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Editorial de El Mercurio: “Encuesta sobre consumo cultural”

El Mercurio, Martes 3 de diciembre de 2013.

La sociedad chilena está proveyendo un “servicio cultural” cada vez más apreciado y extendido.

El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes ha realizado por tercera vez la Encuesta Nacional de Participación y Consumo Nacional, año 2012, con un universo de 8.200 personas encuestadas en todo el país. Las anteriores son de 2005 y 2009, lo que brinda una buena base de comparación de las tendencias de los últimos años en esta materia. Este sondeo mide -como la mayoría de los similares en el mundo- prácticas culturales (lectura, asistencia a conciertos, teatro, museos y similares), la tenencia de objetos culturales (pintura, discos, libros, otros) y las inclinaciones de la población por ciertos géneros musicales o literarios.

Según lo ha expresado el Consejo, una de las preocupaciones que últimamente han cobrado cuerpo respecto del consumo cultural es aquella que lo asocia a la desigualdad en distintos ámbitos. De allí que este informe destaque una de las tesis predominantes en los países desarrollados desde los años 90, pero que puede tener una proyección parcial hacia nuestra realidad: se impone la tendencia a un consumidor cultural “omnívoro”, en cuya práctica no se distingue entre producto de alta cultura o de cultura popular, superándose así los planteamientos que veían en dicho consumo una simple homología entre este y el nivel socioeconómico. Ese mismo “omnivorismo” estaría haciendo desaparecer el vínculo entre prestigio y consumo cultural, especialmente en las generaciones más jóvenes, pues “no hay necesidad de esnobismo”, debido a que han surgido entre ellas nuevas formas de socialización que han desplazado la antigua identificación entre consumo de alta cultura y mayor estatus social.

Las cifras que arroja esta muestra podrían interpretarse, en general, como un avance positivo en este sentido, con cruces relevantes entre consumidores con mayor o menor poder adquisitivo y las preferencias de consumo cultural que respectivamente manifiestan. Con todo, sin perjuicio de esta tendencia cualitativa -que sugiere que estaríamos en presencia de una mayor integración social para acceder a los productos culturales-, las cifras son muy alentadores en el aumento cuantitativo de consumo.

Así, las relativas a compras y lectura de libros presentan un mejoramiento notorio respecto de las encuestas anteriores, con un aumento significativo del número de libros leídos anualmente por cada habitante. En materia de asistencia a espectáculos culturales, si bien se mantienen cifras estables para el teatro y los museos, aumentan importantemente la danza y el cine, creciendo este último en mayor proporción que el resto. Lo mismo ocurre en materia de tenencia de objetos culturales en el hogar, que arroja indicadores positivos para todos los estratos sociales.

Todo esto indicaría que, en un área sensible de la calidad de vida de las personas, la sociedad chilena está proveyendo un “servicio cultural” cada vez más apreciado y extendido, marcando una tendencia que está en sintonía con otros indicadores sociales que miden desigualdad y que también han mostrado una evolución positiva en los últimos años.

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