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La larga tarea de las bibliotecas tras el terremoto

El Mercurio. Santiago, Chile. 27/11/2010

A nueve meses del sismo, la gran mayoría ha vuelto a funcionar, incluso en Talcahuano o Robinson Crusoe. Noventa y ocho de las 442 bibliotecas chilenas quedaron dañadas, pero ya están reconquistando a los usuarios.

Romina de la Sotta Donoso

“El terremoto dejó un desastre en las bibliotecas públicas. Noventa y ocho sufrieron daños, y de ellas, diez quedaron completamente destruidas”, reconoce Gonzalo Oyarzún, subdirector de Bibliotecas Públicas, entidad que agrupa a 442 recintos en todo el país. “La mayoría de las más afectadas se han instalado temporalmente en escuelas o juntas de vecinos, y están funcionando. Hoy sólo quedan ocho cerradas”.

En julio, en cambio, eran 35.

Desde los primeros días, la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam) se dedicó a reponer el equipamiento desaparecido y el servicio de internet. En muchos casos ya existen proyectos para construir nuevas sedes, pero aún faltan recursos, ya sean municipales o del gobierno.

Las comunidades han sido claves en este proceso, pues desde un principio colaboraron en el salvataje de los libros y en su reordenación. Un compromiso que obedece al cambio que han tenido las bibliotecas en la última década.

“Ya no tienen sólo libros ‘buenos’, están pensadas en función de la comunidad. Se acabaron las estanterías cerradas y se pueden encontrar libros de moda o de cocina. Los adultos van a leer cómics”, dice Oyarzún. “Es importante el tema político: las bibliotecas deben hacerse cargo del acceso a la cultura y a la información, y de la lectura, no de que la industria editorial goce de buena salud. En muchas partes, la biblioteca es el único espacio público con acceso gratuito a internet, en banda ancha, y con buenos equipos”.

Efectivamente, es el único acceso a internet en una de cada tres comunas del país. La conexión es gratuita, tal como la alfabetización que brinda el Programa BiblioRedes desde 2002. Su coordinadora nacional, Paola Gallegos, comenta: “Fue crítico el servicio de conectividad justo después del terremoto; era vital para obtener ayuda de parte del gobierno central”.

En Constitución, cuenta, nunca se cortó internet, tampoco en Coronel, que se convirtió en el centro de operaciones de Carabineros, la Armada, la municipalidad y los bomberos.

“Las comunidades han captado que la biblioteca pública les ofrece la posibilidad de ser parte activa de la sociedad de la información y del conocimiento. La gente va a leer, pero también a comunicarse con su familia que está lejana, a buscar trabajo, a ofrecer trabajo. Y por eso las usan y valoran”, apunta Magdalena Krebs, directora de la Dibam.

CURACAVÍ
“La biblioteca quedó inhabilitada, no hubo más alternativa que demoler. Cerramos todo un mes y después se buscó un local provisorio, una sede comunitaria, donde estuvimos funcionando con todos nuestros servicios hasta fines de octubre. Ahora nos pidieron ese recinto, así que nos estamos reinstalando en uno mucho más grande”, cuenta Rosa Oyanedel, encargada de la Biblioteca de Curacaví. Es que de 40 metros cuadrados, pasó a 80, que podrían seguir creciendo: el municipio elaboró un proyecto para una nueva biblioteca, de casi 600 metros cuadrados, que postulará al Fondo Nacional de Desarrollo Comunal (FNDR).

Tras el sismo, recuerda, “el embalaje y traslado del material se hizo muy rápido. Podíamos perderlo todo; el derrumbe era evidente. Los usuarios se ofrecieron para ordenar los libros y hacer aseo. Se salvaron 6.500 libros, todos los equipos y la conexión a BiblioRedes”.

Cuenta que con el cambio de sede perdieron público. “Pero tampoco podemos recuparlo de buenas a primeras. Es un trabajo largo que hay que hacer de nuevo, con paciencia”.

TALCAHUANO
“Cuando llegamos, al día siguiente del terremoto, nos dimos cuenta de que habían entrado a robar. Habían sacado dos o tres computadores. En la municipalidad estaban todos muy ocupados, así que fui a la Defensa Civil, y con ellos pudimos rescatar casi el 95% de las cosas. La gente tenía susto por las réplicas, pero yo no podía dejar a la comuna sin ese patrimonio”, dice Gladys Molina, encargada de la Biblioteca de Talcahuano.

Cuenta que BiblioRedes repuso muy rápido los equipos robados, y se trasladaron en mayo al gimnasio de la Escuela Diferencial F511 con sus 13 mil libros. “Para que los usuarios supieran dónde estábamos, pusimos letreritos en las calles y fuimos a las radios”, agrega Molina, quien está con licencia.

Su reemplazante, Silvia Riquelme, dice: “No hemos recuperado a toda nuestra gente, pero se han sumado dueñas de casa. Ahora, todavía tenemos necesidades, lo pasamos bien feíto este invierno”.

Gonzalo Oyarzún explica esta carencia: “Están pasando mucho frío, porque no tienen cielo. Pero el alcalde se comprometió a construir una biblioteca de mil metros cuadrados, al frente de la plaza”.

ROBINSON CRUSOE
“Salió en La Cuarta: ‘Abuelito guardó la biblioteca de Juan Fernández en un pendrive ‘. Y es verdad, es el encargado de la biblioteca de Robinson Crusoe”, dice Gonzalo Oyarzún. Habla de Victorio Manuel Bertullo.

“Efectivamente, salvé del tsunami todo mi trabajo de investigación histórica de muchos años en un pendrive “, dice Bertullo, y comenta que tras el desastre, que destruyó por completo la biblioteca, tuvo ayuda espontánea de la gente: “Trataban de rescatar entre los escombros algún texto en buen estado; y colaboraron como mano de obra en el ordenamiento de la nueva biblioteca provisoria, en un recinto de CONAF, donde empezamos a prestar nuevamente nuestros servicios el 22 de abril. BiblioRedes ha hecho una labor estupenda. El 3 de marzo ya teníamos señal, pero no dónde instalarnos”. Han recibido ofertas de donaciones de libros, dice, “pero se les ha solicitado esperar, debido al escaso espacio del que se dispone por ahora”.

CONSTITUCIÓN
“Al encargado de la Biblioteca de Constitución, el maremoto le llevó la mitad de la casa. Pero comenzamos a recibir señales de los servicios centrales el lunes siguiente, y ya estaban ofreciendo servicios, incluso de internet. El encargado había ido a trabajar como si nada”, recuerda Oyarzún. Se refiere a Ángel Bravo.

“Afortunadamente, la biblioteca no tuvo daños estructurales. Sí hubo destrozos, y perdimos libros”, cuenta Bravo. Y agrega que “apenas pudimos, repusimos internet, porque era muy necesario. Todo el equipo trabajó para poder atender al público”.

Paulo Oyarzo, coordinador de las bibliotecas en la Región del Maule, comenta que “más del 50% de nuestras bibliotecas públicas tenían daño estructural. A algunas incluso se las llevó el mar, como en Pelluhue. Pero hubo un gran compromiso de los alcaldes, y la mayoría se pudo reubicar. Ya no tenemos la misma capacidad que antes, pero estamos funcionando, y las comunidades han sido un pilar para poder levantarnos”.

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