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El gran lector no duerme

Dibam 26/10/2010

En junio se cumplieron 14 años desde la construcción y puesta en marcha de los primeros tres Bibliometro, ubicados en las estaciones Cal y Canto, Los Héroes y Tobalaba. Pero el Programa de la Subdirección de Bibliotecas Públicas, que nace de una alianza entre Metro S.A y la Dibam, no se duerme en los laureles y ya proyecta terminar el 2010 inaugurando otros cinco nuevos puntos de préstamo. Los usuarios, incluido el más voraz de todos, opinan en esta nota.

Cristián Labarca Bravo

El insomnio, el culpable no es otro que el insomnio. Eso dice Rafael y yo le creo. Llevo dos semanas tratando de ubicarlo pero en su teléfono nadie responde. Error. Lo llamo siempre desde la oficina, en horario de trabajo. No creí que saliera mucho de su casa, me imaginé a un señor jubilado, con mucho tiempo para leer. Hasta que una noche lo embosco, lo pillo en su hogar y pese a que su voz delata su edad avanzada, su agilidad y viveza me confunden: “¡El mismo, para servirle!”, lanza animoso cuando le pregunto si hablo con Rafael.

Claro que apenas agrego que si es él el “depredador” usuario de Bibliometro que, desde que nuestros registros pueden seguirlo (año 2002, cuando se implementó Aleph), ha pedido más de 1.200 libros… su voz se apaga un poco, noto su incomodidad, casi como si le hubiera sorprendido en su última y más reprochable travesura. Me lo habían advertido: el hombre cultiva el bajo perfil, no le gusta el reconocimiento público, por eso no aceptó que en una ceremonia se destacara su notable ejemplo. “¿Qué le parece esta idea?: busquen a un joven, incentívenlo a él…”, intenta persuadirme. “Precisamente, don Rafael, la idea es aprovechar su ejemplo, destacarlo, e incentivar así a los más jóvenes”, le devuelvo, al parecer poco convincente. “¿Y una mujer?”, contraataca. “¿Y el que a la fecha ha pedido 1.100 libros?, ¿el que viene justo después de mí?”, muñequea.

Se resta méritos don Rafael: “Es el insomnio, simplemente. ¿Qué otra cosa podría hacer, sino leer? Le pasará igual a aquellos que están privados de libertad, en una cárcel (supongo que tendrán bibliotecas allí, ¿no?). ¡Seguro ellos también son grandes lectores!. En mi caso, libro que atrapo lo desmenuzo en un ratito, es como una habilidad, eso es todo”, lanza con modestia y revelando así su secreto.

Ojos bien abiertos

No todos nuestros usuarios pueden jactarse de pedir (y leer) más de cien libros al año, pero lo cierto es que todo aquel que quiera intentar arrebatarle el récord a don Rafael, desde el 2011 contará con cinco nuevos espacios donde poder medirse e intentarlo: las estaciones Irarrázaval, Macul, Los Dominicos, Pajaritos y Plaza de Maipú, lo que se suma a la reinauguración del Bibliometro de San Pablo, cerrado por la reconstrucción de la estación, y a los 15 Bibliometro y un Bibliotren en los jardines de la Biblioteca Nacional, hoy existentes.

Y si al inicio cada Bibliometro estaba dotado con 532 títulos y tres copias por cada uno, es decir, con 1.596 volúmenes, preciso es recordar que actualmente esa cifra se ha duplicado, ya que se cuenta con una colección aproximada de 1.000 títulos con 3 copias cada uno (3.000 libros por módulo: don Rafael quizás no pueda “dormir tranquilo”, pero al menos tiene lectura para rato).

Para noviembre, además, se prevé el reemplazo de las credenciales por la cédula de identidad de cada ciudadano, lo que ya comienzan a celebrar algunos usuarios: Jaime (18), en estación Ciudad del Niño, dice: “he perdido varios carné de biblioteca, pero nunca mi cédula. Además, ese sistema habla de la modernidad que estamos alcanzando, y eso me gusta”. Rodrigo (47), en Los Héroes, agrega: Lo que más celebro es la diversidad de temáticas que nos ofrece este sistema… yo antes sólo leía novelas policiales, pero con el Bibliometro mi gusto se ha ampliado considerablemente”. Abigail, en Quinta Normal, concluye: “Qué bueno que habrá más ‘sucursales’. Con mi pololo siempre andamos buscando alguna cerca de los sitios donde nos gusta estar y, precisamente en Maipú, creo, hacía falta”.

“Cuando uno lee se transmuta, cambia… claro que no sé si eso será bueno o malo…”, concluye don Rafael, misterioso, y no sin antes lanzar una última cortina de humo: “ ¿¡Le doy otra idea!?: sería bueno que en los Bibliometro (¿se dice Bibliometro o Bibliómetro?) hubiese cancioneros en distintos idiomas, de Elvis por ejemplo (¿Usted seguro lo conoce, no?). Él era un tenor, muy famoso… Imagine que en ese vagón de ferrocarril que hay en Mac Iver, junto a la Biblioteca Nacional, tuvieran cancioneros de Elvis pero en muchos idiomas. ¡Estupendo! Una vez se me ocurrió tomar clases de ruso. Vi el aviso en el diario y la niña –la profesora- era un encanto. Más adelante me regaló revistas rusas –algo así como el Ecrán, de antaño- muy interesantes, con personajes de la televisión rusa… ahí me pude dar cuenta la influencia que tiene Hollywood en Rusia…”.

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