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‘Hay comerciantes que se leen dos libros por semana’

Las Últimas Noticias. 2/06/2008.

Víctor Alvarado reparte libros entre papas y cebollas

Roberto Riveros J.

–¿Leyó”La Fiesta del Chivo” de Mario Vargas Llosa? Creó que es una de sus obras mejor logradas, con una prosa cruda y contingente, reflejo de su particular lenguaje.
–Aún no, pero a juzgar por la profundidad y agudeza de “Conversación en la Catedral”, valdrá la pena leerla.

Esta ilustrada conversación entre cultos camaradas, digna del más distinguido escenario, ocurre entre gritos de cargadores, vendedores y caseros durante una mañana cualquiera en el corazón de la Vega Central, frente al mesón de la diminuta biblioteca pública inaugurada en el 2005 y bautizada como “El fruto de los libros”.

Allí, en la denominada Casa de Flores (Rucaray con Lastra), Víctor Alvarado, de 25 años de edad, estudiante de bibliotecología, compite a diario con la atractiva oferta de verduras, frutas y legumbres. “No puedo decir que todos los comerciantes de acá sean buenos lectores, pero hay veguinos que se leen dos libros por semana. Algunos se han llevado unos 150 ejemplares hasta el momento”.

Con dos años de Vega en el cuerpo, más de 2.000 títulos en constante rotación y 700 personas inscritas en la biblioteca, Víctor cree conocer las preferencias del popular mercado. “Los varones en general son más novelescos, prefieren el suspenso, la acción, intriga, textos como El Código Da Vinci, La Conspiración. En cambio, a la mujer de la Vega le gusta mucho los libros de autoayuda, como Cuentos del Alma, Tus zonas erróneas, La alquimia emocional”.

Por supuesto que los autores chilenos no quedan fuera de este ránking. “Se piden mucho las novelas de Allende, Ampuero, Rivera Letelier, Serrano e incluso libros de Fernando Villegas, que curiosamente a pesar de que algunos lo critican, todos lo conocen y quieren saber qué dice”.

La colección de la biblioteca se ha hecho sobre la base de donaciones, la mayoría de ellas, provenientes de los mismos lectores. A pesar del estrecho local donde se ubica y de la falta de recursos, Víctor se las arregla para que siga funcionando. Y el público se lo agradece.

“Algunos me regalan cosas. Los usuarios que trabajan en las clínicas dentales del sector me obsequian cepillos de dientes, enjuagues bucales. Los veguinos me regalan fruta y verdura. Otros me traen un café y una empanada, y se sientan a conversar 20, 30 minutos y hasta una hora, sobre libros mientras escuchamos música”.

Más de esta aventura de letras y verduras, visite
http://www.elfrutodeloslibros.cl o escriba a contacto@elfrutodeloslibros.cl

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