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Biblioteca Nacional Digital: patrimonio a solo un clic

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Biblioteca Nacional Digital: patrimonio a solo un clic

Lunes 4 de febrero de 2019, Daniela Silva Astorga, Cultura El Mercurio

Más de 280 mil archivos ofrece la plataforma web de nuestro principal centro bibliográfico, que cumple cinco años. Aquí, los logros y pendientes de esta plataforma, que depende del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural.

Aunque ya a comienzos de los años 2000 la Biblioteca Nacional (BN) cimentaba su presencia en la web -con los populares sitios Memoria Chilena y Chile para Niños-, el salto decisivo ocurrió en 2013 con el estreno de la Biblioteca Nacional Digital (BNd).

Era una plataforma virtual pionera, que, a modo de gran paraguas, aglutinaría la oferta de esas dos páginas de contenidos editorializados con todos los demás recursos digitales de la institución. Desde entonces, y a través de una sola búsqueda, los usuarios podrían acceder no solo a referencias de títulos del catálogo, sino que también a miles de documentos, imágenes, videos o audios en formato digital. Archivos que, además, quedaban disponibles para descarga gratuita, si estaban en el dominio público. La iniciativa se lanzó durante los festejos por los dos siglos de la BN.

Han pasado cinco años desde ese hito y el crecimiento del sitio Bibliotecanacionaldigital.cl -cuyo presupuesto anual es de $200 millones- ha sido exponencial, según cuenta Roberto Aguirre (1968), quien está a su cargo como jefe del Departamento de Colecciones Digitales de la BN. “Ahora -explica- ofrecemos más de 280 mil archivos. Como vamos subiendo todo lo que digitalizamos y recibimos en donación o por depósito legal electrónico, nuestra oferta ha crecido en un 10% cada año”.

Frente a las visitas, si durante su primer semestre de funcionamiento recibieron a 28.285 usuarios, actualmente se contabilizan más de 40.000 visitantes al mes. Una masa que, durante 2018, descargó gratis más de 108 mil archivos y visitó 1.394.084 páginas desde la plataforma, cuyo espacio de almacenamiento actual es de 300 TB ( terabytes ).

Múltiples contenidos

“La BNd es un pilar fundamental de la Biblioteca Nacional, porque fomenta la democratización del acceso a valiosas colecciones”, comenta Carlos Maillet, director del Servicio Nacional del Patrimonio Cultural, del que depende la institución.

Y basta ingresar al sitio para verse enfrentado a un monumental universo de contenidos -tanto, que la búsqueda puede ser compleja-. Como referencia, al escribir Vicente Huidobro en la barra de exploración, aparecen más 660 resultados, la mayoría manuscritos y recortes de referencias críticas.

Mientras que al teclear Valparaíso, el volumen es incluso mayor: más de 8.400 documentos digitales, entre fotografías, textos, videos, manuscritos y audios. Y asimismo, buceando, es posible hallar -entre miles de cosas- un manuscrito de “Alamiro” (1965), de Adolfo Couve; cartas de Carlos Pezoa Véliz, y partituras de Ramón Carnicer. O explorar la oferta de 14 fondos y colecciones, junto con el Archivo de la Web Chilena -que rescata, antes de su desaparición, sitios de relevancia histórica-, una rica sección de mapas, y Memoria Chilena o Chile para Niños. Siempre, ante dudas, está disponible un bibliotecario en línea.

“La riqueza de la Biblioteca Nacional Digital es que muestra todo lo que tenemos en las colecciones -entre investigaciones, sitios de contenidos, documentos, imágenes, registros audiovisuales y sonoros-. Pero también existe la opción de pesquisas acotadas. Por ejemplo, al indagar en el Archivo Fotográfico se encuentran solo imágenes”, afirma Aguirre. Y lo mismo ocurre al aplicar filtros de consulta.

Lo que muchas veces se extraña al buscar son los libros: aparecen menos títulos históricos de los que el usuario quisiera. Y aunque eso depende de si los libros están en el dominio público o no -como para poder escanearse y estar en línea-, también se ve determinado por un déficit de la plataforma: todavía falta enlazar de manera más fina los contenidos de la Biblioteca Nacional Digital con los de, por ejemplo, Memoria Chilena.

Así, como referencia, el volumen “Chile arte actual”, de Milan Ivelic y Gaspar Galaz, solo aparece en este último sitio -descargable gratuitamente-, y no así en la plataforma madre.

Al respecto, Aguirre comenta: “Estamos trabajando para mejorar las conexiones entre los sitios, porque los cruces de información son muy importantes para el usuario. Entonces, en los contenidos de Memoria Chilena estamos incluyendo un link de bibliografía complementaria que lleva a la Biblioteca Nacional Digital (lo que se puede ver ya en el minisitio ‘Prensa escolar’), y, viceversa. Es una tarea que emprenderemos durante 2019”. Junto con la creación de un servicio OAI (Open Archives Initiative), para la transferencia de datos que podrán ser utilizados por otras bibliotecas.

Otras mejoras recientes, con las que se celebraron los cinco años de la BNd, son la inclusión en la web de los archivos de Literatura Oral y de Láminas y Estampas, y la implementación de un nuevo visor, que permite examinar de manera más cómoda y nítida los archivos.

“Pero este nuevo visor también soluciona los problemas de compatibilidad que teníamos con algunos navegadores, mejora el despliegue de los archivos en los celulares, y presenta, muy a mano, los metadatos y la información del catálogo bibliográfico. Ahora, con el formato TIF Piramidal, que es de gran calidad y no tanto peso, es posible hacer zoom y mirar con más detalle”, comenta, contento, Aguirre.

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Sitio ofrece una cartografía interactiva con las cartas náuticas de Vidal Gormaz

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Biblioteca Nacional Digital:

Sitio ofrece una cartografía interactiva con las cartas náuticas de Vidal Gormaz

Cultura El Mercurio, Miércoles 1 de agosto de 2018

Por M.S.R.R.

En la sección Mapas patrimoniales se puede cotejar el trabajo del marino chileno del siglo XIX, con fotos satelitales del territorio nacional.

El capitán de navío Francisco Vidal Gormaz (1837-1907) fue el primer director de la Oficina Hidrográfica de la Armada, creada en 1874, y antecedente del actual Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA). Vidal Gormaz llegó a ese puesto no por mera razón de ascenso naval: durante 45 años recorrió el país para tomar notas y producir material cartográfico de vital importancia para un Estado que aún no conocía detalladamente todo su territorio. Durante la segunda mitad del siglo XIX, Vidal Gormaz estuvo a cargo de expediciones que se concentraron principalmente en la zona de la Araucanía y en torno a Llanquihue y Chiloé. También hacia el norte del país, en el contexto de la Guerra del Pacífico. Su labor contribuyó al conocimiento de la hidrografía de Chile, como también de la meteorología, geografía, astronomía y topografía nacional.

Ahora, la Biblioteca Nacional Digital georreferenció 23 de sus cartas náuticas y las ha publicado como cartografía interactiva en la aplicación de Mapas Patrimoniales bajo el nombre de “Colección de cartas náuticas: exploraciones hidrográficas de Francisco Vidal Gormaz en Chile (1860-1872)”. A través de la aplicación interactiva, es posible superponer los mapas originales de Vidal Gormaz a una imagen satelital actual. A través de una herramienta específica, se puede establecer distintos niveles de transparencia y así identificar diferencias y similitudes entre uno y otro mapa.

Para desarrollar la aplicación se determinó una serie de puntos de control en cada carta náutica, como la cumbre de un cerro o la esquina de una plaza. Asimismo, esos lugares asumieron una coordenada en la imagen satelital de referencia. Debido a que algunas cartas no guardaban relación exacta con la realidad, al ser georreferenciadas se deformaron y sus bordes perdieron la ortogonalidad. Mientras menor es la exactitud de la carta, mayor es la deformación observada al posicionarla sobre una base actual.

El objetivo del trabajo de Vidal Gormaz era que sus cartas náuticas fueran usadas para la navegación y el desarrollo de infraestructura en torno a las costas. Por ello, su intención no era reflejar toda la realidad de la geografía de los lugares, sino más bien puntos específicos de interés. Para los mapas interactivos, se buscó un equilibrio entre la realidad geográfica y el sentido que la carta original buscaba comunicar.

De uso amigable, en el sitio se pueden revisar y cotejar, por ejemplo, los mapas o planos de la rada de Antofagasta; de la costa entre la caleta Matanzas y el río Mataquitos, el río Calle Calle y el Lago Llanquihue.

Memoria Chilena cumple 15 años como primera vitrina de la Biblioteca Nacional

Cultura El Mercurio, Domingo 8 de Abril de 2018.

El equipo editorial anuncia 20 nuevas publicaciones temáticas durante 2018, además de la digitalización de 75 mil páginas para la Biblioteca Nacional Digital y otros 10 minisitios en Chile para Niños.

Por Íñigo Díaz.

Se le conoce como Vanessa Carye, una especie de mariposa endémica chilena. Fue una de las primeras descritas por Claudio Gay en su “Atlas de la Historia Física y Política de Chile” (1844-48), cuya edición de 1854 se encuentra conservada y digitalizada en la Biblioteca Nacional. Con su colorido múltiple es, además, el logo de Memoria Chilena, la primera vitrina digital de la Biblioteca Nacional o bien su vía de acceso más directo al panorama de colecciones que allí se resguardan desde hace más de dos siglos.

“La Vanessa Carye era una especie bastante común en Chile, de manera que si todos pensamos en nuestra infancia, seguramente recordaremos a esta mariposa. Es un símbolo de nuestra memoria”, dice Daniela Schütte, coordinadora de las plataformas digitales de la biblioteca. Junto a Memoria Chilena operan también la Biblioteca Nacional Digital (BND), que permite un acceso remoto a los enormes volúmenes de contenidos, y Chile para Niños, sitio que presenta las colecciones bibliográficas y documentales a usuarios menores de 12 años.

En 2018, Memoria Chilena está cumpliendo 15 años desde que puso en marcha su proyecto en línea con los primeros 50 minisitios, como denominan allí a las unidades de contenidos, que son como páginas de una gran enciclopedia en línea. “En esos primeros tiempos trabajamos con temas fundamentales: los presidentes de Chile, los grandes escritores, los premios nacionales o acontecimientos históricos principales. A medida que fuimos creciendo hemos detectado vacíos que nos permiten completar temáticas”, señala Schütte.

Antes de esa marcha blanca, Memoria Chilena fue sometida a un largo proceso de diseño editorial y técnico. El proyecto se basó, principalmente, en la Gallica, la plataforma digital de la Biblioteca Nacional de Francia, y la American Memory, su similar en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

En los 15 años de actividad han publicado 958 minisitios, que abordan no solo historia política y literatura, sino temáticas muy diversas: arte, música, ciencia, tecnología, vida cotidiana.

“Todas las colecciones de la biblioteca (desde la Sala Medina a la Mapoteca o el Archivo de Tradición Oral), están representadas en Memoria Chilena”, explica Schütte. Si bien los planes originales pretendían alcanzar el millar de minisitios en 2018, el cronograma de publicaciones anuncia una veintena de ellos, por lo que los editores asumen que la cifra redonda tardará un año más.

En paralelo ya están trabajando en la puesta a punto de otro tanto de investigaciones para publicar en 2019, entre ellas la recordada Guía del Veraneante, una serie de colecciones de revistas deportivas, el espiritismo en Chile, la Academia Bellas Letras de 1873 o el Cerro Santa Lucía.

Más minisitios

Este año se sumarán otros 10 minisitios en Chile para Niños y la digitalización de nuevas 75 mil páginas de todas las secciones de la biblioteca para la BND. “El aporte de los usuarios es fundamental. Muchas ideas provienen de ellos”, dice Schütte. Las redes sociales de Memoria Chilena cuentan con 113 mil seguidores en Twitter y unos 240 mil en Facebook.

La temporada arrancó en marzo con los minisitios dedicados a la Antártica Chilena, con los documentos de los primeros 15 años del “Boletín del Instituto Antártico Chileno” (1965-79), y a Manuel Bilbao (1828-1895), hermano y compañero intelectual de Francisco Bilbao, descrito como férreo opositor de todo quien no alentara los ideales emancipadores que dieron sustento a la Sociedad de la Igualdad y la revolución de 1851. Están disponibles sus tres novelas.

Y desde esta semana se publicarán el minisitio de “El Semanario de Santiago”, dirigido entre 1842 y 1843 por José Victorino Lastarria, con su colección completa digitalizada, además de otro sobre la Quinta Normal.

A ellos se sumarán en adelante publicaciones en línea sobre los antiguos noticieros cinematográficos, las toponimias chilenas, las vacaciones y el Partido Liberal, además de otros monográficos de Nicomedes Guzmán, Augusto Orrego Luco, Armando Donoso y Vicente Huidobro, al cumplirse los 70 años de su muerte, con la digitalización de todas las primeras ediciones existentes en la biblioteca.

Cómo navegar
Daniela Schütte, coordinadora de las plataformas digitales de la Biblioteca Nacional, explica que la navegación en Memoria Chilena está pensada de dos formas. “La primera es para los usuarios que saben exactamente lo que buscan. Para eso está el buscador, que desplegará siempre, como resultado prioritario, el o los minisitios que aborden directamente el término buscado, o en segunda instancia aquellos que lo mencionen”, señala.

Agrega que los resultados de la búsqueda, a su vez, pueden refinarse a través de filtros por tipo de material. “De esta forma, si por ejemplo a alguien le interesan solo los minisitios, puede desagregarlos fácilmente, o por el contrario, si solo quiere revisar libros o revistas, o solo imágenes, también puede hacerlo”.

La otra forma de navegar es a través de búsquedas exploratorias. “Esta es la función del menú de la barra superior. Gracias a esta ordenación, un usuario que no sabe con certeza cómo orientar su búsqueda puede aproximarse a los contenidos a través de las secciones Lugares, Temas, Formatos o Fechas”, comenta Schütte.

Así, por ejemplo, en Temas “se podrá revisar los minisitios sobre Arquitectura y urbanismo, Ciencia y tecnología, Personajes, Cultura, Literatura, Historia y otros. Cada uno de estos temas presenta, a su vez, subtemas, para ir acotando las áreas de interés”. O en la sección Fechas, que presenta una completa línea de tiempo en la que se presentan por períodos y años los 959 minisitios existentes.

Daniela Schütte asegura que entre los aspectos que van a mejorar a mediano plazo está un refinamiento del buscador y también “la integración de filtros para el estatus de propiedad intelectual de los documentos, el perfeccionamiento de la visualización de la línea de tiempo de la sección Fechas y la integración de los contenidos de Biblioteca Nacional Digital y Chile para Niños como sugerencias de búsqueda”.

La gráfica y la ilustración se incorporan a la Biblioteca Nacional

Artes y Letras El Mercurio, Domingo 5 de marzo de 2017

Por Maureen Lennon Zaninovic

Patrimonio | Las directrices que tendrá esta nueva área visual:

El periodista e investigador Claudio Aguilera, tiene a su cargo una nueva sección de este icónico edificio santiaguino que acogerá valiosos originales de creadores nacionales, como Coré, Themo Lobos, Pepo, Eduardo Armstrong, Renzo Pecchenino (Lukas) y Jaime Escudero, entre otros. “Lo que podamos rescatar del pasado, enhorabuena. Por eso estamos apelando a recibir donaciones de importantes colecciones históricas”, señala Pedro Pablo Zegers, director de la Biblioteca Nacional.

El mundo de la ilustración y la gráfica chilena está viviendo días de auge. El surgimiento -en la última década- de festivales temáticos, galerías especializadas como Plop!, premiados historietistas como Gabriel Rodríguez y dibujantes como Francisco Javier Olea, Alberto Montt, Paloma Valdivia y Catalina Bu -entre otros-, y recientemente el éxito de ventas del libro “Historia de un oso”, revelan que este universo visual cuenta con entusiastas seguidores.

Pero más allá de este boom , la ilustración es un arte con larga data en nuestro país y con un importante arraigo en el imaginario de los chilenos, gracias al legado de inolvidables dibujantes como Coré, Themo Lobos, Pepo, Eduardo Armstrong, Elena Poirier, Renzo Pecchenino (Lukas), Jimmy Scott, Hervi, los hermanos Vicente y Antonio Larrea, entre otros.

En 1886, Luis Montt y Montt, director de la Biblioteca Nacional, ya vislumbraba la importancia de darle un resguardo a la creación de los artistas locales y estableció el gabinete de estampas, retratos y grabados. En esa misma línea, en 1932, la Biblioteca Nacional abrió su Sala de Estampas para acopiar “grabados, cromos, aguafuertes, litografías, y láminas de interés cultural o relacionados con las artes gráficas”. Desde hace más de un siglo, este recinto ha ido salvaguardando un importante patrimonio y en reconocimiento a esta labor en 2015 fue declarada Monumento Nacional la colección de historietas de la Hemeroteca de la Biblioteca Nacional, la que cuenta con alrededor de 238 títulos editados en el país, que cubren desde 1906 al 2006.

“Se merecía una sección propia”

“Lo que estamos proponiendo no es algo nuevo. Hacia fines de los 60, Roque Esteban Scarpa, quien estuvo a cargo de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam), intentó darle un nuevo impulso a esta área de láminas y estampas incorporándola a la Mapoteca. De alguna manera tenía sentido sumarla a una colección cartográfica, pero nosotros consideramos que se merecía una sección propia. La Dibam y su actual director, Ángel Cabeza, se hicieron eco de nuestra petición y conseguimos el apoyo para así dar forma a un módulo independiente. Las más importantes bibliotecas públicas del mundo, como la de España, cuentan con un espacio dedicado a las láminas y estampas, y nosotros decidimos mantener esa nomenclatura genérica propia del siglo XIX, para reforzar la idea de un material que tiene que ver con el recuerdo, con un valor de época”, señala a “Artes y Letras” Pedro Pablo Zegers, director de la Biblioteca Nacional. Añade que durante meses se trabajó en darle un ordenamiento jurídico y en las próximas semanas estará habilitada una sala exclusiva para esta sección, contigua a la Mapoteca, “y esperamos que sea de gran utilidad para los investigadores y seguidores de este arte, que cada vez son más numerosos”, comenta Zegers.

El periodista Claudio Aguilera, reconocido investigador, socio fundador de la Galería Plop! y autor, entre otros volúmenes, de “Antología visual del libro ilustrado en Chile” (Quilombo Ediciones), responsable del prólogo de la reedición de “Perejil Piedra” de Coré, asumió el 1 de marzo la dirección de esta Unidad de Láminas y Estampas. El profesional, además, se desempeñó hasta 2011 como jefe de extensión cultural de la Biblioteca Nacional. “Esta es como mi casa y siento que es un muy bonito desafío regresar a este edificio en un área nueva y que me resulta bien cercana”, señala Claudio Aguilera, y agrega que “justamente me he dedicado el último tiempo al estudio de la historieta y la ilustración chilena. He publicado libros y he dictado clases y talleres sobre el tema. Me parece muy importante recordarles a las nuevas generaciones de ilustradores e historietistas que existe una historia y que estamos poniendo a su disposición una serie de materiales físicos que facilitarán el estudio. Estamos en un momento de creación, de investigación y de publicación muy importante. Hay mucho interés en la historieta, en la gráfica, en los afiches y en los panfletos. En las últimas décadas se han editado publicaciones muy valiosas a cargo de especialistas como Jorge Montealegre y Pedro Álvarez, lo que demuestra la creciente atracción que genera este campo”.

Pedro Pablo Zegers añade que existen secciones como la Hemeroteca de la biblioteca que cuentan con un material gráfico relevante, “pero la idea no es desvestir un santo para vestir otro. No vamos a desagregar colecciones de nuestra biblioteca para sumarlas a esta. El Museo Histórico Nacional, que pertenece a la Dibam, también adquirió parte importante del archivo del desaparecido Museo de la Historieta. La idea no es competir, sino complementarnos con otras unidades, generar conexiones y darles un espacio destacado a los originales de los artistas”.

Aguilera complementa que, además de las copias impresas, esta sección pondrá el énfasis en “el original de un afiche, en ese primer boceto o primer dibujo de un creador. Lamentablemente, en el último siglo se perdieron miles de originales de Coré, de Elena Poirier, de grandes ilustradores e historietistas, porque se los consideraba de poca estimación. Parte de la misión de la biblioteca es rescatar todas esas obras originales para entender todo un proceso que, finalmente, lleva a un ejemplar impreso. También, y ese es otro desafío, esperamos sumar a nuestra colección el trabajo de artistas chilenos contemporáneos”.

El director de la Biblioteca Nacional advierte que esta sección “se abre en un momento crucial de la historieta, la ilustración, el diseño y la gráfica chilena. Se abre en un momento en que estábamos a punto de perderlo todo. Hemos perdido mucho tiempo de acopio, pero aún podemos resguardar aquello que se nos fue. Lo que podamos rescatar del pasado, enhorabuena. Por eso estamos apelando a donaciones privadas de importantes colecciones históricas. Hacemos un llamado, queremos sensibilizar a los artistas y sus familiares, en el caso de que los creadores ya estén fallecidos, para que se animen a donar. La Dibam cuenta con un fondo de adquisición; siempre los recursos son escasos, pero -a pesar de los fondos limitados- hemos hecho esfuerzos no menores para incorporar colecciones gráficas completas a la biblioteca”.

Mantener una época de oro

Claudio Aguilera explica que “a nuestros grandes creadores hay que aglutinarnos en un solo lugar y afortunadamente hay varios artistas vivos, como los hermanos Vicente y Antonio Larrea -considerados icónicos creadores de afiches-, a los que queremos darle la seguridad de que su material quedará resguardado en una institución del Estado y en muy buenas manos, como parte de un acervo que puede ser revisado y estudiado. Dentro de nuestros objetivos como sección está poder difundir todo ese acopio a través de distintos libros y exposiciones. Todas esas obras que parecen dispersas conforman un núcleo en torno al patrimonio gráfico chileno, nos hablan de la memoria visual. Todas estas historietas, ilustraciones, etiquetas, afiches y panfletos, que incluso un día estuvieron botados en la calle, nos hablan de nuestro país, de una memoria que al investigarla nos permite revelar contextos diversos. Cada una de estas obras nos habla de los distintos momentos de la historia de Chile”.

El director de esta nueva unidad puntualiza que, junto con habilitar el espacio físico, “hay que iniciar el proceso de catalogación y digitalización de cada una de las piezas. Es un trabajo enorme y desafiante”, y remata que entre los años 30 y los 50 del siglo pasado “vivimos una edad de oro de la gráfica chilena, gracias al aporte de la Editorial Zig-Zag, con una producción muy variada tanto en libros como en revistas. Hoy también estamos viviendo un período efervescente y es probable que, gracias a las políticas que están llevando adelante el Estado y particulares, para la conservación, investigación y promoción de este material, este buen momento perdure en el tiempo”.

“Esta sección se abre en un momento crucial de la historieta, la ilustración, el diseño y la gráfica chilena”.

PEDRO PABLO ZEGERS,
DIRECTOR DE LA BIBLIOTECA NACIONAL

Dentro de nuestros objetivos como sección está poder difundir todo ese acopio a través de distintos libros y exposiciones.

CLAUDIO AGUILERA,
DIRECTOR DE LA UNIDAD DE LÁMINAS Y ESTAMPAS.

Desde dibujos originales de Coré hasta etiquetas de vino

Pedro Pablo Zegers, director de la Biblioteca Nacional, comenta que el principal reto será el inventario y catalogación de todo el material que integrará este espacio. “Aún no tenemos una cifra exacta, pero estamos seguros de que todo este patrimonio -vía donaciones y adquisiciones- se duplicará rápidamente”, advierte.

Entre otras piezas, la Unidad de Láminas y Estampas acogerá afiches, ephemera (materiales escritos e impresos de corta duración) y publicidad chilena (juguetes de papel, láminas recortables, álbumes coleccionables, postales, tarjetas de saludos, esquelas, etiquetas, cajas de fósforos, calendarios, agendas, envases y folletos de diverso tipo), además de panfletos y propaganda política, ex libris y marcapáginas, obras de diseñadores gráficos chilenos, dibujos y fanzines.

De los dibujantes más icónicos, Claudio Aguilera explica que cuentan con originales de Mario Silva Ossa (1913-1950) conocido como Coré, Themo Lobos (1928-2012), Eduardo Armstrong (1931-1973), Pepo (1911-2000), Lukas (1934-1988), Jimmy Scott (1936), entre otros. “Hay dibujos de Antonio Romera (1908-1975), un gran artista y crítico español, y trabajos de Juan Emar (1893-1964) que son notables. Este proceso de inicio de la unidad ha implicado sumergirse en un mar gráfico que nos seguirá dando sorpresas”.

El director de la Unidad de Láminas y Estampas entrega algunas cifras: “Ya contamos con alrededor de 300 etiquetas de vino, cerca de mil afiches, 40 catálogos comerciales y alrededor de 80 agendas” y añade que los catálogos comerciales son un testimonio relevante no solo de diseño, sino de costumbres. “Ver, por ejemplo, un impreso de la desaparecida tienda Gath y Chaves, sin duda que es un valioso registro de la moda hacia mediados del siglo XX. Un catálogo comercial de 2017, en 50 años más, también va a ser un importante reflejo de nuestro tiempo y adquirirá valor”.

Pedro Pablo Zegers puntualiza que “hay una cantidad impensable de material que acogerá esta unidad, como invitaciones y etiquetas de marcas; de hecho estamos cerrando una alianza con el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INAPI) para realizar la digitalización de sus archivos antiguos”.

Investigadores, dibujantes e ilustradores valoran los alcances del proyecto

El poeta e investigador Jorge Montealegre es un autorizado experto del mundo del cómic y la ilustración local. Autor, entre otros estudios, de “Von Pilsener. Primer personaje de la historieta chilena” (Ediciones Asterión), comenta a “Artes y Letras” que le parece una idea magnífica esta Unidad de Láminas y Estampas. “Mi experiencia como investigador es que la historia ‘oficial’ tiene bordes que también son significativos y que no son consultados, que no son tomados con la seriedad que se merecen. Me refiero a toda esa historia informal que tiene que ver con la caricatura, con la ilustración, con la caricatura política y no política. Si uno revisa, por ejemplo, dibujos de distintas épocas de los más variados sombreros, trajes, autos y paisajes, estamos ante un cúmulo de imágenes donde hay muchos lenguajes comprometidos y que nos entregan un valioso testimonio de una época que se fue. Me parece muy relevante que la Dibam abra esta sección, también como una manera de hacer un distingo entre la Hemeroteca y otro tipo de archivos similares”.

Gabriel Rodríguez , el ilustrador chileno que ganó un Premio Eisner, el Oscar del cómic, por su versión de “Little Nemo” (la clásica viñeta de EE.UU.) explica a “Artes y Letras” que “si las condiciones en que se mantendrá en el tiempo esta colección son las adecuadas, por supuesto que consideraría encantado la posibilidad de donar material. Espero que este proyecto resulte de la mejor forma posible y ojalá genere un capital cultural permanente en el tiempo”.

Para Francisco Javier Olea , ilustrador de “El Mercurio”, es fundamental que alguna institución confiable “se haga cargo del acervo gráfico nacional, desde lo vernáculo hasta piezas únicas como bocetos y apuntes de artistas reconocidos. Hay un lenguaje en este material que habla desde lo visual de nuestros procesos como país. Hablamos tanto de una pretendida identidad y, desde mi punto de vista, una buena forma de sacar conclusiones es revisando este material”.

A su juicio, esta Unidad de Láminas y Estampas idealmente “debería funcionar como un museo/archivo y no como una bodega/depósito, con todos los estándares de conservación para evitar el deterioro de papeles y tintas. Debería ser un lugar en el que artistas, diseñadores y realizadores gráficos tuvieran la intención natural e imperiosa de resguardar su legado. Un archivo en el que pertenecer sea un orgullo. Así, se construye confianza en la cultura y el patrimonio y se abandonan prácticas burocráticas y de eficiencia dudosa que desprestigian estos buenos propósitos”.

La destacada ilustradora Paloma Valdivia comenta que “a fines de los 90 el concepto de ilustración era algo de lo que no se hablaba académicamente, a pesar de que sí había una importante bagaje anterior de ilustradores. Hoy sabemos que existe historia gráfica en nuestro país desde hace muchas décadas. Por todo eso, celebro el nacimiento de esta unidad y sugiero que su material se publicite y visualice en medios digitales para una mayor cobertura, sobre todo a estudiantes”.

Opinión: “Faltan lockers en la Biblioteca”

Publicada en el diario HoyXHoy el Miércoles 7 de diciembre de 2016.

Desde hace un tiempo que cada sala de la Biblioteca Nacional tiene un guardia, que, entre otras tareas, le pide a cada persona que si quiere ingresar debe dejar su mochila en un locker. La medida puede tener el fin de reguardar el patrimonio de la institución y evitar a la vez que usuarios sufran robos de sus objetos personales, pero se torna engorrosa cuando se considera que para usar los casilleros hay que portar una moneda de $100, y de las chicas, no de las grandes. Si no se tiene sencillo, hay que buscar cambio en la cafetería o afuera. Pero peor es cuando hay mucha gente, porque ahí los lockers se copan y hay que salir a deambular por el edificio rogando para que en alguna parte quede un espacio desocupado. Ojalá los encargados tomen nota y en lugar de complicar el acceso a tan bella institución, lo faciliten.

Pamela Corvalán

Así fue la construcción de la Biblioteca Nacional

Cultura El Mercurio, Lunes 22 de Agosto de 2016.

Por Iñigo Díaz.

“El palacio de los libros”, de Alfredo Palacios, es una crónica visual sobre su edificación, con valiosas imágenes de distintos archivos. La biblioteca celebra sus 203 años.

El 19 de agosto de 1913 se celebraba el primer Centenario de la fundación de la Biblioteca Nacional, pero una sorpresiva lluvia impidió llevar a cabo la ceremonia. Las autoridades entonces debieron posponerla hasta el 24, día en que finalmente se puso la primera piedra del nuevo gran edificio que albergaría sus dependencias definitivas.

Eran los terrenos campestres en el vértice oriente de la ciudad fundacional, a los pies del cerro Santa Lucía, donde en 1610 se había construido el convento de Santa Clara, que entonces tenía unas 200 religiosas.

“A comienzos del siglo XX la ciudad ya estaba creciendo muy rápido. Se necesitaba densificar y urbanizar esa zona. Y la orden de las clarisas había disminuido. Era el lugar preciso para la construcción de la nueva Biblioteca Nacional, un polo para el desarrollo cultural del país”, cuenta el historiador Alfredo Palacios, autor de un libro que viene a reordenar la cronología de unos de los proyectos más ambiciosos de la arquitectura republicana.

En “El palacio de los libros”, terminología que la ciudadanía adoptó para referirse al edificio, se recorre todo el proceso que significó la compra de los terrenos pertenecientes a la orden, el concurso público para el diseño arquitectónico, y los cerca de quince años que tomó su construcción. “Lo interesante es que se logró hacer con arquitectos chilenos, ingenieros chilenos, trabajadores chilenos y materiales chilenos”, destaca Ángel Cabeza, director de la Dibam, que esta semana conmemoró los 203 años de la biblioteca con el lanzamiento del libro.

La publicación está presentada como una crónica visual y se sustenta en una serie de imágenes procedentes de archivos como el del Museo Histórico Nacional. Pero lo más llamativo es la secuencia de fotografías del Ministerio de Obras Públicas (MOP). “Nunca antes se había visto salvo en algunas investigaciones especializadas. Con un equipo de trabajo durante un año revisamos este archivo para ordenarlos cronológicamente. Aparecieron fotos muy reveladoras”, señala Palacios.

Una de ellas es la demolición de la iglesia del convento en 1914, que ocupaba lo que luego sería el ala principal de la biblioteca. Otras son los distintos retratos de trabajadores, obreros en acción, sobre los techos o en andamios, algunos incluso de traje y corbata. Y, finalmente, vistas del edificio en distintos estados de avance, en el contexto de una ciudad siempre vacía y sobre una Alameda adoquinada.

Los planos del edificio fueron diseñados por Gustavo García del Postigo, quien se impuso en el concurso a los proyectos de eminentes arquitectos como Emilio Jéquier, autor del Museo de Bellas Artes, o el francés Emilio Doyère, quien proyectó el Palacio de los Tribunales de Justicia. Fue el primer edificio construido en hormigón armado y también el último en estilo neoclásico.

“Se trata de una arquitectura muy ecléctica, que tiene esos elementos clásicos pero también otros del siglo XX”, dice Ángel Cabeza. “Si uno observa el ala de calle Moneda se puede dar cuenta de que no tiene tanto que ver con la fachada principal”, agrega Alfredo Palacios, quien observa un dato más en esta historia: “No existe una fotografía de corte de cinta, porque la Biblioteca Nacional nunca se inauguró”. Ante la necesidad cada vez más urgente de mover los depósitos desde el edificio de Compañía y Bandera donde funcionaba, y donde ya no se daba abasto con el volumen de las existencias, la nueva biblioteca se fue entregando sala por sala.

A principios de 1927, finalmente, ya estaba funcionando. “Quienes la diseñaron estaban pensando en un edificio que viviera para siempre. Y después de muchos terremotos, sobre todo el de 2010, la biblioteca se mantiene en pie”, cierra Ángel Cabeza.

La subutilizada Biblioteca del Congreso que cuesta US$ 17 millones

Viernes 29 de Abril de 2016, Claudio Salinas, Política La Segunda

Desde 2012, la BCN reforzó selección de funcionarios por concurso y redujo asesores a honorarios. En 2010 tenía 41 colaboradores sin título.

El año pasado, la Biblioteca del Congreso Nacional (BCN) prestó 2.221 servicios a senadores, diputados o funcionarios del Legislativo, según estadísticas oficiales. Sin embargo, a juicio de ciertos legisladores, la BCN no es empleada debidamente.

La misión de la Biblioteca no es sólo guardar libros, además de mantener el registro histórico de leyes y atender requerimientos de cualquier ciudadano, es el principal órgano de asesoría técnica para la elaboración de nuevas legislaciones.

“Es como tener un refrigerador de última tecnología y usarlo de clóset. La Biblioteca cuesta harta plata, pero lamentablemente está subutilizada”, dice el diputado Nicolás Monckeberg, ex presidente de la Cámara, quien junto a Camilo Escalona como titular del Senado iniciaron en 2012 una reestructuración de la BCN, que derivó también en la salida de la entonces directora Soledad Ferreiro.

En momentos en que se busca dinero para financiar el aumento de senadores y diputados, algunos enfocan su mirada en la BCN, que tiene un presupuesto de $11 mil millones (US$ 17 millones) y cuenta con un equipo de profesionales que elabora informes de legislaciones en otros países, de leyes vigentes, de proyectos en discusión o de temas que pidan parlamentarios o sus colaboradores. Pero a veces los requerimientos son poco ambiciosos. “Al final, profesionales con posgrados terminan haciendo folletos explicativos de leyes, que reparten los parlamentarios en las ferias”, acusa Monckeberg.

“Hay desconocimiento de todas las oportunidades de información bibliográfica que entrega la BCN. No se está usando en todo su potencial”, dice el diputado DC Patricio Vallespín, miembro de una comisión de modernización del Congreso.

Personal mediante concursos

Desde 2010 el gasto en personal de la BCN subió de $ 6.781 millones a $ 9.434 millones. Pero a diferencia de años pasados, hoy todos los cargos estables se llenan por concurso público. Mediante esa modalidad llegó en 2013 el actual director, Alfonso Pérez (PS), quien era funcionario de carrera. Así, desde el 2014, se han concursado otros 24 cargos. Incluso, hoy está siendo sometido a concurso un puesto como secretaria de la dirección.

Monckeberg recuerda que en su momento hubo presiones de distintos partidos reclamando la jefatura de la BCN.

Hoy la Biblioteca tiene 220 funcionarios (60 de planta y 160 a contrata), donde dos tercios son profesionales, con sueldos sobre $3 millones. Abogados (24), bibliotecólogos (17), periodistas (13), ingenieros comerciales (12), ingenieros civiles (11) y administradores públicos (9) son las profesiones dominantes.

El director de la BCN recalca que no sólo prestan servicios a legisladores, también a comisiones, bancadas y al público en Santiago y Valparaíso. “Las remuneraciones están acordes a los estándares del mercado y su carga laboral es intensa y permanente. No es posible reducir el presupuesto sin afectar significativamente nuestros servicios”, dice Alfonso Pérez.

Menos asesores a honorarios

En materia de personal a honorarios el ex asesor freísta Cristián Toloza (DC); el jefe de gabinete del presidente de la Cámara, Marcelo Rodríguez (DC); la ex subsecretaria Jacqueline Saintard (DC) y hasta el ex contralor Arturo Aylwin han figurado por años en la nómina asesores transitorios de la BCN. Pero a diferencia de los 91 asesores (41 de ellos sin título) que había en 2010, a partir de 2012 se redujeron los honorarios a sólo 19 cupos con un gasto máximo anual de $61 millones para todos esos colaboradores. Además, entre otros ajustes, se limitaron los contratos con personas naturales a 33.

Pese a ello, un estudio de Espacio Público, titulado “Emparejando la cancha: una nueva institucionalidad para la acción legislativa”, sugirió semanas atrás la asesoría técnica a los parlamentarios con mayor calidad y menos recursos.

El ex subdirector de Presupuestos y académico de la Usach Guillermo Pattillo cree que “es esencial” que el Congreso, aunque no necesariamente bajo el alero de la BCN, tenga “capacidad analítica para tener opinión propia y ser contraparte activa en temas presupuestarios”.

A juicio del ex ministro secretario general de la Presidencia, Cristián Larroulet, el Congreso requiere una reforma integral. “El Congreso tiene muchas características del Estado del siglo XIX”, dice.

Costaría dos millones de dólares

La asesoría que propone Espacio Público

En abril, Espacio Público (EP) propuso crear una Dirección Parlamentaria de Análisis Técnico en el Congreso, que provea de información relevante a los congresistas a la hora de legislar, para contrapesar y evaluar críticamente aquella que emana del Ejecutivo y los grupos de interés. Uno de los autores de la propuesta, Rodrigo Wagner, estima que esta unidad podría echarse a andar con unos dos millones de dólares —financiados con recursos del BID o del Banco Mundial—, para contar con equipos técnicos equivalentes a los del Ministerio de Hacienda y del Banco Central. Según el estudio de EP, es difícil que la Biblioteca del Congreso implemente algo como esto, porque no ofrece sueldos competitivos ni una carrera estable a profesionales de alto nivel interesados.

79,8% del presupuesto de la Biblioteca del Congreso se destina a personal.
9.434 millones de pesos es el gasto presupuestado para personal durante 2016.
158 funcionarios son profesionales: abogados, periodistas, bibliotecólogos, ingenieros y administradores públicos, entre otros.
$3.5 millones es el gasto promedio mensual por cada funcionario.
220 es la dotación máxima de personal de planta y a contrata
2.221 trabajos o servicios para parlamentarios brindó la BCN en 2015.

“Es como tener un refrigerador de última tecnología y usarlo de clóset”
Nicolás Monckeberg, diputado ex presidente de la Cámara.

“Se requiere capacidad para ser contraparte activa al Ejecutivo en temas presupuestarios”
Guillermo Pattillo, ex subdirector Dipres.

El palacio abandonado que espera una millonaria inversión para ser habilitado

René González R.

En 2008, los presidentes de la Cámara de Diputados, Juan Bustos (PS), y del Senado, Adolfo Zaldívar, promovieron la idea de construir una gran biblioteca del Congreso, con estándares de país desarrollado.

En diciembre de ese año —cuatro meses después de la muerte de Bustos— fue adquirida una construcción de 5 mil metros cuadrados, ubicada en Catedral, a un costado de la Academia Diplomática y justo al frente de la sede del Parlamento en Santiago.

Conocido como Palacio Huneeus —aunque en realidad es un edificio de cuatro pisos de 1924, que se construyó tras la demolición del palacio original—, costó $1.900 millones, equivalentes a unos $2.290 millones de hoy.

Aunque exhibía un ingreso suntuoso, hoy —siete años después de la adquisición— el lobby de cuatro naves, con piso de mármol y que anuncia una subida de escala en el mismo material, no es visible desde la calle.

Desde afuera sólo se ve la lata sobrepuesta a la entrada de fierro forjado. Los otrora grandes ventanales del primer piso están tapados por persianas metálicas a lo barrio Franklin. Los muros lucen grafitis. La fachada agrietada y en su costado, que se extiende por 50 metros en el pasaje Huneeus, se perciben hedores humanos.

Antes de entrar a sacar fotos al interior —explica un funcionario de la Biblioteca del Congreso— sería necesario “sanitizar el lugar”.

A pesar de que no hay fecha para licitar —no están los $19.736 millones o casi US$ 30 millones que costará la remodelación— y de que los dos grandes impulsores de la obra están muertos, al igual que el ingeniero estructural que visó su viabilidad (Santiago Arias), la iniciativa sigue adelante.

“La Dirección de Presupuestos nos solicitó reformular la propuesta con el fin de estudiar el costo operacional. En eso estamos trabajando, y esperamos que durante la discusión presupuestaria de 2017 podamos incluir este requerimiento para poder concretar la licitación”, dice el director de la Biblioteca del Congreso (BCN), Manuel Pérez, quien respondió un cuestionario.

Rentabilidad en 25 años

Hoy la Biblioteca del Congreso está literalmente desmembrada en 15 partes. Tiene una sede en Valparaíso; otra grande en calle Compañía; bodegas en Santo Domingo y 12 oficinas en un edificio de Bandera con Huérfanos. La nueva construcción juntará todo, menos la sede porteña, e intervendría el pasaje Huneeus, repavimentándolo e iluminándolo.

Un arquitecto involucrado en el proyecto dice que cubrirá necesidades por al menos 80 años. Y aunque el costo operacional no está definido, adelanta que no debiese aumentar respecto de lo que se gasta hoy, debido a que se dejará de pagar arriendos de oficinas y a que habrá ingresos por dos casinos concesionados.

Sin embargo, al solicitar formalmente los resultados de la evaluación de rentabilidad social, que elabora la Subsecretaría de Desarrollo Social, un funcionario de la BCN explicó escuetamente que el proyecto tendría “rentabilidad positiva” entre 25 y 50 años más.

La subsecretaría, a través de un informe, lo recomendó favorablemente debido al impacto positivo de la concentración de oficinas; el resguardo de material valioso, como el primer ejemplar de La Araucana; la colaboración con la labor parlamentaria, a través de salas multipropósitos; la recuperación de un edificio patrimonial y de una zona típica y el impacto en beneficiarios directos, calculados en 144.657 personas.