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Con temáticas de amor y erotismo se realizará en La Serena la XXVI Feria Internacional del Libro

La Tercera. 31/01/2011

Los organizadores esperan la asistencia de más de 200 mil personas, entre turistas y lugareños.

EFE

Más de 200.000 personas espera recibir la XXVI edición de la Feria Internacional del Libro titulada “Letras llenas de erotismo pasión y amor, año de ponerse rojos” que se realizará en la cuidad chilena La Serena, entre el 4 y el 20 de febrero próximo, informaron hoy fuentes oficiales.

Según los organizadores, el evento tendrá como principal temática precisamente el amor y el erotismo que será tratado en diversas lecturas, presentaciones de libro, obras de teatro y música.

Asimismo, el certamen busca generar una conexión entre el público visitante y los escritores a través de debates y talleres de literatura que busca incluir a jóvenes creadores de los sectores más vulnerables.

La actividad en La Serena contará con la presencia de destacados escritores que presentarán sus libros más recientes. Entre los expositores se encuentran los novelistas: Hernán Rivera Letelier, Diamela Eltit, Teresa Calderón y Floridor Pérez.

“Esperamos generar un espacio de discusión y reflexión,invitar a la crítica y el debate”, señaló el alcalde Raúl Saldívar en una rueda de prensa en la presentación del festival.

El escritor Poli Délano dijo que “existen cambios en la sexualidad chilena. Por ejemplo las parejas jóvenes se besan,se tocan y se abrazan en la calle cosa que no existía antes con tal libertad antes”, apostilló.

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Letras llenas de erotismo se toman la Feria Internacional del Libro en La Serena

El Mostrador. 31/01/2011

Entre los expositores se encuentran los novelistas: Hernán Rivera Letelier, Diamela Eltit, Teresa Calderón y Floridor Pérez.


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Feria del Libro en La Serena espera más de 200.000 visitas

Diario Financiero. 31/01/2011

El evento tendrá como principal temática precisamente el amor y el erotismo que será tratado en diversas lecturas, presentaciones de libro, obras de teatro y música.

Avanza la reparación de la Biblioteca Nacional

El Mercurio. Santiago, Chile. 31/01/2011

“En febrero, antes de que se cumpla un año del terremoto, la estructura del edificio estará completamente sana”, declara Magdalena Krebs, directora de la Dibam.

Romina De La Sotta Donoso

Los solemnes salones y galerías de la Biblioteca Nacional -construida entre 1913 y 1925, y declarada Monumento Nacional en 1976- se han estado poblando de andamios en las últimas semanas. En los pasillos hay ruidos sordos de modernas máquinas, y polvo suspendido.

Pero la Biblioteca Nacional no ha tenido que cerrar ni dejar de atender público: los daños que ocasionó el sismo de 2010 se están reparando por parte. Ya fueron rehabilitados el Salón Bicentenario, la Galería de Cristal y la Mapoteca, y ahora le toca a la Sala América.

“Estoy muy contenta de que estos trabajos estén avanzados. Antes de que pase un año desde el terremoto vamos a tener reparados los daños estructurales. Luego vendrán las licitaciones para las terminaciones, que ya son un tema estético”, anuncia Magdalena Krebs, directora de la Dibam.

Ahora mismo también se está trabajando intensamente en el Archivo Nacional, ubicado en el ala norte del edificio, donde ocurrieron los daños más graves. Allí hay grietas de suelo a cielo.

Mientras los estudios de ingeniería -que permitieron planificar las reparaciones, y licitarlas- costaron cerca de $60 millones, el presupuesto para reparar los daños estructurales en la Biblioteca Nacional y el Archivo Nacional suman $178.800.000.

“Debemos tener conciencia de la gran calidad de este edificio, que fue construido mucho antes de la norma sísmica chilena y cuando no existían junturas de dilatación, y cuyas estructuras se han comportado muy bien”, agrega la arquitecta.

¿Cómo leeremos en el futuro? pantallas y libros en el mismo mundo

El Mercurio. Santiago, Chile. 30/01/2011

Entrevista a Roger Chartier:
Hoy día ya no se habla con tanta facilidad de la desaparición del libro, pues se ve que no hay equivalencia entre un texto sobre la pantalla y un texto en la forma de libro impreso. El destacado historiador francés arroja algunas luces sobre las nuevas y antiguas formas de leer.

Gustavo Santiago, La Nación de Buenos Aires

Cuando se trata de analizar el pasado, el presente o el futuro del libro, resulta imprescindible detenerse en el pensamiento de Roger Chartier (Lyon, 1945). De sus numerosos trabajos sobre las prácticas de escritura y de lectura en Occidente pueden citarse el ya clásico “El mundo como representación” (Gedisa, 1992) y otros más recientes, como “Escuchar a los muertos con los ojos” (Katz, 2008). El historiador francés conversó sobre algunos de los temas que lo apasionan: los libros y las disputas con la cultura digital.

-En su lección inaugural en el Collège de France, titulada “Escuchar a los muertos con los ojos”, usted formula una pregunta elemental, básica, que me gustaría retomar aquí. La pregunta es qué es un libro.
“Hay varias definiciones, como aquellas surgidas de las metáforas empleadas en el Siglo de Oro o de las distinciones conceptuales del siglo XVIII, que sostienen que el libro tiene cuerpo y alma. O que el libro, como decía Kant, es, por una parte, un opus mechanicum, un objeto material producido por una técnica, que como objeto pertenece a quien lo compra; y, por otra, un discurso, una obra dirigida a un público que, en ese sentido, pertenece a quien lo compuso.”

-¿Qué sucede con el sentido de la obra? ¿Es patrimonio del autor o del lector?
“Es complejo. Porque lo que lee el lector es un libro, pero los autores no escriben libros. Escriben obras, discursos que otros -editores, impresores, tipógrafos- transforman en libros. Esa transformación da una forma al texto que algunas veces desborda o incluso contradice las intenciones del autor. Y de lo que se apropia el lector es del texto en su forma material. Pero, por otro lado, la construcción del sentido que realiza el lector no remite sólo a sus expectativas o categorías, sino también a la experiencia de lectura que cada forma particular del texto produce. Hay tres elementos: los procedimientos de composición, las apropiaciones (tanto en una misma sociedad como a lo largo del tiempo) y la forma material de los objetos escritos e impresos.”

-En varias ocasiones se ha referido usted a un proceso de “desmaterialización de la obra”, que se acentúa desde hace varios siglos. ¿Cuáles serían las causas y los alcances de esta desmaterialización?
“Hay muchas razones que han borrado el efecto de la materialidad de la obra. En primer lugar, la definición de la propiedad literaria impulsada en el siglo XVIII, que establece que el autor es propietario de un texto, independientemente de sus formas materiales sucesivas o contemporáneas. El copyright protege la obra en su esencia inmaterial, en su dimensión de producción estética o intelectual. Y a partir de ese momento el derecho en sí mismo opera la desmaterialización de la obra. Es muy interesante el momento en que surgen las disputas por el copyright . Allí vemos el problema de defender la propiedad literaria de un autor sobre su obra en un momento en que el sueño de la Ilustración indicaba la posibilidad para todos de apropiarse de las ideas que se consideraban útiles para el progreso de la humanidad. Hay autores como Condorcet, en Francia, que rechazaban radicalmente toda idea de propiedad literaria, porque consideraban que nadie podía apropiarse de las ideas fundamentales para el proceso de la Ilustración.”

-¿Cuáles serían las otras razones de la desmaterialización de la obra?
“Una está vinculada con la recepción. En este sentido, es el lector mismo quien desmaterializa la obra leyéndola. Inconscientemente, crea una relación en la cual el texto pierde toda forma de especificidad particular. Es el discurso del otro con el cual el lector dialoga, en el cual penetra, o es el discurso el que penetra en él.”

El cuerpo y el alma de un libro

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Escritores lamentan cierre de librería

El Mercurio, Valparaíso. 30/01/2011

“Si siguen los hechos como éste, los turistas no tendrán qué ver en 15 años más”, reclama reconocido intelectual.

Camila Araya

Tristeza manifestaron sentir escritores porteños tras enterarse de que cierra sus puertas la tradicional librería “Orellana”, de calle Esmeralda, en el centro de Valparaíso.

El hecho impacta en la memoria de numerosos porteños amantes de la lectura, tal como ocurrió en su momento con el término de actividades de la librería “Sudamericana”, del escritor Modesto Parera, que reunía a una clientela entusiasta en su local de Condell casi al llegar a Bellavista.

El plazo que tiene la librería “Orellana” para cerrar sus puertas es el día 27 de marzo.

Para el escritor Eugenio Rodríguez, autor entre otras obras de “El himno que se baila”, en alusión a “La Joya del Pacífico”, este establecimiento es una tradición porteña.

“Que cierren algo así es más penoso todavía, una lástima, sobre todo en la ciudad capital de la cultura de Chile”, opinó.

“En los años 60 había 15 librerías en la ciudad, ahora cada día quedan menos”, añadió el conocido escritor y Premio Municipal de Literatura deValparaíso, Manuel Peña.

Patrimonio cultural
El presidente de la Asociación de Escritores de Valparaíso, Enrique Moro, dijo que “las inmobiliarias están acabando con el patrimonio” y acotó que muchas casas, cines y teatros han sido demolidos en los últimos 20 años.

“Si Valparaíso es patrimonio se le tiene que dar contenido, cuidarlo para que siga así”, dijo. “Si queremos hacer una industria en términos de turismo, se tiene que explotar el patrimonio”, afirmó.

Moro hizo un llamado a las autoridades a que tomen cartas en el asunto. “Necesitamos urgentemente que el Estado asuma un rol protagónico en la defensa de una de las ciudades más importantes, en la defensa del patrimonio de la humanidad”, expresó.

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La irrupción de tabletas y e – readers revolucionan la forma en que se quiere leer

El Mercurio. Santiago, Chile. 29/01/2011

Los usuarios no quieren simples textos digitalizados, sino que esperan de estos nuevos contenidos la posibilidad de interactuar con ellos, ver videos y acceder a una lectura no lineal. En el corto plazo, los lectores de libros electrónicos se venderán más, pero las tabletas se impondrán cuando bajen de precio, dadas sus mayores capacidades multimedia.

Alexis Ibarra O.

Las tabletas y los lectores de libros electrónicos (e-readers ) están lejos de ser una moda pasajera. Se han vendido15 millones de iPad desde su lanzamiento hace 9 meses y este año se espera que cerca de 80 nuevas tabletas salgan a competirle.

Un nuevo estudio llamado “Publishing in the digital era”, realizado por la consultora Bain and Company por encargo del Foro de Avignon, confirma el asombroso boom de estos dispositivos: entre un 15% a 20% de los usuarios de los países desarrollados tendrán una tableta o un e-reader en el año 2015, mientras que las cifras actuales rondan en torno al 2%. Además, la compra de libros digitales se cuadriplicará en los próximos cinco años.

El estudio se realizó a partir de encuestas a tres mil usuarios de Japón, EE.UU., Alemania, Francia, Inglaterra y Corea. El objetivo: analizar la migración desde el papel a los formatos digitales y entender el comportamiento de los lectores que se enfrentan a este nuevo tipo de dispositivos.

La investigación reveló que el dispositivo más usado (y que también lo será en el corto plazo) es el lector de libros electrónicos, esto “debido a un precio ventajoso y una experiencia de lectura que es más cercana al papel”. En cambio las tabletas, en su mayoría aún tienen un precio que no baja la barrera de los US$ 300, lo que impide su masificación.

Sin embargo, dice el estudio, serán las tabletas las que terminarán por imponerse debido a que su precio inevitablemente descenderá y a que los usuarios preferirán sus mayores capacidades gráficas y multimedia.

“En mi opinión, ambos dispositivos coexistirán. La tinta digital de los e – readers es el camino lógico para la lectura de libros por el contraste de su pantalla, sin luz de fondo ni parpadeo. Para leer diarios y revistas, ver fotografías y lo audiovisual, el espacio perfecto son las tabletas”, dice Eduardo Arriagada, profesor de la Facultad de Comunicaciones de la U. Católica.

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