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Libros electrónicos fomentan que los niños lean, según estudio

Cooperativa.cl 29/09/2010

Al 57 por ciento de los niños les interesaría leer un libro electrónico.

Un 40 por ciento de los padres temen que la tecnología “absorba” a sus hijos.

La cantidad de tiempo que los niños pasan leyendo libros disminuye con la masificación de teléfonos móviles y otros aparatos tecnológicos, pero los populares libros electrónicos podrían llevarlos de vuelta a la literatura, según un reporte difundido el miércoles.

El estudio, realizado por la compañía Scholastic y el Harrison Group, descubrió que a los padres les preocupa que un mayor acceso a la tecnología limite el tiempo que sus hijos dedican a la lectura, ejercicios físicos o a estar con su familia.

Cerca de un 40 por ciento de los padres cree que el tiempo empleado en internet o usando dispositivos móviles reduce el tiempo destinado a los libros o a realizar actividades físicas. Un 33 por ciento teme que la tecnología lleve a pasar menos horas con la familia.

No obstante, el estudio descubrió que la tecnología podría alentar a los niños a leer. De los niños encuestados, un 57 por ciento dijo que les interesaría leer un libro electrónico. Un tercio dijo que leerían más libros por placer si tuvieran más libros electrónicos más disponibles.

Aun así, un 66 por ciento de los más de 1.000 menores consultados en EE.UU. indicó que continuaría leyendo textos impresos incluso si existieran más libros electrónicos. El análisis muestra cómo la tecnología ha cambiado los conceptos entre padres e hijos.

El estudio demuestra que adultos y jóvenes tienen puntos de vista muy diferentes sobre lo que es la lectura. Sólo un 8 por ciento de los padres consideró lectura los mensajes de texto, frente a un cuarto de los niños.

***

Libros electrónicos aumentarían los niveles de lecturas en los escolares

La Tercera – 29/09/2010

Sigue leyendo

Stanley Swartz: “Los niños deben poder elegir qué textos leen y qué escriben”

El Mercurio. Santiago, Chile. 27/09/2010

Stanley Swartz, académico e investigador de la U. Estatal de California:
Este doctor estadounidense acaba de editar un libro en Chile donde recoge experiencias exitosas en introducción a las habilidades lectoras entre los escolares.

Pamela Elgueda T.

Leerles a los niños en la noche no sólo sirve para bajarles las “revoluciones” y hacerlos dormir.

“Cuando ellos escuchan a alguien leer, aprenden lo interesantes que son las lecturas”, explica Stanley Swartz, profesor e investigador de la Universidad Estatal de California, en Estados Unidos.

Un entusiasmo que los ayudará fuertemente cuando comiencen a interiorizarse en la lectura y la escritura y, más tarde, cuando aprendan ambos procesos y logren comprender a cabalidad tanto los mensajes que reciben como los que ellos mismos envían.

“Los niños deben tener claro que ambas habilidades son parte de la comunicación. Es muy importante que sepan que lo que leen es algo que otro les quiere decir, así como que lo que ellos escriben es un mensaje para que alguien lo lea y entienda”, dice este doctor en Filosofía y master en Educación, quien acaba de lanzar el libro “Cada niño un lector”.

Conexión

El texto describe con detalles prácticos las que se consideran las mejores estrategias en el aprendizaje de la lectoescritura.

Para eso recoge la experiencia lograda por la Fundación para el Aprendizaje Comprensivo de la lectoescritura (Cell, según su sigla en inglés), de la que el académico estadounidense es director, y del programa Ailem, desarrollado por investigadores de la Facultad de Educación de la Universidad Católica junto a Swartz.

El programa Ailem UC introduce a los niños en la lectura y escritura desde la etapa preescolar en adelante, a través de la implementación de planes de asesoría técnica y pedagógica a los profesores. Se aplica desde el año 2007, y actualmente está presente en los 25 colegios que la Fundación Cap tiene en Atacama, Coquimbo y la Región del Biobío.

Por eso esta entidad apoyó la edición del libro y lo distribuirá entre los docentes de sus distintos establecimientos.

Esa introducción parte entusiasmando a los niños para que disfruten con el proceso de decodificar y entender un texto.

“Vemos con ellos distintas estrategias posibles. Analizamos si se les lee y ellos escuchan, o se lee junto a ellos, o se hace que lean de manera individual”, describe Swartz de este modelo, que se aplica desde el prekínder hasta 6° básico.

La variedad

Estas estrategias permiten que los docentes puedan dar una atención más personalizada a los niños, detectando sus debilidades y trabajarlas caso a caso.

Aprender a leer -agrega- va de la mano de entrenarse en la escritura. Esa conexión hace interesante el aprendizaje y se debe complementar con una buena cantidad y variedad de textos a disposición de los niños, porque es fundamental que ellos “puedan elegir qué van a leer y a escribir”.

En ambas habilidades -añade el académico-, la comprensión es fundamental.

¿Y cómo se sabe que el niño realmente lo logró?

“Cuando logran visualizar una situación descrita en el texto y pensar si lo habrían o no hecho igual que el personaje”, explica el académico.

La ciencia busca en el cerebro por qué amamos leer

La Tercera Tendencias – Papel Digital. 25/09/2010

Un equipo de neurólogos y profesores de literatura de la Universidad de Yale investiga con escáneres cerebrales qué partes de la mente humana se activan cuando leemos los clásicos de la literatura universal.

Miguel G. Corral. El Mundo España (18 de abril 2010)

“Hay diferencias entre la reacciones cerebrales al leer clásicos y al ojear el periódico”

Michael Holquist, U. Yale

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Idea freak #1: Clubes Papelucho

La Tercera. 24/09/2010

La lectura de libros ilustrados a niños en el hogar es algo sin lo cual no se podrá generar el avance educativo que necesitamos. Así de categórico.

Oscar Landerretche

LOS INVITO a mirar juegosdemate.blogspot.com, sitio coordinado por la periodista Marcela Ramos, que se dedica a discutir sobre la lectura de los padres a los niños en casa. En ese sitio hay, por cierto, sesudos artículos de expertos, pero también encantadoras revisiones de libros para niños escritas por madres que los han usado con sus hijos.

Para mí, Juegos de Mate es, además, una muestra de la onda que debiera tener la nueva fase de políticas progresistas que se viene, luego del café y galletas. Creo que hay que apoyar con mucha fuerza este tipo de iniciativas.

Confieso que tengo una adicción personal a los libros infantiles ilustrados y que para justificar mis excesos he usado a mis hijos. Trato de dedicar todas las tardes un rato a leerles unos cinco de estos libros por vez. Lo hice por seis años con mi hijo de 11 lo que, unido a una prohibición estalinista de TV y e-juegos en días de colegio, lo ha convertido en un lector adictivo, de buen rendimiento escolar, con una actitud relajada y constructiva para con las tareas y el estudio general. Su adicción me ha convertido en un policía del sueño y creado el desafío de búsqueda continua de libros para leer. Buenos problemas.

Creo que la lectura de libros ilustrados a niños en el hogar es algo central, sin lo cual no se podrá generar el avance educativo que necesitamos. Así de categórico. Hay toneladas de evidencia sobre las ventajas de todo tipo que tiene la lectura a niños: en su rendimiento escolar, niveles de comprensión lectora, vocabulario, afectividad, destrezas matemáticas, convivencia en el hogar, creatividad, etc.

Tiene otra gracia este tema: que enfrentarlo requiere algo que excede la lógica de los incentivos individuales. Requiere de una estrategia política y ciudadana en que nada se logra sin el compromiso de comunidades y familias. Requiere convencer a los padres de familia de que al leerles a los niños (y al escoger los libros que les leen) están construyendo el país que quieren para el futuro. Están transmitiendo valores, ideas y costumbres, al mismo tiempo que mejoran el rendimiento académico. Están transformando a Chile, un niño a la vez, en piyamas, sobre el sofá. Pero, además, requiere de esfuerzos comunitarios que apoyen este compromiso íntimo familiar. La razón es que la lectura a niños en la casa no requiere solamente de tiempo, sino de plata. Estos libros funcionan mejor cuando tienen arte de calidad, historias novedosas y tamaños que permitan literalmente hundirse en sus páginas. Además, se necesita cambiarlos con frecuencia, porque son cortos y la gracia es la novedad.

Propongo, entonces, los Clubes Papelucho.

Los papeluchos serían un banco de libros ilustrados que les permitiría a los padres de familia compartirlos y, por ende, disponer de más títulos. Los papeluchos podrían servir para otras cosas: coordinar cuidado de niños con lectura, centralizar donaciones de libros, promoción para editoriales, etc. Además, los papeluchos podrían servir como un grupo de “TV-ólicos anónimos”, en que el apoyo del grupo sirve para enfrentar una adicción a propósito de la lectura para los niños. Algo me dice que también podrían servir, indirectamente, para promover la lectura autónoma de los adultos. ¿Quién sabe?

¿Qué les parece?