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La evidencia que enfrenta al libro tradicional con la lectura digital

La Tercera. 17/07/2010

Mientras la venta de libros electrónicos crece diversos estudios dicen que la llectura digital están dando origen a toda una generación de pensadores superficiales.

Ricardo Acevedo Zalaquett

Durante los últimos años, por lo menos cuatro grandes investigaciones han concluido que la lectura de textos digitales genera en el usuario un menor nivel de reflexión y análisis sobre lo leído. La explicación radicaría en la conexiones cerebrales.

Se quiso decretar la muerte del libro a principios del siglo XIX, cuando los periódicos se masificaban en las urbes; se volvió a intentar en el siglo XX con la irrupción de la radio y el cine. Incluso Sócrates era contrario a la palabra escrita en la antigua Grecia, porque pensaba que el tránsito de la cultura oral a la escrita afectaría la capacidad de los jóvenes para desarrollar un pensamiento profundo. Resulta curioso que, 2.400 años más tarde, sea este mismo argumento el que preocupa a los especialistas que estudian los cambios generados en el cerebro por el paso de la lectura impresa a la digital, tanto en la pantalla del PC como en los cada vez más populares e-readers.

A pesar de que en la era de internet se han detectado ventajas derivadas del uso de la web (más habilidad viso espacial y capacidad para realizar múltiples tareas a la vez), una serie de investigaciones plantea que la lectura digital está dando origen a una generación de “pensadores superficiales”, cuyas mentes buscan respuestas rápidas e inmediatas. En otras palabras, que nuestro cerebro se parece cada vez más a un computador, incapaz de reflexionar profundamente acerca de lo que está leyendo.

Los especialistas son cautos y advierten que deberán transcurrir décadas hasta poder comprobar los verdaderos efectos que el paso del mundo impreso al digital está ejerciendo en el ser humano. Impacto no menor si consideramos el auge que registran las ventas de los libros electrónicos: según la Asociación de Editores Americanos, durante el primer trimestre de 2010 las ventas de libros se elevaron 16,6% respecto de igual período del año anterior, en tanto que las ventas de e-books crecieron 184,8%.

¿Viviremos un proceso de adaptación similar al que afecta al ser humano cada vez que se introduce un nuevo medio o estamos realmente disminuyendo nuestra capacidad de atención a nivel cerebral? Ambas interrogantes dividen hoy a los científicos, que buscan respuesta no sólo a través del estudio del cerebro lector, sino también midiendo los resultados que obtienen las personas cuando leen en papel y cuando lo hacen en una pantalla.

Papel versus la pantalla

Uno de los estudios más recientes en esta dirección fue realizado por Jakob Nielsen, uno de los fundadores del Grupo Nielsen, quien comparó la velocidad con que leían las personas a través de medios digitales, versus quienes lo hacían en papel.

El estudio comprobó que la lectura en los e-books es más lenta: aquellos que leían en un iPad lo hacían a un ritmo 6,2% más bajo que un libro tradicional, mientras que aquellos que usaban el Kindle lo hacían un 10,7% más lento. Sandra Amodt, coautora del libro Bienvenido a tu cerebro explica en dicho texto que en la pantalla de un PC, la lectura llega a ser hasta en un 20% a 30% más demorosa.

Se suman investigaciones sobre cómo impacta el uso del computador en el rendimiento académico. Expertos de la U. de Duke lo midieron en 500 mil niños de quinto a octavo año en EE.UU. y descubrieron que el uso de internet en el estudio se asociaba con un declive significativo en el desempeño en matemáticas y en lectura.

En otro estudio, de la U. de Stanford, investigadores realizaron pruebas cognitivas a 49 jóvenes que usaban plataformas digitales para estudiar (e-readers, internet, libros digitales), versus 52 estudiantes que recurrían sólo a textos en papel. Los primeros mostraron un peor desempeño en todas las pruebas, se distraían más fácil y tenían una capacidad de atención mucho más baja.

Resultados que son radicalmente opuestos a los obtenidos cuando se ha analizado el efecto de los libros impresos. Un reciente estudio de la Universidad de Tennessee que, durante tres años, entregó 12 libros a más de 800 niños para que llevaran a sus casas al terminar el año escolar, descubrió que la capacidad lectora de los menores era “significativamente superior” a la de los niños que no contaron con este beneficio. Esta investigación se suma a otra realizada en 27 países, que comprobó que aquellos niños que crecían en hogares donde existían muchos libros rendían mejor en sus estudios.

¿Qué pasa en el cerebro?

Las imágenes de Resonancia Magnética Funcional (fMRI) recién están comenzando a revelar lo que ocurre en el cerebro cuando una persona lee en papel y cuando lo hace en una pantalla. Un estudio realizado por el sicólogo de la U. de Stanford, Brian Wandell, en el cual participaron 49 niños con edades entre siete y 12 años, descubrió que la mayor o menor habilidad para leer depende de ciertas diferencias, sutiles, en las conexiones neuronales del cerebro.

La clave estaría en la materia blanca, las fibras nerviosas que conectan distintas regiones de la corteza cerebral. En términos muy simples, la materia blanca recubre la porción de la neurona que se comunica con otras de su tipo (el axon) para facilitar la transmisión de la información. Toda esta estructura podría entenderse como “los cables de comunicación del cerebro”: cuando presentan fisuras o alteraciones, es cuando se tiene dificultades con la lectura.

Según explica a La Tercera la sicóloga de la U. de Tufts y autora del libro Proust and the Squid: The Story and Science of the Reading Brain, Mariane Wolf, el problema radica en que cada vez que aprendemos algo nuevo, el cerebro forma nuevos circuitos que reconectan las estructuras previas. Y se ha comprobado que los altos niveles de concentración que se alcanzan al leer un libro impreso favorecen el desarrollo de estas conexiones neuronales, las que dan forma a la reflexión profunda que caracteriza al ser humano. No ocurre lo mismo con la lectura digital.

James Olds, director del Instituto de Estudios Avanzados Krasnow de la U. George Mason, dice a La Tercera que esto ocurre porque el cerebro es “infinitamente” moldeable: las conexiones entre las 100 mil millones de neuronas se van modificando durante la vida.

Para los investigadores explica que, al leer en una pantalla, estamos más expuestos a una distracción permanente, la lectura es más lenta porque se necesita un mayor esfuerzo para alcanzar los niveles adecuados de concentración (lo que no siempre ocurre), y nuestro cerebro es incapaz de establecer las conexiones neuronales que se necesitan para una capacidad de análisis profundo.

Una explicación en la que se fundamenta también la tesis de autores como Nicholas Carr, que en su reciente libro The Shallow plantea que internet nos está haciendo menos inteligentes. Michael Merzenich, el connotado neurólogo que en los 70 comprobó que la experiencia modifica los circuitos neuronales, dice en un reciente artículo publicado por Carr en The Wall Street Journal que nuestros cerebros están siendo “masivamente remodelados por el uso intenso de la web y los nuevos medios”.

Lectura digital

Una verdadera paradoja si consideramos que, como nunca antes en la historia, internet democratizó el acceso a una cantidad sin precedente de información. El problema, asegura Carr, es que los medios digitales impiden la concentración de las personas, transformándonos en lo que llama “pensadores superficiales”.

Un tema que también aborda el conocido columnista de The New York Times, David Brooks: el problema de fondo, dice, radica en la forma en que las personas se ven a sí mismas cuando se involucran con la lectura, ya sea a través de internet o la literatura impresa.

Cuando se trata de textos impresos, dice Brooks, hablamos de un mundo jerarquizado, donde los lectores ganan sabiduría a medida que se sumergen, libro tras libro, en el mundo de las letras. En el caso de los niños del estudio que les proporcionaba libros, por ejemplo, el interés en la lectura crecía en la medida que iban construyendo su propia biblioteca y, por tanto, una imagen de sí mismos como lectores.

Con la lectura digital, en tanto, se vive una aproximación más igualitaria: los jóvenes son más expertos que los viejos, los nuevos medios más atractivos que las antiguas formas de comunicación. ¿El resultado? Según Brooks, el mundo de la literatura sigue siendo más apto para generar personas cultas, mientras que el digital, a lo sumo, llega a generar mejores conversadores, siempre al tanto de las modas y aquello que está ocurriendo en el mundo.

El sello que diferencia a las generaciones que crecieron al romántico amparo de la tinta y el papel, en lugar de las nuevas generaciones acostumbradas al siempre veloz y cambiante hipertexto en internet.

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