El 68% de los profesores no desafía las destrezas lectoras de los alumnos

El Mercurio. Santiago, Chile. 03/10/2010

Análisis de clases de docentes de 1° y 2° básico mostró que no estimulan habilidades complejas, como la de sacar conclusiones.

Pamela Elgueda Tapia

El 61% de los niños de 4° básico no llegó al nivel de aprendizaje esperado en la prueba Simce de Lenguaje de 2009. Eso significa que no fueron capaces de, por ejemplo, relacionar causa y efecto en un texto, de sacar conclusiones no explícitas en una lectura o de entender el significado de una palabra a partir del contexto.

Se trata de habilidades de lectura complejas que no es extraño que no desarrollen, a la luz de los primeros resultados de una investigación realizada por profesionales del Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación (Ceppe).

Esta primera etapa muestra que apenas el 11%, de un grupo de profesores de 1° y 2° básico analizados, realiza actividades que exigen a sus alumnos desarrollar habilidades complejas de lectura, como realizar una secuencia de hechos a partir de un texto que escucharon o leyeron.

“Los niños necesitan que les enseñen este tipo de destrezas, hay que intencionarlas, porque si no ¿de dónde van a sacar ellos herramientas para eso?”, dice Viviana Galdames, parte del equipo y quien presentó este estudio en el Primer Congreso Interdisciplinario de Investigación en Educación, organizado por el Centro de Investigación Avanzada en Educación (Ciae) y el Ceppe.

Vía cultural

La investigación “Prácticas pedagógicas y teorías implícitas de los docentes responsables del aprendizaje inicial del lenguaje escrito” analizó 90 videos de profesores de 1° y 2° básico que se sometieron voluntariamente a la Evaluación Docente en 2008.

El análisis mostró que el 41% de los docentes no hacía preguntas a los niños acerca de las lecturas, sino que se centraba en ejercicios gramaticales, copias y otros. El 27% pedía a los niños identificar informaciones explícitas sobre lo que escucharon. Y sólo el 32% realizó con los niños actividades más desafiantes, que les requerían, por ejemplo, manejar información implícita, sacar conclusiones a partir de esos datos, realizar juicios de valor o secuenciar acontecimientos.

“En varios casos los profesores les leían a los niños o hacían lectura a coro, pero en no más de cuatro videos aparecían niños leyendo individualmente. ¿Cómo se supone que aprendan a hacerlo si no practican?”, añade Viviana Galdames.

Cecilia Hudson, profesora investigadora de la Escuela de Pedagogía de la Universidad de los Andes, comenta que estos resultados coinciden con lo que le ha tocado observar en terreno, y en escuelas municipales y privadas.

“Se ha comprobado que los profesores hacen lo que aprendieron por vía cultural, no exactamente en la universidad o capacitaciones”, dice la investigadora en enseñanza de la lectura. “Y, en nuestra experiencia, nos ha costado que comprendan cómo se hacen preguntas inferenciales en un texto. Y creo que es porque ellos mismos no han desarrollado un pensamiento de tipo inferencial”, agrega.

Todavía, dice la investigadora, la enseñanza se centra mucho en repetir y memorizar datos. “Pero eso es sólo una parte, la base sobre la cual sacar conclusiones y plantearles desafíos a los niños”.

Un problema que también ha observado el académico de la Universidad Católica de Valparaíso y doctor en Lingüística Giovanni Parodi. “Estudios que hemos hecho en la universidad nos muestran que a los alumnos se les da más fácil la memorización, no porque no sean capaces de sacar conclusiones, sino porque han sido entrenados así”.

Por eso, opina, sería bueno que así como en la enseñanza media existen profesores específicos para cada materia, en la básica se formen específicamente profesores de lenguaje. “No les hemos dado las estrategias suficientes, a los profesores, para que puedan estimular el razonamiento de sus alumnos. Y eso hay que mejorarlo”.

68%

de los profesores usan un relato completo, lo que es bueno, porque se aleja del uso sólo de frases o palabras.

¿Por qué enseñan así?

En el estudio del Ceppe participan tanto profesionales de la Universidad Alberto Hurtado -Viviana Galdames y Rosa Gaete- como de la Universidad Católica -Lorena Medina, Ernesto San Martín y Andrea Valdivia-. “Somos un equipo multidisciplinario que quiere saber cuáles son las representaciones implícitas que tienen los profesores y que influyen en que no apliquen en el aula lo que aprenden en sus capacitaciones”, comenta Viviana Galdames. Porque si hay algo que les ha quedado claro, es que los profesores observados saben qué es lo que los niños necesitan para aprender a leer y escribir bien, pero -aparentemente- no saben dosificar cada estrategia en su justa medida. “Es muy bueno que les lean en clases, pero no toda la clase. También es necesario que les hagan preguntas y que los inviten a leer”.

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