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Políticas culturales: ¿el talón de Aquiles de la derecha?

El Mercurio. Santiago, Chile. 17/08/2008

Recién hace dos meses, Sebastián Piñera creó una comisión dedicada al tema, mientras que el resto de sus grupos “Tantauco” partió en 2007. En el Congreso, la Alianza se ha hecho conocida por poner en agenda pocos temas de fondo y preocuparse más “por hacer monumentos”, “días de” y homenajes. Mientras tanto, sólo un think tank de oposición tiene a la cultura entre sus prioridades: Libertad y Desarrollo.

Andrea Sierra y Fernando Vial

A mediados de marzo de 2007, un ciudadano ruso se acercó a la oficina de la UDI en Providencia. Quería convencer al partido de que le facilitara parte de sus instalaciones de calle Suecia para montar una exposición de cuadros religiosos. “Esa fue la única vez que escuché hablar de cultura dentro de la UDI”, reconoce un militante de la tienda. Peor aún, la respuesta fue “no” y la muestra jamás se presentó.

En la actualidad, de las decenas de comisiones que existen al interior del partido que preside Juan Antonio Coloma, ni siquiera una se dedica a la cultura. Y en Renovación Nacional la situación es similar.

“Hago una autocrítica, en el sentido de que, en la mentalidad de la gente de derecha generar cultura no es lo que más preocupa. Aunque eso debiera cambiar”, dice su presidente, Carlos Larraín.

Pero hay más. Desde que asumió Paulina Urrutia como ministra de Cultura, nunca se ha reunido con los timoneles de los partidos de la Alianza. “Sólo hemos estado con sus bancadas para tramitar nuestros proyectos en el Congreso, y han jugado un rol más bien de apoyo”, comentan cercanos a la secretaria de Estado. “Nunca se ha visto una posición contundente de la Alianza en relación a cómo se otorgan los recursos del Fondart, por ejemplo, salvo cuando algún caso determinado se convierte en noticia por otras razones”, dice un experto en cultura.

Si bien el candidato presidencial Sebastián Piñera (RN) creó una comisión para analizar el tema y evaluar propuestas para un eventual gobierno, ésta recién fue inaugurada hace dos meses, mientras la gran mayoría de los equipos “Tantauco” se formaron a partir de septiembre de 2007.

En los centros de pensamiento de la derecha la situación es similar. En el Instituto Libertad recién hace unos días comenzó a rearticularse un grupo encargado de cultura. Mientras que Libertad y Desarrollo partió a mediados del año pasado con los llamados Talleres Culturales, a cargo de Vasco Moulian, y que hoy dirige Nicolás Bär. En el Centro de Estudios Públicos, en tanto, no existe un grupo específico de cultura, sino que está incluida dentro del área “educación”.

Todo lo anterior contrasta fuertemente con lo que sucede al interior de la coalición gobernante. Dos ejemplos: mañana José Miguel Insulza tendrá una cita con medios digitales y luego con representantes del mundo de la cultura, y el mismo día Ricardo Lagos efectuará, en el teatro Lastarria 90, un diálogo sobre los avances y desafíos para la cultura y las artes mirando al Bicentenario, con el candidato a alcalde por Santiago, Jaime Ravinet (DC).

Vacíos legislativos

En el Congreso tampoco hay iniciativas culturales de fondo que hayan nacido en el seno de la Alianza. “Sólo proyectos de ley para construir monumentos, celebrar días especiales o hacer homenajes”, comentan en el ministerio del ramo.

Ramón Farías (PPD), presidente de la comisión permanente de Cultura de la Cámara de Diputados, y Álvaro Escobar (independiente pro Concertación) confirman lo anterior, pero rescatan la cooperación de algunos, como los UDI Gonzalo Uriarte y Claudia Nogueira para la tramitación de proyectos de ley del Gobierno. Así ocurrió con la puesta en marcha de la ley de propiedad intelectual, cuando los votos de derecha estuvieron disponibles. Es más, parte de la autoría de ese texto provino del ex senador RN Miguel Otero.

Pero en el Parlamento no sólo la oposición ha dejado de lado las políticas culturales de fondo. De hecho, cerca del 70% de las mociones estudiadas por la comisión permanente de Cultura de la Cámara -desde que se creó en junio de este año- corresponde a conmemoraciones de días especiales, levantamiento de estatuas y memoriales. Están desde la celebración del “día de la manipuladora de alimentos” a la edificación del monumento al fallecido general director de Carabineros José Alejandro Bernales, o a las “víctimas del aborto”.

En el Senado, la situación no es distinta. Durante lo que va de 2008, la Comisión de Educación y Cultura estudió trece propuestas legislativas, de las cuales cinco tenían que ver con este tema, pero ninguna era de verdad una política cultural. Los temas analizados fueron: la construcción en Rancagua de un monumento en recuerdo del escritor Óscar Castro; uno para las víctimas de la matanza de Santa María de Iquique; otro en honor a Juan Pablo II; un cuarto para distinguir a Ernesto Ayala, y otro en memoria de las víctimas del Holocausto. En su mayoría fueron patrocinados por la Alianza.

Poca participación ¿histórica?

Para los expertos, la despreocupación de la Alianza en el tema cultural tiene razones de fondo.

Mientras en la izquierda prevalece la idea de que los procesos culturales deben ser dominados por una élite, en la derecha la perspectiva es exactamente la contraria: “que la cultura no se guíe por grandes pensadores, sino que surja espontáneamente de la sociedad”, afirma un intelectual de oposición.

Osvaldo Rivera Riffo, director del Instituto Cultural de Providencia, explica esa visión: “El Estado debe aparecer como un impulsor de la cultura y no como rector de la misma, condición esta última que lleva, necesariamente, como lo demuestra la historia, a conculcar la libertad de creación”.

“Efectivamente, somos escépticos de que la cultura sea un resorte estatal, que sea una cosa creable desde el poder. No nos gusta la cultura palaciega”, agrega Carlos Larraín.

Por eso, Rivera Riffo hace un llamado a la oposición: “Debería modificar su conducta y, de una íntima admiración por la cultura, sus integrantes -parlamentarios y dirigentes- deben evolucionar hacia una socialización del fenómeno cultural, bajo sus propios y universales principios y valores, de manera contraria a como lo hacen las fuerzas de izquierda, que lo utilizan expresamente en todo el mundo como un instrumento de penetración ideológica al servicio de situaciones contingentes”, afirma .

Y pide reorganizar el sistema cultural del país. “Si la Alianza llega al gobierno, por ejemplo, debería terminar con la dependencia que tiene la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos del Museo Nacional de Bellas Artes”.

“Hago una autocrítica, en el sentido de que, en la mentalidad de la gente de derecha, generar cultura no es lo que más preocupa. Aunque eso debiera cambiar”, dice el presidente de RN, Carlos Larraín.

“(La oposición) debería modificar su conducta y de una íntima admiración por la cultura deben evolucionar hacia una socialización del fenómeno cultural, bajo sus propios y universales principios, de manera contraria a como lo hacen las fuerzas de izquierda, que lo utilizan expresamente en todo el mundo como un instrumento de penetración ideológica al servicio de situaciones contingentes”, afirma Osvaldo Rivera Riffo.

En el Instituto Libertad recién hace unos días comenzó a rearticularse un grupo encargado de cultura. Mientras que Libertad y Desarrollo partió a mediados del año pasado con los llamados Talleres Culturales, a cargo de Vasco Moulian.

“Se reconocieron las intenciones de Piñera, pero hubo críticas a los programas de derecha. No digo que no haya habido cosas coherentes en torno a políticas culturales, pero, por lo menos yo, jamás las había visto”, dice el director Andrés Wood a propósito de una reunión de gente de la cultura con el abanderado de RN.

“Estamos diseñando alrededor de 300 medidas, en áreas como políticas patrimoniales, cambio cultural e institucionalidad”, dice Nicolás Bär, del grupo Tantauco.

Trabajo del equipo de cultura de los grupos “Tantauco”:

¿El Guggenheim de Piñera?

Un poco antes de que se creara el equipo de cultura, Sebastián Piñera quiso conocer la opinión de los expertos. Antonio Skármeta, Marco Antonio de la Parra, Hernán Rodríguez, Drina Rendic, Carlos Aldunate y Andrés Wood, entre otras 12 personas, fueron convidados a su casa. Las invitaciones corrieron por cuenta de Magdalena Piñera Morel, hija del abanderado y una de las encargadas de organizar a los grupos “Tantauco”.

El cineasta Andrés Wood recuerda la reunión. “Se reconocieron las intenciones de Piñera, pero hubo críticas a los programas de derecha. No digo que no haya habido cosas coherentes en torno a políticas culturales, pero destaqué que, por lo menos yo, jamás las había visto”, dice.

“Recuerdo que uno de los temas fue respecto de si era posible que hubiese una instancia cultural a modo de una gran fundación, no gubernamental, con una mayor presencia de los empresarios, al modo del Guggenheim”, señala Antonio Skármeta.

Nicolás Bär, miembro del grupo “Tantauco” para la cultura, asegura que se están “diseñando alrededor de 300 medidas, en áreas como políticas patrimoniales, cambio cultural e institucionalidad”, y no descarta que en el futuro se cree un ente similar al extranjero en Chile. Adicionalmente -cuenta otro miembro del círculo de Piñera-, se estudia “mejorar y fortalecer” el Fondart. Además, se ve con buenos ojos los resultados del programa de orquestas juveniles, iniciado por el director Fernando Rosas. Al interior del grupo se evalúa fomentarlo.

Aun así, algunos son escépticos. “No creo que la derecha se vaya a meter en temas de política cultural, sobre todo por falta de rating. No está en el orden de las prioridades, y prefieren hablar de economía, que rinde más páginas”, asegura un ex director de los Talleres Culturales de Libertad y Desarrollo.

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