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Premian clubes de lectura en cárceles

Dibam. 21/12/2010

“Mi espacio sin límites” es el nombre del club de lectura que desde 2008 realiza el Bibliobús de la Biblioteca de Santiago en el Centro de Detención Preventiva de Puente Alto, experiencia que desde 2010 se desarrolla igualmente en el Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín. La contribución de esta iniciativa ha sido reconocida con el premio a las “Buenas prácticas de Lectura en Bibliotecas Públicas y Comunitarias 2010” otorgado por Consejo de la Cultura y las Artes de la Región Metropolitana.

Hasta las cárceles, ferias libres, consultorios y hospitales llega el Bibliobús de la Biblioteca de Santiago. Su objetivo es facilitar la posibilidad de leer para quienes tienen mayores dificultades de acceso y con este fin efectúa una labor en la que se conjuga la oferta cultural con el trabajo social y comunitario. Además del préstamo de libros, su función también es de mediación y diálogo, para que la lectura implique una actividad significativa de acuerdo con distintas necesidades e intereses.

Especialmente relevante en este sentido ha sido el trabajo efectuado en las cárceles, donde se han creado clubes de lectura en los que personas privadas de libertad comparten experiencias e impresiones frente a distintas obras literarias. “Es una experiencia muy linda y enriquecedora -señala Daniela Osorio, encargada del Bibliobús de la Biblioteca de Santiago- porque uno aprecia la magnitud de lo que puede representar un texto. La lectura abre la posibilidad de experimentar distintas situaciones y de ponerse en el lugar de muchos personajes, es decir, genera y profundiza la empatía, esto es, la capacidad de comprender y apreciar la vida de los demás, lo cual claramente es un aporte para la reinserción social.”

La contribución y el valor de este trabajo han sido reconocidos este año con la entrega del premio a las “Buenas prácticas de Lectura en Bibliotecas Públicas y Comunitarias 2010” otorgado por Consejo de la Cultura y las Artes de la Región Metropolitana. Un importante apoyo para las iniciativas que desde las bibliotecas públicas se dirigen a los sectores con mayores carencias de nuestra población.

***
Presos de Puente Alto campeones de la lectura

La Nación. Santiago, Chile. 23/12/2010

Los encarcelados fueron premiados por ser buenos lectores gracias al trabajo de Bibliobús, una biblioteca móvil de la que se han hecho adictos. Un reconocimiento en respuesta al feo ranking que encabeza Chile sobre la persecución de literatos en el mundo, recientemente publicado por la Asociación Internacional de Escritores (PEN).

Fabiola Melo

Reclusos de la Cárcel de Puente Alto, agrupados en el club de lectura “Mi espacio sin límites”, acaban de recibir el premio a las “Buenas prácticas de lectura en bibliotecas públicas y comunitarias 2010”, otorgado por el Consejo de la Cultura y las Artes de la Región Metropolitana.

El club de lectura, con el cual los reos han podido abstraerse de sus encierros y ayudarse en sus tratamientos de rehabilitación, depende de la Biblioteca de Santiago.

Daniela Osorio, encargada del Bibliobús, una biblioteca móvil con la que el programa ha llegado a varios lugares de Santiago, cuenta que “la lectura es, sin duda, un aporte para la reinserción social”.

Sin embargo, afirmó que ha sido un trabajo lento, pues los internos del Centro de Detención Preventiva de Puente Alto pertenecen a estratos más bien marginales de la sociedad y el proceso de acercamiento a los libros ha significado un trabajo más bien pedagógico y a largo plazo, pues a muchos de los reclusos el programa les ha permitido, incluso, aprender a leer y escribir.

Aunque para muchos el tiempo recluido en una cárcel podría ser perdido, la historia de la literatura ha visto nacer grandes plumas detrás de las rejas, como las de Oscar Wilde, autor de El Fantasma de Canterville y El Retrato de Doryan Gray o Alexander Solzhenitsyn, autor de El Archipiélago Gulac.

De hecho, Según el informe de Pen Club, la conocida asociación internacional de escritores, en el mundo más de 600 literatos han sido encarcelados -o padecen persecución- en 55 países alrededor del mundo.

Lo que más sorprende de este informe es que ubique a Chile en el tercer lugar de países con más persecución contra escritores del mundo. (Http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Informe/Pen/Club/represion/intelectuales/elpepisoc/19771104elpepisoc_15/Tes)

Daniela Osorio cuenta que en el caso de su programa Bibliobús, ella conoció en la cárcel de Puente Alto a un reo con mucho talento para escribir que fue reubicado en otro centro de detención por el buen comportamiento que adquirió con su rutina de lectura.

La tarea del Bibliobús, según señaló Magglio Chiuminatto, gestor cultural de la biblioteca, consiste en dar la posibilidad de leer a personas de sectores que tengan mayores problemas de acceso, como son las cárceles, ferias libres, consultorios y hospitales. Así, como todos los viernes por la mañana, Daniela Osorio les abre otro mundo a los internos a través de la lectura, quienes disfrutan de diversos géneros literarios, que van desde cuentos, pasando por la poesía y hasta la crónica narrativa.

Osorio explica que si bien el sistema carcelario es pésimo, hay iniciativas como estas que contribuyen a mejorar la calidad de vida de los internos, “porque hay que recordarle a la sociedad que ellos son y siguen siendo seres humanos igual que todos nosotros. Ha sido una experiencia increíble, porque he aprendido a conocerlos como personas y a sacarme el estigma que se tiene de ellos.”

Gracias a esta actividad, los presos también tuvieron la oportunidad de participar del proyecto “Memorias del siglo XX”, en el que los integrantes del club de lectura escribieron sus historias de vida, de barrio y sus aventuras, que se enmarcan en su contexto social de abandono, violencia y mucho dolor.

Por su parte, el escritor chileno Pablo Huneeus, quien ha estado trabajando con ellos en la Penitenciaria y las cárceles de El Manzano e Iquique, haciendo talleres de lectura, explica que “son experiencias extraordinarias para uno como escritor y para los reos, pues existe una retroalimentación en el diálogo que te ofrece la lectura”. Para él, hasta los gendarmes disfrutan de estos talleres.

“Es un trabajo desgastador, pero que todo intelectual, escritor, periodista o sociólogo debiera participar. Es un servicio comunitario que debiera estar presente siempre en nuestra sociedad y me alegro que la biblioteca tenga esta iniciativa y que los presos sean reconocidos por su calidad de lectura”.

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