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Guía de libros para no hacer dormir a los niños

El Mercurio. Santiago, Chile. 30/05/2010

Con una nueva Feria del Libro Infantil y Juvenil en funciones en el Parque Bustamante, es un buen momento para revisar algunos títulos que marcan tendencia, que son moda sin tiempo o que -los años dirán- fueron sólo una eficaz ayuda a la deforestación.

Esteban Cabezas

Y no es tendencia, pero es local. He aquí algunas de las novedades hechas en Chile que trae la Feria del Libro Infantil y Juvenil:

Editorial Liberalia: Un amigo muy especial , de Gabriela Sieveking; Ropa tendida , de Ferran Hortigüela, y Rosas, piedritas y mariposas , de Cecilia Beuchat ($5.900, cada uno), aparte de la colección “Enetenetú”, basada en los programas televisivos de Vivienne Barry.

Pehuén: el libro de décimas La maravillosa historia del mundo y del fundo de Segundo ($6.900), de Álvaro Prieto y Nicolás Candia. Y Títere de trapo y marioneta de papel maché ($5.900), de Laia Soler y Vinka Grbic.

Ediciones B: la apuesta es por Kalfukura ($9.000), de Jorge Baradit, y el MUY gracioso e ilustrado La gran breve guía de animales salvajes , del polígrafo Tito Matamala.

Alfaguara: Beatriz Rojas entrega un nuevo libro de León, esta vez con León y el carnaval de la vida ($6.700), y Pepe Pelayo reincide con su Lucía Moñitos ( Corazón de Melón , $6.200). Por su parte, Quique Hache, detective , obra de Sergio Gómez, se presenta en formato novela gráfica ($.6.200).

Norma: aparte de su antología Cuentos de terror chilenos , de varios autores, una interesantísima selección de poemas ilustrados -en comic- de Óscar Hahn bajo el título Televidente.

RIL: Alicia, la niña vampiro ($4.760), historias venenosas 2.0, de José Luis Flores y Sergio Lantadilla.
Planeta: Leslie Leppe presenta Niñas raras y Sandra Molina Comehojas de Chile.

Amanuta: El patas de hilo , un trabajo de Olaya Sanfuentes (sin olvidar su reciente hit Sabores de América , de Constanza Recart y Ana María Pavez).

Una cuota de incorrección preescolar

Los tiempos cambian, los niños tienen la epidermis más dura y hay padres que perciben esta mutación en la progenie. Para ellos, siempre hay títulos algo menos correctos y poco peinaditos, como es Sapito (Lom, $10.000), del danés Jacob Martin Strid. Un sapito que cae de las estrellas es adoptado por una familia sapo, la que se encuentra con que el batracio estelar es más malo que plan de isapre: mete el teléfono al horno, hace pipí en el maletín del sicólogo y otras cosas que no lo hacen un modelo de virtud. Algo parecido ocurre con Malvado Conejito (Océano, $8.950), de Jeanne Willis y Tony Ross, en el que un conejito llamado Copo de Nieve se convierte en un Conejo del Infierno, con chaqueta de cuero y motoquero, tan malo que… mezcla sus bolitas (esas que parecen de chocolate) con el cereal del granjero.

Finalmente, la autora nacional Andrea Maturana presenta El moco de Clara (Alfaguara), un cuento-estilo-parábola-zen en el que una de estas sustancias viscosas de origen biológico (Wikipedia) va errando por diversas situaciones cotidianas, con una visión singular de la realidad y sus problemas.

Chicas mortales
Si bien el tema vampírico sigue en boga, con muchos clones anémicos de Stephenie Meyer -de quien se lanza La segunda vida de Bree Tanner (Alfaguara, $9.900) el 5 de junio-, los títulos de amor fantasmal son la actual novedad. Y si antes eran muertos vivos los que suspiraban, ahora son vivos muertos, como Ghostgirl (Alfaguara, $12.400), los que protagonizan las historias. En este caso, Charlotte Usher, una chica definitivamente muerta, estilosa, flacuchenta y con ojos de reineta, vuelve con una segunda entrega firmada por Tonya Hurley, nuevamente ahondando en una “otra vida” donde se repiten los mismos esquemas de ésta. En especial una trama de amores colegiales, pero con tintes más oscuros (y graciosos).

Otra niña-joven dark que aparece en papel es Emily The Strange, un personaje más de merchandising, accesorios y pins que de las letras, aunque ahora tiene su libro: Los días perdidos (Rob Reger y Jessica Gruner, SM, $9.900). En él se presenta esta chica de 13 años, chasquilla recta, que ama a los gatos (y odia a Hello Kitty), que prefiere la música punk y rock y que en este primer libro (ya hay un segundo) aparece totalmente amnésica, intentando saber quién es (aparte de ser muy rara, ¿no?).

Habrá que esperar la llegada de otra historia de “polvo enamorado” como diría Quevedo, en este caso firmada por la española Care Santos con su Bel, amor más allá de la muerte (SM), con una Bel enamorada de su Isma desde el otro lado de la frontera entre lo carnal y lo espiritual.

Muy en estilo de literatura para adolescentes, hay que reconocer que en el libro de Hurley abunda el humor, en el de Emily una “mala uva” dosificada e interesante, mientras que Care Santos es un poquito más ñoña.
Y para re-matar con la onda mortuoria, una reedición del clásico vampírico Carmilla , de Sheridan Le Fanu (Planeta, $7.500) y el original conjunto de historias terroríficas y fantasmales presentado por Norma, con una recopilación de escritos breves, todos de autores nacionales ( Cuentos chilenos de terror ). Muy de susto.

Para las tres edades
Hay libros que realmente no tienen un destinatario fijo y, por lo mismo, refuerzan esa idea de que no existe literatura infantil, sino sólo buena literatura. Un ejemplo de lujo es El corazón y la botella (FCE, $8.500), de Oliver Jeffers, el mismo autor de esa historia de un niño que se comía los libros (buenísimo). En esta ocasión se trata de una fábula sobre la pérdida y sobre cómo nos defendemos (y mal) frente a las heridas causadas por exponernos al cariño irrestricto. Para protegerse, una niña mete su órgano vital dentro de una botella, con las consecuencias posteriores.

Más sabia es la oveja protagonista de Selma (FCE, $5.000), de Jutta Bauer, una seria señora lanuda que, consultada sobre qué haría con más dinero o más tiempo en su vida, da una serie de respuestas que entregan algunas luces sobre un tipo de felicidad más sencillita, más edénica.

Y para completar el trío, está Maniática de la explicación (FCE, de nuevo), de Adriana Falcao, con una pequeña protagonista de lentes y mente agudísima, la que gusta de pensar más de la cuenta y de armar su propio diccionario, con definiciones tales como que la soledad es “una isla con nostalgia de barcos” o que certeza “es cuando la idea se cansa de buscar y se detiene”. Pura poesía filosófica en formato casi Twitter.

Liliana Bodoc y la lectura digital

Sabemos que el libro digital modificará la forma en que se lee, que las ilustraciones probablemente serán animadas y que por cada libro, los niños tendrán acceso a un mundo de enlaces e interconexiones que complementarán su lectura. Lo que se ignora es si sobrevivirá el papel, si se reducirán los tiempos de lectura o la extensión de los textos. ¿Qué tipo de relación se impondrá entre escritores y lectores? ¿Los libros terminarán convertidos en telenovelas que se modificarán según el ranking de lectoría? Conversamos sobre este tema con una de las más importantes escritoras trasandinas.

-¿Qué esperar de la lectura digital?

-En principio, y como acto individual, lo mismo que se espera de cualquier lectura. Los soportes han variado a lo largo de la historia, y seguirán haciéndolo. Sin embargo, hay un núcleo de “humanidad” en el acto de la lectura que es lo único importante.

-¿Cuál será la principal contribución de este nuevo soporte?

-Que ocurra lo mismo que con la imprenta: que el medio democratice el acceso a la lectura, que la haga posible en sitios más recónditos, en situaciones menos propicias para transportar libros. Y desde ya, ¡con menor costo ecológico!

-Se supone que un libro digital actuará como un computador y su acceso ilimitado a la información. ¿De qué manera esto modificará la disposición y tiempo de lectura?
-Una buena historia va a atrapar el corazón y el intelecto del lector, que querrá avanzar en su historia y en sus personajes. Después, pueden venir los accesos paralelos, y entonces, ¡bienvenidos! Cualquier libro tiene mucho de intertextualidad; es decir, de referencias y relaciones con otros libros y sucesos y datos. ¿Qué mejor que un lector pueda enriquecer con ellos su lectura? Por lo demás, y si un lector no ha sido cautivado por el texto literario, ¿se interesará en los enlaces? Seguramente no.

-¿Terminará por imponerse el formato twitter; es decir, una lectura corta, rápida y fragmentada?
-¡No le adjudiquemos la responsabilidad de nuestra “insana” manera de vivir a una tecnología! Como sociedades y como individuos, estamos sometidos a un ritmo brutal que no nos permite ni leer ni comer ni amar con el tiempo necesario. Todo lo hacemos de prisa… Cuando las sociedades frenen, por decisión o por necesidad, la carrera por el consumo y humanicen el trabajo, reaparecerá el tiempo del Ocio (opuesto al Negocio), donde cabe, entre otras cosas, la lectura. Y la tecnología podría proporcionar tiempos libres.

-¿Se puede pensar en una convivencia entre el libro de papel y el digital?
-Supongo que, muy lentamente, y por el bien de los bosques, la producción de papel tenderá a reducirse. Y que los libros en papel, alguna vez, serán especímenes raros como son los papiros manuscritos.

-¿Conviene que los escritores comiencen a abrirse espacio en la red?

-En este punto soy más bien conservadora, pues me atemoriza esta gigantesca e instantánea relación con los lectores. Es decir, que esta relación cotidiana genere una dependencia excesiva, acentuada por la inmediatez, respecto de las resonancias, críticas, o aun halagos de una obra. Sobre todo teniendo en cuenta que a veces “la familiaridad” produce en los lectores una tendencia a la intromisión. Esto puede transformarse en lo central, y el escritor puede caer en el riesgo de “pedir opinión”. A mí no me hubiese gustado que Juan Rulfo me preguntara sobre Comala, o que García Márquez me pidiera opinión sobre el destino de Remedios, la bella. Los lectores pueden “malacostumbrarse” y pretender que sus deseos se vean reflejados en las historias.

Literatura infantil: un universo en expansión

Cada época ha tenido sus propios juicios y prejuicios sobre lo que los niños deben o no leer, buscando ya su educación, ya su perfeccionamiento moral o incluso su entretención. Lo cierto es que actualmente el salto de pensar que un buen libro para niños es uno que ellos encuentran bueno no es tan simple de dar. No sólo tienen gustos definidos -y poder sobre sus padres-, también existe una amplia y creciente industria de publicaciones para ellos.

Una de las editoriales más importantes de Latinoamérica, FCE, no es la excepción. A su destacada colección se agregan dos libros de autores chilenos. La editora y coordinadora del área Obras para Niños y Jóvenes, Eliana Pasarán, precisa que no es la primera vez que la editorial publica a chilenos, pues en su catálogo figuran libros de Saúl Schkolnik y otros ilustrados por Carmen Cardemil y Claudio Romo. “Sí es la primera vez que publicaremos dos álbumes escritos e ilustrados por autores chilenos: El niño con bigote , de Esteban Cabezas y Alejandra Acosta -que nos llegó a través de nuestro Concurso de Álbum Ilustrado A la Orilla del Viento-, y Es así , de Paloma Valdivia”.

-¿Pasa un buen momento la literatura infantil?
-Sí, definitivamente. Es un mercado en expansión. Cada vez son más las editoriales que apuestan por las publicaciones dirigidas a niños y jóvenes, se han renovado los temas y el enfoque de estas publicaciones -un enfoque meramente pedagógico para apostar por la creatividad y la imaginación-; cada vez hay más autores que escriben para este público de manera seria y comprometida, y los ilustradores están buscando nuevas formas de expresión plástica y conceptual. Paralelamente, estos libros están ganando territorio en las librerías, se han creado ferias, se han multiplicado los concursos que estimulan la producción de estas obras, y los libros de varias editoriales latinoamericanas están ganando terreno en otros países al vender sus derechos a otras lenguas.

-¿A qué se debe el éxito del libro álbum?
-A que están irremediablemente ligados a una lectura placentera. Más aún, son libros que pueden llevar a los adultos no lectores a dar una segunda oportunidad a los libros: son obras que naturalmente se comparten, se disfrutan, se leen a quienes aún no aprenden a hacerlo y se revisitan. Quizás los álbumes tienen una manera más directa e inmediata de conectar con el mundo de la infancia, sin importar la edad que tengamos; además, su capacidad expresiva ha dado pie a su apreciación y a una educación estética.

-Si muchos libros infantiles casi no tienen texto, ¿cree que igualmente fomentan la lectura?
-Por supuesto, no importa la extensión de un texto, sino su hondura, su expresión léxica, su calidad literaria y plástica, y las resonancias que dejan en el lector. Los libros sin palabras también fomentan el hábito por la lectura, ya que aprender a leer imágenes es tan importante como leer textos, como leer el mundo.

-¿La editorial FCE ha puesto mayor énfasis en los libros infantiles en los últimos años o eso es tan sólo una impresión?
-Es sólo una impresión, pues en los últimos veinte años, ha creado una línea editorial para niños y jóvenes sobresaliente que se ha sostenido de manera ininterrumpida.

-¿Tiene alguna noción de lo que -para niños, se entiende- se escribe en Chile?
-Si bien hasta ahora no he tenido mucho contacto con autores chilenos, conozco algunos títulos de editorial Amanuta y de Universitaria que me parecen de muy buena calidad, y sé de autores como Cecilia Beuchat, Marcela Recabarren, Felipe Alliende. Asimismo, cada año nos llegan varios trabajos de autores e ilustradores chilenos a nuestro concurso de álbum. Mi visita a Chile será una buena oportunidad para conocer más de cerca la producción chilena.

Sus actividades
miércoles 2 de junio:

-ponencia de inauguración del seminario de literatura infantil y juvenil (Café literario Parque Balmaceda, 11 horas)
-seminario abierto al público, “El mercado de los libros para niños y jóvenes en Latinoamérica”, en el magíster en edición UDP (Fac. de Comunicación y Letras UDP, Vergara 240, 18.30 horas).

jueves 3 de junio:
-dará una clase en el diplomado de edición de la UC (Centro de Extensión, Alameda 390, 19.30 horas).

sábado 5 de junio:
-presenta el libro El niño con bigote, de Esteban Cabezas y Alejandra Acosta, (Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, Parque Bustamante, a las 12 horas).

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