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Las buenas cifras de las bibliotecas públicas en Chile

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Cultura El Mercurio, Domingo 16 de julio de 2017.

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Las buenas cifras de las bibliotecas públicas en Chile

Romina de la Sotta Donoso

Gonzalo Oyarzún , la máxima autoridad del ámbito en el país, comenta el explosivo aumento de usuarios digitales y el perfeccionamiento del proceso de compra de libros. También revela nuevos planes con Gendarmería.

El gran salto se dio el año pasado. La Biblioteca Pública Digital (BPD) pasó de 13.300 préstamos anuales a 113.575. Explosivo aumento que se explica principalmente por dos factores, según Gonzalo Oyarzún, encargado del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas y subdirector de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam).

“El año pasado implementamos una aplicación que facilitó el acceso; me permite pedir el libro en la computadora, leerlo en mi tablet y retomarlo en la misma página en mi teléfono mientras me traslado. Lo otro fue la enorme llegada de libros digitales en español”, aclara. “Las estadísticas muestran que ya superamos los 70 mil préstamos entre enero y junio. Este crecimiento es consistente y parece no tener marcha atrás; la BPD es la tercera biblioteca pública que más presta en Chile. Además, el número de reservas es altísimo, en el primer semestre hubo 31.693”.

-¿Cómo se comporta la lectoría en la Biblioteca Pública Digital?

“Es muy parecida a la de las bibliotecas públicas. Tenemos una alta concentración de préstamos en un grupo de 10 a 20 títulos, pero eso equivale a menos del 10% del total, y el libro más leído está cerca del 0,4% de los préstamos”.

-¿Han disminuido los lectores en bibliotecas por la BPD?

“No. Las dos bibliotecas que más libros prestan son la Biblioteca de Santiago y Bibliometro. Además, en los últimos años el préstamo de libros ha aumentado sistemáticamente en las bibliotecas públicas. En 2010 eran poco más de un millón 100 mil, y el año pasado fueron casi 2 millones”.

Proceso de compra

El sistema que dirige Oyarzún es responsable, entre otras cosas, de la adquisición de libros para las más de 450 bibliotecas públicas que hay desde Visviri a Puerto Williams.

En 2013 hubo polémica porque se compró, entre otros, dos biografías de Camiroaga y superventas de Pilar Sordo, Isabel Allende, Hernán Rivera Letelier y Pablo Simonetti. Fueron elegidos por 250 bibliotecarios.

“Los libros que generaron la polémica y que fueron los más pedidos, eran dos sobre 12 mil. Fueron 350 ejemplares sobre 45 mil. Me parece muy bien que haya gente que esté muy atenta a cómo estamos comprando, pero en la última década nos hemos dedicado a profundizar el proceso democrático y participativo de adquisición de libros. Siempre se dice que vamos a regionalizar o a dar libertad, pero después hay nerviosismo cuando todos quieren leer el libro de Baradit o ‘Relatos de una mujer borracha’. Asumamos las consecuencias de la libertad”.

-¿Se perfeccionó el sistema?

“Hemos entregado sobre el 50% de la selección de los libros a las regiones, donde se generan modelos participativos. Y entre el 20% y el 30% son seleccionados por los bibliotecarios de todo el país en la Feria del Libro. Hemos trabajado tres años para perfeccionar este proceso, que ahora también cuenta con un comité de recomendaciones, integrado por periodistas, académicos, bibliotecarios y gente de regiones”.

Tras una primera lista de 700 títulos, el comité discute y elabora una lista corta de 200, que distribuyen en el país. “Más del 90% de las comunas de Chile no cuenta con una librería donde hojear un volumen, así que esta lista es una buena guía antes de que los bibliotecarios vengan a la Feria del Libro”.

-¿Cómo responde a las críticas de que en las bibliotecas haya libros de cocina o de autoayuda?

“Tenemos una mentalidad súper conservadora, de que las bibliotecas solo son para prestar libros. Pero hoy día no tiene ningún sentido una biblioteca pública como conservadora de una cultura y un patrimonio al cual solo algunos pueden acceder. Lo principal en una biblioteca no son sus libros ni la infraestructura, sino la comunidad a la que sirve, y trabajamos pensando en el habitante real del territorio”.

Así, por ejemplo, BiblioRedes capacita cada año a más de 50 mil personas en ámbitos como la programación: “Más del 65% de las capacitaciones de las distintas agendas digitales se hacen a través de este programa”.

Otro proyecto estrella lo tienen con Gendarmería. Están instalando laboratorios y bibliotecas en todos los recintos penitenciarios con más de 50 internos. El 37,6% de los internos del país ya tiene acceso al servicio y han pedido 16 mil libros. “También hay actividades de fomento lector, con los gendarmes y las familias, y se capacitan en alfabetización digital. Todo esto genera un ambiente propicio para la reinserción laboral, social y familiar. Y se puede ir más allá; en Francia, por ejemplo, se aprobó una ley de que por cada libro leído tú tienes un día menos de reclusión. Y han detectado que del grupo que participa en ese programa solo un 10% reincide, frente al 60% del resto. Claramente, ahí hay una oportunidad”, cierra Oyarzún.

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La gráfica y la ilustración se incorporan a la Biblioteca Nacional

Artes y Letras El Mercurio, Domingo 5 de marzo de 2017

Por Maureen Lennon Zaninovic

Patrimonio | Las directrices que tendrá esta nueva área visual:

El periodista e investigador Claudio Aguilera, tiene a su cargo una nueva sección de este icónico edificio santiaguino que acogerá valiosos originales de creadores nacionales, como Coré, Themo Lobos, Pepo, Eduardo Armstrong, Renzo Pecchenino (Lukas) y Jaime Escudero, entre otros. “Lo que podamos rescatar del pasado, enhorabuena. Por eso estamos apelando a recibir donaciones de importantes colecciones históricas”, señala Pedro Pablo Zegers, director de la Biblioteca Nacional.

El mundo de la ilustración y la gráfica chilena está viviendo días de auge. El surgimiento -en la última década- de festivales temáticos, galerías especializadas como Plop!, premiados historietistas como Gabriel Rodríguez y dibujantes como Francisco Javier Olea, Alberto Montt, Paloma Valdivia y Catalina Bu -entre otros-, y recientemente el éxito de ventas del libro “Historia de un oso”, revelan que este universo visual cuenta con entusiastas seguidores.

Pero más allá de este boom , la ilustración es un arte con larga data en nuestro país y con un importante arraigo en el imaginario de los chilenos, gracias al legado de inolvidables dibujantes como Coré, Themo Lobos, Pepo, Eduardo Armstrong, Elena Poirier, Renzo Pecchenino (Lukas), Jimmy Scott, Hervi, los hermanos Vicente y Antonio Larrea, entre otros.

En 1886, Luis Montt y Montt, director de la Biblioteca Nacional, ya vislumbraba la importancia de darle un resguardo a la creación de los artistas locales y estableció el gabinete de estampas, retratos y grabados. En esa misma línea, en 1932, la Biblioteca Nacional abrió su Sala de Estampas para acopiar “grabados, cromos, aguafuertes, litografías, y láminas de interés cultural o relacionados con las artes gráficas”. Desde hace más de un siglo, este recinto ha ido salvaguardando un importante patrimonio y en reconocimiento a esta labor en 2015 fue declarada Monumento Nacional la colección de historietas de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional, la que cuenta con alrededor de 238 títulos editados en el país, que cubren desde 1906 al 2006.

“Se merecía una sección propia”

“Lo que estamos proponiendo no es algo nuevo. Hacia fines de los 60, Roque Esteban Scarpa, quien estuvo a cargo de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam), intentó darle un nuevo impulso a esta área de láminas y estampas incorporándola a la Mapoteca. De alguna manera tenía sentido sumarla a una colección cartográfica, pero nosotros consideramos que se merecía una sección propia. La Dibam y su actual director, Ángel Cabeza, se hicieron eco de nuestra petición y conseguimos el apoyo para así dar forma a un módulo independiente. Las más importantes bibliotecas públicas del mundo, como la de España, cuentan con un espacio dedicado a las láminas y estampas, y nosotros decidimos mantener esa nomenclatura genérica propia del siglo XIX, para reforzar la idea de un material que tiene que ver con el recuerdo, con un valor de época”, señala a “Artes y Letras” Pedro Pablo Zegers, director de la Biblioteca Nacional. Añade que durante meses se trabajó en darle un ordenamiento jurídico y en las próximas semanas estará habilitada una sala exclusiva para esta sección, contigua a la Mapoteca, “y esperamos que sea de gran utilidad para los investigadores y seguidores de este arte, que cada vez son más numerosos”, comenta Zegers.

El periodista Claudio Aguilera, reconocido investigador, socio fundador de la Galería Plop! y autor, entre otros volúmenes, de “Antología visual del libro ilustrado en Chile” (Quilombo Ediciones), responsable del prólogo de la reedición de “Perejil Piedra” de Coré, asumió el 1 de marzo la dirección de esta Unidad de Láminas y Estampas. El profesional, además, se desempeñó hasta 2011 como jefe de extensión cultural de la Biblioteca Nacional. “Esta es como mi casa y siento que es un muy bonito desafío regresar a este edificio en un área nueva y que me resulta bien cercana”, señala Claudio Aguilera, y agrega que “justamente me he dedicado el último tiempo al estudio de la historieta y la ilustración chilena. He publicado libros y he dictado clases y talleres sobre el tema. Me parece muy importante recordarles a las nuevas generaciones de ilustradores e historietistas que existe una historia y que estamos poniendo a su disposición una serie de materiales físicos que facilitarán el estudio. Estamos en un momento de creación, de investigación y de publicación muy importante. Hay mucho interés en la historieta, en la gráfica, en los afiches y en los panfletos. En las últimas décadas se han editado publicaciones muy valiosas a cargo de especialistas como Jorge Montealegre y Pedro Álvarez, lo que demuestra la creciente atracción que genera este campo”.

Pedro Pablo Zegers añade que existen secciones como la Hemeroteca de la biblioteca que cuentan con un material gráfico relevante, “pero la idea no es desvestir un santo para vestir otro. No vamos a desagregar colecciones de nuestra biblioteca para sumarlas a esta. El Museo Histórico Nacional, que pertenece a la Dibam, también adquirió parte importante del archivo del desaparecido Museo de la Historieta. La idea no es competir, sino complementarnos con otras unidades, generar conexiones y darles un espacio destacado a los originales de los artistas”.

Aguilera complementa que, además de las copias impresas, esta sección pondrá el énfasis en “el original de un afiche, en ese primer boceto o primer dibujo de un creador. Lamentablemente, en el último siglo se perdieron miles de originales de Coré, de Elena Poirier, de grandes ilustradores e historietistas, porque se los consideraba de poca estimación. Parte de la misión de la biblioteca es rescatar todas esas obras originales para entender todo un proceso que, finalmente, lleva a un ejemplar impreso. También, y ese es otro desafío, esperamos sumar a nuestra colección el trabajo de artistas chilenos contemporáneos”.

El director de la Biblioteca Nacional advierte que esta sección “se abre en un momento crucial de la historieta, la ilustración, el diseño y la gráfica chilena. Se abre en un momento en que estábamos a punto de perderlo todo. Hemos perdido mucho tiempo de acopio, pero aún podemos resguardar aquello que se nos fue. Lo que podamos rescatar del pasado, enhorabuena. Por eso estamos apelando a donaciones privadas de importantes colecciones históricas. Hacemos un llamado, queremos sensibilizar a los artistas y sus familiares, en el caso de que los creadores ya estén fallecidos, para que se animen a donar. La Dibam cuenta con un fondo de adquisición; siempre los recursos son escasos, pero -a pesar de los fondos limitados- hemos hecho esfuerzos no menores para incorporar colecciones gráficas completas a la biblioteca”.

Mantener una época de oro

Claudio Aguilera explica que “a nuestros grandes creadores hay que aglutinarnos en un solo lugar y afortunadamente hay varios artistas vivos, como los hermanos Vicente y Antonio Larrea -considerados icónicos creadores de afiches-, a los que queremos darle la seguridad de que su material quedará resguardado en una institución del Estado y en muy buenas manos, como parte de un acervo que puede ser revisado y estudiado. Dentro de nuestros objetivos como sección está poder difundir todo ese acopio a través de distintos libros y exposiciones. Todas esas obras que parecen dispersas conforman un núcleo en torno al patrimonio gráfico chileno, nos hablan de la memoria visual. Todas estas historietas, ilustraciones, etiquetas, afiches y panfletos, que incluso un día estuvieron botados en la calle, nos hablan de nuestro país, de una memoria que al investigarla nos permite revelar contextos diversos. Cada una de estas obras nos habla de los distintos momentos de la historia de Chile”.

El director de esta nueva unidad puntualiza que, junto con habilitar el espacio físico, “hay que iniciar el proceso de catalogación y digitalización de cada una de las piezas. Es un trabajo enorme y desafiante”, y remata que entre los años 30 y los 50 del siglo pasado “vivimos una edad de oro de la gráfica chilena, gracias al aporte de la Editorial Zig-Zag, con una producción muy variada tanto en libros como en revistas. Hoy también estamos viviendo un período efervescente y es probable que, gracias a las políticas que están llevando adelante el Estado y particulares, para la conservación, investigación y promoción de este material, este buen momento perdure en el tiempo”.

“Esta sección se abre en un momento crucial de la historieta, la ilustración, el diseño y la gráfica chilena”.

PEDRO PABLO ZEGERS,
DIRECTOR DE LA BIBLIOTECA NACIONAL

Dentro de nuestros objetivos como sección está poder difundir todo ese acopio a través de distintos libros y exposiciones.

CLAUDIO AGUILERA,
DIRECTOR DE LA UNIDAD DE LÁMINAS Y ESTAMPAS.

Desde dibujos originales de Coré hasta etiquetas de vino

Pedro Pablo Zegers, director de la Biblioteca Nacional, comenta que el principal reto será el inventario y catalogación de todo el material que integrará este espacio. “Aún no tenemos una cifra exacta, pero estamos seguros de que todo este patrimonio -vía donaciones y adquisiciones- se duplicará rápidamente”, advierte.

Entre otras piezas, la Unidad de Láminas y Estampas acogerá afiches, ephemera (materiales escritos e impresos de corta duración) y publicidad chilena (juguetes de papel, láminas recortables, álbumes coleccionables, postales, tarjetas de saludos, esquelas, etiquetas, cajas de fósforos, calendarios, agendas, envases y folletos de diverso tipo), además de panfletos y propaganda política, ex libris y marcapáginas, obras de diseñadores gráficos chilenos, dibujos y fanzines.

De los dibujantes más icónicos, Claudio Aguilera explica que cuentan con originales de Mario Silva Ossa (1913-1950) conocido como Coré, Themo Lobos (1928-2012), Eduardo Armstrong (1931-1973), Pepo (1911-2000), Lukas (1934-1988), Jimmy Scott (1936), entre otros. “Hay dibujos de Antonio Romera (1908-1975), un gran artista y crítico español, y trabajos de Juan Emar (1893-1964) que son notables. Este proceso de inicio de la unidad ha implicado sumergirse en un mar gráfico que nos seguirá dando sorpresas”.

El director de la Unidad de Láminas y Estampas entrega algunas cifras: “Ya contamos con alrededor de 300 etiquetas de vino, cerca de mil afiches, 40 catálogos comerciales y alrededor de 80 agendas” y añade que los catálogos comerciales son un testimonio relevante no solo de diseño, sino de costumbres. “Ver, por ejemplo, un impreso de la desaparecida tienda Gath y Chaves, sin duda que es un valioso registro de la moda hacia mediados del siglo XX. Un catálogo comercial de 2017, en 50 años más, también va a ser un importante reflejo de nuestro tiempo y adquirirá valor”.

Pedro Pablo Zegers puntualiza que “hay una cantidad impensable de material que acogerá esta unidad, como invitaciones y etiquetas de marcas; de hecho estamos cerrando una alianza con el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI) para realizar la digitalización de sus archivos antiguos”.

Investigadores, dibujantes e ilustradores valoran los alcances del proyecto

El poeta e investigador Jorge Montealegre es un autorizado experto del mundo del cómic y la ilustración local. Autor, entre otros estudios, de “Von Pilsener. Primer personaje de la historieta chilena” (Ediciones Asterión), comenta a “Artes y Letras” que le parece una idea magnífica esta Unidad de Láminas y Estampas. “Mi experiencia como investigador es que la historia ‘oficial’ tiene bordes que también son significativos y que no son consultados, que no son tomados con la seriedad que se merecen. Me refiero a toda esa historia informal que tiene que ver con la caricatura, con la ilustración, con la caricatura política y no política. Si uno revisa, por ejemplo, dibujos de distintas épocas de los más variados sombreros, trajes, autos y paisajes, estamos ante un cúmulo de imágenes donde hay muchos lenguajes comprometidos y que nos entregan un valioso testimonio de una época que se fue. Me parece muy relevante que la Dibam abra esta sección, también como una manera de hacer un distingo entre la Hemeroteca y otro tipo de archivos similares”.

Gabriel Rodríguez , el ilustrador chileno que ganó un Premio Eisner, el Oscar del cómic, por su versión de “Little Nemo” (la clásica viñeta de EE.UU.) explica a “Artes y Letras” que “si las condiciones en que se mantendrá en el tiempo esta colección son las adecuadas, por supuesto que consideraría encantado la posibilidad de donar material. Espero que este proyecto resulte de la mejor forma posible y ojalá genere un capital cultural permanente en el tiempo”.

Para Francisco Javier Olea , ilustrador de “El Mercurio”, es fundamental que alguna institución confiable “se haga cargo del acervo gráfico nacional, desde lo vernáculo hasta piezas únicas como bocetos y apuntes de artistas reconocidos. Hay un lenguaje en este material que habla desde lo visual de nuestros procesos como país. Hablamos tanto de una pretendida identidad y, desde mi punto de vista, una buena forma de sacar conclusiones es revisando este material”.

A su juicio, esta Unidad de Láminas y Estampas idealmente “debería funcionar como un museo/archivo y no como una bodega/depósito, con todos los estándares de conservación para evitar el deterioro de papeles y tintas. Debería ser un lugar en el que artistas, diseñadores y realizadores gráficos tuvieran la intención natural e imperiosa de resguardar su legado. Un archivo en el que pertenecer sea un orgullo. Así, se construye confianza en la cultura y el patrimonio y se abandonan prácticas burocráticas y de eficiencia dudosa que desprestigian estos buenos propósitos”.

La destacada ilustradora Paloma Valdivia comenta que “a fines de los 90 el concepto de ilustración era algo de lo que no se hablaba académicamente, a pesar de que sí había una importante bagaje anterior de ilustradores. Hoy sabemos que existe historia gráfica en nuestro país desde hace muchas décadas. Por todo eso, celebro el nacimiento de esta unidad y sugiero que su material se publicite y visualice en medios digitales para una mayor cobertura, sobre todo a estudiantes”.

Tendencia: La mayor red cultural de Chile

[Artículo como parte de “las grandes visitas, controversias e hitos en el recuento cultural de 2016” publicado en el suplemento Artes y Letras del diario El Mercurio del domingo 11 de diciembre de 2016. Seleccionamos un extracto de este artículo, referido a las bibliotecas].

Gestión cultural: un año de controversias, multitudes y progreso digital

El Centro Cerrillos todavía tiene enfrentados a críticos y especialistas. Mientras, el Centro Cultural La Moneda ha tenido más de 1 millón 200 mil vistas, gracias a sus exposiciones sobre Egipto y China, y las bibliotecas públicas se consolidan como el gran sistema cultural de Chile, especialmente con el explosivo crecimiento de su servicio digital. Todavía se espera el Ministerio de las Culturas y la seguridad en museos y otros recintos sigue al debe.

(…)

Tendencia: La mayor red cultural de Chile

2 En Chile, hay más bibliotecas públicas que sucursales de BancoEstado. Con esa broma, pero en serio, Gonzalo Oyarzún, subdirector del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas de la Dibam, grafica una evidencia: que son “la red cultural más grande de Chile”. Se trata de un universo que recibe al año cerca de 15 millones de personas, realiza unos 2 millones de préstamos y que incluye a servicios como las Bibliotecas Regionales, BiblioRedes, Bibliometro (cumplió 20 años), Bibliomóviles y la Biblioteca Pública Digital. Esta última marcó en 2016 un hito: desde enero a noviembre registra 75 mil usuarios (tenían 9 mil a principios de año), 88 mil préstamos de libros, y su colección cuenta con 12 mil títulos y 22 mil ejemplares. “Hoy es la tercera en préstamo de libros”, dice Oyarzún, “llega a todo el territorio e incluso a chilenos en el extranjero”; una labor que fue reconocida con un premio a la innovación Avonni. También destaca la inauguración y reinauguración de nueve bibliotecas y espacios bibliotecarios, por ejemplo, en Río Claro, Coquimbo, Mulchén y Maule. También 18 nuevas bibliotecas en centros penitenciarios, que se suman a las 15 abiertas el año pasado y que para 2018 abarcará el 100% de los recintos. Otro hito es que, después de 20 años, hace un mes, la Bibliolancha de Quemchi, en Chiloé, cuenta con su propia embarcación; un logro que coincide con el reconocimiento a Teolinda Higueras -el motor de ese proyecto- como una de las 100 mujeres líderes de la revista Sábado.

Biblioteca Pública Digital: Cómo pasó en 9 meses de 10 mil a 74 mil inscritos

Diario La Segunda, Viernes 25 de noviembre de 2016.

Es la tercera con más demanda.

Recibió el Premio Avonni 2016 a la innovación pública y su modelo es mirado desde Japón, Alemania y Canadá.

Por Patricio Pino M.

De todos los textos que leyó cuando niña mientras vivía en Argelia, el que más le gustaba a Florencia García (43) era «Asterix». Treinta años después, ese gusto por las historietas y la ilustración ha sido clave en la flexibilidad que ha tenido al armar la atractiva vitrina de la Biblioteca Pública Digital (BPD).

Allí, un día puede promocionar a Condorito y las Memorias de Ricky Martin y al otro Mal de amor, del Premio Nacional de Poesía 2015, Oscar Hahn.

Candidata a doctora en Filología Hispánica de la U. de Valladolid, en solo tres años García transformó a la BPD —de la que hoy es directora— en la tercera más demandada del país. Solo es antecedida por la Biblioteca de Santiago y Bibliometro, dos proyectos que la anteceden en al menos una década.

Este año en especial ha sido el destape de la BPD. No solo porque acaba de recibir el Premio Avonni 2016 a la innovación pública, sino porque solo en 9 meses —de febrero a noviembre— pasó de 10 mil inscritos a más de 74 mil.

Aunque las licencias digitales hacen que el inventario pueda variar bruscamente, hoy la BPD (depende de la DIBAM) tiene 14.500 títulos y 25 mil copias. Hasta ahora ha prestado 7 mil libros.

Hoy hay libros que tienen más de una copia. En cambio, cuando partieron, a comienzos de 2013, cada ejemplar tenía solo una: el inventario era de 3 mil «licencias», el término técnico para cada volumen. Para acceder a ellos hay que inscribirse en la BPD; solo se necesita ir a www.bpdigital.cl y poner el RUT.

Florencia aspira a que la biblioteca sea “un centro de palabras. Un espacio donde la gente pueda interactuar, no solo para leer, sino también preguntar, conversar, y hasta pelear”.

Su trayectoria justamente se vincula a eso. Partió en una biblioteca municipal en Colina en 2000. Pasó a la primera Biblioteca Viva de Mall Plaza (que en dos meses, en sede Vespucio, captó 2.300 socios). Luego fue a la DIBAM a digitalizar las fichas bibliográficas de las 375 bibliotecas, y de ahí pasó a la BPD: en la práctica, ella y el escritor Salvador Young (medio hermano de Rafael Gumucio) están a cargo.

Cientos de reservas

“Difícilmente en Japón, Alemania o Canadá anden buscando un libro en nuestra biblioteca. Pero de allá nos están mirando, porque esta es una experiencia única. Ninguna biblioteca digital cubre un territorio nacional y llega a los connacionales fuera del país”, dice el subdirector de Bibliotecas Públicas, Gonzalo Oyarzún.

De hecho, el 40% de las visitas provienen del extranjero, presumiblemente chilenos que viven en Estados Unidos, España y Argentina.

El sueño es tener los mismos libros que hoy están en venta en todas las librerías de Chile, con la mayor cantidad de copias disponibles.

Hoy la demanda de los títulos es mayor que la oferta. Por ejemplo, «Historia Secreta de Chile» tiene 29 copias, pero hay 545 reservas, por lo que una persona debe esperar 210 días para leerla. «Relatos de una mujer borracha» tiene 21 copias y 437 reservas: la espera es de 234 días.

Oyarzún reconoce que el camino no ha sido fácil para García. “Hay cosas súper dramáticas con las que Florencia ha debido batallar. En Chile, por ejemplo, no existen libros electrónicos. La ley, formalmente, dice que los libros son de pulpa y tinta. Mientras no se cambie, esto será un trabajo en un terreno bastante árido”.

“Es una experiencia única. Ninguna digital cubre un territorio y fuera del país”

Gonzalo Oyarzún, Subdirector de Bibliotecas Públicas.

“La idea es que la biblioteca sea un centro de palabras y la gente pueda hasta pelear”

Florencia García, Directora de la B. Pública Digital.

Opinión: “Bibliometro ya celebra sus 20 años de existencia”

Viernes 11 de marzo de 2016, Álvaro Undurraga, Funcionario programa Bibliometro, El Columnista de hoy, HoyxHoy

Son las 11:00 horas de un día martes de las últimas semanas del verano y un grupo de turistas extranjeros transita por la estación Baquedano del Metro de Santiago. Observan distraídamente, como lo hace un turista que tiene el tiempo completamente de su lado. Se detienen frente a una vitrina atiborrada de libros y bien iluminada. Un miembro del grupo se decide y se acerca a consultar por la naturaleza del servicio. Piensa que comprar un libro sería una interesante opción para entender la cultura chilena desde la literatura; está decidido a comprar algún ejemplar. Sin embargo, detrás del mesón de atención, un funcionario le explica que en este lugar no se venden libros, ya que no es una librería, sino que se trata de una biblioteca pública, donde los libros se prestan, no se arriendan ni venden.

El Programa Bibliometro nació hace ya 20 años con la firma de un convenio establecido entre la Dirección de Bibliotecas Archivos y Museos (Dibam) y Metro de Santiago, que permitió implementar tres centros de préstamos en las estaciones de Metro Los Héroes, Cal y Canto y Tobalaba, con el fin de facilitar el acceso a la lectura a niños, adolescentes, adultos y adultos mayores.

Pese a que en un principio la iniciativa pública tuvo algunas resistencias, relacionadas con la posibilidad de que las personas no devolvieran el material en préstamo, ha crecido tanto que ya cuenta con 20 puntos de préstamo, más un Bibliotrén, que es un antiguo carro de ferrocarril acondicionado como biblioteca. Y el crecimiento no sólo se ve en términos de libros y socios, sino también en sus puntos de préstamo, cuyo diseño ha evolucionado, volviéndose cada vez más atractivo e innovador.

El horario de atención de los 20 puntos de préstamo es continuado, entre las 09:00 y las 21:00 horas, de lunes a viernes. Y en los distintos puntos se puede encontrar una oferta de literatura nacional e internacional absolutamente contemporánea, dentro de la cual se cuentan ejemplares de novelas, sagas juveniles, comics, arte, historia y autosuperación.

Para inscribirse, los interesados sólo deben presentar su cédula de identidad y un comprobante de domicilio que esté a su nombre, y este año es el período ideal para hacerlo, ya que para Bibliometro será una celebración constante de sus dos décadas de existencia y sus ya 55.000 usuarios activos, la cual contará con diversas y entretenidas actividades para sus lectores.

Para más información se puede visitar el sitio web http://www.bibliometro.cl y también se pueden seguir todas las actividades del programa a través de su cuenta de Facebook, que ya tiene más de 27.919 “Me gusta”, o su cuenta de Twitter, que alcanzó los 10.715 seguidores.

Condorito lidera preferencias en la Biblioteca Pública Digital de la Dibam

condorito

Reportajes de El Mercurio, domingo 28 de febrero de 2016.

La idea era simple: crear una plataforma que cumpliera la misma función que una biblioteca pública, pero en formato digital.

Con esta finalidad y tras años de intentar con otras fórmulas, la Biblioteca Pública Digital, dependiente de la Dibam, lanzó en enero de este año una aplicación para tablets y celulares con sistema operativo Ios y Android. El efecto fue un aumento de 10.368 inscritos en diciembre de 2015 a 22.663 en febrero.

El sistema funciona igual que una biblioteca: se pueden visitar los libros, cómics, etc., y leerlos sin verse en la obligación de “arrendarlos”.

Entre los diez ejemplares más pedidos hasta el momento, el primer lugar lo tiene “La vida simplemente”, novela de Óscar Castro que relata la vida de un niño pobre llamado Roberto y cómo va creciendo hasta convertirse en adulto. Tras este primer lugar, destacan seis ediciones del cómic nacional Condorito, de Pepo, que sería el autor más demandado. Le siguen dos libros de cocina, uno de Origo Ediciones sobre comida saludable, y “Cocina chilena” de Roberto Marín. El número diez es de “Antología de poesía chilena”, por Máximo González.

Además de novelas, libros de recetas y cómics de Condorito, en la aplicación se pueden encontrar libros de estudio y para todas las edades.

La novedad de la aplicación es que funciona con el rut de la persona, por lo que cualquier chileno, dentro o fuera del país, puede usar el sistema, y cualquier extranjero que tenga una cédula puede acceder a los cerca de 8.000 títulos disponibles para préstamo.

Sin contar a Chile, que tiene un 61% del uso de la aplicación, el país en el que más se utiliza la aplicación de la Biblioteca Pública Digital es España, con un 14%, seguido de EE.UU. con un 9%, Argentina con un 8%, cifra que comparte con el resto del mundo.

Desde la Biblioteca Pública Digital destacan la buena respuesta que ha tenido la aplicación por parte de los usuarios, que no solo aumentaron en número de inscritos, sino su promedio diario de préstamos pasó de 44 a 230, a un mes del lanzamiento. Señalan además que entre sus títulos se pueden encontrar libros de editoriales chilenas o independientes, que son difíciles de encontrar en otras plataformas como Amazon, lo que muchas veces provoca pirateos.

En aumento

10.368 inscritos había en diciembre de 2015

22.663 inscritos hay en febrero de 2016

44 fue el promedio diario de préstamos durante 2015

230 préstamos diarios hay durante 2016

Aplicación de la Biblioteca Pública Digital acerca la lectura a los usuarios

bpd

Aplicación de la Biblioteca Pública Digital acerca la lectura a los usuarios

Cultura El Mercurio, Miércoles 17 de febrero de 2016

Por Ana María Álvarez Cox

El catálogo de la BPD , que incluye desde autores chilenos hasta éxitos de ventas, ahora está disponible mediante una aplicación diseñada especialmente para tabletas y teléfonos inteligentes, haciendo más fácil y rápido el acceso a la lectura. También se espera poder incorporar textos requeridos por los colegios, para facilitar el acceso a ellos.

Ocho mil nuevos títulos, disponibles 24 horas al día, los siete días de la semana, es lo que ofrece la nueva aplicación para teléfonos inteligentes y tabletas de la Biblioteca Pública Digital (BPD). Completamente gratis, los usuarios pueden acceder a estos libros tanto en Chile como el extranjero. La portabilidad es clave para el objetivo de acercar la lectura a todos los chilenos, como se lo ha propuesto la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam).

Desde la implementación de la BPD, en octubre de 2013, sus usuarios han ido creciendo, alcanzando hoy los 10.000 inscritos. En 2015, los préstamos mensuales llegaron a alrededor de 1.300, 150% más que en 2014.

Este crecimiento explosivo en los usuarios fue una de las razones que llevaron a la BPD a buscar nuevos medios para acercarse a los lectores. La iniciativa es única en América Latina.

Ángel Cabeza, director de la Dibam, señaló que esta aplicación ayudará a cumplir con los objetivos de la institución: “Acercar la lectura a todos los chilenos y chilenas, dejando de lado las barreras geográficas y garantizando la lectura como un derecho social”.

Esta nueva aplicación se lanzó el 12 de febrero, y desde ese día hasta ayer, ha sido descargada unas 4.000 veces, mayoritariamente por usuarios de entre 15 y 30 años. “Sorprendentemente, la mayoría de estas descargas corresponde a hombres jóvenes, que es un segmento al que cuesta llegar”, señala Florencia García, coordinadora del proyecto.

Las opciones para leer son variadas. Lo más descargado, de acuerdo a Florencia García, es la icónica revista Condorito. Pero también están disponibles clásicos, como las obras de William Shakespeare, la novela “La casa de los espíritus” de Isabel Allende, sagas infantiles como “Corazón de tinta” de Cornelia Funke y “El principito” de Antoine de Saint-Exupéry.

No solo existen formatos escritos en el catálogo, también es posible pedir prestados audiolibros y videocuentos, los que se encuentran entre lo más solicitado en el catálogo que ofrece la biblioteca. Florencia García destaca que muchos de los libros prestados pertenecen a las categorías de ficción y de literatura infantil.

Leer desde el celular

La aplicación está disponible para los sistemas operativos Android e Ios, y se necesita estar inscrito en la página de la Biblioteca Pública Digital (www.bpdigital.cl/opac/) para descargarla. La aplicación permite agrandar la fuente de la letra o sincronizar la cuenta de BPDigital con el celular.

Los libros se descargan hasta por 14 días, al cabo de los cuales desaparecen de la cuenta del usuario, sin tener atrasos o multas. Por supuesto, también existe la opción de devolverlos antes del final del plazo.

Florencia García también señala que se está preparando un plan piloto con el Ministerio de Educación para incluir en el catálogo digital los libros sugeridos por el Centro de Recursos para el Aprendizaje, que son incorporados por los colegios en sus planes lectores. “Tenemos un convenio con el Mineduc”, explica García. “Vamos a hacer capacitación a los docentes, para que puedan incorporar estas tecnologías a las clases”.