Regalar mundos

El Mercurio, Santiago, Chile. 14/10/2007.

Alberto Fuguet

No creo que ninguna política o medida, ya sea estatal o privada, vaya a cambiar los hábitos de lectura en forma inmediata. Pero creo que la suma demedidas y apuestas y riesgos sí suman. Al Maletín Literario podría, por ejemplo, sumársele una gran campaña de fomento de la lectura.

Voy a escribir del Maletín Literario, a pesar de que no me gusta ni me interesa participar del debate nacional. Pero de alguna manera, al ser parte, terminé arrastrado y, tangencialmente, al centro de un huracán (bueno, un vendaval) mediático. Fui uno de los jurados, algo que, según algunos integrantes del mundillo cultural, equivale a haber trabajado para la Stasi. No creo que sea así. Antes de seguir, una confesión: yo no estaba muy de acuerdo con el Maletín y era, desde luego, como buen escritor, escéptico. Jamás pensé que podría ser llamado a participar. Por lo tanto, el mismo 22 de mayo, después del discurso de la Presidenta, pensé – como muchos- que esto quizás era un error. Tomé la opción típicamente crítica e intelectualoide. Hasta que me llamaron. Y mientras hablaba por teléfono, buscando las palabras más adecuadas para correrme, se me ocurrió que si todos iban a decir no, quién diría sí. Porque lo que me quedó claro, y así me lo confirmaron desde la Dibam y el Ministerio de Educación, es que el Maletín se entregaría de todos modos. Entonces pensé: prefiero estar adentro que afuera. Acepté.

No me arrepiento.

No tengo idea si este proyecto va a funcionar, pero creo que, en algunos hogares, cuando llegue esa caja o ese maletín de cuero o de plástico, algunos ojos se abrirán y brillarán. Algunos chicos o sus padres van a leer u hojear los que les llegaron. Y querrán leer otras cosas. No creo que salgan a venderlos o los quemen, como han dicho. Es posible que no pase nada, es cierto. Pero todo aquel que lee, de un tiempo a esta parte (post-irrupción de los medios audiovisuales) es alguien que fue salvado, elegido y rescatado por otro.

Muchos lectores, partiendo por mí, lo somos gracias a un regalo. Es cierto que no hay nada como comprar tus propios títulos, pero también es verdad que no hay mejor regalo que un libro que te regale alguien que uno estima, que pensó que ese libro te podría gustar. Además, tenga uno o no poder adquisitivo, los primeros libros siempre son un regalo, aunque sea el niño el que elige tal o cual texto.

Uno ve las cosas de otro modo cuando ayuda a crear algo y no lo mira desde la vereda del frente. ¿Si tengo dudas? Por cierto. No me consta que esta medida ayudará a leer más. Mi deseo es que sí contribuya, por cierto. Algo. Y que quizás debería unirse con una gran campaña de fomento de la lectura. No creo que ninguna política o medida, ya sea estatal o privada, vaya a cambiar los hábitos de lectura en forma inmediata. Pero creo que la suma de medidas y apuestas y riesgos sí suman. Y si esos libros quedan ahí, quietos, abandonados, tampoco me parece tan atroz.

Estoy de acuerdo con Cristián Warnken en que no basta con regalar libros, pero me parece que el proyecto del Maletín no equivale a “tirar dólares desde un helicóptero sobre África”. Y sí, quizás, la medida tiene algo de populista. Puede ser, aunque tampoco me asusta ni me da miedo aquello que tenga que ver con el pueblo o lo pop. Más bien me atrae: que los libros dejen de ser parte de alta cultura y “bajen” me parece clave, tal como me parece básico que existan libros en una casa. Incluso si no se leen. No soy para nada un tipo que cree en vibras y esoterismos, pero si me obligan, creo que tener un par de libros en una casa la protege de infecciones, chatura y mediocridad.

Eché de menos a Warnken en el jurado y creo que él, tal como Roberto Ampuero, Germán Marín y Thomas Harris, para nombrar algunos de los creadores que han criticado o han tenido ciertos reparos con el Maletín, deberían participar en la creación de los próximos. Ojalá se postulen o sean invitados por la directora de la Dibam. Quedan dos maletines más, que serán para niños mayores y adolescentes, y creo que lo que corresponde es que los jurados que ya participamos renunciemos para darles la posibilidad a otros, sobre todo a aquellos que creen que esto es una estupidez o una falta de respeto y un despilfarro de recursos, para que ellos elijan los futuros libros quese regalarán.

Quizás el Maletín no transformará a Chile en el país más lector del mundo, pero claramente no le hará daño y no creo que se pierda en el camino, porque, al revés, ha pavimentado un nuevo camino. Además, ya ha producido algo parecido a un milagro: ha devuelto al libro a un lugar que había perdido. Ahora el Maletín es parte del debate nacional, es polémica. Este mismo diario tituló en primera página “los resultados” del Maletín y casi todo los medios usaron el cliché del humo blanco. Pues bien: salió humo blanco y me parece estupendo que se les haya quitado el espacio a los crímenes, la silicona y la estupidez de la farándula, para abrir un nuevo debate. Eso me parece plata bien invertida.

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