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Lucía Abello: “Cada persona es un potencial lector y desde ahí proyectamos nuestra labor”

Lucía Abello: “Cada persona es un potencial lector y desde ahí proyectamos nuestra labor”

Por Daniel Navarrete Alvear, Valdivianas, Diario Austral de Valdivia, Sábado 22 de febrero de 2020.

La nueva Coordinadora Regional de Bibliotecas Públicas, analiza los desafíos de su gestión en Los Ríos. Es bibliotecóloga, botánica y licenciada en Tecnologías de la información. Asumió el cargo en enero.

Hace ocho años Lucía Abello fue escogida como Bibliotecaria Destacada por el Colegio de Bibliotecarios de Chile. El reconocimiento es parte de un extenso curriculum donde figura haber sido la directora de la Biblioteca Pública Municipal de Doñihue por más de dos décadas; y al que ahora agrega ser la nueva Coordinadora Regional de Bibliotecas Públicas de Los Ríos.

Asumió el cargo en enero. Está a la cabeza de un equipo de seis profesionales con la misión de reforzar el trabajo de cada una de las doce bibliotecas públicas que hay en la región. Las que funcionan vinculadas a las municipalidades y que con el paso del tiempo se han vuelto lugares donde hay mucho más que solamente libros. Y la clave para entender eso, está en los usuarios.

“Cada persona es un potencial lector y desde ahí proyectamos nuestra labor. Las personas tienen múltiples necesidades y aunque las bibliotecas deben promover la lectura, no necesariamente debe ser ese el punto de entrada para relacionarse con las comunidades. Tal vez las personas no quieren ser lectoras, tal vez solo quieren ser escuchadas y ese espacio es el que se genera en las bibliotecas como un lugar de acogida”, explica Abello. Y agrega: “Todo sin olvidar que ya no se trata de leer solo el libro, si no hablamos de hacer lecturas del mundo, del entorno, de las personas, de todo aquello en lo que nos involucramos en el día a día. Para ello debemos comprender las bibliotecas como verdaderos motores para el cambio”.

– ¿Cómo han enfrentado estos espacios el paso del tiempo y las nuevas tecnologías?
Las bibliotecas y quienes trabajan en ellas han debido evolucionar conforme a los tiempos. Antaño se concebían como espacios en que se custodiaba el saber y el conocimiento de la humanidad, de acceso privilegiado a unos pocos; ahora apreciamos la existencia de bibliotecas híbridas donde conviven el libro y las tecnologías de la información. Eso ha implicado hacer un cambio de paradigma, en donde se deben incorporar los diversos tipos de lecturas que hacemos en la actualidad: leemos no sólo libros, diario o revistas en papel sino que también información contenida en diversos soportes que posibilitan las lecturas digitales. Las bibliotecas se modernizan en la medida que nosotros cambiamos nuestra mirada de ellas y las concebimos ya no como ente facilitador de libros, si no como espacios dinámicos, atractivos, multiculturales, donde todo puede pasar.

– ¿De qué forma se han transformado en lugares de encuentro social comunitario?
Ha sucedido cuando se decide incorporar la participación de las personas que integran la comunidad en las que se insertan las bibliotecas con todo lo que ello implica: conocerlas, saber su opinión, sus sueños, sus esperanzas. Cuando ello sucede permitimos que cada habitante se sienta integrado, reconocido, considerado, lo que posibilita que se desarrolle en ellos un sentido de pertenencia e identidad con su biblioteca.

Destaco lo que sucede en nuestra región que apunta a esa mirada: los servicios de los Clubes de Lectura (que es un programa consolidado en el territorio) donde prácticamente todas las bibliotecas públicas cuentan con uno o más de estos grupos. En la misma línea, el programa Memorias del Siglo XX, es un ejemplo de cómo la comunidad se reúne a compartir recuerdos y añoranzas a partir de un pasado común, que convoca fuertemente. Somos una de las cinco regiones del país en la que está presente el programa y es la que más actividades desarrolla en el año y vemos allí que son las bibliotecas públicas las encargadas de poner en valor el patrimonio e historia local de sus comunidades.

LA REALIDAD LOCAL

Para Lucía Abello, Los Ríos es un territorio privilegiado en materia de arte y cultura, contexto que además favorece la relación de la comunidad con sus bibliotecas.

“Siento que hay una relación estrecha, sin embargo debemos tener un trabajo permanente con las autoridades comunales para que nunca se pierda de vista que las bibliotecas no deben considerarse un gasto, sino que más bien una inversión. Por ser una región más pequeña, estamos bien encaminados en ese sentido, en comparación a territorios mucho más grandes”.

Lo mismo aplica en relación a la generación de vínculos con la comunidad creativa regional. Así por ejemplo se espera seguir trabajando en ideas como el programa Bibliotecas son Más que Libros, donde artistas tuvieron a las bibliotecas como espacios para exhibir sus obras, realizando además talleres sobre sus respectivas ocupaciones.

– ¿Es posible que propuestas de ese tipo tengan continuidad?
Personalmente creo que las bibliotecas efectivamente deben ser lugares no tan solo para los libros. En ese sentido tenemos el compromiso de conocer a nuestros artistas, saber lo que hacen y así encausar un trabajo conjunto que dinamice los espacios. Además, es una buena forma de integrar nuestros entornos con miradas que son de otras partes.

– ¿Qué otras ventajas comparativas le ofrece la región a las bibliotecas públicas?
En Los Ríos hay una gran riqueza natural y social. En las universidades y sus académicos también vemos aliados importantes. En general siento que el ánimo de colaboración es mucho más cercano.

– ¿Cuáles son sus desafíos en la institución?
Trabajar en conjunto con las Bibliotecas de la región en la visibilización de sus respectivos trabajos desde la mirada que nos entregan los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 que lidera la ONU y de la que Chile es parte integrante; y también lo que promueve la Federación Internacional de Asociaciones Bibliotecarias, el ente rector de las Bibliotecas a nivel mundial, ha trabajado y adoptado considerando que las bibliotecas aportan al desarrollo ambiental, económico y social de sus comunidades y donde nadie se puede ni debe quedar atrás. Asimismo, queremos colocarnos a disposición de los entes regionales, entre ellos, la Mesa de Lectura de la Seremi de Las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que es la que está trabajando en la implementación del Plan Regional de Lectura.

Otro desafío es seguir fortaleciendo el trabajo bibliotecario que dice relación con el fomento lector. En 2019 se superó la meta del año anterior, lo que se traduce en 65.554 préstamos de material bibliográfico a nivel regional y donde las lectoras mujeres corresponden al 66.1%, según datos enviados por la Coordinación de Estudios del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas.

Nueva institucionalidad

El Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas, con sus respectivas coordinaciones regionales, depende del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural. Esta institucionalidad fue creada con el nacimiento del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. De esta manera se optó por descentralizar los servicios orientando la gestión hacia las características propias de cada territorio.

Amante de los libros y de las plantas

Como usuaria de bibliotecas públicas, Lucía Abello reconoce una práctica poco habitual. “Para los libros de lectura rápida como las novelas, prefiero pedirlos en préstamo en las bibliotecas públicas. Ahora sucede que si empiezo a leer una saga cuyos libros no están todos en la biblioteca, termino comprando los faltantes, los leo y los regalo a la misma biblioteca, que es lo que me pasaba en mi anterior trabajo. Ser usuaria de ellas me permite, por un lado, ahorrar y acceder a una mayor diversidad de títulos y conocer qué está ofreciendo el mercado editorial”, dice.

La botánica es otro de sus pasatiempos. Se define como aficionada, no obstante ha participado y expuesto en congresos de la Sociedad de Botánica de Chile y es coautora de los libros “Plantas trepadoras, epífitas y parásitas nativas de Chile. Guía de Campo”, “Joyas de Doñihue y la Reserva Nacional Roblería del Cobre de Loncha” y “Plantas silvestres comestibles y medicinales de Chile y otras partes del mundo”.

Raimund Herder: “El mercado hispanoamericano no existe”

Desafíos de la industria editorial

Raimund Herder: “El mercado hispanoamericano no existe”

Juan Rodríguez M., Cultura El Mercurio, sábado 9 de marzo de 2019.

De visita en Chile, el dueño del sello que lleva su apellido habla de la convivencia del papel y el formato digital: “El futuro está en los dos”.

La editorial Herder comenzó en Alemania, en 1798, fundada por Bartolomeo Herder, en el contexto de la Ilustración, y apenas nueve años después de la Revolución francesa. A mediados del siglo XIX, en medio de las tensiones entre católicos y protestantes, la empresa se convirtió en una plataforma para difundir la teología católica. Como esta se publicaba en latín, sus libros sobrepasaron las fronteras alemanas y llegaron incluso a Chile.

Aprovechando esos canales de distribución, la editorial comenzó a publicar en castellano en 1887 y ya en 1911 contaba con entre 250 y 300 títulos en dicho idioma. Pero la Segunda Guerra Mundial interrumpió los lazos. Y entonces, en 1943, Herder se instaló en Barcelona (sin abandonar Alemania).

La historia la cuenta Raimund Herder, el trastataranieto de Bartolomeo. Católico, nacido hace 55 años en Friburgo, Alemania, Raimund es dueño y editor de Herder en España. Vive hace dos décadas en Barcelona y por estos días visita Sudamérica: Argentina, Chile y Colombia.

Facilitar la importación

Lo de Herder son las humanidades, desde la filosofía a la teología, pasando por psicología, ética, religión y espiritualidad, biografías de personajes clásicos y textos académicos. A su catálogo pertenece el exitoso filósofo surcoreano-alemán Byung-Chu Han, o el fallecido psicólogo alemán Victor Frankl, cuyo libro “El hombre en busca de sentido” siempre está entre los más vendidos de la editorial. “Lo tenemos hace 40 años”, cuenta Raimund Herder en una de las oficinas de Liberalia, la distribuidora de Herder en nuestro país. La editorial también tiene obras de Arendt, Badiou, Butler, Eliade, Heidegger, Nussbaum, Vattimo y Zizek, solo por nombrar a algunos filósofos.

A su labor tradicional, la editorial ha sumado vías alternativas para atraer lectores. En el sello “la otra h” traducen mangas (cómic japonés) con versiones de clásicos de la literatura y el pensamiento, como Lao-Tsé, Descartes, Rousseau, Kant, Goethe, Darwin, Dostoievski, Nietzsche, Milton y Freud, entre otros. También crearon el portal Filosofía & co. (www.filco.es), un foro dedicado a la filosofía, con material gratuito y otro para suscriptores (?9,99 euros al año, unos $7.500), y que no se limita a los autores y títulos de la editorial, y funciona con su propio equipo. “Ya tenemos alrededor de 300 mil lectores cada mes, y el 80% son latinoamericanos”, cuenta Raimund Herder.

-Se suele hablar de un mercado editorial hispanoamericano, pero también se repiten las quejas porque los autores y libros no llegan igual a todos los países.

“Es complicado, para mí el mercado latinoamericano o hispanoamericano no existe, es un mito. Existen mercados nacionales -el chileno, el argentino, el ecuatoriano, el mexicano, el peruano o el que quieras- pero no un mercado hispanoamericano”.

-¿Qué hacer?

“Los bestseller se hacen en ediciones locales, pero con el libro de ensayo, que en todo el mundo si llega a vender dos mil ejemplares ya es mucho, no se puede hacer lo mismo. Por eso hay que facilitar la importación, pero eso es un reto político. Por ejemplo, me parece tremendo que en Chile se aplique un IVA de 19% al libro; son muy pocos los países que lo hacen, o hay un IVA reducido, como en España, o directamente no hay, como en México o en Argentina. No se puede contar con que el sector editorial chileno cubra todo, y entonces, para fomentar la cultura, la lectura, el pensamiento, creo que el Estado, dentro de su trabajo en educación, debería facilitar la importación y venta de libros”.

Nativos digitales

Raimund Herder no cree que la revolución digital amenace al libro.

-¿Cómo hacer llegar los libros a los nativos digitales?

“Para llegar a los nativos digitales hay que hacer libros digitales. El libro se puede difundir también en formato electrónico, y nosotros lo hacemos, sistemáticamente publicamos todas las novedades en formato papel y digital a la vez. Yo creo que el futuro está en los dos. El libro electrónico es un producto que corresponde al modo de vivir de hoy, pero no va a sustituir al libro en papel”.

-Es algo que se agregó.

“Exacto, es algo diferente. El libro en papel es perfecto, yo siempre digo que es perfecto como la rueda. La rueda no se puede mejorar, el libro no se puede mejorar. Pero que la rueda sea perfecta no significa que no haya otras formas de trasportar a las personas o los productos de un lado a otro”.

“He llorado muchas veces aquí con historias de la gente”

Joan Usano, dueño de Takk:

“He llorado muchas veces aquí con historias de la gente”

El catalán explica las claves de su oficio, dice que su librería es como una sitcom y asegura que le importan un carajo las metas a largo plazo.

Lunes 11 de febrero de 2019, Por Daniel Rozas, Conversación La Segunda

Joan Usano (49, Olot, Cataluña) es un personaje ineludible del paisaje urbano del Drugstore.

Catalán irónico, malo para sobar lomos ajenos, pero sentimental y bromista en el trato personal, su presencia hierática disuade a los brutos sin paciencia que intentan profanar la paz civilizada de su librería.

El ritmo impasible del dueño de la Takk ha hecho que el público sea selecto y refinado; siendo imposible ver personas entrando a su local hablando por celular o de plata ni muchos menos sorbeteando un helado.

Hijo de trabajadores semianalfabetos, cuenta que sus padres le enseñaron la importancia del rigor profesional.

Refugio para solitarios y enclave social para escritores como Germán Marín, Diego Maquieira, Gonzalo Contreras o Rafael Gumucio, la Takk, más que una librería, es un lugar de encuentro que siempre está abierto y que goza de una clientela fiel: parroquianos que van 3 o 4 veces a la semana y que muchas veces solo quieren conversar con el dueño.

Su éxito, dice Joan, ha sido seguir siendo fiel a sus gustos, rechazando la oferta de las librerías de retail.

—¿En qué se diferencia un librero, como oficio, a un vendedor de libros?
—Es lo mismo. Lo que pasa es que los seres humanos siempre inventan categorías. Pero supongo que tu pregunta es tramposa y presupone que el librero es más romántico que el vendedor de libros. No sé. Al fin y al cabo es un negocio: no puedes vender por debajo de un costo, pero tampoco puedes renunciar a tener un fondo permanente de libros clásicos. Tiempo atrás me decían que la Takk era una librería boutique y yo me ofendía.

—¿Qué entiendes por fondo?
—Que la librería tenga una base de libros clásicos de la literatura universal: long sellers . Libros que siempre se venden.

—¿Cuántos ejemplares tienes en tu librería?
—Cerca de 22 mil títulos. Nunca lo he calculado, pero al ojo vendría a ser eso. Yo tengo mucho libro único, es decir, cuento con un solo ejemplar.

—¿Por qué?
—Porque son libros que se van a mover una vez al año. No puedes tener más porque te sobrestockeas y no hay espacio para guardar.

—¿Por qué tienes clientes fieles, que entran a la librería para conversar?
—Aquí se habla de cualquier cosa. Se cambia el mundo, se critica, se analiza; es muy divertido. La gente me dice que la librería es como una sitcom . Pasan cosas raras.

“Cuando viene un extraño saltan las alarmas”

Joan Usano conoce a todos los personajes del barrio después de casi 20 años trabajando en el sector. “Son inofensivos. Pero cuando viene un extraño, saltan todas las alarmas”, afirma, luego de que un personaje rarísimo, cargando un cuchillo, entre al segundo piso preguntando por un libro sobre plantas. Operado de los nervios, Joan lo escolta hacia la salida y le pide que se retire porque está cerrando.

—¿Cómo surgió tu interés por la lectura?
—Yo soy de familia obrera. En la casa de mis padres no había libros. En España, en los 70, había muchos vendedores de enciclopedias y los papás de las clases trabajadoras las compraban para que los hijos hicieran bien las tareas. Y yo, como soy curioso, me fui nutriendo y empecé a leer a partir de ahí.

—Tus padres no leían. ¿Crees que eso te otorgó cierta libertad lectora?
—Nunca fui guiado por nadie. Yo me he hecho a mí mismo con mis gustos. La curiosidad me ha llevado de un lado a otro. Cada lectura te lleva a otra y al final ya sabes qué es bueno y qué es malo. La biblioteca de Olot, en Cataluña, era un lugar introspectivo, donde paseaba, leía el diario y los libros; era un lugar para estar. Siempre pensé que me gustaría trabajar en una biblioteca o en una librería.

—¿Y cómo pasaste a ser dueño de la Takk?
—La persona que era la dueña de la Takk antes que yo, una chilena-italiana, me hizo el traspaso en 2006 porque ella se devolvía a Italia. Me dijo que quería contar con alguien que le permitiera recuperar la inversión y que le garantizara que la librería no iba a desaparecer. Y ella creía que la única persona capaz era yo.

Joan dice que, por aquel entonces, no tenía dinero, había renunciado, terminó la relación con su polola —la que lo trajo a Chile en 1999— y que la opción del negocio de la Takk surgió como “una conjunción de las estrellas. Fue como, oye huevón, tienes que meterte ahí, aunque no tengas respaldo. Y todo funcionó bien. La gente me conocía desde la Altamira, así que tenía un prestigio. Aunque como no tenía dinero, me daba susto porque tenía muchas obligaciones”.

—¿Y cuál fue la solución?
—Trabajar 4 meses seguidos sin ningún día festivo, doce horas diarias.

—¿Hay gente que aún paga los libros con tres cheques?
—Yo a la gente que conozco le doy facilidades. Pero algún día ese público desaparecerá. De hecho, ya se están muriendo clientes. Es una pena. Viene un recambio porque la juventud tiene otra parada ante el comercio.

—¿En qué sentido?
—Los jóvenes no están preparados para la serendipia; encontrarse con algo que nunca habían pensando que existía. La gente de mi edad es de ir a un lugar aunque no tengan idea de lo que se quieran llevar. Ahora no. La gente joven viene directo a buscar algo. Cada vez hay menos curiosidad. La juventud explora por internet.

—Ahora se encuentra todo en la red.
—Hoy la información la buscas sentado en tu escritorio. Antes tenías que mover el culo. Eso ha desaparecido. Y es normal, pero tiene algo malo. La curiosidad te hace percibir el saber de forma distinta. Afortunadamente para mi negocio, el libro electrónico no ha funcionado porque le falta corporeidad. En cambio el libro tiene esta facultad mágica de lo corpóreo. Lo terminaste, lo dejaste ahí, y de vez en cuando el mismo libro te recuerda que lo leíste.

—Después de 20 años ya eres parte del inventario del Drugstore.
—El Sebastián (la heladería), que es mi vecino, puede funcionar sin mí, pero estoy seguro que prefieren que yo esté porque la Takk le da algo distinto a su café. De hecho, no es casualidad que donde hay más escritores es ahí. Yo los conozco a todos. La librería es un referente para ellos. Acá viene mucha gente del rubro de la cultura. Entran famosos cada dos por tres.

“Chile es un país de poetas”

—¿Cuál es el perfil del público de la Takk?
—No me preocupa. Trato a todo el mundo por igual. Pero viene mucho profesional. Abogados, médicos, gente de la universidad.

—¿Qué busca el hombre y qué busca la mujer en tu librería?
—El hombre compra ensayo y la mujer ficción. La mujer es más de novela. Y la novela ha bajado; yo lo atribuyo a Netflix. La novela ha sido sustituida por las series de televisión. Como las maratones son largas y leer es una actividad que requiere tiempo; las series le sacaron horas a la lectura.

—¿Quiénes compran poesía?
—Más hombres que mujeres. Y sobre todo jóvenes. Yo tengo una sección muy grande, no sé si es la más completa de Chile, pero todo el mundo me dice que es la mejor. A mí una de las cosas que me parece notable de Chile es que todo el mundo conoce a los poetas vivos chilenos. Y yo tengo la sensación que todo el mundo sabe quién es Raúl Zurita y que incluso el lustrabotas sabe quién es Nicanor Parra. En cambio, tú vas a España y le preguntas a la gente que te diga quiénes son los poetas vivos y no saben. Todo chileno medianamente culto te sabe decir dos o tres poetas vivos. Y de la segunda mitad del siglo XX te pueden nombrar a Teillier, Lihn, De Rokha, Neruda, Mistral, Huidobro.

—¿A qué atribuyes este fenómeno?
—Que es un país de poetas. Pero yo no soy lector de poesía. La poesía es lo más difícil del mundo pero cuando te encuentras con un gran poeta como Kavafis a él si lo leo. Cualquier lector puede entenderlo porque es profundo y siempre hay un poema que te toca.

—¿Tienes una buena calidad de vida?
—Disfruto de mi rutina. Y este lugar es muy plácido y puedes encontrar gente interesante para conversar. Me confiesan cosas; he llorado muchas veces aquí con historias de la gente o de uno mismo. Cuando se murió mi padre (se le quiebra la voz)… sabes, es catártico. La gente olvida que siempre puede haber un desconocido que te puede ayudar en tu vida con una palabra cuando menos te lo esperas. Este negocio nunca lo he planificado porque me importan un carajo los objetivos.

—Con la irrupción de librerías por internet, ¿crees que vas a seguir con el negocio mucho tiempo?
—Yo sé que va a seguir un año más. Después, no tengo idea. Al principio, cuando me empezó a ir bien, había gente que se me aproximaba para hacer negocios, para abrir otras sucursales y yo les dije que ni cagando. Yo quiero disfrutar de la vida. Trabajo muchas horas, pero soy mi propio jefe.

—¿Te agotas?
—Cansa porque estás envuelto en una rutina. Pero la única meta es que este negocio sobreviva y que siga adelante. Hacerme rico no me interesa. Yo estoy acá 60 horas a la semana. No vivo para trabajar pero soy trabajólico.

—Te educaron así.
—Me inculcaron el rigor. Para mí es un insulto que me pongan un premio por hacer bien las cosas. Y creo que en Chile se pasa a llevar a la gente. La insultan cotidianamente poniéndoles bonos. Lo encuentro patético.

“Las bibliotecas protegen nuestros recuerdos e historias”

Susan Orlean
Escritora norteamericana:

“Las bibliotecas protegen nuestros recuerdos e historias”

La autora de El ladrón de orquídeas habla de su libro La biblioteca en llamas. En él relata el incendio de la Biblioteca Pública de Los Ángeles en 1986 y rinde homenaje a la lectura.

Domingo 13 de enero de 2019, Antonio Díaz Oliva, Cultura & Espectáculos La Tercera

Harry Peak era uno de los tantos aspirantes a actores que circulaban por Los Ángeles. No había nacido muy lejos de ahí: su familia vivía a menos de dos horas de Hollywood. Pero luego de fracasar en castings, y de sobrevivir gracias a todo tipo de trabajos, Peak finalmente lo consiguió. La mañana del 29 de abril de 1986 apareció en la televisión. Aquel día fue entrevistado al encontrarse en la Biblioteca Pública de Los Ángeles durante el fuego que duró por más de siete horas. Sería el peor incendio en una biblioteca estadounidense. Uno que quemó 400.000 libros y dañó cientos de miles más.

Aunque claro: al parecer Harry Peak fue uno de esos testigos que vio todo demasiado cerca. Y que más tarde, cuando la policía lo visitó, no le quedó otra que cambiar su relato de lo sucedido. Lo que eventualmente lo convirtió en el principal sospechoso. Y en una figura pública.

El incendio de la Biblioteca Pública de Los Ángeles es el tema del nuevo libro de la periodista Susan Orlean: La biblioteca en llamas. Nacida en 1955, Orlean es autora de siete libros de no-ficción. Ahí está Saturday Night (sin traducción al español, 1990), donde presenta una historia oral de lo que distinta gente hace un sábado por la noche. O El ladrón de orquídeas (Anagrama, 2001), donde le sigue los pasos al horticultor John Laroche, obsesionado con la orquídea perfecta, una historia que Spike Jonze adaptó a la pantalla grande en 2002, con Nicolas Cage y la misma Meryl Streep actuando de Susan Orlean. A todo eso hay que sumarle su carrera como periodista para el New Yorker. Y si bien por mucho tiempo vivió en Manhattan, desde 2011 escribe desde la otra costa del país: Los Ángeles.

“No estaba buscando escribir otro libro. Pero entonces escuché la historia del incendio y comencé a pensar en las bibliotecas y qué tipo de lugares representan en nuestra sociedad; y bueno, cambié de planes”, cuenta la autora.

La biblioteca en llamas es un libro interesante no solo por el relato de cómo el sistema de bibliotecas públicas de Los Ángeles tuvo que reestructurarse. También porque se puede leer como un estudio de California y Los Ángeles, y de la relación entre el género femenino y bibliotecas. Y asimismo porque presenta una historia personal: la de Orlean, quien creció yendo a bibliotecas con su madre, se convirtió en escritora y por eso mismo, asegura, en un momento decide quemar un libro. “Para sentir lo mismo que Harry Peak”, asegura. Y acto seguido incendia las hojas de una novela perfecta para la ocasión: Fahrenheit 451 de Ray Bradbury.

“Hay cierto placer en hacer algo realmente tabú. Bueno, tal vez no es placer la palabra. Digo, al hacerlo me sentí llena de adrenalina”, cuenta al teléfono mientras maneja por Laurel Canyon, a lo largo de una entrevista que incluirá variados bocinazos en medio de un taco (“lo siento, esto es vergonzosamente Los Ángeles”), así como el sonido de la policía y los bomberos de California, quienes este año han tenido más trabajo que nunca . “El fuego es una cualidad distintiva de esta ciudad. Pensamos en este como un elemento natural de acá. Imagínate que Los Ángeles tiene una temporada de incendios. Y si bien en el caso de la biblioteca obviamente el incendio no era natural, de una u otra forma también lo era. El fuego es muy propio de esta ciudad”.

–“Las bibliotecas públicas en los Estados Unidos superan en número a los McDonald’s”, escribe. El dato me sorprendió…

-Parte de ese fenómeno es que las bibliotecas son sutiles. Están en los barrios. No las ves. Y los McDonald’s son muy fáciles de ver. Hay muchas ciudades pequeñas que no tienen una librería, pero sí una biblioteca pública. En Los Ángeles, por ejemplo, hay 72 bibliotecas en la ciudad y no creo que existan 72 librerías independientes o grandes.

–En EEUU las bibliotecas también son un refugio para los vagabundos. ¿Desde cuándo ocurre esto?

-Creo que esa falta de vivienda explotó durante la era de Reagan, a partir de la mitad de los 80. Y lo digo sin ningún dato científico. Pero mi experiencia personal es que comenzó entonces. Había tan pocos lugares para que las personas sin hogar pasaran tiempo durante el día, que las bibliotecas se convirtieron en una buena opción. Piénsalo, en un centro comercial te van a echar. Además, las bibliotecas son abiertas y acogedoras, y unos de los pocos lugares donde no hay que gastar dinero. Eso las hace únicas en el panorama estadounidense.

–¿Siempre fue parte de su plan explorar la relación entre género y bibliotecas? Algunos de los mejores personajes de su libro son mujeres, como Mary Jones, la primera graduada de bibliotecología en la Biblioteca de Los Ángeles.

-No, la verdad es que no esperaba escribir mucho sobre género. Y fue realmente interesante que de repente esto se volviera un elemento indispensable de mi libro. No sabía nada de Mary Jones, tampoco que la mayoría de los bibliotecarios, hace 100 años, eran hombres. Durante mi infancia y adolescencia la mayoría de los bibliotecarios eran mujeres. Aunque ahora más y más hombres estudian bibliotecología.

–Harry Peak bien podría aparecer en una película de los Coen, ¿no le parece?

-Totalmente. Para mí era una especie de arquetipo de California, de Los Ángeles y de Hollywood. Es el tipo de soñador que quiere una vida de celebridad para sí mismo. Harry realmente era… no sé, encarnaba a la perfección cierto prototipo de esta ciudad.

–Usted escribe que las bibliotecas luchan contra el tiempo.

-Y lo hacen con éxito. Aunque son vulnerables. Una biblioteca puede quemarse y perderlo todo. Completamente todo. Pero hasta el momento las bibliotecas son la mejor forma de combatir el paso del tiempo. Protegen nuestros recuerdos, la memoria y las historias.

FICHA

LA BIBLIOTECA EN LLAMAS

SUSAN ORLEAN

ED. Temas de Hoy

352 pp.