FCE: Un ejemplo de industria editorial del Estado

Radio Universidad de Chile. 19/06/2010

Vivian Lavín

Hace 20 años el Fondo de Cultura Económica creó su línea infantil y juvenil y se dio a la tarea de fomentar la lectura. Esta editorial estatal mexicana supo que allí había una mina de oro; junto con aumentar los índices de lectura han aumentado sus ventas, al punto que un 25 por ciento de su facturación actual, corresponde a esta área.

La lectura es un viaje… ¡quién lo duda! En nuestro país, sin embargo, se trata de un viaje al que muy pocos están invitados cuando los niveles de lectura son pavorosos.

Las cifras son elocuentes: según la Fundación la Fuente, en el 40 por ciento de los hogares de nuestro país hay menos de 10 libros, sólo en un 8 de ellos hay más de 100 textos, y apenas en un dos por ciento, por sobre 500 ejemplares.

Pero cómo, dirá usted, si esto ni siquiera corresponde a la inequitativa distribución de la riqueza en Chile. El diagnóstico es muy claro, cuando quienes tienen el dinero ni siquiera lo aprovechan para darse el lujo de comprar libros.

La filósofa Carla Cordua describe a este fenómeno de la siguiente manera: “A un sociólogo francés que estuvo un tiempo viviendo en Santiago y conoció a mucha gente de todos los grupos sociales, le pidieron que diera su impresión sobre la sociedad chilena. Dijo, entonces, algo que no se entiende inmediatamente, pero que lo voy a explicar: ‘Aquí, lo que más llama la atención es lo que en francés se llamaría una lumpen bourgeoisie’. Lo que quiso decir que es había una burguesía, dice la intelectual chilena, que es como el lumpen, una palabra alemana que viene de la obra de Marx que denomina a los grupos sociales que no aportan nada a la sociedad, que no trabajan…que son la última capa social de la Europa del siglo XIX: él es un sociólogo muy responsable y muy conocido, quien percibió que nuestro problema es que la jerarquía social no garantiza nada. Se puede pertenecer a la más alta clase social y ser, verdaderamente, un analfabeto: una persona que no sabe nada de nada, un bruto ignorante”.

Las palabras de esta intelectual chilena vienen sólo a repetirnos algo que ya sabemos, y que los resultados de las pruebas SIMCE de esta semana sólo corroboran: nuestros niños no entienden lo que leen.

Las cifras dicen más: las bibliotecas se han elevado de 290 a 425 en los últimos 20 años, y el Bibliometro, esta iniciativa que ha sido incluso replicada en Europa, como proyecto estrella y cuyos socios ascienden a 50 mil con 21 locales que ofrecen más de tres mil títulos en las estaciones subterráneas del Metro, no logran remontar nuestra fatídica realidad.

La experiencia mexicana es ejemplar. Hace 76 años fundaron el Fondo de Cultura Económica (FCE), constituyéndose en la editorial más antigua de toda América Latina que al comienzo sólo tenía como fin publicar libros relacionados con la economía, de ahí su nombre, sin embargo, rápidamente fue ampliando su catálogo. El Estado mexicano lo tomó como un fedeicomiso y le dio por misión difundir el conocimiento. Pero su derrotero fue ampliado hace 20 años, cuando creara su línea editorial de literatura infantil y juvenil para lo cual también se le atribuyó la tarea de fomentar la lectura. El éxito ha sido tal que hoy “representa un 47 por ciento de la facturación total de FCE, lo que en valores corresponde a un 25 por ciento de la facturación total”, explica, Eliana Pasaran, subgerente de obras para niños y jóvenes de FCE.

La república del castellano

A pesar de los múltiples giros y sonoridades que va adquiriendo nuestra lengua en el continente, la que los mismos niños y jóvenes se preocupan de modelando y cambiando, en el Fondo se proponen enriquecerlo “proponiendo historias literarias con hondura que se disfruten por niños de todas las latitudes, de modo que sus temáticas toquen a los más pequeños en Chile, Colombia, Guatemala y toda Hispanoamérica, pero además es una buena oportunidad para que ellos descubran nuevos términos, incluso los que les son ajenos para luego transformarlos a su propia lengua.
En el FCE, tratamos de evitar ciertos regionalismos pero, a veces, es muy difícil, porque son los propios autores los que están jugando con el lenguaje”, dice la experta mexicana.

Las ilustraciones han ido cobrando una mayor relevancia en lo que a literatura infantil se refiere y lo que antaño eran simples monos, hoy son verdaderas obras de arte. El libro-álbum ha sido la llave maestra para que muchos diseñadores e ilustradores muestren su genio e ingenio. “Ha sido muy gratificante que la tarea de ilustrar para niños se esté haciendo con mucha seriedad y estén buscando de manera permanente nuevas técnicas, conceptos y nuevas formas de expresión. El concurso A Orilla del Viento que habitualmente lo ganaba España por su larga tradición editorial en libros para niños, hoy lo han ganado colombianos y chilenos que obtenido menciones importantes y les ha permitido ingresar al mercado mexicano”, explica Pasaran.

El auge de la literatura infantil y juvenil es un fenómeno latinoamericano y la diversidad que adquiere es enorme. “Los niños leen en su mayor parte lo que hay en su escuela o los que sus padres seleccionan para ellos. El éxito para potenciar los hábitos lectores depende en gran medida de poner los libros a su disposición, de que estén en contacto con una diversidad y riqueza de estilos, géneros y temas, de que encuentren en los libros algo que les es familiar, íntimo, que forma parte de su mundo y le significa algo”, finaliza la experta.

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