El pan convive con los libros

El Mercurio, Valparaíso. 11/10/2009

Almacenes, botillerías y carnicerías se han implementado por gestión del escritor Marcelo Beltrand como bibliotecas comunitarias, en una novedosa iniciativa.

Leonardo Robles

Un vecino entró a comprar a una carnicería y le pidió al carnicero medio kilo de posta y “Cien años de soledad”, de García Márquez; otro vecino del mismo cerro fue a la botillería y se llevó para su casa, aparte de cervezas y ron, un ejemplar de “El lobo estepario”, de Herman Hesse.

Parece un chiste viejo, pero así ocurre todos los días en el cerro Esperanza desde que Marcelo Beltrand, gestor cultural y escritor, implementó la idea de “La menestra literaria”, iniciativa que consiste en la creación de bibliotecas en botillerías, rotiserías y verdulerías, por no decir en cada boliche del barrio.

Según Beltrand “la idea es fomentar y promover la lectura. Creo que existe un punto central con el tema del libro en una sociedad de consumo, que es cómo se ve hoy el objeto libro. Creo que debemos asumir que el libro compite con otro productos y bienes de consumo por lo que se debe naturalizar, poniéndolo junto al pan y las verduras”.

En la actualidad ya son tres las “menestras” que existen en los faldeos del cerro, donde los mismos dueños de los establecimientos ofician como bibliotecarios.

La primera de ellas es un almacén que se llama “La Nueva esquina”, ubicada en San Juan con Simón Bolívar. Siguiendo por esta última calle hasta llegar a Barros Arana puede encontrarse la botillería “Buen humor”, segunda menestra, hasta llegar a la tercera, la carnicería “El cortijo”, ubicada al lado de la Plaza Manuel Rodríguez.

Un país distinto y mejor

Los libros han sido donaciones de escritores y amigos, pero la iniciativa ahora será financiada por el Consejo Regional de la Cultura y las Artes, como parte de las acciones del Plan de Fomento a la Lectura.

“Es una iniciativa que debe ser replicada por todo Valparaíso, debemos fundar una biblioteca en cada barrio, en cada cerro. Un barrio que lee, es un mejor barrio. Una ciudad que lee, es una mejor ciudad. Un país que lee, es un país distinto. No podemos esperar que los libros bajen de precio, porque ése es un problema menor. El tema de la lectura tiene que ver con otras cosas también, es más complejo” asegura Beltrand, quien planea implementar una nueva menestra en una fuente de soda, como parte de su proyecto de incorporar a los negocios de barrio como actores relevantes en la construcción de barrios mas amigables y fraternos.

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