Vivir conectados a internet, mail y redes sociales está cambiando nuestro cerebro

El Mercurio. Santiago, Chile. 12/06/2010

Estudios revelan habilidades que hemos ganado y otras que están en retirada:
Investigaciones muestran que el constante estímulo que recibimos desde dispositivos en línea y aparatos digitales tiene un impacto a nivel cognitivo.

Paula Leighton N.

Suena el despertador y Carlos Verdugo (37, publicista), retoma la vida en línea. “Lo último que hago al acostarme es ver el mail, Twitter o Facebook, y al despertar vuelvo a revisarlos en el iPhone”, cuenta.

Entre su casa y la oficina, Carlos suma cuatro computadores, tiene un blog, 1.209 amigos en Facebook, cerca de 1.100 seguidores en Twitter, una cuenta en Flickr, canal en YouTube, una cuenta en Foursquare y otras tantas en redes, cuyo nombre aun conoce sólo un puñado de personas. La hiperconectividad es lo suyo. Se define como un “early adopter”. Su primer correo electrónico data de 1996, “cuando había que llamar por teléfono a la persona para avisarle que le habías mandado un mail”, recuerda.

Su hija Camila (14) sigue sus pasos, y su hijo Carlitos, de 1 año 3 meses, ya es capaz de desbloquear el iPhone y poner música. “Sólo mi señora es 1.0”, ríe.

Carlos y su familia podrían ser la sinopsis de un nivel de hiperconexión que está a la vuelta de la esquina.

El impacto -positivo y negativo- de estar siempre en línea no sólo se está reflejando en las relaciones interpersonales y laborales. También el cerebro acusa cambios.

“Las tecnologías que usamos para encontrar, almacenar y compartir información pueden, literalmente, reenrutar nuestras vías neuronales”, resume Nicholas Carr, experto estadounidense en las implicancias sociales y económicas de la tecnología, quien acaba de publicar “The shallows“, un libro donde analiza “lo que internet le está haciendo a nuestro cerebro”.

Según Carr, mientras en la era del libro impreso el cerebro humano se adaptó para focalizar la atención, promoviendo el pensamiento profundo y creativo, la era de internet nos ha acostumbrado a digerir sólo pequeños fragmentos de información.

“Nos estamos volviendo más adeptos a procesar información superficial y rápidamente, y estamos perdiendo nuestra capacidad de concentración, contemplación y reflexión”, alerta.

Las consecuencias son variadas. En el trabajo, un usuario estándar de computadores cambia de ventana o revisa su email casi 37 veces por hora. Una hiperactividad que se traspasa a otros planos. “Las personas multitareas no pueden apagar esta tendencia cuando no están haciendo múltiples tareas”, dijo a The New York Times Clifford Nass, quien ha investigado el fenómeno en la Universidad de Stanford. El resultado: una distracción permanente.

Un estudio del University College of London difundido en febrero comparó a adultos y adolescentes que buscaban información en internet. Para contestar, los jóvenes de 12 a 18 años recurrieron a la mitad de las páginas web que los adultos y dedicaron una sexta parte del tiempo que éstos. Una ventaja cuestionable, considerando que sus respuestas resultaron más incompletas. “Los adolescentes están perdiendo la capacidad de leer y escribir textos largos”, fue una de las conclusiones del estudio, dirigido por el profesor David Nicholas.

Recableando el cerebro

Para Carlos no es raro. “Cuando se inventó la imprenta aparecieron las críticas porque se iba a acabar la tradición oral que transmitían los juglares. Y así ocurrió, pero evolucionamos. Ahora la gente lee menos o lee distinto, pero obtiene otras cosas que antes no tenía”.

¿Será que a futuro no podremos leer de corrido un capítulo de un libro? En realidad no. “La plasticidad del cerebro permite que se modifique de acuerdo a las circunstancias que nos toca vivir”, dice el doctor Francisco Aboitiz, jefe del Laboratorio de Neurociencia Cognitiva de la U. Católica. Recuperar la capacidad de concentración es cosa de práctica. La hiperconexión, en tanto, nos aportará otras habilidades, dice.

“Llegaremos a tener una capacidad muy grande para hacer rápidos cambios atencionales y cognitivos frente a diversos estímulos; vamos a procesar la información más rápido, aunque tal vez nos volvamos menos perseverantes. Pero así es a medida que la historia evoluciona. Siempre nos vamos adaptando”, concluye Aboitiz.

16,7 millones
de celulares existen en Chile. Prácticamente uno por persona.

6,2 millones
de usuarios chilenos registraba Facebook en abril de 2010. La mayor penetración en la región (37,2%)

2 millones
de conexiones a internet tiene el país según la Subtel. Esto equivale a 40% de los hogares.

500 mil
eran los abonados a internet móvil en febrero pasado.

Efectos

Imágenes cerebrales muestran que los usuarios de internet son más eficientes buscando información y que ciertos videojuegos desarrollan la agudeza visual.

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