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Pagar por un buen colegio no asegura un buen resultado

Baja de la comprensión de lectura en los establecimientos del barrio alto

Pagar por un buen colegio no asegura un buen resultado

En los últimos cinco años, los estudiantes de II Medio de altos ingresos han caído 30 puntos en su capacidad para entender lo que leen, según el SIMCE.

Lunes 29 de Agosto de 2016, Sandra Radic, Crónica, La Segunda.

“En lectura tenemos una baja sostenida de los grupos socioeconómicos altos desde el 2011 a la fecha”, señala Carlos Henríquez, secretario ejecutivo de la Agencia de Calidad de la Educación cuando se refiere a la capacidad de comprender lo que se lee entre los alumnos de colegios de altos ingresos.

“Esto es irrisorio si se piensa en el alto costo que tiene la educación privada. Un estudiante ABC1 particular pagado pertenece a una élite que representa entre el 8 o 9% del total. Estamos hablando de la nata de la crema y donde hay mucha riqueza”, agrega Verónica Abud, quien a través de la Fundación La Fuente monta bibliotecas tanto en sectores vulnerables como en los malls Plaza.

La doctora Amanda Céspedes con postgrado en neuropsiquiatría y neuropsicología infantil, complementa: “Ni en casa, ni en el sistema escolar ni en el colegio privado se está abordando de manera adecuada cómo hacer un buen lector”. A lo que Henríquez agrega que “antes se suponía que al pagar un buen colegio, se iba a obtener un buen resultado. Hoy eso no es así”.

Estos tres especialistas coinciden en “Opinión de Expertos” que el problema es generalizado. Henríquez pone otro dato sobre la mesa: “En junio se entregó la Evaluación de las Competencias de Adultos, realizada por la OECD, que abarca a personas entre 16 y 65 años, uno de los resultados arrojó que los analfabetos funcionales llegan al 53% de la población. En 20 años apenas mejoramos un punto”.

¿Qué es un analfabeto funcional? Aquella persona que no logra tener las competencias básicas de lectura, por ejemplo, no entiende un manual de instrucción para armar un mueble, explica.

Mucho más enfática para exponer el problema es Verónica Abud: “Si un niño termina el colegio sin saber leer, se ha cometido un crimen y es para meter preso al responsable, porque le quitamos la única herramienta que tiene para aprender y tener éxito que es la lectura”.

En este contexto, Céspedes dice que tiene la sensación de que “un fenómeno que en algún momento pudo haber caracterizado a los sectores vulnerables. Hoy se generalizó”.

“Se quedan tranquilos cuando aprenden a leer”

La neuropsiquiatra tiene una visión pesimista de lo que ocurre en los sectores de ingresos altos. “Tanto el colegio como la familia están colaborando para producir en serie a un mal lector. Se quedan tranquilos cuando el niño aprende a leer, ¡pero eso es lo elemental! Debe venir después un enriquecimiento que pasa por desarrollar al lector estratégico —ese que busca las palabras que no conoce o se sorprende frente a una sintaxis poco común— hasta el lector experto”.

Céspedes señala que los colegios no se esfuerzan en producir un lector estratégico, porque parten del “supuesto que el niño va a leer porque ya aprendió, pero las condiciones sociales ya no existen para que eso suceda como sí ocurría hace 50 años cuando no había nada más que hacer que leer. Además, las familias ya no leen en las casas”.

A ello se suma que los padres creen que el gran objetivo de la educación es darles herramientas tecnológicas. “Muchos de mis pacientes de familias acomodadas no tienen una consola, sino que llegan a tener 10 consolas a las que se suman el Iphone, Ipad y computador (…) Los niños a los que se les ha leído cuentos en la edad preescolar llegan con una muy buena sintaxis, entienden —por ejemplo— lo que quiere decir “Había una vez…”, a pesar de que uno no habla así. Sin embargo, el grupo ABC1 ya no lee cuentos a sus hijos porque los chicos se entretienen con el IPAD desde el año y medio”.

Céspedes insiste en que la formación de un lector estratégico toma dos años y debería darse en segundo y tercero básico. “No en primero, porque el niño debe aprender a leer de manera fluida como paso inicial”.

Los tres apuntan a que tanto la familia como el colegio son importantes a la hora de transformar a un niño en un buen lector. También pasa por una definición como sociedad de lo que es el éxito, acota Abud. “La familia ABC1 está demasiado enfocada a que el niño rinda, es decir, que sea útil. Claramente, si la lectura no tiene utilidad, carece de sentido. Cuántas veces hemos preguntado: “¿Qué estás leyendo? ¿Y para qué te sirve?” Cuántas cosas hemos dejado de hacer porque supuestamente no sirven (…). Los padres entregan a sus hijos al colegio y lo que pase con ellos, es problema del colegio. Y como los colegios privados no tienen competencia porque la educación pública es mala, da lo mismo lo que hagan porque igual tienen una lista de espera de 200 o 300 niños”.

Para Amanda Céspedes, quienes están mejor son colegios como el Alemán, la Scuola Italia o la Alianza Francesa, “donde los chicos son mucho mejores lectores que en colegios donde no hay fuerza por parte de las colonias (principalmente europeas)”. Aunque también advierte que la generalización es peligrosa, porque hay excepciones. “El Colegio Institución Teresiana, por ejemplo, tiene una bibliotecaria espectacular, Inés Rojas. Ella creó las minibibliotecas al interior de las aulas para que los niños tuvieran los libros allí mismo”.

Fórmulas para incentivar la lectura

La estrategia de los cinco dedos

Amanda Céspedes: “Hay distintas estrategias para pasar de un lector fluido a uno estratégico. Por ejemplo, la de los cinco dedos. El niño levanta un dedo cada vez que se encuentra con una palabra que no conoce y cuando llega a los cinco dedos, el profesor detiene la lectura y conversa sobre las palabras que ignoran. Lamentablemente, la mayoría de los profesores no usan métodos de este tipo”.

Verónica Abud: “No hay que tomar pruebas de lectura de 1 a 4º básico. Eso se debería prohibir por ley. ¡Nunca más una prueba! ¡Nunca más un libro que un niño no eligió!”(…) Las bibliotecas tampoco deberían tener bibliotecarias porque están entrenadas para que los libros estén ordenados, clasificados y guardados. La carrera de bibliotecaria no tiene en su currículo el fomento lector (…) En la UDP construimos una biblioteca escolar adentro de la facultad de Educación y elaboramos un plan de cómo trabajar con los futuros profesores de básica. Se organizó una visita semanal para los colegios que estaban en los alrededores con el objeto de que el profesor aprendiera con el niño. Las bibliotecas de los colegios deben estar abiertas a la comunidad”.

Carlos Henríquez: “Si el colegio obliga a leer un libro y después solo hace una prueba de selección múltiple, los incentivos están mal puestos. En el SIMCE, las preguntas que apuntan a habilidades superiores como inferir o interpretar, los estudiantes no las responden (…) Nuestra experiencia con los planes lectores, incluso en colegios ABC1, es que los profesores son los que marcan la diferencia y es labor de los directores hacer ver a la comunidad que lo que se busca es el desarrollo integral”.

Las razones biológicas que explican esta diferencia

Mujeres mejores lectoras que hombres

Las mujeres son mejores lectoras que los hombres. Estos en el grupo socioeconómico alto incluso “quedaron por debajo de los resultados de las mujeres del grupo socioeconómico medio-alto”, indica la última evaluación del SIMCE.

Carlos Henríquez sostiene que hay estudios que hablan de un sesgo de género en las salas de clases. “Los profesores de lenguaje tienden a preguntarle más a las niñas y los de matemáticas, se dirigen más a los niños”.

Amanda Céspedes se muestra más dudosa de esa explicación. “Puede haber una tendencia de ese tipo, pero hay un factor biológico. El desarrollo del cerebro lector que es esencialmente el izquierdo, muy apoyado por el cerebro derecho con la imaginación, madura en promedio entre uno y dos años antes en la mujer. Además, por su estructura biológica, la mujer es más emotiva, por lo tanto, el texto de un libro la captura más si está bien elegido. En cambio, hasta los 10 años, al varón lo atrae más la acción. Eso los profesores muchas veces no lo saben y dan a leer los mismo libros a hombres y mujeres. Por ejemplo, las niñas dibujan adjetivos, y los niños dibujan acciones o verbos”.

“Lo más importante es el factor de maduración —argumenta Céspedes—, las niñas comienzan a hablar en promedio un año antes que los hombres y empiezan a leer y a escribir también un año antes. Las niñas alcanzan un nivel narrativo en redacción a los 7 y medio u 8 años de edad. Nivel narrativo es cuando se pide una narración y se estructuran ideas en torno a un relato. En cambio, los varones a los 8 años todavía utilizan el discurso descriptivo, por ejemplo, van a decir que los perros son animales de cuatro patas, regalones y les gusta el pellet. Muchos redactan hacia abajo como enumeración”.

grupos

291 puntos lograron las mujeres de los grupos socioeconómicos altos en 2015, 17 puntos menos que en 2013.
217 puntos lograron los hombres del estrato alto en 2015, 20 puntos menos que en 2013.
50% de las niñas les gusta que le regalen un libro.

Amanda Céspedes, psiquiatra infantil y juvenil:
– “El fantasma del ministerio de Educación nos paraliza y oculta una realidad más compleja que es la calidad de la formación docente. Si nos preocupáramos de tener una muy buena formación docente, el ministerio dejaría de ser un peligro”
– “No hay una práctica sistemática del desarrollo de la argumentación, la que debe ser oral y escrita. ¿Cómo puedo convencer al otro? Después nos sorprendemos porque se destruye al Cristo de la Gratitud Nacional”.

Verónica Abud, máster en Educación y fundadora de Fundación La Fuente:
– “No veo a los profesores cuestionando un modelo de enseñanza que se basa en la transmisión de contenido, siendo que este es un bien social, disponible y democrático. Las nuevas habilidades están en saber trabajar en equipo, cuestionar, rediseñar y ser flexibles”
– “El Centro de Recursos para el Aprendizaje (CRA) -antiguas bibliotecas- sigue comprando 35 libros del mismo ítem para que el profesor haga una sola prueba y la repita año tras año”

Carlos Henríquez, secretario ejecutivo de la Agencia de Calidad de la Educación:
– “Cuando llegan del colegio, lo primero que preguntamos es cómo te fue en el colegio y lo segundo, qué nota te sacaste. Nunca preguntamos qué aprendiste hoy”.
– “Tras 24 años logramos tener una nueva carrera docente que señala que no cualquier puede ser profesor. La carrera de profesor no se forma en 5 años, sino que en 45 años”

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