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¡Editores, a los libros!

El Mercurio. Santiago, Chile. 24/01/2010

Nuevas tecnologías Falsas amenazas:
El libro digital o e book está resultando, para el mundo del libro papel, como aquel incendio en que cuatro bomberos perdieron dramáticamente la vida porque el humo les impidió ver que venía el fuego. Con esta metáfora uno de los agentes literarios más importantes de la literatura en castellano reflexiona sobre el nuevo fenómeno.

Guillermo Schavelzon
Agente literario

El e-book o libro digital no surge por una demanda del mercado (mejor dicho, de los lectores), sino como una imperiosa imposición de los grandes fabricantes de hardware , que ya no pueden seguir vendiéndonos tantos teléfonos móviles, y ponen sus esperanzas en los dispositivos de lectura. Todos los grandes jugadores de este negocio (Apple, Sony, Google, Amazon, etc.) quieren vender dispositivos de lectura. Con qué contenido rellenarlos no es su problema.

Cuando se defina esta batalla de titanes, entonces vendrá la búsqueda de contenidos. Ninguna editorial ni agencia literaria puede competir con esos enormes operadores. Sólo las plataformas conjuntas creadas por grupos de muchas editoriales tendrán un volumen suficiente para lograr una participación real en la distribución de contenidos electrónicos. Si estas son editoriales de libros tradicionales, y no operadores informáticos, debería tranquilizarnos a autores y libreros, los más perjudicados con cualquier otro proyecto de distribución de libros digitales. Estoy convencido de que toda pequeña “editorial electrónica”, como las muchas que hemos visto surgir -y comienzan a desaparecer-, tendrá como único destino vender sus contenidos a los grandes, por lo que se convertirán en un intermediario más, que encarecerá el producto o reducirá el beneficio de los autores.

El reciente y excelente artículo de opinión de Luisgé Martín en El País señala varios de los puntos clave de este problema. El verdadero “libro electrónico o digital” del futuro, el que tendrá un lugar importante, no será nunca un simple escaneado de las páginas del libro de papel, tendrá que ser otro tipo de libro, interactivo, que aproveche al máximo las enormes posibilidades que los medios digitales ofrecen. Esto será imposible sin editores, verdaderos editores electrónicos, que para poder serlo tendrán que provenir del mundo de los contenidos, no del de la informática. Sin ellos, el libro digital no será posible ni tendrá sentido. Lo que se está haciendo ahora está al borde de la vergüenza, basta con bajar uno cualquiera de Google Books para ver el desastre: un escaneado rudimentario, páginas dobladas, o fuera de foco, un trabajo de profesionales que desconocen lo que es un libro y lo que debe ser. Es como darles a los escolares un ordenador portátil para ponerle como contenido las mismas páginas de los libros de papel escaneadas. Eso no es un libro digital, sólo servirá para confundirlos: no aprenden nada nuevo, no aprovechan las posibilidades de un ordenador, que ya no servirá cuando los contenidos sean realmente digitales, interactivos y proactivos de verdad. Saber buscar en una biblioteca, aprender a consultar un libro, a leer y sintetizar, a generar una verdadera investigación, es un requisito de la educación que no se puede abandonar en nombre de la tecnología. Al ofrecer estos libros electrónicos, sólo estamos haciendo más de aquello que los educadores ven cada día: los trabajos de los alumnos son simples ejercicios de cortar y pegar que no producen un aprendizaje real. Las empresas informáticas, por ahorrarse el coste de investigar y crear (por no saber qué es un “editor”), fomentan la caída del nivel educativo y cultural de la población escolar.

El mundo del libro tiene a corto plazo problemas mucho más graves que la falsa amenaza del libro digital: la reducción de las páginas de Cultura de los diarios de papel, la transformación de los suplementos literarios en unos “de tendencias” que al final no encuentran un público claro, la concentración de la venta en librerías en un reducido número de grandes éxitos que no tienen nada de criticable (todos los necesitamos), pero que están produciendo un efecto de expulsión, de reducción de la variedad de la oferta, todo lo que llamábamos “el fondo editorial” y que hoy los libreros devuelven al editor. Un fondo editorial que es fundamental desde el punto de vista cultural y del negocio del libro.

Si seguimos dedicando tanto espacio al libro electrónico, no lo ayudamos a desarrollarse bien, y descuidamos al libro de papel. Durante muchos años todavía, los autores, agentes literarios, editores y libreros (y de toda la industria gráfica) viviremos fundamentalmente del libro de papel. Sin hablar de los problemas de la piratería y de la falta de una legislación actualizada. Cuidar la edición, la comunicación y la red librera es algo fundamental. Parafraseando a Ortega y Gasset: ¡editores, a los libros!

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