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Comic, el libro perfecto para motivar la lectura entre los niños

CNN Chile. 7/11/2010

CNN Chile conversó con Marcos Astudillo, encargado de promoción escolar de la Editorial Planeta, para hablar sobre los distintos libros que ayudan a motivar el amor por leer en los jóvenes y niños.

Motivar a un niño a que lea un libro fuera del colegio puede llegar a ser una tarea titánica. Es por eso que CNN Chile conversó con Marcos Astudillo, encargado de promoción escolar de la Editorial Planeta, quien señaló cuál es el libro más adecuado para que los niños se interesen. “La tendencia es que los niños lean libros que les motiven y no que les impongan (…) Los comics son libros que sacan a los niños de la rutina de leer un libro común y corriente”, señala Astudillo.

“Dentro de los colegio en la lectura complementaria intentan cubrir distintos temas y valores. Los colegios lo trabajan en talleres de desarrollo personal y autoayuda”, dice encargado de promoción escolar de la Editorial Planeta.

Es frecuente que los jóvenes lleguen con libros novedosos al colegio, pero muchas veces no son escuchados por el hecho de que ya existe un programa definido. “La reticencia de los profesores que leían libros clásicos desde que empezaron a hacer docencia (…) A la fuerza no hay cariño sino que un alumno pueda elegir entre una determinada gama y elegir lo que más le gusta”, dice Marcos Astudillo.

“El padre tiene que funcionar como un ejemplo para que los niños tomen el hábito de leer (…) Un padre que lee tiene libros en su casa y el niño tiene acceso a la literatura. Si el papá lee, los seres humanos tenemos actitudes imitativas y en especial de los modelos de referencia que nosotros tenemos que son nuestros padres”, dice Astudillo.

La súper biblioteca de Santiago

La Nación. Santiago, Chile. 7/11/2010

Sólo basta llegar a este rincón, entrar a sus secciones diversas, para comprender que la relación del público con los libros es distinta. Es algo más directo, donde el manoseo, la lectura distendida a pierna suelta sobre un espacioso diván está permitida.

Mauricio Valenzuela

Si hay algo bueno que tiene la capital, específicamente el barrio poniente y sus calles recorridas por el frescor maravilloso de un verano que se anuncia, es la Biblioteca de Santiago.

Mole de exorbitante espacio, ofrece a la vista el estupendo candor de un panorama que con el tiempo ha ido ganando adeptos, convirtiéndose, para muchos -sobre todo para la fauna del mundo intelectual capitalino no carente de una obsesión por lecturas de toda índole- en una verdadera rutina, llena de minuciosas e interesantes costumbres.

Aunque al principio dudé que este lugar pudiera competir con la Biblioteca Nacional, ya porque no tiene la cantidad de libros suficiente o no alberga ninguna joya de la mítica y llena de antihéroes literatura chilena vieja, hoy veo lo contrario. No se trata de competir en libros polvosos ni en mística anticuada.

Nuestra Biblioteca Nacional, con sus carencias, personajes raros y fauna de locos, es un reducto muy diferente a esta biblioteca de calle Matucana, que ha logrado construir un alma a base de esfuerzo y conquistar a sus propios dementes y artistas: han pasado por sus salas innumerables exposiciones de pintores, dibujantes y fotógrafos geniales, lecturas de poesía -y es que aquí trabaja el gran poeta Raúl Hernández, que les da su estilo particular a los eventos-, obras de teatro, ciclos de cine y talleres de cuanta cosa se nos ocurra.

Y es de este modo que por fin podremos decir que ha sido así, piedra por piedra, como hemos visto crecer el espíritu de algo nuevo y refrescante que ha dado vida a estas viejas paredes remozadas hace menos de una década y que hoy parecen históricas.

Sólo basta llegar a este rincón, entrar a sus secciones diversas, para comprender que la relación del público con los libros es distinta.

Es algo más directo, donde el manoseo, la lectura distendida a pierna suelta sobre un espacioso diván está permitida, y no sólo permitida sino que es parte de lo que se espera aquí del lector que incluso puede echarse a dormir escandalosamente y eso no le importa a ningún viejo pesado.

El público no es ese montón de lateros o intelectualoides que no conocen la risa y que encontramos en el Archivo Nacional, por ejemplo, donde a uno lo atienden fríamente y todo el rato lo mandan para otro lado. Hay aquí un público que llena de color los pasillos: son estudiantes revoltosos, son viejos que vienen a aprender cómo mandar un correo electrónico o a hacerse un Facebook.

Hay una rutina de venir para acá y hacer una vida en torno a los libros, pasando todo el día frente a las letras, con un cuaderno abierto donde los versos que escriben los poetas ocasionales que tanto abundan en Chile, se dejan fluir con la naturalidad que prodiga un espacio cómodo, donde las palabras nacen libres, donde la vida entra a la existencia con la naturalidad de la luz que se cuela por un ventanal abierto a un cielo de brisa exquisita.

Porque así es este espacio: luminoso, cómodo, entretenido. Pocas son las veces cuando uno puede hablar bien de un lugar y decir, como decimos los que todavía nos consideramos jóvenes: “Este lugar la lleva”.

El circuito poniente, con sus museos y biblioteca, está dando aún sus primeros pasos. Es un espacio en blanco donde nos falta escribir con la pluma de la curiosidad un buen libro, una tesonera obra que quizás, un día de estos, sea un best seller que sólo podamos encontrar aquí, en la Biblioteca de Santiago y alrededores.

La dramática brecha entre lectores y no lectores

El Mercurio. Santiago, Chile. 7/11/2010

Leemos menos, es un hecho: las cifras del nuevo estudio de Fundación La Fuente junto a Adimark GFK revelan que más de la mitad de los chilenos dice ser “no lector”. Somos un país de poetas, pero lo que menos leemos es poesía. El e-book , en tanto, está lejos de irrumpir. Aquí, una imagen del Chile que refleja esta encuesta sobre hábitos de lectura.

Evelyn Erlij

En 2010 hay más chilenos que se declaran “lectores frecuentes” que hace cuatro años, pero así como aumentó levemente esta cifra, también lo hizo la de quienes dicen ser “no lectores”, un porcentaje que hoy alcanza al 52,8; es decir, a más de la mitad de la población. “La lectura sigue siendo una actividad que no motiva y para la cual no se encuentra tiempo”, es una de las conclusiones del estudio Hábitos de lectura, tenencia y compra de libros de Fundación La Fuente con el apoyo de Adimark GFK, tercera versión de esta encuesta que, en esta ocasión, contempló 1.001 entrevistas telefónicas a personas de todos los niveles socioeconómicos de más de 18 años.

“Creo que este aumento se debe tanto al momento que se está viviendo, donde prima lo virtual y audiovisual, como también a la educación y al nivel socioeconómico -quienes se declaran lectores frecuentes pertenecen en gran mayoría al sector ABC1 y C2-. Pero leer más no está dado sólo por la capacidad económica de las personas, sino que hay un componente de capital cultural de valoración de la lectura”,

explica Maritza Pérez, socióloga de Fundación La Fuente.

Maili Ow, profesora de la Facultad de Educación de la UC, reafirma esta idea: “Los no lectores lo son fundamentalmente porque no tienen la práctica formada: es probable que no hayan tenido un acercamiento placentero a la lectura y la reduzcan a una de tipo funcional e impuesta”.

En este aspecto, la educación recibida en el colegio es esencial, según explica Pérez:

“Actualmente la escuela atrofia. No se ha avanzado en este tema, muchos colegios no actualizan sus lecturas y éstas siguen siendo obligatorias, con una forma de evaluar que no es atractiva y que se asocia a deber”.

Frente al aumento de no lectores”, Mario Waissbluth, coordinador nacional del movimiento ciudadano Educación 2020, se pregunta en una ponencia escrita para Fundación La Fuente: “Si el chileno medio está consumiendo menos tiempo en la cultura escrita, televisiva o internet… ¿qué demonios está haciendo?”, a lo que responde con una teoría personal: “(está) consumiendo mucho más tiempo en el uso conversacional de chat, mensajería y navegación de 17,6 millones de dispositivos móviles y celulares que no se pueden en rigor categorizar como internet; están consumiendo mucho más tiempo en transportarse en urbes cada vez más congestionadas y están consumiendo cada vez más tiempo trabajando”.

Su conclusión es que los resultados de esta encuesta indican que estamos “más alienados”, aunque Ow no es tan pesimista en su visión respecto de la lectura en el Chile de hoy: “Los adolescentes, jóvenes, adultos jóvenes y algunos adultos mayores son cada vez más usuarios de las redes sociales. Aun sin considerarse lectores, leen bastante otro tipo de lectura, pero lectura al fin: chat, Twitter, mensajes de texto, Facebook, entre otros espacios que han reposicionado la comunicación a través de la palabra escrita en un mundo que, no nos confundamos, sigue funcionando con el poder de la palabra, una palabra que ahora circula en red”.

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