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Sin leer, sin saber, sin vivir

El Mercurio. Santiago, Chile. 07/02/2011

Día a Día. Editorial

Se ha discutido bastante sobre la incomprensión lectora promedio de nuestro país, algo evidente para quienes trabajamos en la educación universitaria, pues la mayoría de los alumnos que recibimos vienen sin hábitos de lectura y con muy poco interés por entablar una amistosa relación con los libros. Por ejemplo, forzarlos a concentrase en un volumen de poco más de 100 páginas se les hace cuesta arriba y reclaman por la “excesiva” extensión de la obra.

¿Qué ocurrió para que en Chile y en otros lugares se dejara de leer? Hay varias respuestas. Una de ellas es que nuestra época, de una invasión visual y sonora casi sin límites, apenas impulsa el tiempo, el espacio y el silencio para sentarse en un sillón con un libro en las manos y concentrarse un par de horas en este ejercicio intelectual, mirado por muchos con desdén o sospecha. A tal punto es esto cierto, que, incluso, un buen lector debe dar explicaciones por dedicar parte de su día a esta actividad “improductiva”.

Sin embargo, me sumo a las voces que aprecian sinceramente la lectura, reconocen su necesidad y conservan el gusto por ella, pues las páginas leídas, sea para aprender, disfrutar, comprender, no son una negación de la vida, sino un puente para que nuestro paso por la existencia sea auténticamente humano.

Bibliotecas móviles entregan herramientas educativas a niños de localidades aisladas

El Mercurio. Santiago, Chile. 7/02/2011

Un reciente estudio confirma que los beneficiados valoran poder acceder a estos espacios, porque, además de entretenerse, complementan el aprendizaje.

Carlos Solorza F.

Ya no todo pasa en la ciudad. Acomodándose al contexto de aquellos pueblos que no tienen acceso a bibliotecas completas, las alternativas itinerantes logran incentivar el aprendizaje en estudiantes que viven en el aislamiento geográfico.

Villa Prat es una localidad de la comuna de Sagrada Familia en la Región del Maule que sufrió serios daños con el terremoto del 2010. Así que la visita durante cuatro meses del Dibamóvil fue muy bienvenida por la comunidad. “Como no tienen biblioteca, es ahí donde más nos piden libros, todos los niños nos esperan”, dice Hernán Gallardo, animador cultural que trabaja en este programa impulsado por la Dibam en las regiones de Coquimbo, Metropolitana y del Maule.

Más de mil títulos cargaba el camión que recorrió 13 localidades durante 2010. Gallardo fue testigo de cómo la lectura entregó beneficios educativos.

“Hay niños que han aprendido a leer con el Dibamóvil y que hoy están en la universidad”, asegura, para luego enfatizar que un servicio como éste ayuda a toda la comunidad. Un ejemplo: “La tercera edad también encuentra ahí una distracción”.

El derecho de leer

Leer entrega oportunidades que pueden cambiar la vida de las personas

opina Aura Aguilar, trabajadora social, quien en su tesis de magíster que realizó en la U. Católica comparó las experiencias de dos iniciativas itinerantes: el Biblioburro, de Colombia, y el Bibliomóvil, de Chile.

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