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Recoleta crea biblioteca que honra a Pedro Lemebel

Miércoles 15 de noviembre de 2017, HoyXHoy.

Servicio público tiene 10 mil libros y dos laboratorios para enseñar computación.

Con más de 10 mil libros en sus estanterías, ayer fue inaugurada en Recoleta la Biblioteca Pública Pedro Lemebel, edificio de 2.856 m² que busca fomentar el hábito de aprendizaje en la comunidad.

“Cuando asumimos esta administración nos encontramos con que el presupuesto para fomentar la lectura no superaba los 50 mil pesos, muy distante a la realidad de hoy”, dijo el alcalde Daniel Jadue.

El servicio cuenta con dos salas de laboratorio para realizar capacitaciones de alfabetización digital y tecnologías de información, con computadores de acceso gratuito a internet. La inversión superó los $1.600 millones y fue financiada por el Gobierno Regional. “Este recinto permite acercar más la lectura a la comunidad”, valoró el intendente Claudio Orrego.

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Vivir conectados a internet, mail y redes sociales está cambiando nuestro cerebro

El Mercurio. Santiago, Chile. 12/06/2010

Estudios revelan habilidades que hemos ganado y otras que están en retirada:
Investigaciones muestran que el constante estímulo que recibimos desde dispositivos en línea y aparatos digitales tiene un impacto a nivel cognitivo.

Paula Leighton N.

Suena el despertador y Carlos Verdugo (37, publicista), retoma la vida en línea. “Lo último que hago al acostarme es ver el mail, Twitter o Facebook, y al despertar vuelvo a revisarlos en el iPhone”, cuenta.

Entre su casa y la oficina, Carlos suma cuatro computadores, tiene un blog, 1.209 amigos en Facebook, cerca de 1.100 seguidores en Twitter, una cuenta en Flickr, canal en YouTube, una cuenta en Foursquare y otras tantas en redes, cuyo nombre aun conoce sólo un puñado de personas. La hiperconectividad es lo suyo. Se define como un “early adopter”. Su primer correo electrónico data de 1996, “cuando había que llamar por teléfono a la persona para avisarle que le habías mandado un mail”, recuerda.

Su hija Camila (14) sigue sus pasos, y su hijo Carlitos, de 1 año 3 meses, ya es capaz de desbloquear el iPhone y poner música. “Sólo mi señora es 1.0”, ríe.

Carlos y su familia podrían ser la sinopsis de un nivel de hiperconexión que está a la vuelta de la esquina.

El impacto -positivo y negativo- de estar siempre en línea no sólo se está reflejando en las relaciones interpersonales y laborales. También el cerebro acusa cambios.

“Las tecnologías que usamos para encontrar, almacenar y compartir información pueden, literalmente, reenrutar nuestras vías neuronales”, resume Nicholas Carr, experto estadounidense en las implicancias sociales y económicas de la tecnología, quien acaba de publicar “The shallows“, un libro donde analiza “lo que internet le está haciendo a nuestro cerebro”.

Según Carr, mientras en la era del libro impreso el cerebro humano se adaptó para focalizar la atención, promoviendo el pensamiento profundo y creativo, la era de internet nos ha acostumbrado a digerir sólo pequeños fragmentos de información.

“Nos estamos volviendo más adeptos a procesar información superficial y rápidamente, y estamos perdiendo nuestra capacidad de concentración, contemplación y reflexión”, alerta.

Las consecuencias son variadas. En el trabajo, un usuario estándar de computadores cambia de ventana o revisa su email casi 37 veces por hora. Una hiperactividad que se traspasa a otros planos. “Las personas multitareas no pueden apagar esta tendencia cuando no están haciendo múltiples tareas”, dijo a The New York Times Clifford Nass, quien ha investigado el fenómeno en la Universidad de Stanford. El resultado: una distracción permanente.

Un estudio del University College of London difundido en febrero comparó a adultos y adolescentes que buscaban información en internet. Para contestar, los jóvenes de 12 a 18 años recurrieron a la mitad de las páginas web que los adultos y dedicaron una sexta parte del tiempo que éstos. Una ventaja cuestionable, considerando que sus respuestas resultaron más incompletas. “Los adolescentes están perdiendo la capacidad de leer y escribir textos largos”, fue una de las conclusiones del estudio, dirigido por el profesor David Nicholas.

Sigue leyendo

Estudio reveló que internet está disminuyendo la concentración de los jóvenes

Radio Cooperativa. 11/02/2010

Los adolescentes están perdiendo la capacidad de leer y escribir textos.
Así lo reveló un informe de la University College de Londres.

EFE

“Niño, despégate un rato de la tele que vas a quedar tonto”, solían exagerar las madres. Ahora, la situación es similar, pero con internet, ya que la red está minando la capacidad de concentración de los jóvenes, según reveló un estudio.

El análisis, dirigido por el profesor David Nicholas, de University College de Londres, afirma que los adolescentes están perdiendo la capacidad de leer y escribir textos largos porque la red moldea a las mentes de forma que funcionan de modo distinto de las de generaciones anteriores.

Los investigadores estudiaron la forma en que un centenar de jóvenes entre los 12 y los 18 años respondían a preguntas que exigían cierta investigación. La mayoría contestó tras consultar la mitad de las páginas de internet que los adultos y sus respuestas fueron más incompletas.

Según Nicholas, un 40 por ciento de los que participaron en el estudio no consultaron más de tres sitios web. Las personas que se educaron analógicamente volvían a las fuentes y profundizaban en ellas, en lugar de saltar de una página a otra.

“Hay pruebas empíricas de que la sobrecarga de información y el pensamiento asociativo está remoldeando el funcionamiento del cerebro de los jóvenes”, finalizó el psicólogo Aleks Krotoski.

***

Investigación inglesa:

Internet estaría cambiando el funcionamiento cerebral

El Mercurio. Santiago, Chile. 12/02/2010

A los adolescentes les costaría concentrarse en una sola tarea debido a la web.

Internet podría estar cambiando la manera cómo funciona el cerebro de los jóvenes. Así al menos lo postula una nueva investigación inglesa.

Luego de analizar a 100 voluntarios, un estudio dirigido por el profesor David Nicholas, jefe del departamento de Estudios sobre la Información de la University College de Londres, demostró que los adolescentes están perdiendo la capacidad de leer textos largos y de concentrarse en una sola tarea, como leer un libro.

Según la investigación, para la cual se le pidió a personas de distintas edades que respondieran unas preguntas que necesitaban cierta investigación, se comprobó que los adolescentes consultaban la mitad de las páginas de internet que los adultos antes de contestar, y que no volvían a mirar la misma web .

Asimismo, según el profesor Nicholas, en comparación con los adultos, los jóvenes de entre 12 y 18 años pasaron un sexto del tiempo leyendo la información.

Multifuncionales

“Los jóvenes saltan de una página web a otra, miran una o dos páginas y se van a otra web; miran una o dos páginas, y luego siguen. Nadie parecía quedarse en ninguna parte durante mucho tiempo”, explicó David Nicholas.

En el estudio también se pudo comprobar que las personas más jóvenes eran capaces de realizar varias tareas y distintos trabajos mentales al mismo tiempo, a diferencia de los voluntarios mayores.

Por otro lado, quienes habían nacido después de 1993, usaban más las respuestas de sus amigos para recopilar información, en lugar de recurrir a fuentes formales.

El material de este estudio se presentará como un capítulo de la serie documental “The virtual revolution” (la revolución virtual) que el canal inglés BBC 2 mostrará el 20 de febrero.

Para el psicólogo social y presentador del documental, Aleks Krotoski, las evidencias son sufientes: “Parece muy claro que, para bien o para mal, la nueva generación está siendo remodelada por la web “.

Internet disminuye capacidad de concentración de los jóvenes

La Tercera.com 11/02/2010

EFE

La capacidad de leer y escribir textos largos, son áreas afectadas por la red.

Internet está consumiendo la capacidad de concentración de los jóvenes, según un estudio dirigido por el profesor David Nicholas, de University College de Londres.

Según ese estudio, los adolescentes están perdiendo la capacidad de leer y escribir textos largos porque la red moldea a las mentes de forma que funcionan de modo distinto de las de generaciones anteriores.

Los investigadores estudiaron la forma en que un centenar de individuos de edades comprendidas entre los doce y los dieciocho años respondían a preguntas que exigían cierta investigación.

La mayoría de los adolescentes contestaron tras consultar la mitad de las páginas de Internet que los adultos y sus respuestas resultaron más incompletas.

Según el profesor Nicholas, un 40 por ciento de los que participaron en el estudio no consultaron más de tres páginas de los miles disponibles en la Red sobre un tema determinado.

Por el contrario, las personas que se educaron antes de la llegada de Internet volvían a las fuentes y profundizaban en ellas en lugar de saltar de una página a otra.

“Hay pruebas empíricas de que la sobrecarga de información y el pensamiento asociativo está remoldeando el funcionamiento del cerebro de los jóvenes”, afirma el psicólogo Aleks Krotoski.

Señores candidatos, ¿qué hacemos con nuestro analfabetisma funcional?

El Mercurio. Santiago, Chile. 25/10/2009

Los pobrísimos índices de lectura en Chile remiten a una realidad grave, que debería preocupar a los políticos tanto como la salud, la economía o la delincuencia.

Mauricio Electorat

Ahora que es tiempo de elecciones, que vemos a conocidos actores y escritores apoyar a uno u otro candidato, vale la pena volver a poner una cuestión central en el debate: la de nuestro analfabetismo funcional. Todas las encuestas lo dicen: en Chile una abrumadora mayoría de ciudadanos prácticamente no lee libros (y, obviamente, no hablo sólo de novelas). Esto nos lleva a una cuestión más inquietante aún, porque si no leer libros no tuviera ninguna incidencia en la vida de una nación, salvo la de formar parte de una grey de iletrados e ignorantes, el hecho no pasaría de ser un rasgo folclórico más, que podría incluso ser aprovechado por la industria turística (“visite Chile, el país donde nadie lee”, por ejemplo).

Pero el caso es que los pobrísimos índices de lectura remiten a una realidad grave, que debería preocupar a los políticos tanto como la salud, la economía o la delincuencia. Y esta realidad tiene que ver con la capacidad de comprensión, de análisis, de simbolización, en definitiva, de los chilenos. Me explico: quienes, como muchos de nuestros compatriotas, a pesar de saber leer y escribir, no practican la lectura, tienen crecientes dificultades para comprender un texto y, con ello, para formarse opiniones, tomar decisiones, evolucionar profesionalmente, en una palabra, para ser hombres y mujeres plenamente conscientes del mundo que los rodea y comportarse como personas libres.

En un artículo reciente, Jorge Edwards menciona una encuesta de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) que arroja un dato alarmante: un alto ejecutivo chileno demuestra la misma comprensión de lectura que un obrero alemán. Si nuestros políticos fuesen realmente conscientes de lo que está en juego, este sólo dato bastaría para tomar medidas radicales con el objetivo de hacer salir a Chile de la zona roja en materia de índices de lectura. Y es que lo que está en juego no es el negocio editorial, sino sencillamente la posibilidad de que seamos, algún día, un país desarrollado. Pretender, como se lo venimos escuchando a tantos políticos desde hace tanto, que en veinte, diez o cinco años seremos como Portugal, como España; que Dinamarca o Nueva Zelandia podrían ser nuestros modelos, cuando nuestros ejecutivos, o sea quienes toman las decisiones (no me atrevo a pensar en artesanos, obreros y otras categorías), no son capaces de interpretar cabalmente un texto sencillo, ni de expresarse por escrito con un mínimo de corrección, es sencillamente una quimera, cuando no una pura fantasía demagógica.

En Alemania, España, Francia los libros tienen un impuesto diferenciado, pues son considerados objetos culturales, y la cultura, prioritaria en la vida nacional. En México, Brasil y Argentina, los libros no pagan IVA. Se me objetará que el hecho de rebajarle el IVA a los libros no hará aumentar su difusión. ¿Por qué entonces en todos aquellos países a los que pretendemos parecernos el libro tiene una fiscalidad preferencial? Se me dirá que, en ese caso, sería igualmente prioritario rebajarle el IVA al pan o a los medicamentos de primera necesidad. Es cierto, pero a esas razones es necesario oponer otra: una política cultural supone necesariamente inversión estatal. No estoy descalificando los esfuerzos que se han hecho en materia de política cultural en Chile, pero estamos muy lejos de aquellos modelos a los que pretendemos alcanzar (las estadísticas son elocuentes).

Desde luego, rebajar el IVA a los libros ayudaría, pero no es de ninguna manera suficiente. Hace falta una verdadera política de Estado en esta materia. Esa política pasa por fomentar y crear hábitos de lectura en la población. Alguien que jamás ha abierto un libro, no va a comprar uno, por muy barato que sea, ni probablemente leerá El Quijote, aunque se lo regalen. El fomento de la lectura debe ser una campaña nacional, fruto de una política pública en la que, sin duda alguna, debería tomar parte activa la empresa privada. Ya existen, al respecto, iniciativas de ciertas fundaciones y empresas que podrían servir como embrión para diseñar una política nacional de fomento de la lectura. Crear bibliotecas en barrios y provincias, que funcionen como centros culturales, con animadores y formadores de esos animadores, con el aporte del Estado y de los privados; mejorar y actualizar la llamada Ley Valdés; considerar al libro como un bien cultural indispensable, esto es, accesible; revisar los aranceles, así como los programas de formación de docentes y de enseñanza básica y media, todo ello es posible, a condición de que nuestros dirigentes tomen conciencia de la gravedad del problema. De lo contrario, seguiremos marchando alegremente al despeñadero.

En los colegios hay que enseñar menos gramática y más habilidades comunicativas

El Mercurio. Santiago, Chile. 21/09/2009

El académico español Carlos Lomas cree que hay que abrirse a otros formatos para mejorar la comprensión y el gusto por leer.

Pamela Carrasco T.

Carlos Lomas es un académico con currículo; tiene un doctorado en Filología Hispánica y ha publicado varios libros sobre la materia. Pero asegura que si hoy le ponen enfrente una prueba de matemáticas para un niño de 12 años, no podría responder ni la mitad.

“Pero de todas formas hago mi operación fiscal, sé calcular los intereses de un crédito hipotecario y hacer conversión de monedas cuando viajo”, dice. Estuvo de paso por Chile como expositor del Seminario Internacional sobre Textos Escolares de Lenguaje y Educación, organizado por Textos Escolares del Ministerio de Educación.

Con esto ejemplifica que, más que los contenidos que se enseñan en el colegio, lo importante es poner énfasis en las herramientas y aptitudes.

“Hay carencias muy graves en los sistemas educativos, donde el peso de la enseñanza convencional de la gramática y de la literatura clásica ha ido en detrimento de un enfoque que ponga énfasis en adquirir destrezas comunicativas, como expresarse, comprender y producir textos”, dice.

Por eso no le gusta que digan que los niños hoy leen menos ni que no entienden lo que leen, sino que leen otras cosas, como los contenidos web. Y aclara que cuando se observan resultados como los de la prueba PISA, es importante tomar en cuenta que esas mediciones someten a los alumnos a diversos tipos de textos, que van desde un instructivo para un videojuego hasta una publicación científica.

“Son textos que no se trabajan en el aula, donde los clásicos son la literatura o los libros históricos. En consecuencia, los alumnos tienen que dar cuenta de sus competencias lectoras con textos que no son objeto de trabajo de clases, con lo cual su acierto o desacierto no depende de los profesores”, dice.

Y ahí justamente está el desafío de la escuela: explorar otros formatos, como revistas en línea, blogs o publicidad.

También llama a ampliar la gama de contenidos, para fomentar una lectura menos académica.

“Hay que abrirse a otros textos, que quizás sean mas cuestionables en términos literarios, pero que son más cercanos, ya sea por los temas que abordan, por sus personajes o por su vínculo con el cine”, sostiene.

Escribir más

Para él es importante sacarle la seriedad y formalidad a la clase de Lenguaje y dejar que los estudiantes no sólo consuman, sino que también produzcan contenidos, ya que en el colegio sólo se escribe para tomar nota o hacer pruebas.

“Hay muchos textos que no se producen en la escuela y que forman parte de la vida real. Conozco chicos que están a punto de entrar a la universidad, y no saben escribir un currículo o un reclamo, porque nadie les ha enseñado eso en la escuela; sin embargo, los profesores se concentran en que aprendan unas reglas de sintaxis que seguro olvidarán en una semana”, agrega.

La bibliotecaria del siglo XXI

El Comercio, Perú. 23/02/2009

Aunque no tenga que ver con Chile, resulta una interesante fuente de divulgación sobre nuestro trabajo, y nos hace cuestionarnos nuevamente cuándo se dará cuenta el resto de la sociedad del papel que nos toca.

http://www.elcomercio.com.pe/nytimes/#nytvideo-159

Se agradece su difusión a Enrique Mori, colega de Perú.