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Opinión: “Recoletras o la importancia de transitar del valor “popular” al valor “público” del libro”

Por Andrés Fernández Vergara, El Mostrador, 6 de febrero de 2019.

La iniciativa de librería popular Recoletras que el alcalde Daniel Jadue inauguró la semana pasada demuestra un interés por el fomento, el acceso y la democratización del libro, como él mismo propone. Para materializarla, instauró un punto de venta al que las familias de la comuna han accedido de manera masiva y entusiasta para adquirir libros.

Aunque aplaudida, es difícil que la iniciativa logre su propósito de democratización del libro, pues apela a un valor popular y no a un valor público. Distinguimos un valor popular de uno público pues el primero apela a una suma de las valoraciones individuales, muy ligado al interés económico de cada uno y las disposiciones a pagar; y el segundo apela a aquel interés de la esfera pública, de todos como sociedad, en el presente y el futuro. Es popular regalar dulces, pero es público reconocer que tanto dulce genera problemas de salud.

El libro es un objeto de naturaleza dual: tiene un componente económico (se compra y se vende) y tiene un componente simbólico (representa la expresión cultural a través de las letras). Es casi intuitivo relacionar cada componente a uno de los valores descritos: el componente económico deriva en un valor popular, pues si el libro es más barato todo el mundo querrá comprarlo, y el componente simbólico deriva en un valor público, pues existe el deber de conservar el libro como patrimonio (pensemos en todas las iniciativas que rememoran a Neruda, Mistral, Parra, entre otros).

Hecha esta distinción, también vale la pena tener en mente que hay un propósito ulterior escondido dentro del libro, la lectura. El valor principal del libro no es ornamental, sino que reside en su lectura. Esto no es novedad en el mundo del libro, las grandes iniciativas llevan ambos temas en su nombre (Política Nacional de la Lectura y el Libro, Observatorio de la Lectura y el Libro, etc.). Se ha evidenciado que la lectura favorece la vida de un país, fortaleciendo el pensamiento crítico, promoviendo una ciudadanía activa y participativa, y aumentando el bienestar de los ciudadanos, a través de la experiencia del libro.

Al pensar en la lectura, es rápida una primera duda respecto a Recoletras: ¿se están leyendo los libros comprados? Cuando el componente económico del libro es el que prima, como sucede en Chile desde los años ’70 de acuerdo con numerosos estudios, pueden darse dos fenómenos que atentan contra la lectura y su democratización. Un fenómeno es que los libros comprados en Recoletras se estén revendiendo, sospecha justificada por un lado en la diferencia de precios, que es suficientemente alta como para ser un buen incentivo, y por otro lado en que es fácil acceder al comercio informal en Santiago. Un segundo fenómeno, bajo el mismo prisma del componente económico, es que los libros se estén comprando a montones, pero no se lleguen a leer nunca (un poco el efecto cyber Monday o black friday, donde se compran productos motivados por las cuantiosas ofertas, y que luego quedan botados). Un efecto negativo de esto es que sin percibir el beneficio de la lectura, se estarán inflando las (paupérrimas) estadísticas del libro: aumenta el consumo de libros en compras y aumenta el número de libros en el hogar. Estos fenómenos, derivados de una valoración popular del libro, porque “está barato”, atentan contra el valor público que se produce de la lectura y del adecuado uso del libro.

La Política Nacional de la Lectura y el Libro (PNLL) fue una iniciativa diseñada participativamente, con mesas de trabajo de diversos actores del mundo del libro en todo Chile. Esta política instaura y oficializa la noción de un ecosistema del libro en Chile (pág. 6), donde todos sus actores y sus partes se relacionan entre sí, con el propósito de generar un mayor acceso a la lectura y el libro. Cuando la iniciativa Recoletras vende libros más baratos, a través de una subvención del municipio, le está haciendo daño al ecosistema del libro y a sus actores. La municipalidad financia los costos fijos de Recoletras (local, vendedor, logísticas de transporte, etc.) y le permite poner precios más baratos, lo que está lejos de ser una fórmula mágica replicable por librerías independientes. Es más, se parece a lo que grandes cadenas multinacionales hacen en sus librerías: venden libros a precios más baratos, a través de subvenciones cruzadas de los libros de venta segura (best-sellers, llamados también “sandías caladas”) o de negocios alternativos (son parte de grandes holdings).

Al poner precios bajos, Recoletras está depredando a librerías independientes más pequeñas que no pueden competir con esos precios, y está dañando al ecosistema. Las librerías independientes, parte importante del ecosistema, son las que aportan con diversidad política y cultural a la industria (basta con ponerse a pensar de dónde surgen los Lemebel, los Maturana y los Bolaños). Además, al matar la diversidad de actores, Recoletras estaría monopolizando la decisión de oferta de libros en la comuna, y no hay que perder de vista que, como todo actor del sistema, el municipio tiene un color político muy claramente definido. La fórmula de subvención no es replicable ni sostenible por las librerías independientes, lo que merma el valor público de la diversidad democrática y cultural, y su sostenibilidad en el tiempo.

Finalmente, y a modo de propuesta, quisiera poner tres aspectos sobre la mesa. El primero es mencionar que existen discusiones políticas sobre el libro y la lectura en Chile, a través del Consejo, de la PNLL, entre otras. Si el alcalde Jadue y el municipio desean fomentar democráticamente el libro y la lectura, pueden y debiesen convertirse en un actor político que impulse la discusión de medidas sistémicas de fomento al libro, como lo son el precio fijo, la exención del IVA, la gestión de ventas, las tarifas diferenciadas de envío, las cuotas en compras públicas, etc. De esta manera se hace más robusto el ecosistema del libro y su democracia.

En segundo lugar, propongo considerar alternativas más sistémicas de acceso al libro, utilizando mecanismos similares a las subvenciones (que pueden volverse concursables, por ejemplo). Esto es, apoyando a librerías independientes y locales de la comuna, en vez de empujarlas al cierre. Fortalecer las librerías puede incurrir en un círculo virtuoso: se genera emprendimiento, empleo y sostenibilidad para las familias de la comuna, mantiene la diversidad política y cultural de la comuna, y podría permitir el ingreso de talentos nuevos al ecosistema. Reitero que las librerías independientes, junto con las editoriales independientes, son el único espacio que los escritores nuevos tienen para ser descubiertos. Además de todo esto, el público tendría acceso a libros más baratos, que es justamente lo que desea el municipio.

En tercer y último lugar, propongo fomentar la piedra angular de todo este asunto, que es la lectura. Ya es conocimiento general que en Chile leemos poco, y lo que leemos lo leemos mal (recordemos a Mario Waissbluth y su cruzada por aumentar la comprensión de lectura). Este problema genera repercusiones culturales, económicas (los libros se encarecen por tener que imprimir tirajes de volumen pequeño), sociales (menor bienestar), y políticas (escasez de pensamiento crítico). La forma de luchar contra esta problemática es “generar audiencias” y fomentar la lectura. El municipio podría promover planes de lectura, apoyar a las escuelas municipales y bibliotecas populares y públicas en planes de acercamiento y mediación a la lectura. Dedicar dichos recursos al fomento de la comprensión lectora en niños y niñas puede ser una inversión con muchísimo más impacto en el largo plazo.

Robustecer el ecosistema del libro es un propósito más complejo y efectivo que una iniciativa populista de esta naturaleza, que se afirma del componente monetario y valor popular del libro, y no de su componente simbólico y valor público. Aunque siempre es positivo escuchar que hay interés de fomentar la lectura y el libro, y que se abren nuevas librerías, es importante tener en cuenta que existen valores que van más allá del interés individual y popular de los ciudadanos. Trabajar por el ecosistema del libro y sus valores públicos es avanzar hacia un país más lector, más crítico y más feliz.

Un emprendimiento solidario le da nueva vida al libro usado

green-libros

Un emprendimiento solidario le da nueva vida al libro usado

Miércoles 6 de febrero de 2019, Gonzalo Cepeda Vergara, Cultura de El Mercurio

Ubicada en la comuna de Recoleta, la librería Green Libros ofrece textos casi a mitad de precio, dando énfasis a la reutilización.

“Si se talaron árboles para hacer papel, nosotros pretendemos que ese libro se lea por mucha gente. Acá se pueden comprar a buen precio, de buena calidad, y al hacerlo ayudan a que los sectores vulnerables tengan acceso al libro”, detalla Juan Cristóbal Prieto sobre el objetivo de Green Libros, una librería solidaria que vende libros usados a menor costo, y a su vez, dona textos a fundaciones como Techo y el Hogar de Cristo, entre otras.

Ubicada en Bellavista -Loreto 558, lo que la hace, de hecho, la primera de la comuna de Recoleta-, la librería tiene unos 20 mil libros en sus estanterías. Pero en su bodega guardan cerca de 50 mil más, entre textos escolares y los que están en catalogación y limpieza. Green Libros vende también por internet (Greenlibros.com).

“En este lugar se puede encontrar de todo, desde Allende hasta Pinochet”, cuenta Prieto, fundador de este emprendimiento en 2009.

Puntos de entrega

En 10 años, han recibido más de un millón de libros, evitando que estos terminen en los vertederos municipales. ¿Cómo recolectan sus libros? Cuarenta y tres puntos de donación se ubican en Santiago, en las comunas de Las Condes -Mall Paseo los Dominicos-, Lo Barnechea, Vitacura, Chicureo, Providencia -en la biblioteca municipal-, Huechuraba, Ñuñoa, Santiago centro -Mall Espacio M- y una recién inaugurada en el Mall Plaza Vespucio. Además de contar con 3 centros de depósito en Viña del Mar y Valparaíso. Si alguien quiere donar sobre 100 libros, existe un sistema de búsqueda a domicilio.

En estos puntos de donación reciben cerca de tres mil libros diarios. Una camioneta pasa a recogerlos y los lleva a la bodega en calle Loreto, donde se los limpia y reciben una categoría -muy buen estado, bueno y aceptable- y un código de barra, que señala desde qué punto de reciclaje vienen.

El precio de cada libro dependerá de su categoría; 40% para los mejor conservados, y luego 50% y 60%, respectivamente. Y el punto de donación determina a donde se destinará el 10% que por cada venta Green Libros entrega a una institución de ayuda social. Así, el que donó en Vitacura, por ejemplo, ayuda a una organización determinada. La librería vende en promedio unos 150 títulos diarios.

“Ningún libro se pierde. Se dona o se vende, y se convierte en recurso”, señala Prieto. Cerca de 28.134 libros se han donado directamente a las fundaciones asociadas.

Debido a la época del año, Green Libros tiene en estos momentos un amplio catálogo de textos escolares. Estos se pueden comprar desde $5.000 hasta $31.000, siendo que en el mercado su precio ronda los $37.000. Ofrecen un servicio de borrado para los libros que vienen con los ejercicios hechos, con un cobro extra.

Al ser un emprendimiento social, Green Chile es una Empresa B, lo que significa que no solo tiene impacto social y medioambiental, sino que también utilizan las herramientas económicas.

“Nosotros al vender los libros ocupamos al mercado para cumplir nuestra misión social y ambiental. Entonces, al venderlos, no solo la gente puede comprar un libro barato, sino que también permite financiarnos para poder seguir con este proyecto”, señala Prieto.

El fundador es también positivo en cuanto al futuro de su emprendimiento. “La escuela de ingeniería de la Universidad Católica nos ayudó a hacer un estudio y nos demostró que es factible llegar a regiones. Entonces, nos proyectamos con puntos de donación en Concepción, La Serena y Coquimbo, a corto plazo”, remata Juan Cristóbal Prieto.

Opinión: “IVA en los libros”

Carta publicada el Miércoles 6 de Febrero de 2019 en el diario El Mercurio

“IVA en los libros”

Señor Director:

En el debate sobre las librerías populares se han dado a conocer los costos de los libros y quién los asume, apareciendo recientemente en ese medio el IVA.

En esta materia, cualquier iniciativa para eliminar ese impuesto significará que el fisco tendrá que devolver al vendedor el valor del crédito fiscal que le generan los pagos de las importaciones o insumos de su edición en Chile. De no ocurrir así, el vendedor o librero asumirá ese costo traspasándolo irremediablemente al precio.

Franco Brzovic González
Abogado

Opinión: “Librerías populares”

“Librerías populares”

Carta publicada en Las Últimas Noticias el Miércoles 6 de febrero de 2019.

La venta de libros en librerías populares a menor precio debido a que no tienen fines de lucro causa grave daño a las pequeñas. Creo que se debe considerar un importante hecho: las obras están gravadas por el 19% del IVA en su venta al público, sin perjuicio de que el autor ya canceló a la imprenta también un 19% por igual concepto, impuesto a bienes o servicios y a su vez nuevamente al entregarlo al librero para su venta. O sea un 57 % sobre el mismo objeto, con lo que lo encarece, valor que finalmente costea el lector. Una solución sería eliminar dicho gravamen.

Luis Villagra Reveco