• Ingresa tu e-mail aquí

    Únete a 84 seguidores más

  • Recomendados

    Infoconexión
  • blog DIBAM
  • Libérate lee
  • Dónde estudiar bibliotecología
  • panoramas gratis
  • El 5º poder
  • Chile y los libros 2010
  • Twitter

  • Secciones

La nueva cara de la Biblioteca del Museo de Bellas Artes

Cultura El Mercurio, Viernes 21 de julio de 2017.

Tras un semestre de obras de remodelación, la biblioteca y el centro de documentación reabrieron esta semana a público. Tienen casi el doble de metros cuadrados y estanterías, gracias a una inversión de $106 millones.

Daniela Silva Astorga

El cambio fue radical. Si a inicios de 2016 prácticamente no entraba un libro más en la Biblioteca del Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), así como tampoco cabían más papeles en su Centro de Documentación, ahora el archivo cuenta con el doble de metros cuadrados y estanterías, y un recinto cómodo para la lectura de sus usuarios. Algo que se había perdido desde 2010, por el arribo constante de materiales.

“Estaba todo mezclado. Oficinas, estanterías, cajas, espacios para leer, y no hallábamos qué hacer. No podíamos recibir bien al público. Así que ya con el ex director Milan Ivelic empezamos a pensar en construir un entrepiso para situar las oficinas y ganar espacio para repisas. Entonces, si bien el proyecto avanzó, no resultó. ¡Pero ahora sí!”, comenta, entusiasmada, Doralisa Duarte, directora de esta biblioteca especializada en el arte chileno y su historia.

En sus estanterías se resguardan 37 mil volúmenes, entre libros, catálogos y revistas. Mientras que en el Centro de Documentación es posible encontrar 630 metros lineales con recortes de prensa, fotos, cartas, textos, diapositivas y videos, a partir de los que la institución creó un completo conjunto de prensa. Todos estos materiales, asegura Duarte, están clasificados por artista -tienen archivos de unos 4.000 autores nacionales- y también por institución. Y a algunos se puede acceder digitalmente a través de http://www.bncatalogo.cl. Pero ahora, tras un semestre de obras, junto con una inversión de $106 millones, biblioteca y centro de documentación -al nororiente del primer piso del museo- cuentan con más espacio, por sus nuevas estanterías y el entrepiso. Asimismo, el proyecto contempló la restauración completa del salón (cornisas, parquet, zócalos), la compra de computadores, sillas y escritorios para los usuarios, y mejoras en la climatización e iluminación.

En resumen: por primera vez este archivo podrá dar acceso físico total y cómodo al público, que, en general, está constituido por investigadores o universitarios. Una nueva etapa que podría clasificarse de conquista, frente a nuevos visitantes, y de reconquista, pensando en los usuarios más antiguos. “Hemos vivido épocas en las que han venido muchas personas -dice Duarte-. A veces había más de 30 personas, y los demás debían esperar para entrar. Pero después las visitas bajaron por el acceso digital: de unos 6.000 usuarios físicos al año pasamos a 3.000; aunque teníamos más de 20 mil visitas mensuales en el sitio web Artistas Visuales Chilenos, que nació en esta biblioteca. Así que como no teníamos espacio para recibir, dejamos un poco de lado la difusión. Ahora sí esperamos tener más usuarios”.

Por su parte, Roberto Farriol, director del MNBA, celebra que “esta renovación le da el debido espacio a una de las mejores colecciones bibliográficas y documentales especializadas en arte chileno”. Y lo cierto es que estos depósitos jamás han tenido mejor infraestructura: la biblioteca se inició hacia 1930, con los catálogos y libros que arribaban al museo, pero que quedaban en la oficina del director.

Fue recién en 1976, con Lily Garafulic a cargo, que las estanterías se sacaron a un espacio común y se contrató a personal bibliotecario. Por eso, se considera que la Biblioteca del Museo Nacional de Bellas Artes nació como tal en 1977, ya a cargo de Doralisa Duarte. Y la historia avanzó, fundamentalmente a partir de donaciones y canjes -ahora reciben unos 500 volúmenes al año-, pasando por los subterráneos, las oficinas administrativas y el Salón Blanco. Hasta que en los tiempos de Ivelic, las estanterías arribaron definitivamente al salón donde están hoy.

Los núcleos de este archivo

Aunque casi todas las colecciones de la biblioteca han llegado vía donaciones, Doralisa Duarte destaca algunos legados que considera fundamentales, como por ejemplo el que recibieron de Alberto Pérez (1926-1999), artista, investigador y profesor histórico de la Universidad de Chile que donó todos sus libros, y el de la escultora Marta Colvin (1907-1995), quien les regaló fotografías y documentos sobre la totalidad de sus obras. También aceptaron los archivos personales del artista Juan Egenau (1927-1987) y del crítico Antonio Romera (1908-1975). “Y don Pedro Labowitz igualmente se comprometió a legarnos sus documentos”, afirma Duarte.