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Cultura acota el ingreso de personas a museos y bibliotecas

El Servicio Nacional del Patrimonio Cultural del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio dio a conocer medidas por el coronavirus en Chile.

Cooperativa.cl, Domingo 15 de Marzo de 2020.

El Servicio Nacional del Patrimonio Cultural del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio anunció una serie de medidas adoptadas por el avance del COVID-19 en Chile.

En un comunicado, el servicio afirmó que las medidas están orientadas “a la protección de nuestros usuarios, funcionarios y trabajadores”.

En los museos nacionales, Biblioteca Nacional, museos regionales y especializados, bibliotecas regionales, Archivo Nacional, archivos regionales, Seremias, Direcciones Regionales y en todos los espacios que reciben y/o atienden público se ha duplicado la limpieza de las áreas de alto flujo de tráfico de personas como baños, pasamanos, manillas, escritorios, salas de atención, lectura y estudio, dijo el servicio.

Asimismo, informó que la red de módulos de Bibliometro mantendrá la atención de público y que dio “flexibilidad laboral para aquellas funcionarias y funcionarios susceptibles de ser contagiados y que se encuentran dentro del grupo de riesgo”.

En tanto, aseguró que se restringió el ingreso de personas a los recintos, “así como la suspensión de actividades y/o eventos masivos con el fin de no superar más de 200 personas concentradas dentro de un mismo lugar“.

A su vez, se sugirió la postergación para la realización de actividades como talleres, conversatorios y reuniones masivas que convoquen más de 15 personas en un espacio reducido.

Biblioteca Nacional Digital: patrimonio a solo un clic

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Biblioteca Nacional Digital: patrimonio a solo un clic

Lunes 4 de febrero de 2019, Daniela Silva Astorga, Cultura El Mercurio

Más de 280 mil archivos ofrece la plataforma web de nuestro principal centro bibliográfico, que cumple cinco años. Aquí, los logros y pendientes de esta plataforma, que depende del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural.

Aunque ya a comienzos de los años 2000 la Biblioteca Nacional (BN) cimentaba su presencia en la web -con los populares sitios Memoria Chilena y Chile para Niños-, el salto decisivo ocurrió en 2013 con el estreno de la Biblioteca Nacional Digital (BNd).

Era una plataforma virtual pionera, que, a modo de gran paraguas, aglutinaría la oferta de esas dos páginas de contenidos editorializados con todos los demás recursos digitales de la institución. Desde entonces, y a través de una sola búsqueda, los usuarios podrían acceder no solo a referencias de títulos del catálogo, sino que también a miles de documentos, imágenes, videos o audios en formato digital. Archivos que, además, quedaban disponibles para descarga gratuita, si estaban en el dominio público. La iniciativa se lanzó durante los festejos por los dos siglos de la BN.

Han pasado cinco años desde ese hito y el crecimiento del sitio Bibliotecanacionaldigital.cl -cuyo presupuesto anual es de $200 millones- ha sido exponencial, según cuenta Roberto Aguirre (1968), quien está a su cargo como jefe del Departamento de Colecciones Digitales de la BN. “Ahora -explica- ofrecemos más de 280 mil archivos. Como vamos subiendo todo lo que digitalizamos y recibimos en donación o por depósito legal electrónico, nuestra oferta ha crecido en un 10% cada año”.

Frente a las visitas, si durante su primer semestre de funcionamiento recibieron a 28.285 usuarios, actualmente se contabilizan más de 40.000 visitantes al mes. Una masa que, durante 2018, descargó gratis más de 108 mil archivos y visitó 1.394.084 páginas desde la plataforma, cuyo espacio de almacenamiento actual es de 300 TB ( terabytes ).

Múltiples contenidos

“La BNd es un pilar fundamental de la Biblioteca Nacional, porque fomenta la democratización del acceso a valiosas colecciones”, comenta Carlos Maillet, director del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, del que depende la institución.

Y basta ingresar al sitio para verse enfrentado a un monumental universo de contenidos -tanto, que la búsqueda puede ser compleja-. Como referencia, al escribir Vicente Huidobro en la barra de exploración, aparecen más 660 resultados, la mayoría manuscritos y recortes de referencias críticas.

Mientras que al teclear Valparaíso, el volumen es incluso mayor: más de 8.400 documentos digitales, entre fotografías, textos, videos, manuscritos y audios. Y asimismo, buceando, es posible hallar -entre miles de cosas- un manuscrito de “Alamiro” (1965), de Adolfo Couve; cartas de Carlos Pezoa Véliz, y partituras de Ramón Carnicer. O explorar la oferta de 14 fondos y colecciones, junto con el Archivo de la Web Chilena -que rescata, antes de su desaparición, sitios de relevancia histórica-, una rica sección de mapas, y Memoria Chilena o Chile para Niños. Siempre, ante dudas, está disponible un bibliotecario en línea.

“La riqueza de la Biblioteca Nacional Digital es que muestra todo lo que tenemos en las colecciones -entre investigaciones, sitios de contenidos, documentos, imágenes, registros audiovisuales y sonoros-. Pero también existe la opción de pesquisas acotadas. Por ejemplo, al indagar en el Archivo Fotográfico se encuentran solo imágenes”, afirma Aguirre. Y lo mismo ocurre al aplicar filtros de consulta.

Lo que muchas veces se extraña al buscar son los libros: aparecen menos títulos históricos de los que el usuario quisiera. Y aunque eso depende de si los libros están en el dominio público o no -como para poder escanearse y estar en línea-, también se ve determinado por un déficit de la plataforma: todavía falta enlazar de manera más fina los contenidos de la Biblioteca Nacional Digital con los de, por ejemplo, Memoria Chilena.

Así, como referencia, el volumen “Chile arte actual”, de Milan Ivelic y Gaspar Galaz, solo aparece en este último sitio -descargable gratuitamente-, y no así en la plataforma madre.

Al respecto, Aguirre comenta: “Estamos trabajando para mejorar las conexiones entre los sitios, porque los cruces de información son muy importantes para el usuario. Entonces, en los contenidos de Memoria Chilena estamos incluyendo un link de bibliografía complementaria que lleva a la Biblioteca Nacional Digital (lo que se puede ver ya en el minisitio ‘Prensa escolar’), y, viceversa. Es una tarea que emprenderemos durante 2019”. Junto con la creación de un servicio OAI (Open Archives Initiative), para la transferencia de datos que podrán ser utilizados por otras bibliotecas.

Otras mejoras recientes, con las que se celebraron los cinco años de la BNd, son la inclusión en la web de los archivos de Literatura Oral y de Láminas y Estampas, y la implementación de un nuevo visor, que permite examinar de manera más cómoda y nítida los archivos.

“Pero este nuevo visor también soluciona los problemas de compatibilidad que teníamos con algunos navegadores, mejora el despliegue de los archivos en los celulares, y presenta, muy a mano, los metadatos y la información del catálogo bibliográfico. Ahora, con el formato TIF Piramidal, que es de gran calidad y no tanto peso, es posible hacer zoom y mirar con más detalle”, comenta, contento, Aguirre.

En busca de la biblioteca perdida

En el año 79, la erupción del monte Vesubio en Italia sepultó el lujoso pueblo romano de Herculaneum. Siglos después, en el lugar se hallaron casi dos mil rollos de papiro que fueron carbonizados por las cenizas y que conforman la única biblioteca intacta del mundo clásico que se conoce. Hoy, científicos están usando diversas tecnologías para reconstruir digitalmente los textos de estos deteriorados papiros, que podrían contener obras perdidas de Aristóteles, la poetisa Safo y otros autores de la época.

Marcelo Córdova, Tendencias La Tercera, sábado 1 de septiembre de 2018.

A las 13 horas del 24 de agosto del año 79, el monte Vesubio despertó de un letargo de 800 años. El volcán ubicado en el golfo de Nápoles, Italia, liberó cenizas y gases que, según cálculos científicos, se desplazaron a 161 kilómetros por hora y arrasaron con el pueblo romano de Pompeya y la mayoría de sus 20 mil habitantes. El abogado Plinio el joven describió en una carta la devastación que vio en la zona y que terminaría por costarle la vida a su tío Plinio el viejo, un naturalista pionero de las enciclopedias: “Podías escuchar los alaridos de las mujeres, los llantos de los niños y los gritos de los hombres. Algunos llamaban a sus padres, otros a sus hijos o esposas, intentando reconocerlos por sus voces. La gente lamentaba su destino y el de sus parientes y algunos rogaban para que llegara la muerte. Muchos clamaban por la ayuda de los dioses, pero muchos más imaginaban que ya no quedaban dioses y que el universo se había sumergido en la oscuridad eterna”.

La villa quedó cubierta por seis metros de cenizas que la ocultaron por siglos, hasta que 1599 volvió a salir a la luz durante la construcción de un canal. Hasta hoy se han encontrado indicios de casi mil doscientas personas, cuyas siluetas fueron preservadas por el ardiente material volcánico, y el lugar recibe casi tres millones de visitantes por año. Pero a sólo 16 kilómetros de Pompeya existía otro pueblo, uno de apenas cinco mil habitantes que, según las leyendas locales, había sido fundado por el mítico Hércules y que en el año 79 era un resort con lujosas residencias. El lugar se llamaba Herculaneum y sus secretos también permanecieron ocultos durante siglos bajo casi 20 metros de lava endurecida y roca volcánica.

Recién en el siglo XVIII empleados del rey Carlos III de España, quien entonces regía gran parte del sur de Italia, descubrieron en la zona los restos de una villa que perteneció a Lucius Calpurnius Piso Caesoninus, suegro de Julio César. Además de mosaicos, frescos y esculturas, los obreros encontraron casi dos mil rollos de papiro que conformaban la única biblioteca del mundo clásico que había sobrevivido intacta. Era un hallazgo extraordinario, ya que la mayoría de los textos de esa época que hoy se conocen provienen de copias reinterpretadas por decenas de redactores a lo largo de los siglos, mientras que las obras de Herculaneum prometían provenir del puño y letra de los autores griegos y romanos.

Pero había un problema, porque el calor volcánico y los gases del Vesubio les dieron a los rollos una apariencia muy similar a la del carbón y al comienzo los trabajadores de Carlos III los usaron para encender fogatas o, simplemente, los lanzaron al mar. En 1752, el artista Camillo Paderni se dio cuenta de que en realidad eran rollos antiguos y fue el primero que intentó leerlos. Su método consistía en partirlos por la mitad, copiar todo lo que fuera legible y luego raspar cada capa en busca de textos. Cientos de rollos fueron destruidos en el proceso y desde entonces numerosos intentos de averiguar qué ocultan los demás han terminado con los frágiles rollos destrozados y apenas han revelado unos cuantos retazos de obras como Sobre la Naturaleza, del filósofo griego Epicuro, y tratados del poeta Filodemo de Gaddara.

Por temor a los efectos que tendrían nuevos intentos por abrir y desplegar los escritos, los rollos supervivientes y varios fragmentos han permanecido resguardados en la biblioteca de Napolés e instituciones de Francia e Inglaterra, cuyos soberanos los recibieron como regalos por parte de Fernando I, hijo de Carlos III. En el último tiempo, estas organizaciones han rechazado la mayoría de los análisis de los papiros y parecía que sus contenidos serían un enigma para siempre. Pero investigadores del Centro de Visualización y Ambientes Virtuales de la Universidad de Kentucky, Estados Unidos, han creado revolucionarias técnicas digitales que finalmente podrían revelar qué esconde lo que algunos medios han llamado la “biblioteca invisible”.

La iniciativa es impulsada por un equipo de expertos liderados por Brent Seales, director del centro y quien ostenta logros como la creación de una versión digital de la única copia existente del antiguo poema épico inglés Beowulf. En 2005, el experto fue invitado por un colega a visitar la biblioteca de Nápoles, donde los rollos se exhiben en vitrinas especiales. Para Seales, el encuentro fue revelador: “Me di cuenta de que había muchas docenas, probablemente centenares, de estos rollos intactos y nadie tenía la menor idea de qué contenían. Estábamos mirando manuscritos que representan los mayores misterios que puedo imaginar”.

Un tesoro clásico

Seales y sus colegas ocupan equipos similares a las máquinas de tomografía computarizada médica, las que habitualmente se usan para generar “cortes” virtuales de órganos internos sin la necesidad de intervenir al paciente. El sistema tiene mayor resolución que esos aparatos y permite ver detalles más finos cuando se aplica a manuscritos antiguos, mientras que un software diseñado por Seales ha probado ser capaz de manipular las imágenes obtenidas para así poder “abrir” los rollos de manera virtual y leerlos.

Para los especialistas, esta labor de rescate es crucial porque el noventa y nueve por ciento de la literatura antigua griega se ha perdido producto de guerras y desastres. La cifra es similar en el caso de los autores romanos, por lo que existen esperanzas de que los papiros de Herculaneum contengan tesoros como las obras de la poetisa griega Safo -de quien sólo se conoce un poema- o algún relato de Livio, de quien sobreviven treinta y cinco de los 242 libros que escribió sobre la historia de Roma. A esas obras se podrían sumar otros clásicos perdidos como el segundo volumen de la Poética de Aristóteles. Incluso, Seales dijo a la revista del Instituto Smithsoniano que su gran sueño es hallar cartas escritas por el apóstol Pablo, quien solía viajar por los alrededores de Nápoles en la época de la erupción.

Seth Parker, uno de los investigadores del centro de visualización de la Universidad de Kentucky, afirma a Tendencias que “la biblioteca revelada de Herculaneum podría ser el descubrimiento literario más significativo del siglo. El estudio de los textos de la Antigüedad es un campo diverso y los expertos suelen analizarlos para explorar las evoluciones del lenguaje, la cultura, la ciencia, la religión y un largo etcétera. Cualquier obra de la colección de Herculaneum puede contribuir a estas investigaciones…y hay que recordar que hay casi 1.800 rollos”. El investigador añade que “si bien tenemos textos individuales más antiguos, una colección de obras de este tipo es bastante rara. La colección más comparable con esta sería la de los rollos del mar Muerto, que abarca miles de fragmentos pero sólo unos 900 textos. En ese sentido, equivale a la mitad de la colección de Herculaneum”.

Una de las primeras pruebas de la tecnología creada en Kentucky se hizo en 2009 en el Institut de France en París. Durante cuatro semanas, y tras un engorroso proceso de autorización, los científicos escanearon dos rollos que nunca habían sido abiertos. Pero la tecnología no había sido perfeccionada y las imágenes fueron incapaces de mostrar letras o palabras. Pero en 2013, Seales pudo probar una versión más avanzada de su sistema en un rollo de pergamino carbonizado, el cual fue hallado en los restos de una sinagoga del siglo VI d.C. destruida por un incendio en el pueblo israelí de Ein Gedi.

El pergamino con forma de cigarro era muy delicado para abrirlo y los científicos israelíes, que ya lo habían escaneado, le pidieron a la Universidad de Kentucky que analizara esa información. Dos años después, los investigadores presentaron sus resultados: el software mapeó correctamente las letras del pergamino para luego desplegarlo de manera virtual, revelando todo el texto superviviente. El escrito databa del siglo III o IV d.C. y abarcaba los dos primeros capítulos del Levítico, uno de los libros del Antiguo Testamento. Para los estudiosos fue un hallazgo espectacular: a excepción de los rollos del mar Muerto, era la copia más antigua existente de algún texto de la Biblia.

El joven Pythocles

El siguiente blanco fue la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford, en Inglaterra. La institución tiene cuatro rollos de Herculaneum, los que llegaron en 1810 tras ser regalados al Príncipe de Gales. Como era de esperar, a Seales ni siquiera le permitieron ver los papiros intactos. “Obtener acceso a un rollo con fines experimentales siempre ha sido extremadamente difícil. Las colecciones son muy protectoras de sus materiales más frágiles y con todo derecho”, comenta Parker.

Sin embargo, en 1883 uno de los papiros de la Biblioteca Bodleiana conocido como “P.Herc. 118” fue enviado a Nápoles, donde intentaron desenrollarlo con desastrosos resultados: fue enviado de vuelta en trozos pegados en un papel y montados detrás de un vidrio. Tras mucho insistir, el año pasado Seales fue autorizado a escanear los fragmentos. Mediante un escáner portátil de imágenes 3D, él y sus colegas procesaron los pedazos y tras meses de análisis en marzo presentaron sus resultados en Oxford: ante una impresionada audiencia, las páginas reconstruidas virtualmente mostraban el nombre de Pythocles, un joven seguidor de Epicuro, y varias líneas de texto.

Seth Parker asegura que fue un momento histórico, aunque agrega que todavía queda mucho por avanzar: “Desenrollar cada rollo de manera virtual es muy complejo. Su estructura interna está más dañada que cualquier otro manuscrito deteriorado que hayamos estudiado. Es casi como desenredar un trozo de cuerda con los ojos cerrados”. El próximo paso es aprovechar la tecnología del Diamond Light Source, un centro de investigación británico que alberga una de las instalaciones de rayos X más poderosas del mundo y cuyas emisiones son 100 mil millones de veces más brillantes que las de una máquina de rayos X hospitalaria. A mediados del año pasado, Seales analizó en ese centro algunos fragmentos del rollo de Herculaneum y pudo identificar letras individuales que luego permitirán detectar palabras, frases y textos completos.

“Además de ser sumamente brillantes, las imágenes que se generan en Diamond Light tienen una resolución muy alta. Eso significa que podemos hacer escaneos de tomografía computarizada de manera más rápida y con mayor detalle que con las máquinas comerciales. Eso es extremadamente importante para desenrollar virtualmente los textos y para detectar su tinta. Además, produce rayos X monocromáticos, los que son muy útiles para mejorar el contraste que se obtiene mediante la tomografía o para detectar elementos mediante la técnica de la fluorescencia, dos métodos bastante útiles para rastrear tintas”, añade Parker.

Todos estos avances han logrado que la biblioteca de Nápoles ahora esté considerando permitir que los científicos finalmente tengan acceso a sus rollos: “Nuestros métodos lograrán revelar los contenidos perdidos de estos rollos. Ya los estamos usando para descubrir el material de otros manuscritos y es sólo cosa de tiempo antes de que estemos leyendo la biblioteca de Herculaneum”, afirma el investigador.

Sitio ofrece una cartografía interactiva con las cartas náuticas de Vidal Gormaz

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Biblioteca Nacional Digital:

Sitio ofrece una cartografía interactiva con las cartas náuticas de Vidal Gormaz

Cultura El Mercurio, Miércoles 1 de agosto de 2018

Por M.S.R.R.

En la sección Mapas patrimoniales se puede cotejar el trabajo del marino chileno del siglo XIX, con fotos satelitales del territorio nacional.

El capitán de navío Francisco Vidal Gormaz (1837-1907) fue el primer director de la Oficina Hidrográfica de la Armada, creada en 1874, y antecedente del actual Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA). Vidal Gormaz llegó a ese puesto no por mera razón de ascenso naval: durante 45 años recorrió el país para tomar notas y producir material cartográfico de vital importancia para un Estado que aún no conocía detalladamente todo su territorio. Durante la segunda mitad del siglo XIX, Vidal Gormaz estuvo a cargo de expediciones que se concentraron principalmente en la zona de la Araucanía y en torno a Llanquihue y Chiloé. También hacia el norte del país, en el contexto de la Guerra del Pacífico. Su labor contribuyó al conocimiento de la hidrografía de Chile, como también de la meteorología, geografía, astronomía y topografía nacional.

Ahora, la Biblioteca Nacional Digital georreferenció 23 de sus cartas náuticas y las ha publicado como cartografía interactiva en la aplicación de Mapas Patrimoniales bajo el nombre de “Colección de cartas náuticas: exploraciones hidrográficas de Francisco Vidal Gormaz en Chile (1860-1872)”. A través de la aplicación interactiva, es posible superponer los mapas originales de Vidal Gormaz a una imagen satelital actual. A través de una herramienta específica, se puede establecer distintos niveles de transparencia y así identificar diferencias y similitudes entre uno y otro mapa.

Para desarrollar la aplicación se determinó una serie de puntos de control en cada carta náutica, como la cumbre de un cerro o la esquina de una plaza. Asimismo, esos lugares asumieron una coordenada en la imagen satelital de referencia. Debido a que algunas cartas no guardaban relación exacta con la realidad, al ser georreferenciadas se deformaron y sus bordes perdieron la ortogonalidad. Mientras menor es la exactitud de la carta, mayor es la deformación observada al posicionarla sobre una base actual.

El objetivo del trabajo de Vidal Gormaz era que sus cartas náuticas fueran usadas para la navegación y el desarrollo de infraestructura en torno a las costas. Por ello, su intención no era reflejar toda la realidad de la geografía de los lugares, sino más bien puntos específicos de interés. Para los mapas interactivos, se buscó un equilibrio entre la realidad geográfica y el sentido que la carta original buscaba comunicar.

De uso amigable, en el sitio se pueden revisar y cotejar, por ejemplo, los mapas o planos de la rada de Antofagasta; de la costa entre la caleta Matanzas y el río Mataquitos, el río Calle Calle y el Lago Llanquihue.