público, sobre todo el que consume libros de editoriales independientes. Es interesante, porque lo que ocurre aquí no pasa en ninguna otra parte del mundo.

– ¿En qué sentido?
– Que se publiquen autores jóvenes con novelas arriesgadas o experimentales no pasa en España, tampoco en México, que son los grandes países de la edición y el mercado literario en Hispanoamérica. Este año me tocó ir a Barcelona, justo para Sant Jordi, que es el día de los libros. Yo llevé una novela de la editorial, que se llama Nancy, la que ha tenido buena recepción de la crítica en Chile, pero tiene una particularidad y es que está llena de cruces dentro que separan el texto: imágenes, radiografías, etc. Es un libro raro. Y al mostrarle eso a una editora catalana independiente, me dice que la novela era muy punk para ella, y luego habló del mercado y cuánto los condicionaba al momento de publicar algo nuevo. Fíjate que regresé a Chile contento, porque me di cuenta de que acá sí podíamos hacer algo independiente del mercado, que es la verdadera forma de ser completamente independiente.

– Según las estadísticas, los chilenos leemos y compramos pocos libros al año y además entendemos poco de lo que leemos. Que aumente la actividad de las editoriales independientes, ¿significa que esos datos están malos y sí leemos mucho? ¿O simplemente hay más gente que quiere escribir?
– Hay un libro de crónicas de Rubem Fonseca, que se llama La novela murió, y en uno de sus textos él habla del síndrome de Camoes, un tipo que en un naufragio en vez de salvar a su mujer salvó a sus manuscritos. Con esto, Fonseca decía que muy posiblemente se podían acabar los lectores pero los escritores no se iban a extinguir jamás. A veces creo que puede pasar lo mismo con los editores independientes. Yo también me sorprendo del auge que hemos tenido. Antes se decía de Chile: uno levanta una piedra y sale un poeta. Ahora uno levanta una piedra y sale un editor independiente.

– ¿Y qué hay de los lectores?
– Creo que hay lectores que se están formando. La otra vez me pasó algo bien curioso. Estaba en el banco, y la ejecutiva de cuentas me pregunta: cuál es su rubro. Editorial, le contesto. Ah, ¿y cómo está el mercado? Mal, le digo, si la gente ya no lee. Sí, es cierto, me dice. La verdad es que en mi casa nadie lee, yo no leo ni el diario, fíjese, mi esposo tampoco. Pero mi hija chica, que tiene 7 años, ella sí lee. Es súper lectora y yo le compro libros, porque me gusta que lea y se lo fomento. Yo pensé: genial. Seguramente la ejecutiva, cuando tenía 7 años, no tenía quién le comprara un libro, porque aparte tampoco había muchos. La producción en esa época era nula. El trabajo que estamos haciendo ahora -escritores, editores, ilustradores- no es tanto con los lectores actuales, sino con los lectores futuros. Los niños de ahora, a pesar de lo que se piensa, están acostumbrados a leer, a saber qué es una editorial y quién es el autor. Es un objeto con el que tienen una relación más fluida.

– Un punto importante y constante en sus reclamos ha sido eliminar el IVA de los libros. ¿Cuánto puede cambiar la industria editorial sin el impuesto?
– La gente miope te dice: “Ah pero sin el IVA los libros van a bajar dos mil pesos, tampoco es considerable”. Es cierto, no lo es, pero qué pasa con el que compra diez libros o la universidad que compra cien o la biblioteca que compra quinientos. Ahí sí es considerable la diferencia. Mayor venta supone un mayor movimiento para las editoriales, con mayores posibilidades de que se publiquen más libros y más ejemplares, lo que es un beneficio para todos: escritores, editoriales, imprentas, etc. El aporte que hacen los libros al PIB te aseguro que es minúsculo, por lo que no hay ninguna razón por la que el fisco necesite el 19 por ciento de esas ventas; por el contrario, entorpece y dificulta las operaciones para todos los que están involucrados en la cadena. No se trata de no pagar impuestos: puede ser a través de una renta presunta, como hacen los artesanos, pagándolo una vez al año. Creo que el IVA, que se instauró en 1976, es el recuerdo, el quiste o la cicatriz que guardamos de la dictadura. Por supuesto, todos queremos borrarnos las cicatrices y ser más hermosos.

 

El self-made man que almacena los libros de Santiago

Juan Carlos Seguel

El self-made man que almacena los libros de Santiago

Viernes 2 de diciembre de 2016, Sandra Radic, Economía La Segunda

Al lado de la población Esperanza de Puente Alto, en la calle Charles Aránguiz, casi al frente de la casa de la madre del jugador, hay 4 millones y medio de libros almacenados. No es una biblioteca, sino que la empresa que Juan Carlos Seguel creó en 2004 y a la que se unió poco después su socio Alejandro Solís: Logística en Libros.

Allí guardan sus libros las principales 18 editoriales del país para que los 80 trabajadores de esta empresa los cuiden, empaqueten y despachen a las librerías. Lo que empezó en una bodega de 100 metros cuadrados en General Velásquez, hoy ocupa 3.600 metros cuadrados y distribuye el 65% de los textos que se leen en Chile.

Las raíces de Seguel (51) no están en Puente Alto, sino que en la población La Bandera y aunque vive en La Florida con su familia, los fines de semana vuelve a la casa de sus padres. “Carlos y Beatriz no terminaron educación básica. Mi mamá trabajaba en calzado y el papá en la fábrica de helados Bresler. Después él fue conductor de los buses amarillos por unos 25 años. Yo pude llegar hasta cuarto medio en la Escuela Industrial Diurna Galvarino N° 2, pero estábamos en plena crisis de 1982 y el empleo era escaso”. Hizo el servicio militar en Arica y volvió a su barrio el “30 de marzo de 1986 a las siete de la tarde. No había pasado una hora cuando nos encontramos con Alejandro Solís, que también había regresado ese día desde Punta Arenas”.

Tuvieron que pasar varios años para que ambos amigos, que se conocían desde los siete, pudieran asociarse. Alejandro comenzó a trabajar en la construcción y se pagó los estudios de contabilidad, mientras que Juan Carlos entró a la fábrica de ollas a presión Marmicoc: “Partí lavando ollas, luego fui peoneta por dos años, después portero y finalmente me asignaron a la bodega donde terminé como jefe. Me retiré en diciembre de 1994”.

Los hitos en la vida de Seguel están ligados a las bodegas en que ha trabajado. Recuerda, por ejemplo, que en febrero de 1995 entró como jefe de bodega de Javier Vergara Editor —comprada tiempo después por Ediciones B (Grupo Zeta)—, donde ya estaba Solís como contador.

Casi diez años después, Ediciones B traspasó el bodegaje a una empresa de logística y quedó cesante. Ese fue el inicio de todo, porque la editorial Edaf Chile decidió que él le manejara la logística. “Durante tres meses trabajé solo en una bodega de 100 metros cuadrados que arrendé en General Velásquez. Después contraté a un ayudante y al cuarto mes me estaban pidiendo en Ediciones B y Norma que me hiciera cargo de la distribución, así que mi padre se vino a trabajar conmigo”.

Ya para 2005 se había asociado con Alejandro Solís. “Yo le decía que si lográbamos montar una empresa de logística que hiciera las cosas bien, nos íbamos a llevar a todas las editoriales del país”, recuerda.

El golpe de gracia lo trajo Random House. En dos años se habían cambiado dos veces de bodega —de General Velásquez a Lo Etchevers— y cuando entró Random se mudaron por tercera vez a los 2 mil metros cuadrados que esa editorial arrendaba en Macul. “De un día para otro, el dueño de la bodega nos subió el precio del arriendo en 50% en 2013. Nunca nos habíamos atrasado. ¡Fue tan injusto! Tuvimos que aceptar, pero eso nos llevó a comprar en Puente Alto y arreglar 3.600 metros cuadrados”. Hoy se le van $20 millones al mes en pagar el crédito de esta propiedad que el banco tasó en $1.200 millones y sólo el 10% o 15% de sus trabajadores lo siguieron a Charles Aránguiz.

“Hace dos años que no pesco un libro, desde que nos cambiamos a esta bodega. Cuando era jefe de bodega yo leía harto. Me gusta el género sobrenatural y me encanta Brian Weiss. Yo creo en la reencarnación, sé que me voy a reencarnar hasta ser maestro y que me voy a reencontrar en la otra vida con mi familia”. Está casado y tiene tres hijos (dos universitarios y una niña de 12 años).

“Siento que en 2017 nos va a ir bien. Voy a volver a organizar los campeonatos internos de fútbol, a celebrar el 1 de mayo y las Fiestas Patrias”.

“Mi papá sigue conmigo. Tiene 70 años y le decimos el Gato Alquinta como el de Los Jaivas porque usa el pelo largo y canoso… Si miro de dónde vengo y dónde estoy, no necesito mucho más. Al final, la trilogía perfecta es trabajo, esfuerzo y sacrificio. Si tienes eso, te va a ir bien”.

Aunque pierda su empresa

“Los estudios se quedan conmigo”

“En 2008 comencé a estudiar Ingeniería en Logística y Transporte en la Universidad Andrés Bello. En la primera prueba de cálculo me saqué un 1,7, es decir, con suerte le puse el nombre. Afortunadamente, un ayudante que también era de La Bandera me comenzó a enseñar todos los días en mi oficina por dos o tres horas. No sólo pasé cálculo, sino que me eximí del examen final. “Ahora puedo perder la empresa o perder todo, pero los estudios se quedan conmigo. Estoy fascinado, saqué mi carrera en 9 semestres, uno más de lo programado”, reconoce Juan Carlos Seguel.

“Partí lavando ollas, luego fui peoneta, portero y finalmente me asignaron a una bodega donde terminé como jefe”

Dos miradas al Chile más singular dan el vamos a la editorial de librería Qué Leo

Emol. 04/01/2011

Un compilado con frases populares e históricas, y una antología de crónicas sobre el país escritas por un británico residente, abren la aventura de la popular librería en la edición, con la promesa de nunca publicar un libro feo o aburrido.

Por Sebastián Cerda

Es un libro de frases y citas. Las más significativas de la historia de Chile y aquellas que merecen ser recordadas. En él figuran personajes como Salvador Allende, Claudio Arrau, José Manuel Balmaceda y Ramón Barros Luco, con varias de las máximas que los transformaron en ilustres.

Pero al avanzar entre discursos, despedidas y alocuciones heroicas, de pronto aparece una frase que pareciera no tener nada que ver con eso: “¡Que venga la modelo!”.

Ésa es la lógica que impera en “Chilenos todos”, un libro de citas y textos pronunciados por compatriotas de diversos ámbitos, y en el que el concepto de “célebre” se expande por todo su ancho: Desde los próceres que le hablaron a la patria, hasta personajes de la cultura popular que jamás pensaron en anotar sus palabras en alguna zona de la historia. De Gabriela Mistral a Mario Kreutzberger. De Sor Teresa de Los Andes a Francisco Huaiquipán.

El libro de Jorge Núñez es además uno de los que marca el debut del sello Los Libros Qué Leo, creado al alero de la librería del mismo nombre, y que también publica otro volumen que se adentra en las particularidades de nuestro país.

Se trata de “The chilean way”, una recopilación con las crónicas que Neil Davidson, con su óptica de británico residente, dedicó a Chile, precisamente el país en el que en algún minuto sonó la calificación de “los ingleses de Sudamérica”.

El autor —quien publicó los textos en los diarios El Metropolitano, El Mercurio y Las Últimas Noticias— se pasea así por tópicos tan variopintos como el concepto de “mañana” que predomina entre los chilenos, en la insistente convicción acerca de que en cada rincón del mundo hay un compatriota, en las características menos amigables del comercio local y en eso que cada 18 de septiembre llamamos “chilenidad”.

No a los libros feos

Sigue leyendo