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Biblioteca del Congreso elabora anualmente 2.670 informes técnicos para parlamentarios

Senadores y diputados requieren distintas materias como insumo legislativo:

Biblioteca del Congreso elabora anualmente 2.670 informes técnicos para parlamentarios

R. F., Política El Mercurio, sábado 9 de septiembre de 2017.

El secretario general de la Cámara Baja aclaró que los textos de la BCN se diferencian de las asesorías externas por el carácter político de estas últimas.

La Biblioteca del Congreso Nacional (BCN) dio cuenta de la realización de 2.670 informes anuales en promedio solicitados por diputados y senadores.

Durante 2016 se elaboraron 2.807 informes de asesorías. De ellos, 1.201 corresponden a entregas a diputados y 568 a senadores. El resto fueron para comisiones legislativas y otras instancias del Congreso.

Entre marzo de 2014 y diciembre de 2016 se elaboraron 8.011 informes de asesorías, de los cuales 5.292 fueron destinados a los parlamentarios (3.810 a diputados y 1.482 a senadores). Los demás se realizaron para comisiones y otras instancias del Congreso.

Según se lee en su página en internet, los profesionales de la BCN han realizado informes sobre derecho (302) en mayor cantidad, seguidos por administración del Estado (268) e información territorial (169), entre otras materias. Los menos fueron los referidos a justicia (3), protección social (4) y género (21).

A diferencia de las asesorías externas, los informes elaborados por la BCN tiene un carácter eminentemente técnico y no político. Así lo explica el secretario general de la Cámara Baja, Miguel Landeros. “Los documentos de las asesorías externas tienen información política que solo pueden hacer los institutos afines. No es una opinión técnica como la emitida por los servicios internos de la Cámara o la Biblioteca. Sobre las pensiones, por ejemplo, el Ical tiene una opinión política, la Fundación Jaime Guzmán tiene otra”, explicó Landeros.

Distinto a los recursos que se destinan a las asesorías externas, los informes de la BCN se realizan con los dineros ordinarios que cuenta la Biblioteca para el desempeño de sus funciones asignados a través de la Ley de Presupuestos.

Toda la información producida por la BCN es alojada en su sitio web, aunque cerca del 5% no se encuentra ahí por razones técnicas. Esa cifra corresponde a documentos que no cumplen los estándares institucionales para ser publicados, informaron en la biblioteca.

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La nueva cara de la Biblioteca del Museo de Bellas Artes

Cultura El Mercurio, Viernes 21 de julio de 2017.

Tras un semestre de obras de remodelación, la biblioteca y el centro de documentación reabrieron esta semana a público. Tienen casi el doble de metros cuadrados y estanterías, gracias a una inversión de $106 millones.

Daniela Silva Astorga

El cambio fue radical. Si a inicios de 2016 prácticamente no entraba un libro más en la Biblioteca del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), así como tampoco cabían más papeles en su Centro de Documentación, ahora el archivo cuenta con el doble de metros cuadrados y estanterías, y un recinto cómodo para la lectura de sus usuarios. Algo que se había perdido desde 2010, por el arribo constante de materiales.

“Estaba todo mezclado. Oficinas, estanterías, cajas, espacios para leer, y no hallábamos qué hacer. No podíamos recibir bien al público. Así que ya con el ex director Milan Ivelic empezamos a pensar en construir un entrepiso para situar las oficinas y ganar espacio para repisas. Entonces, si bien el proyecto avanzó, no resultó. ¡Pero ahora sí!”, comenta, entusiasmada, Doralisa Duarte, directora de esta biblioteca especializada en el arte chileno y su historia.

En sus estanterías se resguardan 37 mil volúmenes, entre libros, catálogos y revistas. Mientras que en el Centro de Documentación es posible encontrar 630 metros lineales con recortes de prensa, fotos, cartas, textos, diapositivas y videos, a partir de los que la institución creó un completo conjunto de prensa. Todos estos materiales, asegura Duarte, están clasificados por artista -tienen archivos de unos 4.000 autores nacionales- y también por institución. Y a algunos se puede acceder digitalmente a través de http://www.bncatalogo.cl. Pero ahora, tras un semestre de obras, junto con una inversión de $106 millones, biblioteca y centro de documentación -al nororiente del primer piso del museo- cuentan con más espacio, por sus nuevas estanterías y el entrepiso. Asimismo, el proyecto contempló la restauración completa del salón (cornisas, parquet, zócalos), la compra de computadores, sillas y escritorios para los usuarios, y mejoras en la climatización e iluminación.

En resumen: por primera vez este archivo podrá dar acceso físico total y cómodo al público, que, en general, está constituido por investigadores o universitarios. Una nueva etapa que podría clasificarse de conquista, frente a nuevos visitantes, y de reconquista, pensando en los usuarios más antiguos. “Hemos vivido épocas en las que han venido muchas personas -dice Duarte-. A veces había más de 30 personas, y los demás debían esperar para entrar. Pero después las visitas bajaron por el acceso digital: de unos 6.000 usuarios físicos al año pasamos a 3.000; aunque teníamos más de 20 mil visitas mensuales en el sitio web Artistas Visuales Chilenos, que nació en esta biblioteca. Así que como no teníamos espacio para recibir, dejamos un poco de lado la difusión. Ahora sí esperamos tener más usuarios”.

Por su parte, Roberto Farriol, director del MNBA, celebra que “esta renovación le da el debido espacio a una de las mejores colecciones bibliográficas y documentales especializadas en arte chileno”. Y lo cierto es que estos depósitos jamás han tenido mejor infraestructura: la biblioteca se inició hacia 1930, con los catálogos y libros que arribaban al museo, pero que quedaban en la oficina del director.

Fue recién en 1976, con Lily Garafulic a cargo, que las estanterías se sacaron a un espacio común y se contrató a personal bibliotecario. Por eso, se considera que la Biblioteca del Museo Nacional de Bellas Artes nació como tal en 1977, ya a cargo de Doralisa Duarte. Y la historia avanzó, fundamentalmente a partir de donaciones y canjes -ahora reciben unos 500 volúmenes al año-, pasando por los subterráneos, las oficinas administrativas y el Salón Blanco. Hasta que en los tiempos de Ivelic, las estanterías arribaron definitivamente al salón donde están hoy.

Los núcleos de este archivo

Aunque casi todas las colecciones de la biblioteca han llegado vía donaciones, Doralisa Duarte destaca algunos legados que considera fundamentales, como por ejemplo el que recibieron de Alberto Pérez (1926-1999), artista, investigador y profesor histórico de la Universidad de Chile que donó todos sus libros, y el de la escultora Marta Colvin (1907-1995), quien les regaló fotografías y documentos sobre la totalidad de sus obras. También aceptaron los archivos personales del artista Juan Egenau (1927-1987) y del crítico Antonio Romera (1908-1975). “Y don Pedro Labowitz igualmente se comprometió a legarnos sus documentos”, afirma Duarte.

De Gabriel Salazar a las «50 sombras de Grey»: lo que más se lee en las Ues chilenas

Durante el primer semestre

De Gabriel Salazar a las «50 sombras de Grey»: lo que más se lee en las Ues chilenas

“La Segunda” pidió a diez planteles, públicos y privados, la lista de los cinco libros más pedidos en sus bibliotecas en el área de Humanidades.

Viernes 12 de agosto de 2016, Martín Romero E., Crónica La Segunda

¿Qué están leyendo los universitarios chilenos en Humanidades?

La interrogante surge las recientes discusiones públicas que se han registrado en torno a la lectura los últimos dos meses y medio: La crítica de varios historiadores a Jorge Baradit por su libro “Historia secreta de Chile” (hecha en el sitio “Red Seca” en mayo); la controversia en torno al supuesto “arrinconamiento” de la narrativa local (“El Mercurio”, julio); y el debate sobre las pocas ventas de libros de poesía (“La Segunda”, agosto).

Para responder la pregunta, “La Segunda” solicitó a diez universidades -públicas y privadas- la lista con los cinco libros más consultados en sus bibliotecas durante el primer semestre, en el área de Humanides. Específicamente en los géneros de Literatura, Poesía, Historia y Filosofía (ver más abajo donde entre paréntesis aparece la cantidad de solicitudes de cada ejemplar).

¿Resultado? Predominan los libros de Historia y Filosofía antes que la narrativa o la poesía. El autor chileno más pedido es el Premio Nacional de Historia, Gabriel Salazar. Y aunque Roberto Ampuero aparece como uno de los más consultados en la UDD, la cantidad de préstamos en sus libros (27) no supera a Pedro Lemebel con su libro “Tengo miedo torero”, qne en la UC es el sexto más pedido (75).

Universidad de Playa Ancha
– Historia del Arte, Ernst Gombrich (21)
– Cien años de soledad, Gabriel García Márquez (20)
– El búho de Minerva: introducción a la filosofía moderna, Rafael Echeverría (19)
– Más allá de las islas flotantes, Eugenio Barba (14)
– Historia contemporánea de Chile, Gabriel Salazar (13)

Pontificia Universidad Católica
– Diálogos, Platón (129)
– La meta: un proceso de mejora continua, Eliyahu M. Goldratt y Jeff Cox (125)
– Antropología filosófica: Textos y comentarios, Carlos Zárraga (102)
– Cien años de soledad, Gabriel García Márquez (88)
– Comprender el pasado: una historia de la escritura y el pensamiento histórico, Jaume Aurell (76)

Universidad de Concepción
– Frankenstein, Mary Shelley (175)
– 50 sombras de Gray, E.L. James (96)
– Don Quijote de la Mancha, Miguel de Cervantes (91)
– Las crónicas de Narnia, C.S. Lewis (86)
– Fahrenheit 451, Ray Bradbury (78)

Universidad del Desarrollo
– Historia del siglo XX, Eric Hobsbawm (39)
– Describir el escribir, Daniel Cassany (36)
– Detrás del muro, Roberto Ampuero (27)
– Estructuras de la mente, Howard Gardner (23)
– Bioética clínica, Juan Pablo Beca Infante (22)

Universidad Católica de Valparaíso
– Obras completas, Sigmund Freud (88)
– Breve historia universal: hasta el año 2000, Ricardo Krebs (65)
– Nueva historia de Roma, León Homo (51)
– Historia del Arte, Ernst Gombrich (50)
– La Divina comedia, Dante Alighieri (35)

Universidad Diego Portales
– Historia contemporánea de Chile, Gabriel Salazar (6.500)
– El árbol del conocimiento, Humberto Maturana (4.604)
– Historia del siglo XX Chileno, Sofía Correa y otros (4.080)
– Política, Aristóteles (2.901)
– República, Platón (2.510)

Universidad de La Frontera
– Teoría sociológica clásica, George Ritzer (188)
– Metodología de la investigación, Roberto Hernández (92)
– Psicología del desarrollo: de la infancia a la adolescencia, Diane Papalia (64)
– La sociedad del riesgo: hacia una nueva modernidad, Ulrich Bech (63)
– El árbol del conocimiento, Humberto Maturana (60)

Universidad de los Andes
– Fundamentos de antropología: un ideal de la excelencia humana, Ricardo Yepes (210)
– Breve historia universal, Ricardo Krebs (183)
– El anillo de Giges, Joaquín García Huidobro (124)
– El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad (103)
– Historia de las ideas contemporáneas, Mariano Fazio (102)

Universidad Adolfo Ibáñez
– El proceso, Franz Kafka
– Drácula, Bram Stoker
– Expiación, Ian McEwan
– Bestiario, Julio Cortázar
– La era de la revolución 1789-1848, Eric Hobsbawm
* No se entrego el número de préstamos para cada libro.

Universidad de Chile
– Obras completas, Sigmund Freud (134)
– Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, Michel Foucault (70)
– Historia de la acumulción capitalista en Chile, Gabriel Salazar (66)
– Historia contemporánea de Chile, Gabriel Salazar (65)
– La Araucana, Alonso de Ercilla (61)

“Una biblioteca para la universidad chilena”

Lunes 18 de enero de 2016, Opinión El Mercurio.

Miguel Saralegui
Profesor
Instituto de Humanidades, U. Diego Portales

“¿Por qué la situación debería causar alarma? Porque la biblioteca es el lugar donde se da a luz tanto al investigador como al profesor universitario. El siguiente argumento me parece fácil de aceptar. La calidad de un profesor depende de la calidad de la biblioteca…”

A lo largo de los dos últimos años, la intensidad del debate sobre la gratuidad universitaria ha silenciado cualquier otra reflexión sobre la educación superior en Chile. Se ha actuado de modo inverso a lo que el guión racional prescribe. Sin haber reflexionado con exactitud sobre lo que quiere, la sociedad chilena se ha concentrado en cómo pagarlo. Hemos pensado en la manera de costear la universidad, descuidando en qué se va a materializar nuestro desembolso. Respecto de la universidad, la sociedad chilena se encuentra en una situación parecida a la de ese joven matrimonio que, obsesionado con el sueño de la casa nueva, ha comprado los materiales de construcción sin haber llamado antes al arquitecto.

A pesar de las descarnadas quejas de muchos de los actores políticos, se ha tratado de un debate satisfecho y complaciente. No es necesario pensar sobre los problemas que aquejan a la educación universitaria en Chile, solo hay que proporcionarle a los sectores más desfavorecidos la entrada en ella al menor costo posible. Esta extendida actitud se cimienta sobre dos supuestos muy dudosos. El primero aceptaría la existencia de un modelo claro de lo que debe ser la universidad. El segundo defendería que este modelo se ha logrado en lo sustancial. Basta recordar la situación que atenaza al Conicyt para revelar la endeblez de dichas premisas.

A la universidad chilena la lastran todavía notables carencias. Una sociedad justa debe preocuparse por cómo ayudar a los históricamente más desfavorecidos, pero también esforzarse por mejorar esa institución en aspectos sustanciales. Además, ¿no actuaremos como ese filántropo despreocupado de sus beneficiados, si proporcionamos a los más desfavorecidos una educación universitaria que no está a la altura de las exigencias?

Dadas las características del debate, no sorprende que a lo largo de estos dos años no se haya hablado en Chile de lo que supone un déficit colosal: la carencia de una biblioteca de investigación. ¿Qué es una biblioteca de investigación? Propondré una definición lo más práctica posible: un lugar en el que está disponible una proporción significativa de las referencias necesarias para la elaboración de una contribución científica. Si consultamos cualquiera de las publicaciones de los numerosos investigadores chilenos de talla internacional, comprobaremos que la mayoría de los libros y artículos citados en ellas no se encuentra en ninguna biblioteca universitaria chilena ni tampoco en la suma de todas ellas. Se trata de una situación grave y, en la medida en que muy pocos se preocupan de ella, desesperada.

¿Por qué la situación debería causar alarma? Porque la biblioteca es el lugar donde se da a luz tanto al investigador como al profesor universitario. El siguiente argumento me parece fácil de aceptar. La calidad de un profesor depende de la calidad de la biblioteca, y la calidad de una universidad depende de la de sus profesores. En consecuencia, sin una biblioteca de investigación, por mucho apoyo que se entregue a los más desfavorecidos, no habrá buenos profesores y, por tanto, no habrá una educación superior de calidad. Ni tampoco una sociedad donde el conocimiento viva de manera armónica.

Una completa biblioteca de investigación no solo forma a los profesores maduros; ayuda sobre todo al investigador incipiente -potencialmente cualquiera del millón de estudiantes universitarios que hay en Chile-, quien normalmente carece de los recursos para realizar estancias de investigación en bibliotecas extranjeras. En este sentido, la biblioteca de investigación puede tener una consecuencia que redunde en la justicia social: permitirá a los buenos estudiantes universitarios chilenos la familiaridad con la alta cultura, que ya no será un objeto a medio camino entre lo elitista y lo excepcional, sino algo a lo que cualquiera podrá contribuir con inteligencia, método y esfuerzo.

La inversión que una biblioteca de investigación requiere es enorme. Se trata de una decisión que debe ser alentada por toda la sociedad. Constituye un objetivo idóneo en el contexto del bicentenario, pues permite mejorar al país más allá de toda disputa ideológica. La madurez del sistema universitario chileno se puede medir por la manera como afronte este problema: la formación de los formadores como paso necesario para mejorar la de los alumnos. Incluso si terminan por entrar todos los deciles en la gratuidad, si los profesores no tienen cómo estar a la altura de la institución, ¿qué educación universitaria estaremos entregando a las futuras generaciones?

Inventario detecta “pérdida” de 226 libros en biblioteca del TC

inventario

Reportajes de El Mercurio, domingo 20 de septiembre de 2015.

Quedó -literalmente- en acta: un inventario detectó la “pérdida” de 226 libros en la biblioteca del Tribunal Constitucional (TC).

Los alcances de la revisión fueron dados a conocer a los ministros, en una sesión de pleno, por el bibliotecario del organismo, Jorge Aguayo.

“El bibliotecario (…) dio cuenta de los resultados obtenidos al concluir el proceso de control de inventario de la colección de libros de la biblioteca del Tribunal e informa que se encuentran perdidos 226 libros”, se lee en el acta respectiva, fechada el 18 de agosto pasado.

En el mismo documento se detalla que, tras ser informados del problema, los jueces acordaron “arbitrar medidas para lograr su recuperación, así como también establecer un sistema de plazos y morosidad de los préstamos”.

La aplicación de ese plan permitió determinar quiénes pidieron en su minuto la mayor parte de los títulos faltantes. Así, solo resta por seguir la “pista” a una minoría de textos.

Hasta ahora no se había establecido un sistema de plazos y morosidades para los préstamos, pues la preparación de los dictámenes del TC -que implica la consulta de una bibliografía especializada- abarca generalmente períodos prolongados.

Sin perjuicio de que puede ser consultada por usuarios externos, el “público” de la biblioteca está conformado principalmente por jueces y funcionarios del tribunal.

Su colección la integran textos de derecho constitucional, administrativo y penal, entre otras materias jurídicas.

Universidad de Chile estrena portal de revistas académicas en línea

Radio UChile. 19/01/2011

Esta mañana fue presentado el nuevo Portal de Revistas Académicas de la Universidad de Chile, un proyecto del Sistema de Servicios de Información y Bibliotecas (SISIB) de nuestra casa de estudios, realizado con el apoyo del Plan de Modernización de la Gestión Institucional-Convenio de Desempeño MECESUP.

La directora de SISIB, Gabriela Ortúzar, valoró la concreción de esta iniciativa, que permitirá organizar el proceso de publicación y difusión de, hasta ahora, 17 revistas de la Universidad de Chile y reforzar su calidad.

En el nuevo sitio web se encuentran publicaciones como “Anales de la Universidad de Chile”, “Revista Chilena de Literatura”, “Revista Musical Chilena”, “Avances en Ciencias Veterinarias” y “Comunicación y medios”, entre otras.

La página permite realizar comentarios, suscribirse Y revisar números anteriores, además de poner a disposición otras herramientas para los visitantes.

La prorrectora de nuestra casa de estudios, doctora Rosa Devés, enfatizó la preocupación por la calidad de los contenidos de cada una de las revistas seleccionadas: “Es muy importante porque pone las revistas académicas al servicio de todos, pero también tiene una importancia muy grande proponer ciertos estándares de calidad. Las revistas que están a disposición han seguido criterios de evaluación de calidad muy importantes. También pone al servicio revistas históricas de interés cultural muy grande para el país, como Anales y la revista Claridad, por ejemplo. Esperamos que esto se multiplique y sean muchos más números”, indicó.

La presentación se realizó en el marco de las Décimas Jornadas Bibliotecarias de la Universidad de Chile, donde participan más de 80 bibliotecarios de nuestra universidad, con el objetivo de promover el intercambio de experiencias y generar una instancia de reflexión.

Acceso a la biblioteca a través de teléfono celular se instala en Chile

El Mercurio. Santiago, Chile. 20/12/2010

El servicio permite descargar audiolibros, textos de estudio y consultar el catálogo de 70 mil ejemplares de la red de sedes que tiene ese plantel.

Pamela Elgueda

Hace tiempo que el teléfono celular sirve más que para comunicarse. Pero desde el viernes todos los usuarios de las bibliotecas del DuocUC podrán darle un uso nuevo, porque les permitirá acceder al catálogo de libros de esta red, así como a otros servicios digitales.

“La mayoría de nuestros alumnos, por pocos recursos que tengan, cuentan con un celular”, comenta Héctor Reyes Montaner, director de Bibliotecas del DuocUC. “Eso lo comprobamos al analizar los correos electrónicos que envían para prorrogar el préstamo de los libros: la mayoría provenía de teléfonos móviles”.

A eso se agregó la propia investigación que realizaba este servicio para modernizar aún más su trabajo. Y un viaje a Estados Unidos les mostró que universidades como Harvard y Stanford permitían a sus alumnos y académicos hacer búsquedas y reservas de libros a través de su teléfono celular.

Así decidieron aplicar este mismo formato en Chile.

En el bolsillo

El público general que desea hacer uso de este servicio debe ingresar en su móvil a la página m.biblioteca.duoc.cl , que fue diseñada por ex alumnos del plantel. El usuario se encuentra con la posibilidad de hacer consultas, renovar pedidos, conocer los nuevos libros que se han sumado al catálogo y revisar revistas digitales, entre otros.

“Tenemos un catálogo de 70 mil volúmenes a disposición de la comunidad. Pero también, a través del celular, nuestros usuarios en general podrán descargar audiolibros y textos de la biblioteca Gutemberg, para leerlos en su propio teléfono”, asegura Reyes.

Efectivamente, es posible descargar libros en la medida que la capacidad del aparato lo permite, y en el caso de los audiolibros posibilita tanto descargar como escuchar el texto elegido.

Los alumnos, en tanto, podrán hacer un uso aún más intensivo de este acceso móvil. “Ellos son nuestro foco. Y a través del celular podrán a acceder a guías de clases, reservar libros, renovarlos, etcétera. Es como tener la biblioteca en el bolsillo”, concluye el director.