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Dos miradas diferentes a los índices de lectura en Chile

El Mercurio. Santiago, Chile. 14/11/2010

Las cifras del estudio Fundación La Fuente-Adimark, que configuran una radiografía a nuestros hábitos de lectura, generaron repercusiones durante la semana. Aquí, dos expertas entregan sus opiniones y aportan claves para interpretar las tendencias que muestra la encuesta, como el hecho de que el 52,8 por ciento de los chilenos se declare “no lector”.

Entrevistadas: Loreto Fontaine (MINEDUC) y Clara Budnik (Fundación Democracia y Desarrollo)

Loreto Fontaine:

“La lectura es esencialmente un acto libre, una elección”

Profesora de castellano con experiencia en la sala de clases, Loreto Fontaine trabajó como investigadora del CEP (donde participó en la edición masiva de los libros “Cuento Contigo” para fomentar la lectura) y luego de la UDP. Hoy se desempeña como jefa de la unidad de Currículum y evaluación del Mineduc.

-¿Hay resultados que le llamen la atención en la reciente encuesta sobre lectura?

“Me impacta -aunque no me sorprende- el efecto del nivel socioeconómico sobre los hábitos de lectura. Esto significa una terrible falta de oportunidades, y aquí es donde adquiere tanta importancia el papel de la escuela y más aún, de la biblioteca escolar en sectores deprivados. Hay mucho que hacer ahí y siento que el Ministerio de Educación puede jugar un gran papel, incrementando las bibliotecas e incorporando la lectura en los programas de estudio. También las facultades de Educación deben reforzar en sus jóvenes profesores la misión de promover la lectura entre los niños más vulnerables, como un factor igualador”.

-¿El caso de Chile es especialmente dramático en cuanto a los índices de lectura?

“Creo que es especialmente dramático. A diferencia de algunos países de Latinoamérica, Chile es un país altamente alfabetizado y con altos índices de escolaridad. En Estados Unidos la lectura de libros no disminuye, como lo demuestra el éxito de empresas como Amazon, la demanda de libros electrónicos, la vitalidad de las bibliotecas. En el caso de Europa, en los datos de España no se observa una disminución de los lectores.

– Se insiste en la importancia de generar hábitos lectores en el nivel preescolar y básico. ¿Estas medidas no se han aplicado?

“Toma un tiempo desde que se diagnostica un problema hasta el momento en que las soluciones se implementan a nivel general. La cultura de la escuela es muy poco orientada a la lectura; se hace leer muy poco a los alumnos en todos los niveles. Los años preescolares son fundamentales en adquirir el gusto por leer y también para asegurar el éxito en el aprendizaje inicial de la lectura; sin embargo la inversión en libros para los jardines infantiles ha sido escasa. Solo recientemente el Mineduc, dentro de un plan general de fomento a la lectura, ha emprendido una acción conjunta con los organismos encargados de jardines infantiles destinada a proveerlos de libros y a capacitar a las educadoras”.

-La mayoría de las personas dice leer por diversión o relajo, según la encuesta. ¿No hace falta una mayor aceptación de ese hecho y una postura menos paternalista hacia el lector?

“La buena lectura no es necesariamente ‘intelectual’ o ‘académica’; quizás esa asociación sea causante en parte del alejamiento de los lectores. Yo relaciono un buen cuento o una buena novela más bien con ‘humanidad’ y con ‘arte’. La buena literatura nos habla de nosotros mismos y eso interesa a todo el mundo”.

-Un lector de novelas rosa o de autoayuda, ¿tiene más posibilidades de acercarse a otro tipo de literatura que un ‘no lector’?

“La lectura es esencialmente un acto libre, una elección. Cada persona es atraída por algo diferente, acorde con su experiencia y el momento que está viviendo. Yo a los 14 años me leí en un verano cien novelas de Corín Tellado; me fascinaron y luego me hartaron. También estamos muy condicionados por lo que hemos leído antes; quien no ha leído nada no puede empezar con Bolaño. Respondiendo la pregunta, creo que sí; se puede empezar con autoayuda y avanzar hacia literatura; es simplemente un camino, como aprender cualquier cosa: se empieza con lo más fácil y de ahí se avanza”

-Se dice que las listas de lectura escolar no se actualizan y han desatendido los cambios experimentadas por la literatura infantil y juvenil. Por otro lado, se critica la inclusión de obras recientes de poco valor, que fomentarían el “facilismo”. ¿Cuál es su visión?

“Por ningún motivo daría como ‘obligación’ algo de mala calidad. El papel del colegio es mostrar siempre lo mejor. Pero creo que no hay dicotomía: se puede entregar una muy buena lista “obligatoria” que sea a la vez moderna y fácil. En general recomiendo entregar listas muy ‘mixtas’ con cosas fáciles y más difíciles, e incluso con cuentos cortos para los más reticentes. Lo importante es lograr conmover al lector, a través de emociones que pueden ser empatía, ira, miedo, alegría, risa, pena, etc. La curiosidad, el interés por aprender algo, también son motores de la lectura. Si una obra es difícil de abordar, recomiendo leerla en clases, por capítulos y comentando entre todos. Eso permite sacarle el jugo”.

-La estrategia de leer en clase parece retomar importancia.

“Actualmente ha recobrado importancia la idea de que una lectura y comentario bien dirigidos tienen beneficios en todo sentido. Motivan la lectura personal, aumentan la comprensión de lo leído, mejoran el lenguaje. Se crea un “ambiente lector” en el colegio, adultos y alumnos comparten el goce de un cuento, hablan sobre ello, en fin, la lectura se hace presente. El Mineduc ha iniciado recientemente el programa ‘mis lecturas diarias’. En marzo de 2011 las escuelas recibirán, además de sus textos habituales, un conjunto de libros de cuentos o relatos para leer en clases junto al profesor. El programa comienza de 1° a 4° básico e irá avanzando”.

-¿Ayudaría una megacampaña por radio, TV y prensa para fomentar la lectura?

“Depende del contenido. No creo mucho en las campañas que dicen ‘hay que leer’. Creo más en dar a conocer los libros, mostrar su contenido, en el fondo expresar por qué sería interesante acercarse a determinada obra.

-Finalmente, ¿No será que ha cambiado el paradigma de la lectura y que ahora la palabra circula en red y no en libros?

“Umberto Eco dijo que hay algunos inventos antiguos, pero tan perfectamente diseñados, que no han cambiado por siglos, como las tijeras y la cuchara. El libro sería uno de ellos. No creo que el paradigma de la lectura haya cambiado, el tema es que en Chile se lee poco, cualquiera sea el soporte. Hace años que se está vaticinando la muerte del libro, pero sigue totalmente vivo. Si se crean otros soportes más efectivos lo van a reemplazar como soporte, no como contenido. La Ilíada sobrevivió el paso de la cultura oral a la cultura escrita (manuscrita), y de ahí a la imprenta. Y sigue viva, probablemente también en libros electrónicos”.

Clara Budnik:

“Hoy la lectura ocurre en múltiples formatos y soportes”

La actual directora ejecutiva de la Fundación Democracia y Desarrollo mira con optimismo la realidad general de la lectura en Chile y distingue entre el hábito y los soportes, pues, entre estos últimos, el libro ya no tiene la misma presencia que antes.

-Según Nivia Palma, ex directora de Dibam, los datos de la encuesta La Fuente, sobre lectoría general y tenencia de libros, no serían tan negativos si se tuviera a la vista el trabajo encuestal anterior al año 2006, realizado por el INE, la Cámara Chilena del Libro y el Consejo del Libro. Según ella, nuestros índices de lectoría han mejorado y no están tan alejados de la realidad española, por ejemplo. ¿Cuál es su opinión?

“Comparto plenamente la opinión de Nivia Palma. Cuando se miran las cifras del período 1990-2010, se constata un aumento significativo de los índices de lectura en Chile. En la encuesta 2010 de la Fundación La Fuente, el nivel de lectores casi duplica a los que existían a principios de la década de 1990, medida según la encuesta del INE. Este aumento es el resultado de políticas públicas sostenidas durante cuatro gobiernos consecutivos para acercar la lectura a la gente, con un permanente aumento de recursos públicos y un firme compromiso del sector privado por colaborar en este desafío del país”.

“No obstante, el estudio constata cierto estancamiento. Quizá ha llegado el momento de revisar la estrategia que nos permita ser una sociedad más lectora”.

-¿Cuál es su opinión respecto de la eventual baja de los índices de lectura de libros y diarios que indica la encuesta que comentamos? ¿Señala ello que se lee menos en términos absolutos?

“El momento actual nos debe llevar a pensar qué entendemos por lectura, puesto que ésta no es sólo libros. Los libros seguirán siendo uno de los principales medios, pero hoy la lectura ocurre en múltiples formatos y soportes. A mí lo que me interesa es que nuestro país sea cada vez más una sociedad lectora, y para ello hay que reconocer y no temer a las oportunidades que algunos desarrollos tecnológicos nos permiten. Me encantaría, por ejemplo, leer cuentos que me enviaran vía mensaje a mi celular, o que las bibliotecas me prestaran ereaders para poder leer ebooks. O si yo tengo un lector electrónico, que me cargaran en el ebooks, y que, pasado un par de semanas, se borrarán automáticamente.

Yo no creo que en Chile se esté leyendo menos. Una cosa es la baja en la lectura de libros y otra la baja en la lectura en general. Debemos avanzar hacia la construcción de índices mixtos, que se hagan cargo de la diversidad de lecturas y de espacios en los que ocurren éstas. Así ha hecho la Federación de Gremios de Editores de España, que en su barómetro cuatrimestral de lectura ha incorporado desde principios de este año los medios digitales como soportes de lectura.

Además, si miramos las cifras del ISBN, el número de librerías abiertas, los datos de la Cámara Chilena del Libro y los Editores de Chile, todo nos indica que es un mercado, el del libro, que crece. Por eso, llama la atención el contraste con la cifra de lectura”.

-¿Cree usted que la calidad de la lectura es la misma en un libro o diario que en internet?

“No tengo una respuesta concluyente. El fenómeno de la lectura en la red es relativamente novedoso y aún está en estudio. Requiere desarrollar nuevas miradas, nuevas metodologías, porque hay dos cosas claras: en primer lugar, no es lo mismo leer un libro o diario impreso que hacerlo en internet, son fenómenos distintos y no tiene por qué ser una cosa mejor que la otra; y en segundo lugar, la lectura en internet es algo sin marcha atrás, cada vez es más frecuente, especialmente entre los niños y adolescentes. La pregunta, entonces, es cómo aprovechamos ese espacio para que sean lecturas significativas y desarrollar el gusto por ella”.

-Una de las conclusiones del estudio de Fundación la Fuente es que las bibliotecas son una buena política para fomentar el acceso a los libros, pero hay que hacer un esfuerzo por atraer al público hacia esos lugares. ¿Cómo podría fomentarse un uso más intensivo de las bibliotecas públicas?

“El estudio efectivamente demuestra que las bibliotecas juegan un rol importante en la intermediación entre las personas y la lectura, si bien el estudio desde el 2006 demuestra que el nivel de socios para todo tipo de bibliotecas se ha mantenido constante, en torno al 7% de los encuestados. Sin embargo, dentro de ese grupo, crece sistemáticamente el grupo que es socio de una biblioteca municipal (la biblioteca pública)”.

La forma de incentivar el uso de las bibliotecas es a través de servicios que sean cada vez más pertinentes para las comunidades locales y las personas, pero también a través de propuestas innovadoras de cómo ofrecer las bibliotecas a la comunidad. La Biblioteca de Santiago y muchas otras a lo largo de Chile son un buen ejemplo de potentes espacios, en los que la comunidad se ha apropiado de ellos. Los municipios, con apoyo del Fondo del Libro, han estado mejorando y renovando la infraestructura de muchas bibliotecas a lo largo del país”.

-¿Cuál es la percepción que tiene usted respecto al uso de las bibliotecas públicas?

“Hace años que las bibliotecas públicas son espacios con un alto uso por parte de la comunidad. Un solo ejemplo: en la Biblioteca de Santiago son 3 mil personas las que van diariamente, y en las vacaciones de invierno pueden superar las 6 mil. Por otro lado, tenemos a las bibliotecas de las zonas rurales y los pueblos, que suelen ser uno de los pocos espacios sociales que existen, por lo que cumple un rol más allá de la información, el conocimiento o la lectura. Son verdaderos espacios de encuentro, respetados y valorados por toda la comunidad. En estas bibliotecas rurales se da, además, un permanente rescate de la narración oral, la memoria viva de las tradiciones culturales locales”.”

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