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La dramática brecha entre lectores y no lectores

El Mercurio. Santiago, Chile. 7/11/2010

Leemos menos, es un hecho: las cifras del nuevo estudio de Fundación La Fuente junto a Adimark GFK revelan que más de la mitad de los chilenos dice ser “no lector”. Somos un país de poetas, pero lo que menos leemos es poesía. El e-book , en tanto, está lejos de irrumpir. Aquí, una imagen del Chile que refleja esta encuesta sobre hábitos de lectura.

Evelyn Erlij

En 2010 hay más chilenos que se declaran “lectores frecuentes” que hace cuatro años, pero así como aumentó levemente esta cifra, también lo hizo la de quienes dicen ser “no lectores”, un porcentaje que hoy alcanza al 52,8; es decir, a más de la mitad de la población. “La lectura sigue siendo una actividad que no motiva y para la cual no se encuentra tiempo”, es una de las conclusiones del estudio Hábitos de lectura, tenencia y compra de libros de Fundación La Fuente con el apoyo de Adimark GFK, tercera versión de esta encuesta que, en esta ocasión, contempló 1.001 entrevistas telefónicas a personas de todos los niveles socioeconómicos de más de 18 años.

“Creo que este aumento se debe tanto al momento que se está viviendo, donde prima lo virtual y audiovisual, como también a la educación y al nivel socioeconómico -quienes se declaran lectores frecuentes pertenecen en gran mayoría al sector ABC1 y C2-. Pero leer más no está dado sólo por la capacidad económica de las personas, sino que hay un componente de capital cultural de valoración de la lectura”,

explica Maritza Pérez, socióloga de Fundación La Fuente.

Maili Ow, profesora de la Facultad de Educación de la UC, reafirma esta idea: “Los no lectores lo son fundamentalmente porque no tienen la práctica formada: es probable que no hayan tenido un acercamiento placentero a la lectura y la reduzcan a una de tipo funcional e impuesta”.

En este aspecto, la educación recibida en el colegio es esencial, según explica Pérez:

“Actualmente la escuela atrofia. No se ha avanzado en este tema, muchos colegios no actualizan sus lecturas y éstas siguen siendo obligatorias, con una forma de evaluar que no es atractiva y que se asocia a deber”.

Frente al aumento de no lectores”, Mario Waissbluth, coordinador nacional del movimiento ciudadano Educación 2020, se pregunta en una ponencia escrita para Fundación La Fuente: “Si el chileno medio está consumiendo menos tiempo en la cultura escrita, televisiva o internet… ¿qué demonios está haciendo?”, a lo que responde con una teoría personal: “(está) consumiendo mucho más tiempo en el uso conversacional de chat, mensajería y navegación de 17,6 millones de dispositivos móviles y celulares que no se pueden en rigor categorizar como internet; están consumiendo mucho más tiempo en transportarse en urbes cada vez más congestionadas y están consumiendo cada vez más tiempo trabajando”.

Su conclusión es que los resultados de esta encuesta indican que estamos “más alienados”, aunque Ow no es tan pesimista en su visión respecto de la lectura en el Chile de hoy: “Los adolescentes, jóvenes, adultos jóvenes y algunos adultos mayores son cada vez más usuarios de las redes sociales. Aun sin considerarse lectores, leen bastante otro tipo de lectura, pero lectura al fin: chat, Twitter, mensajes de texto, Facebook, entre otros espacios que han reposicionado la comunicación a través de la palabra escrita en un mundo que, no nos confundamos, sigue funcionando con el poder de la palabra, una palabra que ahora circula en red”.

Las mujeres son mejores lectoras

Las mujeres leen más que los hombres: el estudio demuestra que, entre quienes se declaran “lectores”, el 29 por ciento del total de mujeres dijo estar leyendo un libro al momento de la encuesta , mientras que sólo el 23 por cierto de los hombres respondió afirmativamente a esa pregunta , una tendencia que se repite en las mediciones de años anteriores.

En comparación con otros países, este fenómeno no se trata de una particularidad de Chile. “Mirando estudios extranjeros y analizando las encuestas que se han hecho en el país, las mujeres siempre leen más. Esto también se comprueba revisando las cifras de préstamos en las bibliotecas, donde ellas son las que más piden libros “, comenta Pérez. En Europa la situación es similar : la encuesta realizada por la oficina europea de estadística, Eurostat, reveló que en ese continente las mujeres son quienes se inclinan más hacia la lectura, ya que el 74 por ciento de ellas declaró haber leído un libro completo a lo largo de un año, mientras que sólo el 67 por ciento de los hombres lo hizo .

Los libros entretienen a unos y desmotivan a otros

Los libros son fuente de diversión para la mayoría de los que se autodenominan lectores -frecuentes y ocasionales-, siendo la entretención (49,9) el principal motivo por el que declaran leer. El 32,3 por ciento dice hacerlo porque quiere informarse o por cultura general -en esta categoría, la mayoría son hombres-, el 12,9 por ciento lee porque le relaja -principalmente las mujeres-, y un porcentaje menor porque le permite conocer sobre sus temas de interés (1,2).

En el otro extremo, los que nunca leen libros afirman que no lo hacen por falta de interés; en primer lugar, porque no tienen tiempo (37,3), porque de frentón no les gusta leer (16,7), por falta de motivación (13,3) o porque prefieren hacer otras cosas (7,1). Asimismo, están los que rechazan la lectura porque no pueden leer, ya sea porque los libros son caros (13,2), por problemas a la vista (9,1) o porque no saben leer (2,4).

El hecho de que el número de no lectores haya aumentado indica que la lectura no sigue motivando a buena parte de la población. En este aspecto, el colegio es fundamental. “Si se miran los listados de libros, son los mismos que hacían leer hace 10 o 15 años, aun cuando la industria editorial infantil está muy desarrollada. Las escuelas no han hecho el avance de abordar desde otra mirada la promoción de la lectura. Existen mayores probabilidades de que te conviertas en un lector si tuviste una relación estrecha con la lectura desde pequeño. Cuando los niños están en la etapa en que descubren el lenguaje escrito, les gusta leer todo, por lo que enganchan muy bien con los libros. Pero cuando pasan quinto o sexto y la lectura no es el eje de su aprendizaje, y más aún se enfrentan a profesores que no los motivan, se les abren las posibilidades de meterse a Facebook o jugar en línea, por ejemplo. Si se desarrollaran nuevas estrategias para evaluar y para abordar el fomento de la lectura en la escuela, habría otras cifras”, opina Pérez.

Compramos pocos libros y con poca frecuencia

No es ninguna novedad decir que los chilenos compran pocos libros, y este estudio reafirma esa idea: de un total de 1.001 encuestados, el 69,1 por ciento señala no comprar nunca un libro , cifra que aumentó, ya que en 2006 esta cifra llegaba a un 60,2 por ciento. Apenas el 9,2 por ciento dice hacerlo una vez cada seis meses, mientras que un pobre 6,2 por ciento dice hacerlo una vez al mes o más. Dentro de los que se declaran lectores frecuentes, la cantidad de libros que se ha comprado en promedio en los últimos 12 meses es de 3,7, cifra que disminuyó en 0,8 puntos en comparación con años anteriores.

La mayoría de quienes adquieren libros dicen hacerlo en librerías (51,7), seguido de las ferias o persas (17,9). Los libros piratas siguen en la lista con un 12,6 por ciento, mientras que los lugares donde menos se compran textos son en internet (1,1), en los supermercados (0,9) y en formato de libros fotocopiados (0,1).

¿Es realmente fidedigna la cifra de libros pirateados que se compran? “Ahí hay un obstáculo metodológico, ya que la piratería no es una conducta deseable, por lo que la encuesta quizás no revela la realidad de ese mercado. No todo el mundo va a ser franco”, explica Pérez. En cuanto a los precios de los libros, del total de encuestados, un 45,8 por ciento opina que los libros son “muy caros” y un 35,7 dice que son “caros” . Sólo un 2 por ciento cree que son “baratos” o “muy baratos”.

“Quienes más se quejan de que los libros son caros, y los que más comprarían si es que se le redujera o eliminara el IVA sigue siendo el escaso porcentaje que constituye el lector frecuente. Estamos hablando de una escala de prioridades, es decir, dónde yo ubico al libro como objeto cultural en mis preferencias. Para los no lectores, si el libro está más barato, da lo mismo, porque no es una opción. El tema de bajar el precio o sacar el IVA no soluciona el tema de que la gente no lea”,

dice Pérez.

E-books : a años luz de irrumpir con fuerza en Chile

Las cifras son abrumadoras. Frente a la pregunta “¿Conoce o ha oído hablar de los libros electrónicos o e-books ?”, el 73,8 por ciento declara que no, mientras que sólo el 26,2% dice que sí . “Nos dimos cuenta de que el e-book no tiene ninguna presencia fuerte en los lectores chilenos. Ni siquiera a nivel de conocimiento”, comenta Maritza Pérez. El mayor porcentaje de quienes respondieron “sí” corresponde al estrato social ABC-1, mientras que, en cuanto al grupo etario, los que más conocen respecto de este tema son quienes están entre los 25 y 30 años. Sorpresivamente, sólo el 36 por ciento de los encuestados afirman navegar por internet , de los cuales, el 79,6 por ciento pertenece al nivel educacional superior . Del total de quienes declaran usar internet, el 77 por ciento dice que nunca lee libros por internet, mientras que sólo el 2,3 por ciento dice hacerlo todos los días . Lo que más suelen leer online los chilenos día a día son blogs, seguidos de los diarios en versión electrónica. “No se lee literatura o textos que han pasado del papel al formato digital, pero sí se leen textos que se originaron para circular en ese medio”, afirma Maili Ow.

Apenas 22 libros en los hogares de escasos recursos

Los chilenos tiene en promedio un total de 46,9 libros en sus hogares , aunque la brecha entre lectores y no lectores es grande: mientras los primeros tienen alrededor de 88 libros en sus casas, los no lectores tienen sólo 21. En cuanto al lector ocasional, éste sería dueño de unos 60 textos. Quienes tienen estudios superiores son los que más textos poseen. Evidentemente, el sector ABC1 es el que más cantidad tiene (145). Le siguen el nivel C2 con 71 libros, el C3 con 59 y el D con sólo 22 .

Estas cifras hacen recordar inevitablemente iniciativas como el Maletín Literario, destinado a regalar libros a familias de los sectores de más bajos recursos. ¿Pero son estas campañas eficientes en cuanto al incentivo de la lectura en estos estratos sociales? Pérez responde: “Siempre es deseable que las personas tengan el mayor acceso o cercanía cultural con el libro, por lo que regalar textos es bueno, pero no es una medida eficiente, porque se trata de personas que no consideran la lectura dentro de sus prioridades. Es mucho más eficaz incentivar la existencia de mediadores que fomenten el vínculo con el libro , como puede serlo un encargado de biblioteca bien preparado y capacitado. También sería útil invertir recursos en fortalecer las bibliotecas y hacer que sus colecciones sean mucho más atractivas”.

Ow opina:

“Se han hecho esfuerzos desde la institucionalidad por ampliar el acceso al libro, como el Maletín Literario; no obstante, el problema no pasa por la tenencia o no del libro, pues no asegura la práctica de lectura . Necesitamos lectura, para lo cual es imperativo reforzar el sistema de bibliotecas escolares y públicas”.

Pero las cifras relacionadas a bibliotecas no son muy alentadoras: sólo el 6,8 por ciento de los encuestados dicen ser socios . Sin embargo, cuando se les pregunta si conocen bibliotecas en sus comunas, el 58,9 por ciento sabe que existe una.

Un país de poetas que lee novelas románticas

Quizás Chile se destaque en el mundo por su gran cantidad de poetas, pero todo indica que el chileno, como lector, prefiere a los novelistas, ya que entre quienes leen libros, un 46,8 por ciento declara leer novelas . Dentro del universo de la novela, la mayoría dice haber leído de tipo románticas (21,8) , seguido de las históricas (20,5), de aventuras (14), de ciencia ficción o fantásticas (13,7), best sellers (8), y dentro de los porcentajes más bajos están intriga/misterio (7,9), policíacas (2,9) y novelas que han obtenido premios literarios (1,9). En segundo lugar se encuentran los libros de tipo religioso -incluyendo la Biblia-. Un 12 por ciento afirma haber leído textos de esta índole , dentro de los cuales el mayor porcentaje pertenece a los rangos etarios de entre 41 y 55 años, y de 56 años o más, siendo la mayoría del estrato social D, el de menos recursos (16,2) y C3 (12,8). El grupo que menos lee textos asociados a la religión es el ABC1 (2,3).

A continuación, en la lista de preferencias están los libros de humanidades y ciencias sociales (9,2), los de autoayuda (8), los libros prácticos, es decir, aquellos centrados en temas como manualidades, jardinería y cocina (6,7) -el estrato socioeconómico D es el que más consume este tipo de material- y los de tipo infantil y juvenil, que llegan al 5,8 por ciento. La poesía es uno de los géneros menos apetecidos por los chilenos, ya que sólo un 2,5 por ciento declara leer este tipo de textos . Los que menos generan interés son los textos de ensayos (1,7).

Leemos en la noche y en la cama

Los resultados hablan por sí solos: el 60,6 por ciento de quienes leen libros (sumando lectores frecuentes y lectores ocasionales) dice hacerlo en la noche, posiblemente como una forma de relajación, distracción o entretención después de la jornada laboral. En tanto, sólo un 18 por ciento afirma leer durante los fines de semana , un 8,6 en la tarde , el 8,1 temprano en la mañana y un 7,8 en vacaciones . El momento en que menos se lee es después de almuerzo, con un 1,3 por ciento. Sin embargo, hay diferencias entre lectores frecuentes y lectores ocasionales, según explica Maritza Pérez: ” Cuando se le pregunta a un lector frecuente en qué momentos lee, dirá que prefiere en la noche. En cambio, el lector ocasional dirá que lee en vacaciones. Esto se debe a que un lector que tiene incorporada la lectura en su día a día siempre va a encontrar un momento para leer a lo largo de la semana y a lo largo del año. El lector ocasional, en tanto, como es un lector indeciso, va a preferir las vacaciones porque no tiene contemplada la lectura en su vida diaria, por lo que la deja para un momento en que no tiene otras cosas que hacer”.

Las cifras así lo indican. Un 67,5 por ciento de los lectores frecuentes dice leer en la noche y un 52,1 por ciento de los lectores ocasionales lo hace en ese momento. Los números se invierten en cuanto a la lectura en vacaciones: el 14,1 por ciento de los lectores ocasionales lo hace en ese período, mientras sólo el 2,6 por ciento de los lectores frecuentes afirma lo mismo. Ya que la mayor parte de quienes leen lo hacen de noche, es obvio que el lugar preferido para hacerlo es la cama , ya que el 60,6 por ciento afirma hacerlo ahí. Lo siguen el living (27,7), la locomoción colectiva (8,6), cualquier lugar (6,5), el lugar de trabajo o estudio (3,6). La playa o el lago es el lugar donde menos se lee (1,5).

Conclusiones del estudio

  • En cuatro años los hábitos de los chilenos en relación con la lectura se han polarizado, aumentando levemente la proporción que lee frecuentemente y también los no lectores, los que ya sobrepasan el 50% de la población.
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  • El nivel socioeconómico y la edad siguen siendo las variables que más discriminan en la lectura de libros.
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  • La lectura sigue siendo una actividad que no motiva y para la cual no se encuentra tiempo.
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  • En los últimos 2 años baja también la lectura de diarios y revistas, transformándose en actividades más esporádicas.
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  • Baja la cantidad de libros que se mantienen en el hogar, principalmente en el segmento de ingresos medios (C2), y aumenta quienes declaran no comprar libros.
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  • 8 de cada 10 personas considera que los libros son caros, y uno de cada 5 se sentiría motivado a comprar más libros si no tuvieran IVA. Los que se inclinan mayormente por estas opciones (considerar el producto caro y motivarse a comprar más sin IVA) son los que actualmente están comprando libros.
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  • Las bibliotecas son una buena política para fomentar el acceso a los libros, pero hay que hacer esfuerzos por atraer al público hacia estos lugares (en los 4 años ha bajado el porcentaje que las visita).
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