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“He llorado muchas veces aquí con historias de la gente”

Joan Usano, dueño de Takk:

“He llorado muchas veces aquí con historias de la gente”

El catalán explica las claves de su oficio, dice que su librería es como una sitcom y asegura que le importan un carajo las metas a largo plazo.

Lunes 11 de febrero de 2019, Por Daniel Rozas, Conversación La Segunda

Joan Usano (49, Olot, Cataluña) es un personaje ineludible del paisaje urbano del Drugstore.

Catalán irónico, malo para sobar lomos ajenos, pero sentimental y bromista en el trato personal, su presencia hierática disuade a los brutos sin paciencia que intentan profanar la paz civilizada de su librería.

El ritmo impasible del dueño de la Takk ha hecho que el público sea selecto y refinado; siendo imposible ver personas entrando a su local hablando por celular o de plata ni muchos menos sorbeteando un helado.

Hijo de trabajadores semianalfabetos, cuenta que sus padres le enseñaron la importancia del rigor profesional.

Refugio para solitarios y enclave social para escritores como Germán Marín, Diego Maquieira, Gonzalo Contreras o Rafael Gumucio, la Takk, más que una librería, es un lugar de encuentro que siempre está abierto y que goza de una clientela fiel: parroquianos que van 3 o 4 veces a la semana y que muchas veces solo quieren conversar con el dueño.

Su éxito, dice Joan, ha sido seguir siendo fiel a sus gustos, rechazando la oferta de las librerías de retail.

—¿En qué se diferencia un librero, como oficio, a un vendedor de libros?
—Es lo mismo. Lo que pasa es que los seres humanos siempre inventan categorías. Pero supongo que tu pregunta es tramposa y presupone que el librero es más romántico que el vendedor de libros. No sé. Al fin y al cabo es un negocio: no puedes vender por debajo de un costo, pero tampoco puedes renunciar a tener un fondo permanente de libros clásicos. Tiempo atrás me decían que la Takk era una librería boutique y yo me ofendía.

—¿Qué entiendes por fondo?
—Que la librería tenga una base de libros clásicos de la literatura universal: long sellers . Libros que siempre se venden.

—¿Cuántos ejemplares tienes en tu librería?
—Cerca de 22 mil títulos. Nunca lo he calculado, pero al ojo vendría a ser eso. Yo tengo mucho libro único, es decir, cuento con un solo ejemplar.

—¿Por qué?
—Porque son libros que se van a mover una vez al año. No puedes tener más porque te sobrestockeas y no hay espacio para guardar.

—¿Por qué tienes clientes fieles, que entran a la librería para conversar?
—Aquí se habla de cualquier cosa. Se cambia el mundo, se critica, se analiza; es muy divertido. La gente me dice que la librería es como una sitcom . Pasan cosas raras.

“Cuando viene un extraño saltan las alarmas”

Joan Usano conoce a todos los personajes del barrio después de casi 20 años trabajando en el sector. “Son inofensivos. Pero cuando viene un extraño, saltan todas las alarmas”, afirma, luego de que un personaje rarísimo, cargando un cuchillo, entre al segundo piso preguntando por un libro sobre plantas. Operado de los nervios, Joan lo escolta hacia la salida y le pide que se retire porque está cerrando.

—¿Cómo surgió tu interés por la lectura?
—Yo soy de familia obrera. En la casa de mis padres no había libros. En España, en los 70, había muchos vendedores de enciclopedias y los papás de las clases trabajadoras las compraban para que los hijos hicieran bien las tareas. Y yo, como soy curioso, me fui nutriendo y empecé a leer a partir de ahí.

—Tus padres no leían. ¿Crees que eso te otorgó cierta libertad lectora?
—Nunca fui guiado por nadie. Yo me he hecho a mí mismo con mis gustos. La curiosidad me ha llevado de un lado a otro. Cada lectura te lleva a otra y al final ya sabes qué es bueno y qué es malo. La biblioteca de Olot, en Cataluña, era un lugar introspectivo, donde paseaba, leía el diario y los libros; era un lugar para estar. Siempre pensé que me gustaría trabajar en una biblioteca o en una librería.

—¿Y cómo pasaste a ser dueño de la Takk?
—La persona que era la dueña de la Takk antes que yo, una chilena-italiana, me hizo el traspaso en 2006 porque ella se devolvía a Italia. Me dijo que quería contar con alguien que le permitiera recuperar la inversión y que le garantizara que la librería no iba a desaparecer. Y ella creía que la única persona capaz era yo.

Joan dice que, por aquel entonces, no tenía dinero, había renunciado, terminó la relación con su polola —la que lo trajo a Chile en 1999— y que la opción del negocio de la Takk surgió como “una conjunción de las estrellas. Fue como, oye huevón, tienes que meterte ahí, aunque no tengas respaldo. Y todo funcionó bien. La gente me conocía desde la Altamira, así que tenía un prestigio. Aunque como no tenía dinero, me daba susto porque tenía muchas obligaciones”.

—¿Y cuál fue la solución?
—Trabajar 4 meses seguidos sin ningún día festivo, doce horas diarias.

—¿Hay gente que aún paga los libros con tres cheques?
—Yo a la gente que conozco le doy facilidades. Pero algún día ese público desaparecerá. De hecho, ya se están muriendo clientes. Es una pena. Viene un recambio porque la juventud tiene otra parada ante el comercio.

—¿En qué sentido?
—Los jóvenes no están preparados para la serendipia; encontrarse con algo que nunca habían pensando que existía. La gente de mi edad es de ir a un lugar aunque no tengan idea de lo que se quieran llevar. Ahora no. La gente joven viene directo a buscar algo. Cada vez hay menos curiosidad. La juventud explora por internet.

—Ahora se encuentra todo en la red.
—Hoy la información la buscas sentado en tu escritorio. Antes tenías que mover el culo. Eso ha desaparecido. Y es normal, pero tiene algo malo. La curiosidad te hace percibir el saber de forma distinta. Afortunadamente para mi negocio, el libro electrónico no ha funcionado porque le falta corporeidad. En cambio el libro tiene esta facultad mágica de lo corpóreo. Lo terminaste, lo dejaste ahí, y de vez en cuando el mismo libro te recuerda que lo leíste.

—Después de 20 años ya eres parte del inventario del Drugstore.
—El Sebastián (la heladería), que es mi vecino, puede funcionar sin mí, pero estoy seguro que prefieren que yo esté porque la Takk le da algo distinto a su café. De hecho, no es casualidad que donde hay más escritores es ahí. Yo los conozco a todos. La librería es un referente para ellos. Acá viene mucha gente del rubro de la cultura. Entran famosos cada dos por tres.

“Chile es un país de poetas”

—¿Cuál es el perfil del público de la Takk?
—No me preocupa. Trato a todo el mundo por igual. Pero viene mucho profesional. Abogados, médicos, gente de la universidad.

—¿Qué busca el hombre y qué busca la mujer en tu librería?
—El hombre compra ensayo y la mujer ficción. La mujer es más de novela. Y la novela ha bajado; yo lo atribuyo a Netflix. La novela ha sido sustituida por las series de televisión. Como las maratones son largas y leer es una actividad que requiere tiempo; las series le sacaron horas a la lectura.

—¿Quiénes compran poesía?
—Más hombres que mujeres. Y sobre todo jóvenes. Yo tengo una sección muy grande, no sé si es la más completa de Chile, pero todo el mundo me dice que es la mejor. A mí una de las cosas que me parece notable de Chile es que todo el mundo conoce a los poetas vivos chilenos. Y yo tengo la sensación que todo el mundo sabe quién es Raúl Zurita y que incluso el lustrabotas sabe quién es Nicanor Parra. En cambio, tú vas a España y le preguntas a la gente que te diga quiénes son los poetas vivos y no saben. Todo chileno medianamente culto te sabe decir dos o tres poetas vivos. Y de la segunda mitad del siglo XX te pueden nombrar a Teillier, Lihn, De Rokha, Neruda, Mistral, Huidobro.

—¿A qué atribuyes este fenómeno?
—Que es un país de poetas. Pero yo no soy lector de poesía. La poesía es lo más difícil del mundo pero cuando te encuentras con un gran poeta como Kavafis a él si lo leo. Cualquier lector puede entenderlo porque es profundo y siempre hay un poema que te toca.

—¿Tienes una buena calidad de vida?
—Disfruto de mi rutina. Y este lugar es muy plácido y puedes encontrar gente interesante para conversar. Me confiesan cosas; he llorado muchas veces aquí con historias de la gente o de uno mismo. Cuando se murió mi padre (se le quiebra la voz)… sabes, es catártico. La gente olvida que siempre puede haber un desconocido que te puede ayudar en tu vida con una palabra cuando menos te lo esperas. Este negocio nunca lo he planificado porque me importan un carajo los objetivos.

—Con la irrupción de librerías por internet, ¿crees que vas a seguir con el negocio mucho tiempo?
—Yo sé que va a seguir un año más. Después, no tengo idea. Al principio, cuando me empezó a ir bien, había gente que se me aproximaba para hacer negocios, para abrir otras sucursales y yo les dije que ni cagando. Yo quiero disfrutar de la vida. Trabajo muchas horas, pero soy mi propio jefe.

—¿Te agotas?
—Cansa porque estás envuelto en una rutina. Pero la única meta es que este negocio sobreviva y que siga adelante. Hacerme rico no me interesa. Yo estoy acá 60 horas a la semana. No vivo para trabajar pero soy trabajólico.

—Te educaron así.
—Me inculcaron el rigor. Para mí es un insulto que me pongan un premio por hacer bien las cosas. Y creo que en Chile se pasa a llevar a la gente. La insultan cotidianamente poniéndoles bonos. Lo encuentro patético.

Las distintas iniciativas de las librerías para crear una comunidad lectora

No todo es venta:

Las distintas iniciativas de las librerías para crear una comunidad lectora

Lunes 11 de febrero de 2019, Cristofer Díaz Ríos, Cultura El Mercurio

Newsletter, clubes de lectura, presentaciones de escritores y lanzamientos de títulos son algunas de las actividades que se ofrecen junto a los libros.

Dar espacio para discutir sobre un libro con reconocidos autores o para talleres sobre cómo leer distintos géneros son algunas de las actividades que están realizando librerías de la capital, no solo para incentivar la lectura, sino también para crear comunidad y acercarse al público de una forma diferente.

En el corazón de Providencia, en el Drugstore, se concentra un número importante de librerías. Una de ellas es Nueva Altamira, de larga data en esa ubicación. Desde su segundo piso, por una escalera rodeada de libros, baja Gaspar García, librero allí desde hace 10 años. “Somos varías las librerías acá, pero lo bueno es que cada una tiene un sello. El nuestro tiene que ver con clubes de lectura, que van con la línea editorial que tenemos”, explica.

Desde hace tres años realizan presentaciones de libros, charlas y conversaciones. “Han venido escritores de afuera, como hace un par de meses, cuando presentamos ‘Antología del culo’, del argentino Adrián Melo”, señala García. Además, hace un tiempo iniciaron dos clubes de lecturas: “Amado diario”, con María José Navia -autora de la novela “Kintsugi”-, donde el eje de la conversación son los diarios de vida; y un club de literatura japonesa, a cargo de Mónica Drouilly, autora del libro “Retrovisor”.

Similar es lo que hace Catalonia. Ubicada en la misma galería, con sus iniciativas ha logrado generar una comunidad de lectores. En estas vacaciones han tenido variadas presentaciones, aunque la actividad es menos intensa que en el resto del año, donde hay talleres de lectura, charlas con diferentes actores del mundo editorial y tres clubes de lectura (de poesía, de novela contemporánea y de ensayo feminista), liderados por autoras como María José Cumplido y María José Navia.

“En 2018 hicimos hartas charlas inductivas, por ejemplo, cómo aprender a leer novela gráfica y poesía, y charlas sobre libros de no ficción”, menciona Gerardo Jara, librero en Catalonia. Para marzo ya está programado el taller de escritura policial de Paula y Fernando Ilabaca.

Conciertos y talleres

Al cruzar la calle, en Providencia 2035, está Post, una tienda de literatura, cine y música que recientemente comenzó con presentaciones, buscando potenciarse como un espacio cultural. “En diciembre lanzamos el libro ‘Manual para caballeros’ (Editorial Montaña Negra), con su autor, Rodrigo Ulloa. Tuvo harto éxito. Además, los sábados hemos hecho eventos musicales, con bandas de rock”, señala Rodrigo Astaburuaga, uno de los socios de la librería. Y en asociación con su vecina Pizzería Olimpia, quieren potenciar ambos espacios como una nueva estación del circuito musical y literario de la comuna.

Lolita (República de Cuba 1724), la librería del periodista y cronista Francisco Mouat, en el ondero barrio de Pocuro, apunta a la novedad con su newsletter , boletín por correo electrónico escrito por los mismos libreros, con recomendaciones y reseñas para los lectores. Se publica quincenalmente, es gratuito y hay que inscribirse en info@librerialolita.com. El próximo viernes saldrá el segundo número.

Junto con esto, en Lolita se realizan talleres (de literatura, pero también de grabado, acuarela y guitarra), presentaciones de libros y conciertos de música, como uno de piano de la polaca Ewa Jasinska. Sobre los próximos eventos, el librero Gonzalo Galleguillos cuenta que “en marzo vuelven a comenzar las actividades con talleres infantiles fines de semana por medio, y, como infidencia, puedo contar que estamos preparando un podcast para el segundo semestre”.