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Libros e inteligencia emocional

Los libros pueden ser grandes aliados a la hora de fomentar el desarrollo de la inteligencia emocional en los niños. Pero ojo: los expertos no recomiendan volúmenes que les dicen qué hacer o explicitan mensajes valóricos demasiado definidos. Lo ideal, coinciden, son las buenas historias, donde se presentan situaciones con las que ellos pueden identificarse. También los textos que incluyen actividades que los invitan a reflexionar, crear y expresarse.

Sofía Beuchat, Revista Ya de El Mercurio, Martes 6 de agosto de 2019.

El concepto de inteligencia emocional en los niños, no difiere demasiado del sentido que esta expresión tiene en los adultos. Finalmente, se trata de entender nuestros sentimientos y saber modular las intensas emociones vinculadas, por ejemplo, con la rabia o la pena. Pero, en los más pequeños, este es un aprendizaje que se puede reforzar mucho con ayuda de libros. En especial cuando se trata de historias que tocan temas en los que ellos pueden reconocerse: la llegada de un hermano, la muerte de una mascota, la separación de los padres.

-Un libro es siempre un maravilloso regalo. La literatura, en general, es por excelencia un lugar propicio para aprender sobre inteligencia emocional. Cuando leemos historias con situaciones, personajes y conflictos, tendemos a vivenciar eso mismo. Uno se va imaginando ahí, piensa en cómo uno reaccionaría. En ese sentido, las buenas historias te permiten ponerte en el lugar de otros, desarrollar empatía, entender lo que se siente y aprender a reaccionar, a contenerte -dice Pelusa Orellana, PhD en Educación por la Universidad de North Carolina at Ghapel Hill y vicedecana de Investigación en la Universidad de los Andes.

Pero la elección adecuada de los libros es fundamental para potenciar este aprendizaje en los niños. La idea es estimular en ellos el placer de la lectura, y no pretender que lean con el objetivo de aprender o informarse, como tanto hacen los adultos. En ellos, los volúmenes demasiado didácticos, demasiado explícitos en su enseñanza, pueden generar rechazo. En especial de tercero básico hacia arriba, edad en la que Pelusa Orellana recomienda que empiecen a elegir sus propias lecturas.

– Soy una enemiga del tono manual, del hay que hacer tal cosa en tal situación -precisa.

Una opinión similar tiene Claudio Aravena, educador y gerente de Desarrollo de Fundación La Fuente, quien lleva más de 15 años trabajando en el fomento de bibliotecas para escolares:

– Las buenas historias hablan por sí solas y ayudan mucho más que esos textos que tienen un membrete valórico demasiado evidente -dice.

A su juicio, los libros muy dirigidos, conducidos, coartan la posibilidad de que los niños puedan desarrollar sus propios valores. En cambio, esto se potencia con la buena literatura y también con los volúmenes que les permiten expresarse, dibujar, anotar cosas, crear y reflexionar. Conocerse más, en definitiva.

Los especialistas coinciden en que la lectura es un espacio fecundo para conversar con los niños sobre las emociones, ayudarlos a procesar lo que sienten e incluso abordar asuntos morales y éticos. Cuando son muy chicos, este diálogo es clave para algo tan fundamental como el desarrollo del lenguaje, y las ilustraciones son de gran ayuda para ello. Pero, recalcan, no puede desarrollarse en un clima “de tarea”: debe ser lo más espontáneo posible. La sobreintervención, recalca Pelusa Orellana, puede ser contraproducente.

– A todo libro se le puede buscar un contenido relacionado con la inteligencia emocional si se trabaja sin sermonear -acota.

Escogidos

“Es tu turno, Adrián”, de Helena Öberg, con ilustraciones de Kristin Lidström (Ekaré, 2017)

Según Claudio Aravena, de Fundación La Fuente, las editoriales nórdicas destacan por su buen trabajo en literatura infantil, y este libro es un buen ejemplo. Aborda temas universales -la amistad, la vulnerabilidad y la diversidad- a través de la historia de un niño que todos los días va al colegio con un nudo en el estómago. Es tímido, suele ser blanco de burlas y tiene pavor a leer en voz alta o hablar en público. En 2015, esta novela gráfica fue nominada al August Prize, premio literario sueco que la Sweedish Publisher’s Association entrega desde 1989.

“Con todo mi yo”, de Carolina Bunge y Laura Hurtado (Laurel Editores, 2018)

Carolina Bunge es psicóloga con magíster en Psicología Infanto-Juvenil; Laura Hurtado es ilustradora. Juntas crearon este libro que ha sido definido como “un diario de autoconocimiento infantil”, porque permite a los niños llevar un registro de su mundo interno, de manera libre y creativa, en compañía de acuarelas que hablan del valor de lo imperfecto, del trazo no tan definido, de la mancha. Carolina explica que el libro les ayuda a conocerse mejor, a fortalecer su autoestima e identificar las cualidades que les permiten ser más resilientes. “Cada página es una invitación a la expresión emocional, a la fantasía y a la creatividad”, dice. El libro va haciendo preguntas, que los niños responden escribiendo o dibujando y que les permiten conectarse con su cuerpo, sus sensaciones, sus sentimientos. Por ejemplo: “El camaleón cambia de colores según la ocasión. ¿Tú cambiar tu forma de ser con distintas personas?” o “Escribe dentro de estas alas las cosas favoritas de tu vida, que de solo pensarlo te hacen volar”. El resultado es un registro precioso, ideal para guardar y revisitar años después. Según la psicóloga, es apropiado para niñas y niños de 6 a 12 años; entre los 4 y los 6 se puede trabajar con la guía de los padres u otros adultos.

“El árbol de los recuerdos”, de Britta Teckentrup (Hueders, 2015)

La ilustradora alemana Britta Teckentrup -formada en el Royal College of Arts y en Central Saint Martins, ambos en Londres- ha escrito más de 30 libros, los que han sido traducidos a más de 20 idiomas. Claudio Aravena, de Fundación La Fuente, recomienda este volumen en particular para ayudar a los más chicos a procesar el siempre complejo tema de la muerte de un ser querido. Aquí se aborda con ternura, sin negar el dolor, a través de la historia de un zorro que “decide ir a dormir para siempre” y el poder sanador de los recuerdos. El gremio de libreros de Madrid le entregó el premio al mejor álbum ilustrado. Desde los 6 años.

“Ni calladitas ni perfectas”, de Nerea de Ugarte (Penguin, 2019)

Creado por la impulsora del movimiento La Rebelión del Cuerpo y la fundación Niñas Valientes, este libro invita a niñas y adolescentes a rebelarse contra la presión social por cumplir con estereotipos, tanto físicos como de otro tipo. Si bien entrega información “dura” sobre el tema -algunas estadísticas sobre la falta de autoaceptación son impactantes-, su tono apunta a empatizar con las jóvenes lectoras, hablándoles en su idioma sobre lo que viven a diario: el miedo a defraudar, a parecer “tonta”; la inseguridad; las dudas sobre la propia capacidad de liderar. Incluye ejercicios y espacios para anotar las propias reflexiones. Recomendable para niñas de 6 a 14 años.

“Pueblo frente al mar” de Joanne Schwartz, ilustraciones de Sydney Smith (Ekaré, 2019)

Pelusa Orellana, de la Universidad de los Andes, destaca este libro por su belleza y también por su capacidad de evocar la empatía, esa capacidad de ponerse en el lugar del otro y que en general no fluye con facilidad en muchos niños. Es un cuento aparentemente simple, donde todo gira en torno a las reflexiones de un niño sobre el precario trabajo de su padre, en una mina bajo el mar. El libro ha ganado ya cuatro premios de literatura infantil en Canadá y Estados Unidos. Ideal para mayores de 6 años.

“Cerebros en construcción”, de Facundo Manes y María Roja (Planeta, 2019).

Al ver la tapa, puede pensar que este libro trae una serie de ejercicios y juegos de ingenio, pero no: su idea de “desarrollar el cerebro” es mucho más amplia: habla de emociones, enseña hábitos sanos -como la buena alimentación, la higiene del sueño, la regulación del tiempo de exposición a pantallas- y hasta analiza el valor de una buena vida social. Todo esto planteado como un juego y en tono de aventura, en un lenguaje cercano y atractivo para los niños, que incluye actividades y espacios para autorreflexión. Los autores -Facundo Manes, neurólogo y neurocientífico argentino; María Roja, psicóloga argentina- explican que el objetivo es ayudar a los niños a lograr lo que llaman “capital mental”: una reserva de bienestar que les ayudará a ir sorteando los desafíos que inevitablemente se presentarán. Llaman a hablar con adultos de confianza al sentirse rechazado, estresado o con problemas relacionados con la autoimagen. Recomendable para niños y niñas de 8 a 12 años.

“El árbol de la escuela”, de Antonio Sandoval (Kalamandraka, 2016)

El protagonista de este libro es un árbol que crece con el amor de los niños, clara metáfora del poder del afecto. Pelusa Orellana destaca, además, su capacidad de estimular en los niños la generosidad y transmitir el valor que tiene el cuidado del medio ambiente, asunto que por estos días tiene gran poder de convocatoria. Además, habla sobre trabajo colaborativo. Ideal para niños entre 6 y 8 años.

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