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Señales de esperanza para el difícil momento de las librerías

No ha sido un buen año para el libro y el estallido de las protestas sociales empeoró la situación. Editores y libreros buscan ahora generar condiciones para mejorar las ventas.

Pedro Pablo Guerrero, Cultura El Mercurio, Lunes 18 de Noviembre de 2019.

La librería Qué Leo Forestal, ubicada en la calle Merced al llegar a la Plaza Italia, hizo noticia hace una semana por un intento de saqueo. Les robaron dinero y ropa que había en el interior, pero no alcanzaron a llevarse computadores ni libros, porque lo impidieron vecinos y los propios manifestantes. De todas maneras, debieron gastar $400.000 en arreglar la reja y tendrían que desembolsar la misma suma para reemplazar el letrero que todavía luce destrozado.

Si antes del 18 de octubre abrían entre las 10:00 y las 21:00 horas, desde el inicio de las marchas están cerrando por lo general a las 16:00 horas. “Las ventas han disminuido en un 90%”, estima Mario Cerda, librero al frente de esta empresa familiar inaugurada hace cinco años. “Pero la baja venía de antes, desde diciembre. Este año no hubo fechas buenas”, asegura.

Lo mismo señala Eduardo Castillo, presidente de la Cámara Chilena del Libro. “Las librerías se han visto afectadas entre un 30% y un 50%, incluso más, porque hay algunas ubicadas en el foco de los desórdenes. Ha sido un tiempo complejo, con un fuerte impacto donde ya teníamos un año complejo, de ventas muy estancadas”.

Otras librerías del barrio acusan el mismo golpe. Ulises, de calle Lastarria, calcula una caída del 80%, mientras que Viviana Muñoz, de la Librería del GAM, resume la situación en estos términos: “En casi un mes hemos vendido lo que se vende en un día normal”.

En el sector del Drugstore de Providencia, las cifras son algo más alentadoras. Nueva Altamira y Quimera han reducido sus ventas en torno al 50%, aunque desde hace unos días están volviendo a cerrar más tarde gracias a la normalización del transporte. Lo mismo sucede con los locales de Antártica, que están atendiendo hasta las 19:00 horas. Esta cadena de librerías estima sus bajas durante octubre en un 25%, y en 15% durante lo que va de noviembre, siendo el local más perjudicado el del Costanera Center, que estuvo cerrado 16 días.

Lecturas educativas

Desde las grandes editoriales reconocen que se han visto afectadas las operaciones de despacho de novedades y reposiciones, pero no ven una fuerte disminución en la demanda. “Pensamos que el impacto sobre el consumo de libros no ha sido muy significativo. Efectivamente el público está buscando también en la lectura la respuesta de muchas preguntas o necesidades actuales”, dice Eduardo Sanz, director comercial de Editorial Planeta Chile.

“Estamos esperanzados de que irá mejor”, expresa Sebastián Rodríguez-Peña, director general de Penguin Random House. “Haremos ofertas para reactivar el mercado editorial y contribuir al despegue de las librerías de aquí a fin de año. Tenemos un catálogo editorial de primer nivel, con contenidos de interés para todos los públicos, entre ellos libros que ayudan a comprender lo que ocurre en el país”.

Sanz dice que en Planeta tienen propuestas promocionales para trasladar a sus clientes, pero “la estrategia de las librerías cambia mucho según el interlocutor”. Mario Garrido, de Qué Leo Forestal, apuesta por conseguir mayores descuentos de los sellos, pero también por comprometer a los autores para que vuelvan a realizar lanzamientos y firmas de libros en su local. Elena Bahrs, de Ulises, confía en la colaboración del comercio y los vecinos a través de la alianza cultural Barrio Arte: “Tenemos que ayudarnos entre todos y sacar las cosas a la calle si es necesario”. Editoriales medianas como Tajamar empezaron, incluso antes de las protestas sociales, a rebajar títulos de su catálogo; en librería Catalonia, por ejemplo, se pueden encontrar obras de Rubem Fonseca y Kavafis por menos de $10.000.

Las próximas semanas son cruciales por la cercanía de la Navidad, la mejor fecha del año para el sector. Desde la Cámara del Libro, Eduardo Castillo anuncia también iniciativas gremiales para enfrentar la crisis. “Ya le representamos al Consejo del Libro nuestro interés de que se estudie crear fondos especiales para ayudar a sostener las librerías, especialmente las más pequeñas. También estamos viendo el tema con BancoEstado y peleamos a través de la Cámara Nacional de Comercio para generar mejores condiciones dentro del paquete de ayudas a pymes que el Gobierno ha anunciado. Hay que ser lo más creativos posible, de manera colaborativa, generando instancias comerciales no solo para nuestros socios, sino para todo el sector: las empresas que participan en las ferias, las pymes y todos los emprendimientos de la cadena del libro”, dice Castillo.

Café Literario se queda sin libros: fueron resguardados en depósitos de Providencia, luego de saqueo

Municipio señala que vándalos dañaron mobiliario y textos

V. González y E. González, Nacional El Mercurio, Viernes 1 de Noviembre de 2019.

Los vándalos hasta se tomaron el tiempo de elegir su lectura. Es lo que revelan las imágenes de las cámaras de seguridad sobre el ataque y saqueo que sufrió el miércoles el Café Literario del Parque Bustamante, según contó ayer la alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei: “Con mucha calma, miraban cuáles eran los que querían robar”.

El frontis quedó completamente rayado, mientras que mamparas y vidrios fueron destruidos. Gran parte del mobiliario fue saqueado y se estima que de la colección de 11 mil libros, avaluada en $132 millones, al menos 10% sufrió daños. El daño no fue mayor, destacó Matthei, gracias a los vecinos.

Organizados por un grupo de WhatsApp, se avisaron entre ellos acerca de los disturbios y acudieron a rescatar los textos. Para evitar su destrucción, comenzaron a trasladarlos a los edificios residenciales.

“No se entiende la lógica de entrar a robar y destruir un café literario. Es inaudito el nivel de violencia”, lamentó Luis Muga, quien vive en el sector y es uno de los que resguardaron libros en su hogar (en la foto).

La alcaldesa, en tanto, acusó que el principal daño -más allá de las pérdidas materiales- es el que está sufriendo la calidad de vida de los vecinos: “Llevan diez días soportando todo esto, entonces a quienes organizan marchas les pido que se las lleven a otro lado. Los vecinos están angustiados, no pueden dormir, el aire es irrespirable”.

Gustavo Delgado, también residente de un edificio cercano al parque, afirmó que “nuestra comunidad no lo está pasando bien. Mi familia ha tenido que, algunos días, irse y buscar alojamiento en otro lado” y pidió que Carabineros haga un uso proporcional de elementos disuasivos como los gases lacrimógenos, considerando que en la zona habitan familias y niños.

El municipio estima que la recuperación del Café Literario demoraría al menos un par de meses. Sin embargo, para evitar incidente similares ya se tomaron medidas preventivas.

Alberto Torres, encargado de seguridad interna de la Municipalidad de Providencia, explicó que la totalidad de los libros fueron trasladados a depósitos municipales. El movimiento comenzó la noche del ataque, y finalizó ayer luego que se llevaron los que estaban en manos de los vecinos. Lo mismo se hizo con los libros del Café Literario Balmaceda, de forma preventiva.

Café Literario de Providencia pierde 10% de su colección y permanecerá cerrado tras saqueo

A.G.B., Cultura La Tercera, Jueves 31 de Octubre de 2019.

El espacio cultural del Parque Bustamante fue vandalizado el miércoles, al finalizar la movilización en Plaza Italia. Los atacantes se llevaron muebles y libros para hacer barricadas y fuego. Los vecinos detuvieron el saqueo. Las reparaciones tomarán dos meses.

En las imágenes de cámaras de seguridad se ve un grupo de jóvenes que entra a la fuerza al Café Literario de Providencia, en el Parque Bustamante. De su interior sacan muebles, sillas y sillones, los que terminarán luego en una barricada en Ramón Carnicer. Son las 19.30 del miércoles y finaliza la movilización en Plaza Italia. Otro grupo se dedica a revisar los estantes de libros. Abren sus mochilas, meten libros en ellos y corren. Más tarde, prenderían fuego dentro y fuera del café, según constataron las autoridades de la comuna. Eventualmente los daños pudieron ser mayores, pero los vecinos impidieron que continuara el saqueo y resguardaron cientos de libros.

“Estamos súper agradecidos de nuestros vecinos que salvaron los libros”, dijo esta mañana la alcaldesa Evelyn Matthei. “Este Café Literario no solo funciona como una biblioteca, sino también como un lugar para los niños y la literatura infantil. Es además un punto de encuentro de los vecinos, aquí se juntan a conversar e incluso cuando quieren impulsar ideas y proyectos lo hacen aquí. La destrucción de uno de nuestros puntos de encuentro es algo muy doloroso”, agregó.

Tras la intervención de los vecinos, carabineros y funcionarios municipales salvaron gran parte del mobiliario y de los libros que resguardaba la biblioteca y los trasladaron a otras dependencias. Creado hace 20 años, el Café Literario contaba con una colección de 11 mil ejemplares, avaluados en $132 millones, de acuerdo con la municipalidad. La evaluación preliminar indica que las pérdidas y los daños alcanzan al 10% de la colección.

Hace una semana, funcionarios municipales retiraron los computadores, proyectores y tablets del lugar para evitar eventuales robos o daños.

Se estima que las reparaciones del Café Literario demorarán un par de meses.

Con el epicentro de las manifestaciones en la Plaza Italia, los vecinos del sector han visto sensiblemente afectada su calidad de vida. Así lo subrayó la alcaldesa: “La pérdida material es enorme, pero lo que más nos duele son los vecinos que llevan diez días respirando bombas lacrimógenas. Los niños no pueden salir, hay adultos mayores, gente enferma, guagas, que lo están pasando pésimo”, dijo. “Entonces a quienes organizan marchas les pido que se las lleven a otro lado. Los vecinos están angustiados, no pueden dormir, el aire es irrespirable, los padres a sus niños les ponen bicarbonato en la piel porque les arde. El daño es feroz, las familias no dan más”.

Gustavo Delgado, quien reside en la comunidad de Bustamante 66, explica que los vecinos están organizados en un grupo de WhatsApp y que reaccionaron cuando se dieron cuenta del ataque al Café. “Fuimos los primeros en reaccionar y en parar esto. Vinimos a cooperar en el traslado y acopio de libros”, dijo. “Nuestra comunidad no lo está pasando bien, mi familia tuvo que irse de aquí unos días, porque la cantidad de bombas lacrimógenas nos ha afectado mucho. Pedimos que se haga un uso proporcional de estos elementos, esta es una zona residencial”, agregó.

Después 136 años regresan a Perú invaluables libros que fueron sustraídos por el Ejército chileno de la Biblioteca Nacional de Lima

Tras una primera entrega masiva en 2007

Después 136 años regresan a Perú invaluables libros que fueron sustraidos por el Ejército chileno de la Biblioteca Nacional de Lima

El Mostrador, 5 de diciembre de 2017.

Todos los ejemplares datan de entre 1534 y 1868. Aunque las autoridades de la Biblioteca Nacional de Perú no quisieron manifestarse ante este medio, la DIBAM asegura que expresaron “un agradecimiento infinito”. Entre el material hay textos fundacionales de la entidad peruana.

Tuvieron que pasar 136 años. A más de un siglo de la ocupación de Lima por parte de las tropas chilenas en el marco de la Guerra del Pacífico, tras el ingreso a la ciudad en enero de 1881, el gobierno acaba de concluir la devolución de la práctica totalidad de los miles de ejemplares de libros que el Ejército de Chile sustrajo de la Biblioteca Nacional de Perú (BNP), y que se hallaban en su símil de Santiago.

Tras una primera masiva devolución de 3.700 libros en 2007, bajo el primero mandato de Michelle Bachelet, el viernes pasado llegó por avión a Lima un segundo cargamento de 718 ejemplares, confirma Pedro Pablo Zegers, subdirector de la Biblioteca Nacional.

Todos los libros datan de entre 1534 y 1868, según información oficial, y llevan el sello de la “Biblioteca Pública de Lima”, su nombre oficial de entonces. Salieron tras publicación del decreto 1.381 del Mineduc del 23 de noviembre pasado, que contiene un listado de los mismos.

Su valor total es incalculable, según coinciden los especialistas. Tan sólo un ejemplar de la “Divina Comedia”, de Dante Alighiri, impreso en Francia en 1768, se vende actualmente en el mercado a unos 50.000 dólares (unos 35 millones de pesos), destaca Juan Guillermo Prado, periodista, historiador y miembro de la Sociedad de Bibliófilos de Chile.

Tendencia internacional

La devolución de las obras se enmarca dentro de una tendencia internacional. El Museo de Arte Metropolitano de Nueva York (MET) ha devuelto a Egipto piezas de la tumba de Tutankamón y el Museo de Pérgamo de Berlín ha hecho lo propio con una esfinge hitita que reclamaba Turquía, que también obtuvo de vuelta una estatua del Museo de Bellas Artes de Boston. Aún así hay muchos reclamos pendientes.

Entre el material devuelto hay textos en latín, castellano y francés, sobre materias tan diversas como historia, religión y economía. Los formatos también son muy distintos: hay cartas, manifiestos, discursos, bandos… Todos ellos llevan el inconfundible sello de la Biblioteca Pública de Lima, la entidad fundada por el general José de San Martín en 1821, que aportó en la ocasión 47 libros de su propia colección.

Además, muchos de estos libros fueron consultados por investigadores peruanos que visitaron Santiago en el último siglo, según confirman desde la Biblioteca Nacional.

El director de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos de la República de Chile (DIBAM), Angel Cabeza, y el propio Zegers, viajaron a Lima a fines de noviembre para comprometer la entrega oficial del segundo cargamento y firmar varios convenios de cooperación. Entre otros proyectos está la publicación conjunta de un libro sobre Gabriela Mistral y su relación con los pensadores del país incaico.

En la ocasión, se efectuó la entrega simbólica de dos volúmenes, informó su contraparte peruana. Se trata de los ejemplares “Decisionum rotae lucanae diversorum auditorum cum decisionibus aliorum supremorum tribunalium & praecipue” de Hyeronimus Palma (1718); y “España Sagrada: Theatro geographico-historico de la Iglesia de España, de Enrique Flórez (1747-1789)”.

Aunque la BNP no quiso manifestarse ante este medio, Zegers señala que “manifestaron un agradecimiento infinito”, además de evitar todo comentario respecto a la Guerra del Pacífico, algo notable tomando en cuenta que entre el material hay textos “fundacionales” de la entidad peruana.

“Sólo se habló de presente y futuro. Jamás se habló de guerra ni el tema del conflicto. Eso me pareció notable, porque es una lectura distinta a la que teníamos hace unos cuantos años atrás”, destaca Zegers.

Saqueo organizado

Hay que recordar que la controversia es antigua. De hecho, Sergio Villalobos, Premio Nacional de Historia y director de la Dibam (1990-1993), dijo hace poco tiempo, en 2005 que “a los peruanos lo único que hay que devolverle son los saludos”.

Un informe del Congreso del Perú de 2008 señala que las tropas chilenas se llevaron unos 10.000 libros, que en Chile se repartieron entre la Biblioteca Nacional y la Biblioteca Severín de Valparaíso, donde llegaron los cargamentos en barco.

Según las autoridades peruanas, los mismos figuran en el catálogo que realizó en Chile el polaco Ignacio Domeyko a la llegada de los volúmenes y otro material a Chile en 1881 en 103 grandes cajones y 80 bultos, y que se publicó en el Diario Oficial de nuestro país bajo el título “Lista de libros traídos del Perú” entre el lunes 22 y el miércoles 24 de agosto de 1881. Esto da cuenta que se trató de un expolio organizado desde Santiago, ejecutado por los militares por instrucciones superiores.

Los mismos pasaron por las distintas sedes que tuvo la Biblioteca Nacional -entre otros en el terreno que ocupa actualmente el Museo Precolombino y el Teatro Municipal- hasta su sede actual desde 1925.

Material perdido para siempre

En 1881, la actual Biblioteca Nacional de Perú disponía de unos 56.000 volúmenes, muchos más que su par chilena. En comparación, en la misma época la Biblioteca Nacional de Chile tenía 42.000, a los que se sumaban 9.000 del Instituto Nacional.

Sin embargo, tras el saqueo de la capital peruana, la primera, que fue ocupada en marzo como cuartel bajo el mando del coronel Pedro Lagos, sólo quedó con unos 700 ejemplares, según escribió el peruano Miguel Palma, que asumió como director de la BNP tras el saqueo. El propio Palma logró recuperar unos 14.000 ejemplares en Lima tras una petición pública.

“Algunos libros quedaron en la propia Lima y ni siquiera llegaron a Chile”, asegura Zegers. “Algunos fueron quedando en el camino. Otros fueron quedando en manos privadas y otros llegaron a manos del Estado. Nosotros podemos dar cuenta de estos últimos. Los otros no sabemos”.

Lo triste es que mucho material desapareció para siempre. No poco texto, dicen los conocedores del tema, tuvo el triste destino de ser usado como papel de envoltura de mercadería o, aún peor, incluso higiénico, una costumbre usual en el siglo XIX y principios del XX en una época en que hasta la Biblia era muy apreciada por los fino de su papel.

Y aunque el propio presidente Domingo Santa María (1881-1886) devolvió tempranamente unos 700 ejemplares en 1886, debieron pasar 120 años desde entonces para que, tras un catastro realizado en la Biblioteca Nacional, surgiera la voluntad política de completar el retorno del patrimonio peruano, tal como reclamó Perú oficialmente en 2004.

Destino final

El destino final de los libros devueltos en la última década, en tanto, es harina de otro costal. Lo revela el periodista Marcelo Mendoza, que desde 1998 investigó estos tesoros bibliográficos de la Sala Medina para una exposición, y que descubrió la lista del Catálogo Domeyko en el Diario Oficial en un artículo para el Diario Siete publicado en abril de 2006, además de firmar una carta pública con intelectuales de Perú, Bolivia y Chile para la devolución de los mismos.

Mendoza estuvo el año pasado en Lima en la Biblioteca Nacional de Perú y preguntó por los libros entregados en 2007 por Bachelet.

“Y, sorpresa, están en bóveda… tan ocultos como estaban en Chile. Se suponía que iban a quedar en una sala llamada Francisco Bilbao. Allí estuvieron al principio, exhibidos, cuando se hizo la solemne entrega chilena como un bello gesto de hermandad y buena voluntad. Sin embargo, me encontré con la sorpresa de que ya no existe esa sala y los libros volvieron a ocultarse, tal como estaban en Chile”.