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Las bibliotecas en el siglo XXI: Terminator aún no acaba con el papel

El Mercurio. Santiago, Chile. 21/06/2009

La realidad de las bibliotecas chilenas demuestra que las ideas apocalípticas sobre la muerte del libro, como sugiere el plan de Schwarzenegger de eliminar las bibliotecas escolares, todavía suenan a ciencia ficción. ¿Cómo se adaptan estas instituciones a la era de internet?

Evelyn Erlij

En 2006, el ingeniero Kevin Kelly, editor de la revista sobre tecnología “Wired” y asesor de Steven Spielberg en temáticas futuristas de películas como “Encuentros cercanos del tercer tipo” y “Minority report”, escribió en las páginas de The New York Times que la creación de Google Books haría renacer el ambicioso proyecto de la biblioteca universal al estilo de la de Alejandría, del año 300 antes de Cristo. Sin disimular su apasionado utopismo tecnológico, hizo un anuncio que sonaba a eslogan de filme “spielbergiano”: “Por 2.000 años, la biblioteca universal, junto con otros deseos imperecederos como una capa de invisibilidad, zapatos antigravedad y oficinas sin papeles, ha sido un sueño mítico que se fue hundiendo en el futuro infinito. Hasta ahora”.

Una proclama menos entusiasta y más práctica fue la que hizo pública hace unos días otra figura célebre del cine de acción y ciencia ficción, Arnold Schwarzenegger, hoy gobernador de California: todas las bibliotecas para estudiantes de secundaria desaparecerán, pues desde agosto se implementarán textos de estudio digitales para ahorrar dinero en papel, impresión y mantención de edificios. Todo sea por superar la crisis económica.

En este contexto algo apocalíptico, y con la aparición de bibliotecas virtuales, lectores portátiles de e-books y el aumento constante de información en internet, no sólo el concepto clásico del libro parece modificarse, sino también el de la biblioteca como un espacio físico donde almacenar y conseguir volúmenes impresos para investigar, estudiar o leer por placer. ¿Qué sentido tiene una biblioteca en una era en que solamente en un año -2008- se crearon en el ciberespacio 487 millones de gigabytes en información, equivalentes a unos 30 mil millones de iPods cargados a full?

No se trata, sin embargo, de contraponer el modelo clásico -de acuerdo con la clasificación del bibliotecario español Alfredo Vizcarro-, donde predomina lo táctil, con el digital, donde el fondo documental se encuentra en internet. Lejos de las ideas de algunos entusiastas de la virtualidad que vaticinan la desaparición de las “casas” de libros impresos, lo que ha ocurrido tanto a nivel mundial como local es el surgimiento de un sistema híbrido de biblioteca, donde ambos modelos necesariamente conviven y se complementan.

La Biblioteca Nacional es una de las instituciones a nivel latinoamericano que han ido a la vanguardia en temas de integración y uso de las herramientas digitales. “El año 2000, junto a la Dibam comenzamos el proyecto ?Memoria Chilena’ (www.memoriachilena.cl), que es la digitalización de nuestras colecciones en forma temática. Hay más de un millón y medio de páginas digitalizadas, y tenemos un número creciente de alrededor de 200 mil y 300 mil visitantes por mes”, explica Ana Tironi, directora del “palacio de los libros” de Chile. Dentro de esta lógica, se crearon las salas virtuales “Gabriela Mistral”, “Medina” y “Archivo del escritor”, que permiten acceder a parte de sus colecciones vía web.

La idea detrás de estas iniciativas es traspasar las fronteras del edificio y llegar a la mayor cantidad de personas, no sólo en el país, sino que también en todo el mundo. Esto se ha visto reflejado en un aumento notorio de los usuarios remotos que visitan la biblioteca a través de internet, y en un cierto estancamiento en las cifras de visitas presenciales, a pesar de que el material que se encuentra en la web no supera el 5% de la colección total. “La Biblioteca Nacional está trabajando en dos ejes. Uno es el cuidado de las colecciones y nuestro edificio patrimonial y el otro es la digitalización de material y el aumento de nuestros usuarios remotos. Todas las bibliotecas del mundo estamos pendientes de este nuevo fenómeno. Pero tampoco la idea es digitalizarlo todo”, afirma Tironi.

Por lo demás, el derecho de autor es el impedimento más grande para las bibliotecas virtuales, pues implica pagos millonarios. De hecho, Google Books ha sido varias veces demandado por este motivo. Y para las universidades, adquirir libros digitales tampoco es una forma de abaratar costos: “McGraw Hill tiene textos de bibliografías básicas de algunas carreras, pero había que comprar una clave por alumno, y eso eran varios millones que preferimos gastar en impresos”, explica Paulina Godoy, directora del sistema de bibliotecas de la UDP.

Poder popular

Aunque internet alberga una cantidad gigantesca de información, aún falta muchísimo para concretar el sueño de Kelly de crear una biblioteca universal. “Hay un gran número de libros que no están en internet y los textos clásicos son difíciles de encontrar en la web” explica Godoy. De hecho, el material más antiguo que se puede encontrar en Google Books data de 1521. “La biblioteca no va a desaparecer, lo que ocurre es que el concepto y las formas de acceder a ella van a cambiar, pero siempre va a haber alguien detrás trabajando”, opina la bibliotecaria de la UDP.

Este es uno de los puntos fundamentales que caracterizan al modelo híbrido: las relaciones entre el usuario, la institución y sus profesionales cambian, principalmente por la irrupción de la web 2.0. “Una biblioteca se debe a una comunidad y uno va respondiendo con las tecnologías del momento. Hemos estado utilizando todas las herramientas disponibles: bases de datos, podcast, blog, Youtube y ahora estamos explorando el Twitter. Queremos crear capacidad de acción en la gente”, explica Soledad Ferreiro, directora de la Biblioteca del Congreso. Algo similar se ha hecho en la U. Chile, especialmente en la Facultad de Filosofía y Humanidades, donde se tiene un sitio con tecnología interactiva wiki en que los interesados pueden consultar por libros, sugerir compras de textos y comentar las nuevas adquisiciones, y un chat abierto a todo público desde las 9 hasta las 18 horas en que se puede conversar con un bibliotecario.

Esto es lo que se conoce como “biblioteca 2.0“, definida por el documentalista español Marcos Ros como un lugar donde se incluye al usuario en “el diseño e implementación de los servicios bibliotecarios, animando a la interacción, feedback y a la participación activa”, lo que echaría abajo al modelo unidireccional que caracteriza al concepto clásico de biblioteca. Esta mayor posibilidad de participación también se refleja en otras modalidades que propician la libertad de acción del usuario, como es la implementación de estanterías abiertas, existentes, por ejemplo, en las bibliotecas de la U. Diego Portales, la U. de los Andes y la facultad de la Universidad de Chile antes mencionada, donde prácticamente no se necesita ayuda de un bibliotecario para encontrar información.

Filosofía y Humanidades de la Casa de Bello va un paso más adelante en pos de la independización del usuario. “Desde 2007 contamos con una máquina de autopréstamo, con lo que nos convertimos en la primera biblioteca universitaria en tener esta tecnología”, señala Eva Sanzana, su directora, quien además asegura que los préstamos han aumentado los últimos años por la existencia de las estanterías abiertas. Según explica, lo esencial en estos casos es educar a los alumnos para que aprendan a buscar, razón por la que se imparten cursos optativos en varias universidades chilenas.

Bibliotecario 2.0

La gran cantidad de gente que asiste a las bibliotecas con sus laptops sólo en busca de Wi-Fi revela uno de los retos más grandes de los profesionales de la bibliotecología, ya que la independización del usuario también implica un cambio en su labor.

“La profesión de bibliotecólogo ha evolucionado a través de la historia en armonía con los cambios de la sociedad en diferentes épocas. Ha ido mutando de guardián o custodio de colecciones a conservador y preservador de éstas, de organizador de colecciones a diseminador del conocimiento registrado hasta hoy, lo que se conceptualiza como gestor de información y creador de contenidos”, explica Carmen Pérez, directora de la Escuela de Bibliotecología de la UTEM, una de las tres universidades que imparten la carrera a nivel nacional y que han debido cambiar sus mallas para adaptarlas a los nuevos tiempos.

En definitiva, todo el modelo institucional cambia, menos la cultura del libro. Susana Bunster, directora académica de la biblioteca de la U. de los Andes, lo explica con un ejemplo: “Muchas veces los alumnos notan que los textos que bajan de internet no son tan confiables y no siempre saben distinguir cuáles son los sitios serios o académicamente mejores, por lo que resguardan el contenido de sus trabajos recurriendo a los textos impresos”.

Será que aún no podemos concebir el mundo sin libros ni bibliotecas como Schwarzenegger.

Arnold, obviamente no disfrutas la lectura

“Schwarzenegger mata los libros para salvar California” fue el título de la nota de Las Últimas Noticias a través de la que se conoció en Chile la decisión del actual gobernador de ese estado de cambiar los textos escolares impresos de matemáticas y ciencias por e-books . “Hoy nuestros niños sacan su información de internet bajándola a sus iPods y celulares, compartiéndola por Twitter. Un mundo de información que fácilmente llevan en sus bolsillos y en sus computadoras. Entonces, ¿por qué nuestros estudiantes aún son forzados a llevar consigo anticuados, pesados y caros libros?”, escribió el actor en una columna de opinión publicada en San Jose Mercury News.

“El año pasado, el estado destinó US $350 millones para textos escolares (?) Imaginen el ahorro que los colegios podrían hacer al usar estos recursos gratis de alta calidad. Incluso si los profesores tienen que imprimir el material, será mucho más barato que comprar libros actualizados”, afirma la estrella de Terminator. Pero no tardaron en aparecer furibundos comentarios de parte de los internautas: “Arnold, obviamente no disfrutas leer, porque no hay nada como un libro en tus manos que puedas llevar a cualquier parte. No necesitan baterías ni ampolletas de repuesto. Y son biodegradables. ¿Profesores imprimiendo libros? Suena genial, pero al final terminarás usando más papel”, escribió uno de los usuarios.

La medida busca ayudar a tapar el enorme vacío presupuestario de US$24.3 billones que sufre el estado de California tras la crisis.

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